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l^ar&art) CoUefle ILtitrars 

FROM THK BKQyBST OP 

CHARLES SUMNER, LL.D., 
OF BOSTON, 

(OkM« of 1880), 

*' For books relating to Politics and 
Fine Arts." 

JAN 191889 






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HISTOBU GENERAL DE ESPASA. 



HISTORIA 6IMAI. 



DE ESPAÑA 



9 



POR 



DON MODESTO UFUENTE, 

DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



PARTE TERCERA 

EDAD MODBBHA. 



TOMO XVIII. 



! ■ ^ 

I 



MADRID* 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE MELLADO, 

eillede SioU Tereu, ním. 8. 

HDGCCLYII* 




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HISTORU GENERAL DE ESPAÑA. 



-•-••♦oo**»^ 



PARTE TERCERA. 



BBA.B M0BBBIVA.. 



DOMlNAaON DE LA CASA DE BORBON. 



LIBRO VI. 
REINADO DE FEUPE V. 

■ 

CAPITULO í. 

FEUPE V. EN ESPAÑA. 

I<A REMA HJLmiJL LVIAA »B «ABOYA. 

1701.— 1702. 

Aclamaciones: regocijos pdblicos.— Consejo de gobierno: Portocarre- 
ro; Arias; Barcourt. — Sistema de reformas. — ^Influencia francesa.— 
Disgusto contra los ministros.— Reconocimiento y jura del rey en 
las Cortes de Madrid.— Oposición al restablecimiento de las anti- 
guas Cortes de Castilla para tratar las cosas de gobierno. — Con- 
ciértase el matrimonio de Felipe con María Luisa de Saboya. — Jor- 
nada del rey á Cataluña á recibir á la reina.— Nombra ¿ Portocar- 



6 HISTORIA DB ESPAÑA. 

rero goberoadür del reino en su aosencia. — Becibimiento de Fe- 
lipe en Zaragoza. — ^Idem en Barcelona. — ^Llegada de la reina con 
la princesa do los Ursinos.— Cortes de Cataluña.— Determina el 
rey pasar á Ñapóles. — Regencia de la reina. — Celebra cortes á los 
aragoneses.— Viene á Madrid.— Admirable talento, prudencia y 
discreción de la joven reina.— Reforma de costumbres.— Admira- 
ción de Luis XIV. — ^Estado en que halló María Luisa la corte de 
España. — Disposición de los ánimos. 

La solemnidad y el júbilo con que, á ejemplo de 
Madrid, proclamaron al nuevo rey Felipe V. de Bor- 
bon todas las ciudades (de España, sin esceptuar las 
do Cataluña, no obstante hallarse alli de virey el prin- 
cipe de Darmstad, austriaco y adicto al emperador 
(bien que fuese pronto reemplazado por el conde de 
Palma, que fué el primer despacho que el nuevo mo- 
narca firmó de su mano en Bayona); las fiestas y re- 
gocijos populares y las demostraciones de afecto con 
que fué recibido y agasajado en todas las poblaciones 
por donde pasó, desde que puso su planta en el suelo 
español (28 de enero, 4701) hasta que llegó á la ca- 
pital de la monarquía (18 de febrero); el buen efecto 
que produjo la presencia del joven príncipe, afable, 
vivo y cortés, en un pueblo acostumbrado al aspecto 
melancólico, al aire taciturno y á la prematura vejez 
del último soberano, todo parecía indicar el gusto 
con que acogían los españoles al vastago de una estir- 
pe á la sazón vigorosa^ que venia á reemplazar en el 
trono de Castilla á la vieja y degenerada dinastía de 
Austria. 



PABTB III. LIBRO VI. 7 

Felipe , después de haber dado gracias á Dios por 
su feliz arribo en el templo de Nuestra Señora de 
Atocha» pasó á aposentarse en el palacio del Buen' 
Retiro que se le tenia destinado, hasta que se conclu- 
yeran los preparativos que se haciao para su entrada 
pública y solemne, la cual había de verificarse con 
suntuosa ceremonia y con magnificencia grande. El 
primer acto del nuevo monarca» después del besama* 
nos de aquel dia» fué nombrar al cardenal Portocar- 
rero, al gobernador del Consejo de Castilla don Ma- 
'nuel Arias, y al embajador francés conde de Harcourt, 
para que asistiesen al despacho con S. M., y dar or- 
den ádon Antonio de Ubilla para que continuara des- 
empeñando la secretaría del despacho universal. An- 
ticipadamente la habia dado ya á la reina viuda para 
que saliera de la corle. Una disputa que esta prince- 
sa había tenido con los individuos de la junta de go- 
bierno, y sobre la cual habia elevado sus quejas al 
rey, sirvió á éste de protesto para enviarle antes de 
llegar á Madrid la siguiente s&cinta pero significativa 
respuesta: «Señora; toda vez que algunas personas 
» intentan por diferentes medios turbar la buena ar- 
»mon(a que debe haber entre nosotros, parece con- 
» veniente^ á fin de asegurar nuestra mutua felicidad , 
>que os alejéis de la corte hasta que yo pueda exa- 
«minar por mí mismo las causas de vuestro resenti- 
» miento. He dado las órdenes necesarias para que 
aseáis tratada con todas las consideraciones que os 



8 UISTORU DE BSPAÍÍA. 

»son debidas; recibiréis pualualmente la viudedad 
»que os señaló el rey vuestro esposo, y os autorizo á 
» escoger para vuestra residencia la ciudad de Espa- 
>ma que pueda seros mas agradable.» Con esta carta, 
y con algunas mortiñcaciones quePortocarrero la hizo 
todavía sufrir, decidióse la reina viuda doña Mariana 
de Neuburg á trasladarse á Toledo, donde también la 
madre de Garlos II. estuvo en otro tiempo desterrada. 
Inmediatamente dieron principio Portocarrero y 
Arias á proponer al rey su sistema de reformas, co-» 
menzando por la supresión de muchos empleos en la 
servidumbre de palacio; los gentiles-hombres queda- 
ron reducidos á seis de cuarenta y dos que eran: re^ 
forma á que Felipe accedió en consideración á lo dis- 
minuidas y empeñadas que encontró las rentas reales, 
pero con la cual disgustaron aquellos ministros á mu- 
chas familias de-Ia corte, quedando como quedaban 
los reformados sin sueldo, gage, ni emolumento de 
ninguna especie. Por consejo de Portocarrero, que se 
proponía consolidar su influjo deshaciéndose de todos 
los que no le eran devotos^ so protesto de parcialidad 
á favor de la casa de Austria, fué privado el almiran- 
te don Juan Tomás Enriquez de su cargo de mayordo- 
mo mayor: confirmado el destierro de Oropesa; man- 
dado retirar á su obispado de Segovia el inquisidor 
general; proscritos y alejados de la corte varios otros 
grandes, y colocados en los gobiernos de las provin - 
cias y en los empleos de- la administración los parcia- 



PARTS III. LIBRO VI. ' * 9 

les y hechuras del cardenal; lo cual, aunque se hizo 
con sosiego y sin resistencia, dio ocasión á que em- 
pezara á manifestarse en la corte cierto espíritu de 
oposición al nuevo gobierno. 

En estas medidas, y señaladamente en la deferen- 
cia á los consejos de Portocarrero , no hacía Feh'pe 
sino seguir las instrucciones que de Luis XIV., su 
ahuelo, había recibido, y en que le decía: «Tened 
gran confianza en el cardenal Portocarrero, y mos- 
tradle la buena voluntad que le tenéis por la conduc- 
ta que ha observado ^^Kii> 



(4) Primeras instrucciones do sino cuando os veai) obligado á 

Luis XIV. á su nieló: ello, y que hayáis consídendo 

■No faltéis jamás á vuestros bien y pe<Mkdo en vuestro consejo 

deberes, en especial con respecto los motivos, 
á Dios; conservad la pureza de las «Procurad poner concierto en 

costumbres en que habéis sido la hacienda; cuidad de las Indias 

etlucado; honrad al Señor siempre y de vuestras flotas, y pensad en 

que podai«, dando vos mismo ejem- el comercio, 
pío; naced cuanto sea posible pa- «Vivid en estrecha unión con 

ra ensalzar su gloria; lo cual es Francia, no siendo nada tan útil 

uno de los primeros bienes que para ambas potencias como esta 

pueden hacer los royes. uoioo, á la cual nada podrá re* 

«Declaraos en todas las oca- sístir. 
siones defensor do la virtud, y «Sí os veis obligado áempren- 

enemigo del vicio. der una guerra cualquiera, poneos 

»No tengáis jamás afecto deci- al frente de vuestros ejércitos, con 

dido á nadie. cuyo 6n procurad regularizar vues- 

. • tras tropas, empezando por las de 

«Amad á los españoles y á to- Fl andes, 
dos los subditos que amen vuestro «Jamás abandonéis los negó- 
trono y vuestra persona; no deis cios para entregaros al placer, pe- 
la preferencia á los quu mas os ro estableced un método tal que 
adulen; eslimad á aquellos que no os dé tiempo para el recreo y la 
teman desagradaros á fín de incli- diversión. 
naros al bien, pues que estos son «Nada bay mas inocente que la 
vuestros amigos verdaderos. caza y la afición á las cosas del 

«Haced la felicidad de vues- cimpo, con tal que no os ocasione 

tros subditos, y con este intento esto gastos excesivos, 
no emprenderéis guerra alguna «Prestad grande atención á ios 



10 HISTORIA DE ESPaSa. 

Una vez lanzados los dos ministros Portocarrero y 
Arias en el camino de las reformas, no perdonaron 
ni á los establecimientos de beneficencia, ni á las mi- 
serables viadas, y, lo que fué peor para ellos y les^ 

De{;ocio8 de qae os hablen, y al tenido al separarse de tos. Con- 
principio escuchad mucho, sin de- «ervad con elloit continuas rela- 
cidir nada. ciones, sobre todo en los negocios 
• importantes; en cuanto é los pe- 

• Procurad que vuestros vire- queoos, pedidnos todo aquello quo 
yes Y, gobernadores sean siempre necesitéis y no se halle en vues- 
españoles. tro reino, que lo mismo haremos 
- nosotros. 

•Tened gran confianza en el »No olvidéis jamás que sois 

cardenal Portocarrero, ele. francés por lo que pueda aconte- 

>No olvidéis á Bedmar , go- oer. Guando tengáis asegurada la 

bernador de los Paises Bajos, que sucesión de España en hijos que 

es persona de mérito, y 'Capaz de os conceda el cielo, id á Ñápeles, 

serviros bien. á Sicilia, á Milán y á Flandes, lo 

»Dad entero crédito al duque cual nos dará ocasión de volver á 
de Harcourt, pues es hombre ná- vernos; mientras tanto visitad la 
bil, oae os dará consejos dosínte- Cataluña, Aragón y otras provin- 
resaaos, no teniendo en cuenta cías; no descuidando lo que coa- 
mas que vuestro interés. * venga hacer en Ceuta. 

» Procurad que los franceses no » Arrojad Maun dinero al poe- 

salgao jamás de loe límites del res- blo cuando os halléis en España, 

peto, y que no falten á lo que os y especialmente al entrar en Ma- 

deben. drid. 

vTratad bien á vuestros serví- 

dores, pero no uséis con ellos de «Evitad cuanto podáis el con- 
familiaridad estremada ; que no ceder gracias á los que dan dinero 
sean confidentes vuestros; pero para alcanzarlas, 
servios de ellos mientras sean «Dad oportuna y liberalmente, 
prudentes, y despedidlos á la me- y no aceptéis regalos, á menos 
Dor falta , no apoyándolos jamás que no sean bagatelas; y cuando 
contra los españoles. no pudiereis evitarlos, haced otros 

»No tengáis ma^ trato con la de mas valor que los que recibié- 

reina viuda que aquel de que no reis, pero con intervalo de algu- 

podais dispensaros: haced de mo- nos días. 

do que salga de Madrid, pero pro- »Tened una caja en que con- 
curad que no salga do España, servéis lo que merezca estar mas 
Obiervad su conducta, y no con- reservado, y cuya llave guarda- 
sintáis que se mezcle en negocio reis vos mismo, 
alguno: mirad con recelo á los quo «Concluyo dándoos un consejo 
tengan con ella trato demasiado de los mas importantes: no os de- 
frecuente, jéis gobernar: sed siempre amo, 

«Amad siempre á vuestros deu- no tengáis favorito ni primer mi- 

do3y recordando el dolor que han nistro. Escuchad y consultad á los 



PAETB UK LlBftO VI* 11 

atrajo iñas enemigos, dí á los militares, cuyos suel- 
dos se rebajaron, en. ocasión que ellos esperaban iban 
á llover las gracias, como suele ser costumbre al ad- 
venimiento de un nuevo soberano. A estos motivos 
de descontento para una gran parte del pueblo y de 
familias respetables se agregó una medida que hirió 
en lo mas vivo el orgullo universal, á saber, la de 
dar á los pares de Francia los mismos honores y con- 
sideración que á los grandes de España ^^K Sucedió 

do vuestro coosejo, pero decidía, do de primos, de presidir en las 
Dios que os bace rey os dará lo- Cortes á todos los del gremio de 
dss las luces oecesarias, mientras naestra nobleza, de tomarse las 
abriguéis buenas intenciones.»— armas cuando entran por la pose- 
William Coxe, España bajo el sion de grandeza á besar la mano, 
reinado de la casa de Borboa, ponérseles guardas en los ejórci- 
cap. 4 . tos donde residen ó por donde pa- 
jil) El duque de Arcos^ como sao; y cuando entren en las me- 
grande de España « -elevó al rey trópolís de Aragón. Navarra y Ga- . 
una enérgica y sentida represen- taluña, visitarlos las ciudades y 
tacion en queía de esta nroviden* los reinos, y si iban á los de Italia, 
cía, haciéndole ver por la historia los vireyes, como en Ñápeles, Mi- 
que ningún monarca se habia atre- lan, etc., dándoles preferencia en 
vido ¿ conceder tales honores y su casa y en la calle que no esti- 
prorogativas á los estrangeros, lan con otro alguno ; no pueden 
por elevada que fuese su calidad, sin cédula especial rendirse á pri^ 
como no fuesen principes de la síon, que es* lo mismo que no es- 
san^e. Al final de ella se lee el tar sujetos á la justicia ordinaria, 
siguiente curioso párrafo, que nos con los mas privilegios que son no- 
da idea de los privilegios aoe en- torios: demostraciones todas que 
toncos gozaban los grandes de en cualquier estado monárquico 
España. arguyen ser los primeros y mas 
tV si V. M. fuese servido de cercanos al principe, y que no 
mandar examinar todos los archi- manteniéndolos éste, se si^ue un 
vos, y consultar nuestras verda- grave perjuicio al mas autorizado 
deras historias, hallará en ellas lo orazo de la nación española, etc.» 
que fuimos y lo que somos. Y que Poco debió agradar al rev esta 
las mismas casas y familias, ex- representación, hecha en julio de 
tintas muchas ya, las cuales se de- 4704, cuando en 49 de agostóle 
cian rioos-hombres entonces, son pasó el real decreto siguiente. — 
las aue boy so llaman grandes, cExcmo. Señor. — El rey N. S. 
con los mismos derechis y los » (Dios le guarde) me manda decir 
mismos privilegios de cubrirse, de »á V. E. será muy conforme á las 
sentarse, de ser tratados coa gra* «grandes obligaciones do V. E. y 



M HISTORIA DB ESPAÑA. 

también (y esto era de esperar, porque es uuacoDse- 
cueocia casi natural de la venida *de un monarca es* 
trangero), que la corte se fué inundando de franceses 
de todas las clases, de los cuales unos, pertenecientes 
á la plebe, desacreditaban su pais con sus vicios é in- 
sultaban á los naturales con sus escesos, otros de mas 
elevada esfera^ envanecidos con habernos dado un 
monarca de su nación, aspii*aban á introducir sus tra- 
ges, uniformes, usos y costumbres, y hasta las salsas 
francesas en la real cocina; innovaciones que no po- 
dian dejar de ser de muy mal efecto en un pueblo el 
mas apegado á sus antiguos hábitos. 

Distaban mucho Portocarrero y Arias , por su ca - 
rácter, por su talento y por su política, de ser á pro- 
pósito para captarse las voluntades y hacerse partido, 
ni para acreditar su gobierno y administración, ni 
menos para atraer y afianzar el cariño del pueblo ha- 
cia el nuevo soberano. Engreído Portocarrero con los 
servicios que habia hecho á la casa de Borbon; avaro 
de inQuéncia y de poder; pareciéndole poca toda re- 
compensa á sus merecimientos ; mañoso para inspirar 
mutuas desconfianzas entreoí monarca y los grandes, 
y para alejar á éstos de palacio, so color de preservar 
al rey de la esclavitud en que habían tenido á Cár- 

»á la representación de su digni- »do. Dios guarde á V. E. muchos 

i»dadel pasar luego á Fiando^ á »aao3 corno yo deseo. Palacio, 49 

» dar ejemplo con su persona y >» de agosto de 1704.— Don Antonio 

» valor en el ejército de S. M., co* «Ubüla. — Sr. duque de Arcos.»— 

»mo se lo ordeno, do qu3 aviso á MS. del archivo de la Real Acá- 

> V. E. para que lo tooga entendi- demia de la Historia, Leg. 9, ?. 45. 



PARTE 111. LIBRO VI. 13 

. los II. los favoritos; dando el dictado de austríacos á 
todos los que qoeria desacreditar, ó que le inspiraban 
celos; lento y nada lince en el despacho de los nego- 
cios; reservado, adusto y terco con los inferiores; flexi- 
ble, acomodaticio y agasajador con los que calculaba 
que podían serle útiles; adulador hasta la bajeza con 
LuisXIV., cuyos deseos quisiera adivinar, y cuyas in- 
dicaciones eran para él como leyes, que hacía ejecu- 
tar sin examen, y sin mirar si eran útiles ó pernicio- 
sas á los intereses de España; imprudente en las re- 
formas é inconsiderado con las familias que quedaban 
arruinadas, ni siquiera sabía ser político con ' el mo- 
narca francés á quien se habia propuesto servir ; por 
que egoista antes que todo, cuando observaba que una 
medida producía gran descontento y excitaba antipa- 
tías, apresurábase á culpar de ella á la corte de Ver- 
salles, y hacer recaer el odio popular sobreseí mismo 
á quien él servilmente la habia propuesto. 

Aunque de mas talento y mas apto para los nego- 
cios don Manuel Arias, presidente del consejo y cá- 
mara de Castilla, no era ni mas tratable y espansivo, 
ni menos áspero que el cardenal, y acaso le excedía 
en el servilismo y humillación con los que necesitaba. 
Veía con envidia la púrpura que adornaba á su com- 
pañero, y con la esperanza de vestirla y de llegar á 
ser inquisidor general y primado de España, se aco- 
gió á la Iglesia y se^ hizo sacerdote á los cincuenta 
anos, y obtuvo la mitra de Sevilla. De sus ideas po- 



4 4 HlSTOliA DB B^AÍA. 

lítjcas da maestra la máxima que profesaba de que 
Dios tenia destinado á Felipe para ser el rej mas ab- 
solnlo de toda la cristiandad, y de qae sos vasallos no 
tenían ni aan el derecho de quejarse sin sa per- 
miso. 

No era posible por mucho tiempo la concordia, y 
buena armonía entre dos personages de tal carácter 
y de tanta ambición; mas por de pronto, abusando de 
su influencia y teniendo de continuo asediado al rey, 
íbanie haciendo retraído, apocado é indolente, ^no 
obstante ser de claro y despejado entendimiento, y 
adornarle otras virtudes no comunes en su edad. Y 
unida la inesperiencia del monarca al abuso de los 
ministros, íbase formando en la corte misma de Es- 
paña un partido de descontentos, que los soberanos y 
las potencias enemigas de la nueva dinastía comen- 
zaban á esplotar, y con el cual contaban para los 
planes que desde el advenimiento de Felipe , y aun 
desde la aceptación del testamento de Carlos II. por 
Luis XIV. estaban fraguando, y poniendo ya en eje- 
cución para ver de arrebatarle la corona, como ire- 
mos viendo. 

Uno de los primeros actos del nuevo monarca, 
aun. antes de hacer la entrada pública con que se so- 
lemnizó su traslación del Buen Retiro al palacio (1 4 
de abril, 4701), habia sido el de convocar á los di- 
putados de las ciudades y villas de voto en cortes ^^K 

(i) Real cédula convocatoria de 10 de marxo. 



PAUTE III. LIBRO VI. 15 

con objeto de que le prestaran el juramento de fideli- 
dad, y de jurar él al propio tiempo Ids leyes y fueros 
del reino. Aun esta buena idea no fué inspirada por 
Portocanrero, sino por el marqués de Villena, mas 
advertido en esto que el cardenal. Las Cortes se jun- 
taron el 8 de mayo en la iglesia de San Gerónimo, y 
el juramento mutuo se hizo con toda la ceremonia y 
con todas las solemnidades de costumbre ^*^ . 

Quería luego el marqués de Villena, duque de 
Escalona, y propuso que se convocaran de nuevo cor- 
tes de Castilla, no ya para una ceremonia como el re- 
conocimiento de un soberano, sino para que trataran 
como antiguamente las cosas de gobierno, y princi- 
palmente del negocio importante de la hacienda. La 
razón de este empeño fué^ que Portocarrerp, abruma^ 
do con las dificultades de la gobernación, que exce- 
dían en mucho á sus escasas luces, no contento con 
haber inducido al rey á que aumentara su consejo de 
gabinete con dos ministros más, que fueron el mar- 
qués de Mancera, presidente del de Aragón, y el du- 
que de Montalto, del de Italia, pidió á Luis XIV. le 
enviara una persona que pudiera establecer un plan 
de hacienda en España, y corregir y reformar los 
abusos de^la administración. El monarca francés en* 



(4) Diario del secretario Ubi- Memorias para la Historia deade 

lia, donde se hace ana deacripcton la muerte de Garlos II., MS. to- 

minocioea de este acto, con loa mol. cap. 3. — Balando, Historia 

nombres f títulos de todos los que civil de España, P. I. c. 8 y 9. 
prestaron juramento.— Macanaz, 



^6 HISTORIA DE ESPAÑA. 

vio á Juan Orri, hombre de oscuro nacimiento, de ca- 
rácter impetuoso, impaciente y altivo, si bien inteli- 
gente y práctico. Hizo el superintendente ó ministro 
de hacienda francés grandes reformas en la cobranza 
de la rentas, pero tuvo la imprudencia de querer asi- 
milarlo todo de repente al sistema rentístico de Fran- 
cia, y desarraigar «ilgunos abusos que tocaban á los 
grandes señores. Con esto ofendió á todas las clases, 
á las unas porque lastimaba sus intereses, á las otras 
porque chocaba con las inveteradas costumbres de la 
nación. Asi fué que los nobles, y principalmente el de 
Villena, uno de los mas ilustrados de entre ellos, 
clamaron porque se restablecieran con sus antiguos 
derechos y se llamaran las cortes de Castilla, de- 
caídas -desde Carlos V. y olvidadas en el último 

reinado. 

Hubo sobre este punto diferentes opiniones y de- 
bates en los consejos. Consultóse al monarca francés, 
á quien Portocarrero parecia querer entregar el go- 
bierno interior de España, y Luis XIV., mas pruden- 
te y mas político que los ministros españoles de su 
nieto, se negó á intervenir en un negocio tan delicado 
y puramente nacional. Vuelto á tratar el asunto en 
Consejo, prevaleció el dictamen contrario á la convo- 
cación de las Cortes; ^bien que para no ofender al 
pueblo y á muchos grandes, se dio por protesto que 
el rey tenia que partir á Cataluña á recibir á la reina 
María Luisa de Saboya, con quien se habia estipulado 



PAKTB 111. LIBRO TI* 17 

SU malrimonio» según se anunció ya en las Cortes de 
mayo ^*K 

En efecto» el rey Cristianísimo habia negociado el 
matrimonio de Felipe con la hija del duque de Sabo- 
ya Víctor Amadeo, uno de los príncipes que primero 
reconocieron al nuevo rey de España. El marqués de 
CasteURodrigo fué á ajustar y firmar las capitula- 
ciones; y debiendo la reina venir por Barcelona, re- 
solvió Felipe ir á esperarla á aquella ciudad, y cele- 
brar al mismo tiempo Cortes de catalanes, y si podia 
también de aragoneses y valencianos, siendo notable 
que para estas no hubiera oposición en el Consejo. 
Halúendo comenzado ya entonces la guerra movida 
por el emperador, de que daremos cuenta después, 
y sospechando Felipe que su ausencia de la corte po« 
dría ser larga, se previno para todo evento dejando 
nombrado gobernador del reino al cardenal Por toca r- 
rero, con asistencia de don Manuel Arias ^^^ al mar- 
qués de Yillena para el víreinato de Sicilia, y para el 
despacho de los negocios durante el viage determinó 
llevar consigo al duque de Medinasidonia, caballerizo 
mayor > al conde de Santisteban, y al secretario Ubi- 
Ha, que acababa de recibir el título de marqués de 
Rivas, debiendo acompañarle también el conde de 



<4) El marqués de San FeUpe, cuestión de llamar ó no las Cor- 
eo sus Comentarios de la guerra tes, iom. I. año 4704. 
de Bepaña^ ^ Historia de Feli" {i) Reales decretos de 34- de 
pe V., da algunos pormenores so- agosto y %áe setiembre, 4701. 

DI 



>re los debates del Consejo en la 

Tomo xviii. 



48 UISTOBIA DB ESPAÑA. 

Marín, que había reemplazado en la embajada de 
Francia al de Harcourt^ 

Hecho este arreglo, emprendió el rey su jornada 
(5 de setiembre, 1701 ) camino de Aragón, en cuyo 
reino, desde que puso en él su planta, y principal- 
mente en la capital, fué recibido con las mas vivas 
demostraciones de afecto y de júbilo, y festejado con 
toda clase de espectáculos , locos los aragoneses con 
la espresiva fisonomía y los modales agraciados de 
Felipe, que les babian pintado con dañada intención 
contrahecho de cuerpo, y pobre y escaso de espíritu. 
En los dias que se detuvo en Zaragoza juró en el tem- 
plo de Nuestra Señora del Pilar, ante el Justicia ma- 
yor > comunidades, magnates y pueblo, guardar las 
leyes, fueros y libertades aragonesas (17 de setiem- 
bre). Alli recibió noticia de haberse celebrado el 11 
sus desposorios con María Luisa , y dé que el 1 2 salía 
de Turin á embarcarse para España. 

Partió pues Felipe de Zaragoza (20 de setiembre), 
y después de haber sido agasajado en Lérida y otros 
pueblos de Cataluña, hizo su entrada pública en Bar- 
celona (2 de octubre); y primero en la plaza de San 
Franéisco, donde habla un suntuoso solio, después en 
la catedral , y luego en las Cortes que congregaron 
para esto (12 de octubre), juró también guardar los 
fueros, usages y constituciones de la ciudad y del 
principado (^\ Como ya en este tiempo' hubiera esta- 

(1) Viage de S. M. á Barcelona coo todas las circunstancias que 



rARTB III. LIBRO VI. 19 

Hado una conjuración en Ñapóles contra el gobierno 
de España, movida y manejada por el emperador « 
empleó Felipe los dias siguientes en disponer el em- 
barque de tropas de Cataluña y de otras partes para 
aquella ciudad de sus dominios. Después de lo cual 
se dirigió á Figueras á esperar y recibir á la reina su 
esposa. Llegado que hubo la princesa, ratificó el ma- 
trimonio el patriarca de las Indias (3 de noviembre) , 
y á los dos dias partieron los regios consortes para 
Barcelona , donde fueron agasajados con magnificas 
fiestas y con todo género de regocijos. Participó Fe- 
lipe tan fausto suceso á Luis XIY. y á las cortes de 
todas las potencias amigas. 

' El monarca francés babia dispuesto que al Hogar 
la reina á la frontera de España fuese despedida toda 
la comitiva de piamonteses que traia, y asi se ejecutó 
con gran pesadumbre de la joven María Luisa. Ha- 
cíalo Luis XIY. por temor á la doblez y á la ambición 
del duque de Sabbya su padre , y al iuflujo que los 
personages saboyanos podrían ejercer en el ánimo y 
conducta de la reina. Acompañábala solamente » en 
concepto de aya y de camarera mayor, buscada y es- 
cogida para esto por el mismo Luís XIY., la princesa 

sacedteron: MS. de la Real Acá- enol coro, y iodos' los dias iban 

domia de la Historia. — ^Biacaaaz, dos racioueros y ao pertiguero con 

Memorias, tom. I. cap. 4. MS.— las ropas de coro ¿ llevarle el pan 

Archivo de la corona de Aragón, qae le tocaba por el canonicato, 

Procesos de Cortes.— El diá que el cual repartía él á los pobres.— 

juró el rey en la catedral le hicie- Belando, Historia civil de España, 

ron canónigo» y le dieron asiento Parte 1., c. 49. 



20 HISTORIA DB BSPAÑA. 

de los Ursinos, Ana María, hija de Luis, duque de 
Noirmoutiers, de la ilustre familia de la Tremouille. 
Bsta señora , destinada desde entonces á ejercer una 
grande influencia y á representar un gran papel en 
todos los negocios de España, había vivido algún tiem- 
po en la península con sn primer marido Adrián de 
Talleyrand. Después estuvo en Roma, donde conoció 
y tuvo amistad con Portocarrero, ministro entonces 
de España cercí de la Santa Sede. Casó en segundas 
nupcias con Flavio de Orsini, duque deBracciano, cu- 
yo apellido tomó y conservó después de haber enviu- 
dado de este segundo marido ^^K Habíase hecho nota- 
ble en Roma por su talento y sus encantos: no fué 
menos ventajosamente conocida en la corte de Versa- 
lies, donde se hizo amiga íntima de la célebre mada- 
ma de Maintenon. De ella y de la duquesa de Noailles 
se valió para indicar su deseo de venir á Madrid lue- 
go que supo haber sido elegida para esposa del rey 
una princesa italiana ^'^K No vaciló Luis XIV. en ele- 
gir para camarera de la nueva reina de España á una 



(4) Llamaban los franceses, y á dar cuenta á S. M. de los por- 

asi lo escribían, •det ürsins^» á la menores de mi viage. Soy viuda 

familia de los Orsini; y los espa- de un grande de Bspana, sé el es- 

ñoles, traduciéndolo del francés, pañol, me estiman en aquel país, 

dijeron siempre los Ursinos: de y tenso en él muchos amigos, en- 

aqui el haber seguido denominan- tre ellos el cardenal Portocar- 

dola constantemente La Princesa rero. Según esto juzgad vos qué 

de los ursinos, podría resistir é mi influjo, y si 

(2) cMí deseo, e«cribia á la de es ostraña vanidad en mi ofre- 

Noailles, es ir hasta Madrid , don- cer mis servicios.» —Memorias de 

de permaneceré el tiempo que Noailles. 
plazca al rey, viniendo en seguida 



PABTB III. LIBRO VI. 21 

señora de tan raras prendas y condiciones y que le 
inspiraba por muchos títulos una con6anza completa. 
Proponíase que con su talento neutralizaría el as- 
cendiente que de la reina lemía, aunque joven» so- 
bre el carácter dócil y suave en demasía de su nielo, 
y esperaba que sería también apropósito para instruir 
á la joven reina en el arte de dirigir y manejar una 
corte' con dignidad. El tiempo justificó la previsión del 
monarca francés (^). 

■ 

Aunque las Cortes de Cataluña, que entonces se ce- . 
lebráron en Barcelona , y cuyas sesiones duraron hasta 
eM2 de enero del año siguiente (1702)« sirvieron 
desde luego al rey con un donativo de millón y medio 
del pais, y acordaron un servicio de doce millones 
pagaderos en seis años, que no llegó á realizarse, su 
principal objeto y ocupación fué el restablecimiento 
de sus antiguos privilegios y franquicias, y la adquisi- 

M) El marqués de San Simón, lo aire, que al propio tiempo que 

que conocía personalmente á la anunciaba granaeza, atraia en vez 

princesa de los Ursinos, hace de de imponer : su conversación era 

ella el siguiente retrato: deliciosa, inagotable y divertida, 

«Era una muger mas bien alta como quien habia visto muchos 

que baja, morena, con ojos azules paisas y conocido muchos perso- 

que decían lo que ella queria, tor» nages; su tono de voz y manera 

neada cintura, nermosa garganta, de hablar agradables y dulces, 

rostro encantador, aunque no be- Habia leido mucho, y meditado 

lio, y aspecto noble. Tenia en su bastante , y como haoia tratado 

porte cierta magostad, y tanta . tantas gentes, sabia recibir á to- 

gracia hasta en la cosa mas insig- da clase de personas por elevadas 

níGcante, que á nadie he visto que que fuesen Como tenia mucha 

se pareciese ni en cuerpo ni en ambición, era también dispuesta 

entendimiento: agasajadora, ca- á intrigas; pero era una ambición 

riñosa, comedida, agradable por elevada, muy superior á las de su 

solo el placer de agradar, y seduc- sexo y ¿ las de muchos hombres.... 

tora basta un punto que no era etc.»— San Simon^ Memorias, to^ 

fácil resistir. Añadíase á esto cier « mo III. 



82 msTOEíA DB bspaiIa. 

cioD de otros nuevos. Y si bien el rey puso al principio 
alguna resistencia á varias de las peticiones que le 
hacian cada dia, es lo cierto que en último resultado 
obtuvieron mas de lo que babian podido prometerse, 
y que, como dice un acreditado escritor de aquel 
tiempo, «lograron los Catalanes cuanto deseaban, pues 
ni á ellos les quedó qué pedir, ni al rey cosa especial 
que concederles, y así vinieron á quedarse mas inde- 
pendientes del rey que lo está el parlamento de Ingla- 
terra ^*^x> Dióles además catorce títulos de marqueses 
y condes , veinte privilegios de nobleza , veinte de 
caballeros, y otros veinte de ciudadanos. Lo cual no 
fué agradecido, ni sirvió masque para eDorgullecerlos, 
no atribuyéndolo á generosidad del rey, sino á temor 
y debilidad, y no tardaremos en ver cómo correspon- 
dieron á la liberalidad de su nuevo soberano. 

Los sucesos de Ñapóles inspiraron á Felipe el 
deseo y la resolución de pasar á Italia en persona, á 
jurar sus fueros á los de Ñapóles y Sicilia, y ponerse 
al frente de su ejército para resistir á los enemigos. 
Mas no lo hizo sin pedir su venia y aprobación á 
Luis XIV. su abuelo. <xNo perdiera Felipe II. (le decia 
>muy dignamente entre otras cosas) sus estados de 
» Holanda, si á ellos se hubiera trasladado cuando con- 
» venia: por loque á mí toca, os respondo que si llego 

(i) Macanaz, Memorias ma* en pos Comentarios, tom. I. año 
nascritas» tom. I. cap. 5.— «En el 4702. — Archivo de la corona de 
mismo sentido, y mas fuertemente Aragón, Registro de Cortes. — ^Día- 
se esplica el marquds de San Felipe rio de Ubilla. 



PAETB 111. LIBRO VI. 23 

>á perder alganos de mis estados, no será jamás por 
»igual falta.» No pudo Luis negarle su consentimiento 
á pesar de algunos inconvenientes que en ello veía, y 
al fin le escribió una carta satisfactoria de aprobación 
ofreciéndole navios para su embarque y el de sus tro- 
pas, y dándole instrucciones y sanos consejos ^^K 

Pensó Felipe en el principio llevar consigo á su 
esposa» á lo cual le animaban también la misma reina 
y la princesa de los Ursinos; aquella por el natural 
deseo de no separarse de su esposo , y ambas por el 
placer de presentarse en su pais con el brillo y apa- 
rato de su nueva posición. En cuya virtud habia ya 
nombrado una junta de gobierno bajo la presidencia 
de Portocarrero > dando á éste la misma autoridad 
que babia tenido la reina doña Mariana por el tes* 
tamento de Carlos II. Pero la eonsideracion al aumento 
de gastos, el temor de Luis XIV.. á que la reina vol- 
viera á verse con su padre el duque de Saboya, el 
estado de la corte misma de Madrid, donde los ánimos 
andaban ya inquietos, agitados por los austriacos» todo 
movió á Felipe á renunciar á su primer pensamiento. 



(4) «He aprobado g¡einpre(le acometer uoa empresa tan digna 
decía] el intento que tenéis de ir de vuestrii sanare como es la de 
á Italia, y deseo que le llevéis á ir vos mismo á defender vuestros 
cabo; pero por lo mismo que me estados de Italia. Ocasiones hay en 
interesa vuestra gloria no puedo que debe uno resolver por si mis- 
menos de pensar en las difícut- mo, y puesto que no os intimidan 
tades que vos no podéis proveer, los inconvenientes que os han es- 
Las hQ examinado todas, y debéis puei^to, alabo vuestra ñrmeza y 
conocerlas por los apuntes que confirmo vuestra decisión... etc.« 
Martín os ha leído. Veo con salís- «-Noaílles, Memorias, tom* H. 
facción que no os arredran para 



24 UISTOEIA DB ESPAÑA. 

En su consecaencia determinó dejar á la reina enco^ 
mendado el gobierno de España (*\ y que se volviese 
á Madrid después de celebrar Cortes á los aragoneses. 
La joven María Luisa sufrió la privación de ir á Italia 
y el dolor de separarse de su marido con una resigna- 
ción y una prudencia que encantó á Luis XIV.» ad- 
miró á Louville que le babia noticiado la resolución, 
y acreditó un talento y una fortaleza de ánima que en 
su corta edad no esperaba nadie. « No tengo mas vo- 
luntad que mi deber,» solía decir aquella jóveo 
reina ^^K 

Ni Portocarrero ni los consejos aprobaban la jor- 
nada del rey á Ñapóles, é hicieron repetidos esfuer- 
zos para disuadirle de tal propósito. Pero Felipe les 
contestó con una firmeza é insistió en ello con una re- 
solución que á todos asombró, atendida la docilidad 
de darácter que hasta entonces habia manifestado. Asi 
fué que el tiempo que permaneció en Barcelona aguar- 
dando los bageles de Francia, le empleó en dictar dis- 
posiciones para el gobierno de España durante su au- 
sencia, en preparar y dar el destino conveniente alas 
tropas que hablan de quedar y las que hablan de 

irse, en proveer los principales mandos y puestos, es- 

• 

(4) Decreto de 8 de marzo, España para dar ejemplo de fide- 

1702. lidad á sus subditos que desean 

(2) «Bieo puedo deciros sin gue mi permanencia , y socorrerle en 

se ofenda la modestia (escribía á las necesidades que la guerra trae 

Luis XIV .)t que amo con pasión al consigo. Espero, señor, aue coa 

rey Sin embargo» reconozco los buenos consejos que V. M. le 

(^ue es preciso hacer este sacrifí- da ele.» 

cío por su gloria, y permanecer en 



PAKTB lil. LIBRO VI. 25 

pecialmente los militares; y luego que llegaron los 
DBvíos de Francia con el y ice-almirante conde de Es- 
trées, y que todo estuvo listo para la jornada» despi- 
dióse tierna y cariñosamente de la reina, y diose á la 
vela para Ñapóles (8 de abril, 1702). Allá le seguiré* 
mos después, y daremos cuenta á su tiempo de lo 
que hizo en esta es|)edicion importante. 

A los dos días salió la reina camino de Zaragoza, 
con título de lugarteniente del reino, y con plenos po- 
deres para celebrar las Cortes de Aragón^ que estaban 
convocadas desde el 49 de marzo. Acompañóla el 
nuncio de Su Santidad , á quien encontró en Monser- 
rate, el cual venia á suplicar al rey se inclinase á 
procurar la paz de Europa. La entrada de la reina 
en la capital de Aragón fué saludada con las mis- 
mas demostraciones i\ue antes se habian hecho al 
rey: también ella juró los fueros y leyes del reino, y 
el 27 de abril (1702), después de haber regalado una 
preciosa joya á la Virgen del Pilar , abrió las Cortés, 
esplícando los motivos de la jornada del rey á Italia, 
pidiendo que confirmasen, moderasen ó corrigiesen 
sus leyes y fueros, según les aconsejara su prudencia, 
y suplicando concluyesen lo mas brevemente posible 
las Cortes en atención al estado de la monarquía. 

Sin embargo , no pecaron tampoco estas Corles de 
dóciles y complacientes. Sin faltar en nada á la reina, 
y atentos con ella los 'aragoneses, mostráronse remi- 
sos en otorgar los subsidios, recelosos de la autoridad 



26 HISTORIA DB BSPAÑA. 

real , y severos en rechazar todo aquello de que sos- 
pecharan, que pedia Jaslimar, siquiera fuese indírec- 
tameDle, sus fueros. 

Las Cortes hubieron de suspenderse y cerrarse, 
prorogáodose para de alli á dos años, á causa de ha- 
ber recibido la reina un despacho del rey , en'que la 
prevenid que se trasladara con urgencia á Madrid , y 
entonces, los cuatro brazos del reino acordaron hacer» 
le un donativo de 100,000 pesos. S. M. se apresuró 
á enviar este débil socorro á su marido para las nece- 
sidades de la guerra , y partió de Zaragoza muy sa- 
tisfecha del afecto personal que le habían mostrado los 
aragoneses (1 6 de junio , 1 702) . En aquel despacho 
nombraba el rey una junta de gobierno que habia de' 
auxiliar á la regente» compuesta del cardenal Porto- 
carrero, de don Manuel Arias , ya electo arzobispo de. * 
Sevilla, del duque de Montalto, el marqués de Man- 
cera, presidente del consejo de Aragón y de Italia , el 
conde de Monterrey , del de Flandes , el duque de 
Medinacelí, del de Indias, el margues de Villafranca, 
mayordomo mayor de S. M. , y secretario don Ma- 
nuel de Vadillo y Velasco í*^. 

Llegó la reina á Madrid el 30 de junio* Con un 
talento, una prudencia y una política admirables en 
sus cortos años (que contaba solamente catorce) , ha- 
bia prevenido que se escusasen de hacer para su re- 

(4) Decreto de 42 de mayo de 4702. 



PARTB m. UBRO VI. 



27 



cibimieBto. comedias , ni toros » ni otra clase alguna de 
regocijos, pues que estando el rey ausente no quería 
que se hiciesen ni gastos ni alegrías públicas , y se 
contentó con que la aguardasen en palacio, donde se 
eacaminó en derechura , y sin ostentación « ni apara*- 
to, ni ruido. A'todos asombró la modestia, el desinte- 
rés, la rectitud, la discreción, la inteligencia y afán 
coa que la joven María Luisa se consagró desde su 
llegada al despacho de los negocios públicos, asistien- 
do diariamente á las sesiones de la junta de gobierno, 
haciéndose respetar de todos los consejeros, enteran* 
dose con admirable facilidad de los asuntos, no ha- 
biendo consulta que no examinara , ni papel que no 
leyera , ni queja que no escuchara , sin vérsela nunca 
ni en las diversiones ni aun en los paseos, adicta 
siempre á remediar las necesidades de los pueblos , y 
á que no faltaran al rey los posibles socorros. «E^* 
ta ocupación , solia decir con aire jovial , es sin 
duda muy honrosa, pero no es muy divertida para 
ana cabeza tan joven como la mía , sobre todo no 
oyendo hablar á todas horas sino de las necesidades 
urgentes del tesoro y de la imposibilidad de salir 
del paso.» 

Asistiéndola y ayudándola con lealtad su camare- 
ra la princesa de los Ursinos , reformare n entre las 
dos las costumbres interiores de palacio : prohibieron 
los galanteos de las damas y camaristas que estaban 
tan admitidos y fueron causa de tanta murmuración 



28 BISTOBIA DB ESPASa. 

en los reiaados anteriores, é hicieron del regio alcan- 
zar una casa de virtud y de recogimiento. 

Con una política que no habria ocurrido á un 
hombre de madura edad y experiencia , cada vez 
que recibia noticias, del rey, no se contentaba con co- 
municarlas al consejo y á los grandes, sino que ella 
misma saliendo á un balcón de palacio las ponia ver- 
balmente y en alta voz en conocimiento del pueblo 
para satisfacción de sus vasallos; con cuyo motivo, 
siempre que se sabía haber llegado despachos de Ita- 
lia, acudían las gentes á la plaza de palacio ansiosas 
de oir de boca de S. M. noticias de la salud de su 
rey y de los sucesos de la guerra í*^ ' 

Semejante conducta no pudo menos de captarle la 
admiración, la confianza y el carino de Luis XIV., 
en términos que á las cartas en que le pedia consejos 
contestaba lleno de entusiasmo: «No consejos, sino 
^elogios es lo que debo y quiero daros: seguid como 
» hasta aqui vuestras inspiraciones, á que podéis en- 
)!>lregaros con toda seguridad; sin embargo; no os 
» negaré los consejos de mi experiencia, pero cierto 
»estoy de que los adivinaréis vos, y de que solo ten- 
x>dré que admiraros y renovar la seguridad de la ter- 
»nura que os profesó.» No era solo Luis XIV. el que 
pensaba asi: uno de los españoles mas ilustrados de 
la época escribía, hablando de la reina, estas notables 

(1) Macanaz, Memorias, MM.SS. tom. 11, c 7. 



PABTB III. LIBRO VI. 29 

palabras: «Su espíritu se descubría tanto mas, cuanto 
»excedia á toda humana comprensión: y así en su 
^gobierno todos fueron aciertos, y si hubiese sido so*- 
>la, se habrían visto milagros.» 

El pueblo y la corte de^ España, con solo cotejar 
el comportamiento de su nueva reina con el de las úl- 
timas princesas austríacas que habían ocupado el tro- 
no de Castilla, habrían tenido sobrado motivo para 
felicitarse del cambio de dinastía, y la joven María 
Laisa de Saboya habria excitado mas el amor popu- 
lar, á no haber encontrado la ''corte minada por las 
ÍDtrígas de los afemanes, los consejeros y ministros 
divididos entre sí, en mal sentido algunos magnates, 
aborrecido Portocarrero del pueblo por su carácter, 
su conducta, su ambición y su incapacidad, y ofendí- 
do el orgullo español de la sumisión á la influencia 
francesa, que se ponderaba de propósito, y á la que 
habia empeño en atribuir todas las desgracias de la 
monarquía. 

Pero es tiempo ya de dar cuenta de la situación 
en que habia colocado á España respecto á las poten- 
cías de Europa el testamento de Carlos IL y el adve- 
DÍmienlo de un soberano de la familia de Borbon , y 
de los importantísimos sucesos á que habia dado ya 
lagar por este tiempo una novedad de tanta trascen- 
dencia. 



CAPITULO II. 



PRINCIPIO DE LA GUERRA DE SUCESIÓN. 



FELIPE V. EN ITAIilA.. 



1701 A 1703. 



Reconocen alganas potencias ¿ Felipe V. como rey de Eapaña.- 
fuerzos de Luis XIV. para justificarse ante las naciones de Euro- 
pa. — Niégase el línperio á reconocer á Felipe. — Conducta de In- 
glaterra y de Holanda. — Invasión francesa en los Paises Bajos.—- 
Conspiración en Ñapóles, movida por el emperador. — Jornada de 
Felipe y. á Ñapóles. — ^Espiritu y comportamiento de los napolita- 
nos con el rey. — Pasa Felipe á Milán. — ^Pénese al frente del ejér- 
cito. — Guerra en el Milanesado. — ^Derrota Felipe el ejército aostria- 
co orillas del Pó^-^Uoiforma las dividas de las tropas francesas y 
españolas.— Arrojo y denuedo del rey en los combates.— El princi- 
pe Eugenio: el duque de Saboya*. Venddme: Crequi. — ^Elogios que 
hace Luis XIV. de su nieto.— Retirase Felipe á Hilan con ánimo 
de regresar á España.— Causas de esta resolución. — Conducta in- 
discreta del monarca francés.— Inglaterra y Holanda juntamente 
con el Imperio declaran la guerra á Francia y España. — Guerra en 
Alemania y en los Paisos Bajos.— Espedicion naval de ingleses y 
holandeses contra Cádiz. — Miserable situación de Andalucía. — ^Apu- 
ros de la corte. — ^Resolución heroica de la reina. — Frástrase el ob- 
jeto de la espedicion anglo-holandesa. — Lastimosa catástrofe de la 
flota española de Indias en el puerto de Vigo.— Prudencia y ser^- 



PABTB III. UBRO VI. 34 

nidad de la reina María Luisa. — ^Defección del almirante de Cas- 
tilla.— Regresa Felipe V. á España. —Decreto notable espedido des- 
de Figueras. — Aclamaciones y festejos con que es recibido en 
Madrid. 

Babia sido Luis XÍV. bastante hábil para conse- 
guir que fuera sin dificultad reconocido y proclamado 
su nieto Felipe como rey de España» asi en los Paises 
Bajos, que gobernaba el elector de Qa viera, como en 
Milán, donde estaba de gobernador el príncipe de 
Vaudemont, subdito austríaco, y como en Ñapóles, 
cuyo vireinato tenia el duque de Pópoli. Respecto á 
las potencias estrangeras, empleando alternativamente 
la amenaza y el halago, logró que le reconociera Por- 
tugal firmando un tratado de alianza con Ltiis; ganó 
al duque de Saboya negociando el enlace de su hija 
con Felipe, y lisonjeando al piamontes consiguió poner 
guarnición francesa en Mantua para ir asegurando la 
Italia. Supo también atraerse en Alemania á los elec- 
tores de Colonia y de Sajonia, y al obispo de Munster. 

Por lo que hace al Imperio, y á las potencias ma- 
rítimas con quienes habia hecho los dos tratados an- 
teriores de partición, de sobra conocia Luís XIY . que 
00 babian de resignarse ni permanecer pasivas á vis- 
ta del poder colosal que adquiría la Francia ocupan-* 
do el trono de España un principe de la casa de Bor- 
boD. Por eso, aunque el monarca francés estaba bien 
convencido de que en último resultado la cuestión 
habia de decidirse por las armas, y no se habia des- 



3¿ HISTORIA DB ESPAÑA. 

cuidado en prepararse para la guerra, intentó sin em- 
bargo justificar su conducta, y al comunicar oficial- 
mente á aquellas naciones la aceptación del testamen- 
to de Carlos 11. y el advenimiento de Felipe al trono 
de España, lo presentó como un acto de necesidad* 
como un sacrificio de los intereses de la Francia hecho 
en obsequio de la paz de Europa, la cual había de 
asegurar mejor que los tratados de partición, proles* 
tando su deseo de conservar la buena armenia con 
aquellas potencias, y la integridad y la independencia 
de la monarquía española ^*\ 

Era evidente que no hablan de bastar tales dis- 
culpas para tranquilizar aquellas naciones, que sobre 
conocer la desmedida ambición del monarca francés 
y sus artificios, comprendían demasiado que aunque 
pareciesen dos dominaciones distintas la de Felipe de 
Anjou y la de Luis XIV., el interés de familia las ha- 
bla de confundir, y lejos de fiarse de sus pacíficas 
promesas, suponíanle el pensamiento de realizar sus 
antiguos designios, de unir .otra vez el Portugal á 
España, tas Provincias Unidas de Holanda á los Paises 
Bajos españoles, de restablecer en el trono de Ingla- 
terra á los Estuardos, y sobre todo de colocar con el 
tiempo en una misma cabeza las dos coronas de Fran- 
cia y de Castilla. Luis XIV. habia cometido la grave 



(*) Memoria enviada por Tor- francés coodó de Bríond. —Obras 
cy al embajador de Inglaterra.— de Luis XIV., iom. VI. 
Carta de Luis XIV. al embajador 



PARTB 111. LIBRO VI. 33 

falla de dar logar á este juicio, dejando traslucir este 
peosamieoto eu sus cartas patentes de diciembre de 
1 700 con ciertas palabras proféticas^^). Sin embargó, ni 
Inglaterra ni Holanda se declararon al pronto contra 
él. Solo el emperador Leopoldo se negó abierta y re« 
saeltamente á reconocer el testamento de Carlos II., 
diciendo que ni habia podido hacerle libremente , ni 
60 ningonrcaso tenia facultad para dictar una disposi* 
cien contraria á los derechos de su familia y á los 
compromisos solemnes de los tratados, y se preparó á 
la guerra, ó para conquistar la sucesión de España, ó 
para desmembrarla al menos. Inglaterra y Holanda, 
aanque sin acabar de decidirse, tomaron también sus 
disposiciones; llenaron sus almacenes, repararon sus 
fortalezas, aumentaron sus fuerzas de mar, y se die- 

r ron á estender sus alianzas. 

' Pero Luis XIV , que se habia anticipado á todos 

como de costumbre , y tenia listos para ello sus ejér- 
citos, hizo invadir de improviso los Paises Bajos, y de 
acuerdo con el elector de Baviera se apoderó de to- 
das las plaza& que guarnecían los holandeses en virtud 
del tratado de Ryswick, haciendo prisioneros quince 
mil soldados. Intimidado con esto el gobierno holán* 
des, y después de conferenciar los diputados de la re- 
pública con los representantes de Inglaterra en la Ha- 



(4) Cartas patentes de Luis XIV. de Francia. Memorias de Lam- 
para conservar á Felipe V. sns bcrty, tom. I. 
derechos eventuales á la corona 



Tomo xviii. 



3( DISTOEIA DB BSPA^A. 

ya, decidiéronse ambas potencias á reconocer á Feli- 
pe V, bien que exigiendo que evacoáran inmediata- 
mente las tropas francesas los Países Bajos, y que los 
ingleses no pudieran tener guarnición en Nieuport y 
en Ostende, proposición que oyó Luis XIV con silen- 
ciosa altivez. 

Tampoco se habia descuidado entretanto el empe- 
rador, ya excitando á las potencias marítimas á la 
guerra, ya enviando emisarios donde quiera que po * 
dia suscitar enemigos al Trances, inclusa la corte de 
Madrid, donde no faltaban pardales de la casa de Aus* 
tria, y donde el descontento crecía con el gobierno 
aborrecido del cardenal Portocarrero, y ya principa U 
mente dirigiendo sus fuerzas á Italia, y preparando 
ana conspiración en Ñápeles. Inclinados á la novedad 
los napolitanos; divididos entre sí, aunque no mal go- 
bernados por el duque de Medinaceii, prevaliéndose 
algunos contra él de ciertos desarreglos propios de la 
juventud á qne se entregaba <*\ las intrigas dd em- 
perador encontraron algún eco en aquella ciudad: lie- 
gó á estallar la conjuración, se atentaba á la vida del 
duque, se dio suelta á los presos de los cárceles, y se 
puso en lugares públicos el retrato del archiduque de 
Austria ^K La energía del de Medinaceii y algunas 

^(4) «El vi rey, dice Lebrel, es- todas las gracias, se daban todos 

taba domioado de una pasión yio- los empleos, y á su influeada se 

Jenta hacia una cantatriz llamada atribuían todas las injasticias y 

Angelina Oíorgina, que babia lie- las dilapídecioDeB de los cándales 

Tado do Roma como tfirviente de públioos,! 

su muger. Por su mano pasaban (S) Los conjurados habían ga- 



% 



PARTB 111. LIBRO VI. 35 

m 

fuerzas es{>aoolas mandadas por ei duque de Pópoli» 
sofocaroQ .aquel amago de rebelión en su origen. Pero 
la noticia de este suceso, y la de los trabajos y mane- 
jos que estaba empleando el emperador en Italia, re* 
cibtdas por Felipe V. en sQ espedicion á Barcelona, 
fueron bastantes para inspirarle el deseo y la resolij^ 
cíon de pasar á Italia á visitar y proteger personal- 
mente aquellos pueblos de sus dominios, para lo cual 
tomó las disposiciones que en el anterior capítulo de- 
jamos indicado. 

Embarcóse, pues, según dijimos, Felipe Y. en 
Barcelona (3 de abril, 1702), con veinte galeras y los 
ocho navios que hablan llegado de Francia, llevando 
consigo á don Carlos de Borja, limosnero mayor; á su 
confesor el padre D'Aubenton, jesuita; al embajador 
firancés conde de Marsin; al duque de Medinasidonia, 
nombrado Gran Justicia del reino de Ñapóles; al con- 
de de San Esteban; ai secretario generat Ubilla, mar- 
qués de Ri vas, con cuatro oficiales; al conde de Bena- 
vente, al de VUlaumbrosa, al duque de Osuna, al con- 



nado al cochero del virey y al Pópoli, poníéudose al frente de 
maestro de armas de sus paaes algaooa soldados españoles y de 
para que le asesinaran. Faéie do* machos nobles del pais. Fueron 
imnciado este proyesto ¿ Medina- ejeoutados algunos sediciosos; el 
celi, y á la media noche hizo pren- marqués de Pescara y el principe 
der y dar tormentó á los dos ase- do Gaseria faerou acusados de al- 
«ídos. La conspiración, sin embar- ta traición, y se les conGacaron 
go, llegó á estallar, aonque par- sus bienes. Sin embargo, hubo 
cialmente. Cometiéronse algunos necesidad de releyar á Medinaceli, 
desórdenes, y se puso una bande- y do reemplaz.irle con el marqués 
ra imperial en el convento de San de Villena, duque de Escalonad- 
Lorenzo. La sofocó el duque de Botta, Sttoria d'Italia. 



t 



36 HISTORIA DB espaSa. 

de de Priego, al dnque de Monteleon, al de Bejar, y 
otros varios señores con sus respectivos mayordomos y 
pages; asi como varios caballeros franceses de su ser- 
vidumbre, cuyo gefe era el marqués de Louville; en- 
tre todas ciento doce personas, sin contar los sirvien- 
tes. Hizo felizmente su navegación, y luego que hubo 
desembarcado salieron á recibirle el marqués deVille- 
na, nuevo virey de Ñápeles, el arzobispo déla ciudad 
cardenal Cantelmo, y muchos nobles napolitanos en 
lujosas carrozas, con cuyo séquito hizo su entrada ea 

■ 

aqnellaí hermosa capital (1 6 de abril), en medio de la 
muchedumbre que obstruid las calles, y las aclamacio- 
nes de las tropas españolas, que á su paso abatían las 
baqderasy gritaban: €¡Viva Felipe V.!» 

Aunque causó una agradable impresión en el 
pueblo napolitano la presencia de su nuevo monarca, 
y todos tos funcionarios y corporaciones acudieron á 
besarle respetuosamente la mano, no produjo en ver- 
dad aquel entusiasmo que es la ^spresion del verda- 
dero amor y cariño* Un incidente, de aquellos á que 
el vulgo da en ocasiones gran significación, vino á ha- 
cer formar estraños juicios y cálculos á las gentes cré- 
pulas y sencillas. El dia que S. M. fué á visitar la ca- 
pilla de la catedral llamada el Tesoro, donde se coa- 
serva con gran veneración la sangre del santo mártir 
y patrono popular de Ñápeles San Genaro, el arzobis- 
po y cabildo quisieron hacer ver al rey el milagro de 
licuarse la preciosa sangre de la santa ampolla. Pero 



FAITB III. LIBRO TI. 37 

aquel dia do se liquidó como otras veces la sangre á 
la aproximación del relicario que encierra la cabeza 
del sanCo» y Felipe salió del templo con el desconsue- 
lo de no haber visto aquel tan celebrado prodigio. La 
sangre se licuó después; apresuradamente salieron al- 
gunos á dar aviso al rey, que ya iba camino de pala- 
cio, y volvió mas tarde á ver el milagro. Mas ya uo 
faltó en el paeblo quien comentara el suceso como una 
señal visible de que no le habia de asistir I9 protec- 
ción del cielo ^^K 

Hizo no obstante cuando pudo Felipe para captar- 
se el aprecio de aquellas gentes: indultó á los com- 
prometidos en la pasada conspiración: rebajó impues- 
tos, perdonó deudas atrasadas, suprimió gabelas; re- 
muneró largamente á los que se habian con^lucido bien 
en el motin de 23 de setiembre de 1701 ; conQrió á 
machos nobles napolitanos la grandeza de Fispaña, 
haciéndolos cubrir á su presencia; recibió cortés y 
aiablemente á los legados de Roma ^ y á los que iban 
abosarle la mano y rendirle homenage á nombre de 
los príncipes y de las repúblicas de Italia ; presentá- 
base con frecuencia y con cierta franca dignidad en 

« 

los sitios y en las diversiones públicas; juró solem- 
nemente los fueros y privilegios otorgados á aquel 
reino por sus antecesores; halagó al clero y al pue- 



(4) Journal du voyage d" ha- pagne el de Naples: par Antoine 
2m« de r invincible et glorieux mo- Bulifon, 
narque Philippe V., roy <f Es- 



38 HISTORIA DE ESPAÑA. 

blo, obtenieodo una bula de S. S. en qae se decía* 
raba á San Genaro patrón de España como el após- 
tol Santiago ; oía misa diariamente » y daba ejemplo 
de devoción y de piedad ; en las fiestas públicas le 
ensalzaban y prodigaban alabanzas, y lo consagra- 
ban multitud de honrosas inscripciones. Y sin embar- 
go no cesaban de susurrarse tramas, ni dejaba de ha- 
blarse de conspiraciones, que probaban no ser del 
todo sinceras aquellas exteriores demostraciones de 
afecto ; algunas personas fueron desterradas , y otras 
eran vigiladas po<* sospechosas^*). 

Deseaba ya Felipe V. pasar á Milán para ponerse 
al frente del ejército de Lombardía» donde los imp^ 
ríales conducidos por el príncipe Eugenio hacian la 
guerra á españoles y franceses, á intento de arrebatar 
á Felipe la posesión del Milanesado. Habia tratado Eu- 
genio de sorprender á Mantua y á Cremona , y aun- 



(t) Botta, Storia d* Italia.^ no de un bando puasio por los 
Docbez, Ojeada sobre los destinos conjurados á nombre de Cario Yí, 
de los Estados ítaliaDOsde 4700 á Ré di Napoli; unos versos caste- 
4765.— Belanlo, Historia civil de llanos felicitando al rey por la se- 
de España , Part. II., c. 6 y 7.— paracion de Medmacelí, y una co* 
Rebelión de Népolesen 4701 : Ar- medía festiva y satírica, en tres 
chivo do S<)l$zar, ns. M y 65. jornadas , titulada : La pérdida dé 
Entre los manuscritos de lá España renovada en Ñapóles , cu- 
Beal Academia de la Historia se yos papeles se distribuían de la 
encuentra también copia en italia- manera síguieoto: 

Rey don Rodrigo Duque de Mediuaceli. 

Ataiilfo, primer ministro... Príncipe Ottaiano. 

El obispo Oppas Monseñor Noriega (el confesor). 

Florinda, (a) la Cava La Giorgina. 

Conde don Julián Príncipe de Machia. 

El general Tarif. Don Garios de Sangro (el que degollaron). 

Muza El principe de Caserta, etc. 



/ 



PARTB 111. Lino VI. 39 

qae no logró su propósito, hizo prisionero al mariscal 
francés Yilleroy^ que fué reemplazado por. el intré- 
pido Vendóme. Un ejército de cincuenta mil france-* 
ses» enviado por Luís XIV., había penetrado en Italia» 
obligado al príncipe imperial á levantar los sitios de 
Mantua y de Gotto, y á concentrar sus fuerzas entre 
Mantua y el Pó. A apoderarse del pais que domina el 
Pó y á arrojar á los alemanes de Italia dirigía sus mi- 
ras y sus movimientos el general francés* En tal es* 
fado salió Felipe de Ñapóles (2 de junio, 1702); íué 
visitando las plazas y> guarniciones. españolas de la 
costa de Toscana» recibió felicitaciones de la repúbli* 
cade Genova, y el 11 desembarcó en Fínalc, donde 
le esperaba el gobernador de Milán príncipe de Vau- 
demoQt con gran cortejo de danias y caballeros , y 
donde hizo multitud de mercedes-de grandezas y títu- 
los, y dio libertad á algunos oficiales alemanes pri- 
sioneros que le fueron presentados, diciéndoles: «Id 
«al ejército imperial , y decid á mi primo el príncipe 
^Eugenio que pronto me verá al frente de mis tro~ 
»p8S.» Prosiguiendo su viage á Milán , salióle al en* 
cuentro cerca de Alejandría el nuncio de S. S», aquel 
mismo de quien dijimos en el primer capítulo que ha- 
bía venido á España á tratar de la paz á nombre del 
pontífice , y que habia encontrado á la reina en Mon* 
serrato. Alli acudieron también á saludarle los duque» 
de Saboya, padres de su esposa la reina de España, 
y después de mutuos agasajos y de algunas conferen- 



1* 

V 



40 



HISTORIA DB ESPAÑA. 



cías volviéronse aquellos á Turin , y el rey contíouó 
su jornada á Milán, donde llegó el 18 (junio, 1702), 
é hizo su entrada á caballo , y recorrió las calles en 
medio de las mas vivas aclamacioces de los miia- 
nesesí*^ 

Todo era en Milán festejos y regocijos; mostrá- 
ronsele tan de corazón adictos aquellos naturales, que 
á diferencia de los catalanes, aragoneses y napolita* 
nos, ni siquiera le indicaron que les jurara sus fue- 
ros; adhesión á que el rey correspondió también por 
su parte; pero las fiestas y agasajos no le impidieron 
pensar en los aprestos de guerra para salir á campa- 
ña, como lo verificó el 1.^ de julio (1702), después 
de dejar ordenadas las cosas del gobierno ^^K En 
Cremona, donde se reunieron los generales y se cele- 
bró gran consejo, determinó el rey mandar en perso- 
na un cuerpo de treinta mil hombres, con el dnque 
de Vendóme, y el conde de Aguilar, general de la 
caballería e^trangera : otro de veinte mil habia de 
mandar el príncipe de Yaudemont, con el marqués de 
Aytona, maestre de campo general; y distribuidas 
convenientemente las demás fuerzas, se puso en mar- 



(4) Journal du voyage d* Ka- 
lie.— Macanaz , Memorias, MSS. 
tom. I., cap. 7. — ^WiUiam Coxe, 
üistoria de Felipe V.. c. 6. — ^Be- 
laodOi Historia oivii, P: 11. c. 8 3 9. 

{'i) Seguía despachando con él 
el secretario Ubilla, y cuunU Ma- 
canaz que alli faculto á Ubilia pa- 



ra que en lo sucesivo estuviera 
sentado mientras el rey despacha- 
ba; «cosa, añade, que jamás se 
» habia visto, pues hasta entonces 
>el secretario del despacho uni- 

• versal siempre habia asistido 

• mientras duraba el despacho hja- 
»cado de rodillas.» 



partb''iii. libko vi. 41 

cha el ejército combinado (20 dé jatio), dividido ea 
colamnas, de las cuales la izquierda eria la del rey» 
coD resolución de pasar el Pó. No lejos de este rio 
encontró el de Vendóme, qae se habia adelantado con 
una parte de la columna del rey, un cuerpo respeta- 
ble de tropas imperiales (26 de julio), el cual, después 
de un combate obstinado, fué completamente derrota- 
do y deshecho, con mas dé mil muertos y heridos, y 
con pérdida de muchos pertrechos de guerra y trece 
estandartes, que se trajeron á la iglesia de Nuestra 
Señora de Atocha en Madrid. Llamóse aquel el cam- 
po de la Tictoria, y aquella misma noche apresuróse 
el rey á comunicar tan fausta nueva, asi á la reina de 
España, su esposa, como á Luis XIY., su abuelo» el 
coal publicó el parte en Yersalles con mocha pompa 
y haciendo grande elogio del joven monarca es- 
pañol. 

Desde aquel dia todos los movimientos y opera- 
ciones de la campaña fueron importantes. En mas de 
dos meses que asistió á ella Felipe, apenas se dio un 
dia de descanso; en unas partes acometía él mismo á 
la cabeza de los escuadrones, en otras intimaba las 
plazas y las rendia, y en otras recorría las Kneas á 
caballo en medio de los mayores peligros, sin querer 
lomar ni cota de malla , ni peto, ni espaldar, ni otra 
defensa alguna. Para unir mas las tropas de ambas 
naciones, mandó que á la escarapela encarnada, que 
era la de los españoles» se añadiera la blanca, que era 



42 msTOftU DB BsriftA. 

la francesa, y qoe los ñraocea^ á so vez junláran á 
la escarapela blanca la eacaroada de k» españoles, 
quedando asi confundidas las divisas de las tropas de 
ambos rcános. En uno de ios mas recios combates, el 
que se dio á la parla meridional del P6, orillas del 
canal de Teaco (H y 1 & de^ agosto, 4702}, pasó el rey 
cerca de cuarenta horas sin dormir, y casi sin tomar 
alimento. En esta célebre batalla mori6, por parte de 
los austriacos, el principe de Commercí, el mas hábil 
de sus generales y el mas querido del príncipe Euge* 
nío; por parte de los franceses, el veterano mariscal 
de Grequi con otros generales; el mismo Felipe fué 
herido, aunque no de gravedad, y una bala de canon 
mató á on oficial que estaba á su lado. No se distin« 
guió m»oa por su valor y serenidad en el sitio de 
Borgoforte. 

«Repárese, dice un ilustrado historiador español 
)»de aquel tiempo, que el dia de Santiago fué el pri- 
)» mero que el rey marchó con el ejército en batalla; 
»día de Santa Ana derrotó á los enemigos en el cam-- 
»po de la Vicaria; dia de la Asunción en el do Luz- 
»zara, y dia de La Natividad de Nuestra Señora se le 
» rindió Guaslalla; todas cuatro fiestas celebradas de 
» los españoles, y de gran devoción de los señorea re- 
»yes t*^.» Condujéronse también bizarramente el du- 

(1) Macaaaz , Memorias , to- yage d'ltalie.— Belaodo, P. II. ca- 

mol. c. 8. — Saa Felipe, Comen- ptluto 40 á 13.— ^ Bolla, Sloria 

tarros, lom. 1. A. 4702.— Memorias d'llalía. 
de To89é, lom. I.— Journal du vo- 



PáMXB m. LIBM VI* 43 

que de Yendóme, eí de Saboya, que mandaba la$tro^ 
pas de su estado , el coade de Saa Eslebau de Gor- 
laaz, el deMooleleon, el virey marqués de Yillena, 
y o(ro6 ilustres geoerales españoles, Al de Yendótoe 
púsole el rey por so mano el toisón de oro eo premio 
de su comportamiento en esta campaña. £1 resto de 
ella se pasó tomando casi todas las demás plazas que 
ocopabaa los imperiales* 

A fines de setiembre se retiró Felipe Y. á Milán; 
con ánimo de regresar á España, donde urgía ya su 
presencia á causa de sucesos qne estaban ocurriendo 
en oíros estados de los dominios españoles, y muy ea- 
pecíalmente en la península y en la corte misma« 
Desde Italia escribió al rey Grístiaoísimo dándole las 
gracias por los eficaces socorros que le habia enviado, 
y Luis XIY. le contei^tó alabando su conducta en la 
guerra. cHabeis correspondido, le decia, durante la 
»campaña^ á lo que yo esperaba de vuestro valor, y 
»las pruebas que de él habéis dado muestran que 
>80is digno de vuestra sangre y del trono en que e| 
»Senor os ha colocado. El amor de los españoles au-- 
»menla á proporción de la gloria que habéis adquirí- 
»do, y antes de vuestro regreso á España os doy con 
^placer todas las alabanzas que ya sabía yo habíais 
»de merecer, las cuales no deben pareceres sospe- 
cebosas, siendo yo el que os las tributo, porque solo 
«alabaré en vos lo digno de elogio, asi como os daré 
>»consejos en punto ú vuestros defectos, deber qne me 



44 HISTORIA DB ESPAJÍA. 

» imponen el cariño que os profeso y la confianza que 

»en mi tenéis ^*^.» 

Tampoco habrían venido mal al mismo anciano mo- 
narca algunos buenos consejos. Puesto que en vez de 
calmar con una conducta prudente y moderada los 
celos y la alarma de las demás naciones, las provocó 
y exasperó de modo que se envolvió él y envolvió á 
España en sangrientas luchas que acaso se habrían po- 
dido evitar. No contento con haber reconocido tácita- 
mente en sus cartas patentes los derechos eventuales de 
su nieto á la corona de Francia; con irritar á la Holanda 
invadiendo bruscamente los Paises Bajos; con dañar é in- 
comodar á la Inglaterra, lastimando sus intereses mer- 
cantiles, y cerrando á los buques de las dos potencias 
marítimas los puertos de España; con ponerlas en el caso 
de confederarse con el Imperio, con Dinamarca y con 
Brandeburg para libertar los Paises Bajos de la ocupa- 
ción del ejército francés, impedir la reunión de las dos 
coronas de España y Francia en una misma persona, y 
la posesión que Francia pretendía de una parte de las 
Indias Occidentales españoles, y aun la agregación de 
los Paises Bajos al dominio francés; todavía cometió 



(4) Memorias de Noailles, to- roo á la reina de España, eran dic- 
mo II.— Los coosojos, ó mas biea todas por Louville. Lo cual acaso 
recooTeociones qne le bacía ea la consistía en cierto humor hipo- 
misma carta, se referían á cierta comiriaco que se observó haber 
indolencia ó apatia que decía no- comenzado á dominarle en Italia, 
térsele para el despacho de otros y que llegó á degenerar después 
negocios que. no fuesen los do la en una verdadera enfermedad y 
guerra, y quejábase que basta laá terrible padecimiento, 
cartas que le escribía, asi á él co- 



PAUTB 1II« LIBEO VU i5 

Otra mayor impradencia» que puso el sello á todas las 
anlenores. Habiendo muerto el destronado rey de In- 
glaterra JacoboIL (17de setien\bre, 1701), LuisXIV. 
hizo la locura de reconocer á su hijo como legítimo 
rey de la Gran Bretaña; acto que el pueblo inglés mi- 
ró como un ultrage, como un atentado contra sus de- 
rechos y su independencia , y que hizo prorumpir á 
aquella nación en un grito general de guerra contra 
la Francia. Entonces el parlamento aprobó por unani- 
midad el tratado de la Haya , votó auxilios poderosos 
para el aumento del ejército y para los gast03 de la 
guerra, y aprovechando Guillermo IH. aquel espíritu 
tan favorable á sus miras, se apresuró á enviar á Ho- 
landa un cuerpo de diez mil hombres al mando del 
conde de Marlborough , y se preparó á pasar él mis- 
mo el estrecho para dirigir las operaciones de la 
guerra ''). 

La muerte sorprendió á aquel belicoso 4>ríncipe 
cuando tan cerca estaba de realizar sus planes (8 de 
marzo, 1702). Pero el pensamiento estaba ya en el 
espíritu de la nación inglesa, y no por eso se entibió 
el ardor nacional. Llamada al trono la princesa Ana 
de Dinamarca, bija de Jacobo, pero protestante y ene- 
miga de la Francia; confiada por la nueva reina la ad- 
ministración del estado á Godolfín y á Marlborough, 
versado el primero en los negocios de hacienda y de 

(4) JohnLiDgard,coDtinaac¡OQ cap. 45. y 46.*— Belaado, Historia 
de la Historia do la Inglaterra, Civil, Parte HI. c. 4 á 4. 



46 HISTOEIA DB BSPAftá* 

gobierno interior, cKstíoguido el otro por su habilidad 
en la guerra y en la diplomacia: puestos los dos de 
acuerdo con el gran pensionario de Holanda Heínsius, 
reüOYÓse la unión de las dos potencias marítimas tan 
estrechamente como cuando habian^ido regidas am« 
bas por Guillermo de Nassau • 

Mas si Marlboroügh llegó á reunir en ios Países 
Bajos yn ejército de sesenta mil hombres» otros tantos 
mandaba allí el duque de Borgona , nombrado por 
Luis XIV. general en gefe de sus tropas, dirigido por 
el mariscal Buflers; esto ademas de los cuarenta y 
cinco mil con que había cubierto la frouterd de Ale- 
mania. Sin embargo,, no obtuvieron los franceses en 
aquella campaña tas ventajas á que estaban acos- 
tumbrados, antes bien perdieron varias plazas impor- 
tantes, entre ellas Venlóo, Ruremunda y Lieja. Tam- 
bién en la Alsacia presenciaron la rendición de la de 
Landau. La guerra de Alemania había sido declarada 
en la dieta de Ratisbona, y publicada en un mismo dia 
en Londres, Yiena y la Haya Í15 de mayo, 4702) 
contra Luis XIV. y Felipe V. como usurpadores del 
trono de España, y corria sus vicisitudes y alterna <- 
tivas, sostenida con habilidad por los generales del 
Imperio. 

I^ero lo que puso mas en cuidado á la reina y al 
gobierno español fué la noticia de haber arribado á la 
bahía de Cádiz (julio, 1 702) una escuadra anglo-ho- 
landesa de cincuenta buques de guerra, con los barcos 



V PAITB ni. Lino TI* 47 

oeoesaríos para el trasporte de catorce mil hombí^, 
de que era general ea gefe el doqqe de Annond , y 
almirantes el inglés sír Jorge Rooke 7 el holandés 
AlleiaoDd« El objeto de estaespedicíon formidable ere 
apoderarse de Cádis y de los puntos vecinos, y esta** 
blecido an centro de operaciones irse derramando por 
el pais y promover «n alzamiento general contra Fe^ 
lipe, para lo cual contaban con los adictos al Austria 
y con los descontentos del gobierno. Ei pian había si-* 
do fraguado entreoí príncipe de Darmstaol, que des- 
de Lisboa fué á incorporarse á la armada, y el bIüú^ 
rante de Castilla, uno de les magnates enemigos del 
gobierno do Portocarrero, y hombre de muchas rela« 
cienes y mudio inflajo en las proTiocias del Me«. 
diodía <«>. 

Razón serrada habia para alarmarse y temer, 
atendido el estado de abandono en que la Andalucía, 
como todas las demás provincias, se hallaba ; ruinosas 

(1) CaoDta el raarqaés de San taban las plazas, siendo como era 

Felipe en sus Coméntanos, <pe al- la líate del reino* Qae el holanda 

guii tiempo antes había sidoeo- recogió la especie, y regalando al 

fiado on comisario holandés á almirante un reloj de repetición, 

GidíKyCon la misión de esplorar lo dijo: ti Acordaos de mi cuando 

el «stado del pais, el de sas fuer- suene fa campana,» Con lo cual 

2as militares, el de las plazas y ambos se entendieron, cijí se 

castillos, el de la opinión pública, tramó, dice, una tácita conjora, 

y el número y calioad de los par- comprendiendo el iórastero espío- 

cíales de Austria. Quede alli pasó rador que se debía atacar la An- 

é la oórte» y se hospedó en la casa dalucia^y que no seria el almiraa- 

del embajador de Holanda, y am« te el postrero á declararse por ios 

bes hablaron con el almirante, el austríacos. Asi lo refirió á su 

coaU ensenándoles un mapa de vuelta al gobierno de la Holanda, 

España, y alabándoles el pais de etcétera.»— Belando, Histeria ci- 

Andalucía, les informó de lo des- vil, parte I. c. t^. 
caidadas y desguarnecidas que es- 



48 HISTOUA DE BSPASa. 

y desgaarneddas sus fortalezasi sio p rovisioaes sus 
almacenest sin naves sos puertos» vacíos ;sus astilleros 
y arsenales, sin tropas de que disponer el goberna- 
dor de Andalucía, que lo era el marqués de Villada- 
rias, pues al arribo de la flota enemiga apenas pudo 
reunir ciento cincuenta infantes y treinta caballos. No 
pasaba de trescientos hombres la guarnición de Cádiz, 
sin provisiones ni municiones de guerra. La poca 
fuerza militar de España estaba en Italia y en Flan* 
. des, y toda la que habia en los dominios españoles 
no escedia de veinte mil hoiabres; la marina estaba 
reducida á unos pocos buques viejos y estropeados. 
Habia una milicia urbana en la nación, pero sin ins- 
trucción ni disciplina militar; se habia obligado á los 
labradores y ganaderos á tener en su casa un arca- 
buz, y se habia inscrito por fuerza sus nombfes en 
un libro, pero no habia otras señales de su existen- 
cia í*). 

Guando parecía no haber medio de conjurar ¡tan 
grave conflicto, la reina María Luisa de Saboya, con 
una resolución, con un valor y una inteligencia su- 
periores á su edad y á su sexo , reúne su consejo, 
ofrece sus joyas para atender á los gastos de la guer- 
ra, y declara que está dispuesta á ir ella misma á An- 
dalucía, y perecer, si es necesario, para salvar aqu^ 
lia provincia. 

(1) San Felipe, Comentarios, tom. I. pág. 50 



PARTB 111. UBRO TI. 49 

«Yo veo» les dijo, que do pensáis ea las províden- 
»cias seguQ la necesidad lo pide: el rey empeñado ea 
^combatir sus enemigos en Italia ha espuesto cada 
»dia su persona á los mayore-s peligrost y no será jus- 
»to que en el interior yo esté'eon quietud viendo pa-^ 
»decer sus vasallos y peligrar la España. Y asi tened 
•entendido que desde esta tarde saldré yo á campa- 
»ña, é iré á esponer mi persona por mantener al rey 
»lo que es suyo, y librar á sus vasallos de las hostili- 
edades de los ingleses; pues cuando el rey acabe allá, 
»y yo perezca acá por tan justa causa, habremos 
«cumplido lo que ha estado de nuestra parte; y asi 
imis joyas, oro, plata y cuanto tengo, ha de salir con- 
»migo hoy de está corte, para ir á la oposición de los 
«enemigos.» Y diciendo esto, dejó derramar algunas 
lágrimas ^'^ 

La decisión y la elocuencia de la joven reina sacan 
de su apatía á sus indolentes ministros: el cardenal 
Portocarrero se ofrece á mantener seis escuadrones de 
tropas ligeras; .el obispo de Córdoba un regimiento 
de infantería; el arzobispo de Sevilla todos los frutos 
y rentas de su arzobispado; nobleza , clero, pue- 
blo, todos se prestan á tomar las armas, todos le ofre- 
cen sus vidas y haciendas, y hasta el almirante de 
Castilla, conde de Melgar, el autor de aquella em- 
presa estrangera contra su patria, para alejar la sos-- 

(4) Macaoaz, Memorias MM. SS. cap. 9. 

Tono XVIII. i 



50 HISTOEIA DB ESPAÜA. 

[>echa que de él se tenia y disimular su complicidad, 
ofrece sus servicios á su soberana. Toda la Andalucia 
alta y baja se puso en armas, pretendiendo cada cual 
ser el primero en sacrificarse por su patria y por sus 
reyes. 

Por fortuna, divididos y desacordes entre si los 
gefes de la expedición, después de enojosos debates 
sobre el modo de verificar el desembarco y el ataque, 
y de las dilaciones que esto produjo, limitáronse á 
amagar los fuertes de Santa Catalina y Matagorda, á 
saquear los pueblos de Rota y Puerto de Santa María, 
donde los habitantes de Cádiz habian trasportado sus 
objetos mas preciosos, no perdonando templo ni la-* 
gar sagrado en que no se cebara su codicia, ni pu- 
diendo evitar las vírgenes consagradas al Señof la 
brutalidad lasciva y desenfrenada del soldado. Y aco^ 
bardados ante la actitud imponente que ya presenta- 
ba el país, volvieron á embarcarse, dejando mucho^ 
prisioneros y muertos, libre la provincia, y llena de 
inmortal gloria la reina. Y el príncipe de Darmstad, 
que había dicho con arrogancia: aHabia ofrecido ir á 
Madrid pasando por Cataluña: ahora veo que será 
preciso ir á Cataluña pasando por^ Madrid ^t^ renunció 
á venir á la corte, contentándose con llevar algunos 
millones á que ascendió el fruto del pillage y del sa* 
quéo* CoQ esto sufrió un notable cambio el espíritu 
público de España, indignando tan infame conducta 
de los aliados á los mismos que antes parecía es- 



rARTB 111. UBEO VI. 51 

tar mas dispuestos á declararse por la causa del 
Austria ^^K 

Mas á este tiempo había llegado al puerto de Vi- 
go (huyendo de encontrarse en Cádiz con la armada 
enemiga), la Qota que venia de Indias con dinero á 
cargo del general don Manuel de Velasco, y escolta* 
da por una escuadra francesa que mandaba Mr. de 
Chateaurenaud. Gomo el arribo á aquel puerto era 
una cosa impensada y fuera de costumbre, y no se 
encontrara alli ministro que reconociera las mercan- 
cías para el pago de derechos, sin cuyo requisito no 
podia hacerse el desembarco, según las leyes, suce- 
dió, que en tanto que se dio aviso á la corte, que aqui 
se discutió largamente sobre la persona que había de 
enviarse, que se determinó enviar á don Juan de Lar- 
rea, que este consejero dispuso despacio su viage, y 
empleó en él largo tiempo, y que después de llegar 
se entretuvo en discurrir sobre el ajuste de lo que 
venia en la flota; dióse lugar á que la armada anglo- 
holandesa de Cádiz» que tuvo noticia de todo, se di- 
rigiese y arribase. á las aguas de Vigo antes de efec- 
tuarse el desembarco. Y embistiendo la flota españo- 
la, y rompiendo la cadena que defendia la boca del 
puerto, y sufriendo el fuego que se les hacia desde 
les baluartes de la ciudad, apresaron trece navios es- 

(4) Soló el gobernador de Rota piar con la vida su desleallad. — 

86 pronunció por los austríacos, San Felipe, Conaent. tom. I.— Bc- 

pero habiendo caído en manos de lando» P. t. c. 22. 
sus compatriotas, le hicieron ex- 



5S^ HISTORIA DB ESPAÑA. 

pañoles y franceses, entre ellos siete de guerra, echa- 
ron á pique otros, incendióse uno de tres puentes in- 
glés, perdióse una inmensa riqueza en oro, plata y 
mercancías, perecieron dos mil españoles y franceses, 
y ochocientos ingleses y holandeses, y sucedieron otros 
desastres lastimosos (octubre, 4702). 

Recibióse la noticia de esta catástrofe en Madrid 
el dia y á la hora que se habia señalado para que la 
reina saliera en público á dar gracias á la Virgen de 
Atocha por los triunfos del rey y á colocar en aquel 
templo las banderas cogidas á los enemigos en Italia. 
Aquella prudente señora lloró amargamente tan fatal 
nueva, mas no queriendo afligir y desalentar á su 
pueblo, revistióse de firmeza, y llevando adelante su 
salida, presentóse con tan sereno rostro que dejó á to- 
dos maravillados de su prudencia y su valor, y la ce- 
remonia se ejecutó como si nada hubiera sucedido. 
Túvose por conveniente no form?^r proceso á los cul- 
pables de la calamidad de Vígo , que hubieran sido 
muchos , sin esceptuar los ministros , y todavía pudo 
^ sacarse no despreciable cantidad de oro y plata de 
los buques que se habian ido á fondo ^*K 

Aunque al almirante de Castilla le alcanzaba tan- 
ta responsabilidad por la desgracia de Vigo, como 
consecuencia de la espedicion contra Andalucía, sin 
duda solo se tenían de él sospechas, cuando el car- 

(1) Macanaz, Memorias ma- Comentarios , A. 1702.— Belando, 
Duscrilas , cap. 9.«-SaQ Felipe, Historia civil, P. I.^ c S3. 



PARTB 111. LIBRO VI. 53 

deoa] Portocarrero para alejarle de la corle y siendo 
tan contrarío suyo no se atrevió á hacerlo sino bajo 
un preteslo honroso, nombrándole embajador cerca 
de la corte de Yersalles, donde no podía hacer daño, 
y cuyo nombramiento aprobó el soberano francés. Va- 
ciló algún tiempo el orgulloso magnate en aceptar 
aquel cargo, recelando que fuese una emboscada po- 
lítica, y temiendo hasta verse preso en llegando allá. 
Pero después, discurriendo que aquello mismo podía 
facilitarle burlar mejor á sus contrarios, admitió la 
embajada, y tomando públicamente sus disposicio- 
nes para emprender el viagc , y sin revelar su oculto 
pensamiento sino al embajador de Portugal don Diego 
de Mendoza su amigo , despidióse de la reina y de la 
corte, y partió camino de Francia. Mas á las pocas 
jornadas, figurando haber recibido nuevas instruccio- 
nes de la reina para pasar antes á Portugal , varió de 
rumbo y encaminándose á aquel reino penetró en él 
y se dirigió á Lisboa, donde ya desembozadamcnte cs- 
plicó las razones de aquel proceder, y aun publicó u n 
manifiesto, que era una verdadera invectiva contra e| 
gobierno de Madrid, bien que protestando todavía fi- 
delidad á su rey. Sin embargo, el embajador de Es- 
paña en Portugal le proclamó rebelde, y de serlo dio 
hartas pruebas en adelante siendo uno de los mas efi- 
caces partidarios y auxiliares del archiduque de Aus- 
tria. Formóselc proceso, y le fueron confiscados los 
bienes. 



54 HISTORIA DB BSPáÜiL. 

La defección del almirante, uno de los mas pode- 
rosos magnates de Castilla, y de los mas emparentar 
dos con casi toda la grandeza y nobleza de España, 
hombre ademas de bastante ingenio, travesura y ex* 
pedición, fué de un*ejemplo funestísimo , y todos con- 
sideraron su fuga como la señal de una defección ge- 
neral ea la grandeza y como el preludio de la guer- 
ra civil. 

Todos estos acontecimientos habían hecho y hacían 
cada dia mas necesario el pronto regreso de Felipe Y. 
á España. Detúvose no obstante todo el mes de octu* 
bré en Milán hasta poder pasar revista á un regimien- 
to de caballería española y otro de infantería walona, 
con una compañía de mosqueteros flamencos, que creó 
para guardia de su real persona. Hizo allí merced del 
Toisón á los príncipes sus hermanos y á algunos otros 
caballeros franceses ; otorgó varias mercedes de títu- 
los y grandezas de España, distribuyó los ms^ndos del 
ejército de Italia, y designó las personas que le ha- 
bían de acompañar á la península. La ciudad de Milán 
le regaló una corona y un cetro de oro en señal de so 
fidelidad , único presente que S. M. aceptó de aque- 
jes naturales. AUi recibió también al cardenal d* Es- 
^rées, enviado por Luis XIV. como embajador extraor- 
dinario de. España en reemplazo del conde de Marsin. 
Las instrucciones dadas por el monarca francés al 
nuevo embajador manifiestan que , mas conocedor ya 
del carácter del pueblo español , había determinado 



PABTB 111. LIBRO VI. 65 

seguir uaa nueva y üiferenlc política para coa la Es- 
paña: puesto que en ellas le expoaia sus quejas de 
Marsio y de Louville por su funesta influencia con Fe- 
Upe , á causa de la excesiva preferencia que le ha- 
cían dar á los franceses , con jusla ofensa y manifiesto 
agravio de la dignidad y del orgullo español , cuyo 
amor y simpatías corria grande riesgo de enagenarse. 
Añadíale que la mejor consejera del rey debia ser la 
reina su esposa, cuyo talento y discreción elogiaba, 

m 

60 unión con la princesa dé los Ursinos ^^K 

Partió pues Felipe Y. de Milán (7 de noviembre, 
4702), acompañado del nuevo embajador, y encami- 
nándose por Pavía y Alejandría á Genova^ detúvose 
algunos dias en esta ciudad, recibiendo los obsequios 
y atenciones del dux y del sonado de aquella repú- 
blica amiga. Llególe alli por estraordinario la fatal 
noticia de la catástrofe de Vigo, y aunque pareció que 

(I) «Desvia el rey de su serví- >ga ol rey de España el mayor co- 

•cíoá los españoles (le decía entre »nato eo gaoar la voluntad de sus 

•otras coses) ¿ causa de una pre- >* vasallos *. si estima poco á los es- 

»ferencia demasiado roanifíesta á «pañoles, es fuerza que lo oculte 

>to8 franceses. Diriaso que sus «cuidadosamente , reflexionando 

«subditos son para él insoporta- > que ellos son 'Jos que gobierna y 

«bles; á lo menos de esto se que- «con ellos tiene que vivir La 

«jan ellos, asegurando que por o nación española no ba dado al 

«esta razón muchos se volvieron «mundo menos hombres eminen- 

•á Madrid en lagar de acompa- «tes que otra cualquiera, y puede 

vñarle al ejército: añaden que «dar m-icbos mas todavía.,... Su 

«desde que S. M. ha salido de la «amistad á Francia debe inspirar- 

«capital, ha cesado completa men- «le el deseo de que vivan en la 

«te de hablar su idioma El rey «mas estrecha uuion españoles y 

«es frío, y los españoles circuns- «franceses, y si prefiere á estos. 

«peotos: nada por loteólo sirve «se aumentará el odio desque- 

«de lazo entre el soberano y sus «líos, y harto fuerte es ya por des- 

«súbditos, y asi se aumenta la «gracia la antipatía.» — Memorias 

«natural antipatía entre franceses de Noailles, tom. II. 
«y españolea. Es preciso que pon« 



-N 



56 HISTORIA BE ESPAÍIA. 

debería ser un aguijón para acelerar su viage, hfzole 
mas lentamente de lo que era de esperar. Puesto que 
desde Genova , donde se reembarcó el 46, hasta Fi- 
gueras empleó un mes cumplido (basta el 16 de dí- 
eíembre). Esperábale alli el conde de Palma, vírey 
de Catalufra. Desde aquella ciudad despachó un es- 
traordinario á la reina, con un decreto en que man* 
daba cesase la junia de gobierno que habia creado al 
tiempo de pasar á Italia , agradeciendo mucho el celo 
con que durante su ausencia hablan desempeñado su 
cargo todos los ministros, el cual tendria presente pa- 
ra remunerar sus' servicios, y ordenando que se le 
enviasen los negocios para despacharlos por sí mismo, 
á escepcion de los que por su urgencia hubiera de 
despachar la reina ^*K 

Prosiguió el rey su viage por Cataluña y Aragón, 
descansando algunos dias en Barcelona y Zaragoza; 
y no empleando mas celeridad que antes en el cami- 
no llegó el 13 de enero á Guadalajara, donde ha* 
bia salido la reina á recibirle , y juntos hicieron su 
entrada en Madrid (17 de enero, 1703), siendo acla- 
mados por el pueblo con las mismas ó mayores de^ 
mostraciones de jegocijo que cuando por primera vez 
entró en la corte de España W. 

(4) Macaoaz, Memorias, cap. 9. (2) Saa Felipe, Comentarios. 

— San Felijpe, Coment. A. 170Í.— — Belanáo, Historia civil. — Maca- 

El itinerario de su viage basta sa- naz , Memorias , MSS. — Diario do 

lir de Italia puede verse en el sucesos d» 4704 á 4706. MS. de la 

opúscuTo Journal de Philippe V. Biblioteca Nacional. 
en ítalie* 



CAPITULO m. 

LUCHA DE INFLUENCIAS EN LA CORTE. 

ACTIVIDAD DEL RET. 

4703. 

Gondacta del rey á sa regreso ¿ Bspaña.— RÍTatídad entre la princesa 
de los Ursinos y el embajador francés.— -Intrigas del cardenal. — 
CoQtestaciones entre Luis XIV. y los reyes de Espafia sobre este 
ponto.— Triunfo de la princesa sobre sos rivales. — Separación del 
cardenal embajador.— Retirada de Portocarrero.— Nuevas intrigas 
60 las dos cortes. — ^El abate Estróes. — ^Aplicación del • rey á los ne- 
gocios de Estado. — Reorganiza el ejército. — ^Espontaneidad de las 
provincias en levantar tropas y aprontar recursos. — Actividad de 
Felipe.— «Anuncios de guerra. — Ligase el rey do Portugal con los 
enemigos de España .^Viene el archiduque de Austria á Lisboa.-— 
Declaración de guerra por ambas partos. — Estado de la guerra ge-* 
neral en Alemania, en Italia y en los Países Bajos. 

Tan proQto como Felipe regresó á la corle de Es- 
paña, y se desembarazó de las primeras ceremonias 
de los besamanos, de los plácemes y de los festejos 
COD que se celebró sa entrada, puso en ejecución su 
decreto espedido en Figueras consagrándose á despa* 
char por sí mismo todos los negocios de gobierno, sin 
dar entrada en el despacho á ningqn consejero, ni de 



58 HISTORIA DB BSPAÑA. 

los que le habían asistido en su jornada, ni de los qae 
hablan formado el de la reina durante su ausencia; 
pues no queriendo servirse de todos, ni hacer prefe- 
rencias qne suscitárao celos y rivalidades, tuvo por 
mejor no admitir á ninguno. Veremos luego los salo^ 
dables efectos de esta conducta del joven monarca, 
que causó gran novedad y estrañeza, especialmente al 
cardenal Portocarrero que tanta influencia estaba acos- 
tumbrado á ejercer. Que aunque todavía siguieron dán- 
dose los mejores empleos á sus deudos y criaturas, 
mortificábale mucho no tener entrada en el gabinete 
del despacho. En cambio tenia en su casa una junta 
compuesta de varios eclesiásticos y letrados para tra- 
tar de todas las cbsas de gobierno, los cuales eran 
muy buenos y muy esperimentados en materias ecle- 
siásticas y de justicia, pero ni versados ni entendidos, 
y casi completamente ágenos á las de hacienda, guer- 
ra y gobernación general de un Estado; y por lo tanto 
no hicieron otra cosa que cuidar de los adelantos y 
medros de sus hechuras, y crearse enemigos entre 
los' magnates, y hacer ma^ odioso al cardenal ^^K 

Mas no por eso xlejaron de rodear á los nuevos 
monarcas encontradas influencias como en los reina- 
dos anteriores. Eran no obstante influencias de otro 



(4) Formaban esU juDla, doQ cario de Madrid, don Sebastian de 

Juan Antonio de Urraca, canóni- Ortega, consejero de. Castilla y 

go de Toledo, la persona de mas gran jurisconsulto , y algunos 

con6an2a del cardenal, y comen- otros, 
sal suyo, don Alonso Portillo, vi- 



PAftn 111. LIBRO Yl. 59 

género; porque erao personages de olro y mas supe* 
ríor talento, de otras y mas elevadas miras los que 
figorabau en la escena del teatro político de la corte 
de España, como eran también otras las cualidades y 
otro el proceder de los dos soberanos. Hasta entonces 
la princesa de los Ursinos con su reconocida habili- 
dad se babia captado el favor de la reina, é influido de 
lal manera con sus consejos en los negocios políticos, 
que no sin razón» y con el donaire que ella sabia usar 
eo su correspoqdencia escrita, llamaba aquel periodo 
de su privanza mi ministerio. Pero la venida del car- 
denal Estrées, con todas las ínfulas de confidente de 
Lois XIVm eDtviado, no ya para dar consejos, sino 
para gobernar; con todo el orgullo de un diplomático 
acreditado en las cortes de Roma y Venecia, y con la 
presunción que traia de su mérito, colocó á la de los 
ursinos en una posición nueva y muy delicada. Por- 
que no tardó el cardenal en mostrar que le ofendía el 
influjo de la princesa, y ésta tuvo que luchar, no solo 
coD la rivalidad del embajador, sino también con los 
oeloa y envidias de su sobrino el abate Estrées, del 
cobfidenle del rey Louville, y de su confesor el je- 
suíta D*Aubenton. 

No se acobardó por eso la princesa, y ponia en 
jnego los recursos de su ingenio para disputar á lodos 
el terreno del favor. Por fortuna suya perjudicó al 
embajador purpurado su impaciencia por hacer alar*^ 
de de superioridad, pues negándose á entenderse con 



60 HISTORIA DB BSPAÜA. 

PortocarrerOy con Arias y con el marqués de Rivas, 
se atrajo la enemistad de aquellos antiguos ministros; 
con sus disputas sobre preferencia paralizaba la mar- 
cha de los negocios, y con quejarse de que no se le 
permitia cierta familiaridad en la^ cámara del rey, á 
que se oponia la camarera como contraria á las ré* 
gtas de la etiqueta de palacio, ofendió al mismo Feli- 
pe y á la reina. Pero en cambio sus quejas bailaron 
eco y tuvieron acogida en la corte de Yersalles: y 
aunque Luis XIV. sintió mucho aquellas desavenen* 
cias, y recomendó al cardenal francés mucha pru- 
dencia, especialmente con el cardenal español, y lé 
encargó se sujetase á las formalidades de la etiqueta 
establecida, sirvieron para que Luis retirara su' con- 
fianza á la de los Ursinos, y para que escribiera a[ 
rey, su nieto, recordándole que le debia el trono, que 
por su causa se habia coligado coutra él toda la Euro- 
pa, y que por esto y por su inespcriencia tenia dere- 
cho á exigirle que antes de tomar cualquier medida 
se pusiera de acuerdo con él, y que para eso le habia 
enviado al cardenal Estrées, el hombre de mas talento 
y mas versado en negocios que podia haber elegido. 
«Escoged, le decia, entre la continuación de mi apo- 
^yo> y los consejos interesados de los que quieren 
«perderos. Si elegís lo primero, es preciso que Por- 
«tocarrero vuelva á tomar asiento en el despacho....^ 
» concediendo entrada en él al cardenal de Estrées y 
Y>al presidente de Castilla Si preferís lo segundo* 



PAETB III. LIBaO VI. 61 

90)6 ha de doler mucho vuestra ruina , que cooside- 

»ro cercana etc. <^^» Y encargábale que esta 

carta la enseñara á la reina. - 

Amarga y profunda sensación causaron á Felipe 
estas reconvenciones, y contestó á su abuelo manifes* 
láodoie las razones de su conducta, las causas que le 
habian movido á gobernar solo y por sí, y deshacien- 
do las acusaciones de que el cardenal le hacia objeto. 
Pero aun con mas energía, oon mas dignidad, y con 
mas viveza de sentimiento le escribió la reina, — 
«¿Cómo, le decia, cómo se ha atrevido el cardenal 
sEstrées á deciros tales imposturas? Perdonadme si 
i»oso de esta palabra, pero no conozco otra en el do- 
»lorque me martiriza, y es el único nombre que pue- 
i^ie darse i lo que debe haber escrito á V. M. para 
»qae haya valido tal carta al rey, pues ni una sola 
» circunstancia hay que no sea contraria á la ver- 
»dad....» Hace una defensa vigorosa de la conducta 
del rey, su marido, y viniendo á aquellas palabras 
I del cardenal: ^Consejos interesados de los que quieren 
I perder al rey.n exclama: «¿Qué quiere decir con esto? 
>Si es á mí á quien ataca, juzgad hasta dónde llega 

! »su atrevimiento Tampoco tiene ningún derecho 

I »el cardenal para atacar á la princesa de los Ursinos « 



vDebo hacer justicia á ésta, y confesar que sus con- 
Dsejos me han sido siempre de mucha utilidad, y que 

(4) Memorias de Noallles i iom. 11. 






62 HlSTOaiA DB EMPAÑA. 

»su buen juicio y comporlamiento le han grangeado 

)ila estimacioD de todo el mundo en este país Me 

» quitáis á la princesa, y por terrible que sea para mí 
veste golpe, lo recibiría sin quejarme si viniera solo 
>de vuestra mano; pero cuando pienso que es el fruto 
>de los artificios del cardenal y del abate, su sobrino, 
>os confieso que me desespero. Ruégeos que quitéis de 
i>mi vista estos dos hombres , que miraré toda mi 
)»vida como mis mas crueles enemigos y perseguid 
>dores. > 

También le escribió la princesa, justificándose á 
sí misma, y baciendo una apología de los reyes sus 
señores, confuyendo no obstante con pedir pi^rmiso 
para retirarse de su puesto ; proposición que se apre- 
suró á aceptar el monarca francés. El hondo pesar 
que causaba al rey y á la reina la separación de la ca- 
marera mayor; el orgullo del embajador, que desva- 
necido con su triunfo aspiraba ya á derribar al minis- 
tro Orri ; sus intrigas en unión con el confesor jesuíta 
para introducir la discordia éntrelos mismos regios 
consortes, puso á los jóvenes soberanos en el caso de 
tomar una actitud tan independiente y tan firme, que 
obligaron á Luis XIV. á acceder á que la princesa no 
saliera de Madrid y continuara permaneciendo á so 
lado. Con sumo (alentó aprovechó la orguUosa dama 
aquel primer acto de debilidad del monarca francés, 
empeñándose entonces en retirarse, mientras no re* 
cibiese orden formal de Luis en contrario ; y en carta 



PAETB m. LIBRO VI. 63 

al ministro Torcy le decía estas notables palabras: 
«8t queréis sujetar á los españoles por medio de la 

refuerza , escusais de molestaros Estrées y Louville 

it no lograrían feli% éooito en pnis alguno con la con^ , 
i^ducta que observan; pero los españoles son todavía 
ittnenas apropásito que ningún pueblo para aguantar 
tísemej antes amos.r^ 

Manejóse pues la de ios Ursinos en esta lucha 
con tal destreza, que no solo el cardenal y Louville, 
encanecidos en las artes diplomáticas y favorecidos 
con toda la confianza y protección de Luis XIV., se 
vieron obligados á ceder á la superioridad de una 
moger, sino que el altivo monarca de la Francia hu- 
bo de reconocer lo que valian sus servicios, y se vio 
forzado á pedirle que continuara prestándolos á su 
nieto. 

Restablecida la princesa en el ejercicio de su influ* 
jo, y satisfecho su amor propio, quiso demostrar á la 
corte de Yersalles lo que valía, y redoblando su celo y 
actividad tomó una gran parte en las medidas de go- 
bierno de que luego daremos cuenta* También supo 
adelantarse al cardenal de Estrées en la negociación á 
este tiempo entablada por Luis XIV • para que se ce- 
diesen al Elector de Baviera los Paises Bajos espafio^ 
les eo recompensa de su alianza y de ios servicios pres^- 
tados en Alemania por aquel príncipe, c toda vez que 
aquellas provincias, decia/tio servian sino para arrui- 
nar la España, sin que de ellaa sacara esta nación nin- 






64 HISTORIA DB BSPAÍÍA. 

guD fruto.» Ya un aoo antes (1702) babia pretendido 
Luis XIV. que se le cediesen á él aquellos dominios, 
en compensación de tantos auxilios como estaba pres- 
tando á España eu tantas partes para la guerra. La 
negociación fué tan adelaute , que llegó Luís XIV. á 
nombrar al duque de Borgoña vicario general de los 
Paises Bajos. Pero habiéndose resentido de ello el 
Elector de Baviera, á quien el francés estaba tan obli* 
gado , abandonó éste su proyecto , por no desconten- 
tar á un. aliado tan importante, y desde entonces aque- 
llas provincias se destinaron al Elector de Baviera ^^K 
Tan hábilmente se manejó la de los Ursinos en su 
propósito de derribar al cardenal embajador, que no 
solo interesó en su plan al ministro de Hacienda Or- 
ri, sino al mismo sobrino de aquél, el abate Estrées, 
que no tuvo reparo en conspirar contra su tio, á true- 
que de sucederle en la embajada. En cuanto á los re- 
3'es,. logró que ellos mismos escribieran á Luis XIV. 
pidiendo con la mayor instancia y empeño su separa- 
ción, a Mi espoáo y yo, le decia la reina, le detesta- 
>mos á tal punto (al cardenal), que si nos pusieran en 
i>la alternativa de tolerar que siga en Madrid ó abdi- 
»car la corona, no sé por cuál de las dos cosas opta- 
Dríamos.» — «Cada dia que permanece en Madrid, de- 
»cia el rey,, causa un mal irreparable á ambas nacio- 
)ines.i> Tantas instancias y tan repetidas súplicas 

(4) Memorias seoretas del marqués de Louville. 



PARTE III. LIBRO VI. 6S 

convencieron al fin á Luis XIV. de la necesidad de 
retirar al embajador, y así lo hizo, aunque con pe- 
sar, ordenándole que dimitiera su cargo, y anun-* 
dándole que le reemplazaría el abate su sobrino. 

Este nuevo y decisivo triunfo de la camarera pro«^ 
dojo un cambio casi completo en el consejo de go- 
bierno. El cardenal Portocarrero, que habia visto ir 
disminuyendo sensiblemente su influjo, se decidió 
también á retirarse. De este modo los dos cardenales, 
el francés y el español, que representaban las dos mas 
poderosas influencias de Francia y de España' en la 
corle de Felipe V., se vieron obligados á ceder á la 
mayor habilidad de la camarera mavor de la reina. 
A ejemplo de los dos purpurados personages, el anti- 
guo presidente de Castilla Arias se retiró también á 
so arzobispado de Sevilla, ocupando su lugar en el 
copsejo el mayordomo mayor conde de Monlellano, 
hombre de la confianza de la princesa, y cuya iote- 
gridad, moderación y buen juicio le habian captado el 
aprecio universal. Se dividió la secretaría del despa- 
cho, y se dio el de la guerra al marqués de Canales, 
quedando lo demás á cargo de Ubilla. 

Mas no por esto cesaron las intrigas entre los per- 
sonages franceses de la corte española. El nuevo em- 
bajador, abad de Estrées, que tan deslealmente habia 
suplantado á su lio, no se condujo con mas lealtad con 
la princesa á quien debía su elevación. Bajo y servil 
adulador en el principio; coligado luego con Louville 
Tomo xviiu 5 



66 HUTOKIA DE UPASa. 

y coD el coDÍesor D'Aubeatoo para hacerla perder el 
favor real, mieatras de público ensalzaba hasla la exa- 
geracioD á la de los Ursioos, ea sus cartas confiden- 
ciales á la corte de Versalles la designaba como usur- 
padora de la autoridad suprema, y la ponía en ridículo 
hablando ÍJe sus galanterías, de su supuesto casa- 
miento con D'Auvigny, y de otros incidentes de su 
vida secreta. Interceptadas estas cartas por arte de la 
princesa y por mandamiento del rey, aquella obró con 
lodo el reseutimíenlo de una muger orgullosa y heri- 
da en lo mas hondo de, su corazón; el rey escribió 
también á Luis XIV., su abuelo, informándole de to- 
do , y quejándose amargamente de las arterías del 
nuevo embajador; y el monarca francés, indignado 
con tan interminables disputas y chismes, perplejo y 
vacilante sin saber ya qué partido tomar, amenazó 
con que, si aquello seguia, mandaría salir de Madrid 
-á todos los franceses indistintamente. De contado 
Louville fué separado; el padre D'Aubenton se salvó, 
merced á la bondad de Felipe y á la mediación de su 
compañero de hábito el padre La-Chaise para con el 
rey Luis; se trató de relevar de lu embajada al abate,' 
y se aplazó la separación de la pnncesa de los Ur- 
sinos para cuando se presentara una ocasión favo- 
rable '". 

(1) UemoríM deNoailles, to- to al matriniauio secreto con D'An- 
nio lU. — ídem de Berwick. — ídem vigQj, puao la priucesa de su pu- 
de SaoSimoQ.— Comeotarios del So y lelraal márgeadeiescritoeD 
marqaís da Sao Felipe.— Hospw- que se la acusaba: «Para cauda, 



PARTB 111. LIBEO VI. 67 < 

A pesar de los disgnslos y de los embQrazo3 que 
nataralmente ocasionaban á Felipe Y. lantas intrigas 
y enredos, no por eso dejó de atender asídaa y esme- 
radamente á los negocios del estado en los principales 
ramos de la administración. Ademas de lo que le ayu- 
daba la política previsora y sagaz de la princesa de 
los Ursinos, la cual tuvo qiie entender hasta en los 
asuntos mas estraños á su sexo , como eran los de 
hacienda y los de guerra, no faltaron tampoco algu* 
Bos españoles ilustrados que enseñándole á conocer 
los males de la monarquía y los abusos mas perjudi- 
ciales y que exigían mas pronto remedio, le dieran de 
palabra y por escrito consejos saludables, y le pre- 
sentaran sistemas y máximas provechosas de moral, 
"de justicia y de economía, que él iba aplicando opor- 
taoamente. Encontró, por ejemplo, prodigados los há- 
bitos y encomiendas de las órdenes militares, y orde* 
nó qoe no se diesen sino por méritos propios y por* 
servicios hechos en la guerra; prescripción á queí no 
faltó sino en algún raro caso y por razones y circuns- 
tancias especiales. Halló multiplicadas en demasía las 
órdenes monásticas y religiosas, y relajada su antigua 
disciplina , y procuró refundir unas y regularizar 
otras. Trató de simplíñcar la multitud de jurisdiccio- 

no.»— William Coxe dedica todo ire los reyes de España y el de 

el capitulo 8.* de su España bajo Francia, fa prineef«a de los Ursi- 

el reinado de la casa de Borbon nos, el cardenal Estrées, el minis- 

á la relación de esta lucha de io- tro francés Torcy , etc. — ^Duelos, 

flaencias, é inserta una parte muy Memorias secretas del relaadcí de 

cariosa de la corresponaencia en- Luis XIV. 



68 HISTORIA DE BSPASa. 

nes introducidas por los reyes He la casa de Austria, 
y de abreviar los pesados trámites de la admiaistracion 
de justicia. Yió lastrabas que poniany las vejaciones 
que causaban al comercio los jueces de contrabando, 
y suprimió todos aquellos empleos, dejándolos solo en 
las fronteras y puertos marítimos. Perdonó á sus va- 
sallos todos los atrasos de alcabalas, cientos, millones» 
servicio ordinario y extraordinario que estaban en 
primeros contribuyentes hasta fin de 1696 ^^K Con es- 
tas y otras semejantes providencias iba demostrando 
á los españoles el primer monarca de la casa de Bor- 
bon que no se descuidaba en reparar los males que 
habia traído al reino la indolencia ó la incapacidad de 
sus predecesores. 

Mas como quiera que la primera y mas urgente 
necesidad fuese afianzar su trono^ por tantos enemi- 
gos ya combatido y por tantos otros amenazado, y esto 
no pudiera hacerse sin levantar y organizar respeta- 
bles cuerpos de ejército, desnuda como halló á Espa- 
ña y completamente desprovista de fuerzas militares, 
á esto consagró con preferencia sus afanes y cuidados- 
Comenzó Felipe por dar una nueva organización á la 
milicia, poniéndola sobre el pié que estaba ya la de 
Francia. Dio álos cuerpos diferente forma de la que 
tenian; varió las ordenanzas, los grados y hasta los 
nombres de los gefes, que son con leves diferencias 

(I) Biblioteca deSalazar, Leg. i7 v. 25, impreso 4703. 



FARTB IIL LIBRO VI. 69 

los mismos que en los tiempos modernos se han con- 
servado; dio á la infantería el fusil con bayoneta, y 
sustituyó la espada corta á la larga que se habia usado 
hasta entonces; creó regimientos de caballería ligera 
y de dragones, debiendo servir estos últimos para 
pelear alternativamente á pié y á caballo, según las 
circunstancias y las necesidades; instituyó las compa- 
ñías de carabineros y granaderos, formándolas de los 
soldados mejor dispuestos y de mas valor y destreza ; 
abolió para la gente de guerra el incómodo'y embara* 
zoso trage dé golilla, invención de un holandés é in- 
troducido por Felipe IV., haciéndolos vestir el unifor- 
me militar, y dejando aquél para los ministros, con- 
sejeros y jueces; creó un regimiento de guardias de la 
real persona, ségun habia comenzado ya á hacerlo en 
Milán; y ¡cosa digna de notarse! nombró coronel de 
este cuerpo al cardenal Portocarrero ^^K 

Desde su regreso de Italia se dedicó con ahinco á 
hacer levas y levantar gente por toda España para 
acudir inmediatamente á la defensa de las fronteras, 
que contaba habian de ser pronto acometidas. Fué 
eiertamente prodigiosa la espontaneidad con que los 
pueblos y las provincias de España, en medio del aba- 
timiento y pobreza en que las dejaron los últimos rei- 
nados, se ofrecieron á hacer todo género de sacrifi- 
cios» acudiendo unas con cuantiosos donativos para el 

{14 Mrcaoaz, Hemona« manuscritas, cap. 44. 



70 HISTORU DE BSPASaJ 

mantenimiento de las tropas, levantando otras á su 
costa tercios y regimientos enteros que enviaban al 
rey armados, municionados y vestidos ^^); de tal modo 
que ea poco tiempo pudieroa ponerse sobre las fronte- 
ras de Portugal veintiocho mil infantes y diez mil ca* 
bailes, fuerza muy superior á la que babia esparcida 
en todos los dominios españoles á la muerte de Car- 
los U. 

A estas pruebas de adhesión y de amor que Feli- 
pe Y. recibia de sus pueblos, correspondía él traba- 
jando con maravillosa actividad para buscar de la ma- 
nera menos onerosa posible medios y recursos con 
que subvenir á todas las necesidades, cuidando de la 
organización, instrucción y conveniente distribución 
de las tropas; fortíñcando las plazas; cubriendo las 
fronteras, según el mayor peligro de cada una; nom- 
brando los vireyes, gobernadores, generales y gefes 
de mas crédito y reputación, y destinándolos á los 
puntos y á los cuerpos en que cada uno podia ser mas 
útil; fomentando y'aumentando las fuerzas de mar al 
propio tiempo que las de tierra, para cuyo sosten y 
mantenimiento le sirvió mucho la capacidad rentística 
y la aplicación infatigable del ministro de Hacienda 
Orrí. De este modo, España que al advenimiento de 

(4) El puebla de Madrid dio y nistró un tercio de seiscientos 

costeó un tercio de caballería: Me- hombres armados y equipados; 

dina deRioseco envió cuatro mil Granada mil infantes y quinientos 

pesos; la ciudad de Orihuela otros caballos; y asi por este orden las 

cuatro mil; diez mil la provincia demás según su posibilidad, 
de Álava; la de Guipúzcoa sumí- 



PAETB 111. LIBRO VI. 71 

Felipe apenas po(Ka mantener unas miserables y casi 
desandas compañías de soldados, se vio otra vez como 
por encanto Cubierta y defendida por respetables cuer- 
pos de ejército, vestidos y disciplinados, aunque en 
su mayor parte todavia bisoñes ^^K 

Todo era necesario. Porque ademas de la guerra 
(pe los enemigos de la nueva dinastía le habian movi- 
do ya en Italia y en Flandes; de la que hacian las es- 
cuadras inglesas y holandesas á nuestras posesiones 
trasatlánticas para apoderarse de los dominios espa- 
ñoles del Nuevo Mundo; de los ataques continuos 
qne los reyes moros de Marruecos y de Mequinez, 
escitados y auxiliados por aquellas potencias , daban 
á nuestras plazas de Ceuta y Oran, obligando á nues- 
tras escasas guarniciones á sostener, diarias peleas y á 
estar en jaque siempre; de los frecuentes choques de 
nuestras naves con las flotas anglo-holandesas en 
ambos mares, amenazaba muy próxima la invasión de 
los confederados contra España en el territorio de 
nuestra propia península. 

Este planhabia sido fraguado en Lisboa. La de- 
fección del almirante de Castilla, su ida á aquella 
ciudad, y sus oscitaciones fueron de gran provecho á 

(4) Bd el capitulo i 4 de las yola las embaladas, las plazas en 

Memorias manuscritas de Maca- las consejos, los obispados y de- 

saz, se da una noticia bastante mas cargos públicos, eo los cuales 

minuciosa de los nombramientos se nota el cuidado que ponia en la 

que iba baciendo Fvlipe para el elección do los sugetos y lo que 

mando de los ejércitos, asi como atendia al mérito do cada uno* 
de las personas en quienes pro- 



^i HISTORIA DB ESPAÑA. 

los confederados contra Francia y España. El rey don 
Pedro de Portugal entró con ellos en la liga, no obs- 
tante el tratado de paz y amistad celebrado antes coa 
el francés, y el de neutralidad que posteriormente ha- 
bía hecho. En vano el estado eclesiástico de Portugal 
en un memorial que presentó á su monarca le espuso 
con fuertes, enérgicas y copiosas razones losgravísicnos 
inconvenientes y daños que traería á aquel reino la 
liga con Alemania, Inglaterra y Holanda; losdesastres 
de la guerra en que tendría que tomar parte, los 
peligros de la religión, del trono y de la independen- 
cia portuguesa. Nada escuchó el monarca lusitano, y 
adhirióse á la confederación. El emperador Leopoldo»' 
por consejo del almirante, habia h^cho cesión de sus 
derechos á la corona de España en su hijo el archi- 
duque Carlos, y la salida de éste para España quedó 
decidida. Una escuadra inglesa condujo al archiduque 
á Lisboa con ocho mil ingleses y seis mil holandeses 
de desembarco. El rey de Portugal le recibió como al 
soberano legítimo de España, y él tomó el nombre de 
Carlos III. (7 de mayo, 1704). A los pocos días pu- 
blicaron cada uno su maníGesto, espresando su reso- 
lución de acudir á las armas para libertar á España 
de la usurpación y tiranía de Felipe de Anjou , y con- 
cediendo una amnistía general á todos los que á los 
treinta días de su entrada en territorio español aban- 
donaran la causa de los Borbones. Acusábase en este 
documento á la dinastía de Borbon de querer estable- 



PARTE 111. LIBRO VI. 73 

cer en España el despotismo, como si esta clase de go- 
bierno no hubiera sido introducida y sostenida por los 
reyes de la casa de Austria, hasta acabar con todas 
las libertades españolas ^*K 

Pero habíase ya anticipado á ellos el rey don Fe- 
lipe, que con noticia de lo que se tramaba en Portu- 
gal y de haberse acordado la venida del archiduque, 
no solo había hecho grandes aprestos para la guerra, 
sino que determinó hacer por sí mismo la campaña á 
la cabeza de sns ejércitos, y dio también un maniñes- 
lo demostrando la nulidad de los pretendidos dere- 
chos del príncipe austríaco, y haciendo patente la 
mala correspondencia y desleal conducta del monar- 
ca portugués. Y mientras que asi se cruzaban de una 
y otra f arte los papeles, adelantábanse las armas es- 
pañolas por todas las fronteras del vecino reino. Alli 
las dejaremos en tanto que damos cuenta de los prin- 
cipales acontecimientos que en otras partes de Euro- 
pa tuvieron lugar en el año 1703, y del estado en que 
se hallaba la lucha de España y Francia contra los 
aliados cuando comenzó la guerra de Portugal. 

En Alemania, acometido el duque de Baviera, pdiV- 

(4) En el coDcierto celebrado Piala. En aquellas se contaban Ba- 
eotre el austríaco y el portugués dajoz« Alcántara , Alburquerque, 
hablan convenido enquoian pron- Vígo, Bayona, Tuy, La Guardia y 
to como aquél se hiciera dueño de otras.— Maca naz, Memorias, c 47. 
España cedería al de Portugal las —Belando, Historia civil de Espa- 
priDcipales plazas de la frontera, ña, P. I. c. 27.— Sucesos acaecidos 
asi por la parte de Estremadura entre Espina y Portugal con mo- 
cóme por la de Galicia, igualmente tivo de las guerras de sucesión, 
que las rxas provincias de la India desdo 1701 á 1704. Lisboa, 1707. 
española del otro lado del rio de la 



74 HlSTOaU DE BSPAJfA. 

tidarío de los Borbones, en sus propios estados por 
períores faerzas del Imperio , fué preciso á Luis XIV • 
enviar en su auxilio un ejército de mas de treinta mil 
hombres mandados por el denodado mariscal Yillars» 
el cual por medio de un hábil movimiento cruzó la Sel- 
va Negra, y burlando al príncipe Luis de Badén logró 
incorporarse con el bávaro, cosa que no hablan po— 
dido creer los enemigos ( mayo*, 1703). Otro cuerpo 
de veinte mil franoeses conducido por el duque de 
Vendóme partió también de Italia á reunirse con el 
de Baviera, que obraba ya en el Tiro^, y sometía el 
ducado de Neuburgt habiendo dejado á Villars en el 
Danubio, poniendo en contribución todo el pais hasta 
el círculo de Suabia, y batiendo y derrotando al prin* 
cipe Luis de Badén. Vuelto ¿ Italia el de Vendóme, y 
reforzado el de Badén con un conáderable cuerpo de 
tropas alemanas, sostuvo alli la guerra contra el de 
Baviera y el de Villars, hasta que derrotado en una 
batalla' en que perdió siete mil hombres y treinta y 
tres piezas (20 de setiembre, 1703), tuvo que reti- 
rarse cerca' de A ugsborgo, donde procuró atrinche- 
rarse. Por otro lado, otro cuerpo de cuarenta mil 
hombres, españoles y franceses, que á las órdenes del 
duque de Borgoña operaba en el Rhin, tomó á los 
alemanes la impártante plaza de Bríssac. Y habiendo 
regresado el de Borgoña á Versalles, y quedado con 
el mando de aquel ejército el mariscal de Tallard, 
rindió ésle la plaza de Landau, después de haber des- 



PAETB III. LIBEO VI. 75 

baratado á los príncipes de Hesse-Casel y de Nassau 
cercado Spira (1S de noviembre, 1703), en cuya 
accioQ perdieron los alemanes treinta piezas y tuvie- 
ron mas de diez mil bajas. En cambio lomaron los im- 
periales ea esta campaña las plazas deBona y Lim- 
bargo. 

Aonqoe corto el ejército español de ItaliSt todavía 
fué bastante para rendir á Vercellí (jnlio, 4703), dos 
anos antes ocupada por los alemanes, é igual tiempo 
bloqueada por los españoles. Hiciéronse mil prisione- 
ros, se tomaron sesenta piezas de artillería, y quedó 
libre la navegación del Pó. El duque de Vendóme, 
que habla ¡do al Trenlino y estrechaba el sitio de Tren- 
to« tuvo que retroceder para desarmar las tropas del 
duque de Saboya, de quien se supo que andaba en 
dobles tratos y habia hecho liga con los alemanes. Las 
tropas piamontesas fueron desarmadas (29 de setiem- 
bre, 1703), no obstante el socorro que les llevó el 
general Yisconti; apoderóse después Vendóme de la 
ciudad de Asti (8 de noviembre), que salieron á en- 
tregarle el obispo y magistrado, y estableciendo cuar- 
teles de invierno en el Piamonte, llegaba en sus cor- 
rerías á las puertas de Turin, en tanto que el mariscal 
francés Tesse con tropas de la Provenza y del Delfi- 
nado penetraba en la Sabbya y se apoderaba de 
Chambery. 

En los Paises Bajos fué donde ardió menos viva 
este año la guerra. Ingleses y holandeses lenian allí 



76 HISTORIA DB ESPASa. 

na poderoso ejército, con el cual emprendieron el si- 
)io de Amberes. Pero acudiendo con celeridad las tro- 
pas francesas y españolas que habia disponibles, man- 
dadas aquellas por el mariscal de Bouflers, éstas por 
el marqués de Bedmar, lograron un señalado triunfo 
sobre los aliados (30 de junio, 1703), 'en que las tro- 
pas de Francia y del elector de Colonia se condujeron 
con admirable valor, y las españolas y walonas asom- 
' braron á nuestros aliados y aterraron á los enemigos. 
De sus resultas los holandeses quitaron el mando á su 
general. Después de aquel sangriento combate el es- 
caso ejército franco-español iiubo de limitarse á estar 
á la defensiva. 

Tal era el estado de la guerra de sucesión en los 
Estados de fuera de España, cuando con la venida del 
archiduque Carlos de Austria comenzó á encenderse 
dentro de nuestra península ^^^ 

(i) Historia de la casa de Aus- Comentarios^ ad ano. — ^Belaado, 

trii, tom. T.->Historia do Europa, Historia Civil de España ,' P. H. 

ad aon.— Id. de las Provincias- c. 45 y 46. — Ide.n, P. Ul. c. 3 

Unidas de Flaodes. — Leo y Uotta, á 44.-Ajacetas de Madrid de los 

Istoria d' Italia. — ^Macaoaz, Memo- años corrospoodientos. 
riai, cap. 42 y 43.— San Felipe, 



CAPITULO IV. 

NOVEDADES EN EL GOBIERNO DE MADRID. 

^7l04 é 1706,. 



nuMones del archiduque y de los aliados. — Mal' estado de aquel reí» 
DO. — Grandes preparativos militares en Bspaia. — Sale á campaiía 
el rey don Felipe. — ^El duqup de Berwick. — ^Triunfos de los españo- 
le?. — Apodéraose de varias plazas portuguesas. — Retiranse á cuar* 
teles de refresco.-^Regresa el rey á Madrid. -«Fiestas y regocijos 
piU>1icoB. — ^Empresa naval de los aliados.— -Dirígese la armada ao- 
glo-holaodesa á Gíbraltar. — ^Piérdese esta importante plaza.— Fu- 
nesta tentativa para recobrarla.— Sitio desastroso.— Levántase des- 
pués de haber perdido un ejército.— Recobran algunas plazas los 
portugueses.— Intrigas de las cortes de Madrid y de Versalles. — Se 
paracion de la princesa de los Ursinos. — Profundo dolor de la reí^ 
na. — ^Nuevo embajador francés. — Carácter y conducta de Gram- 
nont. — Cambio de gobierno. — ^Habilidad de la princesa de los Ur- 
sinos para captarse de nuevo el afecto de Luis XIV.— Va á Versa- 
lles. — Obsequios que le tributan en aquella corte. — ^Vuelve á Ma- 
drid, y es recibida con honores de reina. — El embajador Amelot.— 
Bl ministro Orri. — Campaña de Portugal.-^Tentativa de los portu- 
gueses sobre Badajoz.— Nueva política del gabinete de Madrid. — ^El 
Consejo de gobierno. — La grandeza. — Conspiraciones. — ^Notable 
proposición del embajador francés. — Es desechada. — ^Disgusto de 
los reyes. — Mudanzas en el gobierno.— Situación de los ánimos. 

Dejamos en el capítulo anterior hecha por ambas 
parles la declaración de guerra entre Portugal y Es- 



78 UISTOEIA DE BSPAÜA. 

paña, y muy próximas á romperse las hostilidades. El 
almirante de Caslilla, alma de los planes de los ene- 
migos en Lisboa, h'abia representado al archiduque 
Carlos de Austria y á todos los aliados como muy fácil 
la empresa de apoderarse de este reino y de ceñir la 
corona de Castilla» De tal manera le había pintado 
abandonadas las plazas, las provincias sin defensa* 
sin ejército la nación, el tesoro sin dinero, desconten* 
tos los españoles de la dinastía y del gobierno francés* 
y dispuestos á sublevarse y adherirse al austríaco tan 
pronto como éste pisara el territorio español, que Car- 
los llegó á creer que no hallaría resistencia formal, y 
no ansiaba sino el momento de invadir las provincias 
castellanas. Acaso hubo mas de ilusión que de mala fé 
en el almirante, porque en todos tiempos los emigra- 
dos á estraños paises por causas políticas se persua- 
den fácilmente de que los espera en su patria un par- 
tido numeroso, irresistible, que no aguarda sino su. 
presencia para levantarse y derrocar lo existente. Pues 
solo de esta manera se concibe que siguiera pensando 
asi aquel magnate después de haber visto el encono 
con que los es(remeños perseguían á los portugueses 
desde que Portugal se declaró por el archiduque ^*\ y 
después de haber visto la suerte que habían corrido 

(1) Desde este tiempo los es- portugués que cayera 'en sus ma- 

ircmenos comeo zaron á hac<3r in- nos; tanto j que tuvo el rey que 

vasiones en los pueblos fronterí- prohibirles aquellas entradas, has- 

zos de Portugal, quemando cam- ta que pudieran hacerb unidos 

pos , labranzas y caserios\ y no con las tropas. — ^Maoauaz^ Momo- 

dando cuartel ni'perdon á ningún rias, cap. 47. 



PARTE 111. Limo TI. . 79 

lo6 emisarios y exploradores enviados por él á dife* 
reates puntos de España i^\ 

Por otra parte no había en Portugal ni almacenes 
provistos, ni plazas habilitadas para la defensa, ni sol- 
dados disciplinados , ni oficiales instruidos ; y aunque 
se reclutaron veinte y ocho mil hombres, era casi. toda 
gente improvisada é inesperta; no hubo medio de 
montar sino una tercera parte de la caballería ; ape- 
nas se encontraba un general á quien poder confiar 
la dirección de la guerra ; el mismo rey don Pedro, 

• 

hipocondríaco é inerte, habia perdido todo el vigor y 
la energía de otro tiempo, yno era popular en su rei- 
no la alianza con naciones protestantes. Disputábase 
quién habia de mandar en gefe el ejército; resentían- 
se los portugueses de que no fuera uno de su nación; 
y la igualdad de grado eptre los generales inglés y 
holandés, Schomberg y Faggel, produjo también riva- 
lidades y disputas, y todo contribuia á una inacción 
y pérdida de tiempo con que no habia podido contar 
el archiduque de Austria.^ 

Todo lo contrarío habia sucedido en España. Ade- 
mas de los numerosos reclutamientos y de los prepa- 
rativos de guerra de todas clases que en otra parte 

(4) Uno que envió con cartas' bien preso, y llevado á la ciuda- 
al gobernador de Vigo foé preso déla de Barcelona, y mas adelante 
por el conde de la Atalaya que á Burdeos.— Otro espia quo vino á 
mandaba en aquella frontera, y Castilla disfrazado de fraile fruncís- 
enviado á la Goruña para quo pa- cano, foé igualmente descubierto, 
gase allí su delito.— El hermano cogido y duramente castigado. Asi 
oastardo del almirante, que vino otrotí varios ejemplares. — Id. 
á levantar el Principado, fué tam- ibid. 



80 HISTORIA BE ESPAÑA. 

dejamos ya indicados, un cuerpo de doce mil fraace* 
ses al mando del duque de Berwick, hijo natural del 
rey Jacobo 11. de Inglaterra, habia entrado en España 
por Bayona, y penetrado después, dividido en dos 
columnas; en las provincias de Castilla. Habíanse he- 
cho venir algunas fuerzas de Milán y de los Países 
Bajos, y Uamádose de alli los oficiales generales de 
mas reputación y esperiencia. Estas tropas, en unión 
con las que se habian levantado dentro de la penínsu- 
la, fueron destinadas á las fronteras de Portugal, y 
principalmente á la provincia de Estremadura. Y en 
tanto que los portugueses y sus aliados perdian en 
disputas mas tiempo del que sin duda creyeron gastar 
en la conquista, el rey Felipe V,, resuelto á hacer 
personalmente la campaña, salió de Madrid (4 de 
marzo, 1704), dejaudo el cuidado del gobierno á la 
reina, y seguido de muchos grandes y nobles que á 
su ejemplo quisieroQ compartir con él las fatigas y los 
peligros de la guerra. El mal estado de los caminos 
por efecto de las copiosas lluvias de aquellos dias hizo 
que fuese mas lenta de lo que se habia creido esta 
jornada del rey á Estremad ora,. Mas ni esta circuns- 
tancia, ni el tiempo que en Plasencia se detuvo para 
acordar con los generales el plan de la campaña bas- 
taron á los aliados de Portugal para proveer conve- 
nientemente á la defensa de aquel reino , ya que des- 
pués de tantos alardes no habian tomado la ofensiva. 
Publicado por el rey don Felipe un manifiesto es- 



FAmn III. LIBRO VI. 81 

presando ios justos motivos que le impulsaban á em- 
prender aqaella guerra ; pasada revista á las tropas, 
que no bajarían de cuarenta mil hombres, y dado un 
severísimo bando prohibiendo bafjo peba de la vida el 
robo, elsaqueo, y la profanación de los templos; im- 
poniendo la propia pena á todo el que causara daño ó 
molestia á los eclesiásticos, ancianos, mugeres, niños 
ú otras personas inofensivas , ó hiciera otros prisione- 
ros que los que fuesen cogidos con las armas en la 
mano, movióse el rey hacia Salvatierra, primera plaza 
portuguesa, que embistió y rindió el conde de Aguí- 
lar^ entregándose su gobernador Diego de Fonseca 
con seiscientos hombres (7 de mayo, 1704). A la 
rendición de esta plaza siguieron las de Penha-García, 
Segura, Rosmarinhos, Idaña y otros lugares , cuyos 
habitantes prestaban sin dificultad obediencia al rey 
de España. La guarnición del castillo de Monsanto 
que puso alguna mas resistencia , fué pasada á cu- 
chillo, y la villa dada á saco, á pesar de la severa 
prohibición del bando real. Mientras el conde de 
Aguilar lograba estos fáciles triunfos , don Francisco 
Ronquillo, que había sido corregidor de Madrid y 
mandaba un cuerpo volante , ponia en contribución 
todo el pais hasta las puertas de Almeida : el maris- 
cal francés príncipe de Tilly por la parle de Albur- 
querque se habia corrido quince leguas dentro de 
Portugal, y llegado hasta la vista de Arronches; el 
marqués de Villadarias con las tropas de Andalucía 
Tomo xviii. 6 



82 IIISTOBU DB BSPAHA. 

entró por Ayamonte saqueando pudrios y recogien- 
do ganados. Siliada Gastello^Branco por e) brigadier 
Afaboni, rindióse también después de una corta defen- 
sa» á presencia^del rey. Encontráronse alli víveres, 
armas inglesas encajonadas, vajillas de plata, y las 
tiendas destinadas para el rey de Portugal y para el 
archiduque, que habían pensado hacer su cuartel real 
en aquella plaza. 

Construyóse luego un puente de barcas sobre el 
Tajo junto á Yilla-Yelha, y después de ahuyentado el 
general hoiapdés Fagel, que se había atrincherado 
con dos regimientos, de los cuales se le cogieron uo 
mariscal de campo, dos coroneles^ treinta y tres ofi- 
ciales y quinientos hombres de tropa, atacó el rey el 
puente con doce mil hombres, y penetró sin oposición 
en la provincia de Alentejo (30 de mayo, i 704). 
Tampoco la encontró en los desfiladeros y gargantas 
que tuyo que atravesar hasla dar vista á Portalegre, 
cuyo sitio dispuso y dirigió el duque de Berwick. 
Rindióse á los pocos días de ataque aquella importan* 
te ciudad (9 de junio, 1704), cogiéndose en ella ocho 
cañones, y quedando prisioneros de guerra mil qui- 
nientos portugueses de tropas regulares, quinientos 
ingleses, y las milicias del país. 

Con esto puso el rey su campo en Nísa, y destacó 
al marqués de Aytona para que sitiase á Castel-Davide. 
Alli se destruyó y pereció por falla de cebada y de 
forrage casi todo pl cuerpo principal de nuestra caba- 



FAETB III. uno TI. 83 

lieria, por mas esfuerzos que se hicieron para buscar 
manteoiinieplost pero al fin se entregó Gastel-Davide 
(25 de judío, 4704), saliendo la guaraicion auglp-Iu* 
sitaoa sin handeras* Cociéronse aili treinla piezas de 
arriería, las mas de bronce. Y ea tanto que algunas 
de nuestras tropas se apoderaban de Montalvan, rin- 
diéndose á discreción las cuatro solas compañías que 
la guarnecían, el marqués de Villa darías de orden del 
rey tomaba á Marsan, situada en una eminencia, con 
lo cual dejó abierta y espedí ta la comunícapion entre 
Valencia y Alcántara. Esta serie de triunfos solo fué 
interrumpida por la pérdida de Monsa nto , que reco-- 
braroD los enemigos, después de un serio combate, 
en que qqedaron vencedores, por culpa de don Fran- 
cisco Ronquillo, que mas acostumbrado á manejar la 
varside corregidor que el bastón de coronel, creyendo 
derrotada nuestra caballería huyó precipitadamepte 
con la infan^ría que mandaba, envolviendo en su 
desorden á los demás cuerpos, que á su ejemplo se 
retiraron á la desbandada éin haber visto á los enemi- 
gos. Apoderáronse éstos después de Fuente-4jruinajdo, 
á cuatro leguas de Ciudad-Rodrigo, que aunque l^gar 
abierto fué de gran perjuicio para la guarda de aque* 
lia frontera ^^K 



(i)^ Belaado, Htetom cIyíI de y Sousa, EpífcoiaQd&lliatorkflpor- 
EepaDa, Parto I cap. 27 á 50.— tuguesas.— Sucesos acaecidos en- 
marques de San Felipe, Comenta- tre España y Portugal, etc. Lisboa, 
ríos, ad ann.— Macanaz, Memo- 4707.— Noticias individuales de 
rías manuscritas, cap. 47.— Faria los sucesos mas particulares etc. 



9 



84 UISTOEf A DE ESPAÑA. 

Los rigorosos calores de la estación, lo mal parada 
que habia quedado la caballería, lo fatigada que se 
hallaba toda la tropa, y las instancias de los genera- 
les, movieron al rey á suspender la campaña, y á dar 
al ejército cuarteles de refresco: y haciendo demoler 
las fortalezas de Portalegre, Castel-Davide y Mental * 
van, y trasportar á Alcántara el puente de barcas for- 
«mado sobre el Tajo, y ordenando que el mariscal du- 
que de Berwick se incorporara con sus regimientos á 
las tropas que operaban en la provincia de Beyra, 
emprendió Felipe su regreso á Madrid (1 .^ de julio, 
ITOi).. La reina salió á esperarle á Talavera, donde 
se detuvieron dos dias á disfrutar de los festejos que 
les tenia preparados aquella villa. Las aclamaciones se 
repitieron en todos los pueblos del tránsito, y su en- 
trada en Madrid (16 de julio) se solemnizó con las 
mas entusiastas demostraciones de amor y de regoci- 
jo. Porque la reina, durante la ausencia de Felipe, 
había seguido su costumbre de salir á un balcón de 
palacio á anunciar de viva voz al pueblo los triunfos 
de las armas de Castilla en Portugal, y á darle noti- 
cias de su rey cada vez que recibía despachos del 
t.eatro de la guerra, por cuyo medio mantenía vivo el 
entusiasmo popular, y los vecinos de la corte ilumi- 
naban espontáneamente sus casas para celebrar las 
victorias y mostrar su cariño á sus soberanos. 

desde 4703 á 4706, Carta 3.>, en res, tom. VII. 
el Semanario Erudito de Vallada- 



PABTB 111. Limo Yi. 85 

Eo esta primera campaña de Portagal debió 
aprender el preiendiente de Austria cuan lejos estaba 
de serle el espíritu de los españoles tan favorable y 
propicio como se le había pintado el almirante de Cas- 
tilla, y que no era tan fácil empresa como había creí- 
do la de sentarse en el trono de sus mayores. Los 
mismos portugueses se quejaban amargamente de la 
alianza de su rey con el archiduque. Viendo los alia- 
dos cuan mal iba para ellos la guerra en aquel reino, 
determinaron probar fortuna por otra parte, envian- 
do dos escuadras, una de cincuenta velas á Barcelo- 
na, otra de veinte á Andalucía, con objeto de levan- 
tar aquellos paises, que suponían mas dispuestos en 
su favor. A fin de concitar á la^ rebelión iban unos y 
otros en abundancia provistos de manifiestos, procla* 
mas, cartas y despachos de gracias, con los nombres 
en blanco, los cuales entregaban en los pueblos de la 
costa á las personas con quienes ya contaban, para 
que los distribuyesen. Ningún fruto produjo la tenta- 
tiva en Andalucía, no obstante ser el pais en que es- 
tada mas relacionado el almirante: las guarniciones y 
milicias cumplieron con su deber: los seductores 
fueron descubiertos y castigados, y quemados los pa« 
peles subversivos. 

No era en verdad tan sano el espíritu que domi- 
naba en las provincias del Este de España, señalada- 
mente en Valencia y Cataluña. Iba mandando la es- 
cuadra destinada á Barcelona el príncipe de Darms- 



86 HISTORIA DE ESPAÑA. 

tad, austríaco» virey que había sido de Cataluña eo el 
último reinado, y llevaba dos mil hombres de des-* 
embarco. Dispuesto teuian ya los barceloneses de su 
partido abrirle por la noche la puerta del Ángel. Pero 
descubiertos y castigados los autores de esla trama» 
tuvo que reembarcarse con su gente el de Darmdtad, 

aunque no sin dejar la ciudad llena de papeles sedi* 

» 

qiosos. Vista la disposición de los catalanes, tratóse de 
enviar al Principado tropas francesas: mas el virey 
don Francisco de Velasco representó tan vivamente 
contra esta medida, á caus^ de la antipatía de aquellos 
naturales á la gente de Francia, que auguraba que 
con esta se perdería lodo, y no necesitaba mas fuer- 
zas para mantener tranquila y obediente la provincia 
que los mil seiscientos infantes y los seiscientos cora- 
ceros que le habían sido enviados de Ñápeles'. Con- 
fianza imprudente, que puso al Principado y á la Espa- 
ña eníera en el conflicto que veremos después ^*K 

Aun duraba en Madrid él júbilo producido por los 
prósperos sucesos de Portugal, cuando vino á turbarle 
un acontecimiento que había de ser de fatales conse- 
cuencias para lo futuro. El príncipe de Darmstad, 
enemigo temible, por lo mismo que había estado mu- 
chos años ejerciendo mandos superiores al servicio de 
España, dirigióse con su escuadra á poner sitio á la 



(1) Macanaz, Memorias, cap. iom. I.^Feliú delaPeSa^Auales 
44.— Bolando, Historia Ci vi l^ P. I. de Cataluña, 
c. 30.— San Felipe, Coméntanos, 



VAHTB 111. LÍBmO TI. 87 

importaoie plaza de Gibraltar, que se hallaba descói^ 
dada y desgoarnecida* Su gobernador don Diego de 
Salinas había veoido á Madrid antes qae el rey sa- 
liera á campaña á hacer presente la necesidad de 
guarnecer y artillar aquella fortaleza; mas su justa 
reclamación fué muy poco atendida» y d marqnés de 
Yiliadariasy á qnieü por último el rey encargó sa cui- 
dado, no pensó eti elb, ni creyó que los enemigos in- 
tentasen nada por acjuelia parte. Asi foé que cuando 
desembarcaron los dtemil hombres de Darmstad (2 
de agosto» 1704), apenas llegaría á ciento, inclusos 
los paisanos, la guarnicioa de la plaza. Cortada fácil- 
mente por los enemigos toda comunicación pot' tierra 
y por mar, y sin esperanza de socorro los de dentro, 
todavía el gobernador contestó con valentía á la in- 
timación del de Darmstad; y harto fué que resistiera 
dos dias á los impetuosos ataques de los ingleses; mas 
como quiera qne le altasen de todo punto elementos 
para prolongar mas la resistencia, hizo una decorosa 
capitulación, saliendo él con todos los honores ^ y 
ofreciendo el príncipe austríaco conservar á los habi*- 
tantea su religión, sus bienes, casas y privilegios; 
condición que no fué cumplida, porque los templos 
fueron profanados, las casas saqueadas, y los vecinos 
tratados con todo el rigor de la guerra. De este modo 
perdió España aquella impcM'tante plaza, baluarte de 
Andalucía y llave del Mediterráneo ^^K Posesionados 

(4) San Felipe, Comentarios.— Belaiido, Historia GítíI de. España, 



88 H18T0EUI DE ESPAÉMm 

los ingleses de Gibraltar, á nombre de la reina Anar^ 
hicieron una tentativa sobre Ceuta, pero vista la va- 
lerosa contestación y la firme actitud del gobernador, 
marqués de Gironella, desistió el de Darmstad de 
aquel intento. 

Quiso el nKirqués* de Villadarias enmendar su fal- 
ta anterior, y acudió á socorrer á Gibraltar, pero lle- 
gó ya tarde. Lo mismo sucedió con la escuadra fran- 
cesa del Mediterráneo, que desde Tolón , al manda 
del conde deTolosa, hijo natural de Luis XIV. y pri* 
mer almirante de Francia, tomó>umbo hacia Gibral- 
tar* Encontróse esta armada, compuesta de cincuenta 
y dos buques mayores y algunas galeras de España r 
con la anglo-holandesa , mandada por el almirante 
Rook, que constaba de unos sesenta, en las aguas de 
Málaga. Preparáronse una y otra para el combate; el 
viento favorecía á la de los aliados ; dióse no obstante 
la batalla que tanto tiempo hacía se esperaba entre 
las fuerzas navales de las potencias enemigas (2i de 
agosto, 1704). Muchas horas duró la refriega; am- 
bos almirantes pelearon con inteligencia y valor , y 
hubo pérdidas de consideración por ambas partes : de 
los franceses murieron mil quinientos hombres , con 
el teniente general conde de Relingue y el mariscal 
de campo marqués de Castel-Renault ; los enemigos 
perdieron al vice-almirante Schowel; pero unos y 

Parte I. c. 31.— Macanaz, Memo- de Inglaterra, 
r jas, cap. 48. — Joha Liogard, Uist. 



PAATB UI. LIBRO TI. 89 

otros hicieron relaciones exageradas y pomposas de 
la batalla (^), atribayéodose cada coal la victoria. 
Aunque después volvieron á verse ambas escuadras, 
no mostraron deseos de repetir el combate, los aoglo- 
holandeses hicieron rumbo hacia el Océano; el con- 
de de Tolosa dejó doce navios con gente y artillería 
cerca de Gibraltar para reforzar al marqués de Vi* 
Hadarías, y dejando también las galeras de España en 
el Pnerto de Santa María, se volvió á Tolón, de don- 
de habia partido. 

Con mncho ardimiento emprendió el de Yillada- 
rias la recuperación de Gibraltar, para cuya empresa 
contaba con las tropas qoe él había llevado, con los 
tres mil quinientos hombres y los doce navios qoe al 
mando del barón de Pointy le dejó el conde de To« 
losa, con la gente que llevó el marqués de Aytona, y 
con algunos grandes que concurrieron voluntaria- 
mente ala empresa, como el conde de Aguüar, el 
duque de Osuna, el conde de Pinto y otros. Pero ha- 
bia el de Darmstad fortificado bien la plaza : habia re- 
cibido un refuerzo de dos mil ingleses; echóse enci- 
ma la estación lluviosa ; las aguas deshacían las trin- 
cheras; Üas enfermedades diezmaban el campamento 
español ; consumíanse inútilmente hombres , caudales 
y municiones ; los oficiales generales reconocían to- 



(4) Belando, San Felipe, Ma- — Relación de esta batalla en la 
canaz, en sus respectivas histo- Gaceta de Madrid. 
rias.^Las historias de Inglaterra. 



90 UISTORIA DB BSPAÍA. 

dos que era imposible tomar ia fortaleza, y sin em- 
bargo el de Villadarias escribía siempre al rey ({ue 
pensaba tomarla en pocos dias^ Asi lo creyó Felipe* 
hasta que eco v'ista del plano dé la plaza y obras del 
sitio, y pesadas las razones del marqués y de los de* 
^ mas generales, se convenció de que estos eran los 
que discurrían con acierto y aquél el engañado. Mas 
por consideración al marqués, y á fin de proceder coa 
mas conocimiento y seguridad , no quiso (íar órdea 
para que se levantara el sitio hasta que le recodocie-- 
ra el general francés mariscal de Tessé, que vino por 
este tiempo á Madrid {7 de .noviembre, 4704) á re^ 
emplazar el duque de Berwick en el mando suprior 
del ejército. 

Era ya principio del aSo siguiente (170S) cuando 
el mariscal de Tesaé pasó al Campo de Gibraltar á- re- 
conocer los cuarteles, y vio los trabajos y fatigas de 
' ^--Jtpdo género que durante el invierno habiao pasado 
los sitiadores, y que los sitiados recibían con frecuen- 
cia socorros, y que la bahía estaba cuajada de naves 
enemigas ; y aunque conoció la dificultad de la empre^ 
sa, no quiso abandonarla sin tentar un esfuerzo. Hizo 
que acudieran de Castilla mas de otros cuatro mil 
hombres, y se determinó á dar un asalto (7 de febrero) 
con diez y ocho compañías, las nueve de granaderos. 
El asalto fué infructuoso, y costó algunas pérdidas. 
Ya no quedaba mas esperanza que el auxilio de la ar- 
mada francesa, pero ésla fué en parte dispersada por 



PAHTB 111. LIMO Yl. 91 

una tempestad, en parte destruida por otra inglesa de 
cuarenta y ocho navios que al mando del almirante 
Lake salió del Támesísá proteger á los de Gibráltar. 
Todo esto determinó al mariscal de Tessé á levantar 
el sitio ; sitio desastroso, y costosísimo á España, por 
los muchos hombres y caudales que en él lastimosa* 
mente se consumieron ; y esta fué, dice con justo do* 
ior un escritor contemporáneo, la primera piedra que 
se desprendió de esta gran monarquía ^^K 

Por el lado de Portugal, viendo el rey don Pedro 
y el archiduque Carlos una parte de nuestras tropas 
distraídas en el sitio de Gibráltar, otras descansando 
en cuarteles de refresco , y como les hubiese llegado 
on refuerzo de cuatro mil ingleses , repuestos aJgun 
tanto de sa aturdimiento anterior, emprendieron las 
operaciones por la parte de Almeida, é hicieron una 
tentativa sobre Ciudad--Rodrigo« Pero frustró sus cál-* 
coles la habilidad y presteza del duque de'Berwick, 
que se adelantó á aquella ciudad qon on cuerpo de 
ocho mil peones , con los cuales no solo protegió la 
plaza, sino que contuvo del otro lado del rio al ejér-* 
cito aliado, no obstante que se co m ponía de treinta 
mil hombres, entre portugueses, ingleses y holande-- 
ses, no haciendo otra cosa ei general Fagel que mo-- 
vimientos y evoluciones inciertas, sin atreverse á pa- 



0; Belando, Historia civil, do —1705. — ^Macanáz, Memorias^ ca- 
Gspmia, tom. 1. cap. 31 á 35.—^ pitalolS. 
San Felipe, Comeataríos, A. 4704 



9 i UISTORIA DB BSPAJÍA. 

sar el rio, ni á comprometer una accíoa , teDiendo que 
retirarse al cabo de tres semanas (8 de octubre, i 704) 
con el rey y el archiduque. Igual éxito tuvo otra ten* 
tativade los aliados sobre Salvatierra, con lo cual des- 
animaron de tal modo que tuvieron á bien volverse 
á Lisboa. Al propio tiempo el marqués de Aytona con 
la gente que mandaba en Jerez de los Caballeros 
menudeaba las incursiones en territorio portugués, 
teniendo el pais en continua alarma, y llevando síem* 
pre presa de ganados y no pocos prisioneros (*). 

En medio del estrnendo de las armas no habian 
cesado las intrigas y las rivalidades palaciegas , influ- 
yendo no poco en la marcha del gobierno , y aun de 
la s operaciones militares. Aprovechó Luís XIY. la sa- 
lida de Madrid de su nieto Felipe para separar á la 
princesa de los Ursinos, lo cual dispuso que se ejecu- 
tara con tales y tan misteriosas precauciones, como 
si se tratara de un asunto de que dependiera la suer- 
te de su reino. Las instrucciones que dio á su emba- 
jador sobre la manera como había de comunicar al 
rey esta resolución poniéndose antes de acuerdo con 
el marqués de Rivas y el duque de Berwíck; los tér- 
minos en que escribió al rey y á la reina; las medidas 
que mandó tomar para que saliera la princesa sin des- 
pedirse de su soberana; la orden que recibió la de 
los Ursinos de emprender inmediatamente el viage 

(I) Sucesos acaecidos* eto. — ub. siip. — Sem«Dario Erudita, 
Beiaado» San j^elípe , Macanáz, Vom. VIL 



PABTB III. ILIMO VI. 93 

hacía el Mediodía de la Francia, de donde se irasta- 
daría á Roma; la amenazado que en el caso de re- 
sistirse á esta medida retiraría su apoyo y haría la paz 
abandonando la España á so propia suerte, todo mos- 
traba el decidido empeño del monarca francés, como 
de quien estaba persuadido, y asi lo decia, de que 
con el alejamiento de la camarera iban á desapare- 
cer todos los desórdenes, todo el descontento y lodos 
los males de España. 

Separado Felipe de '^'u esposa, no se atrevió á 
oponer resistencia; la reina calló, devorando el amar- 
go dolor que aquel golpe le causaba; la princesa le 
recibió con dignidad y con orgullo; obedeciendo el 
mandamiento, salió de Madrid sin poder ver á la rei- 
na (marzo, 1704), y en Vitoria se encontró cou el 
duque de Grammont, que venia á reemplazar en la 
embajada de Francia al abate Estrées, separado tam- 
bién por Luis XIY. Fué nombrada camarera mayor la 
duquesa viuda de Bejar, una de las cuatro que el 
monarca francés proponía para sustituir á la de los 
Ursinos. 

Lleno de presunción, y con no pocas pretensiones 
de dirigir y gobernar la España, llegó el nuevo em- 
bajador á Madrid y se presentó á la reina. Mas no 
tardó en conocer que la joven María Luisa, á pesar de 
su corta edad, tenia sobrado' carácter para no ser dó- 
cil instrumento de estrañas influencias: desde la pri- 
mera conferencia comprendió también que ni perdo-^ 



94 nimroftiá n SBf aía. 

naria jamás la ofensa de haberla privado de su confia 
dente y su intima amiga, ni se consola ria nunca déla 
pena y ynorlificacion que esto le babia producido ; y 
con este convencimiento partió Grammont á reunirse 
al rey en la frontera de Portugal. Estendianse las 
instrucciones del nuevo embajador á trabajar por la 
destitución de todo el gobierno formado por influjo de 
la princesa de los Ursinos; y como hallas&Vesist^icía 
en Felipe, empleó todos sus esfuerzos en convencer 
á la reina, por cuyos consejos sabía se guiaba y diri- 
gia el rey; pero no pudo sacar de ell^ siqo esta iróni* 
ca y evasiva respuesta: «¿Qué eiitiendo yo, niña é 
inesperta como soy, en materias de política y de go- 
biemo?9 De contado esta pretensión produjo paraliza- 
ción en todos los ne{[ocios públicos, confusión y des- 
orden, quejas y descontento general, A pesar de toda 
la insistencia de Luis XIV. por derribar y cambiar el 
gobierno, tal vez no habría podido vencer la resisten* 
cia de los reyes de España, si los suoesojs de la 
guerra hubieran hecho menos necesaria su proteo* 
ción. Pero la pérdida de Gibraltar les puso en el caso 
de no poder descontentar á su augusto protector, y 
dio ocasión al monarcsi francés de ponderar los re* 
sultados de la mala administración de Orri y de Ca* 
nales, «quienes en buena ley, decía, mereoerian que 
se les cortara el pescuezo, i» 

Goq esto no se atrevieron los reyes á resistir nia^, 
y consintieron, aunque con repugnancia, eu el cam- 



FAITE IIK Limo ▼!• 9ft 

bk) de gobierno (setiembre, 1704). Orri fué llamado 
i París para que diese cueota de su admÍDistracioD y 
oondaeta: el marqués de Canales fué separado, y se 
devolvió al de Rivas todo el lleno de su antiguo poder 
como secretario de Estado, y se formó una Junta com- 
puesta del eonde de Montellano, gobernador del con- 
sejo de Castilla « del duque de Hontalto, presidente 
del de Aragón, del conde de Monterrey, que lo era 
del de Flandes, del marqués de Mancera, del de Ita- 
lia, de don Manuel Arias, arzobispo de Sevilla, y del 
doqoe de Gfammont, embajador de Francia. Fué com* 
placida la reina en no incluir en el nuevo gabinete á 
Portocarrero y á Fresno, á quienes re(^bazaba. Pero 
esto no impidió para que Luis XIY., penetrado de la 
disposición y del espíritu de la reina, le escribiera una 
earta fuerte, en la cual, entre otras cosas, le decia* 
«¿Qoereis á la edad de quince anos gobernar una 
^ vasta monarquía mal organizada? ¿Podéis seguir con- 
•sejos mas desinteresados y mejores que los mies?.... 
>»Sobrado sé que vuestro talento es superior á vuestra 
»edad..... apruebo que 09 lo confie lodo el rey, pero 
^todavía uno y otro tendréis por mucho tiempo nece-r 
»sidad de ageoo auxilio, porque no es posible tener lo 

^qoe solo da la experiencia » 

En cnanto á la princesa de los Ursinos, cuya au- 
sencia no cesaba de llorar la reina, y con la cual se- 
guía manteniendo relaciones confidenciales, no sola- 
mente logró por medio de sus amigos de la corte de 



96 HISTORIA OB UPAKa. 

Versatles permanecer en Tolosa, en lagar de Roma, 
donde había sido destinada , sino que calculando 
Luis XIV. lo que le interesaba ganar aquella muger. 
importante, comenzó á halagarla impetrando un ca- 
pelo para el abate La Tremouille, su hermano, y nom- 
brándole después embajador cerca de la Santa Sede. 
Notóse desde entonces una variación completa de con- 
ducta- en ambas cortes. Tratábanse y se comunicaban 
con espansion los que antes no se hablaban sino con 
recelo y desconfianza. De la nueva disposición del 
gabinete francés se aprovechó la reina para conse- 
guir que fuera separado el duqne de Berwick, y que 
viniera á reemplazarle en el mando del ejército el ma- 
riscal de Tessé, adicto á la princesa de los Ursinos 
(noviembre, 1704). A poco tiempo solicitó la princesa 
el permiso para presentarse en Versalles á dar sus 
descargos. Goncedióseie Luis XIY., y esta debilidad 
del monarca francés equivalió á confesarse vencido 
por el mágico poder de aquella muger seductora. El 
mariscal de Tessé con sus informes acerca de la situa- 
ción de España y de la conducta.de cada personage, 
contrarios á los que habian dado los embajadores ^^\ 



(i) ffPreferírian los españoles, haber sabido por boca del rey que 

decía entre otras cosas en su in- había tratado de que no 'tomase 

forme el mariscal^ ver ladestruc* parte en los negocios públicos 

cion del género humano, ó ser go- Sabe ademas que el embajador y 

l>er nados por los franceses : tal el confesor andan muy unidos j 

vez antes se hubieran sometido, confabulados á fin de impedir la 

pero ya es demasiado tarde. La vuelta de la favorita, que parece 

profunda aversión que tiene la reí- indispensable... .» 

lía al duque dcGrammont nace de Luego, pasando revista á cada 



PARTE 111. LIBRO Vi. . '97 

y el eonde de Moalellano, presidente de Castilla, con 
sos trabajos en favor de la reina y de la favoriUi, 
cooperaron mucho al nuevo giro y al desenlace que 
iba llevando este ruidoso asunto. 

Por mas que el embajador Grammont y el confesor 
D'Aubenton trabajaron en opuesto sentido, ponderaur 
do á Luis XIV. el pernicioso influjo de la princesa pa- 
ra con la reina, y el de la reina para con su marido, 
pintaado á éste como un hombre sin voluntad propia 
y enteramente sometido á la de uoa reina niña, que 
era oprobioso se mezclara tanto en los negocios públi- 
<^s, y que por lo mismo era muy conveniente separar- 
los,todos sus esfuerzos é intrigas se estrellaron contra 

Qoo de los del Consejo, decia: «El que lo que le mandaran Estos 

presidente de Gastilb, Moatella- y el embajador de Francia soo tos 

no tiene, alo que parece, bue- que conoponen el gabinete En 

nas ioteociones, con tal de que resumen, un rey ióv<;n que no 

pase todo por la cámara de Castí- piensa mas que en su muger, y 

lia, que se considera como el tu- una muger que se ocupa de su ma- 

tor,DOsolodelreino, sino también rido: cuatro ministros desunidos 

del rey — El marqués de Man- entre si , que* se hallan acordes 

cera es muy anciano, y no conoce cuando se trata de cercenar la an- 
iñas que la ^ieja rutina; es como ioridad del rey, y un secretario de 
un consejero nominal •-^Montalto Estado s-n voto, y que se confor- 
parece bien intencionado, aunque ma c jn obedecer. — Mas capaz de 
DO roe atrevo á asegurarlo*, abor- servir serta el marqués de Rivas, 
rece la guerra* en que no entiende pero como tuvo la desgracia de lu- 
nada, y es incapaz de sujetarse. — disponerse con la princesa de iog 
Moolerrey ha visto algo en Flan- Ursinos, se hizo insoportable á la 
des, y ha logrado algunos triunfos: reina..... 
tiene mas imaginación que los »En cuanto al Consejo de la 
otros, pero en cuanto á los porme- (guerra, compóuese ^e gentes que 
Dores ae la guerra, lo mismo en- lamas nan estado en ella, que han- 
tieode que ai v.o hubiera sido go- laido algunos librotes, que hablan 
bemador de Flandes.— El maraués del asunto, y que tienen una aver- 
de Mejorada es hombre honrado y sion indecible hacia todo loque se 
rico: no ha servido nunca y no llama guerra: quisieran triunfos, 
quiere responder de nada : serla pero sin hacer nada para prepa- 

un dependiente fiel y concienzu- rarlos etc.» — Memorias d^ 

do, si no tuviera mas que hacer Noailles, tom* IH. 

Tomo xvjiu 7 



98 . HISTORIA 1>B ESPAÑA. 

la mayor habilidad de la reina y de la príocesa, y 
contra el mayor ascendiente que habían ido adquirien- 
do sobre el monarca francés. Él mismo Felipe se con- 
fesó arrepentido de las declaraciones contrarias á sus 
sentimientos que habia hecho por instigación del em- 
bajador y del confesor , y el resultado fué tan con- 
trario á sus planes y proyectos, que los separados 
fueron ellos mismos. El monarca francés se penetró 
del mérito de la princesa de los Ursinos, y volviendo 
á su antiguo plan de gobernar á la reina por medio 
de la camarera, anunció á Felipe su resolución de de- 
volver á la princesa y á Orri sus anteriores empleos 
y cargos. 

Semejante mudanza en la política de un hombre 
delaedad,delaesperiencia y del talento de Luis XIV ., 
por estrana que pareciera, pudo preverse desde que 
accedió á que la princesa fuese á Versalles á justifi- 
carse. Después de haber salido á esperarla el duque 
de Alba, embajador de España, con otros muchos 
magnates y cortesanos, su recibimiento fué coma el de 
una persona á quien se trataba de desagraviar, y 
pronto se vio concurrir á su casa tantos y tan distin- 
guidos personages como al palacio reah Cómo se 
manejaría esta muger singular en sus entrevistas y 
conferencias con el rey y con la Maintenon, dejábanlo 
discurrir los favores y distinciones con que Luis XIY. 
de público la honraba. Pero lo que se comprendía 
menos era ver, que después de obtenido el permiso 



PART8 III. LIBBO VI. 99 

para volver á España al lado de la reina, después de 
nombrado un embajador que le era completamente 
adicto, Amelot, presidente del parlamento de París, 
y hombre de vastos conocimientos y práctica diplo- 
mática, aun permaneciese la princesa en Versa lies, 
sin saberse la causa, y daqdo lugar á que se hiciesen 
sobre ellojuiciostal vez temerarios. Es lo cierto que 
parece haber despertado los celos de la Maintenon , y 
llegado este caso no pudo prolongar mas su perma- 
nencia ; con lo cual se resolvió á volver á Madrid, no 
sin traer carta blanca f)ara nombrar un ministerio y 
dirigir el gobierno á su antojo ^*K 

Los reyes mismos salieron de la corte á esperarla, 
y llegaron hasta Canillejas, donde la encontraron, y 
después de abrazarla con efusión la invitaron á tomar 
asiento en la regia carroza, honra desusada, que ella 
tuvo bastante discreción y política para no aceptar. 
En Madrid tuyo un recibimiento de reina (5 de agosto, 
1705), y pueblo y nobleza mostraron el mayor júbilo 
de volverla á ver. La reina estaba loca de gozo, y lo 
singular es que Luis XIV. escribiera ensalzando coa 
entusiasmo las prendas de la princesa, y esperando 
que seria el remedio de los males de España, como 
antes habia supuesto que era la causadora de ellos. 



(4) ^Memorias de Noailles, to- Luís XIV., do Felipe V., de la prín* 

moUI.— ídem de Berwick, y de cesa de los UrsiDcs, de Torcy, y 

Tessé.— Wiiliam Coxe inserta, co- de otros personages que figuraban 

mo siempre que trata de estos en estos enredos, 
asuntos, varias cartas curio as de 



1 00 HISTORIA DB BSVAIÍA. 

Orri y Amdot la habían precedido, áfin de tener pre- 
parado lo qae á cada uno según su cargo le corres- 
pondía <*^ 

Pero es ya tiempo de que volvamos á anudar las 
operaciones de la guerra, en las cuales veremos cómo 
influyó el gobierno que hubo antes y después del re • 
greso de la de los Ursinos. 

Gomo todo se había consumido en el malhadado 
sitio de Gíbraltar, ejército, caudales, artillería y mu- 
niciones, y tas pocas tropas que quedaban se halla* 
ban repartidas en las guarniciones y fronteras, los 
enemigos se aprovediaron de esta circunstancia para 
recobrar á Marban y Salvatierra, y apoderarse de Va- 
lencia de Alcántara y de Alburquerque (mayo, 1705). 
Y después de amagar por un lado á Badajoz, por otro 
á Ciudad-Rodrigo, pero sin emprender el sitio de 
ninguna de estas plazas, se retiraron á cuarteles de 
refresco. Acaso infjuyó en esta retirada la muerte re- 
pentina del almirante de Castilla don Juan Tomas En- 
riquez de Cabrera, el gran atizador de la alianza de 
Portugal contra Felipe V. de España w. 

(I) Va duquesa de Bejar se rante foé á embestir al conde, y ei 

apresuró á hacer su reDuncía tan conde por su parte hizo lo mismo: 

luego como llegó la princesa. interpusiéronse el marqués de las 

(S) Cuéntase la muerte de Minas y otros, y acompañaron la 

aquel funesto magnate de la si- almirante hasta su tienda^ dijo que 

guieut» manera. Dicen que co- quería reposar y se echó en la o -^ 

miendo con el general del ejército ma, y á poco rato le hallaron 

portugués marqués de las Minas, muerto en ella. Babia publicado 

y disputando con el conde de San un mauiñesto explicando losmotí- 

Juan, le dijo ésto que él no era vos que tuvo para pasarse á Por- 

traidor como él i su rey. El aimí- tugal, y b'echo imprimir o^ros do- 



/ 



PARTB Ul. I.l|lft0 VI. 401 

Habiendo después enviado los. aliados á Portugal 
UQ refuerzo de quince mil hombres al mando del ge- 
neral Pelerborougb, se prepararon á emprender una 
campaña vigorosa. Y en tanto que el archiduque, y el 
de Darmstadt, y el de Peterborougb» partiendo de Lis^ 
boa con la grande armada anglo-holandesa recorrían 
todo, el litoral de España por la parte del Mediterrá* 
neo, sublevando algunas de sus' provincias contra la 
dinastía dommante y en favor de la casa de Austria, 
eQ los términos que luego referiremos, el ejército ene- 
migo de Portugal volvió sobre Badajoz ^ con ánimo 
al parecer de ponerle formal asedio (octubre, 1705). 
Mandaba entonces las tropas inglesas el general Ga- 
lloway, Fagel las holandesas, y las portuguesas él 
marqués de las Minas. A socorrer la plaza, estrechada 

■ 

hacía ya mas de ocho dias, acudió el mariscal de Tes- 
sé, y aunque el número de sus tropas era muy infe- 
rior á las de los aliados, no lograron estos impedirle el 
paso del rio (15 de octubre). Metió en ella un socor- 
ro de mil hombres ; y puestos luego los dos ejércitos 
en ademan de combate, y después de hacerse fuego 
por algunas horas, retiráronse los aliados, herido mor- 
talmente Galloway, y abandonando multitud de cure- 
ñas, municiones y otros efectos de guerra • Con esto 
acabó la campaña de Portugal por este año de ITOS» 



eamentos impoptautes.^MacaDáz, viduales de los sucesos, ele. to- 
Memorias MS., cap. 33. — San Fe- mo Vil. del SomaDario Eradíio.— 
lipa^ Comentarios.*— Noticias indi- Bolando, P. 1., c. 35. _ 



102 HISTOEIA DB ESPAÜA. 

Mas DO por eso tenia nada de lisongera la «loa- 
cion de España. Pronunciábaose las provincias de Le- 
vante en favor del archiduque, como hemos indicado, 
y de lo cual daremos laego cuenta separadamente, y 
la marcha y conducta de los hombres del gobierno 
contribuía no poco á empeorar, en vez de mejorar 
aquella situación. Se habian hecho algunos cambios 
en el personal antes del regreso de la princesa de los 
Ursinos : el marqués de Rívas babia sido separado 
de nuevo, y los negocios de su ministerio se dividie- 
ron otra vez, quedando los de Estado á cargo del 
marque de Mejorada, los de Hacienda y Guerra al de 
don José ie Grimaldo , muy estimado de los reyes. 
Pero quejábase la de los Ursinos del diffcil remedio 
que tenían las discordias y divisiones creadas durante 
su auseucia. Al mismo tiempo el embajador Amelot, 
que se habia propuesto seguir una línea de conduota 
opuesta á la de sus antecesores, y solicitar la coope- 
ración de los ministros en vez de mostrar pretensio- 
nes de gobernarlos, se quejaba de su indolencia y de 
Su abandono; de que sería imposible restablecer el 
orden en los negocios públicos ; de la oposición á las 
miras de Luis XIV. que la reina habia alimentado an- 
tes, y aun duraba ; de que los soldados se desertaban 
por falta de pan, los oficiales pedían su retiro, todo 
el mundo reconocía la falta de dinero, y nadie se cui- 
daba de buscarlo^*); de que los grandes no pensaban 

(1) Ya en principio del aúo habla apelado el rey á uq recurso 



PABTB 111. LIBBO VI. 103 

sÍBO en recobrar su antiguo poder, y tener al rey en 
perpetua tutela ; de que el descontento del pueblo cre- 
cía, y las conjuraciones de los magnates se multipli- 
caban. 

Por su parte el ministro de Hacienda Orri» afana- 
do por proporcionar recursos con que atender á las 
necesidades de la guerra, no se atrevió á restablecer 
sus antiguos proyectos, la tentativa de un nuevo im- 
puesto personal estuvo á punto de producir una rebe- 
lión, toda proposición para levantar fondos era com>^ 
batida, y el gran economista tuvo que apelar á un do- 

extraordmarío , por cierto bien te tendrían, si se arrendasen; 
gravoso, con el tiluk) de donativo, cinco por ciento de los arrenda- 
tNecesilando, decia el real de- m$nt09 de dehesas , pastos y fno-> 
creto, la justa defensa de estos linos; cinco por ciento de los ar- 
reinos de medios correspondien- rendamientos de los lugares y 
tes á los crecidos gastos de la términos que los tuvieren á pas- 
guerra, y no bastando el producto toy labor, cuya paga fuere en 
de las reutas reales, ni el de otros maravedís; cinco por ciento de 
medios extraordinarios que basta fueros f rentas^ y derechos , excep^ 
aquí ban podido servir de algún to los censos; un real de cada ca- 
alivio ; ba sido preciso recurrir al beza de ganado mayor cerril, va- 
medio que el Consejo de Casti- ctmo, mular y caballar; ocho 
Ua me proposo, del repartimien- tnaravedis de cada cabeza de ga^ 
to general por via de donativo en nado menudo, lanar, cabrio y de 
^todas las provincias del reino; t^rda: que la paga de estas canli- 
y conformándome con lo ^uo el dades sea integra , sin que por 
mismo Consejo y ministros de él razón de carga de censo ú otra 
roe ban representado sobre este alguna se ba^a baja ni descuento; 
punto : Ordeno y mando qno por que ante las justicias do cada una 
via de donativo general se co- ae las ciudades, villas y lugares 
bre luego en todas las ciudades, presenten todos los vecinos rela- 
villas y lugares de estos reinos cion jurada de los bienes que ca- 
un real á cada fanega de tier^ da oqo tiene y posee, pena de 
ralabrantia; dos reales á cada perdimiento de lo que ocultase.... 
fanega de tierra que contenga etc. En Madrid á 28 de enero de 
huerta, viña, olivar,^ moreras, ú 4705 aDOs.<-*A don Miguel Fran- 
otros drboles fruotiferos; cinco cisco Gnerra, gobernador del real 
por ciento de alquileres de ca^ €k)n8ejo de Hacienda. « MS^ de la 
sos, y en las que habitaren sus real Academia de la Historia, 
dueños el valor que regularmen- 



10*4 HISTORIA DE BSFAÜA. 

nativo de dos millones de libras que le ofreció et go- 
bierno francés. El mariscal de Tessé daba por sa parte 
iguales ó parecidas quejas respecto al número » orga- 
nización, pagas y subsistencias de las tropas. ¥ la 
princesa de los Ursinos veia que coalqnier innovación, 
por pequeña qoe fuese, alarmaba y sublevaba á los 
quisquillosos grandes, que asi se impacientaban por 
que se intentara aumentar la guardia real, como por- 
que se faltara en algoá las prescripciones de la eti- 
queta palaciega, dando al príncipe de THly, nombra- 
ndo grande de España, cierto asiento' de preferencia en 
la misa déla capilla real. 

No era solo oposición de este género la que habia 
de parte de algunos grandes; eran ya verdaderas 
conspiraciones. Una hubo para apoderarse de los re- 
yes el dia del Corpus al tiempo que volvieran al Buen 
Retiro. El conde de Cifuentes había formado un parti- 
do austríaco en Andalucía, v si bien, descubiertas sus 
tramas, fué preso en Madrid, logró fugarse para ir á 
sublevar los reinos de Valencia y Aragón. Hubiese 
preso al marqués de Leganés (11 de agosto) en el 
mismo palacio del Retiro. Afírmase que la mañana 
que se le prendió amanecieron las puertas de las ca- 
sas de Madríd señaladas con dos cifras, una encarna - 
da y otra blanca, que se tuvieron por signos ó emble- 
mas de la conspiración; y aunque no se pudo hacer 
prueba legal contra el marqués, recaían sobre él ve- 
hementes sospechas, lo cual bastó para que se le en- 



PÁBTB III. LIBBO YU tOS 

cerrara en el castillo de Pamplona, de donde fué des^ 
pues trasladado á Francia. La grandeza se ofendió mu- 
cho de aquella prisión del marqués, hecha sin guar-» 
dar las formalidades y sin respeto á los prívilegiog. 
de su clase ^^\ 

A vista de estas disposiciones se hace menos ex-- 
Irafio que la princesa de los Ursinos, antes tan enemí- 
gade la influencia francesa, se mostrara ahora des- 
confiada de los españoles y partidaria del influjo y de 
los intereses de la Francia; que los reyes mismos bus- 
caran ya en ella su apoyo, y que el embajador Ame- 
lot propusiera en el Consejo que las plazas de Sania- 

• 

(4) Había eo contra del mar- la jara, y aili otro carruáge dís- 
qués el aotecedeote de haberse puesto para trasportarle ¿ Pam- 
oegado á prestar el iuraineuto de piona, y cómo dos alcaldes de cor- 
fidelidad al nuevo soberano, y ha- te pasaron luego á su casa, toma- 
ber dicho en aquella ocasión*. c£s ron todos sus papelea, y. Úevaro« 
cosa terrible querer exponerme 4 á la cárcel á todos sus criados ma- 
que desenvaine la espada contra yores. En cuanto á las causas de 
la casa de Austria, d la cual debe la prisión, dice: <Es vergüenza to- 
te mia tantos 6éfte/lctos.» — Sobre «mar eo la boca las quimeras, em- 
Ja prisión y proceso del marqués » bustos y novedades aue en esta 
de Legan¿^s pueden leerse las Me- «curte se han inventado sobre que 
moriasde Tessé,Mas manuscritas »hab¡a traición, y que corria peli- 
de MaCiinaz, cap. 41, las cartas >gro la persona del rey, y que ha- 
de la princesa de los Ursino? á »bia armas dispuestas, con otro 
madame de Maintenon, etc. — El >millon de desatinos, y solo se 
conde do Robres, Historia délas » tiene por cierto que la prisión 
Guerras civiles de España , MS. »del marqués ba sido por asegu- 
lib. 5. parr. 3.^. orarse el rey de su persona, la 
Tenemos á la vista una reía- pcual por muchos motivos ha sido 
cioo manuscrita do esta prisión, «tenida por desafecta á su real 
hecha en aquellos mismos dia/s, > casa, y por que no habia hecho 
en que se dan curiosos pormeoo- «el juramento do fíielidad, aun- 
res del modo como fué ejecutada »que se le habia dado á entender 
por el príncipe de Tilly al llegar »lo hiciese; y otras razones que 
el de Léganos al cuarto del rey, >en los royes no se pueden apu.- 
cómose le condujo en un cocha' «rar.»— MS. de la Biblioteca Na- 
hasta Alcalá, donde ya habia otro cional, H. 45. 
preparado para llevarle á Guada- 



1 06 HISTORIA ÜB ESPAÜA. 

car, Santander» San Sebastian, y otrds de Guipázooa 
y Álava recibieran guarnición francesa. Pero esta pro- 
posición, aunque hecha á presencia del rey, y sosteni- 
da por él, de acuerdo con la reina, fué combatida con 
energfa por los consejeros como deshonrosa para el 
monarca y vergonzosa para el reino, y desechada co- 
mo tal» expresándose con calor en contra de ella el 
marqués de Mancera y el de Montellano, lo cual hizo 
al rey producirse con una viveza desosada, y al em- 
bajador Amelot faltar á su habitual circunspección. 
Con este motivo Monterrey y Monlalto hicieron dimi- 
sión de sus plazas; se dio al conde de Frigiliana la 
presidencia del consejo de Aragón, y se nombró indi- 
viduos del consejo de gabinete al duque de Veragua y 
á don Francisco Ronquillo. En cambio empeñáronse 
los grandes en que el embajador francés no asistiera 
al consejo, en tanto que el embajador español no asis- 
tiera también á los consejos del gabinete de Ver- 
salles ^^K 

Tal era la situación del ejército, de la hacienda, 
de la corte y del gobierno, cuando se levantó el es- 
tandarte de la rebelión en varias provincias de Espa- 
ña contra su legítimo soberano Felipe de Borbon, pro- 
clamando los derechos del archiduque Carlos de Aus- 
tria, en los términos que vamos á referir en el capítulo 
siguiente. 

(1) San FeMpe, Miicaoaz, Noai- ea sus respectivas Memorias.— 
lies, Tessé, Berwick, San Símoa, Duelos, Memorias secretas. 



CAPITULO V. 



«OBmBA CITII.. 



VALENCIA: CATALUÑA: ARAGÓN: CASTILLA 



^e 1706 é 1707. 



Formidable armada de loa aliadoa eo la oosta de Bspaña.— Gomiensa 
ia iosurreccion en el reino do Valencia. — Embiate la armada ene- 

• 

miga la plaza de Barcelona.— El arcbíduque Garlos. : el principe 
de Darmstadt: el conde de Peterborough.-— Critica posición del vi- 
rey Velasco.— Espirita de los catalanes.—Ataqae á Monjaich.— 
Maerle de Darmstadt*— Toman los enemigos el castillo.— Bombar- 
deo de Barcelona. — ^Estragos. — Capitulacion.—Horrible tumulto en 
i la cíodad.— Proclámase en Barcelona á Carlos IIL de Austria.— De- 

1 clárase toda Cataluña por el archiduque, ¿ escepcion de Rosas.— 

Decídase el Aragón por el austríaco. — Terrible dia de los Inocen- 
tes en Zaragoza. — Guerra en Valencia. — Ocupan los insurrectos la 
capital.— Sale Felipe V. de Madrid con intento de recobrar á Bar- 
caloña .—Combinación de los ejércitos castellano y francés con la 
armada francesa. — Llega la armada enemiga y se retira aquella.— 
Sitio desgraciado. — ^Retirase el rey don Felipe. — ^Joroada desastro- 
sa.— VoelTe el rey á Madrid. — ^El ejército aliado de Portugal ao 
\ apodera de Alcántai'a.— Marcha sobre Madrid.— Sálense de la corte 

j el rey y la reina. — Ocupa Oi ejército enemigo la capital. — Proclá- 

' mase rey de España al archiduque Garlos.— Desastres en Valen-? 

! cia.— Entereza de ánimo de Felipe V.— Reanima á los suyos y los 

vigoriza. — aparte de Barcelona el archiduque y iriene hacia Ma- 
drid. — Sacrificios y esfuerzos de las Castillas en defensa de su 
I rey.^Cómo se recuperó Madcid.— Se revoca y anula la proclama- 



108 HISTORIA DE ESPAÑA. 

eion del austríaco. — ^Eotnsiasmo y decisioa del pueblo por Felipe., 
— Movimieotoa de loe ejércitos. — ^Retirada de todos los eDemigos á 
Valeocia. — ^Pérdidas que sufren.— Cambio de sitoacioo. — ^Estado del 
reino de Murcia.— Hechos gloriosos de algunas poblactooes. — Sala- 
manca. — Ardimiento con que se hizo la guerra por una y otra par- 
te. — Cuarteles de in?ier no.— Regreso del rey y de la reina á 
Madrid. 

La pérdida de uq ejército entero en el malhadado 
sitio de Gibraltar, la falta de caudales, coosomidos eo 
aquella desgraciada empresa, las discordias de la 
corte, la oposición á admitir guarniciones francesas, 
el descontento y la inquietud de los ánimos produci- 
da por las disidencias de los gobernantes, por los 
conspiradores de dentro y por ios agentes de ios 
aliados de fuera, el poco tacto en el castigo y en el 
perdón de los que aparecian ó culpables ó sospecho- 
sos de infidelidad, la ocupación en las fronteras del 
reino lusitano de las pocas fuerzas que habian queda- 
do á Castilla, los reveses que en la guerra esterior 
habian esperimentado por aquel tiempo las armas es- 
pañolas, de que daremos cuenta oportunamente, todo 
alentó á los enemigos de la nueva dinastía y les dio 
ocasión para tentar la empresa de acometer el litoral 
de España, provocar la rebelión y apoderarse délos 
puntos en que contaban con mas favorables ele- 
mentos. 

A este ñn, después de larga discusión en la junta 
magna que se celebró en Lisboa entre los represen- 
tantos de las potencias aliadas, se resolvió la salidí^ 



PARTB 111 . L1BB O VI. 1 0!) 

■ 

de una grande cspedicion naval anglo-holandesa, 
compuesta de mas deciento setenta naves, la mayor 
parte de guerra, qae los Estados de las Provincias- 
Unidas y la reina de la Gran Bretaña tenían prepara- 
da en aquellas aguas. La empresa se dirigía princi- 
palmente contra Barcelona y Cataluña, sin perjuicio de 
sablevar otras provincias del Mediodía y Oriente de 
España. Iba en la armada el pretendiente austríaco^ 
y por general de las tropas el inglés conde de Peter- 
borough. En medio del sol abrasador de julio (1705) 
se presentaron algunos navios á la vista de Cádiz, hi- 
cieron una tentativa inútil sobre la Isla de León, que 
encontraron prevenida, tomaron rumbo á Gibraltar, 
donde se embarcó el príncipe Jorge de Darmstadt con 
tres regimientos de tropas regladas, y pasaron á re- 
correr las costas de Almería, Cartagena y Alicante. 
La lealtad de los alicantinos respondió con entereza á 
las propuestas que desde bahía les enviaron los con- 
federados (8 de agosto), con lo que prosiguieron éstos 
adelante, dando fondo en Altea, donde acudió desde 
Qndara un dojn Juan Gil, antiguo capitán del regi- 
miento de Saboya, vendido ya á los aliados, al cual - 
entregaron cuatrocientos fusiléis y algunos tambores, 
para que levantara y armara partidas de paisanos en 
la comarca, dejándole también cartas y credenciales 
para el arzobispo de Valencia, el conde de Cardona 
y otros de su partido. 

En tanto que el grueso de fa armada seguia su 



110 iiiSToaiA DB bspaSa. 

derrotero á Barcelona, algunos navios anclaron eit el 
puerto de Denia, avisaron con salvas á los morado- 
res, de cuyas disposiciones sin duda estaban ya sega* 
ros, y les enviaron pliegos pidiendo se les . entregara 
la ciudad. Congregado el ayuntamiento con los prin- 
cipales vecinos, y de acuerdo con el gobernador, que 
lo era entonces don Felipe Antonio Gabilá, se resol- 
vió franquearles las puertas y entregarles las llaves 
de la ciudad y castillo. Al dia siguiente (8 de agosto) 
desembarcaron los ingleses, se proclamó solemne- 
mente á Carlos III . d^ Austria como rey legítimo de 
España, y se cantó el Te Deum^ en medio de los repi^ 
ques de las campanas y de las salvas de la artillería. 
Dejaron alli los aliados por comandante general á un 
valenciano llamado Juan Bautista Basset y Ramos, 
hijo de un escultor de Valencia, que sentenciado á 
pena de horca por un asesinato que habia cometido, 
logró fugarse, y habiendo pasado primero á Idilan y 
después á Yiena sirvió en la guerra que el emperador 
hacía al turco en Hungría, y ahora el archiduque le 
habia dado patente de mariscal de campo. Esta fué la 
primera ciudad de la corona de Aragón que faltó á 
la fidelidad de Felipe Y. y proclamó al archiduque de 
Austria ^^K 



(1) Relación de la entrada que perteoecioate ó la biblioteca de 
hicieron en la ciudad de Denia las qoq Próspero de Bofa rull, archi- 
armae de la MageUad Católica vero geoeral de la eorooa de Ara- 
del rey nuestro señor don Cdr~ gon. — Belaado» Historia civil, Par- 
ios //i.: impresa: lomo de Varios, te I., c. 36. 



PABT9 III. LIBBO VI. 111 

DifuDdióse coQ esto la alarma y la perturbación 
por todo el reino de Valencia. Los trabajos del conde 
de Cifaentes y de otros magnates desafectos á la casa 
de Borbon no habían sido infructaosos. El pais estaba 
minado: tumultuáronse varios pueblos, vacilaban otros, 
y á todos alcanzaba la conmoción. El don Juan Gil 
habia repartido los fusiles, y andaba ya con su tropa 
de paisanos, en cuerpo de camisa, con sus alpargar- 
tas de esparto á los pies y sus piernas desnudas; pri- 
meras tropas que. se forman siempre cu las guerras 
civiles. A sofocar aquel principio de incendio acudió 
á la villa de Oliva el virey de Valencia, marqués dé 
Villagarcía, asistido del mariscal de campo don Luis 
de Zañiga, con la poca gente de que podían disponer. 
Agregóseles el duque de Gandía, como señor de mu- 
chos de aquellos lugares; y el rey don Felipe envió al 
general don José de Salazar con la caballería de las 
reales guardias, y otro regimiento de la misma arma 
mandado por el coronel don José Nebot. Tal vez ha- 
bría sido esto suficiente para apagar en su origen la 
rebelión valenciana, si iguales ó parecidas novedades 
por la parte de Aragón no hubieran hecho necesario 
enviar allá al Salazar con sus guardias y las milicias, 
quedando solo con Zúñiga el catalán Nebot. Para la 
defensa de Denia no tenían los rebeldes sino un ^lo 
canon: pero don Juan Gil» que había acudido con aU 
ganos de sus paisanos armados, supo engañar las tro- 
pa^ reales figurando cañones de troncos pintados, y 



112 BlSTOftlA OB BSPAÑ A • 

h^cieado hileras de bultos que remedaban hom- 
bres* 

Sin embargo, este artiñcío habría sido iastificiente 
síq U infidelidad de Nebot, que pasándose con su re- 
gimiento á los rebeldes, llevó prisioneros á los oficia- 
les que no querían seguirle, y uniéndose á Basset ea 
Denia, salieron juntos y sorprendieron y aprisionaron 
en Oliva al general Záñiga aon todos los suyos (12 
de diciembre, 1705). Este golpe fué fatal para todo el 
reino de Valencia. Los rebeldes se apoderaron pronto 
de Gandía, de cuya ciudad sacaron la artillería que 
en el siglo XVI. hizo fabricar su antiguo duque Saa 
Francisco de Borja, y con ella guarnecieron á Alcira 
que les abrió las puertas. Dirigiéronse desde alli á la 
capital, que el virey marqués de Villagarcfa abando- 
nó, viéndolo todo perdido. El pueblo, previa una for- 
mal capitulación, en que se le ofreció todo lo que quiso 
pedir, abrió la puerta de San Vicente á su conapatrio- 
ta Basset, que entró en Valencia con quinientos infan- 
tes, y trescientos hombres montados en mulos y caba- 
llos de labranza (16 de diciembre, 1705). Basset y 
Nebot recibieron el tratamiento de Excelencia, y Bas- 
set sustituyó el vireinato en el conde de Cardona, á 
quien se le confirmó después el archiduque ^^K 

(1) La capítul'jcion constaba de Carlos U.; 3.* que se manteodriaB 

21 artículos, y en ella.«e orrecia: los derechos é imouestos acostum- 

4.^ que aclamarían por su rey i bradosá laciudaa y reino; i.^'que 

Carlos III. de Austria; 2.^ que se tondrían franco el comercio con 

conservarían los fueros y privíle- Castilla; 5.^ que se conservarían 

gios que gozaban á la muectc do las vidas y haciendas; 6.** que s« 



f 



PáATB III. LIBRO VI. 113 

Declarada Valencia por el archiduque , todo fué 
ya sublevaciones y confusión en aquel reino; Levan- 
tóse en látiva y se apoderó de ella un don Juan Tar- 
raga ; de Oríhuela el marqués del Rafal ; y en tanto 
que en los castillos de Peñíscola y de Montosa se refu- 
giaban algunos ca()itanes leales , y que Alicante , y la 
Hoya de Castalia eran el asiló de los que se mante- 
nían fíeles, y que unos pueblos aclamaban á un rey y 
otros á otro, la gente perdida que sale siempre y se 
mueve en las revoluciones, saqueaba, robaba y ase- 
sinaba á su libertad y sabor. El arzobispo de Valencia, 
resentido de que no le hubieran dado el vireinato , se 
vino á Madrid con el marqués de Villagarcia blaso- 
nando de leal. A Basset le aclamaban libertador y pa- 
dre de la patria, y le daban una especie de adoración 
popular, celebrando como milagros todas sus accio- 
nes. Ea tal estado quedaban las cosas en Valencia al 
espirar el año 1705, cuando fué nombrado virey el 
doquede Arcos, y comenzaron á entrar tropas para 
sujetar la rebelión. 

Sucesos harto mas graves habian ocurrido á este 
tiempo en Cataluña, donde los ánimos de los naturales 
estaban mas predispuestos todavía que en Valencia 

respetarían las iglesias y común i- de España, tom. I. cap. 37. — Mal- 
dades religiosas; 1.* aue se,daria canaz, Memorias MMSS. cap. 33. 
el plazo de un año á los que qui- A la madre de Basset, que tí- 
sierao irse ó quedarse, con facul- via en un estado humilde, se la 
tad de tender sus bienes; 8.o que hizo marquesa do Gullera, y con 
no se tocaría á los diezmos y pri- este título vivió y murió en De- 
licias, y demás rentas de la igle<^ nia.— Belando, ubi sup. 
sia, elc^Belando , Historia Civil 

Tomo xviii. 8 



I 



114 HISTORIA DB ESPAÑA. 

contra la dinastía de Francia , incomodados ademas 
con el gobierno de don Francisco de Yelasco , y grao* 
deúíienle irritados con las prisiones , destierros y cas- 
tigos por él ejecutados en Barcelona y otras ciudades 
catalanas ^^K Entonces se vio el daño de su indiscreta 
obstinación en no querer admitir guarniciones france- 
sas, considerándose bastante fuerte para conservar 
aquella provincia y ocurrir á todo evento. 

ElSlSl de agosto (1705) fondeó en la playa de^ 
Barcelona la grande armada anglo-holandesa , con do 
poco susto del virey Yelasco , que comenzó á tomar 
algunas medidas de defensa, y á querer imponer con 
severos castigos á la población haciendo ahorcar alga- 
nos que tenia por sospechosos. El espíritu del pais em- 
pezó también á mostrarse luego , acudiendo del llaoo 
de Yich mas de mil hombres á orilla del mar á pro- 
teger el desembarco de las tropas de la armada. Hi- 
ciáronlo éstas en los dias siguientes , con eí conde de 
Peterborough , el -príncipe de Darmstadt y otros prin- 
cipales cabos, acampándose en línea recta desde el 
muelle hasta San Andrés del Palomar , y al sexto día 
una salva general de los navios anunció haber saltado 
á tierra el archiduque Carlos de Austria , el cual plan- 
tó sus reales en la Torre de Sans, y allí comenzó á ser 

(I) Los casos y circuustaDCÍas lañes acusados ó sospechosos de 

de los rigores que con poca dís* infídencia, se refieren con mina- 

erecion se emplearon, asi por Fe- cioso conocimiento de los hechos 

lipe V. Y su gobierDO en la corte, en la Historia de las Guerras ci- 

eomo por el gobernador Velasco viles del conde de Robres, maous^ 

en Barcelona , contra varios cata- crita, cap. 5, párr. 5. 



i 



PARTE III. LIBRO VK 415 

tratado como rey por los embajadores de Portugal é 
loglaterra, y por los naturales del pais, que á banda- 
das bajaban ya de las montañas : y tanto él como el 
conde de Peterborough en los manifiestos que publi- 
caban y bacian esparcir prometían á los catuanes la 
conservación de su religión, de sus privilegios, fue- 
ros y libertades , como quienes iban á librarlos (de- 
cian) del yago del monarca ilegítimo que los tiraniza- 
ba. Crítica era en verdad la posición de Velasco : la 
armada enemiga era poderosa y formidable ; los ca-^ 
talanes de «la comarca al toque de somaten aQuian á 
reconocer y ayudar al nuevo soberano ; desconfiaba 
de los habitantes de la cindad, y en sus mismos ban- 
dos y pesquisas indicaba el convencimiento de que 
dentro de sus muros se abrigaba la traición ; sus fuer-» 
zas eran escasas, y consistían en algunas compañías 
de míqueletes, y en las pocas tropas que habían traído 
de Ñápeles el duque de Popolí, el marqués de Ay to- 
na y el de Rísburg : la falta de medios de defensa 
quería suplirla con medidas interiores de rigor, ya 
apoderándose de todos los mantenimientos , ya man- 
dando degollar á todo el que se encontrara en la calle 
después de las nueve de la noche, con cualquier mo- 
tivo que fuese, ya prohibiendo l)ajo pena de la vida 
salir de casa durante el bombardeo, aunque en ella 
cayesen bombas y se desplomase, y otras providen- 
cias por este orden, contra las cuales en vano lere^ 
presentaba por medio de su síndico la ciudad. 



116 HISTOEIA DB BSPÁÜÁ. 

El 1 4 de setiembre dos columnas de los aliados, 
mandadas la una por el príncipe de Darmstadt, la otra 
por el conde de Peterborough, subieron por la mon- 
taña de Monjuich, y matando algunas avanzadas se 
apoderaron de las obras exteriores y se posesionaron 
del foso. Pero una bala disparada del fuerte atra- 
vetó al príncipe de Darmstadt, de cuyas resultas mu- 
rió luego. Era el de Darmstadt el autor de aquella em- 
presa, y el mas temible de los gefes aliados, como vi- 
rey que habia sido de Cataluña : fué por lo mismo su 
muerte muy sentida y Horada de todos Jos catala- 
nes partidarios de la casa de Austria ^*K Mas si bien 
este acontecimiento animó á ios de la ciudad, y su- 
biendo el virey y los demás generales lograron hacer 
cerca de trescientos prisioneros ingleses y holandeses, 
con lo cual se volvieron gozosos á la plaza, no cesó 
en los tres dias siguientes por parte de los aliados ni 
el ataque de Monjuich, ni el bombardeo simultáneo de 
la plaza y del castillo, haciendo las bombas no poco, 
estrago en la población, é incendiando entre otros edi- 
ficios la casa de la diputación. Al cuarto dia, ó produ- 
cido por una bomba, según unos, ó por traición , se- 
gún otros, volóse con horrible estruendo el almacén 
de la pólvora de Monjuich (17 de setiembre), que 
contenia cerca de cien barriles , y derribando la ma- 

É 

(4) Dedicaron á su maerte del país*, de ano y de otro se con - 

sermones panegíricos, y muchas servan algunos ejemplares impre- 

composicíones poéticas, en qué se sos que hornos tenido á la vista, 
espresaba el sentimiento general 



PARTB 111. LIBRO \U 1 i7 

yor parte de la muralla que mira al mar y á Barce- 
lona, embistieron los aliados y se apoderaron del 
castillo, haciendo prisioneros de guerra á los tres* 
cientos hombres que en él babia, habiendo antes per- 
dido la vida el gobernador Caracho. 

Dueños de Monjuich ios aliados, todas las baterías 
de cañones y morteros, asi de los navios , como del 
castillo y del medio de la montaña, formada esta últi- 
ma por los paisanos, comenzaron á arrojar sobre la 
ciudad (1 8 de setiembre) tal número de bombas , ba- 
las y granadas, que aterrados los habitantes, sin cui- 
darse del bando del virey ni ser éste capaz á impe- 
dirlo, se atrepellaban á salir de la población, verifi- 
cándolo cerca de diez mil personas. Todos los días si- 
guientes continuó jugando casi sin interrupción la ar- 
tillería, causando las bombas incendios y estrago en 
los edificios, abriendo las balas am^ha brecha en el 
muro. Escasos eran los medios de defensa de los si- 
tiados; faltaba quien sirviera la artillería, y aun dan- 
do doce doblones de entrada y diez reales diarios se 
encontraron muy pocos que quisieran hacer aquel sor- 
vicio. A la primera y segunda intimación que hizo el 
de Peterborough á Velasco para que entregara la 
plaza si quería evitar los horrores del asalto (26 y S8 
de setiembre), contestó el virey con entereza: no asi 
á la tercera (3 de octubre), en que solo le ^aba cinco 
horas de plazo para la resolución. Entonces Velasco 
anunció á la ciudad y diputación que estaba dispuesto 



118 HISTOmiA BB BSMfiA. 

á capítolar, y comunicada esta resolacíon al general 
enemigo, se suspendieron las hostilidades. El 8 de 
octubre se publicaron las capitulaciones acordadas en- 
tre milord Peterboroügh y don Francisco de Yelasco, 
que en verdad no podian ser mas honrosas para los 
vencidos. Constaban de cuarenta y nueve artículos, 
de los cuales era el principal : Que la guarnición sal- 
dría con todos los honores de la guerra , infantería en 
batalla, caballería montada, banderas desplegadas, 
tambor batiente, y mechas encendidas , con diez y 
seis piezas de batir, tres morteros y seis carros cu- 
biertos, que no podrían ser reconocidos. 

Tomábanse los dias siguientes las disposiciones ne* 
cesarías para evacuar la plaza, cuando el 42 se difun- 
dió por la ciudad la voz de que el virey quería llevar- 
se los presos que desde el ano anterior tenia en la 
Torre de San Juan, por sospechok)S de traidores, y 
que para eso habla pedido los seis carros cubiertos. 
Publicóse también, y era verdad, que Gerona, Tarra- 
gona, Tortosa, casi toda Cataluña había proclamado 
ya por rey á Carlos III. de Austria. Añactióse que Ve- 
lasco trataba de ajusticiar secretamente algunos de 
los presos, y que se habian encontrado en el foso de 
la muralla tres cuerpos de hombres decentemente ves- 
tidos, sin cabezas y cubiertos con esteras. Exaltadas 
estaban con esto los ánimos, cuando el día 14 (octu- 
bre) quiso la fatalidad que el alférez de la guardia de 
la Torre , de resultas de algunas palabras que tuvo 



PARTB III. LIBRO VI. 419 

con uno de los presos, echase mano á ana pistola; en- 
lODces los presos comenzaron á gritar: <cque nos quie- 
ren matar! misericordia! socorro Ix» Los vecinos del 
barrio, que con el recelo estaban ya al cuidado, gri- 
taron á su vez corriendo de una calle en otra: «A las 
armasy germans; que degollan los presos; aném á sal- 
varlos las vidas; Visca la Patrial Visca Carlos Ter- 
cerh A estas voces, al ruido de las campanas de to- 
dos ios templos, inclusa la catedral , que tocaban á 
somaten , movióse general alboroto dentro y fuera de 
la ciudad, asustóse la guarnición , todos, basta los 
clérigos y frailes, tomaron las armas que hallaban á 
mano, los vecinos dejaban la defensa de las casas á 
Jas mugeres y se lanzaban á la calle y á la ribera; la 
primera operación de los tumultuados fué soltar los 
presos de la Torre, después los de todas las cárceles; 
todos discurrían como frenéticos , acometiendo á los 
soldados y desarmándolos , asaltando la casa de la 
ciudad, el palacio del virey, los baluartes, sin miedo 
á la artillería, hasta apoderarse de los cañones, obli- 
gando á los tercios de Ñapóles, al antiguo de la mili • 
cia azul de España, á la caballería, á la gente de to- 
das armas á abatirlas, y clamar: abuen catalán, sál- 
vame la vida;» á lo que contestaban ellos: aSanta 
Eulalia 9 victoria, visca Carlos Tercer h 

Ya en toda la comarca tocaban también las cam- 
panas á somaten ; corrió la voz entre los de fuera que 
los ciudadanos y la guarnición se estaban degollando. 



4 20 HISTOHU DB BSP^ÜA» 

y acudieron con chuzos, picas y todo género ^ ar- 
mas ea socorro de los de la ciudad. Todo era confu- 
sión, espanto, gritería, ruido de armas, mortandad y 
estrago en Barcelopa. En tal estado las tropas aliadas, 
y al frente de ellas el archiduque, tuvieron por conve- 
niente entrar, sin esperar la formalidad de la evacúa* 
cion. Ya casi estaban apo$Ierados de todo los paisanos; 
soldados y naturales se saludaban llamándose cama- 
radas, proclamando todos; «c/Fiva l^ casa de Austria! 
¡ Viva Carlos Illh Sabiendo los conselleres que el vi- 
rey Velasco se hallaba en el monasterio de San Pedro, 
discurrieron que el mejor medio de salvarle la vida 
era encomendar su persona al general conde de. Pe- 
terborough, y asi se lo suplicaron, y él aceptó gustoso 
la noble misión, conduciendo al Velasco á su lado^con 
la correspondiente escolta á una casa de campo á tiro ^ 
de cañón de la plaza, y desde alli le hizo conducir á 
los bagóles, junto con los principales cabos de la guar- 
nición y algunos nobles de la ciudad. Desde elH has- 
ta el 20 de octubre fueron entrando en la plaza las 
tropas de los aliados; y el 5 de noviembre se verificó 
la entrada pública del archiduque con todos los ho- 
nores de la Magestad, siendo solemnemente jurado^ 
como rey de España y conde de Barcelona por todas 
las corporaciones y en medio de los mayores regoci- 
jos. Asi el don Francisco de Velasco, que nueve años 
antes (en 1697) habia sido causa de que Barcelona se 
rindiera á los franceses mandados por el duque de 



PAETB 111. LIBIO VI. 121 

Vendóme, lo fqé también ea 1705 de que aquella in- 
signe citidad pasara al dominio del príacipe austriacQ, 
perdiéndola dos veces para los reyes legítimos de Gas- 
tilla (*). 

Decian bien los que propalaban que casi toda Ca- 
taluña obedecía ya á Carlos de Austria. Antes que los 
aliados ocuparan la capital, el llano de Urgel habia 
reconocido al archiduque: solo Cervera hizo alguna 
resistencia. Dos hermanos labradores que hablan ser- 
vido en las pasadas guerras tumultuaron el campo de 
Tarragona, el Pa nades y la ribera del Ebro, Cundió 
la insurrección al Valles, al Ampurdan, á todas par- 
tes, si se esceptúa á Rosas, de tal manera, que como 
dice un escritor, testigo ocular, <en menos tiempo 
del que sería menester para andar el Principado un 
hombre desembarazado y bien montado, le tuvo Car- 
los reducido á su obediencia ^*^.» Fallaba Lérida, que 
gobernaba don Alvaro Faria de Meló , portugués al 
servicio de España; el cual hallándose sin provisiones 
las pidió al obispo de la ciudad don fray Francisco de 
Solís. Negóselas el prelado; y entonces acudió el Fa- 
ria al virey interino dé Aragón y arzobispo de Zara- 
te Verídica relación diaria la eatrada solemne del archida- 
! de lo sucedido en el ataque y de- que. — ^Fetiú, Aaaies de Cataluña, 

f^nsa de Barcelona en este año lib. XXIII. cap. 4 y 2. — Belando, 
I 4705. Eo esta relación, impre^ Historia civil de España, tom. 1., 

I <!0 el mismo año, é inserta en los c.39. — San Felipe, Comentarios» 

! tomos de Varios del señor Bofa- ad. aan. — Macanaz, Memorias ma- 

rall, se da una noticia circuns- nu^cr. c. 33. — El conde de Robres, 
I ' Rociada de todo lo que dia por dia Historia de las guerras civiles, 
¡ iba ocurriendo desde que se avis- ined. c. 5. 

tó la escuadra de los aliados hasta (2) El conde de Robres. 



1 22 mSTOUA DB BgrAff A. 

goza don Antonio de la Riva Herrera; mas el corto 
socorro qae éste acordó enviarle I legó con tanta len- 
titud, que ya el gobernador, estrechado por los ene- 
migos, desamparado por los soldados faltos de pan y 
de pagas, habia tenido que rendir la ciudad, y reñoi- 
giádose á la cindadela con su muger y un solo criado. 
Alli se mantuvieron los tres solos por espacio de ocho 
dias, manejando ellos la arüUerfa, y corriendo de no- 
che los tres llamando á los centinelas para hacer creer 
que habia mas gente; hasta que consiguió una honro- 
sa capitulación, quedándose absortos y como abochor- 
nados los enemigos cuando entraron en la cindadela, 
y se encontraron con aquellas tres solas personas, tan 
maltratados y estropeados sus cuerpos como sus ves- 
tidos. Los rebeldes saquearon el palacio episcopal, ex- 
piando asi el prelado su acción de no haber querido 
socorrer á los leales ^^K 

También á Aragón se estendió el contagio, y no 
fué el conde de Gifuentes quien menos predispuso los 
ánimos de aquellos naturales á la sublevación. Ayudó 
á ello la libertad con que los sediciosos catalanes 
corrían las fronteras de aquel reino; y un fraile cata- 



(4) Cueota el conde de RobrM alborotados dentro los gremio?, 
que en Lérida se habia refugiado pidieron la salida de todos )os re- 
un hermano suyo, que con parto ragiados, y en so yirtud tu yo que 
peligro habia podido encapar de las acogerse al reino de Aragón. El 
garras de los rebeldes , dando una conde de Robres y don Melchor 
cachillada á un paisano que le te- de Macaoaz difieren algo en la re- 
ñía asido ya el caballo de la brida; lacíon de algunas circunstancias 
que filé de los que opinaron por de la singular defensa del gober- 
la dofensa de la ciudad , pero que uador de Lérida. 



PABTB IIK tIBBO VK 428 

laot carmelita descalzo, hermano d^I conde de Cente- 
llas, fué el que acabó de escitar á la rebelión la villa de 
Alcañiz. Siguieron su ejemplo Caspe> Monroy, Cala* 
ceite y otras poblaciones. Alarmados algunos nobles 
aragoneses, levantaron compañías á su costa para 
sostener la causa de la lealtad. Doscientos hombres 
reunió por su cuenta el conde de Atares, cincuenta' 
caballos el marqués de Ch^rta, veinte y cinco don 
Manuel del Rey, y la ciudad de Zaragoza levantó 
ocho compañías de á pie y ciento sesenta hombres 
montados. El rey don Felipe nombró capitán general 
de Aragón al conde de San Esteban de Gormaz ; en- ^ 
vio en posta al príncipe de Tilly; ordenó que fuese el 
ministro Orri para la pronta provisión de víveres; 
mandó que acudiera desde Valencia don José de Sa* 
lazar con las guardias reales, y dispuso que pasara n 
á Aragón los tres regimientos formados en Navarra. 
El prÍDcipe de Tilly recobró fácilmente á Alcañiz, hu- 
yendo los sediciosos á Cataluña, y sujetó otros varios 
logares, si bien el hsiber ahorcado á cincuenta rebel- 
des hechos prisioneros en Calanda abrió un manantial 
de sangre que había de correr por muchos años en 
aquellas desgraciadas provincias. 

Ocupó el de San Esteban las riberas del Cinca cu* 
bríendo á Barbastro. Pero rebelóse todo el condado 
deRivagorza, y se levantaron los valles vecinos al 
Pirineo, manteniéndose solo fiel el castillo de Aínsa; 
y si se cMscrvó la plaza de Jaca, debióse al auxilio 



124 HISIXIBU DB BSPAÑA. 

que á petición del conde de San Esteban envió opor- 
tunamente el gobernador francés de Bearne. No había 
tropas para atender á tantos puntos, y con mucha di- 
ficultad pudo el de San Esteban disputar é impedir á 
los sediciosos el paso del Cinca y mantener en la obe* 
diencia á Barbastro, y no alcanzó á estorbarles que 
seapoderáran de Monzón y su castillo (octubre» 1705)« 
En Fraga tuvieron ({ue capitular con los rebeldes dos 
regimientos de Navarra que alli habia, después de 
haber sido gravemente herido el conde de Ripalda 
su comandante. ' Todo era reencuentros, choques y 
combates diarios entre las milicias reales y los parti* 
darios del archiduque, ganándose y perdiéndose al- 
ternativamente villas, plazas y castillos. IMÍenester fué 
ya que acudiera el mismo mariscal de Tessé con las 
tropas de la frontera de Portugal, ya que afortunada- 
mente lo permitia la retirada de los portugueses del 
sitio de Badajoz. Mas al llegar estas tropas á Zarago- 
za, negáronles el paso los zaragozanos alegando ser 
contra fuero, y hubo necesidad de acceder á que pa- 
saran por fuera, á qué pagaran el pontazgo, á que las 
armas, municiones y víveres satisfacieran los dere- 
chos de aduanas, á señalarles alojamientos con simple 
cubierto, y ni pagando al contado les facilitaban el 
trigo, la cebada y otros mantenimientos, á pesar de 
tenerlos en abundancia; con lo cual se vio sobradad- 
mente el mal espíritu que dominaba cu la capital de 
Aragón. 



PARTB III. LIBRO VI. 125 

Fomentábanle el conde de Sástago y el marqués 
deCoscojuela. El capitán general conde de San Este- 
ban que había cogido la correspondencia de estos dos 
magnates con el conde de Ci fuentes y otros del parti- 
do austríaco, quiso cortar el mal de raiz, y no pu* 
dieodo prenderlos por ser contra fuero» y puesto que 
la traicipn era notoria y las cartas la hacia n patente* 
pi^ó permiso al rey para darles garrote una noche y 
mostrarlos al pueblo por la mañana. Felipe lo consultó 
con el Consejo de Aragón, y éste se opuso, diciendo 
que, sobreestar el conde engañado, aun cuando fuese 
cierta la infidelidad todo se perdería si se ejecutaba 
aquel castigo. Entonces pidió el conde que se los sa- 
cara del reino, con cualquier protesto que fuese. Tam- 
bién á esto se opusa el Consejo de Aragón á quien 
consultó el rey, y aquellos dos hombres hubieron de 
quedar en libertad, por no contravenir á los fueros, 
dejando con esto el reino y la capital expuestos á to* 
dos los peligros que el conde habia previsto; costán- 
dolé ya no poco trabajo, y no pocos esfuerzos de efi- 
cacia y de prudencia conseguir que se franquearan 
los graneros á los proveedores de las tropas , y que 
se diera paso por algunas poblaciones á los regi- 
mientos ^** . 

H) Helando, Hifitoria civil de tLpor estetiempOf dice don Mel- 

Kspana, tom. I. cap. 40 á 42.— Saa cbor de Macanaz en sus Memorias, 

Felipe, Comentarios. — Macanaz, me honró el rey con el titulo de su 

Memorias manaacr. c 33.<--Con« seor etario^ mandándome que asis- 

de de Robres, Hist. de las guer- tiese al conde de San Esteban en 

^ civiles, MS. 9u vireiiíato de Aragón, como lo 



126 msToniA db espada. 

No lardaron en sentirse los desastrosos efectos de 
h funesta influencia de aquellos dos hombres en Za- 
ragoza. Las órdenes y pragmáticas del rey no eran 
cumplidas: ellos hacian que la población se opusiera 
á todo so pretestó de infracción de fueros, bien que 
fuesen de los qae estaban espresamente derogados 
por los anteriores monarcas sin reclamación del rei- 
no : ademas de segar á las tropas alojamientos, ^- 
cíones y bagages, obstinábanse en no permitirles la 
entrada en la ciudad. Pero el virey les necesitaba, y 
el día de los Inocentes (diciembre, 1705) entró un 
batallón de los de Tessé con mucho silencio, y. con 
orden del mariscal para que nada dijesen ni hiciesen, 
aunque oyeran gritar: ¡Viva Carlos IIII De allí á poco 
entró otro batalloa por la puerta del Portillo, y ape- 
nas habian entrado las dos primeras compañías, el 
pueblo, á la voz de: a¡ Mueran los gabachos y vivan los 
fueros!^ cerró la puerta, dejando cortado el batallón, 
y cargando sobre las dos compañías, oñciales y sol- 
dados fueron degollados, rotas las banderas y des- 
truidos los tambores* Montó el virey á caballo, y por 
todas las calles le gritaban las turbas: €jViva nuestro 
virey ! ¡guárdense los fueros y no quede francés á vi" 
da!» El conde logró sosegar el tumulto; pero aque- 

hice, habiéndole debido especial todo lo qae se refiere á los sacesos 

eon/iama que correspondió al in* de aquel reino. Sa hermano dob 

menso trabajo que alli (uoe.»— Luís Antonio Blacanaz era ayudan- 

Por consecuencia la autoridad de te del oapitan general. 
Maoanaz es de un grao peso «Q 



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PARTE 111. LIBRO VI. 127 

lia noche intentaron asesinar al mariscal de Tesse y á 
los oficiales que con él estaban: don Melchor de Ha- 
canaz los sacó de la casa disfrazados, y los llevó á la 
del virey, de donde los trasladó al campo y á la Alja* 
feria. Se llamaron las tropas del contorno, y se envió 
por la artillería para castigar el insulto. Mas antes de 
ejecutarse, la ciudad reclamó el privilegio de la Y^n- 
tena ^^\ con el cual ella castigaría en un dia á los 
principales cómplices» sin exponer á los inocentes ni 
á que se tumultuase todo el reino, y de ello se dio 
cuenta al rey. Felipe, que ya había pensado salir á 
campaña, y temia que de encomendar el castigo á las 
tropas se valiera el reino de aquel pretesto para rebe- 
larse todo, y se complicaran las dificultades, oido el 
Consejo de Aragón contestó que por aquella vez usase 
la ciudad del privilegio, y que en ella ponía su real 
confianza para el castigo de tan horrenda maldad. 
Mas no solamente no logró el rey atraer con aque- 
ta) El privilegio de la Veinte' autores de la sedición. Esto se 
nacoDSisUaeQ lo siguiente. Sien- practicó algunas veces, armando 
do en lo antiguo frecuentes los tu- la ciudad á las personas nobles y 
mallos en Zaragoza, y viendo que de confianza, sacando un están- 
con castigar á los perturbadores darte, y haciendo un alarde gene- 
del orden por los términos ordi- raí se retiraban; y haciendo venir 
naríos no se conseguia el escar- al ejecutor , se buscaba al reo ó 
iQieoto, á petición do la ciudad'Or- roos, donde quiera que estuviesen, 
üeoó don Alfonso el Batallador por aunque fuese lugar sagrado, y sin 
an privilegio dado en Praga,. que reparar en fueros ni otpas formali- 
«n talos tumaltoe congregada la dade-f, los haciaa ahorcar del pri- 
ciadad con un número de conse- mer balcoo , reja ó árbol que hu- 
jeroB que eligiese, que no pasa- biese, y en esta forma procedía u 
rían de veinte, se informasen bien hasta estar satisfecha la vindicta 
de los hechos, Y sin salir de la pública. — ^Fueros del reino de Ara- 
Jaata, ni mas forma de proceso gon.— Macanaz, Memorias, c. 34. 
ni de jaicio, hiciesen castigar á los 



128 HISTORIA DB ESPAÑA. 

lia consideración y aquella generosidad á los zarago- 
zanos, sino que ál propio tiempo se rebelaron contra 
su persona y autoridad ios de Daroca, los de Haesca, 
los de Teruel y los de todas aquellas comarcas* der- 
ramando la sangre de los soldados. La ciudad de Za- 
ragoza fué de dificultad en dificultad difiriendo el cas' 
tigo de los delincuentes, y harto daba á entender que 
no tenia intención de ejecutarle. El rey por su parle 
se propuso no dar motivo, ni aun protesto de queja á 
los zaragozanos, á fin de qpe no le embarazasen su 
jornada, y mandó que no se hablara mas de ello. An- 
tes bien dio orden al mariscal de Tessé para que pa- 
.sase con sus tropas á las fronteras de Cataluña, y al 
virey le ordenó que pagara á los aragoneses los baga- 
jes y todos los gastos que las tropas hubieran hecho y 
daños que hubieran causado (30 de diciembre, 1705). 
Todo se ejecutó puntualmente; pero nada bastó á me- 
jorar el espíritu, de aquellos naturales. Ellos, so pre- 
teslo de destinarlos á la defensa del rey, hicieron fa- 
bricar multitud de cuchillos de dos cortes y largos de 
una tercia, con sus mangos de madera correspondien- 
tes: ellos sobornaron á los fabricantes de unas barcas 
que el virey había mandado construir para formar un 
puente; y el rey quiso que se disimulara todo para 
que no se inquietasen, con objeto de no tener ese em« 
barazo mas para el viage de campaña que tenia pre- 
meditado y estaba ya muy próximo. 

La rebelión de los tres reinos habia sido escanda- 



V 



rARTB IIL LIBRO VI. 429 

losa; grandes los excesos, robos y rapiñas á que los 
sediciosos se entregaban; y asi fué también cruel el 
principio de la guerra, luego que comenzaron á po- 
der operar las tropas con los refuerzos que fueron de 
Castilla á la entrada del año 1 706. El conde de las 
Torres, destinado á atajar la revolución de Valencia > 
tomó á fuerza de armas la villa y castillo de Monrpy * 
y los saqueó. Entró sin resistencia en Morella, y de«- 
jando alli una pequeña guarnición, pasó á San Mateo, 
de coya empresa tuvo que desistir por las copiosas Uu. 
vias y por falta de artillería. Continuando su marcha 
hacia Valencia, acometió á Villareal, donde los rebel- 
des le hicieron tan obstinada resistencia, que después 
de haberle costado mucha sangre penetrar en la vi- 
lla, halló de tal manera fortificaos las casas, que te- 
nia que irlas conquistando una por una, hasta que ir- 
ritado de tanta^ pertinacia mandó aplicar fuego á la 
villa por los cuatro costados, y en medio de las hor- 
rorosas llamas que la reducían á pavesas, sus solda- 
dos saqueaban y acuchillaban sin piedad, sin recono- 
cer ni perdonar edad ni sexo, salvándose solo los que 
se refugiaron á las iglesias, y las monjas dominicas, 
que fueron sacadas á las grupas de los caballos de los 
dragones.' Con este escarmiento, .Nules y otras villas 
se sometieron sin violencia; el conde corrió luego las 
riberas del Júcar, recobró ¿ Gullera, y sentó sus rea- 
les en Moneada, una legua de la capital. Y al propio 
tiempo don Antonio del Valle por la parte de Chiva 
Tomo xviii« 9 



130 HISTORIA UB ESPAÑA. 

coa las milicias de Castilla qae se le habían reunidoi 
incendiaba á Guarte y á Paterna; é incorporados luego 
los dos gefes á las inmediaciones de Valencia, derro- 
taron y escarmentaron varios destacamentos que con- 
tra ellos hicieron salir de aquella ciudad los rebeldes 
Basset y Nebot. El duque de Arcos, virey de Yaleo- 
cia, hombre que ui entendia de cosas de guerra oi 
para ellas habia nacido, fué llamado por el rey á Ma* 
drid á ocupar una plaza en el consejo de Estado, para 
lo cual era mas á propósito por su instrucción y ta- 
lento, y fué en él uno de los mas caliBcados votos, 
quedando por general de las tropas de Valencia el con- 
de de las Torres. 

Alicante, que se mantenia fiel, y habia resistido 
ya á una tentativa <yie sobre ella hizo el valenciano 
Francisco de Avila, natural de Gandía, con la gente 
de alpargata que acaudillaba, fué luego bloqueada 
por los rebeldes de Játiva, Orihuela, Elche y sus 
vecindades, con cinco piezas de artillería; pero acu- 
diendo en su auxilio las milicias leales de Murcia, 
llevando por su general al obispo, quitaron á los blo- 
queadores la artillería y cuanto llevaban, y pasaron 
ellos mismos á sitiar á Onteniente. 

Valencia, teatro de las tiranías, y de la avaricia y 
ambición de Basset y de Nebot, se hallaba en tan mi- 
serable estado, que tuvo por conveniente el general 
inglés conde de Pelerborough trasladarse allá con un 
cuerpo de miqueletes catalanes y de tropas inglesas 



PARTE 111. LIBKO VI, 431 

á poner orden y concierto en la ciudad. Gomo saliesen 
á recibirle armados los frailes de diferentes comuni- 
dades y religiones, para mostrar asi mejor su entu-- 
siasmopor el nuevo rey: ^Ya he visto ^ les dijo» la 
iglesia militante; ahora dejad las armas, y retiraos 
á vuestros conventos, que por ahora no necesito de vues^ 
ira ayuda.n Puso coto á las exacciones de los dos 
caadillos valencianos; trató con cariño á los adictos 
al rey don Felipe, que sufrían todo género de veja- 
meaes, y especialmente á las señoras q^e se habían 
refugiado á los conventos, les permitió volver á sus 
casas con seguridad, y dio escolta á las que quisieron 
salir á buscar sus maridos. 

Eq la frontera de Aragón y Cataluña se peleaba ya 
también con furor y crueldad, cometiéndose desmanes 
y excesos por los de uno y otro partido. Al abandonar 
los ingleses á Fraga, después de haberla saqueado, 
robaron los vasos de los templos, arrojaron las $£(gra- 
das formas al Cinca, é hicieron otros sacrilegios que 
escandalizaron á aquellos católicos habitantes. Por su 
parle las tropas francesas y castellanas daban al sa- 
co y al incendio las poblaciones rebeldes qué toma* 
^n, como lo ejecutaron, entré otras, con Galaceite» 
la vilía mas rica de Aragón antes de la guerra, y 
ahorcaban á los cabos de la rebelión, como lo hicie-: 
^Q con dos hermanos, hijos de un notario de Caspe, 
que se habrán resistido en Mirabete. Algunos pueblos 
del condado de Rivagorza volvieron á la obediencia 



1 3¿ HISTORIA DE ESPAÑA. 

del legítimo rey, merced á la actividad de las tropas 
leales. El marisi)al de Tessé habia paesto su cuartel 
general en Caspe, donde cuidó de tenerlo todo prepa- 
rado para la jornada del rey, que se le habia de in- 
corporar en aquella célebre villa. Y el virey de Ara- 
gón, conde de San Esteban, anadió á los importantes 
servicios que ya habia hecho á su monarca, el de 
ofrecerle todas las rentas de sus estados y de los del 
marqués de Yillena su padre, con la artillería que te- 
nían en varios lugares y castillos de sus señoríos (ofre- 
cimiento que el rey agradeció mucho, y rehusó coa 
delicadeza); el de ir conteniendo á fuerza de pruden- 
cia á los zaragozanos, y el de saber todos los planes y 
proyectos de los rebeldes en Cataluña y Aragón, ga- 
nando los espías y correos, por medio de los cuales se 
entendían y comunicaban, especialmente el conde de 
Cifuentes, el de Sástago y el marqués de Coscojuela, 
abriendo su correspondencia, copiándola y volviendo 
á enviársela cerrada ^*K 

Salió al fin el rey Felipe V. de Madrid (23 de fe- 
brero, 1706) para su jornada de campaña, dejando á 
la reina el gobierno de la monarquía, acompañado so- 
lo de los grandes de la servidumbre, pues no quiso 
que le siguieran los muchos que á ello se ofrecieron, 

• 

* 1 

(4) cYo abría las cartas, dice «nía esta correspondencia, y as 

•Macanaz, y las copiaba, y des- o nada se ignoraba, y todo sepre- 

/kpues las volvía cerradas... La ci* » venía con tiempo, dando de todo 

»ira del conde de Cifuentes se » cuenta al rey... etc.»— -Memorias 

•halló también por este medio, manuscritas, c. 48. 
•pues él era el quo mas éntrete- 



1 



PARTS m. LIBKO Yl. 1 33 

porque temió que le embarazaran, y llevando por 
secretario del despacho universal á don José de Gri- 
maído. Escusósede pasar por Zaragoza so pretesto de 
tener qae acelerar su marcha, si bien dejando á la 
diputación y ciudad dos finísimas cartas, en que les 
decia qi^e dejaba confiada á su lealtad la población y 
el reino, en prueba de lo cual iba á llevar consigo to- 
das las tropas, inclusas las que guarnecian la Aljafe- 
ría, que dejaba encomendada á la defensa de los na- 
turales. Admirable y discreto modo de comprometer 
á la fidelidad á los pundonorosos aragoneses, de 
quienes tanto motivo tenia para recelar, y tan poco 
afectos se le habian mostrado ^^K lacorporósele el 

(4) Hé aquí la viva y exacta »do A.tarés, conde de Bureta, con- 

piniura que hace Macnnaz del es- »dede San Clemente, conde de 

pirita ysituaciou do Zaragoza, y «Cobatillas, marqués de Síert), 

aun de todo'el reino: » marques dé Tosos, y algunos ca- 

«En cuarenta días y cuarenta »balleros, con el Zalmedina don 

>Docbes no entró en cama, no tan- »Juan Gerónimo de Blancas; y de 

>topor las prevenciones que se dIos diputados del reino, el mar- 

>bicieran para la jornada de S. M. »qués de Alcázar y el diputado de 

>y del ejército, cuanto por las vBorja. En la ciudad, casi ninguno 

«coottouas alarmas de los rebeldes, »habia bueno; el capitán de guar- 

>y cuidado en haberlos de quietar i>dias don ''Gerónimo Auton era 

>por amor, y todos los medios mas nmuy malo. De los obispos, el de 

vsuaves que se pudieron alcanzar; >Huescayelde Albarracin eran 

>pues era tal la desgracia, que en »muy malos; de las comunidades 

>Ia audiencia, apenas habia do i»de Teruel, Caiatayud y Daroca 

«quién fiar, sino del fíi^cal don » no babia que fiar; de los pueblos, 

» José de Rodrigo; en la iglesia, el > solo de Caspe y Fraga habia ente- 

^arzobispo y muy pocos canóoi- »ra confíanza, y Jaca que jamás 

»g03; en el tribunal del justicia de Dse perdió; l'árazoDa y Borja nos 

^Aragón, solo áon Miguel de Jaca, »fueron fíeles. Y cunociéndolos á 

>qoe es el justicia; en el delgober- «todos, y sabiendo que loque con- 

^nador del reiuo, solo don Miguel »veuia era conservarlos á costa 

•Francisco Pueyo, que era ol go- >de sufrir con paciencia sus mal- 

•bernádor; en la nobleza, el conde »dades, no se omitió cosa alguna 

>flo Albatera, el de Guara, don »que pudiera convenir; y si Sas- 

>Joáé de Urries y Navarro, conde ntago 6 Coscoiuela no so hubiesen 



134 HISTOBIA OB BSPAftA. 

conde de San Esteban, á quien h¡¿o mariscal de cam- 
po, y que por seguirle á la campaña dejó la capitanía 
general de Aragón, y con él fué también el secreta- 
rio don Melchor de Macanaz. Y prosiguiendo el rey 
su jornada, llegó á Caspe, donde le esperaba el ma- 
riscal deTessé (14 de marzo, 1706). 

El plan, inspirado y aconsejado por los franceses, 
era marchar y caer simultáneamente sobre Barcelona, 
el rey con las tropas de Aragón, Valencia y Castilla, 
por la' parte 4e Lérida, el duque de Noailles con un 
ejército francés por el Ampurdan, y por mar la arma- 
da del conde de Tolosa; con la idea de que, tomada 
Barcelona, y hecho prisionero el archiduque, se ren- 
diría todo el Principado, y aun los reinos de Valencia 
y Aragón. El proyecto no parecía malo, si hubiera 
sido posible prevenir todas las eventualidades, y si no 
quedaran á la espalda tantos países enemigos ^*K An- 

»raanteDÍdo en el reino animando gpña, el de Noailles, el mariscal de 
»é iodoalos rebeldes, y concitan- Tessé y otros geres franceses. Eb 
»do álos labradores y pelaires de este mismo sentido se esplíca en 
vías parroquias de San Pablo y la varios lugares el marqués de San 
«Magdalena, que fueron los que Felipe, y estos planes se TÍeron 
«ejecutaron la maldad contra las después por desgracia harto con- 
«tropas, sin duda alguna no bu- firmados; por lo que no deia de 
»biera habido en el reino moví- ser extraño lo que respecto ai caso 
«miento alguoo.» Memorias ma- presente afirma Belaudo, ¿saber, 
Duscritas, cap. 48. que celebrado consejo, el marí?- 
(i) Don Melchor de Bfacanaz cal de Tessé fué de opinión que 
atribulo á los franceses un desig- convenia someter antes á Lérida, 
nio siniestro en esta combinación. Monzón y Tortosa , para teoer 
á saber, el de arruinar la España, guardadas las espaldas en el caso 
y que quedara en ella de rey el de no salir con la empresb, pero 
archiduque, pero tan decaída que que se opusieron los oficiales es- 
no pudiera hacer nunca sombra á pañoles por lo fácil que juzgaban 
la Francia: y dice que entraban la rendición de Barcelona. ^íiis- 
en este proposito el duque de Bor- toria Civil; tom. I. c. 47. 



J 



v 



FARTB 111. LIBRO TK 1 36 

tes de salir de Gaspe concedió el rey m iaduUo gene- 
ral amplísimo á todos los que volvieran á su obedien- 
cia deotro de un término dado, y este bando le hizo 
introdacir y circular por Cataluña: pero este acto de 
poUtica y de generosidad fué atribuido por los catala- 
nes á miedo , y le recibieron con menosprecio y 
desden . 

Al tercer dia (1 7 de mar^o, 1 706,) partió el rey 
de Caspe con el ejércitOt y haciendo cortas jornadas, 
deteniéndose en algunos puntos por esperar á que se 
le incorporaran mas tropas, pasó el 2 de abril el Llo^ 
bregat, y desde las alturas de Monserrat divisó la ar- 
mada del conde de Tolosa, compuesta de veinte y seis 
navios de línea y muchos trasportes, que estaba ya en 
la bahía de Barcelona • Al dia siguiente puso su ejérci- 
to en batalla cerca de la ciudad, y encontró ya acam- 
pado á la otra parte al duque de Noailles con el ejér- 
cito francés. Todo hasta aqui habia correspondido 
exacta y puntualmente á la combiDaciou. El de Tolosa 
comenzó á desembarcar provisiones de boca y guerra 
ea abundancia, ocupando la Torre del Rio; el de Noai- 
lles se situó en el convento de Santa Madrona, á la 
foida de Monjuich; el rey celebró consejo, en el cual 
por acuerdo de los generales é ingenieros franceses se 
resolvió atacar el castillo, cuya operación comenzó 
el 6 (abril), mas con mala dirección y poco fruto. 
Empeñóse Felipe en reconocer por sí mismo los ira- 
bajos en medio del niego de los morteros, cañones y 



4 36 HISTORIA DB BSPAftA. 

fósiles enemigos, y como los cabos todos le disuadie- 
ran de aquel pensamiento por los peligros que iba á 
correr so persona: ^Donde suben los soldados á hacer 
el seroiciOf respondió, bien puede subir también el 
rey. — Pero soldados hay muchosj le replicaron, y rey 
no hay mas que uno.^f^Eso no es del casOy'b contestó. 
Y subiendo animosamente aqoella tarde (1 3 de abril), 
reconoció todas las obras; mostróse poco satisfecho de 
ellas, pero admirando lo que hablan trabajado los soU 
dados^ les mandó dar veinte y cinco doblones, y otros 
tantos á los artilleros. 

Hallábase en la plaza el archidoqoe con escasa 
goamicion; pero el tonde de Gifoentes salió á levan- 
tar el pais, cosa que logró fácilmente, de modo qae los 
noestros no podian ya dar un paso fuera de su campe. 
Juntóseles el príncipe Enrique, landgrave de Hesse, 
con la guarnición de Lérida, cuya frontera mandaba. 
El ingeniero francés, que tan mal dirigia los ataques 
del campamento real, murió de un balazo (1 8 de abril). 
Reemplazóle con ventaja un ingeniero aragonés llama- 
do don Francisco Mauleon, con lo que pudo el mar- 
qués de Aytona tomar las obras exteriores del castillo, 
hacer doscientos prisioneros ingleses, con cinco piezas 
de artillería, y eq este combate murió el comandante 
del castillo, milord Dunnegal (21 de abril). En esto se 
oyó tocar á somaten las campanas de Barcelona: á po- 
co rato se vio salir de la ciudad ondeando el estan- 
darte de Santa Eulalia mas de diez mil personas, hom* 



PAATB III. Lino TI* 1 37 

breSf mageres, muchachos, frailes y clérigos, que sü- 
bieodo en (res columnas empeñaron un vivísimo y 
sangriento combate con las tropas; hubo necesidad de 
desalojarlos á la bayoneta, con muerte do cerca de 
seiscientos, arrojándolos hasta las puertas de la plaza: 
el marqués de Aytóna corrió grandes peligros: una 
bala le llevó el sombrero; el mariscal de campo y bri- 
gadier que con él estaban fueron heridos, y todos sus 
ayudantes quedaron reventados del trabajo. 

Los dias siguientes se atacó y bombardeó resueU 
lamente la plaza y el castillo á un mismo tiempo por 
mar y por tierra. Mas cuando ya se habia comenzado 
á romper la muralla, la mañana del 7 de mayo (1706) 
tres salvas de artillería y algunos voladores de fuego 
anuDciaron á los de la plaza el arribo de la escuadra 
anglo-h^landesa compuesta de cincuenta y tres navios 
de línea. La del conde de Tolosa, que se reconocía 
inferior, se apresuró á retirarse á los puertos de Fran- 
cia. Golpe fué éste que desconcertó á los sitiadores, 
y mas cuando vieron que desembarcaban ocho mil 
hombres de la armada enemiga, y la prisa que se die* 
ron los de dentro á cerrar la cortadura del muro. Pe« 
ro no fué este solo el contratiempo. A los dos dias 
llegó al rey la funesta nueva de que los portugueses 
habían tomado la plaza de Alcántara con ocho bata-r 
llenes de nuestra mejor infantería, y que se proponían 
marchar á la corte, sin que hubiera fuerzas que pu - 
dieran impedirlo. 



4 38 HmouA BB isriJÍA. 

A vista de tales desastres celebró el rey otro con* 
sejo (1 de mayo 4 706) para deliberar si se había de 
dar el asalto á la plaza, ó se babta de levantar et sitío. 
Pesados los iaconvenientes de lo uao y de lo otro, se 
resolvió lo segando. Discorrióse también por dónde 
convendría más hacer la retirada, y considerada la 
situación de Cataluña y la poca confianza que el Ara- 
gón ofrecia, túvose por mas seguro retirarse por el 
Ampurdan y el Roselloo. Levantóse, pues, el campo 
de noche, y sin tocar trompetas ni timbales, pero in- 
cendiando todas las casas del contorno, y dejando 
prendidas también las mechas de las minas que tenian 
hechas al castillo, bien que una sola reventó, llegan- 
do los de la ciudad á tiempo de apagar las otras. Os- 
cura la noche, estrecho el camino y lleno de precipi* 
cioi}, ramblas y barrancos, en desorden las tsopas, ya 
era harto desastrosa la marcha del cyérdto, cuando 
apercibiéndose de ella los enemigos se dieron á per- 
seguirle y hostilizarle por alturas y hondonadas. Para 
mayor infortunio se eclipsó al dia siguiente el sol, se 
encapotó el cielo, y creció la confusión y el espanto, 
que la preocupación abultaba, como á la presencia de 
tales fenómenos acontece siempre. A fin de hacer mas 
desembarazaba la huida se abandonó toda la artille- 
ría, todas las municiones, vituallas y bagajes ^^K Aun 

(4) Lo que quedó abaDdooado metal; mas de cinco mil barriles 

7 ea poder de los rebeldes fué: de pólvora; su iscí en tos barriles de 

ciento seis cañones de bronce; balas de fusil; mas de dos mil bom- 

veinte y siete morteros del mismo bas; diez mil granadas reales; in- 






riBTB 111. uno ▼!« 1 39 

asr continuó sten^jlo lastimosa su retirada, picándoles 
la retagoardia, y coronadas siempre las montañas de 
miqueleies, incendiando ellos poblaciones y campos, y 
todo k) que encontraban por delante. Al fin el 23 de 
mayo llegó el rey á Perpiñan, con seis mil hombres 
menos de los que habia llevado 4 Cataluña. 

Tal fué el resultado desgraciadísimo del sitio de 
Barcelona ^^K Escusado es ponderar lo que celebraron 

oumerables de maDo; ocho mil de la plaza para aue no se oxpu-, 

Kicos, palas y zapas; cuareota mil siese sa perspoa a los trabaja? y 

alas de canon; diez y seis mil sa- peligros de un asedio^ y asi se lo 

coa de barloa; gran cantidad de participó él á la ciudad, á la di'pu- 

trigo y avena; mas de diez mil pa- tacion y al brazo militar, pero que 

res de zapatos; muchos hornilloa estos tres cuerpos le instaron tao- 

de hierro; la botica con todas sus ta á que se quedase, ofreciendo 

promisiones; ademas de quinientos sacrificar todos sus vidas por él, 

soldados enfermos en el convento que al fin se resolvió á no salir: 

deSantaEngracia.— Macanaz, Me- que una noche muchas personas 

morías manuscritas, c. 49, p. 37. religiosas vieron sobre el castillo 

— Feliú, Anales de Cataluña , lib. de Honjuich un meteoro en forma 

XXUI.— Gopde de Robres, Historia de la Cruz de Santa Eulalia, cpero 

manuscrita.— Marqués de San Fe- de nuestro ejército (dice el mismo 

lipe, comentarios de la Guerra Ci- Diario,) ninguno le vió:> que los 

vil, tom. I. — Relación del sitio de religiosos de todas las órdenes ocu- 

Barcelona, Tomo de varios. paban por las noches sus puestos 

(1) Para la relación de este en la muralla, armador, formados 

suceso, hemos seguido las Memo- y con sus cabos, como si fuesen 

rias de don Melchor de Macanaz, tropas regladas, y por las noches 

que iba de secretario del general aodaban por la ciudad rondas com- 

conde de San Esteban. puestas ae do4 canónigos y diez 

Los barceloneses imprimieron clérigos cada una, con lo cual se 

y publicaron por su parte un Dia-, evitaroo muchos desórdenes: da 

rio de todo lo acaecido en este cé- cuenta de los cabos que mandaban 

labre sitio. Bste Diario conviene cada cuerpo; de los refuerzos que 

con las Memorias de Macanaz en cada dia entraban por mar y por 

todos los principales hechos, pero tierra, asi de los aliados, como de 

añade noticias sumamente curiosas los somatenes del pois; de cómo 

de lo que pasaba dentro de la ciu- contribuia cada corporación, cada 

dad, j en el pais dominado por la gremio y cada clase de la ciudad 

rebelión, lo cual no podian cono- para los mantenimientos; de los 

cer los Que estaban en el ejército puntos que c:ida día se tomaban 6 

real. Cuéntase en él, por ejemplo, perdían; de ios desertores que en- 

que en consejo de guerra se re- traban; del arribo de la armada de 

solvió que el archiduque saliera los aliados; de la desastrosa reii- 



140 HISTOEU DB B8PAÍÍA. 

este triunfo los catalanes y los aliados. El rey, después 
de descansar dos dias en Perpiñan, dando tiempo á 
que fueran llegando las tropas, y dejando las órdenes 
convenientes para que le siguiesen, encomendándoles 
al caballero Dasfeldt, porque ya ni del mariscal de Tes- 
sé ni de otros generales se fiaba ^^\ y participándolo 



'I 



rada de las tropas reales etc.*. to* Memorias, cap. 50. párr. último, 
do OOQ pormecores y circanstaa* - (1) tDecíase eo esta ocasioa 
cías, en que á nosotros no nos es (dice Belando , ) ser la intencíoD 
dado detenernos. del mariscal de Tessé que el rey 
Este Diario es en general exac- don Felipo V. se quedara en Fran- 
to y verídico, si se esceptúa en lo cia, y que para ello era sa per- 
de dar siempre la ventaja d<5 todos saasion diciendo: que pues esta- 
los encuentros á los catalanes, y ba S. M. en el reino, aue pasase á 
en lo de eiagerar los muertos del I^arls á visitar al abuelo. Esto se 
campo enemigo y disminuir ol do dijo do Tessó, y asimismo se creyó 
los suyos, defecto en que incurren que las persuasiones del rey Cri»^ 
por lo común los escritores de to- tianísimo hubieran sido para qué 
dos los partidos. En él se llama el nieto consintiese en el nuevo 
siempre Garlos III. al archiduque; proyecto de paz que habían idea- 
y duque de Aojou al rey don Feli- do y propuesto los aliados. Esta 
pe. Al hablar de este Diario, vuel- propuesta se reduela á dar al rey 
ve fi insistir Macanaz en su idea, don Felipe los Estados ^ue la Es- 
de que tanto los generales frauce- paña poseía en Italia, coa las islas 
ses del ejército de tierra, Tessé, de Sicilia y Sardena, y al señor 
Noaitles y el ingeniero gen(;ral, archiduque Carlos la España con la 
como el almirante de la armada América, dejando indeterminado 
conde de Tolosa, pudieron tomar para el do Ba viera la Flandes, y 
la plaza, pero no quisieron, ni fué para el emperador los Estados de 
este nunca su propósito, sino de- este duque elector. Todo era en 
biíitar las fuerzas de España para cierto modo efectuar la imaginada 
que quedara en ella ol archidu- división de la monarquía de Espa- 
que, y supone que al efecto se en- ña: mas el monarca don Felipe V., 
tendían secretamente con los ge- con su ya conocida constancia, ros- 
fes de los aliados. Entro otros pondia siempre: <Qu« no /^aóiacto 
caraos, al parecer no destituidos ver mas á París, resuelto á morir 
de fundamento, que les hace, es en España.T» Bien conocía S. M. el 
uno la conducta de la armada fran- traidor sistema, pero lo disimula- 
cesa, que estuvo permitiendo en - ba su modestia, para no permitir 
trar en la plaza socorros de hom- jamás asiento ni entrada al espiri- 
bres y de víveres, y que pareció tu turbador.» Historia Civil, tom. I. 
faltarle tiempo para abandonar la c. 49. 

bahía tan pronto como avistó la «Porque ten ian orden (dice lia- 

de los aliados, sin intentar com- canaz,) del duque de Borgoña de 

batirla, ni embarazarla siquiera.-^ llevar al rey á París, de donde do 



PAETB III. LIBRO VK 4 41 

todo al rey de Francia» su abuelo, partió á la ligera 
para Madrid, por Salces, Narbona, Garcasona, Tolosa, 
Pau, San Jnan*de Pié-de Puerto, Ronóesvalles y Pam- 
plona, llegando á Madrid el 6 de junio (1706), en cu- 
yos habitantes encontró, á pesar de la desgracia, la 
buena acogida que le habían hecho siempre. 

En tanto que esto pasaba en Barcelona, la guerra 
civil ardia vivamente en el reino de Valencia. Habia 
poblaciones cuya decisión por la causa del archiduque 
rayaba en entusiasmo. En cambio el reino de Murcia 
se distinguía por su acendrada lealtad á Felipe Y. 
Pueblos hubo que se hicieron famosos como el de 
Hellin, el cual, no obstante ser lugar abierto, resis- 
tió heroicamente á diez mil rebeldes mandados por 
Nebot y Tarraga, hasta que cortada el agua, y vien* 
do que enfermaba casi toda la población y milicia, 
tavo que rendirse ésta prisionera de guerra , pasan- 
do después mil trabajos aquellos hombres valientes 
y leales, ya en Valencia , dcmde solo los alimentaban 
con algarrobas como á las bestias, ya en Denia, don- 
de sufrieron todo género de tiranías, ya en los cami- 
nos, por donde los llevaban enteramente desnudos y 
amarrados con cnerdas, prefiriendo los martirios y la 
muerte á faltar á su fidelidad. En Valencia, desde que 
el conde de Peterborough regresó á Barcelona con 
motivo del asedio, el conde de Cardona, que era virey 

se le deiaria voWer; lo que el rey Memorias, c. 49. 
entendió, y le faé fácil ayeriguar.» 



1 42 HISTORIA DE ESPAÑA. 

por^rarchidaque, dio un plazo de veíóte y cuatro 
horas para que pudieran salir de la ciudad todos los 
afectos á Felipe Y., y asi lo realizaron machos nobles 
y personas distinguidas, que pasaron á incorporarse á 
las tropas reales, no haciéndolo otros por no peroii- 
tírseles sacar bagages ni propios ni ágenos. 

£1 conde de las Torres, con la escasa fuerza qee 
]e habia quedado, y con las milicias de Murcia y los 
dragones del brigadier Maboni, hacia esfuerzos pro« 
digiosos, y se movía con una actividad infatigable. 
Después de haber hecho un cange de prisioneros que* 
mó algunos lugares y sometió otros» entre ellos la 
villa de GuUera, de que le hizo merced la reina con 
el título de marqués, cuyo lAarqiiesado conñrió antes 
el rebelde Basset á su madre, y le otorgó ademas la 
famosa Albufera de Valencia. Animado con esto el de 
las Torres, intentó apoderarse de iátiva, la segiioda 
población de aquel reino, llevando toda la fuerza dis- 
ponible, con cuatro piezas de campaña (mayo, 4 706). 
Pero todos sus esfuerzos fueron infructosos. Defendía 
Basset la dudad. Basset era una especie de ídolo para 
todos los valencianos partidarios del archiduque: las 
poblaciones rebeladas le tributaban cierta adoración, 
y él poseia el arte de inspirar y mantener el entusias- 
mo en las personas de todas las edades y estados. 
Asi fué que en Iátiva los eclesiásticos como las mage- 
res, y las mugeres como los niños, todos hacian oficios 
de soldados, todos trabajaban en las obras de defeo- 



PAHTB III. UBBft VI. 



443 



1 



sa, todos combatían, coa armas, con piedras, con to-- 
4o género de proyectiles: hubieran muerto el último 
párvulo y el último andano antes que rendir la ciudad 
ó abandonar á BasseU Entraron en la plaza muchos 
socorros de ingleses y valencianos; súpose y se ce-> 
lebró el desastre del ejército real en Barcelona; tuvo* 
se noticia de haberse apoderado los portugueses de AU 
cántara; todo era regodjo y animación dentro; y co- 
mo por otra parte le informasen al conde de las Tor-*^ 
res de que los enemigos amenazaban venir sobre 
Madrid, tuvo que retirarse abandonando ia empresa 
{24 de mayo, 4706), después de quince días de ata- 
ques inútiles, para incorporarse á los que hablan de 
detener la naarcha de los aliados á la caj^tal del reino. 
Era por desgracia cierto que el ejército aliado de 
Portugal, mandado por el marqués de las Minas y 
por el general inglés milord Galloway, se había apo- 
.derado de Alcántara (U de abril), rindiendo y ha- 
ciendo prisioneros de guerra por capiUilacion á diez 
batallones que la defendían con el gobernador ma- 
riscal don Miguel Gaseo. Error grande de nuestros 
generales encerrar diez batallones en una plaza do- 
minada pw la montaña, para cuya defensa eo lo po- 
sible habría sido igual uno solo ^'^ Peno esto provino, 

(4) Los prisioneros qu6 se hi- de diferentes calibres; cinco mil 

cieron fueron cuatro mil soldados fusiles ; doscientos quintales de 

efectÍYOs, sin contar lodos los ge- pólvora; mil ochocien^s cajas de 

les y oficiales, con quinientos sol- ¿alas de fusil; mil guinientas bala« 

dados enfermos y heridos: se oo* de canon; oobooientas bombas; 

gieren seaenta piezas de arUUeria tres mil fanegas de trigo; seis mil 



1 44 HISTORIA DB ESPAÑA. 

dice un escritor español contemporáneo, de que el 
mariscal de Berwick, nombrado de nuevo general 
en gefe del ejército^de la frontera portuguesa, obraba 
asi por instrucción del duque de Borgoña, á qnien 
este escritor supone siempre, y no infundadamente, 
autor del designio de ir arruinando la España. Y á la 
verdad , la conducta de Berwick no parecía abonar 
mucho su buen propósito. Porque habiendo pasado 
los aliados el Tajo, tomado de paso alguoas villas, 
detenídose dos dias en Coria, y saliendo luego á bus- 
car al de Berwick, que se fortificaba junto á Plasen- 
cia, fuese éste retirando, no obstante contar con diez 
batallones de infantería y cuatro mil ginetes, dejando 
á los enemigos que ocuparan á Plasencia (28 de abril). 
De retirada en retirada, y avanzando á su vez los 
aliados hasta el famoso puente de Almaraz (4 de ma- 
yo), ya habian comenzado á hacer minas para volar- 
le; mas recelando dar lugar á que se uniera á Ber- 
wick el marqués de Bay con las tropas que guarnecian 
á Badajoz, discurrieron en consejo de guerra la direc- 
ción que deberían tomar: milord Galloway era de 
opinión de perseguir á Berwick hasta la capital, y 
hasta arrojarle de Castilla; el marqués de las Minas y 
los suyos fueron de parecer de ir á sitiar á Ciudad- 
Rodrigo, y este dictamen fué el que prevaleció. 



de cebada; gran cantidad de yino, -^Macanaz , Memorias^ cap. 52. 
aceite y ganados; doce mit casacas — San Felipe, Gomentarios.^Be'- 
naevas, y doscientos cinco caballos, lando, Historia Civil, tom. 1. 



PARTE II1# LIBIO VU 145 

A vista de tantos peligros y reveses, la reina Ma - 
ría Luisa que gobernaba el reino con su acostumbra- 
da eficacia, hacia rogativas públicas, escribia á las ciu- 
dades, movia á los prelados, escitaba el patriotismo 
de los nobles, estimulaba á todos á la defensa del 
reino. Imponderable fué el entusiasmo con que las .^ 
provincias leales respondieron á las escitaciones de la 
joven soberana. Sevilla, Granada, todas las Andalu- 
cías se pusieron en armas y proporcionaron recursos 
de guerra. Ejecutó lo mismo Estremadura. Navarra y 
las Provincias Vascongadas hicieron donativos. La uni- 
versidad y la iglesia de Salamanca ofrecieron sus ren- 
tas: Falencia y otras ciudades de Castilla dieron pro- 
visiones y dinero: los nobles de Galicia se armaron, 
y sus milicias penetraron en Portugal guiadas por don 
Alonso Correa. Los gremios de Madrid, el concejo de 
la Mesta, las órdenes militares que presidia el duque 
de Veragua, el corregidor y los capitulares do la vi- 
lla, todos los nobles de la corto se regimenlaron , y 
salieron á caballo, divididos en cuatro cuerpos, lle- 
vando por coroneles y cabos al corregidor y regidores 

y á los señores de la primera grandeza,. Toda España 

« 

se puso en armas y en movimiento, Hispuoslo cada 
uno á ir donde se le ordenara. 

Los aliados entretanto rindieron á Ciudad-Rodrigo 

(fin de mayo, 1706), después de resislií^ valerosarpen- 

tepor ocho dias el solo regimiento que con algunas 

milicias habia en la plaza. Ya se estaba viendo al 

Tomo xvih. ' 10 



146 HISTOBIA DB BSPAfU. 

enemigo marchar sobre Madrid, y á impedirlo cob - 
curriaa todas las tropas, en cayo estado llegó el rey 
á la corle (6 de junio) de vuelta de su malhadada es* 
pedición á Barcelona. En el momento resolvió juntar 
cuanta gente pudiera, y salir él mismo á campaña , y 
así se lo participó á los Consejos. Mas como quiera 
que el enemigo se fuese aproximando á la capital, qui- 
so poner en seguridad la reina , por lo que pudiera 
sobrevenir, y dispuso que saliera á Guadaiajara coa 
lodos los Consejos y tribunales. Verificóse asi el 20 de 
junio (1706), y la mañana del día siguiente partió 
también el rey en dirección de Fuencarral, ofreciéndo- 
se á servirle y sacrificarse por él todos los moradores 
de la corte, á quienes enternecido manifestó su agra- 
decimiento. 

A tiempo salieron los reyes de Madrid. Porque el 
mismo dia 20 se hallaba ya el ejército enemigo en el 
Espinar, y avanzando por el puerto de Guadarrama 
acampó el 24 á las cuatro leguas de Madrid, de donde 
al siguiente dia^ se adelantó el conde de Jillaverde 
con dos mil caballos á pedir á la corte la obediencia 
al rey Carlos III. de Austria. La corte se prestó á ello 
sin dificultad, porque asi lo habla dejado prevenido el 
mismo Felipe Y. para evitar violencias y desgracias, 
y asi se lo advirtió al corregidor don Fernando de 
^latanza, marqués de Fuente-Pelayot en las instruc- 
ciones que le dejó, por cuya docilidad el conde de 
Víllaverde le mandó continuar en su puesto hasta 



PAETB III. LIBRO VI. 1 47 

i 
t 

nueva órdeo. Desde el 27 de junio hasta el 5 de julio 
acamparon los enemigos en la ribera del Manzanares 
desde el Pardo hasta la Granja de San Gerónimo. Eñ 
este intermedio fué aclamado en Madrid el archiduque 
con el nombre de Carlos III. rey de España, ^pero pre- 
sentando la población tal aspecto de tristeza que mas 
parecía función de luto que fiesta de regocijo. En la 
Plaza Mayor, punto principal de la solemnidad, no 
había mas concurrencia que la gente qu e asistia de ofi- 
cio, y algunas turbas de muchachos á quienes milord 
Galloway y el marqués de las Minas mandaron arro- 
jar dinero en abundancia para que echaran vivas; pero 
ellos gritaban: «Vtt^a Carlos IIL mientras dure el 
echamos dinero.^ Costó trabajo hallar un regidor que 
llevara el estandarte, porque todos se fingían enfer*- 
mos. Advertíase cierto aire mustio en todos los sem- 
blantes, reflejo del disgusto y la pena que embarga- 
ba los corazones ; y la prueba de qu^ el sentimiento 
era general fué que en una capital tan populosa ape- 
nas llegaron á trescientas personas las que se mostra- 
ron espontáneamente adictas al nuevo soberano ; solo 
la tropa se vistió de gala, y los generales del archidu- 
que tuvieron muchas ocasiones de conocer cuánta era 
la adhesión de los castellanos al rey don Felipe ^^K 

(4) «Fué, dice aa escritor con- ni aan eo los muchachos: y ha- 

temporéoeo, la función mas silen- llnndost» el marqués de las Mioas 

ciosa que se ha visto del género, á ver el acto en un' b íleon de la 

Por mas que voceaba la divisa plaza Mayor, ios provocó arro-r 

amarilla de qae se adornaron to- jando algunas monedas de oro y 

dos. no halló correspond^ocia, plata; acción que mudó el teatro 



1 48 01ST0R1A DB ESPaSa. 

Para dar mas autoridad á las medidas de gobier- 
no, mandaron reunir y funcionar los consejos y tribu- 
nales, bien que no hubieran quedado sino los enfer- 
mos y algunos otros que por falta de carruage ú otras 
causas no habian podido seguir á la reina ^^). Hicieron 
timbrar papel con el sello y nombre de Garlos III., y 
en él comenzaron á circular provisiones y ordenanzas; 
mas los pueblos en Vez de cumplirlas las enviaban ori- 
ginales á su legítimo rey, y se negaron á recibir el 
papel sellado que se les distribuia. La ciudad de To- 
ledo fué una de las que mas pronto prestaron obe- 

de fúnebre en alegre, y de silen- iipc F. — "^wi ahora juráis dCdr^ 

cío en grita, que duró lo que lar- los HL—De ninguna manerai si 

daron en recoger las monedas.» Carlos III. hubiera venido antes^ 

El mismo escritor pone una y ya le hubiera jurado, tampoco 

relación nominal de las personas juraria ahora d otro, — ^No nubo 

notables que acompañaron el es- medio de- reducirle, y el marqués 

tan4arte de la proclamación , y tuvo que nombrar otro alcalde, 

í^on entro todas cuarenta y una. Cuéntense muchas de esias aneo- 

— Seman. Erudito, tom. VII. p. 96. dolas que demuestran el espíritu 

Preguntó el marqués de las deloueblo. 
Minas al zapatero que llamó para (f) tLa sala de >/llcaldes, dice 
que lo calzara , quién era su rey. Macanas^ fué la peor, por haberse 
^•Felipe V., le respondió. — Pues puesto por presidente un loco sin 
ya no es, dijo el de las Minas, ni letras, incapaz masque de barba- 
debe ser sino Cdrlos ¡IL — Señor, ridades (sic).» Pero en el Consejo 
le replicó, la Bula de la Santa de Castilla no faltó Quien dijera 
Cf c zada que se nos ha dado este con mucha firmeza de carácter, 
07)0 es por Felipe V.; ella nos en- que todo lo que se hacia era ou- 
seiia ua ue le debemos tener por lo. — Memorias, cap. 53. 
nuestro rey, y asi lo haremos to- Con la reina fueron la prince- 
dos.i> Habiendo ido el de las Mí- sa de los Ursinos , el conde de 
ñas á Castejon, preguntó al ulcal- Santistehan, el marqués de Cas- 
de por quién tenia la vara. *La tui-Aodrigo, una azafata, una mo- 
tenfjo, respondió, por el rey Feli- za de retrete, el tesorero y el 9p0' 
pe V. — El marqués se la tomó, y sentador. Las demás camaristas y 
\ülv leudo á entregársela le dijo: damas, ó se refugiaron á los con- 
*Pues ahora la terteis por Car- ventos, como muchas señoras de 
los ///.—Y como se resistiese á la grandeza, ó se fueron á las ca- 
tomarla y le pregunt.'^ra por qué, sas do sus parientes. — Notirias 
contestó: ^Porque he jurado d Fe- individuales de los sucesos, etc. 












PABTB lili LIBRO VI. 1 49 

dieocia al archiduque, por la circuostaocía de residir 
allí la reina viuda de Garlos IL , doña Maríaua de 
Neubarg, naturalmente afecta á un príncipe de su fa- 
milia. Pero no tardó tampoco aquella ciudad en vol- 
ver á proclamar á Felipe. 4 rieisgo de que le hubiera 
costado muy caro, porque la viuda de Carlos 11. fué 
insultada, y presos y maltratados algunos de sus do- 
mésticos y servidores. También Segovia volvió pronto 
á aclamar al rey don Felipe, tomando las armas los 
fabricantes de paños: y el obispo don Baltasar de Men- 
doza, partidario del archiduque, porque esperaba ser 
repuesto en el empleo de inquisidor general de que 
habia sido privado^ tuvo que salir huyendo á Madrid, 
disfrazado de militar y acompañado de su sobrina la 
marquesa de San Torcaz. Por cierto que dieron en 
manos de una partida de caballería del rey Felipe, y 
ambos fueron llevados prisioneros. Los aliados no do- 
minaban sino en los pueblos que ocupaban militar- 
mente; tan pronto como los evacuaban, ya no se re- 
conocía alli la autoridad de Garlos III. 

Felipe dispuso que la reina y los consejos se tras- 
ladaran á Burgos para mayor seguridad; y asi se ve- 
rificó, después de pasar un gran susto producido por 
una noticia equivocada, á saber, que los enemigos te- 

4 

nian interceptado el puerto de Somosierra , siendo asi 
que quien le ocupaba era el general Amézaga con tro- 
pas reales para proteger el paso de la reina. Las fal- 
sus noticias que se. propalaban y hacían circular de 



1 so HISTORIA DB ESPAÜ A. 

que todo estaba perdido, de que el rey solo trataba de 
retirarse á Fraucia coa cautela, y otras semejantes, 
desalentaron de tal modo á sus partidarios, que los 
mismos de su ejército le abandonaban, desbandában- 
se las tropas, y hasta el regimiento de caballería de 
las Ordenes militares se desertaba para volverse á la 
corte. Súpolo Felipe en el convento de Sopetran, don- 
de se detuvo unos d!as: reunió los ministros, grandes 
y generales, á todos los de la comitiva: les hizo ver la 
falsedad de las noticias que los tenian alarmados; les 
aseguró que nunca jamás saldría de España; asi no 
me quedara, añadió, mas tierra que la necesaria para 
poner los pies, alli moriría con la espada en la mano 
defendiéndola :y> y tales cosas les 'dijo, y con tanta 
energía les habló, y tal ánimo supo inspirarles, que 
todos, grandes, ministros, generales y oficiales, á 
una voz y con lágrimas en los ojos, le ofrecieron mo- 
rir en su servicio y no abandonarle nunca. Con esto 
montó á caballo, revistó las tropas, y las arengó con 
tal fuego, que los soldados prorumpieron en vivas, 
juraron todos perder la vida en su defensa, y nadie 
desertó ya más. Súpose también á este tiempo que en 
los cuatro reinos de Andalucía se habia juntado un 
poderoso ejército de treinta mil infantes y veinte mil 
caballos, pronto ya á partir en socorro de S. M.: con ' 
que el desánimo que antes se advertia en los reales 
se trocó en animación y en regocijo. El marqués de 
las Minas pasó con su ejército á Alcalá (12 de ju- 



PAUTE III. LIBRO TI. 151 

lio, 1706), y el rey se retiró á Jadraque y Aiienza, 
donde se le juntó la gbote de Somosierra, quedando 
solo un cuerpo para cortar el paso del Guadar- 
rama. 

Mas no faltaban pof otras partes reveses é infor- 
tunios. En Valencia t después que el conde de las Tor- 
res levantó'el sitio de Játíva y vino á incorporarse á 
las tropas de Castilla^ Basset y Nebot quedaron ense- 
ñoreándose de aquel reino» vengándose de los adictos 
al rey» apoderándose de sus caudales» y reduciendo 
poblaciones» entre otras la villa de Roqueña, cuyo$ 
habitantes en unión con el comandante Bétancour» re- 
sistieron por espacio de un mes conoin valor digno de 
toda alabanza. Y el general inglés Peterborough, que 
volvió de Barcelona á Valencia, publicando indultos 
solemnes á nombre de Carlos IH.» como dueño ya del 
país, y ofreciendo la conservación de todos sus em- 
pleos» grados y honores á los que dejaran el servicio 
del duque de Anjou (como él decia siempre}» hacia 
vacilar la lealtad de nuestras escasas tropas en aquel 
reino, y aun arrastró á la defección algunos gefes. El 
marqués de Raphal» que mandaba en la parte de Ori- 
huela» se unió á los rebeldes, é hizo que la ciudad 
proclamara al archiduque. El conde de Santa Cruz» 
gobernador de las galeras de España» que se hallaba 
en Cartagena» y á quien se le dieron 57»000 pesos 
para el socorro de Oran que se encontraba estrechada 
por los moros» en lugar de enderezar la proa aí Africaí 



152 HISTOEJA DE ESPAÑA. 

se fué á buscíar la armada enemiga mandada por Lake, 
y con sus galeras proclamó al archiduque. Y no con- 
tento con esto el traidor Santa Cruz, indujo al almiran- 
te inglés y le proporcionó los medios de apoderarse de 
la importante plaza de Cartagena. Peligraba Murcia, 
y era amenazada la fidelísima Alicante, para no lar- 
dar en caer ambas bajo el dominio y poder de los ene- 
migos de Felipe í*^ 

Mas no era esto loque acontecía de mas adverso. 
El archiduque, desembarazado del sitio de Barcelona, 
y sabedor de que su ejército de Portugal venia sobre 
Madrid, resolvió venir él también en persona, con la 

(J) Era notable la decisión y el rigiese su defensa, resolvieron 

ardor con que los pueblos de Va- nque aunque toda España se per- 

wncia y Murcia abrazaban una ú diese, Bañeres se mantendría, y 

^^j^a causa. Entre las mochas ad- que Felipe V, seria siempre rey de 

n^'rables defensas á que esta de Bañeres.» Enfurecido Basset con 

cisión dio lugar, merece mencio- tan arrogante reto de un pueblo 

narse la de un pequeño lugar de miserable, hizo prender á la mu- 

Valencia llamado Bañeres, coloca- ger y suegra del francés Casama- 

do en una altura no dominada por yor que estaban en Játiva,y envió- 

ninguna otra. Los vecinos de este le á decir que si no hacia que se 

liigarcito, decididos por Felipe V. rindiera el lugar las ahorcaría, 

dejaban encomendada la guarda Contestó el francés que él no tenia 

del pueblo á sus mugeres é hijos, mas esposa ni mas suegra que «1 

V ellos salían á correr la tierra, de conservar aquel lugar á su rey 

I levándase ganados y trigo, y desa- Felipe V., y que asi hiciera lo que 

fiando el poder de Basset, no quisiese, que no faltarían traidores 

obstante estar ya casi todo el rei- en quienes vendar tal agravio, 

no de VSilencia por el archiduque. Basset hizo dar á la uoa dbscien* 

Cuando supieron qne el rey habia tos azotes por las calles de Játiva, 

salido de la corte y que los enemi- y sacar á la dtra á la vergüenza! 

gOR la o'vUpaban, tuvieron ellos su ambas montadas en polliiios, y 

especie de consejo para ver lo que luego las arrojó de la ciudad/di- 

hjbian de hacer, y de acuerdo con ciendo que si volvían serian ahor- 

uo francés, nombrado Raimundo cadas. Ellas pasaron á Viilena, y 

<'e Casamayor, fugitivo de Játiva Casamayor continuó defendiendo 

p< r las tiranías que Basset ejecu • á B^ih^rcs. — Macanaz, Memorias 

taba en los de su nación , y á í'ap. 53. ' 

quien ellos llamaron para que di- 



PABTE III. LIBBO TI. 153 

coofiaDza de entrar síq obstáculo en la corte. Con este 
propósito partió de Barcelona el 23 de junio (1706): 
sa ánimo era hacer la jornada por Valencia; mas co- 
mo en Tarragona recibiese la nueva de haberle acla- 
mado por su rey Zaragoza y todo el reino de Aragón, 
determinó variar de rumbo y venir por este reino. En 
efecto, el 29 de junio desató la ciudad de Zaragoza 
los flojos lazos de la obediencia que de mala gana es- 
taba ya prestando al rey Felipe Y., proclamó á Car- 
los III. de Austria, y envió cartas y despachos á todo 
el reino para que hiciese lo mismo. Los obispos de 
Huesca y de Albarracin se apresuraron á levantar las 
ciudades y pueblos de sus diócesis: ejecutaron lo pro- 
I piolas comuni(]ades de Galatayud, Daroca, Teruel, 
^ Caotavieja, Alcañiz y otras; las milicias se negaron á 
seguir al conde de Guara, que tuvo que fugarse á 
media noche de Barbastro por habérsele rebelado la 
ciudad. En fín, todo el reino se alzó en rebelión, sino 
es Tarazona y Borja , y la plaza de Jaca y castillos 
de Canfranc y Ainsa, merced al socorro que á instan- 
cias del rey les llevó el gobernador francés do Bear- 
nc, cruzando con gran trabajo porMo mas áspero de 
las montañas; y allá acudió también el virey nueva** 
mente nombrado de Aragón, don Fr. Antonio de So- 
lis, obispo de Lérida, que andaba como fugitivo por 
la frontera de Navarra. 

El famoso agit^^dor conde de Cifuentes escribió 
desde Tarragona á los labradores y menestrales de 



1 54 HISTOEU DE 

Zaragoza felicitándoles por su alzamiento ^^^ . Las tro-- 
pas aliadas y catalanas se adelantaron á entrar eo Za- 
ragoza el 4 de julio; y el archiduque, que habiendo 
partido el 3 de Tarragona» no llegó hasta el 45, fué 
recibido con grandes regocijos y luminarias. Estuvo, 
no obstante, dos dias sin salir de palacio, hasta hacer 
la entrada pública y solemne, que veriñcó el 1 8. Em- 
pleó los di^s siguientes en nombrar justicia mayor, 
y ministros del Consejo de Aragón y de la real Au- 
diencia; hizo publicar un edicto mandando salir de la 
ciudad y del reino á todos los franceses, al modo que 
lo habian hecho ya Basset y Nebot en Valencia ^'^; 
escribió una afectuosa carta de gracias á los labrado- 
res y gremios de las parroquias de San Pablo y la 
Magda lena ¡asistió á una corrida de toros con que le 

(4) «A los señores labradores catatanes ni valencianos: pues n 
(decia este documento] de la im- este Principado se movió, fué en 
perial ciudad de Zaragoza, y de- vista de una armada y con la pre- 
roas gremios y artesanos de ella, sencia del rey; y si lo ejecutó Va- 
que Dios guarde muchos años. — lencia fué preciso que pasasen tro- 
Señores mies: el suceso del día 29 pas para ' poderlos cubrir, etc.— 
del mes pasado de babor procla- Tarragona, i.° do julio do 4706.— 
mudo á nuestro rey esa ciudad, y B. L. M. de vuestras mercedes su 
de quedar ocupado el fuerte por servidor; El conde de C\fumU*% 
la influencia y disposición de vues- Alférez mayor de Castilla.» 
tras mercedes y aem»s amigos, he (i) Pero al salir los franceses 
celebrado con especial jubilo, co- en cumplimiento del bando, eran 
mo tan interesado, asi por las gio- muertos 6 maltratados por los na- 
rias que merece esa ciudad, como turalos ó por los soldados del ar* 
por lo que logra S. M., á quien al chiduque. Basset y Nebot en Va- 
mismo tiempo que tuve estas nue- Icocia hicieron cosas horribles con 
vas tas puse en su real noticia; y algunos. Los desnudaron, los em- 
yo lleno de sanidad pa^é á pon- barcaron atados, y á unos en?is- 
derar á S. M. la acción tan gene- ~ron como en triunfo á Barcelona, 
rosa que han hecho los aragone- y á otros hundieron en el msr. 
ses, pues hallándose sin tropas han dando barreno al barco en que los 
ejecutado con fina voluntad yglo- llevaban, 
rioso ánimo lo que noiiicieron los 



r 



PARTB IIK LIBRO VI. i 55 

obsequió la cíadad» y á 'una grao mascarada con que 
i le festejó la cofradía de San Jorge; dio el grado de 
capitenes á todos los mayordomos de los gremios; for- 
mó una junta para el secuestro y administración de 
las rentas de los eclesiásticos que seguian el partido 
del rey, y, sin jurar sus fueros á los aragoneses, ni 
estos reclamarlos, partió de Zaragoza (2i de ju- 
lio, 1 706») en dirección de la corte y á reunirse á su 
ejército de Castilla. 

Abiertas comunicaciones y pudiendo ponerse en 
combinacioQ los tres ejércitos enemigos , el del ar- 
chiduque que venia de Zaragoza, el de Valencia man- 
dado por Peterborougb , nombrado ya embajador de 
Inglaterra, y el del marqués de las Minas que había 
estado en Madrid, y ocupaba á Alcalá y sus inmedia-» 
ciooes, y avanzaba á Ggadalajara y Jadraque á reci- 
bir é incorporarse á su rey (28 de julio), parecia no 
podia ser mas crítica la situación de Felipe V. dete- 
nido en Atienza hasta que se le juntaran las tropas 
francesas que le enviaba Luis XIV. su abuelo. Llega- 
ron éstas al fin tan oportunamente, que poniéndose al 
punto en movimiento formó su campo el dia mismo 
que el de las Minas entró en Jadraque ^^\ De alli sa- 
lieron los generales aliados á reconocer nuestro cam- 



(4) tAqaí pcrdi parte de mi ruando sus partidas entraron en 

ropa, dice Macanaz, porque el dia la villa, harto hizo cada uno de 

que entraron los enemigos (en tomar su caballo y retirarse.^» — 

Jidraqae) no tove tiempo de re- Memorias, cap. 56. 
tirarla, pues estando comiendo 



1 56 HISTORIA DB ESPAÑA. 

pamealo desde una colina; el general portugués fué 
de opinión de que debía darse la batalla , porque cre- 
yó que las muchas tiendas que se veian eran engaño 
y artificio : el inglés Galloway fué de sentir que no 
solo no debia intentarse, sino discurrir la manera de 
salvar el ejército. Y prevaleciendo su dictamen, asi 
lo ejecutaron, emprendiendo la retirada por la noche, 
sin tocar tambor ni trompeta. Las llamas de las casas 
que iban incendiando fueron las que avisaron á nues- 
tros reales la marcha y dirección de los enemigos, en 
la cual se los fué persiguiendo por la ribera del He- 
nares, picando siempre su retaguardia, matándoles al- 
guna gente, mezclándose á veces las tiendas, y obli- 
gándolos á pasar el rio, hasta Guadalajar^ donde hi- 
cieron alto. 

Determinóse entonces dar un golpe de mano atre- 
vido sobre la corte, el dia mismo que se creia habia 
de entraren ella el archiduque: y destacándose á los 
generales marqués de Legal y don Antonio del Valle 
con un cuerpo de caballería, cruzaron éstos el río, y 
por las alturas de San Torcaz cayeron antes de amane- 
cer sobre Alcalá, sorprendieron y cogieron á algunos 
que iban de la corte á besar la mano al archiduque, 
é interceptaron un gran convoy de provisiones. Allí 
se les incorporaron el marqués de Mejorada, secreta- 
rio del despacho universal, que iba con pliegos del 
rey para la villa de Madrid, don Lorenzo Mateo de 
Villamayor, alcalde de casa y corte , y don Alonso 



PÁRTB 111. LIBRO VI. 4 S7 

Pérez de Narvaez, conde de Jorosa, nombrado corre- 
gidor de Madrid en reemplazo dci ma^rqués de Fuente- 
l* Pelayo. Y saliendo iodos de Alcalá, enviaron delante 
UQ correo acompañado de dos guardias de corps» con 
carta para el procurador general de Madrid, en que se 
le prevenía que para las cuatro de la tarde tuviera reu- 
nido el ayuntamiento, para darle cuenta de un despa- 
cho del rey. El correo y los guardias entraron en Ma- 
drid al medio día (4 de agosto, 1706); el pueblo los 
conoció, y comenzó á gritar: / Viva Felipe Vi Al al- 
boroto que siguió á este grito montó á caballo el con- 
de de las Amayuelas que mandaba en Madrid por el 
archiduque, y con los miqueletes catalanes, aragone- 
ses y valencianos que tenia á sus órdenes acometió é* 
hizo fuego al pueblo, el cual enfurecido,sostenia con 
valor la refriega. Batiéndose estaban pueblo y mique- 
letes cuando llegaron Legal y Valle con sus escuadro- 
nes: ni una sola persona encontraron desde la puerta 
de Alcalá hasta el Buen Suceso. Alli habia ya gente: 
al ver tropas del rey, por todas las calles resonaron 
las voces de: ; Viva Felipe V! ¡ mueran los traidoresl 
Y el pueblo se apiñaba en derredor de la tropa f de 
modo que con mucho trabajo pudieron los escuadro- 
nes avanzar hasta la calle de Santiago, donde reeibie- 
roQ una descarga de los miqueletes, en tanto que por 
la parte de la casa de la villa se dejó ver el conde de 
las Amayuelas con gran plumero blanco en el sombre- 
ro. Dividiéndose entonces los escuadrones, soldados y 



n 



458 HISTORIA DB ESPAÑA. 

pueblo arremetieron por todas parles con tal furia, 
que, aunque á costa de alguna pérdida, lograron en- 
cerrar en palacio ai de las Amayuelas y sus miquele- 
tes, y desde alli continuaron haciendo fuego ; pero si- 
tiados, y no muy provistos de municiones, luvieroDal 
fín que capitular y rendirse, poniéndose á merced 
del rey <*^ , 

Dueñas otra vez de Madrid las tropas reales, tra- 
tóse de si babria de aclamarse de nuevo al rey, pero 
el mismo Felipe avisó que no se hiciese, puesto que 
Madrid no habia fallado nunca á-su obediencia y ñde- 
lidad, y solo por la fuerza se habia sujetado al eoemi. 
go. Acordóse entonces desaclamar, por decirlo asi, al 
archiduque. Al efecto se levantó un estrado en la 
Plaza Mayor, y saliendo de las casas de la villa el 
corregidor y ayuntamiento con gran comitiva, y ile- 
' vando á la rastra el pendón que se habia alzado para 

(1) Hubo 00 esta entrada de religioso de San Fraocisco de Pau- 
parte del pueblo los escesos que la, nombre revoltoso , qoe ya ha- 
casi siempre se cometen en tales bia sido otra vez preso por haber 
casos. Fueron saqueadas las casas intentadj rebelar é Granada.— El 
del Patriarca, del conde de San conde do San Juan, portugués, 
Pedro, 7 de otros que habiao sido que se hallaba en Villaverde coo 
* desleales. El Patriarca, el obispo ua fuerte destacamento de ceba- 
do Barcelona y los condes de Le- Heria, noticioso del suceso deMa- 
mus habían sido cogidos por las drid, hu>ó hacia Portugal por ca- 
tropas yendo camino de Alcalá á minos extraviados, pero eu lot 
recibir al archiduque, el cual pueblos de Castilla y Estremadu- 
creian que estaba ya en Alcalá, y ra, asi que conocian que eran por- 

2ue iba á entrar aquel día en Ma- tugueses é ingleses, en todas par«- 

rid. A algunos de estos se envió tes los recibían á tiros, hasta que 

fuera del reino, y á otros se los fueron acabaudo cop casi todo el 

destinó al castillo do Pamplona, destacamento, y por último á ci 

Allí fueron conducidos también el mismo le cogieron herido. BUc era 

conde do las Amayuelas y su su- el espíritu de los pueblos eo las 

'balterno fray .Francisco bnnchez, provincias del interior de EspaSs. 



PAHTl 111. UBBO VI. 



1&9 



9u proclamación, y enrollado un retrato del arehidu- 
qae con el acta original del juramento, se hizo la ce- 
remooia de quemar sollmnemente el estandarte» retra* 
to y acta» declarando intruso y tirano al archiduque 
Garios de Austria, con grande alegría del pueblo que 
coocorrió á esta función ^*K Quemóse igualmente todo 
él papel timbrado con su nombre, se inulilizaron los 
sellos, y se declaró nulo y de ningún valor todo lo 
actoado á nombre de Carlos IIL Los pocos que se ha- 
bian comprometido por el rey intruso andaban despa- 
voridos y se ocultaban donde podían: el pueblo pedia 
castigos; el alcalde de casa y corte don Lorenzo Mateo 
logró prender algunos; solo dos, un escribano y un 
maestro armero llaipado por apodo Caraquemada, 
fueron ahorcados por las infaníias que habían hecho; 
á los demás se los envió al castillo de Pamplona; casi 
sin formación de causa, y alli estuvieron muchos años, 
al cabo de los cuales hubo que ponerlos en libertad, 
por no resultar nada escrito contra ellos ^^K 

Habia en este tiempo llegado el archiduque á 
Goadalajara, donde ademas del ejército aliado le es- 
peraban el conde de Oropesa, el de Haro, el de Gal- 



(1) El rey dou Felipe detapro- desde Madrid y el campo donde se 

bó y sintió mucho lo ae la quema hallaba S. M. y son los sip^uieotes 

<i«l retrato, pero fué una exigen- (sigue la relación nominal). — MS. 

cía del pueblo é que no s<) creyó de la Real Academia de la Hislo- 

{Hádenle resistir. ría: Papeles de Jesuitas. — Otra re- 

(í) Memorias de los prisione- lacion se halla impresa en el to- 
fos qao entraron en el castillo de mo VIH. del Semanario Erudito, 
^smplona de orden de S. M. el juntamente con la de todos los que 
roy N. s. que fueron conducidos ao prendieron el A de agosto. 



/■ 



1G0 IllSTOElA DE BSPAÑA. 

vez, el de Tendilla, el de VillafraDqueza, el de Sásta- 

go, el del Casal, y otros grandes y títulos, castellaocs, 

catalanes, valeacianos y aragoneses de su partido. 

Mas luego que reconoció desde las alturas del Heoa*- 

res el campo del rey don Felipe, y supo la ocupación 

de Madrid, comprendió que no era tan fácil y Uaoo el 

éxito de su empresa como él se habia imaginado» y 

como á su llegada lo habia escrito á los reinos de 

Aragón, Cataluña y Valencia. Antes bien, cbmo viese 

á los nuestros en tren de no esquivar la batalla, tomó 

• 

el acuerdo de levantar el. campo de noche y con grao 
sigilo (1 1 de agosto), y encaminándose por la vega del 
Tajuña, con intento, á lo que se dijo, de quemar á 
Toledo en castigo de haber aclamado de nuevo al rey 
don Felipe, y sacar de alli.á la viuda de Carlos IL, 
tan adicta al principe de Austria como aborrecida y 
expuesta á los ultragcs del pueblo toledano, acampó 
entre el Tajo y el Jarama. Moviéronse también los 
nuestros, y por Alcalá y San Martin de la Vega fueron 
á peñerólos reales en Cienpozuelos (1 5 de agosto), es- 
tendiendo la derecha á Aranjuez, donde ya habian 
acudido seis mil hombres de las milicias de la Mancha 
con el marqués de Santa Cruz á su cabeza, á tiempo 
que en Toledo se juntaban otros diez mil; que de ésta 
manera brotaba hombres el suelo castellano para de- 
fender á Felipe de Borbon. 

A sacar de Toledo la reina viuda, y quitar de alli 
aquella especie de bandera viva de la casa de Aus- 



PABTB 111. LIBRO VI, 461 

tria, envió el rey desde Cieopozuelos al duque de 
Osuna con doscientos guardias de cor{)s« Trabajo le 
costó al de Osuna librar á aquella señora del furor de 
los toledanos, enconados contra ella por los actos de 
sórdida codicia con que antes y después de la muerte 
de su marido, ella y los suyos, en la corte y en aque-^ 
Ha ciudad se hablan señalado. Llevaba orden el de 
Osnna de sacarla del reino y acompañarla hasta Ba- 
yona, y asi lo ejecutó, bien que no pasó por pueblo 
fftkñáe ni pequeño en que la vfuda del último rey no 
fuera insultada y escarnecida, hasta arrojarle piedras 
y amenazarla con palos: que de esta manera salió 
aquella reina de un pais en que desde el principio no 
hizo méritos para ser bien recibida. 

Veíase el ejército del archiduque apurado de 
mantenimientos, como que el pais no los suministraba 
sino por fuerza, y de tan mala gana como de buena 
voluntad los facilitaba á las tropas del rey. Los con- 
voyes eran interceptados y cogidos por la multitud de 
partidas de tropa, de milicias y de paisanos, que los 
asaltaban al paso de los puentes y de los río&, y cor- 
rían incesantemente la tierra, y los acosaban sin 
tregua, llegando muchas veces á las mismas líneas y 
tiendas de los reales , haciendo prisioneros á centena- 
res y matando soldados y espías, y cortando las .co- 
municaciones y haciendo toda clase de daños. Y sí 
bien acudió á reforzar al archiduque un considerable 
cuerpo de valencianos, que de paso se apoderaron de 

Tomo xyiii. 11 



162 INSTORIA DE ESPAÜA* 

la ciudad de Cuenca, en cambio, sobre no serapeoas 
dueños del terrilorio que materialmente ocupaban, las 
Andalucías suministraban en abundancia milicias y re- 
cursos al rey don Felipe, Madrid le enviaba artillerfa 
y dinero, los pueblos leales del obispado de Tarazooa 
contenían á los aragoneses, la Mancha y Toledo seal- 
2aban casi en masa, de Castilla y León se habían jan* 
tado ocho mil hombres que dirigia el teniente general 
don Antonio de la Vega y Acebedo, Salamanca arroja- 
ba la guarnición portuguesa que había quedado pre- 
sidiándola; asi todo. De forma que el ejército del ar- 
chiduque y de los aliados sé enconti*aba en el centro 
de Castilla, pais que le era enemigo, sin víveres, aco- 
sado por todas partes, cortado el camino de la corte, 
é incomunicado con Portugal y con los tres reinos de 
Valencia, Aragón y Catalana que le eran adictos. 

En tal situación, contra el dictamen del marqués 
do las Minas» que hubiera querido y propuso la retí- 
rada á Portugal, acordaron el archiduque y los ingle* 
ses» holandeses y valencianos retroceder á Valencia; 
en cuya virtud pasaron la noche del 7 de setiem- 
bre (1706») trabajosamente el Tajo. Tan pronto como 
esto se supo, marchó en pos de ellos el ejército reai 
picándoles la retaguardia, hasta Uclés, donde se de- 
tuvo el rey don Felipe (1 4 de setiembre) para volver 
á Madrid, y disponer también la vuelta de la reina y 
los Consejos. Aunque de nuestro" ejército se desmem* 
braron muchas fuerzas, ya para escoltar al rey, ya 



PABTB IIU LIBEO VI. 



163 



para alentar y dar calor á las milicias de Tarazona, 
Borja y Tudela, ya para socorrer á los de Murcia, ya 
para cubrir las frouteras de Camila, y ya también para 
recobrar á Cuenca que quedaba * corlada , como en 
efecto se recuperó el 8 de octubre <*^, todavía fué bas- 
tante para perseguir al enemigo hasta mas allá del Jú- 
car. Atribuyóse por algunos á aviso secreto dado por ei 
duque de Berwick el no haber cortado y hecha prisio- 
neros á diez mil ingleses que quedaban en Yillanuéva 
de la Jara 9 y aun asi hubieron de dejar las tiendas, el 
tren del hospital con muchos heridos y enfermos, y 
todo cuanto podia embarazarlos; y tanto corrió nues- 
tra caballería, y tanta fué la confusión y aturdimien- 
to del enemigo, que para salvarse el archiduque tuvo 
que correr á toda brida con un piquete toda una tarde 
y noche hasta llegar al Campillo de Allobuey. 

Precipitando los unps su retirada, yéndoles los 
otros al alcance siempre; dejando aquellos á cada paso 

(O A esto fué destiuado el te- con tres piezas de artülerfa. Los 

nieote general don Gabriel de irlandeses que entre ellos babiA 

Hessy, con ttoa brigada de infan- se refugiaron á la catedral, de 

iería, dos regimientos de drago- donde salieron con la divisa de 

Des, doscientos caballos, veinte y España pidiendo seguir en núes* 

cinco compañías de granaderos j tras tropas, lo que se les concedió 

tres piezas. A los ocno dias de si- por ser Dueños católicos. Fué no* 

tiada y atacada la ciudad se rio- table el rasgo patriótico de un 

dieron quedando prisioneros de tecino de Cuenca, que viendo que 

guerra los enemigos, que eran, un su casa era la que impedia á núes- 

Seneral de batalla, un brigadier, tras tropas la entrada, se salió 

os coroneles, tros tenientes co- de ella con toda su familia, y la 

róñeles, cinco sargentos mayores, pegó fu^go por sus cuatro áñgii- 

oaeve ayudantes, veinte y cinco tos; en efecto entraron luego las 

capitanes, veinte y seis tenientes, tropas por alli, y se siguió la ren- 

cuarenta y un alféreces, sesenta y dicion. 
dos sargentos, do9 mil soldado», 



1 



164 , HISTORIA DE ESPAÑA. 

artillería y municiones, prisioneros y equipajes; unién** 
dose á éstos milicias y paisanos en los^pueblos del 
tránsito; el archiduque y" los suyos no pararon hasta 
internarse en el reino de Yaiencia; el mariscal de 
Berwick con los nuestros, marchando por Albacete> 
Chinchilla y Almansa, y prosiguiendo por Cándete á 
Yillena, EIda y Novelda, cayó sobre la gran villa de 
Elche, que tenia n sitiada los murcianos después de 
haber libertado á Murcia y entrado por asalto y sa- 
queado á Orihuela. A la vista del ejército de Berwidc 
se rindieron los de Elche, quedando prisioneros de 
guerra setecientos ingleses y trescientos valencianos^ 
con ciento cincuenta caballos, siendo tanto el trigo y 
cebada, aceite, jabón, muías, y otras provisiones y 
efectos que alli se encontraron, que hubo para mante^ 
ner y surtir el ejército por cuatro meses. Alli recibió 
el obispo de Murcia el título de virey de Valencia^ 
Una parte de nuestras tropas pasó á recobrar á Car- 
tagena, que se entregó á los cinco dias: halláronse 
en la plaza setenta y cinco piezas de bronce, una de 
ellas de extraordinaria magnitud, notable ademas por 
haberse cogido en la memorable batalla de Lepanto. 
Quedó por gobernador de Cartagena el mariscal de 
campo don Gabriel Mahoni, á quien ademas hizo mer- 
ced el rey del título de conde. Con esto, avanzada ya 
la estación, tomaron nuestras tropas cuarteles de in- 
vierno en aquellas fronteras. 
' Durante los sucesos de Castilla la Nueva que acá- 



PARTE m. LIBHO VI. 465 

hamos dé referir, habíase perdido la plaza.de Alicao* 
le qoe tanto se había distíaguido por su fidelidad» en- 
trando en ella- los holandeses é ingleses (8. de agos- 
to, 1706), y cometiendo grandes excesos y ultrajes en 
los habitantes y profanaciones escandalosas en los tem- 
plos, no podiendo hasta el 4 de setiembre rendir el 
castillo que defendia el mismo Mahoni que ahora re- 
cobró á Cartagena ^^K Asi los enemigos invernaron en 
Alicante y en lo interior del reino de Valencia. Las 
Vropas del rey tenian desde Orihuela hasta las puertas 
de Alicante, y desde Jijona y Elche y Hoya de Casta- 
Ua, hasta Elda, Novelda y Salinas, corriendo la línea 
& Yillena, Fuente de la Higuera y Almansa. 

Calcúlase en doce mil hombres el número de pri- 
sioneros que se hicieron á los ejércitos del archiduque, 
sin contar los oficiales, desde el campo de Jadraque 
hasta la toma de Elche. Y al modo que desde las fron- 
teras'de Portugal hasta Madrid habia venido el mar- 
qués de laslfinas acosando constantemente al duque 
de Berwick, en términos que solia decir el general 
portugués con cierto donaire, que llevaba al duque de 
Berwick de aposentador ^ asi en la retirada á Valencia 
pudo decir el de Berwick que llevaba de aposentador 
al marqués de las Minas. 

Al terminar esta campaña la situación habia cam- 
biado de todo punto. En la primavera todo parecía 

(i) El almipauto inglés Lake, allí coa su armada á las Baleares, 
que tomó á AÜcaate, pasó desde y riadió á Mallorca é Ibiza. 



166 HISTOmU DB E8PAÍA. 

perdido para Felipe Y. de Borbon, en el otoño pare- 
cía qae todo iba á perderse para el archiduque Garlos 
de Austria. Debióse este resultado, mas á la decisioa 
y á los sacrificios de las provincias que á la habilidad 
y á los esfuerzos de los generales. Vizcaya hizo do- 
nativos y cuidó de la defensa de sus puertos. Galicia, 
ademas de cubrir sus fronteras y sus costas, hizo di- 
ferentes entradas en Portugal. Estremadura hizo tam- 
bién invasiones ventajosas en aquel reino , y estuvo 
siempre en armas. León y Castilla la Vieja enviaron 
gran número de milicias, mantenidas y uniformadas á 
sos expensas. Sevilla suministró diez regimientos de 
infantería y cuatro de caballería, aprontó cincuenta 
cañones y socorrió á Ceuta. Córdoba y Jaén cubrie* 
ron los puertos de Sierra Morena, y dieron veinte mil 
hombres armados y vestidos. Málaga, con su obispo 
y su iglesia, Almería y Granada, todas aprontaron 
hombres y dinero. Murcia riBsistió admirablemente á 
los valencianos, y sus milicias no reposaron un mo- 
mento. Madrid, Segovia, Toledo, Ciudad Real y la 
Mancha se puede decir que se alzaron en masa con- 
tra los ejércitos del archiduque. Rioja, Molina y Na- 
varra, en unión con Tarazona y Borja, contenían á los 
aragoneses. Los de Bearne contribuian á sostener la 
plaza de Jaca, y Rosas se mantenía firme aun después 
de rebelarse toda Cataluña, mientras en ambas Casti- 
llas no habia pueblo grande ni pequeño que no acu- 
diera á la defensa de su patria y de su rey. 



t 



I 

r 

1 



PARTB III. LIBEO VI. 167 

Esfuerzos digDos de particular elogio hicieroa al* 
ganas poblaciones. Entre otras muchas se señaló la 
ciudad de Salamaaca, no solo por el ímpetu con que 
sacudió el yugo de la guarnición portuguesa que á su 
paso para Madrid habia dejado el marqués dé las Mi-' 
ñas» sino por la heroica defensa que hizo después con- 
tra un cuerpo de ocho mil portugueses llevando por 
general á un hijo del .marqués de las Minas (setiem- 
bre, 4 706). Habíase quedado la ciudad sin un solo 
soldado; que aunque León y Castilla le enviaron ocho 
mil hombres de sus milicias, salió con ellos el general 
Vega y Acebedo , diciendo que iba á detener á los 

• 

enemigos; y aunque luego reunió hasta catorce mil 
ct)n la gente que del país se le incorporó^ y con algu- 
nos regimientos que le envió el rey desde Cieopozue* 
los, no se atrevió, ó no quiso ir al socorro de la ciu- 
dad^ so protesto de que era gente irregular é indisci-. 
plinada. A pesar de todo la ciudad resolvió defender- 
se. El obispo, el cabildo catedral, el clero todo, todas 
las comunidades religiosas, el corregidor y ayunta- 
miento, todos los doctores y alumnos de l^t universi- 
dad, los de los colegios mayores, la nobleza, el pue-^ 
blo entero, hasta las mugeres, todos sin distinción se 
armaron como pudieron, todos ofrecieron sus hacien- 
das y sus vidas, todos ocuparon gustosos los puestos 
que les fueron señalados, todos los defendieron con 
admirable bizarría. Los portugueses tenian que ir 
conquistando convento por convento, colegio por co- 



168 HlSTOmiA DB BSPAÍfA. 

legio, casa par casa ; hasta que se pidió capitalacíon, 
y se obtuvo may honrosa, obligáadose la ciudad á 
pagar doscientos mil pesos. Aun de estes no llegó á 
entregarse sino una parte, ni los portugueses ocupa* 
ron la ciudad, porque con noticia que tuvieron ya en- 
toncos de la retirada del marqués de las Minas con el 
archiduque á Valencia^ ellos también se retiraron á 
Ciudad-Rodrigo, contentándose con destruir las mu- 
rallas y llevarse en rehenes al gobernador y corregi- 
dor, y otras personas notables y vecinos mas aco- 
modados. 

. Mas no se crea por eso que esta decisión y este 
entusiasmo eran esclusivamente propios de las pobla- 
ciones que se mantuvieron ñeles á la causa de 
Felipe y. Con igual empeño y con igual ardor se con- 
ducian los que tomaron partida por Carlos de Austria, 
que fué una de las circunstancias mas notables de esta ' 
guerra. Ya hemos visto el frenesí con que se declaró 
Cataluña por el austríaco ^^^ Los aragoneses lo tomaron 

(4) E) espirita de los catalanes mismo sentido, con lo caal mante- 

y su delirio por Garlos de Austria nian vivo en el país el odio á Fe- 

7 contra todo lo que fuese francés lípe de Anjeo,. Luis XIV. y los 

se manifestaba, no tanto por loa. franceses, y la adhesión á Garlos 

hechos de armas y por la defensa* de Austria y los aliados. Porejem- 

de sus plazas y pueolos, como por pío: Apologético de España con» 

sus escritos y publicaciones. Ado- tra Francia: — La Fratusia con 

mas de las muchas Alegaciones en (ur&antó:— Clári!^db la suropa: 

derecho que en diversas formas y Hipocresía descifrada^ España ad- 

en variada ostensión dieron a luz vertida, verdad declarada: — Ver- 

sobre el que pretendían tener el dad armada de razón: — Profe* 

archiduque á la corona de España, cias de un ermitaño cU dugíie de 

y quo corren todavía impresos, Anjouc—Clámors de Barcelona al 

publicaron multitud de folletos, tira gohem de Velasco: — Egeroi' 

opúsculos y escntoi sueltos en el ctos poéticos á Cdrlos ÍU, y Cata* 



sf 



;.r 



PABTB III. LIBM Vh 469 

COQ el mismo calor; y solamente la ciudad de Zarago- 
za paso en armas cuarenta y seis compañías de infan- 
tería y diez y seis decabaüerfa, ademasde trescientos 
Tolantaríos armados; y á este respecto las demás co- 
manidades de Aragón y de Valencia qoe abrazaron 
aqoel partido. Cada cual parecía haberse decidido 
por una de las causas con la mas sincera convicción y 
la mas fervorosa buena fé« Lo mismo acontecia con 
la clase de la nobleza, y lo propio con el clero. Si los 
clérigos^ y las comunidades, y los obispos de Salaman. 
ca, de Murcia, de Málaga, de Calahorra y de otras 
ciodades y diócesis adictas á Felipe de Borbon toma- 
ron la espada y pelearon como soldados aguerridos, 
obispos y clérigos acaudillaban las huestes que com- 
haüan por Carlos de Austria; y los mongos del monas* 
terio de San Yictorian en Aragón estuvieron susten- 
tando á su costa todos los rebeldes mientras duró el. 
sitio del castillo de Ainsa, y tuvieron expuestos al pú- 
blico los cuerpos de San Yictorian, de San Gandióse, 



[ Ulna: Norabona á la-ExcelmtUima ro con sus candados para ponerlas 
* ciudad de Barcelona: — Multitud á los catalanes, y unos pinchos 
de poesías, apologéticos, invectí- muy aguaos para que despedaza- 
vas y oraciones á cada suceso ad- sen á los que arrimaran el cuerpo 
verso 6 próspero. — ^Ellos escribie- á ellas: que habia un sinnúmero de 
ron y publicaron que durante el cuerdas para ahorcar alas personas 
sitio de Barcelona babian visto á mayores, y de marcas de hierro 
Santa Eulalia al lado del archidu- para marcar en la cnra á los niños 
que sin separarse un momento: que no pasaran de siete años: con 
que las religiosas capuchinas vie- otras no menos ridiculas fábulas ó 
roneo el cielo una cruz cuyo pié invenciones, propias para avivar 
tocaba en la ciudad^con los brazos el encono de los catalanes á los 
sobre el castillo de Monjuich; que fr^ancesos y á todos los partidario» 
en el campo enemigo habían ha- de Felipe V. 
Hado siete mW esposas de hier- 



479, H15T0EU DB BSPARA. 

de San Alvioo y San Nazario hasta que se riodió él 
castillo. 

Así la lucha, especialmente en Aragón y Valen- 
cia , entre los pueblos que se mantuvieron ó se pro- 
nunciaron por uno de los dos partidos, era encarniza- 
da y cruel, y tas villas y lugares que mútuameale 
se tomaban eran sin piedad saqueadas y ferozmente 
dadas al incendio y al degüello; lucha en cuyos por- 
menores no>nos es dado entrar, porque exigiría lar- 
gos capítulos por si sola , y pueden verse en las hislo- 
pias particulares de esta guerra. 

Hemos referido los hechos principales de ella has- 
ta fin del año 1706, en que se dieron algún reposo 
las armas, y época en que desembarazado ya de ene* 
migos el interior de España pudo Felipe Y\ restituirse 
con seguridad á la corte. Partió, en efecto, en esta di* 
receten desde Deles (47 de setiembre, 170tí), y des- 
pués de pasar algunos dias en Aranjuez, hizo su en- 
trada en Madrid (10 de octubre,) cruzando las ca- 
lles para satisfacer el ansia que tenía de volver á 
verle este fidelísimo pueblo, y se aposentó en el Buen 
Retiro. De alli volvió á salir á la ligera para Ségovia 
á recibir á la reina, cuyo regreso de Burgos á la cor* 
te en unión con los Consejos se había dispuesto tam- 
bién. Reuniéronse SS. MM. en aquella ciudad con gran 
contenta suyo y^atisfaccion de los fieles segovianos, y 
juntos vinieron al monasterio del Escorial (25 de octiJ- 
bre). Al otro dia, desde las Rozas, camino de Madrid, 



PMTB 111. Lumo VK 471 

enviaron á decir por medio del mayordomo m^yor á 
las damas de honor y demás señoras <le la cámara y 
servidambre de la reina que no habian seguido á S. M. 
en so salida de la corte, que se retirasen á sus casas, 
porque las rentas de la corona no podían costear tan 
numeroso servicio en palacio, y todo se necesitaba 
para las urgencias de la guerra, sin perjuicio de que- 
dar al cuidado de SS. MM. el dotarlas conveniente- 
. mente para sus casamientos; pero en realidad no se 
ocultaba que con esta providencia quiso la reina mos- 
trar que no había sido de su agrado el que no la hu- 
bieran seguido y acompañado en su ausencia y emí^ 
gracion como las otras ^^K Hecho lo cual, continuaron 
su viage, viniendo á oir misa en el templo de Atocha 
(27 de octubre), donde se cantó el Te-Deum^ y fue- 
ron luego á palacio estando toda la carrera lujosa* 
mente adornada, en medio de los plácemes del pue- 
blo, que con vivas y luminarias, y fuegos de artificio 
y otras fiestas demostró en aquellos dias el jubito de 
ver otra vez á sus amados reyes en la corte, ocupada 
algún tiempo por los enemigos ^^K 



(4) PorcoQsecueDcíanocsexcC" documentos, impresos y manus- 
to lo que afirma William Goxe, critos, que hemos consultado para 
cuando dice: iNI una sola persona esta parte de la guerra civil be- 
de la aervidumbro de la reina mos seguido con preferencia loa 
abandonó á esta princesa.» — Es- siguientes: — Las Memorias inedia 
pana bajo el reinado de la casa de tas de don Melchor de Macanaz: 
Borbon, tom. 1. c. 14.— Relación once volúmenes, que comprenden 
de lo sucedido en Madrid , etc. desde la muerte de Carlos II. baa- 
Biblioteca de la Real Academia do- ta el ano 1744 . Este ilustradísimo 
b Historia. escritor era secretario y ayudante 

(%) Entre los muchos libros y del capitjín general díe Aragón, 



172 BISTOEtA Bl BSPaSa. 

oonde d^ San Esteban, y acompa- la corle de Madrid dude él tngre - 
ñó al rey y al ejército en la espe- so del señor don Felipe V. en ella 
dicion i Barcelona, en 8u retirada , hiuta la paz general, (3 n Tolúmeo, 
y en todas las campañas siguien- también manuscrito, 
tes. ^te autor reuoe ó su recono- "De entre los impresos, sabido 
cida ilu3tracion el babor sido actor es entre los hombres de letras has- 
ó testif<b ocular de todo lo que re- ta qué punto son recomendables 
fiere. Ha tenido la bondad de fa- los Comentarios de la Guerra de 
cuitarnos esta obra, así como otros España del marqués de San FeU- 
muchos y muy importantes volú- pe, que comprenden desde el prio- 
menes que dejó manuscritos el sá- cipio del reinado de Felipe V. has- 
bio Macanas, y que poifee boy su ta la paz general de 4725, por la 
familia (de los cuales iremos ha- abundancia y exactitud de sus no- 
ciendo mérito según rayamos tra- ticias, á pesar de sas defectos de 
tando los asuntos á que se refie- estilo. 

ren), si^ biznieto don Joaquín Mal- La Historia civil de España 
donado y Macanaz, joven aprove- del p. Fr. {NicoUis de Jesús fle- 
chado y laborioso, que ha dado ya ton<ío, que abraza desde el año 
algunas muestras de su buen ¡n« 4700 hasta el 1733, y se imprimió 
genio en escritos que revelan «x- antes de la muerte dol rey don 
celentes dotes históricas, y que ha- Felipe. 

cen esperar dará nuevo luHr^ á la Los conocidos Anales de Cata- 

femilía y á la memoria de su ilus- luna de Feliú do la Peña , tan 

tre progenitor. abundantes en documentos ofí- 

La Historia de las Guerras ct- ciales. 
viles de España, desde 4700 has- Muchas relaciones sueltas, im- 
ta 4708, del conde de Robres, don presas y manuscritas, de los va- 
Agustín López de Mendoza y Pons, ríos sucesos de aquellas guerras, 
que escribió y dejó reservada para hechas , ya por los partidarios del 
sus sucesores. Este precioso ma- archiduque « ya por los que no se 
nuscfito, que perteneció al conde apartaron nunca de la fidelidad á 
de Aranda su pariente, es el orí- Felipe de Borbon. 
ginal del mismo autor, y no sabe- Las Memorias de San Simón, 
mos que exista copia alguna de las de Noailles, las de Tessé^ y las 
él. Hoy pertenece á nuestro buen do Berwick. Apreciabilísimas son 
amigo el ilustrado don Próspero también estas obras , como escri- 
de B'>farull, archivero jubílaao y tas por los mismos persouages que 
cronista de la antigua Corona de tuvieron una parte tan principal y 
Aragón, aue también ha tenido la activa en los sucesos que refie- 
generosiaad de facilitárnosle, con ren. Mas por lo mismo el histo- 
otros muchos interesantes maous- riador imparcial no puede descan- 
critos de su bibliotoca particular sar en su Jiolo aserto, sin expo- 
relativos á la misma época. Tam- nerse á juzgar con error sóbrelas 
bien el conde de Bobres fué tes- causas de ciertos acontecimientos 
tigo de lo que refiere, y es reco- trascendentales y decisivos en 
mendable por su imparcialidad y aquella célebre lucha. Porque sí 
buen juicio. . ellos mismos estaban en conni- 

Anals consularsdelaciutat de vencía con el duque y la duquesa 

Barcelona tom. 1U., también mn- de Borgoña en ciertos planes se- 

nuscrito, y de la propia proce- cretos , contrarios á la causa da 

dencia* Felipe, como expresamente lo afir- 

Historia política y secreta de ma Macanas y y lo indican San Fe- 



r- 



'r 

' m 

1 



lU. UBBO VI. 



173 



Iq», BelaDdo y otros autores es- muy especialmente por aquellas 

paooles, y silos eran los consejo- Memorias, juzga de fas cansas de 

ros de empresas imprudentes y la los sucesos, á nuestro parecer muy 

cansa de sucesos desgraciados, no equivocadamente, de muy diferen- 

es estreno que atribuyan á otros te manera que Macanaz, Belando, 

las adversidades que acaso ellos Robres , San Felipe y los demás, 

mismos procuraban para sus fines, escritores españoles. 
Asi es que el historiador inglés de Documentos manuscritos de la 

Etpañabyoél reinado de la ca- Biblioteca nacional, y de la Real 

sa de BorOon^ WiUiam Coxe^ que. Academia de la Historia, Archivo 

aparte de los Comentarios de San deSalazar, Colección de Vargas 

•Felipe, se conoce haberse guiado Ponce, Papeles de Jesuítas^ «te. 



: k 



CAPITULO VI. 



«HARSA^ 



ABOLICIÓN DE LOS FUEROS DE VALENCIA T ARAGÓN. 



1707. 

Reveses é inforioDÍos de Felipe en la guerra esteríor.*— Derrota del 
mariscal Villeroy en Ramilliers.— Apodérase Marlboroagh de todo el 
Brabante. — ^Piérdese la Flandes española.— Españoles y franceMs 
soQ arrojados del Piamonite. — ^Proclámase á Garlos de Aastria eo 
Milán y en Ñápeles.— Guerra de España.— Vuelve el archiduque i 
Barcelona. — Célebre batalla de Almansa. — ^Triunfo memorable del 
duque de Berwick. — Consecuencias de esta victoria. — Orleaos y 
Berwick someten ¿ Valencia y Zaragoza. — ^Rendición dé Játiva.— 
Sitio y conquista de Lérida. — El duque de Orleans en Madrid.— Bau- 
tizo del principe de Asturias: — ^Nueva forma de gobierno en Aragón 
y Valencia.— Abolición de tos fueros. — Chancillerias. — Confiscacio- 
Des.— Terrible castigo de la ciudad de Játiva. — ^Bs reducida á ce- 
nizas. — ^Edificase sobre sus ruinas la nueva ciudad de San Felipe. 



Si grandes fueron las contrariedades que en estos 
últimos años sufrió la causa de los Borbones en Espa- 
ña, mayores habían sido y de mas difícil remedio los 
reveses y los infortunios de fuera. Los Estados de Flan- 
des» aquella rica herencia de Garlos Y., por cuya con- 
servación tantos y tan costosos sacrificios habían he- 



rARTB 111. LIBRO VI. 1 75 

t;ho por espacio de siglos tos monarcas españoles de 
ia casa de Austria, estaban destinados á dejar de ser 
pairimonio de la corona de CasUlIa con el primer sobe- 
rano de la casa de Borbon. Considerables fuerzas bar 
bian aglomerado alli los aliados, y el activo conde de 
Marlborough que iba y venia de lagla térra á Holanda, 
se había propuesto juntar cuantas fuerzas pudiese de 
mar y tierra para dar un golpe decisivo á Francia y 
España en los Pmses Bajos, y en verdad no le salió 
vano su intento. 

Marchando pues el de Marlborough con sus tro- 
pas á unirse con las de Holanda, Prusia y Witemberg> 
dirigióse á Brabante, donde se hallaba acampado con 
su ejército el mariscal francés Villeroy. No esperó 
éste para aceptar la batalla á que se le reuniera el 
mariscal de Marsin que pasaba á juntársele con diez 
mil hombres. La consecuencia de esta conducta, en 
qae acaso no hubo ni error ni precipitación, sino obe* 
diencia á las órdenes que tenia, como diremos luego, 
^né sufrir una completa derrota (mayo, 1706), en que 
perdió trece mil hombres, cincuenta piezas de cañón 
y ciento veinte banderas^ El resultado de la derrota 
de Ramilliers, que asi se llamó por el lugar en que 
se dio el combate, fué rendirse Malinas y Bruselas» 
de donde el gobernador, que era el elector de Bavie- 
ra, se apresuró á sacar consejos y tribunales, y Ile^ 
varios á Amberes, y retirarse á Mons el mariscal de 
Marsin que se hallaba ya cerca del campo de batalla« 



1 76 HISTOftlA DB BPAlfA^ 

El marqués de Chamillard, miaistro de la gaerra de 
LuísXIVm que fué enviado por este monarca á Flan- 
des para informarse del estado del país y dar órdenes 
para su defensa, y estaba de inteligencia con los du- 
ques de Borgoña y madama de Maintenon, autores de 
aquellos desastres, persuadió al rey Cristianísimo que 
convenia llevar á los Países Bajos al duque de Ven- 
dóme, único que estaba sosteniendo en Italia la cau- 
sa y los estados de Felipe V.,'y trasladar á ItaUa 
al mariscal de Marsín: funesto plan, que envolvía 
el designio de abandonar á un tiempo la Italia y la 
Flandes. 

Así fué que el de Marlborough se apoderó fácil-* 
mente de casi todo el Brabante, el elector de Bavie- 
ra tuvo que retirarse también á Mons con las tropas 
walonas y españolas, y hasta el gobernador de Am- 
béres, que era el español don Luis de Borja, marqués 
de Caracena y hermano del duque de Gandía, entre- 
gó aquella plazs^ al enemigo, mancillando el lustre y 
la fidelidad de su casa y familia. Algo se recobró el 
valor perdido de nuestras tropas con la llegada del 
duque de Vendóme (agosto, 4706), mas no tardaron 
en volver á desalentarse al ver á los enemigos ense- 
ñorearse de Menin y de Dundermonde, de modo que 
pudo el de Marlborough establecer sus cuarteles en 
todo el Brabante español (setiembre). Y todavía pasó 
á Holanda á pedir mas tropas para la próxima cam- 
paña, con tener ciento treinta y seis batallones de 



PAITB III. LIMO TI. 177 

« 

fofanterta, que haciao cei:ca de setenta mil hombres, 
y ciento cuarenta y cinco escuadrones de caballería 
que componianquince mil caballos. También el du- 
que de Vendóme fué á Parfs á solicitar refuerzos. Pe* 
ro es lo cierto que ya quedaban perdidos para España 
casi todos los Países Bajos españoles, y para Francia 
aquella Knea de fortificaciones que con su activa 
política habia ido formando y le daba la superioridad 
sobre la Holanda, siendo ahora los aPiados los que 
quedaban dominando en aquellos paises y amenazan* 
do á la Francia . 

Solo en Alemania el mariscal de Villars sostenia 
con gloria el honor de las armas francesas, dominan- 
do desde el Rhin hasta Philisburg, bloqueando y ame- 
nazando á Landau, protegiendo la Alsacia, derrotan* 
do 6 teniendo en respeto al príncipe Luis de Badén y 
al conde de Frista que mandaban el ejército imperial, 
y poniendo en contribución á Worms , Spira y otros 
pueblos dQl Paiatinado. 

Porque en Italia no habían ido las cosas de espa* 
ñoles y franceses menos de caída que en Flandes, por 
influjo de las mismas siniestras causas. Cuando los 
mariscales Berwíck y Vendóme, tomada Niza y cor- 
tados los caminos del Mincio, tenian ya reducido al 
principo Eugenio de Saboya á solas dos plazas, ynun 
de ellas amenazada de sitio la de Turin , el duque y 
la duquesa de Borgoña, y madama de Maintenon, los 
envidiosos de la fortuna de Felipe V. de España, saca* 
Tomo xyiii. 12 



478 BOSTOtU BB B9PAÍU. 

ron de allí aquellos dod generales , haciendo que d 
de Vendóme fuera llamado á Y ersaltas y el de Ber- 
yrick destinado á la Estremadura española. Al fio 
volvió el de Vendóme » porque hizo comprender á 
Luis XIV. lo que Importaba acabar la guerra de Ita- 
lia; derrotó un cuerpo de alemanes, echándolos del 
otro lado del Adige, y unido á La Feuillade circunva* 
laron ambos la importante ciudad de J^rin, obligan- 
do al duque de Saboya á retirar á Genova su familia 
para no exponerla á los peligros de un sitio. En tal 
estado, ó por mejor decir, cuando tenian ya apretado 
el cerdeo, lomadas las obras exteriores de la plaza, 
abierta trinchera» intimidada la guarnición y á ponto 
de coronar sus esfuerzos con la ocupación de la ca- 
pital de Lombardía, no obstante que llegaba el prío- 
cipe Eugenio con un refuerzo de tropas alemanas, en- 
tonces (julio, 1706), con motivo de la derrota su- 
frida por Villeroy en Ramillíers de Flandes, fué desti- 
nado el de Vendóme á los Paises Bajos y reemplazado 
por Marsin, dejando el ejército sitiador al mando del 
duque de Orlean s. 

Dióse con esto lugar á que el principe Eugenia 
con sus alemanes forzando sus marchas se uniera al 
duque de Saboya, los cuales desde luego resolvíeroo 
atacar al ejército sitiador en sus misouis líneas. Dos 
veces fueron rechazados, pero á la tei*cera lograron 
forzarlas, desordenando de tal modo á los franceses» 
que herido de muerte el marisoal de Marsin (de cuyas 



PÁRS III. LIBIO TI* 179 

resultas miiríó de allí á poco), con dos heridas tam-* 
iMea el de Orleans, maertos cerca de cuatro mil hom* 
bres, y hechos otros tantos prisioneros, el resto aban* 
docÑS arliHeria, tiendas, moniciones. y bagages (se- 
tiembre, 1706), y huyendo en el mayor desorden, 
en lagar de retirarse por el Milanesado , donde había 
otro cuerpo de ejército, repasó los Alpes, dejando li- 
bre, no solpáTürín, sino todo el Piamonte, cuyas 
plazas se dieron sin resistencia alguna al de Saboya. 
Desembarazados de la guerra del Piamonte, pasaron 
el de Saboya y el príncipe Eugenio al Milanesado: 
entregóseles Novara ; Milán les abrió las puertas ; fué 
ocapada Lodi; las tropas francesas y españolas se re« 
cogieron á las plazas fuertes, y se proclamó á Carlos 
de Anstria en el Milanesado. Si el duque de Borgoña 
y sus malos consejeros» á quienes muchos suponían 
autores de estas pérdidas, se proponían debilitar el 
poder de España, celosos ó envidiosos del engfrande- 
cimiento de Felipe, debieron conocer cuánto se esta- 
ban' dañando á s( mismos, porque todo esto cedia vi* 
siblemenle en mengua de la Francia, y sus fronteras 
quedaban expuestas á las invasiones de los aliados. 

No se ocultaban estas y otras gravísimas conse- 
ceenctas al claro entendimiento de Lais XIV.; y aun- 
que perdido ya su antiguo vigor, no tanto por la mu* 
cha edad como por la poca salud, hubiera querido, y 
esta era s« resolución, mantener la guerra de Itafía. 
Pero dominado por la Maintenon, por Chamtllard y 



180 HISTORIA DE BSPAÜA. 

por los duques de Borgoña sus nietos, los cuales le 
persuadida de que abandonada la ItaUa mejoraría la 
guerra de España, en la Alsacia y en Flandes, y qoe 
Genova f Venecia y el Papa, tan pronto como vieran 
la Italia desamparada por los franceses, se unírian por 
su propio interés para sacudir el yugo de los aleoia— 
nes, dejóse vencer de sus instigaciones. Y arreglando 
secretamente un tratado de neutralidad con el empe- 
rador y con el duque de Saboya, se dieron las órde- 
nes á los generales franceses y españoles para qae 
evacuaran las plazas fuertes que se conservabau en 
Milán y en el Mantuano, como asi se verificó (marzo 
y abril, 1707), concediendo el emperador y el sabo- 
yano en virtud del convenio el paso á Francia á los 
veinte mil , hombres' encerrados en aquellas ciudades, 
plazas y castillos. Los italianos no quisieron salir, y 
la mayor parte tomaron partido con los enemigos, in- 
dignados de semejante conducta. Asi se sacrificaron 
aquellas tropas, y asi se privó á España de unos do- 
minios que sobraban fuerzas para conservar: 

Hecha la ocupación del Piamonte, y puesto el du- 
que de Saboya en posesión de Alejandría, de Valenza 
del Pó, del Monferrato y otras plazas que se le ofre- 
cieron, cuando dejó el partido de España y se pasó á 
los aliados, faltando estos abiertamente al tratado de 
neutralidad que acababa de estipularse, enviaron un 
cuerpo de ejército para que se apoderara del reino de 
Ñapóles: empresa que llevaron á cabo sin gran difi- 



I 



PAHTB m. LIMO VI. 181 

cuitad; ya por la falta de medios en que se había de* 

jado al marqués de Víllena para su defensa, ya por la 

dispo8Íck>Q de los nrapolitanos, ya porque dentro de la 

'^ iDisina capital se babia estado fomentando la rebelión. 

■ 

El leal marqués de Yillena hizo todo género de esfuer- 
zos para sostener aquellos dom¡nros« incluso el de' dar 
el ejemplo de convertir en moneda su bajilla de plata, 
reducido á comer en bajilla de peltre, para alentar á 
los demás á proporcionar recursos sin gravar á los 
pueblos. Pero abandonado de todos, inclusos los go- 
bernadores, los magistrados, y algunos magnates es- 
pañoles que faltando á su fé y á so patria hicieran 
causa con el enemigo, y vieddo que esperaba en vano 
socorrosni de Francia ni de España, tuvo que refugiar «^ 
se, no sin gran trabajo, con algunas tropas españolas 
y walonas en Gaeta, que mas adelante fué tomada 
por asalto después de un gran bloqueo. Perdióse 
pues también para España el reino de Ñapóles, y re- 
conocióse en él y se juró obediencia á Garlos de 
Austria* 

Solamente la Sicilia permaneció fiel á Felipe' Y., 
~ merced á la lealtad y á las acertadas y prudentes me- 
didas del virey marqués de los Balbases, que sabien- 
do calmar á ios descontentos, logró tener en respeto 
á los anstriacos, cuando todos creian que la conquista 
de Sicilia^sería por lo menos tan fácil como la de Ná - 
poles '^^ 

0) Le Gierc» Historia de las ProvÍDcias— Unida». — • Lamberti, 



182 lUSTOMA DB BSPASa* 

Tales había a sido las desgracias de España, y tan 
infelizmente iba para ella ea el esteriorla gaerra de 
socesioa, al üempo que en la península acootecian los 
sucesos de que hemos dado cuenta en el anterior oa- 
jpítulo, y ios ejércitos enemigos se preparaban y re- 
forzaban para la segunda campaña. Unos y otros ha- 
bian entretenido los meses de invierno (de 4706 á 
4 707) en irrupciones y empresas fronterizas, y en esa 
especie de guerra de vecindad, por lo común san- 
grienta, que se hacen entre sí los pueblos de una mis- 
ma nación pronunciados por diferentes partidos. Mu- 
chas de estas espedíciones de incendio y de saqueo, y 
de estas acometidas destructoras habian sufrido las 
villas y lugares de las fronteras de Aragón, Valencia 
y Castilla. El archiduque Carlos se volvió de Valencia 
á Barcelona (7 de marzo, 4 707), dejando por virey 
de aquel reino al conde de Corzana, y por generales 
del ejército á milord Galloway y al marqués de las 
Minas. 

El de los aliados habia recibido un considerable 
refuerzo por Alicante. Los nuestros esperaban tauibien 
el que venía de Francia y habia entrado ya por Na-- 
varra, con el duque de órleans, que después de la des- 



Memorias parala Historia dol si- c. 104.<-*BotU« Storía d*llaüa. 
glo XVIU.--4a¡nci, Historia mili- — ^Meiuorías da Berwíck.^-Histo- 
tar de Luis XIV.— Historia de la ría de las campaftas dcd doqae de 
casa de Austria.— Gomeotarios de Vendóme.— Sea Felipe, Comenta- 
la guerra de España, tom. I.— Be- rios, tom. J.— «.Belando , P. n. ca- 
lando, Historia Civil, P. 111. c. n y pitólos ti al 31 . . 
?3.— iAacanaz, Memorias MM. SS. 



FAITE lU. UBftO ▼!• 483 

graciisuia campana del Píapionte, hábia sido destinado 

á España coa el mando superior del principal ejército. 

Todo parecía anunciar algún acontecimiento impor<- 

lánle. Moviéronse Galloiway y el de las Minas hacia 

Yecla y VUlena: el dnqoe de Berwick se situó con su ** 

ejército en Alm^nsa. Aquellos querían adelantar la 

jbatalla antes que llegaran las tropas francesas: éste 

procuraba dar tiempo á que viniese el deOrleans 

con su gente: porque ademas de no querer privarle 

del honor de mandar las armas, si bien nuestra ca- 

haiiería era buena y de conBanza, la infantería era 

muy inferior en número y calidad álatlel enemigo, 

soldados bisónos y reclutas muchos, habiéndolos que 

no habían disparado todavía un ñisiL Sin embargo los 

oficiales españoles, que ardían por entrar en combate, 

murmuraban á voz en grito del general^ y pública • 

mente deciao que como era hermano de la reina Ana 

de Inglaterra se había ajustado con los ingleses, y 

trataba de que se perdiera todo, y escribíanlo asi i la 

corte. Nada de esto ignoraba el de Berwick, y tenia 

la prudencia de tolerarlo, guardando silencio como si 

de dio na se apercibiese. 

Aquellas quejas no dejaron de hacer algún efecto 
en la corle; por lo cual se dieron las disposiciones 
mas activas para que el de Orleans pasase inmediata ' 
mente á tomar el mando del ejército. Babia llegado á 
Madrid eH& de abril (4707), donde fué recibido con 
honores de infante de España y tratamiento de Alteza; 



484 U19T0K1A DB VSVAltA. 

y al mediodía del 24 , sia reparar en que fuese la gran 
festividad de Jueves Saato, partió á la ligera» porqoo 
era la voz común que sin su presencia nada se baria 9 
puesto que Berv^ick andaba esquivando la baialla^ 
Felizmente t^dos los cálculos ^salieron fallidos: la ba- 
talla se díó, y la victoria se ganó antes que el de Or* 
leans llegara. 

Contando Galloway y el de las Minas con que no 
podría el de Orleans llegar á Al mansa hasta el ^6 
(abril), abandonaron apresuradamente el 24 el sitío 
que tenían puesto al castillo de Vil lena , y marcharon 
á Caudete. A las once de la noche supo el de Berwick 
que los enemigos. avanzaban sobre Almansa; preparó- 
se á recibirlos, y envió á llamar a( con^e de Pinto, á 
quien había destacado con cuatro mil hombres sobre 
Ayora*^ A las once de la mañana del 25 se vio el ejér- 
cito enemigo puesto en orden de batalla oon toda la 
arrogancia de quien parecía contar con un triunfo se- 
guro* Comenzó el combate atacando con vigor la ca- 
ballería española del ala derecha para recobrar un 
ribazo de que se había appderado el enemigo, pero 
con gran pérdida, porque fué dos veces deshecha y 
rechazada. A las dos de la tarde se mezclaron ambos 
ejércitos con furor. Los enemigos rompieron nuestra 
centro, y matando los tres brigadieres que mandaban 
los regimientos que le formaban, pasaron hasta las. 
puerta^ de Almansa. Berwick se apresuró á reempla- 
zarlos con otros de caballería é infantería del cnerpa 



\ 



9 PARTE UK LIBSO TÍ« 1 85 

de reserva; remedió el primer desorden; recorrió y 
reanimó todas las líneas; el intrépido Dasfeldt soslavo 
Cira carga á la derecha, mientras por la izquierda y 
ceDlro.arremetieron infantes y ginetes con tal ímpetu, 
especialmente los regimientos de don José de Améza- 
ga, que rompiendo y desordenando á los enemigos, 
desamparándolos su caballería, heridos sds dos gené- 
rales, y teniendo que retirarse del campo de batalla, 
i\ al cerrar la noche se consumó su derrota; terrible fué 
la matanza, y toda su artillería y bagages quedaron á 
merced de ios nuestros. El conde de Dohna, holandés, 
que con trece batallones había logrado á favor de la 
oscuridad retirarse á las alturas de Cándete, fué obli- 
gado al dia siguiente á rendirse por el valeroso y há- 
bil Dasfeldt, quedando prisicínero con todoQ sus bata. 
Uones. 

La victoria no pudo ser mas completa. luciéronse 
en esta célebre batalla doce mil prisioneros, con cinco 
tenientes generales, siete brigadieres, Veinte y cinco 
coroneles, ochocientos oficiales, toda la artillería, y 
cien estandartes y banderas. Murieron cinco mil de 
los aliados; siendo lo mas notable de este triunfo que 
de ^nuestra parte apenas se perdieron dos mil hom- 
bres. El brigadier don Pedro Ronquillo» que vino á 
traer al rey la noticia de la victoria, fué hecho maris- 
cal de campo. El conde de Pinto fué enviado con las 
banderas cogidas al enemigo para colocarlas en el 
templo de Atocha. Berwick, á quien sin duda debió su 



186 aUTOftlA DB EBfiAk. 

salvación la España, recibió en recompensa el Toisón 
de Oro» y fué hecbo grande de España con el titulo de 
duque de Liria y de Gérica* A la ciudad de Almaosa 
se le concedieron también privilegios especiales, y mas 
adelante se erigió en ^1 logar del combate el mono-» 
mentó que hoy existe para perpetuar la memoria de 
tan glorioso y memorable suceso ^^K 

(1) El monumeoto cdnsidte en derecha. Ed cada uno de sas caá- 

ona pirámide de piedra de cua- tro lados se leen largas inscrip- 

reota y oobo palmos de altura, cu- clones en castellano y latín, en 

yo remate os un león coronado en verso y -«u prosa, 
pié, con una espada en la garra La de Poniente dice: 

IM Omnipotentis misericordia . 

«Para eterno reconocimiento ral de todas el mariscal duaiie de 
al gran Dios de los Ejércitos y de Verbik, contra el ejéroHo de re- 
so Santísima Madre; de la insigne beldes y sus aliados de cuatro 
victoria que con so protección con- grandes potencias, qoadando en^ 
siguieron en este sitio en %5 de teramente derrotados; muertos en 
atilde 4707 lasarmasdelrey N.S. la oampañay heridos y^prisioneros 
don Felipe V. el Animoso, auxi- diez y sei| mil; apresada toda su 
liado del señor rey Cristianísimo artilleria, tren y bagage, conon 
Luis XIV. ol Grande, siendo gene- botín nquisimo. 

lilia fulxerunl fremitunque dedére Leones: 
Hic Batahus Luelus Risus utñusqne fuU. 

. ( 
En la del Norte se lee: 

Dbo Onnco Máximo» 

Del Quiotd Carlos memorias 
Felipe Quinto también 
Excita en nobles victorias, 
Cuando de dos Jaimes glorias 
En este campo se ven. 

Tempore quo hie Mauris 
Jacobus castra subegit 
War6ieiis eUgias sistere fscU aquasm 

«El rey don Jaime, llamado el la primavera del ano 4 255 en este 

Conquistador, derrotó á los Moros mismo campo.» 

No creemos necesario copiar otra parte no tienen ' gran mé- 
las demás inscripciones, qae por rito. 



Mi 



PAATB III. UBIO.yi. 187 

Machas y muy curiosas particularidades dos ha a 
sido cooservadas acerca de esta famosa batalla. Es- 
cribiéronse y se imprímieroD varías reiaciooes, dlgu« 
aas bastante estensas. En ellas se espresa que ambos 
cgérdtos estaban divididos en dos lineas, en el de los 
aliados interpolada en ambas la caballería con la in- 
fiínterfa, en el nuestro la infantería en el centro y la 
caballeria á los costados. Mandaba la derecha de 
nuestra primera linea el duque de Pópoli con los ma- 
riscales conde de Pinto y Lilly; la izquierda el mar- 
qués Davaray y don Francisco Medínilla ; el centra 
los generales San^Gil y Labadie. — La derecha déla 
segunda linea el caballero Dasfeldt; la izquierda el du- 
que de Habré con el mariscal Mahoni; el centro el ge- 
neral Hessy con el mariscal don Miguel Poos de Men- 
doza. El duque de Berwick quiso quedar libre para 
poder atender donde mas conviniese, como lo ejecu- 
tó.— Del ejército enemigo mandaba la derecha de la 
primera línea el conde de Víllaverde, general de la 
caballería; la izquierda milord Galloway; el centro el 
marqués de las Minas. La segunda derecha don Juan 
de Atayde, general de la caballería ; la izquierdael 
conde de la Atalaya : el centro Frisen y Yasconcellos; 
Mandaban como generalísimos el portugués marqués 
de las Minas, y milord Galloway, francés refugiado 
en Inglaterra, que en Francia había sido antes cono- 
cido con el nombre de marqués de Ruvigny.— Este 
ejército constaba dé cuarenta y cuatro batallones y 



. 4 S8 ^ HISTORIA DB K8FAÍA* 

GÍQCueDta y siete escaadroaes, coa uq oámero de 
oficiales casi duplicado al que correspondia, por oo 
haber acabado de llegar los reclutas de que se iban á 
formar otros cuerpos. — Dase noticia del órdeQ que 
hubo, en el combate, y de las fuaciones que tocó des- 
empeñar en él á cada gefe y á cada cuerpo. — Se es^ 
pecifican nominalmente todos los prisioneros de- al- 
guna graduación que se hicieron» asi holandeses, íd- 
gleses y portugueses, como catalanes, aragoneses y 
valencianos, según consta de la$ revistas parciales que 
después se fueron pasando á los de cada nación. — ^El 
campo de batalla estaba entre el Oriente y Poniente 
de Almansa : los enemigos venían dé la parte de Me- 
diodía: nuestro ejército los espejó de la parte del 
Norte, teniendo á las espaldas sobre la derecha el 
cerro de San Cristóbal, en el centro la villa de Al- 
mansa, y á la izquierda la ermita de San Salvador. 

La infantería española, á pesar de ser en mocha 
parte compuesta de reclutas y forzados, se condujo de 
un modo que dejó admirado al de Berwick, y asi lo 
espresó en su carta al rey. La de los Guardias , que 
mandaba el mariscal don Antonio del Valle, no peleó, 
porque estando formada, habiéndole hecho una des- 
carga los enemigos, y viendo que se mantenia iooió- 
vil, fué tal el terror que les causó que se retiraron y la 
dejaron ^*^ ^ 

(4) El timbalero de las guar- principios do la batalla, encontró al 
días napolitanas, que huyó a los duque de Orléáns á cuatro leftuaa 



PAETI ni. LIBIO VI. 489 

No siempre siguen á an triunfo los inmediatos y 
prósperos resultados que' siguieron á éste. El duque 
de Orleans, que llegó á la mañana siguiente, con el 
sentimiento de no haber estado á tiempo de participar 
del honor de tan gloriosa jornada, después de 
haber felicitado á Berwick por su inteligencia y acier- 
to y rendido homenaje al valor de las tropas, no que<* 
riendo desaprovechar un momento, de acuerdo con 
Berwick dio orden para que las tropas que venían de 
Francia junto con las que habia en la frontera de Na- 
varra marchasen sobre Zaragoza, donde iría en breve; 
y ordenó al caballero Dasfeldt que con un cuerpo con- 
siderable de tropas fuese á someter el país del otro la^ 
do del Júcar, y con el ejército principal avanzara ¿ 
Valencia. El de Orleans y el de Berwick marcharon 



del oampo. y la dijo que todo lo aqaello lo habría robado a(|afl 
habia perdido Berwick sin poder- hombre ¿ so amo , y sería ficcioO 
aa saWar oo solo cuerpo, y que él lo de la batalla. En estas iocerii* 
habia podido escapar é iba tocan- dumbres llegó á dos leguas de Ai- 
do el timbal para aTÍsar á todos mansa, donde ya encontró macha 
qae huyesen. El daaue le creyó gente de aquellos lugares, que iba 
al pronto, lameAtánaose de que con azadas y otros instrumentos 
acaso por no haber llegado á tiem- que el doqne de Berwick habia 
po él y sos tropas -se hubiera per- mandado llevar para enterrar los 
dido la batalla; mas luego descon- muertos y retirar los heridos. Eor 
fió de aquel hombre, y siguió su tonces ya supo lo cierto del caso, 
camino. A poco tiempo encontró El de Orleans llegó á Almansa á 
otro que tenia aire como de cria- poco de haber terminado el oom- 
do de cocina , montado en una bate. — ^Relacion de la Batalla dé 
buena muía y con una gran ma- Almansa , publicada en 44 de julio 
leta. Este le dijo que la batalla se de 4707.--Otrasrelaciope8 impro- 
habia ganado, y todos los enemi- sas.— Comentarios de San Felipe, 
gos quedaban o muertos ó prisío- A. 4707.^Belando, Historia eivll, 
ñeros, y que él en el pillage ha- tom J., c. 56.— rMacanaz, Memo- 
bía tomaao aquella muía y aque- rías, cap. 84 y 408.— Santa GruK, 
lia maleta. Recobróse con esto el Reflexiones militares.—Meporias 
de Orleans; mas luego sospechó si de Berwick.— Id. de San Simón. 



190 BMTMIA DS MMÍA. 

coD el resto á Requena, cuya goarmeioii se rindió fá- 
cilmeDle quedando prisionera de guerra (2 de mayo), 
>y haciendo lo misino á los dos dias la de Bañol y sa 
castillo, desde alli envió el de Orieans un trompeta á la 
ciudad de Yaleocia pidiéndole la obediencia y sumisión. 
El conde de Gonuna, virey por el archiduque, 
que tenia engañada la población publicando haber si- 
do favorable á los aliados el étiio de la batalla de Al^ 
mansa, tanto que se babia celebrado en Yalenda coa 
iluminación y Te Deiim, viéndose tan de cerca ame-* 
nazado, dispuso salvar su persona y equipage, y fan* 
yó con alguna caballería á Barbastro y de alli á Tor- 
tosa. Tumultuóse^ con esto la ciudad, y habia qoien 
proponía que se ahorcara al trompeta^ Pero á su vez el 
de Orieans, viendo que el trompeta no volvía y la res- 
puesta se dilataba, estaba resuelto á entrar á sangre 
y fuego, cuando salieron el obispo auxiliar y otros á 
ofrecerle las llaves de la ciudad y á pedirle perdón 
para sus habitantes. Concedióles el duque el perdón 
de las vidas, dejando todo lo demás á merced del rey, 
y en su virtud entró el de Berwick en Valencia (8 de 
mayo, 1707) con diez batallones de infantería españo. 
la y seis escuadrones. Se publicó el perdón, se resta- 
Meció la autoridad real, s^ recogieron las armas á los 
▼ecinos, y quedando de gobernador el general don 
Antonio del Valle, qoe sapo tener aquella bulliciosa 
población en la qbiehid mas completa, salió Berwick á 
incorporarse al ejército. 



pjanm uu luéo vi. 491 

Babia entretanto el conde de Hahoní sometido á 
Aleira, y el caballero Dasfeldt paeslo sitio á la ciudad 
de Jitiva» la p(di>lacioQ valenciana mas tenaz en su 
rebddía desde el principio de la guerra» y bien lo ^ 
acreditó cuando la tuvo asediada el conde de las Tor- 
re8« Tampoco ahora quiso rendirse, no obstante care« 
oer de tropas regladas, y ofrecérsele repetidas veces 
el perdón, y constarle la derrota de Ahnansa y la su* 
mieíon de Aldra y de Valencia; que con todo esto, 
ahora como antes, todos sus moradores se pusieron 
en armas, seglares, clérigos, frailes, mogeres y niños; 
y foéle preciso á Da^éldt ir ganando casa por casa á 
eosta de muchísima sangre de unos y de otros, sieu'- 
do tan horrible la mortandad como asombrosa la re- 
sistencia. Al llegar al convento de San Agustín, fortí- 
ficado y defendido por los frailes, algunos de ellos, 
que DO habian hecho armas y habían estado orando, 
se inlerpuáeron con el Santísimo Sacramento en. la 
mano entre la tropa y sus armados companeros, mas 
no pudieron contener el furor y el estrago, y cogidos 
ellos entre dos fuegos, perecieron los más, y murie-> 
ron casi todos los frailes en aquella obstinada defensa. 
Asf se conquistó la rebelde ciudad de Játiva, que en 
castigo de su tenacidad fué mandada quemar, y no 
dqar en día piedra sobre piedra, como habremos de 
ver luego. 

El duque de Orleans » qne había venido rápída*- 
pnente á la corte dejando al de Berwick el cargo de 



4 9Í HISTOtlA BB BSPAÑ'A^ 

acabar de reducir el reino de Valencia^ volvióse ia* 
mediatamente (1 5 de mayo) á bascar el ejército que 
estaba eo ia frontera de Aragón. Sometíósele de pa- 
so Calatayud, á ia cual impuso Una malta de trece mil 
doblones para gastos de guerra , y el 25 llegó á la 
vista de Zaragoza. El conde de la Puebla que allí xnao- 
daba salióse con la guarnición austríaca del otro lado 
del Ebro, y abandonada la ciudad á su suerte pidió 
capitulación ofreciendo la obediencia , por sí y á nom- 
bre, de todo el reino. Entró pues el de Orleans en Za- 
ragoza (26 de n^yo, 1707), desarmó á los habitantes, 
ofreció respetar las vidas y haciendas á las ciudades, 
villas y lugares del reino que en el stérmiao de ocho 
días .entregaran las armas y. volvieran á lia obedien- 
cia áfil rey , y asi lo ejecutaron casi todas ^^K 

Por su parte el de Berwick siguiendo sus marchas 
llegó sin considerable oposiqion hasta el arrabal de 
Tortosa, y atacó el puente de barcas que babia sobre 
el Ebró para impedir la comunicagion de Cataluña y 
Valencia. Rindiéronsele muchos lugares, socorrió el 
castillo de Peníscola , y encaminándose luego por Cas- 
pe pasó á unirse en Bujaraloz con el de Orleans , qae 

« 

(4) Cuenta Berwiick en sas cantamíento, y qae hizo salir al 

Memorias' cjue para alocioai' al pueblo y al clero en procesión i 

S Debió de Zaragoza babia el con- la muralla . á conjurarlo cpn toda 

e de la Puebla propalado y be- formalidad y ceremonia. Es muy 

cbo creer al vulgo que no nabia posible que el conde, y el clero 

tal ejército francés que llegara de mismo, lograran persuadir algo 

Nafarra^y qae el campamento de esto á la sencilla plebe puara 

que se' di^isana no era cosa real que no se desalentara á la yista 

y yerdadera, sino de magia y en- del peligro. 



PAKTB 111. LIBRO VI. 193 

había partido de Zaragoza , ansioso de someter la Ca- 
taluña antes que llegaran refuerzos de los aliados. 
Juntos pues arabos generales, se dirigieron con todo el 
ejército hacia Fraga, pasaron, aunque con alguna difi • 
cuitad, el Gínca, hallaron ea Fraga víveres, municiones 
y alguna artillería que ios enemigos abandonaron, se 
recuperó el castillo de Mequinenza, haciendo prisionera 
la guarnición, y llegando á las cercanías de Lérida, 
redujéronse á bloquearla , dando cuarteles de refres- 
co á las tropas fatigadas de las marchas, en tanto que 
se reunían los medios materiales y se vencían otras di- 
ficultades y obstáculos para poner un sitio en forma. 

Como en este tiempo tuvieran los aliados sillada la 
ciudad y puerto de Tolón de Francia , fué menester 
que Berwick partiera allá por la Provenza con un 
cuerpo de doce mil hombres, quedando entretanto el 
de Orleans con su cuartel general en Balagüer espe- 
rando la artillería de batir (23 de agosto, 4707). 
Muchos trabajos tuvo qne pasar y muchos combates 
parciales que sostener antes de poder embestir la pla- 
za de Lérida, empresa contra la cual celaban las cor- 
les de Madrid y de Versalles. Era ya el 25 de setiem- 
bre (4707) cuando comenzó esta operación: abrióse 
la brecha el 2 de octubre , y el 4 3 se retiraron los 
enemigos á la cindadela. El principe Enrique Darros- 
tadt envió á rogar al de Orleans que tratara con con- 
sideración á las mugeres y niños que quedaban en la 
ciudad: el duque se los envió lodos á la cindadela 
Tomo xviii. 43 



194 HISTORIA DB ESPAÑA. 

para qnc él los guardase como qnisicsc. El mariscal de 
Berwíck, después de haber hecho levantar el sitio de 
Toloo, regresó á marchas forzadas y llegó iodavía á 
tiempo de tomar parte en el de Lérida. La cindadela 
fué atacada con un vigor sin ejemplo, y á pesar de 
las contrariedades que los enemigos y las continuadas 
lluvias oponían, el 1 1 de noviembre, cuando todo es- 
taba dispuesto para el asalto, el día mismo que se re- 
cibió orden de Versalles para no empeñarse en tama- 
ña empresa , pidieron los sitiados capitulación , que 
se les otorgó con todos los honores militares, y eM4 
salieron las guarniciones de la ciudadela y castillo. 

A la rendición de Lérida siguió la de una gran 
parte de los lugares del llano de UrgeL Cervera en- 
contró la ocasión que deseaba de librarse del yugo de 
la rebelión. Sometióse también Tarraga. Un destaca- 
mento que fué enviado á Morella tomó en principios 
de diciembre aquella ciudad, que dominando las mor. 
tañas de Valencia y Aragón, abría la puerta á la co- 
municación con los de Tortosa ^*K El duque de Noai- 
lies, que por orden de Luis XIV. había entrado con 
un cuerpo de ejército por el Acnpurdam, llenó su ob- 
jeto de distraer por el norte de Cataluña algunas tro- 

(1) San Felipe, Comentarios de los aragoaeses y valeDcianos 

A. 4707.— Belaodo, liist. Civil de mas DotabTes quo pelearon este 

España, P. I. c. 60. — Macanaz, ano de 4707 en favor del archidu- 

Memorias, cap. 85. — El conde de que, y sirvieron como ^efes y ca- 

Robres, Híst. de las Guerras C¡- hos en sus ejércitos; v Feliú en el 

viles, MS. libro XXIfl. de sus Añales, inserta 

Blacanaz, en el capítulo 85 de también varios catálogos nomina- 

sus Memorias, pone los nombres les de ellos. 



PAITB 111. LIBAO VI. 195 

pas de los aliados y miqoel^es; bien que leoiendo 
también que concurrir á libertar á Tolón, sitiada por 
el duque de Saboya» su cooperación en. Cataluña, aun- 
que útil, no tuvo otro resultado que el de divertir al- 
gunas fuerzas enemigas. 

Terminadas estas operaciones» volvióse el de Or- 
leans á Zaragoza, y desde este punto vino en posta á 
Madrid. AposentósQie en el palacio que se decía de le 
reina madre (por haberle vivido la madre de Car- 
los 11.) , y recibióseie con el placer y con el amor que 
merecía por su linage y por sus recientes hechos (30 
de noviembre, 4707). Aqui tuvo la honra de ser pa- 
drino de bautismo á nombre de Luis XIV., del prín- 
cipe de Asturias, primogénito de nue^ros reyes, que 
había nacido el 25 de agosto, dia de San Luis rey de 
Francia, y á quien por lo mismo se puso el nombre 
de Luis Fernando. Que para que este ano todo fuesa 
en bonanza para Felipe V., quiso Dios colmar sus dén- 
seos y los de la reina y afirmarle en el amor y cariño 
de los españoles, dándole sucesión varonil. Y como 
los enemigos habían propalado ser falso d anuncio de 
este feliz suceso, por lo mismo se celebró el alumbra- 
miento y se solemnizó el bautismo con eslraordinaríos 
regocijos y con abundante distribución de gracias y 
mercedes ^*K Concluida aquella ceremonia, partió el 

(I) Cuaado en 20 de enero se febrero que el duque de Anjou 

anunció al pueblo el estado de la (como llamaban siempre al rey), 

reina, publicaron los rebeldes en viéndose incapaz de sostenerse, 

la Gacela de Zaragoza de 40 do para engañará las Castillas, había 



1 96 uisroau dr bspaha. 

de Orleans para Francia (18 de diciembre). Tambico 
el de Berwick se encaminó á París» pero hízote volver 
el rey á Zaragoza para que continuara al frente del 
ejército basta el regreso del de Orleans.. 

Las cosas de Aragón y Cataluña quedaban al ter- 
minar el año 1 707 de la manera que hemos dicho. En 
el reino de Valencia las tres poblaciones de importan- 
cia que conservaban los rebeldes eran Alicante, Deoia 
y Alcoy. Cerca de la primera pusieron los nuestros 
un cuerpo de observación que la tuviera como blo- 
queada por tierra. A Denia, población tan porfiada en 
su rebeldía como Játiva, se le puso sitio, y llegó á 

^ 

darse un asalto. Pero defendíala don Diego Rejón, ca- 
ballero murciano que por un justo resentimiento ha- 
bía tomado partido por el archiduque; hombre que por 
su generoso comportamiento, por su prudencia, su 
valor, su instrucción y su caballerosa delicadeza se hi- 
zo querer de nuestros mismos generales, y honraba 
como guerrero, como político, y como hombre de bue- 
nos sentimientos al partido á que perteneciera. Re- 
chazaron guiados por él los paisanos armados de De- 
nia el asalto de los nuestros, y determinóse levantar el 
sitio hasta ocasión mas propicia y mejor estación. En- 
cargado el caballero Dasfeldt del mando de todo el 
reino de Valencia, situóse on la capital, cuyos habi- 



hecho publicar que la duaue-sa de ellos que las treg faltas eran cier- 
AnjoQ, su muger« so hallaiia pre- las, pereque eran falla de dioero, 
iada y con tres fallas; y aAudian falla de ?i veres y falla de tropa». 



PARTE III • LIBRO VI. 197 

la Otes eocontró descaradamente hostiles al gobierno 
del rey. Los bandos de Orleans y de Berwick para 
que entregaran las armas no habian sido cumplidos: 
un decreto real que prescribía lo mismo tampoco ha- 
bía sido ejecutado, antes se despreciaba con desver- 
gtienza haciendo alarde de enseñar las armas por de- 
bajo de las capas. Dasfeldt se empeñó en hacerlos cum- 
plir, y como viese que tampoco era obedecido, man- 
dó primeramente hacer un reconocimiento de algunas 
casas sospechosas con grande aparato. De sus resul- 
tas hizo ahorcar á un hijo del impresor Cabrera, en 
cuya casa se hallaron armas, habiéndose fugado su 
padre. Y como todavía no bastase este ejemplar para 
traer á obediencia aquella gente indócil, publicóse 
otro bando imponiendo irremisiblemente pena de la 
vida á los que en el término de veinte y cuatro horas 
no entregaran las armas, y á los que sabiendo que las 
tenian otros no lo manifestaran. Esto los intimidó de 
tal naodo, que en un dia y una noche, entre las que se 
entregaron y las que arrojadas á la calle por las puer- 
tas y ventanas recogieron las patrullas, se hallaron 
mas de treinta y seis mil de todas especies. Asi sola- 
mente se pudo sujetar aquella ciudad que se mostra- 
ba, indomable ^*K 

Habíase tratado, luego que se vio vencidas las re- 

(I) Macanaz, capítulo 80, don- que manifícstan la agitación de los 
de 80 espresaa otras particulari- ánimos y el oucono de los partidos^ 
dados y se reñeren varias escenas en aquel reino. 



198 U19T0RIA DB ESPAÑA. 

beliones de Aragón y de Valencia, de (a nueva forma 
de gobierno que convendría dar á aquellos reinos, 
que» como es sabido, se regian de muy antiguo por 
sus particulares constituciones, fueros y franquicias. 
Encomendó el rey el estudio de este gravísimo nego- 
cio, para que sobre él le diese dictamen, á don Mel- 
chor de Macanaz, que goaíaba reputación de gran ju- 
risconsulto, mandándole que conferenciase sobre ello 
con don Francisco Ronquillo, gobernador del Consejo 
de Castilla, y con el embajador de Francia Amelot, 
que eran las dos personas á quienes estaba en aquel 
tiempo conñado todo el gobierno de la monarquía ^^K 
Tratado el asunto con la meditación que merecía, y 
oido el parecer de aquellos personages, especialmente 
el de Macanaz, á quien se envió con este objeto á exa* 

(1) Hé aquí la curiosa pintura los hechos de Galloway que los 

3ne hace Maoaoaz de las cualida- iagleses imprimieroD, no escusa* 
es y prendas de estos dos perso- ron de decir que mas ^enle había 
nages, de los cuales Ronquillo coi- aumentado don Francisco Honqni- 
daba ae los consejos y triboaales, lio al partido del archiduque, que 
y de todo lo tocante á la justicia y las armas de todos los aliados na- 
al gobierno político y económico, biaa sujetado en toda la guerra, y 
Amelot de la Guerra, Marina, Ha- que con pocos ministros como 
cicada é Indias, aunque los doe Ronquillo habria el archiduque 
corrían de acuerdo en todo. logrado que todas las Castillas^e 
«Amelot (dice), era prudente, le hubiesen sujetado, como Ara- 
docto, muy esperimentado, adver- gon, Cataluña y Valencia lo hablan 
lido y trabajador; Ronquillo poco hecho.» Memorias, cap. 87. 
advertido, nada estudioso, corto Acaso Macanaz no ruó del todo 
de ingenio, fácil á ser engañado, desapasionado en este juido de 
diflcil de desengañarse, tenaz en Ronquillo, por lo mucho que le 
el concepto que nacía, ó en el que contrariaron los con3ejos del inti- 
lo ponian los que estaban ¿ su la- mo amigo de aquel ministro^ el 
do, pero muy celoso de la iusticia, íoquisidor de Murcia, obispo de 
desinteresado, amante del rey, y Oviedo, cuyo carácter y costum- 
enemigo délos traidores: y aun su bres pinta con muy feos colores, y 
poca política hizo al rey tantos cuya historia refiere muy minucio- 
enemigos, que en las Memorias de sámente. 



PAATB 111. LIBRO VU 199 

minar la legislación de Valencia, se acordó abolir los 
fueros y privilegios de Valencia y Aragón» y que estos 
dos reinos se rigieran en lo sucesivo por las leyes de 
Castilla, eslableciéndose en la capílal do cada uno de 
ellos una chancilleria igual á las de Valladolid y Gra- 
nada, con un superintendente para la administración 
de la hacienda, que también se babia de uniformar á 
la de Castilla. Espidió Felipe V. en 29 de junio (1707) 
el famoso decreto en que se derogaban los antiguos 
fueros aragoneses y valencianos. 

«Considerando (decia) haber perdido los remos de 
Aragón y Valencia, y todos sus habitadores^ por la 
rebelión que cometieron, faltando enteramente al ju- 
ramento de fidelidad que me hicieron como á su le- 
gítimo rey y señor, todos los fueros, privilegios, 
exempciones y libertades que gozaban, y que con tan 
liberal mano se les habían concedido, asi por mí como 
por los reyes mis predecesores, paiticularizándolos en 
esto de los demás reinos de mi corona; y tocándome el 
dominio absoluto de los referidos reinos de Aragón y 
Valencia, pues á la circunstancia de ser comprendidos 
en los demás que tan legítimamente poseo en esta mo- 
narquía, se añade ahora la del justo derecho de la 
conquista que de ellos han hecho úUimanienle mis 
armas con el motivo de su rebelión; y considerando 
también que uno de los principales atributos de la so- 
beranía es la imposición y derogación de las leyes, 
las cuales con la variedad de los ticmpas y mudanzas 



200 . HISTORIA DB BSPAlf A 

de costumbres podría Yo alterar, aun síd los grandes 
y fundados motivos y circunstancias que hoy concur- 
ren para ello eq lo tocante á los de Aragón y Valen- 
cia: He juzgado por conveniente, asi por esto, como 
por mi deseo de reducir todos mis reinos de España á 
la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costum- 
bres y tribunales, gobernándose igualmente todos por 
las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo 
el universo, abolir y derogar enteramente, como des- 
de luego doy por abolidos y derogados, todos los re- 
feridos fueros, privilegios, prácticas y costumbres 
hasta aqui observadas en los referidos reinos de Ara- 
gón y Valencia; siendo mi voluntad que estos se re- 
duzcan á las leyes de Castilla, y al i}So, práctica y 
forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella y 
en sus tribunales, sin diferencia alguna en nada, pu- 
diendo obtener por esta razón igualmente mis fidelísi- 
mos vasallos los castellanos oficios y empleos en Ara- 
gón y Valencia, de la misma manera que los aragone- 
ses y valencianos han de poder en adelante gozarlos 
en Castilla, sin nmguna distinción; facilitando Yo por 
este medio á los castellanos motivos para que acredi- 
ten de nuevo los afectos de mi gratitud, dispensando 
en ellos los mayores premios y gracias, tan merecidas 
de su esperimentada y acrisolada fidelidad, y dando 
á los aragoneses y valencianos recíproca é igualmente 
mayores pruebas de mi benignidad, habilitándolos pa- 
ra lo que no lo estaban, en medio de la gran libertad 



PABTE 111. LIBRO VK 201 

de los fueros que gozaban antes, y ahora qnedan 
abolidos. 

>En cuya consecuencia he resuelto, que la au* 
diencia de ministros que se ha formado para Valencia, 
y la que he mandado se formo para Aragón, se go- 
biernen y manejen, en todo y por todo, como las dos 
chancillerías de Valladolid y Granada, observando li- 
teralmente las mismas reglas, leyes, práctica, orde- 
nanzas y costumbres que se guardan en estas, sin la 
menor distinción ni diferencia en nada, escepto en las 
controversias y puntosde jurisdicción eclesiástica, y 
modo de tratarla; que en esto se ha de observar la 
práctica y estilo que hubiere habido hasta aqui, en 
consecuencia de las concordias ajustadas con la Santa 
Sede Apostólica, en que no se debe variar; de cuya 
resolución he querido participar al Consejo, para que 
lo tenga entendido. Buen Retiro, á 29 de junio 
del 707 í*).» 

Gran novedad causó esta providencia en pueblosl 
tan de antiguo acostumbrados á gobernarse por leyes 
propias y especiales, y que gozaban tantas y tan pri- 
vilegiadas exenciones. Y como en ella fueran com- 
prendidos hasta las villas y lugares, y los particulares 
y nobles que hablan permanecido fíeles al rey, para 
acallar sus quejas dio otro segundo decreto (29 de 
julio), en que ofrecía expedir nuevas confirmaciones 

(1) MS. de la Real Academia mero S2. afielando, Historia civil, 
do la Historia, Est. 20, gr. 2, nú- P. 1. c. 58. 



202 aiSTOftlA DB BSPAÁA. 

de sus privilegios y franquicias á las villas, lugares ó 
familias de cuya fidelidad cslaba i o formado ^^K Fué 
igualmente extinguido el Consejo Real de Aragón, y 
distribuidos sus ministros entre los demás consejost 
conservando á su presidente el conde de Frigilíana 
todos sus honores, sueldos y gages ^^K A establecer 
la nueva cbancilleria fué enviado á Valencia don Mel- 
chor de Macanaz con especiales facultades é icstruc- 
ciones, y á su mediación, y á su talento y prudencia 
se debió que se fuesen arreglando y dirimiendo ma- 
chas y muy graves disidencias que sobre competen- 
cia de autoridad surgieron al principio, entre el presi- 
dente de la audiencia don Pedro de Larreategui y Ck>- 
lon, y el caballero Dasfeldt, comandante general del 
reino. También se dio á Macanaz el cargo de juez es- 
pecial para entender en todos los procesos de las con- 
fiscaciones que habían de hacerse á los rebeldes, con 
tal autoridad, que de su fallo no se admitía apelación 
sino al ConsejOf y no áotro tribunal alguno ^^K 

(4) Hállase copia de él en Be- vicio coaviene os encarguéis y 

lando, Historia civil, ton. I., ejerzáis el juzgado de connscacio- 

c. 59. nes de bienes tucantes á rebeldes 

(%) Macanaz fué el que propu- de nuestro reino de Valencia, etc.» 

sola extinción de este Consejo, á Y concluía asi. «Y si do los au- 

consecuencia de una representa- to^t y eenteocias que sobre ello 

cion que aquel cuerpo dirigió al diéredes y pronuncié redes, por 

rey, pidienuo en términos bastan- alguno de los interesados se inlro- 

te atrevidos las reforncias que la dujere algún recurso, ó se apela- 

parecia eo el gobierno de aquel rei- se en los casos y cosas en que cou- 

DO. — Macanaz, Memorias, cap. S7. forme é derecho se deben otorgar 

(IS) tDon Felipe ñor la gracia las apelaciones, se las otorguéis 
de Dios, etc. (decía el decreto): A. para anlo los del nuestro Conrejo, 
vos düo Melchor Macanaz, salud y y no para ante otro juez ni tribu- 
gracia : Sabed que á nuestro ser- nal alguno, porque á los demás 



FABTB III. LIBIO VI. 203 

Tales fueron las providencias generales que se 
tomaroD contra aquellos dos reinos en castigo de su 
rebelión. Pero aun fué mayor y mas rigoroso y du- 
ro el que se impuso á la ciudad de Játiva. Esta po- 
blación que tanto se había señalado por su ciega ad- 
hesión á la causa del archiduque, por su porfiadí- 
sima resistencia á los ejércitos reales que dos veces la 
habían cercado, y por su arrogante desprecio del per- 
don con que fué repetidamente convidada , sufrió to- 
do el rigor de las iras del vencedor, toda la severidad 
deque es capaz en su enojo un soberano. Játiva, á 
propoesta del general Dasfeldt que, la entró á sangre 
y fuego, propuesta que aprobaron el de Berwick, y el 
de Orleans, y el Consejo, y el monarca mismo, fué 
mandada quemar y reducir á pavesas, y que se bor- 
rara su nombre y quedara todo sepultado en sus ce- 
nizas. Y asi se ejecutó (de 12 á 20 de junio, 4707). 
Sacadas primero las monjas de sus dos monasterios, y 
llevadas á Castilla las mugeres y niños de la ciudad, 
con prohibición de volver á entrar jamás en el reino 
de Valencia, púsose fuego á aquella desventurada po- 
blación , y toda , á escepcion de los templos, fué con - 
vertida en cenizas. 

Pero en aquel mismo año, á consecuencia de vi- 

coosejos, aodienciat, cbancille- gan y eo la forma qna Ta espnes- 

riaa y demaa ministroa y justicias to , aio que se os embarace por 

de estos nuestros reinos fes inhi- persona alguna, que asi es núes- 

bioioe y habernos por inhibidos del tra Toluntad. I^do en Madrid , á 

conocimiento referido, pues solo 5 de octubre de 1707.» 
habéis de conocer tos de ello, se- 



20 i* HISTORIA DE BSPAÜA. 

vas representa clones y repelidas instancias dirigidas 
al rey por don Melchor de Macanaz, determinó Feli- 
pe y. y ordenó que sobre las ruinas de la ciudad des- 
truida se reedificara y levantara otra ciudad, no ya 
con el nombre de Játiva (que había de quedar borra- 
do para siempre), sino con el de San Felipe: que de 
los bienes de los rebeldes se indemnizara á los pocos 
que en la ciudad habian sido leales de los daños que 
sufrieron; que lo demás se aplicara y repartiera entre 
los nuevos pobladores, y que á los pobres que se hu- 
bieran mantenido fieles se les señalara la porción con- 
veniente para su manutención. El cargo de ejecutar esta 
providencia y todo lo relativo á la reedificación de la 
nueva ciudad y orden que en ello habia de guardarse, 
fué también encomendado por el rey al mismo don Mel- 
chor Rafael Macanaz, juez de confiscaciones en el rei- 
no de Valencia ^^^ el cual, con la actividad y celo que 

(4) Digno os también de ser para castigo de su obstinación, y 
conocido este notable documento: escarmiento de los que intentasen 
•Don Felipe por U gracia de su mismo error; y no siendo uues- 
Dios, etc. \ vos don Melchor Ra- tro real ánimo comprobé nder en 
fael Macanaz, juez de conñscacio- esta pena á \oi inocentes (aunque 
ues de nuestro reino de Valencia, fueron muy pocos), antes si de sal- 
salud y gracia. Sabed, que la obs- var sus vidas y haciendas, y ma- 
tinada rebeldia con que hasta los nifest irles nuestra gratitud tan 
términos de la desesperación re- merecida de sja amor y fidelidad» 
sistieron la entrada de nuestras calificada con los trabajos y perse- 
armas los vecinos de la ciudad de cuciones que padecieron por nues- 
Játiva, para hacer irremisible el tro real servicio en poder de los 
crimen de 9U perjura infidelidad, rebeldes, de cuyas personas de to- 
desatendiendo la benignidad con dos estado i se hallaba informada 
que repetidas veces les franqueó nuestra real persona^ por cuyos 
nuestra real persona el perdón, motivos he resuelto que vuelvan á 
empeñó nueHra justicia á mandar- ocupar sus casas y posesiones ¿ la 
la arruinar para extinguir su me- referida ciudad y sus términos, y 
moría , como se habia ejecutado que de lo> biene s de los rebeldes 



PARTB 111. LIBHO VU 20 S 

acoslumbraba desplegar en todo, dio principio antes de 
espirar aquel mismo año á la obra de la repoblación. 
Tales habian sido en este ano de 1707 los felices 
sucesos de las armas castellanas y francesas que debian 
afirmar el reinado de Felipe de Borbon dentro de la 
península española, y tal el estado en que quedaban los 
tres reinos de la Corona de Aragón rebelados por el 
arcliiduque; restándonos solo añadir que por la frontera 
de Portugal habian también los españoles recobrado á 
Ciudad-Rodrigo. Mas á pesar de esta serie de triunfos 
sobre los aliados, no por eso renunciaron á continuar 
la lucha con la actividad y energía que iremos viendo. 

'del mismo territorio 66 les dé cum- titular de San Felipe. 
p\ida satisfacción de todo.? los da* »Y asimismo es nuestra 'vo- 
nos Y menoscabos que en los suyos Juntad que todos los bienes de re- 
hubiereo padecido , y á los que beldes, raices, muebles y semo- 
siendo pobres se mautuvieron lea- vientes, derechos y acciones que 
les, se les asigne conforme á su en cualquier manera les pertenez- 
-calidad la porción conveniente pa- oan ó hayan pertenecido, se apu- 
ra su mantenimiento queu á nuestro real fisco, para re- 

» Y porque el culto divino y to- partirlos á arbitrio do nuestra real 
do lo sagrado quede indemne y persona á nuevos pobladores be- 
restablecido cou mejoras, á pro- neméritos , y en especialidad á 
porcioo del número de los nuevos oficiales de nuestras tropas, sol- 
pobladores, es nuestra voluntad dados estropeados, viudas y tiaér- 
-que la iglesia colegial, parroquias, fanos de militares, y otros que se 
conventos y capellanías conserven hubieren interesado con i^ual em- 
1a propiedad y usufructo de todas peño en nuestro real servicio; pa- 
sus posesiones , sobre aue por ra lo cual se les mandarán dar los 
nuestra real persona se darán en despachos necesarios. ...« 
tiempo oportuno las providencias »T confiando de vos que en 
necesarias para su reedificación, este negocio os aplicaréis con el 
no siendo admitida en dicha ciu- celo y rectitud que se ha ^xperi- 
dad persona alfiuna eclesiástica ni mentado en los demás que se os 
seglar notada del crimen do infi- han encomendado, os cometemos 
delidad, y para formar de las lui- este encargo y nueva pobla- 
bas de una ciudad rebelde como cion etc. Dada en Madrid á 27 

la eiipresada de Játiva (cuyo nom- di»s del mes de noviembre de 4707 

bre ha de cjuedar borrado) una años.»— Y sigue la instrucción, 
colonia 'fidelísima que se ha de hi- 



capítulo vil 



NEGOCIACIONES DE LUIS XIV. 



GUERRA GENERAL: CAMPAÑAS CELEBRES. 



4708* 17Í0. 



Toma de Alcoy.— Pérdida do Oráa.-^Pensamiento político atribaido al 
duque de Orleaos. — Sitio, ataque y conquista de Tortosa.— Bodas 
del archiduque Garlos.— Fiestas de Barcelona.^CampaQa de Valea- 
cia.— Recobra ose para el rey Denia y Alicaote.— Quejas de los cata- 
lanes contra su rey.— Respuesta de Carlos.— Piérdense CerdeSa y 
Menorca. — ^Conflicto y aprieto en que los alemanes ponsn al Sumo 
Pontífice.- Invaden sus Estados. — Aprópianse los feudos de la Igle- 
sia.— Espanto en Roma.— Obligan al Pontífice á reconocer á Carlos 
de Austria como rey de España.— Campaña de 4708 en los Paisas 
Bajod.— Apodéranse los alradoís de Lille.— Retírase el duque de Bor- 
goña á Francia.— Causas de esta ostraña conducta.— Plan es del du- 
que. — Situación lamentable de la Francia.— 'Apuros y conflictos de 
Luis XIV. — Negociaciones para la paz.— Condiciones que exigen los 
aliados, humillantes para Francia y Empana.— Firmeza, dignidad y 
españolismo de Felipe V.— Conferencias de la Haya. — Artificios in- 
fructuosos de Luis XIV.— Bxíjeso á Felipe quo abdique la corona de 
España.— Noble resolución de Felipe y de los españoles.— Juran 
las cortes españolas al príncipe Luis como heredero del trono.— Bn~ 
tereza de Felipe V. con el Papa.— Causas de su resentimiento. — Des- 
pide al nuncio y suprime el tribunal de la nunciatura. — Quejas de 
los magnates españoles contra la Francia y los franceses: disidencias 
de la corte. — ^Decisión del pueblo español por Felipe V.— Discurso 



PAfiTB 111. LlBaO VI. S07 

notable del rey.— Débil y roaúosa cooducia do la princesa de los Ur- 
SIDOS. — SeparacioQ del embajador francés. — ^Ministerio español. — 
Altivas ó ignominiosas proposiciones de los aliados para la paz. — 
Rómpense las negooiaciones.-^Francia y España ponen en pié cinco 
grandes ejércitos. — ^Ponen otros tantos y mas numerosos los aliados. 
— Célebres campañas de 1709. — Kn Flandes. — En Italia.— En Alema- 
nia. — En España. — Resollado de unas y otras.— -Situación de la corte 
y del gobierno de Madrid: 

Bajo auspicios favorables comenzó la campana de 
1708, rindiendo el conde Mahoni la importante villa 
de Alcoy (9 de enero)» receptáculo de los miqucletes 
y voluDlarios valencianos, y en cuyos habitantes do- 
minaba el mismo espíritu de rebelión que tan caro 
había costado á los de Játiva. No hubo quien pudiera 
impedir á los soldados el saqueo de la villa, y para 
que sirviese de escarmiento á otros fué ahorcado en 
la plaza el comandante de los miqueletcs Francisco 
Perera, y puesto después su cuerpo en el camino de 
Alicante. Mahoni habia ejecutado esta empresa sin la 
aprobación de los generales Berwicky Dasfeldt, que 
hubieran querido dar algún reposo á las tropas y no 
acabar de fatigarlas en aquella cruda estación. Y tan- 
to por oslo, como por la poca subordinación que ha- 
bitualmente solia tener el conde Mahoni á sus supe- 
iores, lograron éstos que el rey le destinara con su 
regimiento de dragones irlandeses al reino de Sici- 
lia, que andaba algo espuesto después de la pérdida 
del de Ñapóles, asi como al brigadier don José de 
Chaves con los cuerpos que mandaba , y que en 



208 UISTOBIA DE BSPAfiA. 

iodo seguía la conducta y la marcha de MahoDÍ. 

Algo neutralizó la satisfacción que tantos y tan 
continuados triunfos habian causado en la corte y en 
toda España la nueva que á este tiempo se recibió de 
haberse perdido la plaza de Oran, que sitiada mucho 
tiempo hacía por los moros argelinos, auxiliados de 
ingenieros ingleses, holandeses y alemanes, falta de 
socorros desde que el marqués de Santa Cruz se pasó 
A los enemigos con las dos galeras y los cuarenta mil 
pesos que se le habian dado, al 6n hubo de rendirse, 
huyendo con tal precipitación y desorden el marqués 
de Valdecañas su gobernador y los principales oficia- 
les, que dejaron alU otros muchos en miserable es- 
clavitud de los moros. Lástima grande fué que asi se 
perdiera aquella importante plaza, conquista glorio- 
sa del inmortal Cisneros, que estaba sirviendo cons- 
tantemente de freno á los moros argelinos. Al de- 
cir de autorizados escritores, no le pesó al emba- 
jador francés que se perdiera para España aque- 
lla plaza. 

Al volver de Francia el duque de Orleans á tomar 
otra vez la dirección superior de la guerra, mostró 
traer ciertos pensamientos^ acaso inspirados por el 
duque de Borgoña, nada desinteresados y nada favo- 
rables al rey don Felipe; al menos dábalo á sospechar 
asi con su conducta y sus palabras('\ lo cual no podía 

(4) Oiasele decir, sin quo se España su eobriao llegara ¿ coa- 
recaléra de ello, que si el rey de sentir en lo que pretendían sus 



PARTE III. LIBRO VI. S09 

agradar á los españoles. De contado antes de entrar 
en España ordenó al duque de Berwick que pasase á 
Bayona donde hallaría órdenes del rey Cristianísimo, 
y éstas eran de destinarle á la guerra del Delñnado. 
Llevóse muy á mal el que asi se sacara y alejara de 
España al ilustre vencedor de Alniansa. La conducta 
del de Orleans en la córte> en el tiempo que ahora 
permaneció en ella, que fué del 11 de marzo al 13 
de abril (1708), le hizo también perder mucho en el 
concepto de todos lo^ hombres sensatos, y aun en el 
hel público. Porque asociándose solo del duque de 
Habré y del marqués de Crevekeur, del de Tor recusa, 
y de otros jóvenes conocidos por sus costumbres li- 
bres y por su vida licenciosa y disipada, dieron tales 
escándalos que fué menester que el alcalde de corte 
y auD el mismo gobernador del Consejo tomaran cier- 
tas providencias que reclamaba el público decoro y 
p^ia la decencia social. Con que la merecida repu- 
tactan que tenia de general entendido, d^ guerre- 
ro valeroso, activo y firme en la ejecución de los 
planes que concebía, la deslustró con la failia de 
inmoral que adquirió en la corte, y que no desmenlia 
ni aun en medio de las ocupaciones de la campaña. 
Salió al fin de Madrid, resuelto á continuar la que 

enemigos, aae era renaociar la dicha vivir siempre coa ellos, y 

corona y volverse ¿ Francia, él no morir en sa defensa para no ver- 

dejaria perder sa derecho, ni aban- los bajo el dominio de una nacioi) 

donaría jamás unos vasitllos tan estraoa cualquiera. — Macanas, 

leales y tan valientes como los Mem. c. 134. 
castellanos, antes tendría á mucha 

Tuiío xviii. 1 4 



210 HISTO&IA DB BSPaSa. 

en Catalana dejó pendiente el año pasado, y después 
de dar en Zaragoza las providencias conducentes á su 
propósito, de publicar un nuevo indulto para los mi» 
queletes de Aragón que dejasen las armas, de inspec- 
cionar las guarniciones y proveer á la defensa de las 
fronteras, puso en movimiento el ejército destinado al 
sitio y ataque deTortosd, que era la empresa que ahora 
traía meditada, y á la cual había de ayudar el duque 
de Noailles, general del ejército del Rosellon, acome* 
tiendo la Gerdaña y distrayendo las tropas de los alia* 
dos hacia el Norte del Principado. Dilatáronse las ope- 
raciones del sitio hasta el mes de junio á causa de la 
lentitud con que llegaban las provisiones, y que un ^ 
convoy de cíen barcos que iba cargado de víveres 
fué sorprendido por una escuadra inglesa que se apea- 
dero de todos, á escepcion de nueve que pudieron 
salvarse. Al fin el marical Dasfeldt, junto con el go- 
bernador y el comisario ordenador del ejército de Va- 
lencia, hallaron medio de surtir al de Orleans, no solo 
de vituallas, sino de artillería y municiones y de todo 
lo necesario para el sitio, y con esto, y construido, 
aunque con trabajo, un puente sobre el Ebro, se apre- 
tó el cerco, comenzó el ataque y se abrió trinchera 
(20 á 22 junio, 1708). 

Los aliados no habían dejado de prepararse tam- 
bién, cuanto á cada potencia le permitían sus particu- 
lares circunstancias y apuros (^^ para ver de reparar 

(4) La Inglaterra estaba entonces ameuazadd por la invasión» 



PAHB III. UBaO VI* 211 

el fanesto golpe de Almaosa y 1^ serie de desastres 
que á él se siguieron. La reina Anb de Inglaterra envió 
«IgoDos refuerzos de tro[ms y mas de un millón de li* 
bras esterlinas que el parlamento, haciendo un esfuer- 
zo, le concedió para la guerra' de Cataluña y Portugal; 
hizo embarcar también un cuerpo de los que opera- 
ban en Italia, y dio el mando del ejército de Cataluña 
al general Stanhope, á quien invistió con el título de 
embajador cerca del rey Carlos III. de España. El lord 
Galloway se volvió á mandar las tropas inglesas de 
Estremadnra, porque el marqués de las Minas, hombre 
de avanzada edad , se habia retirado á Portugal á poco 
de lo de Almansa, y quedóse sin mando. También e( 
emperador José, á instancias de las potencias. maríti- 
mas, únicas que hasta entonces habian estado soste- 
Bíendo la guerra de España, envió ahora un cuerpo de 
ejército á las órdenes del conde de Staremberg, el mas 
liábil de sus generales después del príncipe Eugenio. 
Mas todas estas fuerzas, ademas de la lentitud con que 
llegaban de paises 4an distantes, apenas sirvieron sino 
para reforzar las guarniciones de Alicante, Denia, 
€ervera y Tortosa , y muchas de ellas eran poco á pro- 
pósito para pelear en un* país que no conocían. 

Por otra parte el archiduque Carlos no dejaba de 

qoe ea efecU istootó por este tuvo que eoTíar tropas y naves á 

tiempo, aunque con desgracia, Middelourg; y al emperador no le 

Jacobolll. protegido por Luis XIV, faktaba á qué atender en sos pro* 

desde el puerto de Dunkerque, píos estados y en los vecinos. 
Iji •Holanda por el propio moti?e 



212 HiSTOBlA DB ESPAfÍA. 

andar distraído con el asunto de su matrimonio que se 
celebró por este tiempo en Yiena con la princesa Isa- 
bel Cristina de Brunswick, que para casarse con éi 
había abjurado el año anterior la religión protestante 
y abrazado la católica romana ante 61 arzobispo de 
Maguncia. La joven princesa fué enviada ahora á Es- 
paña y conducida desde Genova por el almirante La- 
ke, trayendo al mismo tiempo en su flota algunos 
cuerpos de tropas alemanas y palatinas, y desembar- 
có el SO de judío en Barcelona (1708), donde fué re- 
cibida con demostraciones de júbilo y con todos los 
honores de reina, como que lo era para los catalanes 
como esposa de su rey Carlos IIL 

Fué esto á tiempo que el duque de Orleans tenia 
ya apretada la plaza de Tortosa. Habíale servido 
grandemente para esto el caballero Dasfeldt, que 
ademas de las. provisiones y víveres que le envió des- 
de Valencia, había ocupado muy oportunamente los 
desfiladeros que conducen de este reino á Cataluña. 
El conde Staremberg acudió con todas las fuerzas que 
pudo reunir para hacer levantar el sitio, pero era de- 
masiado débil para ello, y la plaza se rindió por ca- 
pitulación eH 1 de julio con todos los honores de la 
guerra. De los trece batallones de tropas estrangeras 
y cuatro de catalanes que componían la guarnición, 
apenas llegaron á dos mil hombres los que capitula- 
ron: los demás habían perecido en la defensa ; y de 
aquellos, mas de mil quinientos se alistaron en las bao- 



PABTB 111. LIBRO VI. SI 3 

deras del rey don Felipe (^). EM 9 hizo su entrada el 
doque de Orleans en Tortosa, cantóse el Te Deum en 
)a catedral, puso de gobernador al caballero de Croix, 
mariscal de campot y el 24 volvió á salir con su ejér- 
cito, dejando encomendado á don Melchor de Maca- 
naz el cuidado de establecer el gobierno político, ci- 
vil y criminal de la ciudad ^^K - 

En tanto que en Barcelona se celebraban las fies- 
tas coa que solemnizaron los catalanes el arribo de su 
reina, los dos ejércitos se observaban, y aunque eran 
frecuentes los reencuentros y los choques, y á las ve- 
ces también sangrientos, entre los forrajeadores y las 
partidas avanzadas de uno y otro campo, desde la to- 
ma de Tortosa no hubo en el resto del año por la par- 
te de Cataluña empresa de consideración : lo único 
que tuvo alguna importancia fué la ocupación de la 
Cenca de Tremp por el de Orleans, cuya entrada qui- 
sieron los enemigos disputarle y les costó alguna per- 

• 

(4) Helando, Hist. civil. Par- bian hecho. AUi tuvo ocasión Ma - 

te I., c. 63. — San Peh'po, Comen- canaz de desvanecer la desfavo- « 

tarioB, A. 4708. — ^Macaoaz, Memo- rabie prevención que el de Or- 

rias, c. 424. — ^Robres, Guerras ci- leans tenia contra Berwick y Da»- 

viles : MS. cap. 8.*— Feliú, en loa feldt, como que había escrito con- 

Anales de Cataluña, dice que la tra ellos á los dos reyes de Fran- 

«laza se rindió antes do tiempo, cia y de España : y io logró tan 

[o es esto lo que se íoBere de la cumplidamente, que varió el de 

relación de todos los demás bisto- Orleans de todo punto de concep- 

riadores. to respecto á aquellos dos perso- 

(9) Hacanaz habia sido llama- .nages, y táoto^iue escribió de nue- 

do alli por el duque de Orleans, vo á ambas cortes coufesando que , 

asi como el comisario ordenador habia sido encañado, y alabando 

de Valencia don José Pedrajas, á mucho los méritos y las prenda s de 

quienes deseaba conocer, al uno Berwick y de Dasteldt, y en efec- 

por su fama , y ^ ^^s dos por los to desde entonces los tuvo siompre 

servicios que para este sitio lo ha- en grande estima. 



244 . HISTORIA DB BSPAÍrA. 

dída. Después de esto estableció sos cuarteles de m- 
vierno, yínose á Madrid (noviembre, 4708), y partió 
luego otra vez para Fraocia, poco satisfecho ahora de 
la acogida que encontró en el pueblo, entre la noble- 
za, y en los reyes mismos, todo producido por las 
causas que antes hemos indicado. 

De msfd resultado fué el resto de la campaña en 
Valencia. El caballero Dasfeldt, á quien el de Orleans, 
como en prueba de la confianza y aprecio en que ya 
le tenia, reforzó con siete batallones de infantería y el 
regimiento de caballería de la Reina, se propuso reco- 
brar á Denia y Alicante, únicas plazas de considera-- 
cion que conservaban en Valencia los aliados. Alcanr 
zó lo primero después de dos semanas de sitio, y 
hubo necesidad de entrar por asalto ( 4 7 de noviem- 
bre, 4708). La guarnición, que era de portugueses é 
ingleses, fué hecha prisionera de guerra ; los volunta- 
rios, en número de tres mil, se rindieron á discre- 
cion, se los desarmó^y se los envió á Castilla; encon- 
tráronse en Denia veinte y cuatro piezas de bronce, 
veinte y seis de hierro, y considerable cantidad de 
municiones : no' quedaron en la ciudad sino treinta y 
seis vecinos ancianos y pobres. 

Rendida Denia, pasó Dasfeldt á sitiar á Alicante. 
Ocupadas las fortificaciones esteriores , la ciudad ca- 
pituló pronto (2 de diciembre, 4708). La guarnición 
pasaría á pié á Barcelona ; las milicias y vecinos re- 
beldes quedarían á merced del rey ; para los eclesiás- 



rAETB III. LIBEO VU 21 5 

te 

ticos se imploraría la clemencia real. Quedaba el cas- 
tillo, fuerte por estar situado ea una eminencia sobre 
una roca . Esto bacía difíciles las obras y las operacio- 
nes del sitio, especialmente para incomunicarle con et 
mar. Determinóse pues abrir una mina en la misma 
roca; trabajo pesado y duro, pero que se consignió á 
fuerza de paciencia y de actividad. Luegc^ue la mi- 
na se halló lista para poder ponerle fuego, el caballe- 
ro Dasfeldt tuvo la generosa atención de avisar y pre«^ 
venir á Jos sitiados del peligro que corrían, y en es-; 
pecial al gobernador de la plaza, general Richard, 
i quien invitó á que enviara dos ingenieros que re- 
conociesen los trabajos de la mina, porque no podia 
dejar de lamentar el sacrificio de tantos valientes, á 
quienes ofrecía dejar paso libre para Barcelona. Este 
generoso aviso no fué estimado ; y aunque llegó á en- 
señárseles la mecha encendida, todavía uo se creye- 
ron en peligro , ó porque calcularon que la roca re- 
sistiría á la explosión, ó porque confiaron en que el 
fuego respiraría por una contramina que tenían he- 
cha; y el intrépido gobernador, para mostrar á los 
suyos el ningún recelo que abrigaba, sentóse á la me^ 
sa con varios de sus oficiales en una pieza que caia 
sobre la misma mina. Llegó el caso de prenderse 
fuego á ésta , é instantáneamente volaron y desapa- 
recieron entre escombros el gobernador Richard, el 
del castillo, Syburg, cinco capitanes , tres tenientes y 
el ingeniero mayor, que estaban de sobremesa, con 



216 HISTOBIA DE ESPAÜA. 

otros ciento cíncaenta hombres que á. aquella parte se 
encontraban (28 de febrero, 4709). El estruendo no 
fué grande, á causa de las cisternas del agua, pero 
los peñascos que se desprendieron sepultaron cerca de 
cuatrocientas casas, y se estremeció la tierra una le- 
gua al rededor. Todavía no se aterró con esto el co- 
ronel Albon que tomó el mando. Por mas de mes y 
medio mantuvo la defensa del castillo con los restos 
de aquella guarnición intrépida. A socorrerles por 
mar acudió el vice-almirante Baker con veinte y tres 
navios , acompañándole con tropas de desembarco e' 
general inglés Stanhope. Pero la artillería de los si- 
tiadores, mas certera que la de los navios, hizo á és- 
os gran daño; el mismo Stanhope envió á tierra una 
lancha con bandera blanca , suspendióse el fuego» y 
ajustada la capitulación, salió la guarnición del casti- 
llo con arreglo á lo estipulado (17 de abril, 4709), y 
en los mismos navios fué trasportada á Barcelona. Con 
I rendición del castillo de Alicante se completó la 
umision de todo el reino de Valencia ^^K 

Eicasperados los barceloneses con tantas pérdidas 
y contratiempos, y con tantos y tan infructuosos sacri- 

(4) San Felipe, Comentarios, rostro humano, y por la barba de 
A. 4708 y 4709. — ^Belando, tom. K esta cara se comenzó la mina : des- 
cap. b5 y 66. — Macanaz , Memo- do ta abertura hasta la superficie 
rias, cap. 4¿2. — ^Este escritor da del castillo habla mas de cuatro- 
ias siguientes curiosas noticias cicntas varas de allura : so cargó 
acerca de la célebre mina del cas- la mina con mil quintales de pói- 
tillo de Alicante: «La montana en vora, y después se le añadieron 
fue estaba el castillo tenia una otros doscientos, aue se lleraroD 
parte escarpada que llamaban la en cueros de á cincuenta libras 
cara , porque tenia la forma de un cada uno, etc.i 






PARTB 111. LIBRO VI 817 

ficios cohió hacian^ habían dirigido en principios 
de 1708 á su rey una representación « no ya vigorosa 
y fuerte, sino descarada y audaz, quejándose agria- 
mente, ya de no ver cumplidas sus promesas, ya de 
las inmeo^s sumas que le tenían prestadas, ya de los 
roboSt saqueos é insolencias de las tropas, ya de no 
ser respetados sus fueros. 

«Señor (le decian): viendo que hace ya dos años 
que, mantenidos de vanas esperanzas, V. M. nos tie- 
ne suspensos, esperando grandes sumas de dinero pa- 
ra pagar, no solamente las tropas, cuyo número (en 
realidad muy corto), había de crecer tanto (según em- 
bajadas y respuestas dadas por Y. M. diferentes veces 
á los síndicoá del £xcmo« Consejo de Cíenlo), que no 
solo habiande ser suficientes á defender á Y. M. y á 
conquifitar toda la monarquía, sino qué tamt)ien con 
ellas había de obligar á la Francia á hacer una paz, 
restitayendo todo lo que es de Y. M., ó ponerla en tal 
consternación, que de ella se viese quizá amenazada 
su poderosa corona de un precipicio, y también que 
con dicho dinero pagaría Y. M. todo lo que debe, no 
solamente á aquellos que para mantener su real pala- 
cio han dado todos sus haberes; á aquellos cuyo di- 
nero ha sido tomado ó mandado, dar por orden de la 
junta de medios; á los cabildos, comunidades, cole- 
gios, gremios, cofradías y demás comunes, que en 
todo es una cantidad inmensa; sino también lo que 
tiene prestado á Y. M. esta ciudad de Barcelona, por 



21 8 HISTORIA DB ESPAKa. 

cayo efecto se halla casi sio crédito» tras haber acu- 
ñado tanta moneda corta, para satisfacer las vivas 
instancias con que Y. M. pedia los tesoros que hatÑan 
quedado en las iglesias; viendo que en lugar de dar 
socorro á Lérida, á cuya función prometió V. M. (si 
llegara la necesidad) llevar la vanguardia en persona, 
no se emplearon en esto las suficientes tropas que ie- 
nia y. Mm sino solo en saquear, violar, robar cuanta 
encontraban bien lejos de los enemigos, y en hacer los 
mas execrables daños que jamás han hecho en esta 
provincia enemigas tropas; y que en el mismo tenor 
van continuando en sacar los trigos de los graneros, 
sin considerar que lo que falta de necesario alimento á 
los racionales emplean ellos por cama, y, sin darles 
otra cosa á sus caballos, acémilas y demás animales, 
quemando lo que no pueden llevar, satisfaciendo con 
decir, que pues se lo han de comer los enemigos, vale 
mas que ellos se aprovechen y lo consuman; causando 
estas insolencias tan lamentables sentimientos en los 
vasallos de Y. M., que está la ciudad llena de síndicos 
de las villas y lugares de Urgél, Campo de Tarrago- 
na y otros, á explorar en lo que han errado, ó si Y. M. 
les manda asi satisfacer los,inesplicab]es servicios que 
á V. M. tienen prestados. 

» Yiendo que contra nuestras patricias leyes, y ca- 
pítulos de Cortes firmados de vuestra real mano y de 
vuestros gloriosos predecesores, despóticamente so 
aposentan los soldados por toda la provincia, forzanda 



PARTB III. Limo YI. SI 9 

á todos sus moradores á que los alimeoten, y den gra- 
nos y paja á sos caballos y bagages, y en esta ciudad 
los oficiales se entran y sirven de las casas que les 
parece, sea ó nó gusto del dueño: Viendo que de los 
ministros de V. M. ninguno procura hacer su real ser- 
vicio, antes tirando solamente á robar y hacer ajustes 
de comunes y particulares, donde con causa ó sin 
ella pueden meter mano; y al que tiene convenien- 
cias, bajo el nombre de botiflero, ejecutan todo el ri-- 
gor que se les antoja en sus^ bienes y hacienda, oca*^ 
síonando con ello grandes odios en muchos vasallos: Y 
finalmente, viendo que lo que podía valemos todo ha 
salido contrario, y el quedar destruidos verdadero; 
que los insultos van creciendo, y los afectos y efectos 
disminuyéndose; que los enemigos se van internando, 
y las tropas de V. M. enteramente huyendo: que está 
cerca la campaña, y nosotros, aunque vengan (como 
nos tiene ofrecido V. M.) diez mil hombres de Italia, 
incapaces de hacer una honrada defensa: Por tanto sn~ 
plica esta ciudad de Barcelona á V. M. procure el re- 
medio, para él resguardo de su real persona y la 
de sus fidelísimos vasallos. De nuestra Diputación, 
etc. í*>.» 

A esta representación contestó Carlos prometién- 
doles, y empeñándoles de nuevo su real palabra, que 
de Inglaterra, y do Italia, y de Alemania llegarían 

(1) Hacanaz, Memorias» tom. VIII. o. 123. 



n 



220 H18T0E1A DE BSPaSa. 

pronto cuerpos oumerosos de tropas, y abondancia 
de dinero; y añadiendo qae la armada de mar había 
ido á apoderarse deCerdeña, que el príncipe Eugenb 
entraba por el Delfinado, y dándoles otras no menos li- 
sonjeras noticias, que se publicaron é imprimieron en 
Barcelona, y aquietaron por de pronto los ánimos. 
Mas como después ocurriera la pérdida de Tortosa, 
volvieron los catalanes á absar la voz, y á reproducir 
sus quejas, y á desacreditar al mismo Staremberg, lo 
cual movió al general alemán á intentar la recupera- 
ción de Tortosa, aun no bien reparada, con un cuer- 
po de tropas escogidas* Poco falló para que lograra su 
intento, merced á la deslealtad y traición de un ecle«- 
siástico de la ciudad, que babia tenido maña para 
hacerse el confidente del comandante Adrián de Be- 
tancourt; el cual avisaba de todo al enemigo y le lla- 
mó en el momento en que por artificio suyo oslaban 
Betancourt y toda la guarnición descuidados. A|X)de- 
rados estaban ya los alemanes de una parte de la pla- 
za, pero fué tal el arrojo con que se condujeron aque* 
líos valientes defensores tan pronto como se aperci- 
bieron del peligro, que á pesar de haber caido muer- 
to el mismo Betancourt en el ataque, ellos siguiendo 
puntualmente sus anteriores instrucciones los recha- 
zaron con gran pérdida, y salvaron la plaza maravi- 
llosamente (diciembre, 1 708). El rey don Felipe re- 
compensó aquel rasgo de heroísmo premiándolos á 
todos, y mandando dar á los soldados dos pagas mas 



PARTE ni. LIBRO TI. S81 

de lo ordinario por cierto üempo. Et caballero Das^ 
feldt cuidó luego de la buena y pronta reparación de la 
plaza. 

Y fué verdad , y se cumplió la mayor parte de lo 
que el archiduque había ofrecido á la diputación de 
Barcelona; porque los socorros vinieron, que fué con 
lo que se sostuvo el conie Guido Staremberg en Cer- 
rera y sus inmediaciones^ despreciando los catalanes 
el nuevo bando de perdón general que desde el Buen 
Retiro espidió otra vez el rey don Felipe: y fué tam- 
bién verdad que la armada del almirante Lake que 
trajo la archiduquesa á Barcelona, se apoderó de la 
isla de Cerdeña, donde quedó de virey el conde de 
€ifuentes; y dirigiéndose desde alli á la áe Menorca, 
mandando la geníe de desembarco el inglés Stanhope, 
la tomaron también, junto con el castillo de San Feli* 
pe, sin haber disparado un cañonazo, porque no hubo 
necesidad, toda vez que les fué entregado por los mis- 
mos comandantes, francés el uno y español el otro. 
La conquista de estas dos islas facilitó no pocos re- 
cursos á los catalanes * y les dio aliento, y los con- 
soló y recompensó en parte de sus pérdidas en el 
Principado. 

Habíanse visteen Italia durante el año de 1708 
los funestos efectos de la dominación alemana en Ñá- 
peles y Milán, desde que españoles y franceses fueron 
arrojados de aquellos antiguos dominios de España. 
El yugo de los alemanes se hacia sentir tan pesada- 



T 



282 H1$T0RI| DB ESPAÑA. 

mente sobre aquellos nuevos subditos, ídcIusós los 
pañoles que los habían ayudado á la rebelión , tales 
como el duque de Monleleon, el cardenal su herma- 
no y otros» que no pudiendo soportarla andaban ya 
discurriendo unos y otros cómo volverían á estar bajo 
la mano menos tiránica de los españoles; y aun hubo 
en una ocasión un principio de tumulto en que se die- 
ron vivas á Felipe Y.» bien que por entonces no tu- 
viera esto mas consecuencias; 

Pei;o en toda Italia se hizo sentir aquella pesada y 
despótica dominación» y muy especialmente en los Es- 
tados de la Iglesia, con no poco detrimento y mucho 
mas peligro de la autoridad pon tiñcia. Comenzaron los 
alemanes por apoderarse en Ñapóles y Milán de todas 
las rentas y beneficios eclesiástico s, sin tensor, y aun 
con menosprecio de las censuras; á tal punto, que ha- 
biendo hecho prender el virey de Ñápeles, conde de 
Thaun, á un clérigo por afecto al rey don Felipe^ y 
no bastando á defenderle el arzobÍ3pOt como el pqpa 
reclamara la persona del clérigo amenazando con que 
de lo contrario emplearía las censuras de la Iglesia, 
respondióle el virey que él eaviaria sus tropas á bus- 
car la absolución; y el clérigo fué ajusticiado publica- 
mente. Siguieron exigiendo del pontífice que recono- 
ciera á Carlos de Austria como rey de España; ocu- 
paron los feudos que tenian en Ñápeles Jos duques de 
Parma y de Florencia; y aun después de reemplazar 
el cardenal Grimani al conde Thaun en aquel vireina* 



PABTB 111 • LIBBO Vi. 223 

to, continaó embargando todas las reatas de los ecle-^ 
siásticos aasentes» y negándose á admitir los breves 
pontificios y á darles cumplimiento sin remitirlos antes 
al archidaque^ al mismo tiempo que en Milán el prín* 
cipe Eugenio prohibia que se sacase dinero para Ro** 
ma con cualquier motivo ó pretesto que fuede» ni dar 
ni recibir libranzas los comerciantes y banqueros bajo 
pena de la vida. 

Marchando progresivamente los austríacos en su 
sistema hostil á la corte romana, acordaron en una 
junta varios artículos al tenor de los siguientes: que 
en adelante no se tomará la investidura de los reinos 
de Ñapóles y Sicilia, por no ser feudos de la Iglesia» 
como hasta entonces falsamente se habia supuesto: — 
que se habrán de restituir al reino de Ñápeles los Es* 
lados de Avignon y el Benevento, como injustamen- 
te usurpados á aquel reino, el uno por Clemente VI. , 
el o(ro por Pió IL:— -que los obispados habrán de pro- 
veerse á nominación del archiduque, dando por nula la 
transacción hecha entre Carlos Y. y Clemente VIL etc.: 
á este tenor los demás. No contentos cou exigencias 
verbales y con condiciones escritas, pasaron á vias de 
hecho, y moviendo cautelosamente sus tropas se apcr 

• 

deraron del Estado de Comachio, perteneciente á las 
tierras de la Iglesia, y habrían hecho lo mismo con el 
de Ferrara, á no haber acudido con prontitud á su de- 
fensa tropas pontificias. Ya era escusado todo disimu- 
lo; la guerra de los católicos^ alemanes á la Santa Sede 



224 HISTORIA DB BSPAÑA. 

«ra manifiesta: el papa se previno á la defensiva, es^ 
cribió á todas partes, reclamó el auxilio de las poten- 
cias amigas, especialmente de Francia y España, to- 
mó cuantas medidas le permitían sus recursos, y for- 
tificó el castillo de Sant-Angelo. 

Hizo bien, y no hacía nada de mas en todo esto, 
porque los imperiales, después de haber ratificado en 
la Dieta de Ratisbona los artículos de la junta de qtie 
hemos hecho mérito; después de publicar el rey de 
Romanos en un manifiesto que los Estados de Parma y 
Plasencia no eran feudos de la Iglesia, como se creia, 
sino del imperio; que la Iglesia no tenia bienes tempo- 
rales; que si los emperadores le hablan hecho algunas 
donaciones eran nulas, y lo que no tenia por donación 
era usurpado, y por consecuencia todo debia volver al 
imperio; después de declarar también nulas las censa- 
ras puestas por S. S. á los que cobraban las contribu- 
ciones en Parma y Plasencia, y de' exigir al duque de 
Parma que dentro de quince dias hiciera reconoci- 
miento de estos feudos á favor del imperio, continua- 
ban sus invasiones armadas en los Estados Pontificios, 
y bloqueaban y amenazaban á Ferrara, sin soltar á 
Comachio. Preveníase el papa; naves francesas que 
iban en su ayuda amagaban á Ñapóles; el mariscal de 
Tessé ñié enviado por Luis XIY. para empeñar á los 
príncipes italianos en la guerra contra los alemanes; 
acudían allá los oficiales españoles que estaban en 
Ñapóles y Milán, y el pontífice miando dar armas á los 



PARTB 111. LIBRO VI. S25 

paisanos. Pero ya las tropas imperiales corrían el Bo- 
lones, el Ferrarás, la Romana, todos los Estados de la 
Iglesia, bloqueaban á Ferrara y otras grandes pobla- 
ciones^ temblábase en Roma, y llegó el caso de cer- 
rarse tres de sus puertas y llamarse tropas para la de- 
fensa interior. 

Atrevióse el marqués de Prie á proponer al papa 
medios de ajuste, para lo cual tuvo con él una audien- 
cia de tres horas en Roma. Los preliminares para este 
ajuste eran : 1 .'' que S. S. desarmara y licenciara sus 
tropas: 2."^ que reconociera por rey de España al ar- 
chiduque; 3.^ que diera cuarteles en los Estados de 
la Iglesia para diez y ocho mil alemanes . En vano el 
Pontífice, en vista de tales propuestas, se dio prisa á 
fortificar el castillo de Sant-Angelo, y á llenar sus fo- 
sos de agua: los alemanes siguieron estrechándole, 
entraban en ciudades y castillos, cobraban en todas 
partes las rentas de la Santa Sede, las tropas pontifi- 
cias se retiraron á Ancona, el papa se vio precisado á 
pedir al marqués de Prie una suspensión de armas, y 
aquel le respondió que solo tenia orden de ofrecer la 
guerra ó la paz. Los embajadores y cardenales de 
Francia y de España en Roma ofrecian á S. S. socor- 
ros de mar y tierra , y empeñar á otros soberanos de 
Italia en la lucha contra el imperio, si él se decidia 
por la guerra; bien "que uno de ellos, el duque de 
Uceda, al tiempo que en público hacia esfuerzos 
en este sentido, se estaba entendiendo en secreto 
Touo XVIII 15 



S26 . HISTORU DE BSPASa. 

con los alemanes. El marqués de Prie apretaba coq 
amenazas á S. S.; el pontiñce respondía con vigor, 
pero no admitía las ofertas de España y Francia; 
avanzaban los alemanes; todo era confusión yes- 
panto en Roma, porque no había ya mas plaza libre 
que Ancona. Resuelto estuvo ya el pontífice á fu- 
garse de la ciudad santa, pero los cardenales no se lo 
permitieron. Asi estaban las cosas al terminar el año 
1708. Por último S. S. se vio precisado á. suscribir 
á lo que los alemanes quisieron proponerle ; hízose 
el ajuste al modo que ellos desde el principio lo ha- 
bían pretendido, y ni siquiera restituyeron á la Iglesia 
el estado de Comachio. Tal fué para la Santa Sede el 
funesto resultado do la expulsión de los españoles de 
Ñapóles y Milán dos años antes» y bien á su costa co- 
noció la diferencia de la dominación imperial á la do- 
minación española en aquellos antiguos estados de la 
corona de Castilla ^^\ 

No hablan sido favorables en ese mismo año los 
sucesos de la guerra de los Países Bajos á la causa de 
los Borbones, á pesar de haberse reunido un ejército 
de cien mil hombres en aquella frontera, y de ha- 
berse dado el mando de aquellas grandes fuerzas al 
duque de Borgoña , heredero presunto de la corona 
de Francia, bajo la dirección del hábil y acreditado 

(4) Macanaz consagra todo el Roma^ que nosotros acabamos de 

cap. 439 do sus Memorias, qae es compendiar.— Historia de la casa 

muy esténse, á la relación de es- da Austria.— Anales Pontificios, 
tas hostilidades entre Alemania y 



PARTE III. LIBBO VI. 227 

daque de Veadóme, y á pesar de los estragos qae 
causaron eo los pueblos de Holauda las terribles inun- 
dacíones que sufrieron. Al principio lograron apode- 
rarse por sorpresa de Gante, Bruges y algunas otras 
plazas del Brabante , pero repuestos luego ingleses y 
holandeses, libres ya del cuidado en que los había 
tenido la malograda espedioion de Jacobo de Ingla- 
terra desde Dunkerque , que dejamos en otro lugar 
indicada, acometieron Marlborougb y el príncipe Eu- 
genio un cuerpo de treinta mil franceses en Oude- 
narde, é hicieron en él tanto estrago (14 de ju- 
lio, 1708), que acaso habría sido totalmente deshecho 
si del Rhin no hubiera acudido, llamado por el du- 
que de Borgoña, el mariscal de Berwick con otro 
cuerpo de veinte mil hombres. Con esto los enemigos 
pudieron poner en contribución todo el Artois, y se 
4)repararon para el sitio de Liile. Inmensas masas se 
reunieron de una y otra parte para este célebre sitio. 
Tenia el mariscal de Bouflers dentro de la plaza vein- 
te y cinco batallones, con dos regimientos de drago- 
nes y otros doscientos caballos. El príncipe Eugenio 
la asediaba con todo el ejército aliado. A socorrer la 
guarnición fué el duque de Berwick con treinta mil 
hombres, á los cuales se juntaron otros diez mil que 
mandaba La Cruz; y todos se incorporaron luego con 
el duque de Borgona que dirigía el resto del ejército 
francés. Y sin embargo no se pudo impedir á los 
enemigos embestir la plaza , abrir trincheras y dar 






228 HISTORIA DE BSPAÍÍA. 

asaltos, bien que en unas y otras operaciones no de- 
jaran de sufrir graves pérdidas. 

En fío, después de sesenta y un días de abierta 
brecha, y de setenta y dos de sitio, cuyas vicisitudes 
escusarémos referir, y de haber perdido ya en él los 
aliados veinte mil hombres, el mariscal de BouQers 
pidió capitulación (22 de octubre, 1708), y otorgósele 
con las condiciooes que propuso. Quedaba la cindade- 
la, que continuó defendiéndose hasta el 8 de diciem- 
bre que se entregó, saliendo la guarnición con todos 
los honores militares, porque el duque de Borgoña al 
retirarse con el ejército á Francia habia dejado orden 
para que se rindiese. 

La causa de esta estraña retirada del de Borgoña, 
y de la no menos estraña orden que dejó para que se 
rindiera la ciudadela de Lille, asi como de su inacción 
en los últimos dias de la campaña, solo puede espli- 
carse por el designio que llevara, y que ya muchos, 
como hemos dicho, le atribuían, de conducir las cosas 
de la guerra á un estado en que fuera necesario al rey 
su abuelo hacer la paz» despojando á su hermano de 
la corona de España. Y no en otro sentido le habló 
sin duda el ministro de la Guerra marqués de Chami- 
llardt, que ahora, como en otro tiempo, se presentó en 
el teatro de la guerra, y le aconsejó lo mismo que en 
otra ocasión habia aconsejado á los generales de Ita- 
lia. Pero pudo haber dado siquiera alguna muestra de 
que estaba alli, por salvar las apariencias, y el honor 



PARTE 111. LIBRO VI. 229 

delejércitOy y no que dio lugar á que éste conociera 
SQ intención, y le tratara con menos respeto del que 
era debido á un general en gefe, y mas á un príncipe 
heredero del trono francés ^^K 

Con la pérdida de Lille, y con la de Gante, que le 
siguió poco después (29 de diciembre, 1708), des- 
pojábase la Fracia de una de las mejores y mas im- 
portaates conquistas de Luis XIV. en los Paises Bajos, 
y siendo Lille la llave de los que bañan el Lys y el 
Escalda, quedaba completamente descubierta la fron- 
tera francesa por aquella parte y abiertas las puertas 
del Artois y de la Picardía. Entonces comprendió. 
Luis XIV. con mucho pesar suyo la necesidad de pro- 
teger sus propias provincias contra el poder de los 
vencedores. Pero causábale todavía mas pesar la im- 
posibilidad en que se hallaba de emplear los medios 
necesarios para ello. La situación de la Francia era 
miserable y casi desesperada. Ademas de los reveses 
que acababa de sufrir en la guerra, las inundaciones 
y las heladas del memorable invierno de 1708 la de- 
jaron sin frutos y sin esperanza de cosecha. El tesoro 
estaba agotado, los almacenes vacíos, no habia de 
dónde sacar para el soldado ni paga ni pan; disgusto 
y desánimo en el pueblo, desánimo y deserción en las 
tropas; los enemigos envalentonados como vencedo- 



(4) Memorias militares relati- — Robres, Guerras , MS. c. 8.— - 
y.'is á la sucesión de España. — Macanaz, Memorias, c. 130. 
Historia délas Provincias-Uaidas. 



230 HISTORIA DE BSPAÜA. 

res; la amistad de España sirviéadole de carga mas 
que de apoyo; y el duque de Borgoña y los de su 
partido pronunciados contra la guerra y contra los 
sacrificios que estaba costando á la Francia el empe- 
ño de sostener á Felipe en el trono español. 

En situación tan funesta no vaciló Luis XIY. en 
entablar negociaciones secretas para la paz con los 
holandeses, que parecían ser entonces los arbitros de 
las potencias de Europa, sin detenerse porque hubie- 
ran sido infructuosas otras tentativas anteriores. Envió 
pues al presidente Rouillé (marzo 1709) con plenos 
poderes para tratar con los diputados de los Estados 
Generales, y por parte de Felipe fué también el mar- 
qués de Bergueick, autorizado para dar á los holan- 
deses toda clase de pruebas de amistad y confianza. 
Pero éstos hablaron como vencedores, exigiendo como 
base preliminar del tratado la cesión de la España y 
de laslndias. Aun con esta condición, todavía LuisXIV. 
queria continuar las negociaciones, mas cuando llegó 
el caso de esplorar por medio del embajador Amelot 
los sentimientos de su nieto Felipe, sublevado el áni- 
mo del joven monarca, envió á su abuelo la siguiente 
enérgica y dura respuesta: «Ya tenia yo noticia de lo 
»que escribís á Amelot, esto es, de las negociaciones 
» quiméricas é insolentes de los ingleses y holandeses 
» relativas á los preliminares de la paz. Jamas he visto 
AOtras semejantes, y se me resiste creer que podáis 
» escucharlas, vos que por vuestras acciones habéis sa* 



PARTB III. LIBRO VI. S31 

»bido ganar mas gloria que aiugun soberano del mua- 
)>do; pero me iadigaa que haya quien se imagine que 
» podrá obligárseme á salir de España. No sucederá 
>por cierto mientras corra por mis venas una sola 
»gota de sangre, porque no podria soportar semejan- 
»te baldón, y haré cuantos esfuerzos sean necesarios 
i»para conservar un trono, que debo, en primer lugar 
»á Dios, después á vos, y nada me arrancará de él 
Amas que la muerte.... elc.x» 

Conocida por el monarca francés la Grmeza del es- 
pañol, trató de sondear el espíritu que dominaba en 
España, y el apoyo y los recursos con que podía con* 
lar su nieto. De todo esto le informó Amelot, asegu- 
rándole que era casi general el amor que le tenían los 
pueblos de España, y que á pesar de los sacrificios 
que la guerra les imponía, no se oían quejas, ni se 
observaban síntomas de desobediencia, sino era por 
parte de algunos magnates, descontentos de no dispo- 
ner y mandar á su albedrío, y de la parte que en el 
gobierno tenia el mismo Amelot: que el rey era equi- 
tativo, y aliviaba á los pueblos cuanto podía; la reina 
afable, benéfica, económica y prudente; la princesa 
de los Ursinos tan desinteresada, que ni pensaba si- 
quiera en pedir los sueldos y pensiones que se le de- 
bían; que solo los gefes de oposición al gobierno, que 
eran Montalto, Montellano, Frigiliana, Aguilar y Mon- 
terrey criticaban la abolición de los fueros aragoneses, 
y la poca consideración que decian se guardaba á los 



232 HISTORIA DE ESPAÜA. 

pueblos; que por lo demás, siendo cierto que hacía 
pocos años no tenia Felipe ni tropas, ni armas, ni arti- 
llería, ni dinero para pagar á sus propios criados, aho- 
ra disponía de un ejército considerable; que era ver- 
dad que se trabajaba por la separación de Amelot y 
de la princesa de los Ursinos, y que la oposición había 
crecido desde la malhadada campaña de Flandes; y 
sobre todo confesaba que si Luis XIV. retiraba sus 
tropas, los españoles mas amantes de su rey creerían 
que le abandonaba, y acaso le desampararían tam- 
bién, viendo que no podria sostenerse í*J. 

En vista de todo, se decidió el monarca francés á 
seguir la negociación entablada, sin aceptar ni recha- 
zar definitivamente la condición humillante impuesta 
por los holandeses. El plan de Luis XIV. parecía el de 
llegar á la paz, siquiera se hiciese á espensas de Fe- 
lipe, halagando el pensamiento de cada uno, incluso 
el del duque de Orleans, que le tenia sobre el trono 
español. Pero el ministro Torcy, que fué á la Haya pa- 
ra activar la negociación, no encontró los ánimos me- 
jor dispuestos, y no viendo disposición á tratar sepa- 
radamente con los de Holanda, tuvo que someter las 
proposiciones á los aliados, con cuyos plenipotencia- 
rios se celebraron conferencias en la Haya. En vano 
recurrió el anciano monarca francés á varios artificios 
para eludir la condición primera que se le exigia. En 

(I) Noaillesy Memorias tom. IV 



PAKTB 111. LIBRO VI. 233 

vaoo fué sucesiva y gradualmente hacíeudo coucesio- 
Des, hasta llegar á convenir en abandonar á España y 
sus dominios, excepto Ñapóles y Sicilia: insistian los 
aliados en la restitución completa de la monarquía 
española á la casa de Austria, á excepción de lo ofre- 
cido á Saboya y Portugal; accedia ya el francés á esta 
condición, pero confesaba serle imposible arrancar el 
consentimiento de Felipe, aunque retirara sus tropas 
de la península; los*aliados como garantía de su pro- 
mesa le exigían que respondiera ét mismo de su com- 
promiso, y pedíanle como prenda las plazas que en 
España ocupaban las tropas francesas, lo cual recha- 
zaba Luis, como condición que lastimaba su delicado* 
za, haciéndole sospechoso de obrar de mala fé ^^K 

Semejante negociación no podía menos de alarmar 
á Felipe y sus adictos, los cuales no dejaron de mani- 
festar á Luis XIV. sus temores y sus quejas. Las res- 
puestas del soberano de la Francia no eran en verdad 
á propósito para aquietarlos y disipar sus recelos, 
puesto que llegó á decir á su embajador (abril, 1709), 
que fuera preparando á Felipe para que cediera la Es- 
paña, paes era necesario concluir la paz á cualquier 
precio que fuese. Veían, pues, Felipe y los españoles 
con el mas profundo sentimiento y desagrado que en 
la imposibilidad en que parecía encontrarse el francés 
de continuar la lucha, se proponía alcanzar la paz mas 

(4) Memoires de Torcy, tona. 11. 



1 



' 234 HISTORIA DB BSPAÍIA. 

ventajosa posible sacrificando la España. Desmayaban 
unos, volvian otros los ojos al Austria» y otros pensa- 
ban en el de Orleans para el caso en que Felipe se 
viese obligado á abdicar la corona. Que el de Orleans 
abrigaba estas aspiraciones cosa fué que llegó él mis- 
mo á confesar á su tio en esplicaciones que entre los 
dos mediaron, y que á Luis no pareció pesarle, ó por 
lo menos lo tomó como un medio y una solución más 
para sus combinaciones. La princesa de los Ursinos, 
nunca amiga del de Orleans, era la que vigilaba acti- 
vamente su conducta y la de sus agentes en España, 
y con su acostumbrada habilidad hizo que se descu- 
briera en el equipaje de uno de ellos una parte de la 
correspondencia entre el duque y el general inglés 
Sfanbope, su antiguo compañero en galanteos. Con tal 
motivo reiteró Felipe V* sus quejas á su abuelo, y le 
rogó con instancia que no permitiese al duque de Or- 
leans volver á tomar en ningún tiempo el mando del 
eyército de España, porque sería la señal de la explo- 
sión, y acaso de la ruina del trono. Conoció entonces 
Luis XIV. los peligros de su condescendencia con los 
proyectos del sobrino, y temiendo los resultados de su 
insistencia se constituyó como en mediador entre el 
sobrino y el nieto, y ofreció á Felipe obrar en el sen- 
tido que él deseaba ^^K 



(4) Saa SímoD , Memorias, Aa.— BeLodo, Uist. Civil, tom. I. 
tom. Y. Historia de los proyectos c. 71. 
del duque de Orleans^sobre Espa- 



PARTB lll. UBKO VI. S35 

Enlretaato el rey don Felipe había dado otra 
prueba de su resolución de do abandonar nunca la 
España, convocando Cortes de castellanos y aragone- 
ses para el reconocimienlo de so hijo el infante don 
Luis como príncipe de Asturias y heredero del trono 
de Castilla; fué en efecto reconocido y jurado el prín- 
cipe con universal beneplácito y con toda la solemni- 
dad y ceremonias de costumbre en las Cortes á este 
fin congregadas en la iglesia de San Gerónimo del 
Prado de Madrid (7 de abril, 1709). Mas por si algu* 
no dudaba todavía de la firmísima resolución del rey 
don Felipe en esta materia, escribió otra vez á su 
abuelo la siguiente carta (17 de abril), notable por la 
vigorosa energía con que de nuevo se afirmaba en la 
decisión que siempre habia manifestado. 

«Tiempo hace que estoy resuelto» y nada hay en 
}9el mundo que pueda hacerme variar. Ya que Dios 
«ciñó mis sienes con la corona de España, la conser- 
varé y defenderé mientras me quede en las venas una 
»gota de sangre: es un deber que me imponen mi con- 
>ciencia, mi honor, y el amor que á mis subditos pro- 
)»feso. Cierto estoy de que no me abandonará mi pue- 
»blo, suceda lo que quiera, y que si al frente de él es- 
» pongo mi vida, como tengo resuelto antes que aban- 
»donarlo, mis subditos derramarán también de buen 
» grado su sangre por no perderme. Si fuera yo capaz 
»de abandonar mi reino ó cederle por cobardía, estoy 
» cierto de que os avcrgonzariais de ser mi abuelo. Ar- 



236 HISTORIA DE ESPAÑA. 

)»do en deseos de merecer serlo por mis obras, como 
Apor la sangre lo soy: asi es que jamás consentiré ea 
»ua tratado indigno de mí.... Con la vida tan solo me 
)) separaré de España; y sin comparación quiero mas 
^perecer disputando el terreno palmo á palmo que em« 
))pañar el lustre de nuestra casa, que nunca dcsbon- 
»raré si puedo; con el consuelo de que trabajando pa- 
ira bien de mis intereses, trabajaré al mismo tiempo 
»en obsequio de los vuestros y de los de Francia, para 
D quien es una necesidad la conservación de la corona 
)> de España ^*^» 

No con menos entereza se condujo con el pontífi- 
ce. Aunque afecto Clemente XI. á la causa y dinastía 
de los Borbones, hablase visto obligado á someterse 
di ajuste impuesto por los alemanes, como indicamos 
poco há. Pero respecto al reconocimiento del archi- 
duque, imaginó que podia salir del embarazo adoptan- 
do un término medio, ó mejor diriamos ambiguo, re- 
conociéndole solamente como rey Católico, no espre- 
sando de España. Sucedióle con esto que no satisfizo 
á los austríacos, y disgustó de tal modo al rey don 
Felipe, que dándose por muy ofendido mandó salir 
de España al nuncio de S. S., cerró el tribunal de la 
nunciatura, prohibió todo comercio con la corte ro- 
mana, cortó toda comunicación con la Santa Sede, si- 
no en las cosas que pertenecieran esclusivamente á 

W Memorias dcNoailles, tom. IV. 



-1 



PARTB 111. LIBRO YI. S37 

la jurisdicción y potestad espirituaU y lomó otras se- ' 
mejantes medidas, qae fueron principio de largas y 
ruidosas disidencias entre la corte de España y la si- 
lla pontificia, que duraron largos años, y de las cua« 
les habremos de tratar separadamente ^^K 

Mas todos estos arranques de firmeza de parte del 
rey no impedian que, escitado el espíritu indepen- 
diente de los españoles contra todo lo que fuera some- 
terlos á la intervención de agentes estrangeros, ere* 
ciera en ellos el disgusto y se aumentaran las quejas 
contra la Francia, contra Amelot, y aun contra la 
princesa de los Ursinos, á quienes suponian autores 
de las calamidades que afligían al reino. Este descon- 
tento y esta oposición, que se manifestaba en el seno 
del gabinete, irritó al embajador francés en términos 
que perdiendo su habitual comedimiento y su carác-. 
ter naturalmente conciliador , comenzó á tomar me- 
didas severas contra los magnates desafectos á Fran- 
cia, y consiguió que fuesen separados del consejo 
Montellano y otros que se hallaban en igual caso, lo 
cual no hizo sino aumentar la popularidad de los se- 
parados. Hubo entre los grandes quien, como el de 
Medinaceli, propuso unirse con los aliados contra los 
franceses, que con tratos y proyectos ofensivos á la 
lealtad española parecían querer arrebatar á la nación 



(4) Sao Felipe, ComeDtarios. Memorias de Tdssé.— Id. de Maca- 
—Belaodo, Historia Civil, P. I. Daz, cap. U7yl58. 
cap. 74.— Noailles, Memorias.— 



238 HISTORIA DE ESPAJÍA. 

UQ rey que amaba y veacraba , y con quien había 
idenlíficado sus intereses y sentimientos. Y estas ideas 
se difundían por el ejército, cundían hasta el soldado, 
y llegó á tanto la animadversión con que miraban las 
tropas españolas á las francesas y la prevención del 
pueblo contra los de aquella nación, que hubo moti- 
vos para temer que el populacho de Madrid inmolara 
un dia los franceses residentes en la corte (*^ Y como 
cualquiera que fuese la combinación que produjeran 
las negociaciones que andaban pendientes, los espa- 
ñoles calculaban que había de producir , en unos ú 
otros términos, la desmembración de la monarquía, 
que era lo que ofendía mas el nacional orgullo, no 
veían otra áncora de salvación que sostener á Felipe, 
á quien hallaban siempre dispuesto á morir en España 
y por España. 

Valióse mañosamente de esta disposición de los 
ánimos la princesa de los Ursinos , y si bien hasta en- 
tonces había apoyado todas las medidas propuestas 
por el embajador francés , en esta ocasión no tuvo 
reparo en sacrificar á Amelot, y mostrándose indíg* 
nada al saber las proposiciones humillantes hechas á 
Luis XIY . por los confederados , y haciendo recaer 
sobre el embajador el peso y la responsabilidad de 
las medidas impopulares, pidió su destitución, em- 
pleando también para su objeto todo el influjo que con 

(1) San Felipe, Comentarios, tom. IL 



PARTB III. LIBRO VI. 239 

la reina tenia. Y como los consejos de la reina y de 
la camarera estuviesen en este punto de acuerdo con 
los sentimientos del rey, convocó Felipe á los minis- 
tros y á los principales grandes del reino , y expo- 
niendo ante aquella asamblea la inquietud que le 
causaba la conducta de la corte de Versalles, y el 
rumor que corría de que iba á abandonarle la Fran- 
cia, les repitió su firme resolución de morir antes que 
renunciar la corona ni dejar á España, les declaró 
que estaba decidido á guiarse por los que tantas prue- 
bas le habían dado de adhesión y cariño , y concluyó 
pidiéndoles consejo y apoyo. 

Honda sensación y maravilloso efecto produjo es- 
te discurso del rey en aquella asamblea. Veíanse en 
ella muestras generales de aprobación y signos inequí- 
vocos de afecto. El cardenal Portocarrero, que á pe- 
sar de su avanzada edad y de sus achaques habia ve- 
nido á formar parte.de aquella respetable reunión, 
contestó á nombre de todos en un lenguaje lleno de 
patriotismo y de dignidad, diciendo que el honor, la 
lealtad y el deber, todo imponia á los españoles la 
obligación de defender á su soberano y de sacrificarse 
por sostenerle en el trono, y que sería mengua y bal- 
don para España consentir que Inglaterra y Holanda 
desmembrasen la monarquía; y que si Francia no pe- 
dia en lo sucesivo ayudar á los españoles, ellos solos 
sabrían defender sn independencia y conservar la co- 
rona á su monarca, porque no habría español que 



240 IllSTOaiA DB ESPAÑA. 

no corriera gustoso á empuñar las armas para el sos- 
ten y defensa de tan sagrados objetos. La asamblea 
prorumpíó en eatusíaslas demostraciones de adhesión 
y de aplauso, y el anciano prelado borró con este úl- 
timo acto de su larga carrera política las manchas y 
lunares con que en mas de una ocasión la babia empa- 
nado. Concluyó la asamblea rogando al rey que esta* 
bleciera un gobierno puramente español, escluyendo 
de él á los franceses, y Felipe accedió á lo que ya de 
antemano habia pensado aceptar. No paró en esto la 
habilidad de la princesa de los Ursinos, sino en conse- 
guir después, por medio de la reina su protectora, no 
ser incluida en la resolución general, y aun ella mis- 
ma fué la primera que anunció á Amelot la nueva de 
su destitución. 

El embajador francés fué reemplazado por Blecourt 
que habia sido antes ministro en España. El duque de 
Medinaceli fué nombrado ministro de Estado; dióse el 
ministerio de la Guerra al marqués de Bedmar; los 
demás ministros y secretarios permanecieron en sus 
puestos por ser españoles. Para las conferencias de la 
paz que se celebraban en la Haya se nombró plenipo- 
tenciarios al duque de Alba y al conde de Bergueick. 
Las instrucciones que se les dieron no podían ser ni mag 
terminantes ni mas dignas. « Decidido está el rey, de- 
cían, á no ceder parte alguna de España, de las In- 
dias, ó del ducado de Milán; y conforme á esta reso- 
lución protesta contra la desmembración del Mílanesa- 



/PAATB Ifi. UBRO TI. $44 

ido, hecha por el emperador á favor del duque de Sa- 
-boya, á quien se podrá indemnizar con la isla de Or» 
xleña. En este úiticno caso, y á fin de consegaír la paz^ 
consiente S. M. en ceder Ñápeles al archiduque, y la 
Jamaica á los ingleses, con la condición de que cede- 
rán éstos á Mallorca y Menorca*» Si á pesar de éstas 
concesiones no se podía lograr la pac, se encargaba á 
Jos plenipot^Qcmios trataran de deciciir al rey de 
Francia á que c^ierá alguna de sus conquistas, y 
' procurara el restablecimiento de jos electores . de Ba- 
viera y Colonia, dejai^do al primero el gobierno de los 
Paises Bajos basta que volvieran estos Estados á la ,co«- 
rooade Castilla ^^K 

Muy distantes estaban los aliados de acceder, no 
solo á las proposiciones del monarca español, pero ni 
.alas que el francés les presentó por medio de su mi^ 
nistro de. Estado ;el marqués de Torcy. Antes bien lo 
que los representantes de los confederados estable- 
cieron como preliminares para la paz en lo relativo á . 
ia sucesión española, fué el reconocimiento del archír- 
duque Carlos como soberano de toda esta monarquía, 
de modo que ningún principe de la dinastía de Borbon 
pudiera reinar jamasen parte alguna.de ella, con. cuya 
condición suspenderían las hostilidades por doé mésese; 
Y si ^n es^ pla?o;no se,hubiese realizado,. ó se negar- 
se Felipe á con^ntir ea ella, el rey de Erancia se 



<(4) Noailles, tom. ly. 

Tomo xviu. J6 



S42 mSTOBIA lA BPAfiá. 

obligaría, no solo á retirar sos tropas de España, sino 
á aoirae con los aliados para arrancar á Felipe esté 
consentimiento ^^K Fijáronse ademas otras condieiones 
respecto al Imperio, á Holanda y á Inglaterra. Al leer 
tan ignominiosas y altivas proposiciones sublevóse el 
espirita del anciano monarca francés, y pareciendo 
revivir en él so antiguo aliento declaró solemnemente, 
que en la dura y cruel alternativa en que se le ponía 
de pelear contra sus propíos hijos ó luchar contra es- 
traños, no podía haber para él duda ni vacilación; y 
apelando al valor y á la lealtad de su pueblo contra el 
orgullo y la insolencia de sus enemigos ; «Es repug- 
^nante, decía, á los ojos de la humanidad el hecho 
usólo de suponer que podrán todas las fuerzas huma- 
»nas hacerme consentir en cláusula tan monstruosa. 
» Aonque no sea menos vivo el amor que me insfñran 
• mis pueblos -que el que profeso á mis propios hi- 
»jos; aunque tenga que sañrir todos los males que la 
» guerra ocasione á siábditos tan fieles; aunque yo 
nhaya mostrado á toda Europa mis deseos de dar 
.»les la paz, cierto estoy de que ellos mismos se 
•negarían á recibir esta paz con condiciones tan 
» contrarias á la justicia y al lustre del nombre 
«francés.» 

Y Felipe V. decia á su vez á los españoles: «No 
^contentos los aliados con hacer alarde de sus exígen- 

(4) Articvlos 4 y 37 de loa pre- cap. 459. 
líminares. — Macanaz, Memorias, 



PAÍiTB tu. U0fto VI. 243 

»cía6 desmedidas^ se atrevieron á jpropcmercoino artí-» 

»calo fondanental qae el rey mi abuelo hubiera de 

toreanir sos foer^as á la$ de ellos á fia de obfígarme 

>por fberzsa A salir de Espafia, si en el lérmítto de dos 

nneses no Iq verificaba yo voluntariamente; exigencia 

«escíaádalosa y lememria, y sin embargo la única en 

nqoe inostrcH^on basta cierto punto que conocían y es- 

itlimaban mi con^noia^ toda vez^ i|«e ni con el auxi- 

I» lio de tan vasto poderse prometían on triunfo sega-' 

uro.» T anadía^: cSi t^des son mis pecados que hayan 

»deprívaméá del amparo divino^ por lo menos kicba- 

»ré al lado de mis amados españoles baüta defranüar 

i>1a última gota de mi sangre, con que quiero dejar 

» teñido este Meto de España tan querido para mí. Fe^ 

»lii! á calmándose la cólera del cíek> con el sacrificio 

i^demi vida, los príncipes mis bijos, nacidos en los 

abrazos de mis fiele$ subditos, se sientan nn dia en 

jiel trono en medio de la pat y pública felicidad, y sí 

•al exbalar el último suspiro puedo envanecerme de 

I» haber embotado los &los de la lortona contraría, de 

vmodo que mis hjjos, con quienes ba querido Dios 

j> consolidar mi monarquía, logren por último coger 

«los sazonados frutos de la paz. ... » 

Los manífiesítos de ambos monarcas produjeron 
igual efecto en cada uno de sus pueblos. La juventud 
eepaióia se apresuró á alistarse y á tomar tfts armas; 
Ja nobleza bizo cuantiosos donativos, ya en plata la«* 
fcrada, ya^n dinero; los obispos, las iglesias cátedra*^ 



244 HISTOAIIk DB ESMKA. 

les» el clero en general ofreció sus tesoros» y ayudó 
con sus eKhortaúiones á combatir á un príncipe soste- 
nido por hereges y protestantes. Por primera yez en 
este reinado se confió el mando del ejército á un es- 
pañol» el conde de Aguilar, conocido y acreditado en- 
tre sus compatriotas por su .valor y experiencia mili- 
tar. Mas como quiera que todos estos esfuerzos no se 
consideraran suficientes para resisilir la España sola al 
choque que la amenazaba;, á instancias y ru^os de la 
reina» que se hallaba próxima á ser^ otra vez madre, 
accedió Luis XIV., no obstante la penuria y los apu- 
ros de su propio reino» á dejar en España treinta y 
cinco batallones franceses solo por el tiempo que ne- 
cesitara Felipe para reunir y organizar un ejército na- 
cional» y haciéndole entender que si España no bacía 
un esfuerzo estraordinario para defenderse á sí mis- 
ma contra los aliados» no le sería posible conservar en 
el trono á su familia. Por fortuna no fué ahora en Es- 
paña» sino en otras partes» como veremos luego» don- 
de las potencias confederadas hicieron caer el peso 
principal de la guerra. . . 

Con no menos ardor y decisión respondió la Fran. 
cia á la voz y al llamamiento de su venerable sobera- 
no. Lo extraordinario de los esfuerzos correspondió á 
las necesidades y á los apuros en que el reino se ha- 
llaba. Luis envió su vajilla á la casa de moneda; los 
príncipes y la mayor parte de laa personas ó pudientes 
ó acomodadas hicieron lo mismo: el pueblo se prestó 



VARIV Iir. LIBBO VI. 2iS 

á todo. Las ccDfer6iicía& de la Haya terminaron, cp- 
IDO era dé esperar, sin resoltado, y la Francia puso 
todavía en pié cinco ejércitos para esta campaña.' Se 
pensó que ios ínandáran los príncipes, pero se renun- 
ció á esta idea por los grandes gastos que su presencia 
ocasionaba y exigía; y asi- se di6 el mando de el de 
Flandés al mariscal de Villars, al de Harcourt el del 
que habra.de operar en el Bhin, al duque de Berwick 
et de el Delflnado, el del Roseilon al duque de Noai-> 
Hes, y el de Cataluña al mariscal de Bezons. Los alia- 
dos tenían también otros cinco ejércitos: el de los Pai«* 
ses Bajos, que tnandaban el príncipe Eugenio y el du* 
que de Malborough ; el del Bbin dirigido por el duque ^ 
de Hannover; el del Piamonte por el conde de Tbaun; 
el de España, que habia de mandar el conde de Arem- 
berg, y ademas el de Portugal. Unos y otros querian . 
reunir fuerzas enormes en los Paises Bajos; los aliados 
se propusieron aglomerar alli hasta ciento ochenta y 
tres batalloties y trescientos quince escuadrones: 
Luis XIV. aspiraba á reunir ciento cincuenta batallo- 
nes V doscientos veinte escuadrones. Ni unos ni otros 
pudieron completar al pronto tan estraordíuario nú- 
mero de combatientes, pero después uno y otro ejér- 
cito sobrepasó esta cifra . 

No nos corresponde el relato minucioso de las 
operaciones y movimientos de aquellas formidables 
masas de guerreros, que en la célebre campaña de 
i709 ventilaban con las armas en los campos y cíu- 



t 

246 HIMQftiA DH B»Aáh. 

dades de lo$ Paisee Bajos la cufistUm de la soeesioa 
paoola á Dooibre de casi lodaB las |X)t6iicia6 de Eui* 
ropa. Inauditos esfuerzos tuvo que hacer la Francia 
para el abastecímieoto y manutención de tanta gente 
en pais dominado por los eoemigos* Grande fué tam- 
bién, y 6ra en verdad bien necesaria, la actividad y 
consumada inteligaicia del marisca) de Villars para 
defenderse y preservar el territorio francés contra 
tan superiores fiíerzas csomo eran las contrarias, maa- 
dadas por habUísimos gefés aco$tuaü>raidos á triunfar* 
Asi, aunque reforjado con veinte escuadrones del ejér^ 
cito del Rhifi, con los cuales juntaba un total deciento 
veinte y oeho batallooed y doscientos sesenta y ocbo 
escuadrones, ao pudo evitar que la plaza' de Tour- 
nay , sitiada por Marlborougb , re rindiera por capitu- 
lación al cabo de un mes (29 de julio, 4709), y que 
al cabo de otro mes se entregara también la cindadela 
(1.'' de setiembre), donde se habia refugiado el va- 
liente Surville con la guarnición ^*K 

Dióoe después y á poco tiempo (1 1 de setiembre) 
la fisuDosa batalla deMalplaquet, ó de Taisnieres, cer- 
cado Hons, una de las mayores, mas sangrientas y 
mas singulares que se habían dado bacía mas de un 
siglo, por el número de los combatientes, por la obs- 
tioacQ)D en el ataque y en la defensa, y por la mucha 

I 

(4) MefDOBÍas militares relati- des, p. 343»— Macunaz, Blemorias/ 
-vas á la sucesión de España. Píe- cap. 155* 
Mft relativas á la campana de Flan- 



/ 



RMKK m. aum ti. . SA7 

sangre qi^ se ^vnuk^ Perdieron los franceses esla 

lamosa batalla» quedando oioertoa en ella címq oficia- 

leB generalas y oUros cebo heridos ^V, si bien la ]iér- 

diila nqmérlf^ de hombrea y de banderas faé uia- 

yor la de lo$ aUados* aunciiie estos quedapon dae** 

¿os del cagi|)o ^^K «Cáuasmei seaor, grao peaa (decía 

el mariscal de BouQers á Luis XIY. desde el campo 

de Qaesnoy ) qoe el haber sido boy gravemente herí-* 

do el mariscal de Yillara me ponga ea el oaso de ser 

yo qiHeck os anuoeie la pérdida de una n»eva batalla:. 

pero puedo asogorar ¿ V. M. que jamás iafortonio al*- 

giHio ha jíido acompañado de mas gloria ; todas las 

tropas de y. M. la han alcanzado grande por su dis- 

linguido valor, por su firmeza» por su constancia, no 

habiendo cedido sino á la superioridad del número» y 

habiendo hecho todas ellas maravillas de valor.» Y 

asi era la verdad , según confesión de los mismos 

aliados ^^K 

(4) Los maertos faeron:. el m 1- ambas relaciones; la una, que la 
riscal de Chemerault, el baroo de pérdida de los aliados no bajó por 



Palavicini, el conde de Beuily^el 
•aballero de Croy» y de Steckem- 



menos de veinte mil hombres; 
a otra, qu« no llegó ji tanto la de 



berg. Los heridos: el mariscal de loa franceses y españoles. Por lo 
Villars, general en gefe, el duque demás la publicada en Francia di- 
de Guicbe, D'Albergotti, De Cour- ce, por ejemplo: «Nosotros les co- 
cilloo, el conde de Augennes, el gimos treinta banderas y estan- 
duque de Saínt-Aignan, y el mar* dartes; ellos no pudieron tomar 
quós de Nesle. sino uu&ve de los nuestros.» Y la 
(2) Tenemos á la vista la reía- de los aliados dice; «Nosotros les 
cion que publicaron los franceses tomamos catorce piezas de canon 
de esta batalla, y la que publica- y sobre veinticinco estandartes.» 
roo los aliados; aunque ambas con- Asi de otras circunstancias : acba- 
vienen on el fondo, varían nota- que muy común en las relaciones 
bleuiente en cuanto á las pérdidas ae batallas do todos los tiempos, 
do una parte y de otra. Infiérense (5^ Las tropas de los aliados 
JO obstantedoscosasdel cotejo de celebraron en España el triunfo 



%Í8 ütttOUA DB BSíAftai. 

A la victoria de los confederados ea llalpiaqeeC, 
después de varios movimieatos de ambos ejércitos, 
siguió el sido y la Coma de la fuertísima plaza de Mons, 
que se rindió por capitulaeion (20 de octubre, 4 709), 
sin que bastara á evitarlo el haberse reunido al ejér- 
cito francés de Flandes el mariscal duque de Ber- 
widc ^^K Con la cual terminó' la campaña de 4 709 
en los Paises Bajos, retirándose unas y otras tropas á 
cuarteles de invierno, y volviéndose los generales de 
uno y otro ejército á las capitales de sus respectivas 
potencias. «Asi terminó, dice un ilustrado escritor 
francés, una campaña comenzada en las circunstao- 
das mas espantosas para la Francia» y las mas emba- 

de Malplaquet con salvas y otras maueracion de los cuales el ar- 

dBmostr aciones de refocilo.- cíhiduqae Carlos le dio el Ututo do 

«Y, en cuanto alo que V. S. me conde de Sierra Nevada, le hizo 

«insinúa (le' deciar el principe Land- sargento mayor de infantería , le 

Srave de Hesso al conde ae Sierra encargó después la asistencia in- 
evada desde Balaguer) del es- mediata de la archiduquesa en su 
atruendo de artilleria que ha oi- salida para Alemania, y omis ade- 
>do, puedo decirle no seria de lante le hizo gobernador del con- 
teste campo, si bien hoysedis- dado de Pallas, 
lepara con la fnsileria en saWa real. Su cuarto nieto don Joaquín Ma- 
» para celebrar la feliz victoria que nuel de Moner nos ha hecho la fi- 
chan conseguido Tos altados en una neza do confiarnos muchos docu- 
»batalla de Flandes, babrida fiobre montos otigtnales que conservado 
»'el campo y llanura de San 6i- su ilustre progenitor , que coutie- 
huís, cuya alegre noticia doy á non ana parte de su correspon- 
»V. S. parecíéñ^ome la festejará dencia con los principales f^efes 

ven el corazón » Carta original del archiduque, y con el mismo 

del principe desde Balaguer á 3 Carlos, y algunos de los cuales se 

de octubre de 4709, al conde don refieren á las operaciones milita - 

Francisco de Moner. res de la guerra de Cataluña eu 

Este don Francisco de Moner y que él ttf^o una parte importante. 
deMiset fué uno de los nobles ca • (4) Los artículos de esta capi- 

talanes que siguieron de buena fé tolacíon se hallan en la pág. 395 

tas banderas del archiduque, y le del tom. IX. de las Momerías mí- 

bizo importantes servicios desde litares sobre la sucesión de Es* 

el sitio ae Barcelona de 4 706 hasta pana. 
)a coQclosion de la guerra , en re- 



razosas para el general encargado de la defensa . de 
sus fronteras. Sin tropas^ sin medios , ante un ejercita 
saperior y acostumbrado á vencer, el mariscal de 
Yillars encontró en su genio y en su actividad medio» 
para formar un ejército que no exiatia, y recursos al 
través de la general miseria^ Stt golpe de vista le faizo 
escoger una posición que los enemigos respetaron y 
qoe salvó el reino: su fi!rmeza y su valor reanimaron 
el de las tropas, abatido por las desgracias y por la 
falta de todo#^En fin, aunque obligado á ceder á la 
superioridad de los enemigos, supo contener los pro- 
gresos de sus triunfos y la ejecución de sus vastos 
proyectos, cerrándoles la entrada del reino, y redu-*' 
ciéndolos á la conquista de dos plazas que no perten^ 
cian á la Francia.>> 

Si digna de elogio había sido la conducta del ma* 
riscal^ de Yillars en la campaña deFlandes, no fué 
menos digna de admiracion^la del duque de Berwick 
en el Delfinado y fronteras de Italia. Trabajos sin 
cuento tuvo que sufrir, y dificultades sia número que 
vencer para guardar aquellas fronteras con un ejér-- 
cito desprovisto de lodo, sin dinero, sin mantenimien^- 
tos, sin recursos de ninguna especie, faltándole al 
soldado la paga, el pan, el preciso é indispensable 
sustento, acabándose hasta la avena de quese alimen- 
taba en lugar y á falta de trigo, sublevándose las 
provincias de donde se intentaba sacar algunos man- 
tenimientos, indisciplinándose y desertándose las tro- 



2S0 HifiTOBUí PB. bstaSa» 

pas, iaiposibilitadD el gobi«rDO francés de propordo*' 
nar sobeiskencias» y ofrecieodo todo w cuadro dea- 
consolador y espaotosov Y esto delaole de on enemi- 
go superior en fuersaa, coa recursos y provisiones eor 
abundancia« y i quien el úUioio acomodamiento co» 
el pontífice dejaba en eooxpleta desahogo para domi- 
nar el país y obrar con entera libertad; que tal era la 
ventajosa situación del duque de Saboya y de los ge- 
nerale3 del imperio. Y sin- embargo- cendróse el de 
Berwíck con. tanta constancia t habilidad y pericia, y 
los enemigos &m tal inacción ó torpeza i que las froo* 
toras de Francia se preservaron, contuviéronse los 
imperiales del otro lacb del Ródano» y al aproximarse- 
el invierno se retiraron á cuarteles en Milan^ Mantua, 
Parma y Plaseucia , m^ientras las . tropa? francesas 
quedaban cubriendo la Saboya, el Delfinado, la Pro- 
venza y el Franco-Condado ^^\ 

Con iguales, y si es posible, con mayores escase- 
ces, dificultades y apuros tuvo que luchar en la Alsa- 
cía y en el Rbin el general francés del e^jércíto de 
Alemania duque de Barcourt. Sin paga ni alimento 
oficiales y soldados, muchaa veces estuvo todo el ejér- 
cito á punto de desbandarse. Aflige leer la triste pin- 
tura que el de Harcourt hacía á cada paso á la corte 
de Francia del estado lastimoso de sus desnudas y 
hambrientas tropas , el ahinco y la urgencia con que 

(4) Memorias militares, tom. IX. pág. 447 á 2iO. 



PAVVB lU. UBM VI. 2&1 

pedia y reolap»aba ayunos recordos, y las tespuestaa 
de^coDsoIacJaB de la corte manifestaado la iinposibUi* 
dad. de proveerle de remedio» porque todas las pro-* 
vinqias de Francia se bailaban en el mísiQO estado de 
miseriaf de peparía. y de ahogo. Y no obstante esta 
^tuacíoa angustiosa « y al parecer insostenible » y con 
haber teoiído que desmembrar una parte de aquel 
ejército para socorrer al de Flandes, como dijimos en 
so Ing&r, todavía el mariscal francés sostisvo ante un 
enemigo pod^oso y superior las famosas líneas de 
La uter» todavía sopo triunfar de él en BnmerBkeim, 
lodavla sapo contener á los imperiales, aun con el 
refiíerzo del duque de Hannover , y la campaña de 
Alemania fué aun mas desfavorable que la de Italia á 
los confederados ^^^ Raya ciertamente eu k> prodi*- 
gioao la mañera como los generales franceses de los 
tres ejércitos, deFiandes» Italia y Alemania, salva^ 
ron en 470^ ej reino por todas partes amenazado , y 
en una délas situaciones mas miserables, mas cala- 
mitosas y desesperadas en que puede encontrarse na* 
cion alguna. 

Réstanos ver lo que por España ocurrió en la 
campana de 1709. La frontera de Portugal había 
quedado protegida y á cubierto de una invasión, con 
el triunfo que los españoles» mandados por el marqués 
de Bay, habían logrado sobre portugueses é ingleses 

(O Memorias militares, lo-* ginas 24 4 á 286. 
mo IX. Campana de Alemania, pá« 



3S2 UlfifTMlA DB' BSFA9a • 

6Q la batalla qii9 se llamó de la Ghidiñai en la^cer^ 
oanias de Campo-Mayor á las margeos del Oaya. fil 
teatro principal de la guerra estaba en Cataluña. Bt 
ejército franco-español eraáili superior al delosalía-^ 
do8« pero ya bemos dicbo la pugna en qoe estaban 
las tropas españolas y francesas • hasta el panto de 
temerse entre ellas serios choques, y el nombramien- 
to del marqués de Aguilar para general en gefe del 
ejército no había podido agradar tampoco al mariscal 
Bezons , y había producido frecuentes disputan entre 
ellos. Conociendo esta disposición de los ánimos e{ 
general enemigo conde de Staremberg» pasáelSegre 
7 atacó á Balaguer* Queriao los españoles empeñar 
ima acción, pero Bezons^ que por un lado tenía órde* 
nes de estar á la defensiva , y que por otro recelaba 
no se volvieran las armas españolas mas bien contra 
los franceses que contra los aliados, retiróse y los 
abandonó en el momento del combate , teniendo los 
nuestros el dolor de haber de presenciar la rendición 
de la plaza y de ver quedar tres batallones prisione- 
ros de guerra ^^K 

Este revés, y las disidencias entre Bezons y el 
conde de Aguilar, que podían ocasionar muchos 
otros, desazonaron hondamente á Felipe, que nunca 
perezoso para ir á campaña , resolvió salir á la li- 



(4) San Felipe^ Gocneatarios. ad ana. — Macanaz , Memoriasi» 
-«Belaado, Hislorui civil, totn. I. c. 451^ 
c. 69.— Feliú de la PoSa, Anales, 



PAITB III. ^1BB0 VI. 25^ 

gera para ponerse otra vez al frente de su ejército 
de Cataluña, coa la esperanza de que pondría térmi- 
no á aquellas funestas discordias» y apresuróse á par- 
tir de la corte (3 de setiembre , 1709), no sin enviar 
delante una carta al general Bezons« en que le mani- 
festaba su sorpresa y su disgusto por el comporta-* 
aliento que recientemente habia observado, y le pre- 
venía que tuviera dispuestos para cuando llegara cuá-* 
renta batallones y sesenta escuadrones, pues iba re- 
suelto á hacer algo digno de su persona, y á sostener 
el bonor de la Francia y de la España. 

Llegó á poco de esto Felipe, conferenció con Be- 
zons y con el conde de Aguilar; pasó revista á todo 
el ejército, y desde luego dispuso que las tropas fran- 
cesas se volviesen á Francia con todos sus generales, 
incluso el mariscal Bezons, á. quien por consideración 
al rey Cristianísimo su abuelo dio el Toisón de oro, 
honra que sintieron mucho los españoles, porque, co- 
mo dice un escritor de nuestra nación, «merecía que 
»S6 ie.qaitase la cabeza, pues su idea fué perder á los 
to españoles, y ver si podia ganar á Staremberg para 
» que el duque, de Orleans quedase con la corona, 
»>aunque fuese solo con. la de Aragón, de modo que el 
j»rey se volviese á Francia, y el archiduque y el de 
»Orleans dividiesen de la monarquía lo qure no se ha- 
pbia dado ó cedido á holandeses, Portugal y Saboya.» 
Agasajó también mucho á los demás generales, y so« 
lo sintió desprenderse del caballero Dasfeldt, de en- 



264 HIBTORliL DE BSFAÍA. 

ya fidelidad y servicios estaba altamente satisfecho. 
Desembarazado el rey de las tropas francesas» tra'* 
tó de atacar á los enemigos en sos líneas, mas los ha- 
lló tan fortificados y en tan ventajosas posicioaest que 
perdió la esperanza de poderlos desalojar de ellas* 
conteotándose con destacar partidas para cortarles ios 
víveres, privarles de recursos y sacar contribuciones 

r 

al pais. Hecho lo cual, que fué de gran provecho, 
volvióse ¿ la corte (octubre, 1 709), dejaiKio el mando 
de todo el ejército al conde de Aguilar, hasta que éste, 
viendo que los enemigos acuartelaban sus tropas, y 
llamado ¿ la corte por los motivos que mas adelante 
diremos, regresó también á ella, dando entonces 
el rey el mando del ejército de Cataluña al príncipe 
de Tilly, que era virey de Navarra* 

No habia perdido entretanto el tiempo el duque 
de Noailles, que mandaba el ejército francés det Ro«- 
sellen. Si en las campañas anteriores habia hecho el 
buen servicio de distraer y divertir por el Ampvrdan 
y la Cerdaña las fuerzas de los aliados, pero sin reco- 
brar plazas ni hacer conquistas; en la de este año 
(1 709), ademas de haber tomado á los enemigos la 
no poco importante plaza de Pignoras, sorprendió en 
tina ocas^ á las puertas dé Gerona una respetiMe 
columna de los aliados^ haciéndola casi toda prisiones 
ra, con su general, y con Ja artillería y bagages. Y si 
bien es verdad que cuando el de Noailles se volvió al 
Biosellon á tomar cuarteles de invierno, no era naa 



PAKTI III. LIVM Vf« SSS 

««ipenorídad decUiva la que los franceses habían al- 
canzado sobre el enemigo en el Principado de Cata- 
luña» también lo es que en esta campaña universal 
que se empeñó y sostuvo este año entre todas las po* 
teooías beligerantes, á pesar de la desastrosa situacioQ 
en qoe Francia y España se encontraban, los ejércitos 
de las naciones confederadas, mas numerosos y mn- 
-cho mas provistos de recursos, apenas alcanzaron 
otros triunfos que los de Flandes, y aun allí no cor* 
respondieron á tantos elementos como en su favor te^ 
nian; fueron contenidos y aun derrotados en Alemania, 
obüg^dos á retirarse del Delfinado, y balidos en 
fispaña. 

Lo que había variado poco era la situación de la 

<HSrte y la índole del gobíenio de Madrid, no obstante 

«I nombramiento del ministerio llamado español; por- 

^ne ni el rey había dejado de escachar el parecer y 

4o8 consejos del embajador francés Amelot, ni deposi^ 

■tado verdaderamente su confianza en el duque de 

' Medinaceii; y tanto éste como Ronquillo y Bedmar se 

qnejaban amargamente de que pesando sobre ellos la 

responsabilidad oficial de los actos, no eran en reali- 

4)ad los que gobernaban, ni el rey había cumplido 

sino en apariencia su palabra de encomendar el go<- 

faíemó á los españoles; y Grimatde, que parecía ser el 

único de entre ellos qne gozaba de la confiaiaíza del 

rey, era un hombre de carácter demasiado flexible y 

acomodaticio, y no apropósíto para contrariar otras 



256 HISTOEU DB BSnfÍA. 

iúfluencias. Para desvanecer estas murmuraciones por 
lo respectivo á su persoaá la princesa de los Ursinos, 
siempre diestra y hábil, volvió á sigDÍ&car su deseo de 
apartarse de los negocios, pero su verdadera ó fingi* 
da resolución fué otra vez detenida ó contrariada por 
Jos ruegos de la reina, que para dar satisfacción al 
partido español hizo abreviar la salida del embajador 
francés, el cual milagrosamente y con graves riesgos 
logró escapar del furor popular. 

Todo esto habia acontecido al tiempo de parlir el 
rey para la campaña de Cataluña; mas lejos de en- 
contrar, cuando regresó á la corte, las ventajas de 
aquellas medidas, halló la administración en peor esp- 
itado y en mas desorden que antes. Sin conocimientos 
de la ciencia económica los ministros españoles, indo*- 
lentes ademas y perezosos» la administración pública 
habia ido cayendo en una especie de letargo, y la na- 
ción habia vuelto á su anterior penuria, y á su antigua 
<]ebilidad. Privado el rey de consq'eros hábiles, y sin 
resolución ó sin medios para remediar los males, de- 
jábase unas veces dominar de la melancolía, y otras 
para disiparla se entregaba á las distracciones de la 
corte, ó al entretenimiento de la caza: y el Estado 
liabria caido en todos los inconvenientes de una com- 
pleta inacción política, sin la intervención de la reiitt 
y de la princesa de los Ursinos. 



CAPITULO VIIL 



EL ARCHIDUQUE EN MADRID, 



BATAI^&A WB WMMsMsMWlCW&mJk, 



SALIDA DEL ARCBIDUQUE DE ESPAÑA. 



»e 4710 é 1712. 



Decisión y esfuerzos de los castellanos.— ResaeWe el rey salir naeya- 
mente á oampaña. — Retirada del conde de Aguilar.— Prisión del 
duqae de Medínaceli. — ^Derrotas de nuestro ejército.— Funesto man- 
do del marqués de YiHadaria^.— Reemplázale el marqués de Bay.— 
Terrible derrota del ejército castellano en Zaragoza.«-VaelTe el rey 
á Madrid.— Trasláda83 á Valladolid con toda la corte.— Entrada del 
arcbiduqne de Austria en Madrid.— Desdeñoso recibimiento que en- 
cuentra.— Su dominación y gobierno.— Saqueos, profanaciones y sa- 
crilegios que cometen sus tropas.— Indignación de los madrileños. 
—Cómo asesinaban los soldados io gloses y alemanes.— Hazañas de 
los gnerriUeros Vallejo y Bracamonte.<«€arta de los grandes de Es- 
paña á Luis XIV.— El duque de Véndeme generalísimo de las tropas 
españolas.- Rasgo patriótico del conde de Aguilar.— Traslación de 
la reina y los consejos á Vitoria.— Viage del rey á Estremadura.— 
Admirable formación de un nuevo ejército castellano.— Impide al de 
los aliados incorporarse con el portugués.- Abandona el archiduque 
desesperadamente á Madrid.- Retirada de su ejército.—* Entrada de 
Felipe V. en Madrid.— Entusiasmo popular.— Vá en pos del fugitivo 
ejército enemigo.— Oloriosa acción de Brihuega.— Cae prisionero el 
general inglés Stanhope.— Memorable triunfo de las armas do Gasti- 

Tomo xvuu 17 



258 HISTOBIA DE ESPaSa* 

lia en Víllaviciosa.— Retfranse loscoafederados á Gataluoa. — ^Tríon- 
fos y progresos del marqués de Valdecauas. — ^Felipe V. eo Zarago- 
za.— La fiesta de los Desagravios.— Píerdea los aliados la plaza de 
Gerona.— Apurada situacioa del general Staremberg. — ^Muerte del 
emperador de Aiemania.^-Ks llamado el archiduque Garlos.— Parte 
de Barcelona. — ^Paralización en la guerra.— Gobierno que establece 
Felipe V. para el reino de Aragón. — Intrigas en la corte. — Gravísi- 
ma enfermedad de la reina. — ^Es llevada i Gorella.— Se restablece, 
y viene la corte á Aranjuez y Madrid. — Situación respectiva de las 
potencias confederadas relativamente á la coostion española. — Inte- 
ligencias de la reina Ana de Inglaterra con Luis XIV. para la paz. — 
Condiciones preliminares. — ^Dificultades por parte de España.— Yéa- 
celas la princesa de los Urs¡nos.~Acuérdause las confereocias de 
Utrecht. — El archiduque Carlos de Austria es proclamado y corona- 
do emperador de Alemania. 

Ni el abaadono de la Francia, ni la prolongación 
y los azares da la guerra, ni los sacrificios pecunia* 
ríos y personales de tantos años, nada bastaba á en- 
tibiar el amor de los castellanos á su rey Felipe Y. 
Por el contrario, hicieron con gusto nuevos y muy 
grandes esfuerzos para la campana siguiente; las dos 
Castillas dieron gente para formar veinte y dos nue- 
vos batallones; las Andalucías y la Mancha suministra- 
ron cuantos caballos se necesitaban para la remonta; 
las tres provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya 
sirvieron con tres regimientos de infantería, cuyo 
mando se dio á gefes naturales de cada una de ellas; 
y muchos se ofrecieron á levantar y vestir cuerpos á 
su costa. Con que ademas de los veinte y dos nuevos 
batallones que se formaron, y se aplicaron como se- 
gundos á los batallones viejos, se crearon otros regi- 



J 



PASTB III. UBBO VI. 259 

inieotos, entre ellos el de artillería real de dos mil 
plazas. Animaba á todos la mayor decisiom y el mejor 
espirita, y no los arredraba haber quedado solos los 
españoles para mantener la gaerra contra ingleses, 
holandeses, portugueses é imperiales, á quienes daban 
gran fuerza los rebeldes catalanes, aragoneses y va- 
lencianos. 

Felizmente la cosecha del año anterior habia sido 
abundante, y se atajó y remedió á tiempo la escasez 
que iba produciendo la estraccion de granos á Fran- 
cia. Oportunamente arribó también á Cádiz la flota de 
Nueva España, con la rara fortuna de haberse podido 
salvar de la muchas escuadras enemigad que cruza- 
ban los mares (febrero, 1740), y el dinero que trajo 
no pudo venir mas á tiempo para emprender las ope* 
raciones de la guerra. Con esto el rey declaró su re- 
solución (4 O de marzo) de salir otra vez á campaña y 
mandar sus ejércitos en persona. 

Influyó en esta resolución de Felipe la circunstan- 
cia siguiente. El conde de Aguílar, que habia mandado 
el ejército de Cataluña, habia sido llamado á la corte, 
como en el anterior capítulo indicamos. Fué el motivo 
de este llamamiento el poco afecto del conde á la rei- 
na y á la princesa de los Ursinos. Era el de Aguilar 
entendido y hti>il cual ningún otro en la formación y 
organización de los ejércitos, y asi, aunque joven, 
habia tenido el manejo de todo el ministerio de la 
Gruerra. Pero era al propio tiempo ambicioso y altivo. 



S60 HISTORIA DE BSPAÜA. 

Asi cuaado la reina le quiso atraer con agasajo y le 
rogó con cariño qae volviera al mando del ejército, 
exigió primerameDle que se le diera la presidencia de 
las Ordenes que tenia el duque de Veragua, moy 
querido de la reina, y de quien él era enemigo. Gomo 
esto no pudiese lograrlo, pidió que se aumentaran sus 
rentas y estados con los de la corona, no obstante que 
poseía ya una renta de 24,000 ducados* Hízole la 
reina reflexiones sobre las estrecheces y atrasos eo 
que la corona se hallaba; mas como nada bastase á 
satisfacer al de Aguilar, la reina, sintiendo ya haberse 
excedido en sus ruegos, le volvió la espalda con eno- 
jo, y él determinó retirarse á sus estados de la Rioja. 
Esta fué una de las causas que mas contribuyeron á 
que el rey se decidiera esta vez á dirigir personal- 
mente la campaña. 

Otro incidente ocurrió á este tiempo, y que hizo 
gran ruido, y cfue sin duda debió ser muy disgustoso 
á los reyes, á saber, la prisión del duque de Medina- 
celi. Este ministro, que tenia todo el manejo del go- 
bierno desde que se formó el consejo de gabinete 
llamado español, descubrióse estar en corresponden- 
cia con los enemigos. El rey le llamó, mostróle al- 
gunas de sus cartas, quedóse él turbado, y al salir 
de la real cámara fué entregado por el secretario del 
despacho universal Grimaldo al sargento mayor de 
guardias, que con escolta le condujo al alcázar deSe- 
govia. A consecuencia de cierto clamoreo que se le- 



PARTE 111. LIBRO VI. 26 1 

vaoló sobre haberse hecho la prisión de tao alio per- 
soDage sin previa formación de causa, mandó S. M. 
que se instruyese proceso, y el duque fué trasladado 
al castillo de Pamplona, donde mas adelante murió. 
No ignoraba el rey que faabia otros que como el de 
Medinaceli mantenían correspondencia con los aliados 
desde que se vio que los franceses habian salido de 
España, pero lo disimulaba mas ó menos según que en 
ello había ó no peligro, si bien observaba cuanto ha- 
eian. Al duque habia procurado ganarle con la con- 
fianza, dándosela hasta para tratar un ajuste parti- 
cular de paz con ingleses y holandeses, ó con algunos 
de ellos, y el negocio se comenzó con algún acierto; 
mas parece que en sus cartas privadas daba á enten- 
der que sería rey de España el archiduque ^*K 

No era el mayor mal el que para la próxima cam- 
pana se viera el rey pr ivado del talento y de los co- 
nocimientos del conde de Aguilar, sino que cometiera 
el incomprensible error de encomendar la dirección 
principal del ejército al marqués de Villadarias, tan 
desconceptuado desde el funesto sitio de Gibraltar. 
Asi fueron los resultados, que todo el mundo pre- 
via ó recelaba, á escepcion del monarca, que en 
este punto se mostró obcecado de un modo estraño. 
Anticipó su marcha al ejército el de Villadarias, y 

(4) Macanaz, Memorias íaed. declaran los motivos de la prisión 

cap. 459. — ^TraduccioQ do un pa- del duquj do Medinaceli.— -xVrclj. 

peí que en fin do mayo de 4744 de la Real Academia de la Uisto- 

se publicó en la Haya, en que se ria, Est. 25. gr. 3. C 35. 



S62 HiSTCMlIA DB BSFAft4« 

con atido duyo de estar todo preparado y dispuesto 
partió el rey de Madrid (3 de mayo, 4740), dejando 
como de costumbre el gobierno á cargo de la reina. 
Llegado qae hubo á Lérida, celebró consejo de guer-* 
ra t por cuyo acuerdo pasó todo el ejército el Segre 
(1 6 de mayo), y acampó en las llanuras de Termens 
ft^nto á Balaguer. Tenían los enemigos esta plaza bien 
fortificada y guarnecida. Ardua empresa era acome- 
terle en sus atrincheramientos , y convencido de ello 
Felipe determinó repasar el Segre, y acampar entre 
Algnayre y Almenara. Pasáronse asi muchos dias, 
hasta que instado por el marqués de Villadarías se de- 
cidió á ir á buscar al enemigo para darle la batalla. 
En vano el general Berboon enviado á reconocer sos 
posiciones expuso que eran impenetrables, y que no 
podian ser atacadas sin riesgo de perderlo todo. Aun- 
que era el mejor y mas acreditado ingeniero de Es- 
peña, Villadarías combatió atrevidamente su informe y 
se opuso á su dictamen ; hubo entre ellos serios alter- 
cados; casi todos los generales se adhirieron al sen- 
tir de Berboon, pero picó el de Villadarías su pun- 
donor militar significando que el pensar asi era co- 
bardía, y entonces todos pidieron que se presentara 
la batalla. 

Asi se hizo (1 3 de junio, 1710); nuestro ejército 
se puso á tiro de fusil de los aliados ; mantuviéronse 
éstos inmóviles en sus líneas, haciendo considerable 
daño en nuestras tropas , mientras ni la infantería po- 



PARTB 111. LIBBO VI. 263 

dia ofenderles á ellos» ni la caballería maniobrar: vio- 
se á costa de mucha pérdida el desengaño ile que era 
verdad lo que babia informado Berboou, y el rey 
mandó relirar el ejército contra el parecer de Villa-* 
darías, que aun insistia con temeraria tenacidad en 
permanecer a lli. Dio esto ocasión para que los oficia- 
les generales dijeran al rey que con un gefe como Vi* 
Hadarías, á quien por otra parte no negaban ardi« 
miento y arrojo, era imposible obrar con acierto, y 
que viera de ir con cuidado no se perdiera todo el 
ejército por él. La advertencia no era ni supérflua ni 
infundada. El rey colocó su campo entre Ibars y Bar* 
benys, donde permaneció hasta el 26 de julio, envian- 
do gruesos destacamentos, ya á lo interior de Catalu- 
ña á recoger trigo, de que trajeron algunos miles de 
fanegas, asi como cuantos ganados podian coger, ya 
para cortar convoyes á los enemigos ó para socorrer 
algunas fortalezas que aquellos tenian bloqueadas. Has-* 
ta que con noticia de haber llegado refuerzos á los 
aliados, y considerando que contaban con generales 
oomo el alemán Staremberg, como el holandés Bel- 
castel, y como el inglés Stanhope, con ninguno de los 
cuales podia cotejarse el marqués de Yilladarías, le- 
vantó su campo y se retiró á Lérida. Dio lugar el de 
Yilladarías á que los enemigos tomaran al dia siguien- 
te el paso del Noguera, derrotando un grueso desta- 
camento de caballería que acudió tarde á impedirlo^ 
El rey con esta noticia salió á toda brida de Lérida, 



264 HlSIOtU DB BSFAihu 

dando orden á la infantería para que le stgniese con 
la mayor diligencia. El combate se empeñó en las 
altaras de Almenara ; con la presencia del rey se re- 
hicieron algo los nuestros, pero una parte del ejér- 
cito no pudo ya repararse: la noche llegó, los alia- 
dos se hicieron dueños del campo, y los nuestros 
huyeron en tal desorden, que á haberlos seguido el 
enemigo hubiera acabado de derrotarlos. 

El rey , en vista de este nuevo desengaño , ya no 
vaciló en llamar al marqués de Bay, que mandaba en 
las fronteras de Portugal, y acababa de apoderarse de 
la plaza de Miranda, retirándose el de Villadarias á su 
casa, de donde, como dice un escritor de aquel tiem- 
po, habría sido mejor que no hubiera salido nunca. 
A consecuencia de la derrota de Almenara retrocedió 
el ejército castellano á Aragón, dejando guarnecida la 
plaza de Lérida. Siguióle el de los aliados basta Za- 
ragoza: el del rey, guiado ya por el marqués de Bay, 
que acababa de incorporársele, se «formó en batalla, 
apoyando la izquierda en el Ebro y la derecha en 
Monte Torrero: el del archiduque, mandado por Sta- 
remberg, se aprestó también al combate ; y en la ma- 
ñana del 20 de agosto (1710) comenzaron á hacer 
fuego las baterías de una y otra parte , con la des^ 
gracia de que una bala de canon, quitara la vida al 
teniente general duque de Havre, coronel del regi- 
miento de guardias walonas. El ala derecha de nues- 
tra caballería arrolló á los enemigos, y los siguió 



PARTR III. LIBRO VI. 



265 



basla el Ebro» faltándole poco para hacer prísioaero 
al archiduque» que se hallaba en una casa cerca de 
la Cartuja. Mas como casi al mismo tiempo rom* 
piesen los aliados el centro y la derecha , á las doce 
del dia cantaron ya victoria , y la cantaron con ran- 
zón , porque habian hecho gran destrozo en las filas 
del ejército real, y la batalla de Zaragoza fué una 
de las mas funestas y desgraciadas de aquella porfia- 
da guerra í*). 

Pocos golpes en veidad tan terribles como éste ha- 
bía llevado la causa de los Borbones en España, y hu- 
biera sido mayor si los enemigos hubieran sabido apro- 
vecharle como supieron darle. El rey don Felipe se re- 
tiró apresuradamente á Madrid, donde entró el dia 24 
(agosto, de 1710). El marqués de Bay fué recogiendo 
poco á poco las reliquias de su destrozado ejército, y 
conforme el rey le dejó ordenado se encaminó con él á 
Yalladolíd por la Rioja. El archiduque Carlos, que en- 
tró en Zaragoza al dia siguiente del triunfo, en lugar de 
. perseguir el deshecho y desordenado ejército caste- 
llano, se entretuvo en nombrar justicia mayor de 



(1) San Felipe, Comentarios, 
A. 4740. — ^Belando, Historia ci- 
vil, tom. I. c. li á 76.— Macanaz, 
Memorias, cap. 4G3. 

En la relación que los enemigos 
imprimieron en Zaragoza se hacia 
sabir nuestra pérdida á cinco mil 
muertos y dos mil quinientos he- 
ridos, entre ellos seiscientos ofí- 
ciales desde alférez hasta general; 
treinta piezas dé* artillería, tres 



morteros v ochenta y seis bande- 
ras; y so decia que se les habiaii 
pasado y tomado partido con ellos 
mas de ochocientos caballos, y que 
cada dia les llegaban otros mu- 
chos. Añadían que aquel mismo 
dia hacia tres años se nahia insta- 
lado en Zaragoza la Real Chanci* 
Hería, v sujetado los aragoneses á 
la legislación castellana con dero- 
gación de sus fueros y libertades. 



266 mSTOBlA DB BSPAÑA. 

AragOD, gobernador interino del reino, y diputados 
de los cuatro brazos, y luego en instalar consejos y au« 
diencia, y en derogar todo lo que de orden del duque 
de Anjou, como ellos decian, se había hecho, en tanto 
que sus oficiales reconocian el castillo de la Aljaferfa, 
donde encontraron no pocos cañones, morteros, fusi- 
les y carabinas, multitud de balas, bombas y grana- 
das, abundancia de pólvora, de prendas de vestuario, 
y de otras provisiones de guerra. Y cuando salió de 
la ciudad (26 de agosto), invirtió todavía cinco dias en 
conferenciar y discutir con sus generales lo que debe* 
rían hacer. Opinaban unos que se perseguiera al der- 
rotado ejército antes que tuviera lugar de rehacerse; 
otros que se ocupara á Pamplona y Fuenterrabía para 
cortar todo comercio de España con Francia. Cual- 
quiera de las dos cosas pudieron hacer con facilidad, 
y respecto á Pamplona, hubiéranla tomado sin dispa« 
rar un tiro, porque el gobernador duque de San Juan, 
que era un medroso y cobarde siciliano, habia ya dí« 
chó en consejo de guerra que era menester dar la 
obediencia á los enemigos tan pronto como la pidiesen 
á fin de evitar los estragos de un sitio. Pero el gene- 
ral inglés Stanhope fué de parecer que el archiduque 
pasara con todo su ejército á Madrid, por las grandes 
y ventajosas consecueucias que produciría la ocupa- 
ción de la capital, y este dictamen fué el que abrazó 
el archiduque, y con esto se puso en marcha en esta 
dirección todo el ejército (31 de agosto, 1710). 



rARTB III. UBBO VI, 867 

Eo este intermedio, á pesar de la honda sensación 
qae la derrota de Zaragoza, junto con la llegada del 
rey, habian causado en la corte, ni el monarca ni su 
paeblo cayeron de ánimo. El rey se aplicó inmediata- 
mente con todo ardor á la formación de nn nuevo ejér- 
cito. El conde de Aguilar, que, como dijimos, se ha- 
bía retirado á sos estados de la Rioja por resentimien- 
to con la reina, condujese en esta ocasión con mucha 
bidalgnía. Tan pronto como sapo el desastre de Zara- 
goza vínose á Madrid á ofrecer á su soberano su per- 
sona y servicios. Felipe le agradeció mucho tan gene- 
roso porte, y le encomendó la organización, equipo y 
armamento del nuevo ejército, para lo cual tenia, co- 
mo ya hemos dicho, especial habilidad y genio, y á 
que él se dedicó con celo y aplicación esmerada. El 
pueblo de Madrid en todas sus clases dio una nueva 
prueba de amor á sus reyes en la manera como des- 
pués del infortunio de Zaragoza celebró el natalicio 
del príncipe Luis, y hubo magnates, como el inqui- 
sidor general don Antonio Yañez de la Riva Herrera, 
arzobispo de Zaragoza y electo de Toledo, y como el 
almirante duque de Veragua, á quienes el susto y la 
pena de aquella desgracia afectó tan profundamente 
que les costó la vida<*|. 

Noticioso Felipe de que el ejército victorioso de 
ios aliados se dirigia á la capital, determinó abando- 

(4) Macaoaz, Memorias, cap. 464. 



268 HISTORIA DB ESPAÑA. 

nar segunda vez la corte, y trasladarse á Valladolid 
con toda la familia real y los consejos, bien que dic- 
tando diferentes disposiciones que la vez primera. 
Ordenó ahora , añade que no padeciesen después los 
inocentes, que todos los que por alguna justa causa 
tuvieran que quedarse en la corte, no solo no serian 
tenidos por delincuentes ni considerados como desiea* 
les» sino que á su regreso (mediante Dios) serian man'* 
tenidos en sus empleos, sueldos y honores, con tal que 
no sirvieran al archiduque, fuera del caso de ser vio- 
lentados á ello. En el mismo dia (7 de setiembre, 1710), 
tuvo una junta compuesta de eclesiásticos y segla- 
res ^^), á la cual consultó si en el caso en que se ha- 
llaba podria en conciencia echar mano de la plata -de 
las iglesias, como lo prevenía la ley del reino, y lo 
habian practicado los reyes católicos don Fernando y 
doña Isabel, asi como de los depósitos de San Justo y 
otros, y de las rentas de los espolies y vacantes de los 
obispados. La junta respondió por unanimidad, que el 
rey podia valerse de todo ello, y aun de los vasos sa- 
grados, pero que estando tan cerca el archiduque con 
poderoso .ejército, los prelados é iglesias tan preveni- 
dos con los breves del papa, y el rey tan próximo á 
abandonar la corte, la medida podria ser de mas da- 

(4) CoaipoQianla el obispo de mismo Consejo, el cura de Santa 

Lórida Fr. Francisco de Solis, el María de la Almudena don Ptdro 

Padre Robinet, jesuíta, conftsor Fernandez de Soria, y el maestro 

del rey, don Antonio Ronquillo, Fr. Francisco Blanco, del orden 

del Consejo y Cámara de Casti lia, de Santo Domingo, 
don Juan Antonio de Torres^ del 



PARTB III. LIBEO VI. 260 

ño que provecho, y dar ocasión á los enemigos á que 
ellos pusieran la mano en lo mas sagrado. Y asi era 
de parecer que se limitase á los depósitos y rentas de 
los espolies y vacantes; con lo cual se conformó S. M. , 
y por real decreto mandó á don Francisco Ronquillo, 
gobernador del Consejo de Castilla, que diera desde 
luego las providencias necesarias para que se reco- 
giesen los frutos del arzobispado de Toledo y de otros 
que se hallaban en igual caso. 

Verdad es que después de la salida de los reyes 
representó el Consejo que S. M. no podia poner la 
mano en tales frutos y rentas, y que asi sería mejor 
dejarlo al cuidado de la iglesia de Toledo, que ella 
sabría dar las providencias que conviniesen. Pero in- 
dignado el rey, contestó á aquella representación: «Lo 
i>que he mandado al Consejo es que ejecute mi reso- 
elución, no que me dé dictamen; y cuando no tuviese 
)»mi conciencia bien asegurada, nunca pediría dicta- 
h men sobre ello al Consejo, por no ser de su inspec- 
)icion. Y extraño mucho que sabiendo vos el gober- 
)»nador, y vuestro hermano don Antonio Ronquillo, y 
»no ignorando los demás de ese Consejo el dictamen 
)>que para este valimiento he tenido, y las demás pro- 
evidencias que hasta aqui he dado sobre las materias 
^eclesiásticas, con parecer de ministros de Estado y 
i>de Justicia, y de teólogos, ahora se me pretenda em- 
>barazar todo, en ocasión que por no haberse hecho 
»en tiempo lo que he mandado se hallan ya los ene- 



270 HI8T0BIA DB BSPAfU* . 

»m¡go3 en parage doude han ocapado la mayor parte 
»de los frutos y rentas de esta vacante, y que may en 
abreve las ocuparán del todo» siendo este el fruto que 
3QQ saca de no haberse obedecido, y el cuidado que 
)iel Consejo parece que pone para embarazarme á mf 
»lo3 medios, y franqueárselos á mis enemigos; de mo- 
jado, que á no estar persuadido de vuestra fidelidad, 
^creería que ésta no era inadvertencia ni ignorancia, 
]»sí una malicia muy perjudicial á los intereses de la 
» corona y de mis vasallos; y asi lo tendréis entendido, 
Dpara que por cuantos medios faeren posibles se pro- 
»cure por ese Consejo remediar el daño que se ha se- 
jiguido de la inobediencia.» Hubo, pues, que hacer lo 
que el rey mandaba, aunque luchando con algunas 
dificultades, si bien lo que entonces se sacó de aque- 
llas rentas fué de corto socorro. 

Salieron los reyes de Madrid la mañana del 9 de 
setiembre (1710), con el llanto en jos ojos la reina, 
con pena y amargura en los corazones todo el pueblo, 
dejando el gobierno de la población á cargo del ayun- 
tamiento, y por corregidor interino á don Antonio San- 
guinetto, con orden de que cuando los enemigos pi- 
diesen la obediencia se la dieran sin dilación, á fin de 
evitar el saqueo y demás estragos que pudiera traer 
la resistencia; y asi se verificó cuando á nombre del 
archiduque la pidió lord Slanhope, saliendo cuatro re- 
gidores á recibirle en representación de la villa (21 
de setiembre, 1710). Al siguiente dia de la entrada 



PAftTB m. Limo VI. 271 

del general inglés se sacaron por mandato sayo de la 
iglesia de Nuestra Señora de Atocha todas las bande- 
ras y estandartes que en aquel templo se conservaban 
como gloriosos trofeos de los triunfos de las armas es- 
pañolas, y después de pasearlas por las calles de Ma- 
drid las llevaron á su ejército. Él 26 llegó el grueso de 
las tropas aliadas á Ganillejas, donde fueron á prestar 
homenageá su rey algunos grandes y prelados adictos 
á su causa, entre ellos el arzobispo de Valencia y el 
auxiliar de Toledo. Hasta el 28 no hizo su entrada el 
archiduque en Madrid, quedando muy poco satisfecho 
del frío recibimiento que se le hizo, guardando el pue- 
blo un silencio profundo y desdeñoso, cerrando puertas 
y balcones, mostrando en la pobreza y escasez de las 
luminarias el disgusto y la violencia con que cumplían 
el bando, y aun oyéndose por la noche vivas á Feli- 
pe y. De modo que herido en su amor propio se vol- 
vió á su quinta, donde tuvo besamanos el 1 .^ de oc- 
tubre para celebrar el aniversario de su natalicio, 
que aquel dia cumplia los veinte y cioco años de su 
edad. 

Fué ciertamente cosa estraña, y que parece ines- 
plicable, que habiendo el archiduque salido de Zara- 
goza el 26 de agosto, hallándose con un ejército vic- 
toríoso yiuerte, derrotado y disperso el del rey, ab- 
sortos los ánimos, y resuelto Felipe á abandonar la 
corte por no considerarse seguro en ella, cosa que el 
austríaco no podia ignorar, tardara mas de un mes en 



272 UISTMIA DB BSPidfA. 

venir á Madrid; sobre coya iojoslificable lenUtod se 
escribieron papeles y se publicaron escritos satíricos 
que ponían en ridículo la imperdonable calma de quíea 
se mostraba tan afanoso por conquistar el trono espa- 
ñol; asi como sobre las cualidades de las personas que 
nombró para los consejos y tribunales ^^K 

Hízose notable el gobierno del archiduque en Ma* 
drid, ó sea del titulado rey de España Carlos III., por 
algunas de sus medidas. Mandó bajo pena de la vida 
que le fueran presentados cuantos caballos hubiese, 
los cuales fueron destinados, sin pagarlos á sus due- 
ños, á la formación de un regimiento titulado de Ma* 

H) Entre estas publicacioues có la toga porque sapo disponer 

podemos citar ana Carta qae se una corrida de toros, otro qae 

suponía escrita por el marqués había dejado el hábito de San 

de las Minas al general Starem- Francisco, y otro á quien on cié- 

berg, pira demostrar la diferencia riao había dado una bofetada ea 

entre la actividad de aquel cuan- palacio delante de toda la corte 

do ocupó la capital del reino en por ser un traidor; y que los al- 

4706» y la tardanza de este, sas- guacileseran todo? gente conde- 

tando un mes en llegar á Madrid, nada ¿ pena de muerte por 'sus 

cuando no habia nada que se lo crímenes, 
estorbase. — Una relación ó con- Por este orden se publicaban 

sulta hecha á Su Beatitud sobre lo multitud de escritos, con títulos 

sucedido en la corte y sus contor-- muchos de ellos estra vagantes y 

nos con Im tropas de los aliados del gusto de aquel tiempo, como 

mandadas por el conde de Sta- Gaceta de GacetM, Noticia de 

renU>erg bajo las órdenes del ar- Noticias y Cuento de Cuentos, 

chiduque don Cdrlos de Austria, etc.: los Memoriales del Pobre de 

En el párrafo 3.* de este escrito, las Covachuelas al doctor Bullón; 

que firmaba el licenciado don Luis Historia del Calesero, en verso: 

Antonio Yelazquez, se hacia una Luces del Desengaño y destierro 

descripción del aspecto melancó- de tinieblas, etc. — ^Tenemos i la 

lico que presentaba el pueblo de vista un grueso volumen en que 

Madrid á la entrada del archidu- se recopilaron los escritos do este 

que,'y se decía que los ministros género de aquel año , los cuales 

puestos por él habían sido todos dan á un mismo tiempo idea del 

castigados por traiciones j otros espíritu público gue aomínaba y 

delitos, y que los principales eran del gusto literario de la época, 
tres, uno á quien el almirante sa- 



PABTB III. LIBRO Vf . 273 

drid» cuyo mando se confirió á don Bonifacio Manri- 
que de Lara, asi como se formaron otros con los nom- 
bres de Guadalajara y Toledo. Dióse un bando para 
que todas las señoras» madres, esposas» hijas ó her« 
manas de los grandes que hablan segaido al rey á Ya- 
Uadolid, saliesen inmediatameote de la corte y pasa- 
sen á Toledo en el término de cuatro días, lo cual 
ejecutaron desde luego algunas. Hizo esta medida 
grande y profunda sensación en la corte y en toda Es- 
paña. El general francés duque de Vendóme (que por 
los motivos que luego diremos habia sido enviado por 
Lqís XIY. á su nieto Felipe) escribió desde Gasa-Teja- 
da, donde se hallaba er cuartel real, una enérgica 
carta al conde Guido Star^mberg quejándose de tan 
inaudita tropelía. Contestóle el general del archidu- 
que esplicándole el motivo de aquella providencia, 
que había sido, decia, para que estuviesen mas res- 
petadas y seguras, y para librarlas de los desórdenes, 
escesos y desacatos á que suelen entregarse asi los 
soldados como la plebe en las grandes poblaciones en 
novedades y circunstancias como la entrada de un 

* 

ejército estraugero, y que asi la medida, lejos de ha- 
ber sido de rigor, lo era de consideración^ respeto y 
galantería á aquellas señoras. Y para acreditarlo asi, 
hallándose el archiduque en Gienpozuelos, espidió 
un decreto ordenando que las que en cumplimiento 
del anterior edicto hablan pasado á Toledo pudie- 
ran regresar á la corte , ó establecerse en el pun^ 
Toiio xviii. 1 8 



27 i HISTORIA DB BSPAHA. 

lo que fuese mas de su convenieBCía ó agrado ^^K 
Publíoó^e olro bando (1 5 de octubre), mandando 
que ea el (érmioo de veinte y cuatro horas salieran 
todos los franceses de Madrid bajo pena de la vida; y 
otro en que se imponía la propia pena (1 7 de octu- 
bre) á todos ios que en el mismo perentorio plazo no 
entregaran las armas de fuego que tuvi^en. Se pasó 
una circular (1 9 de octubre) á los prelados de todos 
los conventos de Madrid, ordenándoles que diesen ra- 
zon de los bienes que tenian escondidos pertenecien- 
tes á los que seguían el partido de Felipe de Borbon, 
y tres dias después se celebró una junta para acordar 
la manera de apoderarse de todo cnanto hubiese en 
lugar sagrado, como asi se ejecutó. Prohibióse igual- 
mente con pena de la vida toda correspondencia con 
los afectos al rey» y se condenaba á muerte afrentosa 
á los que sin legítimo permiso viniesen ó hubiese ve- 
nido de Yalladolid, y fuesen encontrados en calles, 
puertas ó casas, como asimismo á los que dieran vi- 
vas á Felipe Y., ó hablaran mal del gobierno de Gar- 
los IIL y de los aliados, ó por otros actos se hiciesen 
sospechosos. Dé éstas y otras semejantes y no menos 
despóticas providencias eran ó autores ó ejecutores 
don Bonifiaicio Manrique de Lara, el marqués de Pa- 
lomares, don Francisco de Qninooces, don Francisco 

(1) Carta de Vendóme á Sta- ^-Decreto del roy (el arcbidaqoe) 

relllbe^8, á29 deocluJ^re de 47 40. de 44 de ooviembre.-^Todos estos 

— ^Respuesta de Slaremberg, á 7 documentos se imprimieroa en 

do noviembre, desde Vitlaverde. Madrid el mismo a&o. 



PARTB 111* LIBBO VI. S7S 

Alvárez Guerrero, y alganos otros que desempeñaban 
en nombre del archiduque los cargos de corregidor y 
de alcaldes de .corte ^*^; á alguno de los cuales se vio 
precisado él mismo á destituir por sus atrocidades* 

Sin embargo , nada incomodó . tanto al católico 
poeblo español como los saqueos de los templos, los 
sacrilegios y profanaciones de objetos y lugares sa- 
grados que las tropas del archiduque cometían en la 
corle y sus contornos, y en las cercanías de Toledo y 
Gnadalajara ; y sobre todo la impudencia con que 
vendían por las calles de Madrid ornamentos, cálices, 
copones, cruces, y todo lo que en un pueblo religioso 
se destina y consagra al servicio y culto divino. Estas 
impiedades, ni nuevas ya, ni del todo extrañas en 
tropas que, á mas de ser estrangeras, en su mayor 
parte no eran católicas, irritaron sc^remanera los áni- 
mos, y también sobre esto se escribieron y se hadan 
circular multitud de papeles, en que se referían y pin- 
taban con negras tintas, y acaso se exageraban los ex- 
cesos de los enemigos, y sus desacatos y tropelías en 
iglesias, monasterios y santuarios ^^K 

(4 ) Ea las Memorias de Maca- ros de sus Memorias, coa epígra- 
na¿, cap. 465,86 espresan ademas fes como eHe: tRelacion de los 
los nombres de los sagetosáquie- » sacrilegios , desacatos , blasfe- 
iiesdi6el archiduque platas en »mtas,robos,ÍDdeoeocia8, saqueos 
los Consejos de Castilla, Hacien- »y atrocidades que las tropas dal 
'da, Ordenes, Indias, etc. y en los larohidoque cometieron en los 
demás tribunales y oficinas gene- «lugares ael arzobispado de Tolé- 
rales del Estado. » do, etc.» T va enumerando los 

(5) Aparte de los folletos y hechos de esta oíase, y designan- 
hojas que sobre esta materia se <lo las circunstancias « sitios y 
escribían, el nusmo Blacanaz de- tiempo en qtie tales crimenea se 
dicó i este asunto capítulos ente- perpetraron. 



276 IIJSTOBIA DE ESPAÜA. 

A pesar de las Dumerosas fuerzas con qae el ar* 
chíduque ocupaba la capital, y do bbstaote los iíráni* 
eos baados que cada día se publicabaD para tener á 
raya ud pueblo que cod razoD miraba como eneaiigo, 
dí él dí su ejército se coDtemplabaa seguros dí en la 
corle dí ea su comarca. El príocipe rehuía vivir en 
Madrid, escarmeotado del mal recibimieato que ha- 
bía tenido, y el cuartel general no pudo nunca gozar 
ni de seguridad ni de reposo, ni en Canillejas, ni ea 
el Pardo, ni en Villaverde, ni en Gienpozuelos, poo* 
tos en que sucesivamente se estableció, ni sus tropas 
podian moverse sino en cuerpos muy considerables, 
ni andar soldados sueltos ó en pequeñas partidas sin 
evidente riesgo y casi seguridad de ser sacrifi- 
cados. 

La causa de esto era que cuando la corte de Fe- 
lipe y. se trasladó á Valladolid, dejó el rey ¿ las in- 
mediaciones de la capital á don José Vallejo, coronel 
de dragones, con un grueso destacamento, encargado 
de molestar á los enemigos. No podia haberse hecho 
una elección mas acertada para el objeto. Porque era 
el don José Vallejo el tipo mas acabado de esos intré- 
pidos, hábiles é incansables guerreros, de esos famo- 
sos partidarios en que se ha señalado en todas épocas 
y tiempos el genio y el espíritu bélico español. Cor- 
respondió el Vallejo á su cometido tan cumplidamen- 
te, y ejecutó tales y tantas proezas, que llegó á ser 
el terror de las tropas aliadas con ser tan numerosas, 



PARTS III. UBRO VI. ^77 

y á poner mochas veces en aprieto y conflicto el mis- 
mo cuartel general del príncipe austríaco. De cootado 
si toándose entfe Madrid y Guadalajara, cortó 1^ co* 
inunicaciones entre la corte y los reinos de Aragón y 
Cataluña, interceptaba los correos y cogia los despa- 
chos, pliegos y cartas del archiduque y la archiduque- 
sa, y al paso que á ellos los incomunicaba, él sé po- 
nía al corriente de todos sus pensamientos y planes. 
Destruía las partidas que se enviaban en su persecu- 
ción^ y siempre en continuo movimiento, caminando 
día y noche,, y tan pronto en la Mancha como en tier- 
ra de Cuenca y en las cercanías de Toledo como en 
las de Madrid, empleando mil estratagemas y ardi- 
des, haciendo continuas emboscadas y sorpresas, apa- 
reciendo á las puertas de la corte ó en los bosques 
del Pardo cuando se le suponía mas lejos, destrozan- 
do destacamentos enemigos , asaltando convoyes de 
equipajes, municiones ó víveres, alentando los pue- 
blos á la resistencia, acreciendo sus filas con centena- 
res de paisanos resueltos y valerosos que se le unian, 
y llegando á combatir y derrotar cuerpos de hasta 
tres mil hombres con el general Stanhope á la cabeza, 
como sucedió en los llanos de Alcalá. Escribiéronse 
entonces, y se conservan, y las tenemos á la vista, 
multitud de relaciones de las hazañas de Vallejo. 

Trabajaba en igual sentido, y también con gran 
fruto, por la parte ae Guadarrama don Feliciano de 
Bracamonle , A quien el rey encomendó el cargo de 



278 lUSTOBlA DB ESPAÑA* 

cubrir aquellos puertos coa un grueso destacamento 
para impedir á los eaemigos el paso á la Vieja Casti- 
lla. Entre los dos dieron tanto aliento á los paisanos, 
que no podia andar por los caminos ni moverse par- 
tida suelta de los enemigas sin riesgo de ser sorpren- 
dida y acuchillada. Ni aun en las casas y alojamien- 
tos estaban seguros» porque sus patrones fingiéndose 
amigos los embriagaban para asesinarlos después: 
acción vituperable y bárbara, pero que demuestra el 
espíritu del paisanage castellano, y el encono con que 
miraba á los enemigos de Felipe V. Y esto sucedía 
en la corte misma, y esto acontecía en Toledo» donde 
se bailaba con una fuerte división el general del ar- 
chiduque conde de la Atalaya , que á pesar del gran 
rigor <iue empleó para enfrenar á los toledanos no 
pudo impedir las bajas diarias que éstos hacian en 
sus filas, cazando, por decirlo asi, á ios soldados y 
arrojándolos desnudos al rio» viéndose al fin precisa- 
do á dejar libre la ciudad y fortificarse en el alcázar; 
becbo lo cual, comenzaron los de Toledo á quemar las 
casas dei los que llamaban traidores ^^K > 

Veamos lo que entretanto había hecho el rey don 
Felipe desde que se trasladó con la corte y las reli- 
quias del ejército á Yalladolid. 

Luego que se perdió la batalla de Zaragoza es- 

* 

(4) Las historias , y sobre to- circuastancíadas do estos hechos. 

do, las relacioaes particaiares que EDCuéatraose algunas eo ei Tomo 

se publicaroQ eu aquel tiempo, de Vuríos que antes hemos citado. 
daD noticias mas iodiyiduaies y 



PARTBUI* uno VI 



279 



cribió Felipe al rey Gristianisfino su abuelo, rogáudo- 
le que , ya que do pudiera socorrerle con tropas « le 
enviara al menos al duque de Berwick ó al de Ven«- 
dome* Luis XIY. envió este último, porque el pri-* 
mero estaba mandando en el Deifinado, y con él vi- 
nieron el duque de Noailles y el marqués de Toy , 
aquél para informarse del estado de la España, ésto 
para quedarse acá» Los grandes y nobles que faabian 
seguido al rey á Valladolid, que eran mucho;, es^ 
cribieron, á excitación de la princesa de los Ursinos, 
una carta al monarca francés (19 de setiembre, 
4710) pidiéndole socorros con la urgencia que la 
situacioa requería ^^K Contestó Luís XIV. muy cum- 



(4) Esta notable carta iba 
suscríla por los persoaagcs si- 
guientes: 

El conde deFrigilíana. 
El duque de Popel i. 
El marqués de Aytooa. 
El conde de Baños. 
£1 de Santisteban. 
£1 marqués de Astorga. 
El conde de Altamira. 
El marqués de Bedmar. 
El de Pastrana. 
El duque de Medinasidoola. 
El de MoDtalio. 
El de Veragua. 
El de Atrisco. 
El de Sessa. 

El marqués d»AlmoDací. 
El Condestable. 
El señor de los Cameros, conde 
de Aguilar. 

El conde de Lemus. 

El marqués do Montealegre. 

El de Viliafranca. 

El de Tavara. 

El condo de Alba. 



El duque de Havre. 
' El de Montellano. 
Kl de Arcos. 
El de Feria. 
Ei marqués del Carpió. 
El conde de Onate. 
El duque de Beiar, 
El condo de Benavente. 
El de Peñaranda. 

No fírmó el marqués de Cama*- 
rasa por hallarse eniermo, el con- 
de de Castañeda por estar sus 
estados en litigio, y .el duque de 
Osuna por haber sido de sentir 
que antes era ofrecer cada uno 
todo aquello ¿ que sos fuerzai» 
alcanzasen.^-Eran sumamente es- 
presivas las protestas de amor y 
de adhesión al rey don Felipe que 
hacía en esta carta la grandeva 
española. Foé producción del con- 
de de Frigiliana, hombre, como 
dice un escritor de su tiempo, 
«de elegante pluma y fácil espli- 
caGíoo.» 



28(> H18T0EIA DR ESPAÑA. 

pHda y satisfaclorianiente á esta carta, que le entre* 
gó ea propia mano el duque de Alba, embajador de 
España en París, y sirvióle mucho para desengañar 
al duque de Borgoña y á las potencias enemigas del 
error en que estaban de que Felipe tenia contra sí 
la nobleza española, y para desvanecerle^ las espe- 
ranzas que sobre ello habian fundado. 

Túvose en Yalladolid consejo de generales pre- 
sidido por el rey para acordar las medidas que re- 
clamaban laa circunstancias, y en él se resolvió, que 
el marqués de Bay se volviese á lasi fronteras de Por- 
tugal para contener á los portugueses é impedir sa 
unión con el ejército confederado de Madrid ; que el 
rey se situase en Casa-Tejada con el propio objeto, y 
el de darse la mano con las Andalucías, Extremadu- 
ra y las Castillas, y en aquellas partes se formaria un 
nuevo ejército; que Yallejo y Bracamonte cubrirían 
Castilla la Vieja, la Mancha, Toledo y cercanías de 
JÜadrid ; que la reina con el príncipe, los Consejos y 
las damas se trasladarían á Vitoria para su mayor se-- 
guridad; que Vendóme quedaría mandando como ge- 
neralísimo tas armas de Castilla, y Noailles se volve- 
rla á Perpiñan, y con las tropas del Rosellon obraría 
por la parte de Cataluña y pondría sitio á Gerona pa- 
ra distraer por alli los enemigos. Asi se ejecutó todo, 
y pocas veces habrán correspondido tan felizmente á 
un plan los resultados. 

Ya hemos visto cuan admirablemente desempe- 



PAftTB 111. Lino TI. 281 

fiaron sa cometido Yallejo y Brac^monte. El rey par* 
Uó de Yaliadolid (3 de octabre» 1710) para Salaman- 
ca en dirección de Extremadura con so jcorto ejército, 
y deteniéndose nn solo día en aquella leal é insigne 
ciudad, prosiguió su marcha en medio de un tempo- 
ral terrible de lluvias y Trios, encaminándose por Pía- 
sencia á Casa-Tejada, donde fijó sus reales, en tanto 
que Vendóme corría las riberas del Tajo para obser- 
var á los aliados é impedir su apetecida reunión con 
los portugueses, Alli fjiié donde el conde de Aguilar 
acabó de acreditar su rara y singular inteligencia y 
su actividad maravillosa para la formación y organi- 
zación de los ejércitos ; pues á mediados del mes de 
noviembre los restos del que babia sido derrotado en 
Zaragoza se hallaron como por encanto aumentados 
hasta cuarenta batallones y ochenta escuadrones, per- 
fectamente armados, equipados y provistos de todo. 
Los pueblos de Castilla, Extremadura y Andalucía se 
prestaron gustosos á facilitar hombres y recursos : cui- 
dó admirablemente de la provisión de almacenes el 
comisario general conde de las Torres, y la reina 
desde Vitoria envió buena cantidad de dinero, produc- 
to de su plata labrada que había hecho reducir á mo- 
neda en Bayona. Con esto Vendóme se consideró ya 
fuerte, no solo para resistir, sino para ir á buscar los 
enemigos, hizo la distribución de las tropas, situando* 
las convenientemente, y el rey ocupó el puente de AI- 
roaraz para corlar el paso de los aliados á Portugal é 



2$S ItlSTORU DB BSPAJCA^ 

ÍDterceptar toda comunicacioa god aquel reiao , ob|e* 
to preferente de los planes del archiduque y de su ge- 
neral Staremberg. 

Convencido al fin el pretendiente austríaco de ía • 
ninguna simpatía que su causa tenia en las Castillas; 
desesperanzado, en vista de tantas tentativas frustra- 
das , de poderse dar la mano coa el ejército portu- 
gués; atendidas las considerables fuerzas que halua 
reunido el rey don Felipe ; no habiendo podida Sta- 
remberg conseguir que Vendóme alterara su magnifi- 
co plan de defensa ; falto de víveres, porque los pue- 
blos se negaban ¿ dar mantenimientos , y Yaliejo y 
Bracamonte se apoderaban de todos los convoyes; 
viendo perecer diariamente sus soldados á manos del 
paisanage, ' en caminos, en calles y en alojamientos; 
determinó, con acuerdo de sus generales, evacuar la 
capital á los cincuenta y un dias de su trabajosa do- 
minación. Y aunque su resolución era volverse por 
Zaragoza á Barcelona, único punto de España donde 
se contemplaba seguro, dio orden á sus fantásticos 
Consejos para que pasasen á Toledo, dando á entcD- 
der que se iba á trasladar la corte á aquella ciudad 
como mas fuerte. Salieron pues de Madrid las tropas 
del archiduque (9 de noviembre, 4710), no sin ha- 
berse discutido antes si se habia de saquear la pobla- 
ción: pretendíanlo los catalanes, alemanes y portu- 
gueses, pero opusiéronse los generales Staremberg, 
Stanhopc y Boleaste! • Apenas la corte se vio libre de 



] 



PAETB 111. UmO TI. 283 

los qoe miraba como molestos y aborrecidos huéspe- 
des, aclamó de nuevo es$repijk>sámente á su rey Fe-- 
Hpe y • , y todavía pudo oir el archiduque el festivo 
clamoreo de las campanas» y el: oonfiíso rumor de 
otras demostraciones con qne se cdebró tan fausto 
suceso. 

Solo llegaron á Toledo Staremfaei^- y Stanhope 
con nn cuerpo de seis mil hombres; y mientras estos 
generales daban apariencias de fortificar aquella ciu- 
dad como para hacerla residencia de su rey y esta* 
bteoer los cuarteles de invierno, el archiduque, si-- 
guieodO'Sa propósito, tomó desde Cíenpozuelos el ca- 
núno de Zaragoza, escoltado por un cuerpo de caba- 
llería, y seguido de unos pocos magnates de su par- 
cialidad» Detúvose en aquella ciudad solos cuatro dias 
(de S& de noviembre á 3 de didembre), y prosiguió 
aceleradamente su viage á Barcelona» donde su pre- 
sencia causó profunda tristeza y desmayo, calculando^ 
se, no sin razón, que debía ser muy fatal el estado de 
sus tropas cuando no fiaba su seguridad á ellas; y solo 
dio contento su ida á la archiduquesa, que estaba 
temblando no le embarazase la retirada el duque de 
Noailles, que ya se decia entraba en Cataluña con el 
í^ército francés del Rosellon. 

El mismo dia que llegó el archiduque á Zaragoza 
evacuó el ejército aliado á Toledo (29 de noviembre), 
después de haber evitado Staremberg que se pusiera 
fuego á la población, como pretendía el general por- 



284 HISTOllA DB BSPAJÍA* 

tagdés, conde de la Atalaya. Con el mismo júbilo qoe 
ea Madrid se proclamó en Toledo al rey don Felipe, y 
á los oidos de las tropas fugitivas debieron llegar los 
silbidos» y los insultos y oprobios con que las despe- 
dían los toledanos. Apresuráronse á entrar, en Ma- 
drid don Feliciano de Bracamente, en Toledo don Pe- 
dro RonquillOt con cuya entrada creció el regocijo de 
ambas poblaciones. Pero snbió de punto la alegría y 
llegó al mayor grado imaginable, cuando el rey, no- 
ticioso por Ronquillo de la retirada de los aliados, par- 
tiendo de Talayera de la Reina, donde tenia entonces 
sus reales, llegó á las puertas de Madrid (3 de diciem*- 
bre, 1710), y después de visitar el templo de Atocha, 
se encaminó á Palacio. Dio el pueblo rienda á su go- 
zo, y agrupándose con loca algazara en derredor del 
caballo del rey, apenas le permitía dar un paso. Tres 
dias solamente permaneció Felipe en Madrid, en to- 
dos los cuales no cesaron las aclamaciones y los regó* 
cijos públicos, en términos que no pudo menos de ex- 
clamar el duque de Vendóme: «Nunca pude yo ima- 
ginar que nación alguna fuese tan ñel, y diese tales 
pruebas de amor á su soberano ^*^x> 



(4) * «Relación diaria de todo lo — M^caoaz, Me morías, cap. 166.— 

sucedido eu Madrid desde el día 2) Sau Felipe, Comentarios, tom. II.— 

do agosto h'jsta el día 3 de diciem- BeUado, Historia Civil, loni. !• 

bre (le este año de 4710, en que c. 75 á 8Í). — «Noticia diaria, muy 

S. M. eotró eu su córte.v— «Real por meuor y suciala de lodo lo 

triunfo y general aplauso, con que que ha pasado en la ciudad de To- 

el rey N. S. don Felipe V. eutró ledo desde que entraron las tro* 

en su corto catóüca el miércoles pas enemigas hasta el dia en que 

por la tardo 3 de diciombre, etc.» salieron , ote.» Tomo de Varios. 



PARTB III. LIBRO VI. 285 

Volvió, paes, á salir el rey de Madrid el 6 de di- 
ciembre, en udíod coq el generalísiino daqoe de Ven* 
dome, caminó de Guadalajara, á unirse con el ejérci- 
to que marchaba apresuradamente en seguimiento del 
de los aliados. El 7 se supo que el general inglés, 
Stanhope, con ocho batallones y otros tantos escua- 
drones que componían la retaguardia» había ido á 
pasar la noche en Brihuega, villa de la Alcarria. Con 
esta noticia, y con el deseo que todos tenian de cortar 
algún cuerpo del ejército enemigo, dispuso Vendóme 
que se adelantara el marqués de Valdecañas con la ca- 
ballería ligera, los dragones y granaderos, y dos pie- 
zas de artillería hasta Torija. Excedía el de Valdeca- 
ñas á cuantos generales se conocieron en esta guerra 
en la formadon de un ejército, en la disciplina y re- 
gularidad de sus marchas. Ejecutólo el marqués con 
ts^l celeridad, que al amanecer del 8 había logrado 
cortar á Stanhope todas las salidas de Brihuega , y 
comenzado á batir su alto, aunque sencillo muro, y en 
esta actitud le encontró el rey cuando llegó al medio- 
día á la vista de la población . Resistíanse los ingleses 
con la esperanza de ser pronto socorridos por Starem- 
berg; animáronse los nuestros con el parte que les 
envió don Feliciano de Bracamonte de haber sorpren- 
dido y hecho prisionero un regimiento de infantería 
alemana. Todo el día jugaron nuestras baterías: y co- 
mo llegara otro espreso de Bracamonte participando 
que en efecto Starerpberg venia con todo el ejército á 



286 08TO1IA DB B8PAÍÍA • 

acorrer á los sitiados, fué menester apresurar el asaL 
to, que mandó el conde de las Torres, y en que tomar* 
ron parte el marqués de Toy, y los tenientes genera- 
les don Pedro de Zúniga » el conde de Merodi y el de 
San Esteban de Gormaz; y entretanto el conde de 
Aguilar fué destinado á detener con la caballería á 
Staremberg, acompañándole el mismo Vendóme. El 
asalto fué rudo y sangriento, y la entrada en la pobla- 
ción costó reñidísimos ataques y gran número de tío- 
timas. Los regimientos de Guardias, el de Ecija y los 
granaderos hicieron maravillas. A las ocho de la no- 
che, cuando ya babia vuelto Vendóme dejando apos- 
tada la caballería á media legua de Brihuega, pidió 
Stanhope capitulación, y como urgía poner término 
á aquella lucha, se le concedió, quedando todos pri- 
sioneros de guerra, inclusos los tres generales, Stan- 
hope, Hyl y Garpentier, este último herido, y todos 
los maríscales, brigadieres, coroneles y oficiales. El 
regimÍMto de caballería de la Estrella que mandaba 
el conde del Real ftié el encargado de conducir los 
prisioneros é internarlos en Castilla, é hízolo lleván- 
dolos á marchas forzadas. Tal fué la fisonosa acción de 
Brihuega (9 de diciembre, 4740). Stanhope aseguró 
aquella noche muchas veces que serian las últimas 
tropas inglesas que entrasen en España ^*K 

(i) Relación diaria, etc.— 1]le- Tenemos á la vista an testimo- 

lacíon de los progresos del eiéreito níe librado por el secretario del 

del rey Ñ. S. etc.-^San Felipe, juzgado y escribano de número 

., Dolando, V acanaz , ub. sup. de la TÜla de Brihaega, don Gamí* 



PAftTB III. LIBRO VI. S87 

Contábase cod tener batalla ai dia siguiente, y así 
fué. Al salir los prisioneros de Bríhaega vieron ya to- 
da la infantería puesta en orden donde antes haUa 
e^do la caballerfa á la parte de Yiliaviciosat for- 
mando el centro, y teniendo la c aballerfa á los eos* 
lados. Mandsiba la derecha de la primera línea el 
marqués de Valdecañas con el teniente general don 
losé Arniendaríz y los mariscales conde de Montemar 
y don Pedro Ronqoilló, el cual tuvo la desgracia de 
perecer de un cañonazo antes de empeñarse formal- 
mente la batalla: guiaba la izquierda el conde de 
Agaílar, con el conde de M ahoni y el mariscal de 
campo don José de Amézaga: el centro el marqués de 
Toy coa el teniente general marqués de Laver y el 
mariscal conde de Harcelles. La derecha de la se- 
gunda línea mandábala el conde de Merodí con el 
mariscal don Toiíiás de Idiaq uez; la izquierda el mar- 
qués de Navalmorcoende con el mariscal don Diego 
de Cárdenas: el centro don Pedro de Zúñiga y el ma- 
riscal Enrique Crafton. En tal estado comenzó el fue- 
go de la artillería enemiga. El re y corrió con valor 
las líneas, no obstante haber dado dos balas de caiion 
cerca de su perdona* Empezó siéndonos favorable el 
combate, arrollando el marqués de Valdecañas con su 
derecha la izquierda enemiga, que gobernaba .el mis- 

lo López y Gomara, en 4854) do con copia de una inscripción quo 

una pequeña relación de la bata- hay i la puerta por donde se oi^ 

lia, qae secon^íerva en el registro el asalto. 
00 escrituras públicas de la villa, 



$188 HISTOIUA DE BSPAÍÍA. 

mo Staremberg: pero naestra izquierda fué por tres 
veces rechazada, y desordenado el centro por Mta de 
caballería; error imperdonable» por lo mismo que se 
habia cometido en la ^batalla de Almansa, y fué roto 
por la misma causa; y el marqués de Toy que acudió 
á repararle cayó, prisionero de los portugueses. 

El duque de Vendóme, que vio rechazada la iz- 
quierda , descompuesto el centro, y espuesta la per- 
sona del rey, perdió la esperanza de ganar la batalla, 
y llevóse á S. M. consigo al sitio donde hablan esta- 
do la noche anterior, y mandó al conde de Aguilarque 
retirara la infantería y la pusiera á salvo; orden que 
obedeció el de Aguilar como buen soldado, pQr mas 
que á lo contrario le instaban otros generales, en es- 
pecial Yaldecañas y San Esteban que llevaban der- 
rotado al enemigo ^^K Y era asi la verdad; y ademas 
el conde de Mahoni se habia apoderado de su artillería 
y sus bagages , y recogido multitud de alhajas de oro 
y plata, y otras riquezas de las robadas en los tem- 
plos de Toledo y Madrid; y acometido luego Starem- 
berg por ,1a espalda por Mahoni y Bracamente, aun- 
que defendiéndose desesperadamente y con toda la 
regla y arte de un buen general, fué por último pues- 
to en confusión y desorden por don José de Amézaga 
que arremetió furiosamente con la caballería de la 

(1) A este tiempo se vio huir mo lo reparase uno de nuestros 

el regimiento de la Muerte, asi oficiales, dijo á sus soldados: t£a, 

llamado por que antes habia sido soldados tánimol cuando la Muer^ 

el terror de los portugueses, y co- te huye, nuestra es la victoria.^ 



/ 



PARTE III. LIBRO VI. S89 

Reina y descompuso su cuadro. Mas no había medio 
de sacar á Vendóme del funesto error en que estaba 
de que la batalla era perdida, por mas emisarios que 
al efecto le enviaban. Y tan ganada estaba yá, que 
nuestros generales despacharon al sargento mayor don 
Joan Morfi á decir á Staremberg, que puesto que se 
veía perdido, y había hecho cuanto cumplía á un 
buen general por la gloría y el honor de sus armas, 
no ^iera logar á que se derramara mas sangre. Con 
este recado, después de haber oído su consejo de 
guerra, respondió el general alemán estimando mucho 
el favor qae le hacían , y pidiendo una suspensión de 
armas por lo que restaba de coche, asegurando que 
si al reconocer el campo por la mañana veía ser cier- 
to qué aun había en el nuestro treinta batallones y 
cincuenta escuadrones, ' como Morfi decía , sin ha- 
cer mas fuego se rendiría con lo que quedaba de su 
ejército. 

Pasóse, pues, la noche sin hostilidad, pero tam- 
ban sin pan, sin vianda, sin lumbre y sin abrigo, y 
el rey sin cenar y sin acostarse, y ateridos todos de 
frío, por la densa y helada niebla que hubo, y con que 
amanecieron blancos los sombreros y ios vestuarios 
de todos, como sí hubiera nevado. Aprovechó Slarem- 
berg la oscuridad de la noche para irse retirando sin 
ruido de trompetas ni timbales, cuya noticia llevó al 
rey primeramente don Rodrigo Macanaz, después el 
marqués de Grevecoeur, y últimamente el conde de 
Tomo xvui. 49 



290 OlSTOftlA DB BSPAÜA . 

MaboDii el cual pidió le diesen tres mil caballos para 
cortar los enemigos. Faéronle negados por cierto re- 
sentimiento y enojo que con él tenia el conde de Agoi- 
lar, que á habérselos dado hubiera podido cortar ó de- 
tener á los vencidos, y puesto á nuestro ejército eo 
parage tal vez de acabar con ellos. Ordenóse sola- 
mente á Vallejo y Bracamente qué los siguiesen por 
los costados y retaguardia: y en tanto que estq se dis- 
ponía, iban llegando al campo del rey oficiales y sol- 
dados cargados de estandartes y banderas, otros con- 
duciendo prisioneros de Estado, tal como^el obispo 
auxiliar de Toledo, y otros con los cálices y vasos sa- 
grados cogidos al enemigo, y con los equípages y jo- 
yas del arzobispo de Valencia y de algunas señoras 
y magnates que le seguían. Aquella mañana despachó 
el rey dos expresos con la noticia de tan señalada 
victoria, uno á la reina, su esposa, otro al rey de 
Francia^ su abuelo; hecho lo cual, fué á caballo á re- 
conocer el campo de batalla, y luego pasó á la inme- 
diata villa de Fuentes, donde recibió la nueva de ha- 
ber hecho don José Vallejo tres mil prisioneros, y eo 
cuya iglesia se cantó un soleinne Te Deum^ en acción 
de gracias al Dios de los ejércitos por tan completo y 
memorable triunfo. 

Tal fué el resultado de la célebre batalla de Villar- 
viciosa (10 de diciembre, 1710), que aseguró la co- 
rona de Castilla en las sienes de Felipe V. de Borbon, 
á los pocos dias de haber estado en el mayor, y al 



■ 






PARTB III. LIBftÓ VI. 291 

parecer mas inminente peligro de perderla, y que de- 
cidió inoralmente la lacha que hacia diez anos traian 
empeñada España y Francia contra todas las potencias 
de Europa. Entre las dos jornadas de Brihuega y Vi- 
llaviciosa se perdieron del ejército de Castilla sobre 
tres mil hombres, entre ellos oficiales generales de la 
mayor distinción: hiciéronse á los enemigos mas de 
doce mil prisioneros, y sq les cogieron cincuenta ban- 
deras, catorce estandartes, veinte piezas de artillería, 
dos morteros, y casi todas las armas, tiendas y equi- 
pages: murieron de una y otra parte personages de 
cuenta y gefes de las primeras graduaciones ^^K 

(4) Relacioo de los gefes muer- Coronel, conde de la Tuz* 

ios y heridos que tavo el ejército Coronel , don Gonzalo Quin- 

oastellaoo. tana. 

Coronel, don Bartolomé de Ur- 

Muertos, bina. 

Coronel, don Francisco Rami- 

El mariscal de campo, don Pe- rez A rellano. 

dro Ronquillo. Coronel, don Junn de Fontes. 

El brigadier, oondede Rapel- Coronel, marqués de Franluy. 

monde. Coronel Espreafi^o. 

Brigadier, dou Rodrigo Cur- Coronel, don Francisco Na- 

rea. varro. 

Brigadier , don Joan José de Coronel, Lauteldolf. 

Heredia. Coronel, Rulfort. 

Brigadier, don Juan Fernandez Coronel , Blon. 

Pedrocne. Coronel, don Carlos ESpel- 

Brígadier, Monsienr de Velmó. fico. 

Brigadier, conde de Borbon. Teniente coronel, don José 

Coronel, don José Sotelo. Martínez. 

Coronel , marqués de Torre- ídem, don Alonso Fariñas, 

mayor. ídem, don Juan de la Sierra. 

'Coronel, Tizponde Kolmalok. ídem, don Francisco Torralva. 

Coronel,' don Feliz de Mari* ídem , barón de Alburquor- 

moo. que. 

Coronel, don Juan de Vargas. Comandante, barón Espau. 

Coronel, don José Yossa. Comandante, Aracíel. 

Coronel, marqués de Saotel- Otros treinta y seis coman- 
degarde* ' dantes. 



292 HISTORIA DB ESPAÑA. 

Staremberg con su derrotado ejército prosiguió en 
retirada camino de Zaragoza, donde entró el 23 de 
diciembre (1710), siempre acosados sus flancos y re- 
sentios. Ademas de las ooticias que dan 

de esta célebre batalla los bisUh' 
El capitán general, marqués do fiadores coDtemporáoeos, margues 
Toy, prisionero. ' de San Felipe, Fr. Nicolás áa Je- 

El teniente general, don José sus Belando, don Melchor Maca- 
de Armendariz. naz y otros, se publicaron varías 
El mariscal de campo, don José Relaciones particulares, entre ella? 
de Amézaga. una titulada: ^Relación de fíela- 
Brigadier, marqués de Bemél. done i de lo sucedido,, ele,;* lai^e 
Brigadier, marqués tle Casa- escribió el caballero de Vilíeriu, 
Estrada. francés; y el Viage fíealdelRes 
ídem, duque de Plaloncha. N, S., que publicó do orden de sa 
ídem, don Francisco Ya lanza. Magestad don Pablo de Montes- 
Coronel, don Vicente Fuen- truch. — Nosotros hemos segaido 
Buena. con prefereucia la que hace en el 
Coronel^ conde de Salvatierra, cap. 466 de sus Memorias mana^- 
ídem, don Bartolomé Ladrón, critas don Melchor de Macaoaz, 
ídem, don Juan de Cigarrote. testigo ocular de ambas jornadas, 
ídem, don Mateo Gron. ^el cual rectifica las inexactitudes 
Otros ocho coroneles. délas otras ¡elaciones, y esplíca 
Mas do cuarenta tenientes co - las razoues que tuvo cada cual 
róñeles. para escribir como lo hizo. 

El rey mandó batir una meda- 
DEL EJÉRCtTO ENEMIGO. Ha ou memofia del triunfe de Vi- 

lla viciosa, que representa ea el 
Muertos» . , anverso el busto oel rey coo ori 

lema latino, en el reverso una 
El general holandés, Boleas- Victoria con una palma en la de- 
tel. recha y una corona de laaroleo 

El general iu^és, lord Ha- la izquierda, con otro lema. en la- 
milton. tin. En 4734 se creó en coome- 

Muchos brigadieres, corone- moracion el regimiento de (/ro- 
les, etc. sron^s II amn do de ViUavieiosa, j 

en el escudo de los estandartes se 
Prisioneros, puso: M VilUiviciosa victw ft 

vindex: 
Lord Stanhope, general de las cNunca (dice el marqués de 
tropas inglesas. >San Felipe en sus Gomenlarios, 

Saint- Aman, mayor general «hablando de Starember«<), nanea 
de las holandesas. «tuvo general alguno de ejército 

M. de Franquemberg, gefe de » mas presencia de ánimo en acción 
las palatinas. «tan sangrienta, varia y trágica: 

General Wetzel, holandés. »decian sus propios enemigos qoQ 

Y otros muchos oficiales gene^* »solo él podia haber sacado fór- 
rales de distinción. ornada aquella gente, que 



1 



PARTE 111. LIBEO VK SOS 

taguardia por Vallejo, BracainoDte y MahoDi, que 
iban co^eodo prisioneros cd gran número, entre ellos 
el destacamento de Villarod, compuesto de mas de 
qninientos soldados alemanes y de oficiales de todas 
las naciones. Permaneció el general austríaco en Za- 
ragoza hasta el 30, en que habiendo recogido cuantas 
tropas pudo, partiQ para Cataluña, y pasando el Ginca 
y el Noguera, no paró hasta Balagnér, flanqueándolo 
siempre ios nuestros, que entraron también en el Prin- 
cipado, y se apresuraron á reforzar las guarniciones 
de Mequinenza, Lérida, Monzón, y algunas otras que 
se habían mantenido fieles. El denodado vencedor de 
Biihuega y Yillavicíosa, marqués de Yaldecañas, si- 
guió igualmente en pos de los enemigos á Zaragoza, y 
se internó tras ellos en Cataluña. El rey don Felipe» 
después de haberse detenido en Sígüenza hasta el 24, 
esperando la reunión de las tropas diseminadas, y 
después de haber enviado ocho batallones, y ocho es- 
cuadrones á reforzar y cubrir la frontera de Portugal, 
prosiguió, aunque mas lentamente, ca mino también de 
Zaragoza, donde no llego hasta el 4 del inmediata 
enero (1741). 

ahí instituyó Felipe Y. la festividad religiosa lla- 
mada de los Desagravios del Santísimo Sacramento» 

ttvencida del campo, pero no des- «pero desamparado de sus alus, y 

»becb»; y si habiera tenido tan «cargado de ocbo mil caballos re- 

»fuerte caballería como iufaules, «sueltos á morir ó veiic<;r, cedió á 

«hnbiera obionido la victoria: dos «la fortuna del rey Felipe y al va^» 

• veces vio do ella la imagen; tres «lorde sos tropas.t 
«rechazó la infantería española; 



294 HISTORIA DB B8PAÜA. 

que era una función que mandó celebrar anoalmeote 
en todas las parroquias del reino el domingo inmedia- 
to al dia de la Concepción de María Santísima, ya ea 
conmemoración y agradecimiento de los dos gloriosos 
triunfos que Dios habia concedido á las armas caló/f- 
eas en los días 9 y 1 de diciembre, ya en manifesta- 
ción del dolor» sentimiento y horror por los ultrages, 
profanaciones y sacrilegios cometidos for los enmi- 
gos en los templos, imágenes y vasos sagrados du- 
rante su pasagera y efímera dominación en Cas- 
tilla. 

Casi al mismo tiempo que marchaban tan en bor 
nanza para el rey don Felipe los sucesos de la guerra 
en Castilla y Aragón» penetraba en Cataluña el gene- 
ral francés duque de Noailles con las tropas del Rose- 
llon» en conformidad á lo acordado con él rey y con 
Vendóme en el consejo de Yalladolid. A mediados de 
diciembre .(1710) comenzó el francés á molestarla 
plaza de Gerona, objeto de sus designios, no obstante 
haberse llenado aquellos caminos y montañas de vo- 
luntarios catalanes. En medio de los rigores de un 
crudísimo invierno apretó el sitio de aquella impor* 
tante y fuertísima plaza. Aunque él y sus tropas pasa- 
ron infinitas molestias, privaciones, entorpedmieotos 
y trabajos, empeñóse en esta empresa el de Noailles 
con tanto ahinco, y tanto y con tanto afán trabajó é 
hizo trabajar á sus soldados, á fin de conquistarla an- 
tes que pudiera ser socorrida de los aliados d de ios 



L 



PABTB líU LlBlK> VI. 295 

Dalurales» que sio acobardarle iasUuvias y las inuo- 
daciones que con frecuepcia deshaciaa sus minas y 
sos obras de ataque, ni desalentarle el valor y la re* 
sistencia de los sitiados, poco á poco se fué apoderan- 
do de torres, puertas y bastiones, y el 85 de enero 
(174 4 ) logró rendir la plaza por capitulación. En com-* 
plímiento de sus artículos hizo su enlrada en Gerona 
el vencedor duque de Noaílles el 1 «^ de febrero, se- 
ñalándola con un bando de perdón general, que hizo 
publicar á nombre del rey de Castilla para los natura- 
les que volvieran ¿ su obediencia y le prestarán^ su» 
misión» Hiciéronlo asi muchos habitadores de aquella 
veguería que antes se habían retirado ¿ las montañas. 
Siguieron su ojemplo los de la Plana de Vich, ansiosos 
de gozar de la seguridad y sosiego que se les ofrecía. 
Y de esta manera quedó desde entonces Gerona y e| 
pais comarcano del Ampurdan sometido ¿ la obedien- 
cia del rey católico. Pasó él de Noailles á Zaragoza^ 
y el rey don Felipe en premio y recompensa de tan 
señalado servicio le hizo merced de la grandeza de 
España, y dio el Toisón de oro á los dos tenientes gene<- 
rales Beaufremont y Estayre ^^K 

La fortuna volvia ahora en todas partes su risueño 

rostro á los que pocoa meses antes se le había mostra- 

. do torvo y severo: los que en agosto de 1740 habían 

r 
f 

(4) San Felipe, Goaicuiario:it on Gerona cíDcueota piezas de 

tom. II.— Belanao, HUtorhi Civil» broooe, otras tantas de hierro, y 

tom. 1., cap. 83.— Macaoaz, Me- crna cantidad de provisiones de 

morías, cap. 4 SO.— Halló NóaiHea Doca y guerra. 



296 HlSTOaiA DBBSPAÑA. 

sido vencidos y arrojados de Zaragoza, y en dkáembre 
volvieron á la misma ciudad coronados de laare/es, 
seguían recogiéndolos en ios campos que nuevamente 
iban recorriendo. El marqués de Valdecañas tomaba 
á Estadilla haciendo prisionera su guarnición; apode- 
rábase de Benabarre y Graus, y sometía todo el pais 
de Rívagorza. Los aliados no se coiísideraron bastante 
fuertes para esperarle en Balaguer, retiraron de alli 
cuanto lenian, y á su aprox:imacion abandonaron aquel 
puesto que tanto hablan fortificado y en que tanto 
tiempo habian permanecido, ocupándole en seguida 
el de Valdecañas, y cogiendo ocho cañones y dos 
morteros que no pudieron llevarse los enemigos. Ed- 
tretanto el comandante general que operaba en Yaleo- 
cia, don Francisco Gaetano, rendía la plaza de Moreltaf 
desembarazando por aquella parte los confínes de Ca- 
taluña* Una brigada de walones se apoderaba del cas- 
tillo de Miravet (28 de febrero, 4 71 i), haciendo tam- 
bién prisionera de guerra sa guarnición. Poco mas 
adelante (marzo) eran deshechos los miqueletes de la 
veguería de Cervera, y ocupada la ciudad de Solsooa; 
y el infatigable marqués de Valdecañas marchaba 
contra Galaf, que los enemigos abandonaron también 
al saber que se aproximaba, y deshacía un cuerpo de 
voluntarios en la Concu de Tremp, quedando de este 
modo libre la comunicación en aquellas montañas de 
Cataluña. Y hubiera este intrépido general ido mas 
adelante y activado mas sus operaciones, á no dele^ 



PARTB UU LIBRO VI. 297 

nerle la falta de granos y demás provisiones que te- 
nia que recibir de Castilla. 

Viendo Staremberg que era temeridad luchar con- 
tra la fortana; que los españoles se habían adelanta- 
do basta Balaguer y Calaf; qae dominaban el terrilo- 
río del valle de Aran y el llano de Yich; que no le 
quedaban en el Principado mas plazas de considera- 
ción que Cardona, Tarragona y Barcelona; que le fai* 
laban medios para formar otro ejército; que Inglater*- 
ra y Holanda se manifestaban resueltas á no enviar 
mas soldados á España , limitándose á mantener la 
gaerra en Flandes;''que por el contrario el gobierno 
español se ocupaba activamente en levantar reclutas 
y fornaar nuevos cuerpos; que de Castilla eran envia- 
dos á Cataluña ocho mil fusiles y mas de cien caño- 
nes; qae entre tropas españolas y francesas llegaron 
á juntarse sesenta y dos batallones y ochenta escua- 
drones, sin contar los que escoltaban los, convoyes y 
guardaban las plazas, pidió, como prudente, licencia 
para retirarse. Mas como no la obtuviese, se aplicó á 
fortificar y proveer las plazas de Tarragona y Barce- 
lona, y con los cortos socorros que pudo lograr acam- 
pó en Igualada y Martoreli, bien que sin otro efecto 
que el que luego veremos. Yaldecañas situó el suyo 
entre Cervera y Tárrega. Alli permanecían ambos 
ejércitos cuando llegaron á Lérida los generales fran- 
ceses Vendóme y Noailles. 

Pero dos sucesos, ambos inopinados, y ambos de 



298 UJ8T0EU DB B8PAÑA. 

» > " . 

igual índole, vinieron como á enlibiar el ardor de la 
campaña y á influir poderosamente en el resdtado 
futuro de esta larga guerra. £1 uno fué la iQuerte del 
delfin de Francia (14 de abril» 1711), padre del rey 
don Felipe' V., que sucumbió victima de las viruelas, 
á ios cuarenta y nueve años y medio de edad; suce- 
so que afectó mucho al rey su hijo, y mas por haber 
coincidido con una peligrosa enfermedad que ó la sa- 
zón estaba padeciendo la reina. El otro, de mas íq«- 
fluencia todavía, fué el fallecimiento del emperador 
de Alemania (17 de abril), alma y sosten de la con- 
federación y de la guerra; y asi por esto, como por 
supon^se ó calcularse que podría ser llamado el ar- 
chiduque Carlos á ocupar aquel trono, como lo desea- 
ban las potencias marftímas, con la esperanza de que 
asi podria real izarse mejor el antiguo proyecto de la 
división de la monarquía española, mudaba ^e todo 
punto el semblante de las cosas, variaba el aspecto 
de la cuestión que había producido la lucha, el rey 
Cristianísimo tomó con menos calor el mantenimiento 
de la guerra en España, fundado en que el archidu- 
que seria llamado á Al emania, y €^1 mismo Felipe sus- 
pendió el sitio de Barcelona que tenia proyectado. 

Y asi fué, xiue no tardó el archiduque en ser ins- 
tado por los electores del imperio, y por su madre y 
parientes, para que se trasladara á Yiena dejando la 
pretensión de España, á lo cual él se mostró resueitOw 
De modo que con esto, y coa n.) haber vuelto Ingla* 



PMTB Ili. LIBAO VK 299 

térra y Holanda á enviar socorros de tropas á los alia- 
dos» y con ser muy cortos los que de Italia habían re^ 
cibido» y con el recuerdo de las pasadas derrotas, 
estuvo Staremberg frente de nnestro ejército sin atre- 
verse á acometerle, y aun tuvo la mayor parte de él 
^ue acercarse á Barcelona para proteger la marcha 
del archiduque. 

Tampoco Vendóme emprendió nada, ya por la £3il* 
ta de provisioneSt culpa y malicia de sus asentistas, 
que estaban abusando con escándalo de la bondad de 
aquel general, ya porque el duque de Noailles, rival 
del de Vendóme, se propuso deslucir sus operaciones, 
poniéndole embarazos á todo, y dejando consumir el 
ejército en una inacción injustificable. Solamente se 
tomó Benasque, y poco mas adelante se rindió la for- 
taleza de CasteULeon en lo alto de la montaña, siendo 
de admirar la operación dificilísima de subir los sol- 
dados á brazo la artillería basta lo mas encumbra- 
do de los Pirineos. Por último, resuelto el viage 
del archiduque á Alemania, dióse á la vela en el 
puerto de Barcelona con rumbo á Italia en una es- 
cuadra inglesa (27 de setiembre, 1711), quedando 
Staremberg de virey y capitán general de Cataluña. 
Situóse entonces el general alemán con todas sus fuer- 
zas en Prats de Rey: salió el de Vendóme de Cervera 
á buscarle con las suyas: pusiéronse ambos ejércitos 
á la. vista teniendo de por medio el río; pero, lo mas 
que consiguió el mariscal francés fué que el austríaco 



300 HISTORIA DE ESPAÜA. 

retirara su campo á las alturas, lo cual facilitó á Ven- 
dóme apoderarse de Prats de Rey á la vista de su 
enemigo. 

Bien penetrado Staremberg de que sus fuerzas oo 
podian resistir un ataque formal de las de Vendóme, 
trató de distraerle intentaado una sorpresa sobre Tor- 
tosa (octubre, 17H): pero sus tropas fueron vigorosa- 
mente rechazadas con pérdida de quinientos prisione-' 
ros y otros tantos entre muertos y heridos. Paralizado 
nuestro ejército, siempre por^ la falta criminal de pro- 
visiones, di fin sitió, atacó y rindió á Cardona (ooviem. 
bre, 4711); no asi el castillo, donde los enemigos se 
retiraron, merced á la malísima colocación de las ba- 
terías, acaso por inteligencia del gefe ingeniero con ej 
duque de Noailles para deslucir al de Vendóme, ^s lo 
cierto que desprovisto el generalísimo francés de me- 
dios y recursos, como habitualmente le sucedía, aban- 
donó al fin del año (1711) el sitio y ataque de aquel 
castillo, con no poca pérdida de hombres y caballoSi 
que asi se malogró la última operación de aquella 
campaña ^*\ 

(4) Es may curioso lo que acer* neo víase al duque de Bandoma, y 

ca de este hecho cuenta don Mol - »que hecho esto pasase al puolo a 

chor de MacaDaz. »ia corte. La ciudad de Zaragoza 

i»Ei duque de Baudoma, dice, »me prestó este dioepo, y al puolo 

«envió' ¿ pedir al rey cinco mil «mismo lo pasé á dispostcioo del 

«doblones, asegurándole que con «duque de Bandoma, y me fui ¿ 

» ellos acabaría de rendir muyen uMadrid, á donde, deque llegué 

«breve este castillo: el rey me » por la brevedad con que el rey 

«despachó un espreso en 26 de nme lo ordenaba, no creyó S. M* 

«noviembre, ordenándome busca- «que hubiese podido haber reci- 

se acredito este dinero, y se le «bido el orden; pero de que ^^ 



PARTB 111. LIBRO VI. 301 

No fué lampoco muy viva este año la guerra de 

Portugal. Aedújose á que los portugueses, mandados 

por el general Norooba, recobraran á Miranda de 

• asi^guró que el dinero quedaba aquella gente medraba y prospe- 
^enlregado se alebró mucbo, y me raba á la sombra do la boodad y 
»dijo: — «To bien sé que este dÍDe- del desinterés del duque de Ven- 
ero sa perderá, como el demás que dome, y muy priocipalmeDte su 
> hasta aaui se ha enviado, y que secretario Manani, de quioDOS vi- 
«et castillo nose tomará, y el ejér- vía lastimosamente engañado. Era 
>cito acabará do perecer; pero Vendóme un general entendidisio 
Acomo ya no hay que temer á los mo en la guerra, pero que ahorre- 
Beoemigos no be querido disgas- cía ocuparse en los detalles do for- 
•tar al duquedc Bandoma, sinoes macion, gobierno y subsistencias 
«dejarlo hasta que reconozca que del ejército; tan desinteresado, y ya 
»está engañado de los que tiene tan escesivamente descuidado en 
•cerca de si.» el gobierno económico de su casa y 
»Y asi fué, pues en fin del ano familia, que todos sus criados altos 
«abandonó el sitie y se retiró, y bajos le robaban. Un dia solé pre- 
«habienoo muerto casi toda la ca- sentó uno de ellos pidiéndole li- 
»balleria por falta de cebada, y cencía para retirarse; preguntán- 
» padecido igualmente la infantería dolo su amo la causa, le respondió 
«por la falta de pan; y destruido el que había obser?ado que allí todos 
i>re¡no de Aragón porhaberle saca- robaban, y que él no quería estar 
«do después de I > cosecha setenta ontre semejante gente: entonces el 
»mil caizes de granos por fuerza, duque le replicó riendo: cpues ro- 
»y coD oMos todos los machos, ha tú también, y no me prives de 
•muías, caballos y demás belttÍAs, tus servicios.» 
>que perecieron é manos de mi- CuentaMacanazqueenunaoca- 
«Queletes, y con los malos tratos .sion le ordenó el rey facilitase dos 
>ae los proveedores, á los cuales mil doblones que el secretario de 
» se les hubo <e tolerar tanta mal' Vendóme le dijo necesitaba su 
>dad por no disj^ustar á Bando- amo para salir á campaña. Maca- 
fe ma, siendo Mañani su secreta- naz vio al duque y le aseguró que 
«rio el que lograba la utilidad de tendría pronto el dinero, pero por 
«todo, y tan temerario, que al pa- vía de anticipación, porque los 
»sar el ejército el puente de Leri- sueldoa atrasados estaoan todos 
«da, á vista de todo él dio de pa- satisfechos. Mostróse el duque ser- 
bios al abad Alberoni, p'^rque prendido, diciendo que él no ser- 
sobraba tan mal en to<io.» — Memo- vía al rey de España por sueldo, 
rías manuscritas, cap. i84. que todo lo hacia á su costa, y que 
Estos asentistas y proveedores los dos mil doblones los pagaría en 
i^ran causa de quese viera siempre el término de veinte dias. Ignoraba 
el ejército apurado y falto de todo, que desde que entró en España se 
y de que nunca hubiera mavor le ostabau pasando dos mil doblo- , 
desorden y despilfarro en la ha- nes mensuales, ciento cincuenta 
cíenda militar, consumiéndose sin al secretario Mañani, ciento al ca- 
provecho para la c^uerra lo que se pitan de guardias Gotrou, y otros 
sacaba á los pueblos, porque toda ciento para gastos de secretaría , 



302 HOTORtA DB BSPAÜA. 

Duero (1 5 de marzo, 1 74 1 ), hacieado prisicoeros unos 
seiscientos hombres que la guarneciaa. loteataban 
después invadir la Exiremadura, pero reforzado ya el 
marqués de Bay con los batallones y escuadrones que 
le envió el rey después de la batalla de Yillavicioss, 
detuvo al conde de Mascareñas que guiaba el ejérdto 
lusitano. Viéndose estuvieron ambos ejércitos por es- 
pacio de tres dias (mayo), pero sin acometerse. Pasása 
el resto de la primavera en movimientos sin resultado, 
hasta que llegado el estío se retiraron unos y otros á 
cuarteles de refresco. Esto no impidió que algunos 
destacamentos de Castilla hicieran incursiones en Por- 
tugal» y tomaran algunas fortalezas y villas^ como Ca- 
ravajales, la Puebla y Vimioso. Ni en el otoño hicie- 
ron otra cosa que estar mutuamente á la defensiva, y 
observar el uno los movimientos clel otro. 

Dejemos en este estado la guerra, y veamos ya lo 
que habia acontecido en Zaragoza desde la llegada 
del rey, y las novedades y mudanzas que hubo eo el 
gobierno. 

A poco de llegar el rey á Zaragoza quiso tener 
en su compañía la reina y el príncipe, que, comosa- 

ademas de las racioDes y bagages. esto por escrito; bisólo asi el de 

Gaaodoae le informó de esto, ma- Vendóme, y se dio parte slm. 

nifesió que todas aquellas samas Pero noticioso de ello el secretario 

liabiaD sido robadas ai rey, porque Mañsoi, halló medio de iofonaír 

él costeaba su. gasto, el de la se- que todo lo habia empleado y coo- 

cretaria, secretario, capitán y ba- sumido en servicio de S. M., qne- 

gages, que no habla Tenido a ser- dando el rey tan admirado de la 

virpor dinero, y que queria que estremada bondad del duque como 

todo se restituyese. Hacaoaz le m- de la refinada maldad del secre(a- 

dioó que convendria constase todo ric^MIacanaz, Mem. ubi sop. 



' rjiBTB m. Luno vi. 303 

bemos, se hallaban ea Vitoria jontamente con loe 

Ck>iiseáos« EsioB tuvieron orden de restituirse á Ma« 

drid, y la reina se trasladó á la capital de Aragón, 

recibiendo en todas las poblaciones del tránsito toda 

especie de agasajos y toda clase de demostraciones 

de amor y de cariño. Las ciudadesi villas y cabildos 

de Rioja y de Navarra, y á su ejemplo las de otras 

provincias, enviaron generosa y espontáneamente con* 

siderables donativos para atender á estos gastos y á 

las necesidades de la guerra. El rey sftiió á Calahorra 

á recibir á su esposa y sil hijo, y juntos entraron en 

Zaragoza la tarde del 27 de enero (1714). 

Dedicóse Felipe á organizar el gobierno militar, 
civil y económico del reino de Aragón. Dio la coman- 
dancia general al príncipe de Tilly, el gobierno inte** 
vino de Zaragoza al mariscal de campo conde de 
Montemar, y la intendencia y administración general 
de las rentas á don Melchor Macanaz , con retención 
de los cargos que tenia en el ^'eino de Valencia. Sus- 
pendióse la contribncion de la alcabala, y en su lu-» 
gar se impaso un millón de pesos por via de caartel 
de invierno, dejando su repartimiento y cobranza á 
cai^o de las justicias: se incorporaron á la corona 
iodas las salinas del reino, que constitoian la renta 
mas saneada y pingüe; hizoseles tomar el papel se- 
llado á que antes se habian resistido; y ademas al 
tiempo de la cosecha se les sacaron hasta trescientas 
mil fanegas en trigo, cebada y otros granos, que el 



304 HlSTOftl^ DB BSrAÍÍA. 

rey prometió admitirles en cuenta de contribuciones, 
pero que no se cumplió, antes se continuó en los años 
siguientes haciendo repartimientos, aunque algo me- 
nores, de granos y dinero. 

Formóse una junta ó tribunal llamado del Real 
Erario, compuesto de un presidente, que debia serlo 
el capitán general , y de ocho individuos, dos por 
cada uno de los brazos ó estamentos que antes com- 
ponían las Cortes, é igual en número á la diputación 
permanente de las mismas. Encomendóse á esta juo* 
ta el reparto y recaudación de los impuestos» de que 
no se eximia ninguna clase del Estado, ni aun los 
eclesiásticos , ni l^s comunidades religiosas de ambos 
sexos, aunque fuesen mendicantes: el rey fijaba las 
contribuciones, la junta no hacía sino distribuirlas y 
cobrarlas con arreglo á los fueros, pero no tenia ma- 
nejo alguno en los caudales, ni había de hacer otra 
cosa que ponerlos todos en la tesorería á disposición 
del intendente, que no daba cuentas á otro alguno si- 
no á la persona del rey, lo cual se ordenó asi por un 
decreto especial, que fué como una solemne deroga- 
ción de los fueros aragoneses ^^K 

En cuanto al orden judicial , después de haber 
estado algún tiempo indeciso, resolvió establecer (3 de 
abril, 1711), no una chancíllería como antes, sino 
una audiencia conforme á la planta de la de Sevilla, 

■ 

(4) M^canaz, Memorias, c. i80 y f8t. 



PARTB 111. LIBRO VI. 



305 



COQ dos salas, una para lo civil y otra para lo crimi- 
nal, bajo la presidencia del cafiitau general del reino. 
Eo los negocios civiles entre particulares fallaría la 
nueva audiencia con arreglo á los fueros y á la legis- 
lación particular de Aragón, pero en los que tocaran 
directa ó indirectamente al rey ó al Estado» asi como 
en las materias criminales se había de regir el nuevo 
tribunal por las leyes y el derecho de Castilla. Poste- 
riormente en el mismo año se añadió otra sala para 
lo civil para nivelarla á la de Sevilla que tenia dos ^^K 
Pululaban en la corle de Zaragoza las rivalidades 
y las cébalas, ya entre los duques de Vendóme y de 
NoaiUes, enemigo aquél de los duques de Borgoña y 
de Orleans, y afectísimo á Luis XIV. y á Felipe V., 
representante éste del partido francés contrario, y que 
iral>ajaba cuanto podia para hacer tiro, y si era posi- 
ble para reemplazar al generalísimo del ejército espa- 
ñol; ya de parte del conde de Aguilar, á quien se unía 
Vendóme, y que miraba con aborrecimiento al duque 
de Osuna, á Grimaldo, y á todos los que eran del par- 



(1) Decretos de 3 de abril en 
Zaragoza , y de 42 de setiembre 
en Corella.^Belando, en el capí- 
ÍQ\oS7de8u Historia civil, copia 
el ofrcio que con esta última dis- 
posición pasó al principe de Tilli 
ol secretario del despacho don 
José de Grimaldo.— Este funcio - 
nario estuvo al^un tiempo sepa- 
rado del ejercicio de su empleo, 
porque Vendóme y el conde do 
Aguilar le miraban como muy apa- 

TUMO XYlil. 



síonado de la reina y de la prin- 
cesa de los JUrsinos, con quienes 
el de Aguilar no acabab<) de re- 
conciliarse, despachando entre- 
tanto el marques de Castelar. 
Pero U& intrigas del de Aguilar, 
asi contra Grimaldo como contra 
el duque de Osuna, á quien tuvo 
siempre encono, se fueron des- 
haciendo, y volvió aquél al ejer- 
cicio de su secretaría del despa- 
cho universal 

20 



306 HISTOIIA BE BSPAfÍA. 

tido de la reina y de la priocesa de los Ursinos» ó de 
cualquier modo uo eraa del suyo. Vióse también el 
inteodenle Mac^aaz doQuaciado como participe de k» 
piaoes y maáejos del conde de Aguilar, y costóle no 
pocos esfaerzos dosengaiap á la reiaa y al rey, y jus* 
tific^rse ante ellos. Repcesev^taroa después contra él 
los individuos de la juqta de Hacienda de Madrid ^*\ 
y aunque el rey le dio una honrosa satisfacción nom- 
brándole préndente de aquella misma junta en lagar 
del marq^és de Campo Florido, cosa que resistió Ma- 
canaz por particulares raxones, prodújole todavía aque- 
lla rivalidad serios disgustos, y fué ocasión de disi- 
dencias, asi en Zaragoza, como en Madrid, donde se 
vio obligado á venir í*^ . 

Ep medio de estas intrigas cortesanas enfermó la 
reina en Zaragoza; una fiebre lenta la iba ooosumien' 
do, en términos de dar gravísimo cuidado al rey y 
muy serios temores á toda la nación: los dos médicos 
franceses que l^ asistiai^ llegaron á manifestar que no 
tenían confianza alguna de salvarla; por fortuna dos 
facultativos de Zaragoza, á quienes se consultó, vol- 
vieron á su apenado esposo la esperanza y el consue- 
lo, declarando no tener síntomas de tisis, que era lo 
que generalmente se recelaba ó suponia, y que aun 



(1) Eran éstos el marqués do machos pormenores de estos ín- 
Campo Florido» el de Baomar, el cidootes ea los capítulos ISO y 484 
conde de A^uilar y don Francisco do sus Memorias mauuscritas, to- 
BonquíUo. mo XI. 

(2) £1 mismo Macanaz cuenta 



PABTE 111. LIBBO VI. 307 

podia curarse. Asombró á todos eo esta ocasión el rey 
eoQ las pruebas que dio de verdadero amor á su espo- 
sa, y digoo se hizo de uaiversal alabanza por el es- 
qoisito esmero, interés y asiduidad con qoe acompa- 
ñaba y asistia á la augusta enferma, durmiendo mucho 
tiempo en su mismo lecho, hasta que por formal man- 
damiento del confesor, que ie representó los males 
que de ello á uno y á otro podían seguirse, accedió á 
mudar su cama á la pieza inmediata ^*K Luego que ia 

(t) Williara Goxe, en su Espa- rado de la c6rte. Hubo mucho cui- 
ña bajo el reinado de la eaaa de dado en que no se descubriese la 
Borhon » atribuytf el coasejo ó causa de este cambio, y se dio por 
preacrtpcíoa do esta medida, no pretesto de esta caída la mala sa- 
al confesor ^ sino al duque de fud de Noailles, y se supuso que 
NoaiUes, y aBade que propuso al las medidas tomadas contra Agui- 
rey «debia tomar por manceba lar tenian por causa las disputa» 
vna de las damas de la servídutn- de esle personage con Venadme. 
bre de la reina.» — «Proposición Nadie descubrió este misterio mas 
tan indecorosa, dice, no podia me- que ^an Simón, el cual, como es 
1^08 de estimar en lo mas hondo notorio, tenia un diario en que 
de su pecho á ua ppincrpe de eos- escribia. todas las anécdotas pala- 
tumbres tan severas como Felipe, ciegas, y á quien nada gustaba 
y c^ue guiado por los principios tanto como las ocurrencias escan- 
religiosos y por el amor que á su dalosas.»— Goxe,cap. 49. 
muger profesaba, en todos tiem- Nosotros creemos que la anéc- 
posnabia conservado una fidelidad dota se resiente de este gusto de 
inviolable al tálamo nupcial. No San Simón por las ocurrencias es> 
solamente Ve irritó esto, sino que caudalosas. Sobre parecemos in* 
ftl punto fué á contarlo á ia reina verosímil la proposición qoe se 
y ala princesa de los Ursinos. Iq- atribuye á Noaitles, está en con - 
dignóse la reina, y con razón, do tradiccion con lo que nos refieren 
semeja ttte ofensa, y en el momen- los escritores españoles que se 
to lo escribió á la hermana del du- hallaban en la corte y estaban 
que de Borgona, quien lorefirióá bien informados délo aue en ella 
)a Maintenon y á toJa la corte de pasaba. Ademas Noaiiles no era 
Versalles, de donde \p galaniarfa amigo del oonde de Aguilar; el 
estaba ya desterrada, y donde no amigo de Aguilar era, Vendóme, y 
< ttt^o mejar acogida la proposición justamente Noaiiles era del parti- 
da Noaiiles que en Madrid. Se dio do opuesto. En el retiro ael de 
por lo mismo orden á Noaiiles pa- Aguilar influyeron causas bien di* 
ra que se volviera á Francia, y ferentes, y que nosotros hemos 
Aguilar perdió todos sus empleos apuntado. Y mal se concierta el 
civiles y militares, y fué dester- haberse ocultado este hecho y no 



308 IIISTOEIA DB BSPAHA. 

reiaa comenzó á esperimeotar an ligero alivio, deter- 
minóse que mudase de aires, y se eligió para su con* 
valecencia la ciudad de Corella, en Navarra. So esta- 
do de estenuacion hizo necesario conducirla acostada 
en una carroza, y con ella se trasladó la familia real y 
toda la corte (12 de junio, 1711). Probóle, en efecto, 
aquella estancia, en la cual pasaron todo el estío; y de 
tal modo se robusteció, que cuando se acordó en el 
mes de octubre volviese la corte al real sitio de Aran- 
juez, habíanse advertido ya en la reina señales inequí- 
Yocas de embarazo. Publicóse la nueva de tan fausto 
suceso en aquel real sitio, y á los pocos dias vinieron 
los reyes á Madrid (14 de noviembre, 1711), siendo 
recibidos con iguales ,ó mayores demostraciones de 



h!)ber descubierto el misterio na- al marqués de San Felipe, úoico 
die mas que San Simón, con la que suele citar, y no pocas veces 
publicidad que supone el haberlo sin exactitud. Asi incurre en ira- 
dicho á la reina, á I > do los Ursi- rios errores: sin salir, por ejem- 
nos, Á \q hermana del de Burgona, pió, de su cap. 8.<^, comete tarios 
ñ la Maintenon, á toda la corte de en la relación de la batalla de Vi- 
Vrrsallos, y con el efecto que se ilaviciosa, y ase<^ura que en reali- 
dico haber hecho en Versalles y dad la ganó Slaremberg-.—- que los 
en Madrid. Incompatible es esta tribunales ^e trasladaron de Va- 
publicidad con- aquel misterio. lladoliiá Vitoria, y la reina fijó 
No es ciertamente William su residencia en Corella en cuanto 
Coxe el historiador que muestra Felipe tomó el mando del ejérci- 
hallarse mejor informado de lo to, sieitdo asi que no fué á Core- 

3ue en esto reinado acontecia lia sino después de haber estado 
entro de España. Conoció bas- en Zaragoz<:— que cuando el rey 
tante lo esterior, pues da indicios fué á Zaragoza habia llegado ya la 
de haber vUto mucha correspon- reina con su séquito, siendo asi 
deucia diplomática, y también se que el rey salió de Zaragoza á re- 
fió mucho de las comunicaciones cibirla ¿ Galaborra^ como que 
y de los informes que de aqui diri- Felipe estaba alli desde el 4 de 
gian loA embajadores y generales enero, y la roina no llegó hasta «*! 
estraogeros. De los escritores es- 27, etc. No no-» detenemos á notar 
panoles contemporáneos apenas otras inexactitudes del bistoriaüor 
p^refif) haber conocido mas que inglés. 



PARTB 111. LIBRO VI. 309 

amor y de júbilo coa que en todas ocasiones habia 
solemnizado esta leal población la entrada de unos so- 
beranos por quienes estaba haciendo la nación tao he- 
roicos y tan espontáneos sacrificios. 

Tales fueron los principales sucesos que dentro de 
la Península ocurrieron en los dos años que abarca este 
capítulo. Digamos algo del aspecto que en lo exterior 
presentaba la guerra de la sucesión española» de la 
situación respectiva de las diferentes potencias, y de 
los primeros pasos que se estaban dando para el arre- 
glo de la paz. 

Mucho dependía el éxito de la guerra de la lucha 
empeñada en los Paises Bajos, y la campaña de 4 71 
habia sido allí fatal á la Francia. Los aliados hahian 
añadido á sus conquistas las plazas de Douai, Bethune» 
Saint- Venant y Aire ; y rota la frontera de Francia, 
otra campana igualmente feliz habria puesto á 
Luis XIV. en la necesidad de recibir á las puertas 
de ía capital de su reino las condiciones de paz que 
quisiesen imponerle. Mas cuando la Francia se halla-, 
ba en su mayor abatimiento, los triunfos de Felipe V. 
en España, la muerte del emperador de Alemania y 
el llamamiento del archiduque, los celos que se des- 
pertaron entre los confederados, y el cambio de po- 
lítica déla reina Ana de Inglaterra, pusieron estorbo 
á las operaciones militares, y salvaron á Francia en 
los momentos mas críticos. 

La reina Ana, que no habia heredado de Guiller^ 



310 HISTORIA DB ESPAÑA. 

mo la aaimosidad política ni personal contra la Fran- 
cia ni contra su soberano, y que deseaba ardiente- 
mente restablecer en el solio á su destronada fami- 
lia, dispuso las cosas de su reino del modo mas con- 
veniente á este fin y al de entablar negocíacíoDes 
particulares y secretas de paz con Francia, tomando 
entre otras medidas la de hacer secretario de' Estado 
al lord Bolingbroke, conocido por su inclinación á fo 
Francia y por su odio á tü^do lo que fuese austriaco: 
de modo que decía con razón el ministro francés 
Torcy: «Lo que hemos perdido en los Países Bajos, 
lo hallamos en Londres.» Asi, con sus nuevos minis- 
tros y con la cooperación del parlamento pensó e& 
disolver la grande alianza, y entró en negociaciones 
con Luis XIV. Las bases que el francés propuso, aun- 
que vagas, pues solo se referían á la segqrídad del 
^comercio de Inglaterra en España y las Indias , fue- 
ron aceptadas por el mínist^r^o inglés. Respecto á 
Holanda manifestó deseos de que Inglaterra fuese la 
mediadora; y estaba dispuesto á hacer ooncesioofó 
comerciales á los holandeses, y á ceder el Pais Bajo 
español al elector de Baviera. Sobre estas bases se 
abrieron las conferencias para la paz. La dificultad 
estaba eti el rey de España , y en la reina, y ea la 
princesa de los Ursinos, y en los ministros, y eo el 
pueblo, qne todos se sublevaban á la idea de una des- 
membración de la monarquía; y fieros con los re- 
cíenles trhinfos, y aborreciendo cada vez masá'^ 



PARTB III. LIBIO ríe 311 

estraDgeros, preferían renuiiciar á la amistad de 
Francia ¿ sacambtr á cesiones hnúiiUQQtes, por mu- 
cho que desearan la pa2^ y por muohd que quisieran 
la unioñ de las dos naciones. 

SÍD embargo todavía dio Felipe plenos poderes 
al marqnés de Bonnac, que habla reemplazado á 
Noaitlescomo enviado estraordinario del rey Crístia- 
nbimo, para que aatorízase á este monarca á tratar 
con los ingleses de la restitución de Gibraltar y de 
Menorca^ y la concesión de lo que llamaban el asien- 
to ^^\ con un puerta en América para la seguridad de 
su cotnercío. Pero altóse llena de indignación la 
corte de España cuando supo que Luis XIV., exce- 
diéndose de ia aotoríeacion , concedía á los ingleses 
hasta cuatro platos en las Indias, y la ocupación de 
Cádiz por una guarnición suifea para asegurar la eje- 
cución del tratado del asiento» Felipe Y. declaró in- 
dignado que Jamás consentiría en una proposición que 



(4) Era el ÁMerM da NBgr&s tttngo» de prohibió completamente 

cierto empeño eoQ que se obliga- la trate en 4680. Pero luego se 

ban por ftlgun tiempo loe trance- tolf ió i concedeí- á los genoveses 

803, ingleses ú otros^ á poner un para que con «u producto se fue- 

DÜtnero db ttégrod toltiadod de sen Reintegrando de las sumas an- 

África en la América española y ticipadas á Felipe If . para los gas- 

otras provincias para el servicio los-de la armada Invencible, que 

de 9«s eokNii^^. los apuros del erario no permi- 

La primera pTatente para la im- tian satisfacer : gozaron los ge- 

portacioh de negros eu las pose- noveses do este privilegio haa- 

siones españolas de Ultramar se ta 4646. Compráronle mas larde 

ooDcedióa k>s flamencos en 45)7. dos alemanes. Después letuvie- 

De resultas de atentados que mas ron sucesivamente los portugue- 

ftdelinte conletieroo contra los sea y los franceses, y por último 

españoles, entre ellos el de asesi- en estos preliminares para la par 

ftar al gobernador de Santo Do- general se daba á los ingleses. 



319! UISTOEU DB ESPAÑA. 

le privaría de Cádiz y arruinaría el co mercío de Amé- 
rica. Al fin se ñjaroQ y fírmaroa los prelimioares pa- 
ra la paz entre Francia é Inglaterra , los cuales encer- 
raban el reconocimiento de la reina Ana y de la suce- 
sión protestante; la demolición de Dunkerque; h 
cesión á los ingleses de Gibraltar , Menorca y Saa 
Cristóbal ; el pacto para el tráfíco de negros por trein- 
ta años, en los mismos términos que lo habian tenido 
los franceses ; privilegios para el comercio inglés ea 
España iguales á los que se habian concedido á aque- 
llos, y una parto de territorio para escala de la trata 
en las orillas del rio de la Plata. Respecto á las de- 
mas potencias de la confederación, se ofrecía la ce- 
sión de los Países Bajos al de Baviera, formar en ellos 
una barrera para los holandeses, y otra para el im- 
perio de Austria en el Hhin. Pero nada se decia del 
punto principal de la cuestión , que era impedir la 
reunión de las coronas de Francia y de España en 
una misma persona. 

Resentíase todavía el orgullo del monarca español 
de la insistencia en obligarle á ceder los Plises Bajos, 
y sentíase sobre todo humillado de que sus plenipo- 
tenciarios no tuviesen parte en unas conferencias en 
que se trataba de la suerte de España: «¿Qué pensa- 
rán mis subditos, decia á fionnac, si ven qpe los in- 
tereses de la monarquía se ponen únicamente-en ma- 
nos de los ministros de Francia?— Pensarán, contestó 
el diplomático, que si V. M. confia en el rey, suabue- 



PABTB 111. LIBRO VI. 313 

lo, para contmuar la guerra, también paede sin des- 
doro entregarse á él para la conclusión de la paz.» Y 
á las observaciones del ministro 3ergueick respondía, 
que tampoco en la paz de Ryswick hablan tenido mas 
parte los ministros de Carlos IL que la de firmarla. 
Pero Bergueick, que de gobernador de los Países Ba- 
jos habia venido á España á encargarse de los dos mi- 
nisterios de Hacienda y Guerra, y gozaba del favor y 
de la confianza del rey, y era en esto apoyado por la 
reina y por la princesa dé los Ursinos, insistía en una 
oposición que desesperaba á Bonnac y á los agentes 
del tratado. 

Acordóse por último entre éstos, y se tomaron 
medidas para celebrar en Utrecht un congreso com- 
puesto de plenipotenciarios de todas las potencias be- 
ligerantes. Determinación que anunció Luis XIY. á su 
nieto diciéodole, entre otras cosas: «Dejad que atienda 
yo á vuestros intereses, y termioad, os ruego, el ne- 
gocio del elector de Baviera, cuyo retraso os aseguro 
que no es honroso para V. M. y puede perjudicar á la 
negociación. No dudéis que en los coosejos que os doy 
me propongo solamente vuestro bien.» Mas si bien el 
conde de Bergueick se mantenía inflexible, y pooia 
cada día nuevas dificultades, venciéronse con el favor 
y la influencia dé la princesa de los Ursinos. 

La princesa, que habia parecido siempre tan des- 
interesada, y que en efecto dio muchas pruebas de 
servir á los reyes ,por cariño y por amor, y como si 



314 HI8T0I1A DB ESPMÉiL. 

fuesen sus hijos, na pidiendo nunca para sí« ni aun 
tomando cosa alguna sino lo que espontáneamente los 
reyes le daban, solo en una ocasión, y por satisfiícer 
su vanidad, que -era su pasioli dominante, les pidió 
una grada, que fué la de que, si llegaba el caso de 
separarse de España los Estados de Flandes, se le ce- 
diese en ellos un territorio donde tener un retiro en 
que poder vivir, sí la reina por otra enfermedad lle- 
gase á fiíltarle. Diéronle, en efecto, el condado de La 
Roche, que producía unos treinta mil pesos de renta, 
para que le poseyese oomo soberana; y esto la alegró 
tanto mas, cuanto que á la merced se le agregó el 
título de Alteza que vivamente apetecia. Ck>n este ali- 
ciente, y con la esperanza de salvar en cualquier ar- 
reglo su pequeña soberanfa, consiguió por mediación 
de la reina que Felipe consintiera en ceder los Países 
Bajos al elector de Baviera, y luego solicitó la inter- 
vención de Luis XIV. para que el de Baviera y los 
aliados accediesen á la esoepcion de aquel territorio. 
Agradecida al apoyo que encontró en el monarca 
francés, y viendo por este medio la próxima realiza- 
ción de sus esperanzas, desvaneció las dificultades que 
oponía Bergueick, y alcanzó de Felipe no solamente el 
que no instara por la admisión de sus plenipotencia- 
ríos en el congreso de Utrecht, sino que diera plenos 
poderes á su abuelo para seguir y terminar la nego- 
ciación ^^K 

(i) Memorias do Noaílles, tomo lV.*-ld. de Torcy, tom. III.— ^ 



PAftTB 111. Lino VI. 315 

Dorante al corso de esta Dogociacioii importante 
el archiduque Carlos, llamado á Alemaniat en su trán-^ 
sito por balia había sido recibido como rey de Espa- 
ña por las repúblicas da Genova y Venecia» y por los 
duques de Panua y de Toscana. En Milán solemniza- 
ron sos nuevos subditos su entrada con aclamaciones 
y fiestas. Alií tavo la üaongera noticia de haber sido 
elevado' al trono impisríal por los votos de todos los 
electores del imperio, á escepcion de los de Colonia y 
Baviera, qtie no se contaron por hallarse ausentes. 
El S2 de diciembre (4744) fué coronado en Francfort 



Id. de San SimoD, tom. V. — Cor-* *át todos los poeblos comprome- 
respcodeDcia de Boligohroke, to- «tidoa ea esta guerra cruel , no 
mo 1.— Comentarios de San Feli- »roeba permitido vacilar al eo- 
pe , tom. \\, — Memorias manus- wiaros este pleno poder, é fin de 
Gritas de Macanaz, c. 483. — His- »que podáis acordar en nombre 
toria de Luis XIV. — ^Sommerville, »m¡o prelimioares con los holán- 
Uistoria de la reina Ana. — Colee- »deses, como habéis hecho con 
cien de documeutos inéditos para » los ingleses. Espero que no tar-' 
la Historia de Francia; sucesioQ de «darán en arreglarse, y no dudo 
España. »que tardaré yo poco en gozar do 
^ «Me ha informado el marqués »los resultado?, y que me reco- 
rdé Bonuac (decia Felipe V. á su >nozcan estas dos potencias^ ad- 
» abuelo en carta de 18 de diciem- «mitiendo mis plenipotenciarioi 
«brede 4144), del estado de W i>en cuanto lleguen. Me halaga la 
«nesociacionesde la paz, y de las «esperaoza de que os ocupareis 
» dificultades que ingleses y hq- »de esto asunto como un padre 
» laudases presentaban para reci- »que me mira con ojos de tanta 
»bir desde luego á vuestros pleni- «bondad, y que no llegará jamá^ 
V potencia ríos, pidiéndome al mis- «el c»so de que mo arrepienta do 
«mo tiempo de parte vuestra un »la confianza q^ueen vos tengo. Os 
«poder nuevo para tratar con «envió ademas una carta que po- 
» ellos. El deseo que tengo do da- «deis mostrar á los ingleses, á fin 
«roscada dia testimonios mas pa- «de que no se maravillen dn que 
«tentes de mi gratitud, y de la » las ventajas c|ae les be concedido 
«confianza que en vuestra amistad «como preliminares no se hallan 
«tengo, unido á mi anhelo de con- «comprendidas en estos nuevos 
«tribuir en cuanto me sea posible «plenos poderes, y que conozcan 
»á proporcionaros satisfacciones y «las razones que me baa impedido 
«tranquilidad, y las disposiciones «incluirlas en ellos.» 



316 HISTOftlA DB BSPAJiA, 

coQ las ceremonias y pompa de costumbre. Eotre sos 
títulos no dejó de tomar el de rey de España: y desde 
Yíena, donde pasó á tomar posesión de los estados he- 
reditarios de la casa de Austria, comenzó á hacer nue- 
vos y vigorosos .preparativos para continuar la guerra 
con la de Borbon, y hacer lo posible para frustrar é 
impedir las negociaciones de paz que se babíaa enta- 
blado. Pero era ya tarde. Las relaciones diplomáticas 
entre Inglaterra y Austria se hablan interrumpido; ca- 
yó Marlborough» principal sosten de la guerra en los 
Países Bajos, y la misión del príncipe Eugenio cerca de 
'a reina Ana no produjo resultado alguno, teniendo al 
fi n que retirarse de Londres. 



CAPITULO IX. 



LA PAZ DE UTRECHT. 



• «■■■■•n BB CATAIiVñÍA. 



1742 é 1745. 



Plenipotenciarios que concorrieroa á Utrecht.— Goofereocias.— Pro- 
posicioa de Francia. — Pretensionns de cada poleacia.— Manejos do 
Lttis XI^V. — ^Situación de Felipe V» — Opta por la corona de España, 
renunciando sus derechos á la de Francia. — Tregua entre ingleses 
y franceses. — Sepárase Inglaterra de la confederación. — Campaña 
en Flaudes. — Triunfos de los franceses. — Renuncias reciprocas de 
los principes franceses á la corona de España, do Felipe V. á la de 
Francia. — ^Aprobación y ratiñcacion de las cortes españolas. — Alte- 
ra Felipe V. la ley de sucesión al trono en España. — Cómo fué reci* 
bida esta novedad. — Tratado de ia evacuación de Cataluña hecho 
enUtrecbt. — Tratados de paz: de Francia con Inglaterra; con Ho- 
landa; con Portugal; con Prusia; con Saboya* — ^Tratado entre Espa- 
ña é Inglaterra. — Concesión del asiento ó trat^ do n|gros. — Niégase 
el emperador á hacer la paz con Francia. — Guerra en Alemania: 
triunfos del francés. — ^Tratado de Rastadt ó de Badén: paz entre 
Fraocia y el Imperio. — La guerra de Cataluña.— Muerto del duque 
de Vendóme. — Movimientos de Staremberg. — Evacúan las tropas in- 
glesas el Principado.— Sale de Barcelona la emperatriz do Austria. — 
Bloqueo y sitio de Gerona. — Estipúlase la salida de las tropas impe- 
riales de Cataluña. — Piden inútilmente los catalanes que se les con- 
serven sus fueros.— Resuelven continuar ellos solos la guerra. — 
Marcha de Staremberg.— El duque de Popoli se aproiima con ei 
ejército á Barcelona. — Escuadra en el Mediterráneo. — ^Bloqueo de 



318 HISTORIA DB BSPASa. 

la plaza. — ^Ináistencia y obstinaciuQ de los barceloaeses.—Oaerra 
eo todo el Principado. — ^lucendios, talas, muertes y calaaiidadea de 
todo género. — Tratado particular de paz entre España ó Inglaterra. 
—Articulo relativo á Cataluña. — Justas quejas de los catalanes. — In- 
timacion á Barcelona»^ Altiva respuesta án la diputación. — Bombar- 
deo. — ^Llegada de Bariívick con ün ejército francés.— Sitio y ataques 
de la plaza. — ^Resistencia heroica. — Asalto generaU^Horríble y 
mortífera lucha.— Sumisión de Barcelona. — Gobierno de la ciudad. 
—Concluye la guerra de sucesión en España. 



Acordados y establecidos entre las corles de Fran^ 
cía é lüglalerra los preíiíainares para la paz ^*^; elegi- 
da por la reioa Ana la ciudad de ütrecht para celebrar 
las conferencias ; despachadas circulares convocando 
el congreso para eH2 de enero de 4742; nombra- 
dos plenipotenciarios pof parle de la reina de logla- 
teira y del rey Cristian istmo; habiendo igualmente 
nombrado los suyos los monarcas de España y de Por- 
tugal; frustrada^ como indicamos antes, la teoflati- 
va del príncipe Eugenio, que habia ido á Londres 
como representante del Imperio para ver de disuadir 
á la reina Ana de los proyectos de paz, y vuelto á 
Viena sin eL logro de su misión ; convencido ya el 
emperador, vista la firme resolución de aquella reina, 
de la necesidad de enviar tambiea sus plenipotencia' 
rios al congreso, y hecho el nombramiento de ellos; 
verificada igual nominación por las demás potencias 
y príncipes interesados en la solución de las grandes 

(4) Firmáronse en Londres el nicaron á las potencias. 
7 de octubre de 4744, y se comu- 



PAKB m. UBRO Vl« 319 

cuesüoaes qae ea aquella aaaoablea habían de resol- 
verse (*); abriéroQse las eoafereQCÍas ei 29 de ene- 
ro (4712), bien que no hubieran oooe^rrido todos los 
pleoipotenciarios, anunciando la apertura el obispo de 
BrisloU y pronunciando el abad de Polignac un dis*^ 
creto discurso en favor de la paz. 

Llegado que hubieron los plenipotenciarios del 
emperador, los franceses presentaron por escrito sus 
proposiciones (febrero, 1712). La Francia propo- 
nia: el reconocimiento de la reina Ana de Inglater*- 
ra y la sucesión de la casa de Hannover ; la demoli- 
ción de Dunkerque ; la cestón á Inglaterra de las is-^ 
las de San Cristóbal» Terranova y bahia de Hudson, 
con Puerto Real ; que el Pais Bajo cedido por el rey 
de España al elector de Baviera serviría de barrera 
á las Provincias Unidas, y se haría con ellas un tra- 
tado de comercio sobre bases beneficiosas; que el 
rey don Felipe renunciaría los estados de Ñápeles^ 
Cerdena y Milán, y lo que se hallaba en poder del 
duque de Saboya; que del mismo modo la casa de 
Habsburg renunciaría ¿ todas sus pretensiones sobre 

(4) Puede decirse que eran to- y el conde de Slraffort; los de 

dos los Estados de Europa, por> Fraocie el mariscal de Uxelleso 

que enviaron representantes Ho- * el abad de Polignao y el cáballerl 

landa, Prusia, Rusia, Saboya, Menager; los del rey Católico e. 

Venecia, Toscana, Parma, Móde- conde de Bergueick y el marqués 

na, Suiza, Roma, Lorena, Han- de Monteleon; los del rey de 

nover, Neobiirg, I«anobarg, Hes- Portugal lo fueron los ministros 

se-GHSseí; Dviostadt , Polonia , que tenia en Londres y la Haya. 
Baviera, Munster, etc. Los representantes del empe- 

Los plenipotenciarios ingle- rador fueron los condes de $m« 

ses fueron el obispo deBristol, zerdokr y de Consbruch. 



320 - HISTORIA DB BSPAAíU 

España; que se restitaíríaa' sus estados á los electores 
de Colonia y de Baviera ; que las cosas de Europa 
quedarían con Portugal como antes de la guerra; 
que el rey de Francia tomaría las medidas coave- 
nientes para impedir la unión de las coronas de Fran- 
cia y España en una misma persona ^*^. 

En vista de estas proposiciones los ministros de 
los aliados pidieron un plazo de veinte y dos jdias pa- 
ra informar de ellas á sus cortos y poderlas exami-* 
nar con madurez. Cumplido el plazo y abierta de 
nuevo la sesión, cada cual presentó la respuesta de 
su soberano con- su pretensión respectiva. Diremos 
solólas principales. "Exigia el emperador que la Fran- 
cia restituyera todo lo que habia adquirido por los 
tratados de Munster, de Nimega y deRyswick, y que 
adjudicara á la casa de Habsburg el trono de España, 
y todas las plazas que habia ganado en este reino, en 
Italia y en los Países Bajos. — Pedia Inglaterra el re- 
conocimiento del derecho de sucesión en la linea pro- 
testante, la expulsión del territorio francés del pre- 
tendiente Jacobo III. , la cesión de las islas de San 
Cristóbal y demás mencionadas, la conclusión de un 
tratado de comercio, y una indemnización para los 
aliados.-^Reclamaba Holanda que renunciara el fran- 



ca) El tratado de Utrecbt re- mo IH. — ^Summerville , Historia de 

clamado por la Francia ; impr. eo la reioa Ana.-Belando« Historia G¡- 

Leipsig, 4844. — History of de war vil de España, Parte 3/. cap. 35. 

of saccessioo ÍQ Spaín; Londres, -^an Felipe, Goment. tom. 11. 
48i2. — Memorias de Torcy, to- ^ 



PARTB lll. LIBRO VI. 321 

cés é hiciera renunciar á los aliados lodo derecho 
que pudieran pretender á los Países Bajos españoles, 
con la reslitacion de las plazas que poseia la Francia, 
que lo relativo á la barrera se acordara con el Impe- 
rio» que se hiciera un tratado de comercio con las 
exenciones y tarifa de 1664, que se modificara el 
artículo cuarto de Ryswick sobre la religión, etc«— 
Por este orden presentaron sus particulares pretensio- 
nes Prusia, Saboya, los Círculos germánicos, el elec- 
tor Palatino, el de Tréveris, el obispo de Munsler, el 
duque de Witemberg y todos los demás príncipes. 

Al ver tantas- pretensiones los plenipotenciarios 
franceses, juntáronlas todas, y pidieron tiempo para 
reflexionar sobre ellas. Otorgáronsele los aliados, pe^ 
ro la respuesta se hizo esperar tanto, que la tardanza 
les inspiró el mayor recelo é inquietud; sospecharon 
que se los burlaba, y se arrepentian de haber puesto 
sus pretensiones por escrito. En efecto, el francés en- 
tretanto negociaba en secreto con Inglaterra para sa- 
car después mejor partido de los demás, según su 
antigua costumbre, y en esta suspensión lograron* po- 
nerse de acuerdo sobre el punto principal, que era la 
resolución de Felipe V. para que no recayeran en su 
persona las dos coronas de España y Francia. 

Influyó también mucho en ésta dilación la cir- 
cunstancia singular y lastimosa de haber fallecido en 
Francia en pocos dias los mas inmediatos herederos de 
aquella corona: el 1S de febrero la delfina; el 18 el 
Tomo xviii. 21 



322 UISTORIA »B BSPAÑA* 

delfin mismo, aDles duque de Borgoña, y el 8 de 
marzo el tierno infaute duque de Bretaña, que era ya 
delfiu. Estas inesperadas y prematuras defunciones 
variaban esencialmente la posición de Felipe Y., por- 
que ya entre él y el trono de Francia no mediaba 
mas que el duque de Anjou, niño do dos años y de 
complexión débil. Era por consecuencia cada día mas 
urgente impedir la reunión de las dos coronas, y so- 
bre esto se siguió una correspondencia muy activa 
enlre las cortes de Inglaterra y Francia. Felipe tenia 
por precisión que renunciar una de las dos. Sobre es- 
to apretaba la reina de Inglaterra, y no hubieran con- 
sentido otra cosa los aliados. Era ya llegada la esta- 
ción favorable para emprender de nuevo la campaña, 
y Luis XIV. no queria fiar la suerte de su reino á las 
eventualidades de la guerra. A pesar de la inclinación 
del francés á que le sucediera Felipe, y de haber 
tentado probar la imposibilidad de que renunciase á 
la corona de Francia, fundado en las leyes de suce- 
sión del pais, instruyó á su nieto de todo lo que pa- 
saba, de la necesidad perentoria de la paz, y de la 
urgencia de que se decidiese al punto por un partido. 
Felipe, no obstante el momentáneo conflicto en que 
le ponian los encontrados afectos, de gratitud á los 
españoles, de inclinación á la Francia y de amor ¿ su 
abuelo, después de haber recibido los sacramentos 
para prepararse á una acertada resolución, llamó al 
marqués de Bonnac, y le dijo con ñrmeza: cEstá hecha 



I 



PARTB m. LIBRO VI. 323 

mi elección, y nada ha y 'en la tierra capaz de mover- 
me á renunciar la corona que Dios me ha dado: nada 
en el mundo me hará separarme de España y de los 
españoles <*).» 

Gran contento produjo esta resolución cuando se 
comunicó al ministerio inglés. Por parte de los suce- 
sores al trono de Francia había de hacerse igual re- 
nancia de sus derechos eventuales al de España: y 
tratóse al punto de fijar las formalidades con que am- 
bas hablan de efectuarse, debiendo ser sancionadas 
por los cuerpos legislativos de cada reino. En Fran* 
cía, á petición de Luis XIV., con la cual se conformó 
el lord Bolingbroke, suplió la sanción del parlamento 
á la de los estados generales; en España recibió la 
sanción de las Cortes, en ios términos que luego di* 
remos. 

Obtenida esta resolución, convínose luego en una 
tregua y suspensión de armas entre ingleses y fran- 
ceses. El general inglés, conde de Ormond, que babia 
reemplazado en los Paises Bajos al célebre Marlbo- 
rough, tuvo orden de no tomar parte alguna en las 
operaciones de la^ aliados que daban entonces princí* 
pió á la nueva campaña. Sorprendido se quedó el prín- 
cipe Eugenio, generalísimo del ejército de la confede* 

(4) En las Memorias de Torcy» den deLoisFelipe, seiosertao mu- 

en la correspondeocia de Boling- chas de las cartas que con este'mo- 

brolLe, y en los doeamentos reía- ti?o se escribieron Lnis XIV. y 

UTOS á la sucesión de España do Felipe V.^ algunas de las cuales 

la colección fraocesn hecha de ór- copió Wilbam Coze. 



32 i niSTOiíA DB bspíJa. 

ración, al oír la resolocion v al ver la inmovilidad del 
inglés. A pesar de esta actitud, sitió el príncipe Eu- 
genio la plaza de Qaesnoy con el ejército imperial y 
holandés, y la tomó después de repetidos ataques (4 
de julio, 1712). Mas como en este intermedio se pu- 
blicara el tratado de la tregua, y se hiciera saber á 
los aliados, y se entendieran ya los generales inglés y 
francés, Ormond y Villars, pasaron los ingleses á ocu- 
par la plaza de Dunkerque con arreglo al tratado, y 
lográronlo (10 de julio), no obstante los esfuerzos que 
hicieron ya los confederados para impedirlo. Esta de- 
fección de Inglaterra y la separación de sus tropas 
llenó de indignación á las demás potencias de la gran- 
de alianza; los representantes del imperio proponían 
otra nueva confederación para continuar la guerra, y 
de contado el príncipe Eugenio, tomada Quesnoy, se 
puso sobre Landrecy. Mas la separación de los ingle- 
ses no solo infundió aliento al mariscal de Villars, sino 
que daba á su ejército hasta una superioridad numé- 
rica sobre el de los aliados. Asi, mientras el príncipe 
imperial sitiaba á Landrecy, el francés atacó denoda- 
damente y forzó las líneas de Denain, donde se halla- 
ba un cuerpo considerable de los aliados, y haciendo 
grande estrago en los enemigos, y cogiendo de ellos 
hasta cinco mil hombres (24 de julio, 1712). ganó 
una completa y brillante victoria que decidió la suerte 
de la campaña. Levantó al momento Eugenio el sitio 
de Landrecy, y ya no hubo quien resistiera el ímpetu 



PARTB 111. LIBUO VI. 325 

de los franceses. Apoderároase sucesivamente de 
Saiat-Amand (26 de julio); de Marchiennes (31 de ju- 
lio), plaza importante, por ser donde tenian- los alia- 
dos sus principales almacenes; de Douay, de Quesnoy 
y de Bouchain (agosto, 1712): y al fin de la campaña 
no había ya ejército capaz de resistir los progresos 
rápidos de las armas francesas ^^^ 

En este tiempo se habían hecho las renuncias re- 
cíprocas que habian de servir de base al arreglo de^ 
finitivo del tratado entre Inglaterra, Francia y España. 
Felipe y. juntó su Consejo de Castilla ( 22 de 
abril, 1712), y le anunció su resolución, asi como la 
de la renuncia que hacian por su parte los príncipes 
franceses. La satisfacción con que aquella fué recibí* 
da por los consejeros, y en general por todos los es- 
pañoles, se aumentó con la que produjo poco tiempo 
después el nacimiento de un segundo infante de Es- 
paña (6 de junio), á quien se puso por nombre Felipe. 
No contento el rey con ejecutar y hacer pública su 
resolución participándola por real decreto de 8 de ju* 
lío á los Consejos y tribunales, quiso que se convoca- 
ran las Cortes del reino para dar mas solemnidad y 
mas validación al acto. 

Congregadas y abiertas las Cortes en Madrid ^^^ 

(4) Híst. de las Pro7ÍDCÍa8-UQÍ- üístoria, Est; 43, gr. 3. 

das. — ^Hist. militar de Luis XIV.— (2) Asistieroa á ellas los pro- 

Belaodo . Hist. Civil , Parte III. curadores de las ciudades y villas 

cap. 37 á 40.— Batalla de Denain siguientes: Burgos, LeoD, Zara- 

y sitio de Landrecy, Tomo de Va- goza. Granada, Valencia, Sevilla, 

fio8 de la Real Academia de la Córdoba, Murcia , Jaén , Galicia, 



326 HiSToau db espaSa. 

hizo el rey leer su proposición (5 de noviembret 4 71 2), 
manifestando el objeto de la convocatoria, qae era el 
de las recíprocas renuncias de las coronas de España 
y Francia, esperando que el reino junto en Cortes da- 
ría su aprobación á la que por su parte habia resuelto 
hacer. Al tercer dia siguiente (8 de noviembre) res- 
pondieron á S. M. los caballeros procuradores de Bur- 
gos, espresando en un elocuente discurso cuan agra- 
decido estaba el reino á los testimonios de amor y de 
paternal cariño que de su monarca estaba recibiendo 
desde que la Providencia puso en sus sienes la corona 
de Castilla, ponderando los esfuerzos de su ánimo y 
los riesgos de su preciosa vida para luchar contra tan- 
tos y tan poderosos enemigos y vencerlos, asi como 
los inmensos gastos y sacrificios que la nación por su 
parte habia hecho gustosamente para afianzar el ce- 
tro en sus manos, haciéndose cargo de las justas ra- 
zones que motivaban su resolución, dándole las gra* 
cías por la preferencia que en la alternativa de elegir 
entre dos monarquías daba á la española, aprobando 
y ratificando todos los puntos que abrazaba su real 
proposición, y obligándose en nombre de estos reinos 
á mantener sus resoluciones á costa, si fuese menes- 
ter^ de toda su sangre, vidas y haciend as. Lo caal 
oido y entendido por todos los demás procuradores, 



Sffiamauoa, CalaUyud, Madrid, Pefilacola, Borjs, Zamora, Guea- 
Guadalajara, Tarazona, Jaca, Avi- ca, Segoyja, Valladolid y Toledo: 
la, Fraga, Badajoz, Paloocia, Toro, total 28. 



PARTB 111. LIBBO VI. 327 

unánimes y conformes, némine discrepante^ se con- 
formaron y adhirieron á lo manifestado por los de 
Burgos. 

En su consecuencia, al otro dia (9 de noviembre) 
presentó el rey á las Cortes la siguiente solemne re- 
nuncia 9 que trascribimos literalmente en su parle 
esencial, no obstante su extensión, por su importan- 
cia y por la influencia que ha tenido en los destinos 
ulteriores de las naciones de Europa. 

tDon Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de León, 
de Aragón, de las dos Sicilias, etc. etc. Por la relacioa, y nolicia 
de este instrumento , y escritora de renunciación y desisti- 
miento, y para que quede en perpetua memoria, hago notorio y 
manifiesto á los Reyes, Principes, Potentados, Repúblicas, Comuni* 
dades, y personas particulares, que son, y fueren en los siglos ve- 
nideros, que siendo uno do los principales Tratados de Pazes pen- 
dientes en la Corona de España y la de Francia con la Inglaterra, para 
cimentarla firme y permanente, y proceder á la general, sobre la 
máxima de asegurar con perpetuidad el universal bien y quietud 
de la Europa en un equilibrio de Potencias, de suerte, que unidas 
muchas en una, no declinase la balanza de la deseada igualdad en 
ventaja de una á peligro y recelo en las demás, se propuso, ó 
instó por la Inglaterra, y se convino por mi parle y la del rey mí 
abuelo, que para evitar en cualquier tiempo la unión de esta Mo- 
narquía y la de Francia, y la posibilidad de que eo ningún caso 
sucediese, se hiciesen recíprocas renuncias por mi, y toda mi des- 
cendencia, á la sacesion posible de la monarquía de Francia, y por 
la de aquellos príncipes, y todas sus líneas existentes y futuras, á 
la de esta monarquía, formando una relación decorosa de abdica- 
ción de todos los derechos, que pudieren acertarse para sucederse 



328 HISTORIA DB BSPA5A. 

múloaroente las dos Casas Reales de esta y aquella MoDarqoia, 
separando con los medios legales de mí renuncia mi rama del 
tronco Real de Francia, y todas las ramas de la de Francia de la 
troncal derivación de la sangre real española; previniéndose asi- 
mismo, en consecuencia de la máxima fundamental y perpéUu 
del equilibrio de las potencias de Europa, el que asi como este 
persuade y justiGca evitar en todos casos excogitables la unión de 
la Monarquía, pudiese recaer en la Casa de Austria; cuyos dominios 
y adherencia:>, aun sin la unión del imperio las haría formidables: 
motivo que hizo plausible en otros tiempos la separación de los es- 
tados hereditarios de la Casa de Austria del cuerpo de la Monar- 
quía española, conviniéndose á este Gn por la Inglaterra conmigo, 
y con el rey mi abuelo, que en falta mia y de mi descendencia, 
entre en la sucesión de esta Monarquía el duque do Saboya, y sos 
hijos descendientes masculinos, nacidos en constante legítimo ma- 
trimonio; y en defecto de sus lincas masculinas, el principe Ama- 
deo de Carinan, sus hijos descendientes masculinos, nacidos eo 
constante legítimo matrimonio; y en defecto de sus líneas, el prin- 
cipe Tomás, hermano del príncipe de Caríñan, sus hijos descen- 
dientes masculinos, nacidos en constante legítimo matrimonio, que 
por descendientes de la infanta doña Catalina, bija del señor FelL 
pe H., y llamamientos espresos, lienen derecho claro, y conocido. 

He deliberado, en consecuencia de lo referido, y por el amor 

álosespañoles 

el abdicar por mi , y todos mis descendientes , el derecho 
do suceder á la Corona de Francia , descando no apartar- 
me de vivir y morir con mis amados y Geles españoles, dejando á 
toda mi descendencia el vinculo inseparable de su Gdelidad y 
amor; y para que esta deliberación tenga el debido efecto, y cese 
el que se ha considerado uno de los principales motivos de la guerra 
que hasta aqui ha afligido n la Europa. De mi propio moUi, libre, 



PARTE 111. UBfiO VI. 329 

espontánea y grata voluntad, yo don Felipe, por la gracia de Dios, 
rey de Castilla, de León, etc. etc. Por el presente ¡nstromento, 
por mi mismo, por mis herederos y sucesores, renuncio, abandono, 
y me desisto, para siempre jamás, de todas pretensiones, derechos y 
lítalos, qne yo, ó cualquiera descendiente mió, haya desde ahora, ó 
pueda haber en cualquier tiempo que suceda en lo futuro, á la suce- 
sión de la Corona de Francia; y me declaro, y he por excluido, y 
apartado yo, y mis hijos, herederos, y descendientes, perpetuamen- 
te, por excluidos, é inhabilitados absolutamente, y sin limitación, 
diferencia, y distinción de personas, grados, sexos, y tiempos, de 
la acción y derecho de suceder en la Corona de Francia; y quiero, 
y consiento por mí, y los dichos mis descendientes, que desde 
ahora para entonces se tenga por pasado y transferido en aquel, 
que por estar yo y ellos excluidos, inhabilitados, é incapaces, se 
bailare siguiente en grado, é inmediato al rey, por cuya muerte 
vacare, y so hubiere de regular y diferir la sucesión de la dicha 
Corona de Francia en cualquier tiempo y caso, para que la haya 
y tenga como legitimo y verdadero sucesor, asi como si yo y mis . 
descendientes no hubiéramos nacido, ni fuésemos en el mundo, 
q^uepor tales hemos de ser tenidos y reputados, para que en mi 
persona y la de ellos no se pueda considerar, ni hacer funda- 
mento de representación activa, ó pasiva, principio, ó continua- 
ción de linea efectiva, contemplativa, de substancia, ó sangre, ó 
calidad, ni derivar la descendencia ó computación de grados de 
las personas del rey Cristianísimo, mi señor y mí abuelo, ni del 
señor Delfín, mi padre, ni de los gloriosos reyes sus progenitores, 
ni para otro algún efecto de entrar en la sucesión, ni preocupar el 
grado de proximidad, y excluirle de él, á la persona, que como 
dicho es, se hallare siguiente en grado. Yó quiero, y consiento por 
mí mismo, y por mis descendientes, que desdo ahora, como enton- 
ces, sea mirado y considerado este derecho como pasado, y trasla- 
dado al duque de Berry, mi hermano, y á sus hijos, y deseen dien- 



330 HISTORIA DB ESPAÑA. 

les mascalioos, nacidos eo constante legitimo matrimonio; y en de- 
fecto de sus lineas, al duque de Borbon^ mi primo, y i sos hijos y 
descendientes masculinos, nacidos en constante y legítimo matriz 
monio, y asi sucesivamente á todos los principes de la sangre de 
Francia, sus hijos y descendientes masculinos, para siempre jamás* 
según la colocación y orden con que ellos fueron llamados á la 

Corona por el derecho de su nacimiento 

Y en consideración de la mayor firmeza del acto de la abdicación 
de todos los derechos y titules que me asistian á mi, y á lodos mis 
hijos y descendientes para la sucesión de la referida Corona de 
Francia, me aparto y de«isto, especialmente del que podo sobreve- 
nir á los derechos de naturaleza por las letras patentes, inslnimento 
por el cual el rey, mi abuelo, me conservó, reservó, y habilitó el 
derecho de sucesión á la Corona de Francia; cuyo ínslromeolo faé 
despachado en Yersalles en el mes de diciembre de 1700, y pasa- 
do, aprobado, y registrado por el Parlamento; y quiero, que no me 
pueda servir de fundamento para los efectos en él prevenidos, y le 
refuto, y renuncio, y le doy por nulo, irrito, y de ningún valor, y 
por cancelado, y como sí tal instrumento no se hubiese ejecolado; 
y prometo, y me obligo en fée de palabra Real, que en cuanto 
fuere de mi parte, de los dichos mis hijos y descendientes, que 
son y serán, procuraré la observancia y cumplimiento de esta e^^ 
critura, sin permitir, ni consentir, que se vaya, ó venga contra 
ello, directe, ó indirecto, en todo, ó en parle; y me desisto y apar, 
to de todos y cualesquiera remedios sabidos, ó ignorados, ordi- 
narios, ó estraordinarios, y que por derecho común, ó privilegio 
especial nos puedan pertenecer á mi y á mis hijos y descendientes, 
para reclamar, decir, y alegar contra lo susodicho; y todos ellos 

los renuncio , 

y si de hecho, ó con algún color quisiéramos ocupar el di- 
cho reino por fuerza do armas, haciendo ó moviendo goerra 
ofensiva, ó defensiva, desde ahora para entonces se tenga, juzgue. 



PARTB 111. LIBEO VI, 331 

7 declare por ilicila» injasta y mal iQlentada* y por violencia» in- 

▼asioD, y Qsarpacion hecha contra razón y conciencia 

Y este desístimienlo y renanciacion por mí, y los dichos hijos, y 
descendientes ha de ser firme, estable, válida, é irrevocable per- 
petuamente, para siempre jamás. Y digo, y prometo, qae no echaré, 
ni haré protestación, 6 reclamación en público, ó en secreto, en con« 
trario, qae pueda impedir, ó disminuir la fuerza de lo contenido 
en esta Escritura; y que si la hiciere, aunque sea jurada, no val- 
ga, ni pueda tener fuerza. Y para mayor firmeza, y seguridad de 
lo contenido en esta renuncia, y de lo dicho y prometido por mi 
parte en ella, empeño de nuevo mi fée, palabra real, y juro so- 
lemnemente por los Evangelios contenidos en este Misal, sobre qua 
pongo la mano derecha, que yo observaré, mantendré y cumpliré 
este acto, y instrumento do renunciación, tanto por mí, como por 
lodos mis sucesores, herederos, y descendientes, en todas las cláu* 
aulas en él contenidas, según el sentido y construcción mas natu- 
ral, literal y evidente; y que de este juramento no he pedido, ni 
pediré relaxacion; y que si se pidiere por alguna persona particu- 
lar, 6 se concediere motu propio, no usaré, ni me valdré de ella; 
antes para en el caso que se me conceda, hago otro tal juramento, 
para que siempre haya, y quede uno sobre todas las relaxaciones 
que mo fuesen concedidas; y otorgo esta Escritura ante el presente 
Secretario, notario de este mi reino, y la firmé y mandé sellar con 
mi Real Sello.» — ^Sigúela firma del rey, y las de veinte y dos 
grandes, prelados, y altos funcionarios como testigos. 

Las Cortes dieron su aprobación, consenlimíenlo 
y ratificación á la renuncia en todas sus partes, y 
acordaron se hiciese consulta para que se estableciera 
como ley. En su virtud, se leyó á las Corles en sesión 
de 1 8 de marzo de 1 71 3 el decreto del rey declaran- 



33S HISTORIA 1>B BSPAÑA. 

do, ley fundamental del reino todo lo contenido en el 
instramento de renuncia, con derogación, casación y 
anulación de la ley de Partida y otras cualesquiera, 
en lo que á él fuesen contrarias. Esta resolución 
obtuvo también el acuerdo y conformidad de las 
Cortes íi). 

Hasta aqui no hallaban los españoles sino pruebas 
de amor de su soberano y motivos de agradecimien- 
to á su conducta. Mas quiso luego Felipe establecer 
una nueva ley de sucesión en España, variando y al- 
terando la que de muchos siglos atrás venia rigiendo 
y observándose constantemente en Castilla. El nuevo 
orden de sucesión consistía en eximir á las hembras, 

m 

aunque estuviesen en grado mas próximo, en tanto 
que hubiese varones descendientes del rey don Feli- 
pe en línea recta ó trasversal, y no dando lugar á 
aquellas sino en el caso de estinguirse totalmente la 
descendencia varonil en cualquiera de las dos líneas. 
No dejaba de conocer el rey don Felipe el disgus- 
to con que había de ser recibida en el reino una no- 
vedad que alteraba la antigua forma y orden de su - 
cesión, que de inmemorial costumbre venia observán- 
dose en Castilla: novedad tanto mas estraña, cuanto 
que procedia de quien debia su corona al derecho de 
sucesión de las hembras, y de quien en su instrumen- 



(4) Tenemos á la vista una muD, queun amigo ha tenido ia 
copia manuscrita del proceso de bondad de facilitarnos, 
estas Cortes, documento no co- 



PARTB III. LIBRO VU 333 

to de renuncia al trono de Francia llamaba á heredar 
pl cetro español á la casa de Saboya, cuyo derecho 
traia también su derivación de la línea femenina. Te- 
miendo pues el desagrado popular que la nueva ley 
habría de producir, y sospechando sin duda que si la 
proponía desde lií^go á las Cortes del reino, sin cuyo 
consentimiento y conformidad no podia tener validez, 
no habría de ser bien acogida, manejóse diestramen- 
te para obtener antes la aprobación del Consejo de 
Estado, empleando para ello la reina la influencia que 
tenia con los duques de Montalto y Montellano, y con 
el cardenal Giúdice, basta conseguir una votación 
unánime, según las palabras del rey. Quiso luego ro- 
bustecer el dictamen del Consejo de Estado con el de 
Castilla; pero consultado éste, halló en él tanta va- 
riedad de pareceres, siendo desde luego contrarios al 
propósito del monarca los del presidente don Francis- 
co Ronquillo, y los de otros varios consejeros, que al 
fin nada concluian, «y parecia aquella consulta, dice 
un autor contemporáneo, seminario de pleitos y guer- 
ras civiles.)» Tanto, que indignado el rey mandó que se 
quemara el original de la consulta, y ordenó que cada 
consejero diese su voto separadamente por escrito, y 
se le enviase cerrado y sellado. Parece que á esta 
prueba no resistió la firmeza de aquellos consejeros, 
y que si con ella no alcanzó el rey verdaderamente 
su objeto, esteríor mente apareció haberlo logrado, 
resultando una eslraña y sorprendente unanimidad eo 



334 HISTORIA DE ESPAÑA. 

d Consejo de Castilla, en que antes hubo tan discor- 
des opiniones í*\ 

Luego que el rey se vio apoyado con los dictáme- 
nes de los dos consejos, determinó pedir su consenti- 
miento á las Cortes que se hallaban reunidas: mas co- 
mo quiera que los procuradores no hubiesen recibido 
poderes de sus ciudades para un asunto tan grave, 
como era la variación de una ley funJamental de la 
monarquía, escribió el rey á las ciudades de voto en 
cortes (9 de diciembre, 1742), mandándoles que en- 
viaran nuevos y especiales poderes para este objeto á 
los procuradores y diputados que formaban ya las 
Cortes de Madrid ^^K Hecho esto, y cumplido el man- 



(4) Marqués de SanFelipe^Go- 
meDtarios, tom. II. 

(3) Hé aquí ei testo de la real 
carta: 

«EL REY.--Goocejo, Justicia, 
«llegidores, Caballeros, Escude- 
» ros. Oficiales y Hombres buenos 
»de la noble (ciudad ó villa de....) 
3t — Con el motivo de hallarse el 
»reino junto en Corles (como sa- 
»bei8) para establecer y confirmar 
>con fuerza de ley, las renuncia- 
vcionea reciprocas de mi línea ¿ 
»la sucesión de la corona de Pran- 
»cia, y de las lineas existentes v 
» futuras de aquella real familia a 
lia sucesión de roí monarquía, 
»esclusion absoluta de esta suce- 
»8Íon de todas las líneas de la ca- 
»sa de Austria, y llamamiento y 
«preferencia de los varones do la 
icasadeSaboya ala sucesión de 
vestamoDarqoia, en el caso, que 
I Dios DO permita suceda, de que 
» faltasen todas las lín ^as masculi- 



snasy femeninas de roí deseen- 
»dencia: el Consejo de Estado ob- 
servando el celo, amor y pru- 
dencia al bien público de estos 
reinos, y de mi persona y servicio 
que es uno mismo, como insepa- 
rable do su instituto, y de las 
grandes obligacioues de los mi- 
nistros que lo componen, habién* 
dome pedido y obtenido licencia 
para representarme lo que con- 
sideraba de mi servicio y del 
bien y conservación de la monar- 
quía en mi real varonía; me pro- 
puso, en larga, bien fundada y 
«nerviosa consulta^ loe justos, re- 
glados y convenientes motivos 
3ue le obligaban al unifome 
íctámen de que puedo y debo 
con las Cortes pasar ¿ la forma- 
ción de una nueva ley, que regle 
en mi descendencia la sooetioa 
de esta monarquía^ por la*» lineas 
masculinas, pr elación á las líneas 
femenina^, prefiriendo mi des- 
ceniencia masculina de varón en 



PAKTB III. LIBRO VI. 335 

damicnto por las ciudades, presentó el rey á las Cortes 

su famosa ley de sucesión, para que fuese y se guar- 
dase como ley fundamental del reino (10 de ma- 
yo, 1713), por la cual variaba el orden y forma de 

xvaroD á la de las hembras, de »peso de los fandamentos, congue 
»suerte que el varón mas remoto »el de ístido maniñesta la justicia 
«descenuiente de varón sea siem- ly equidad de la nueva ley pro- 
spre anlepuesto á la hembra mas » puesta, y los muchos y graves 
•próxima y sus descendientes; > motivos de beoefiGio y conve- 
» con la precisa condición, de que «nieocia permanente do causa 
»el varón que haya de suceder sea npública para mis reinos, se con- 
Anacido y procreado de legitimo «forma enteramente con lo que me 
»malrimonio, observando entre » propone el Consejo de Estado, no 
•ellos el derecho y lugar de pri- >solo en la sustancia de la propo- 
»mo2enitura, y criado en España »sicion, sino en el modo de prec- 
ió en los dominios entonces pose- sticarla, con el concurso simultá- 
»hidos de la monarquía, fiel y obe- »neo de los reinos en Cortes, que 
BÜiente á sus reyes. Los bienes »hoy subsisten, para mayor vali- 
]»que de esta propuesta provideo- » dación, firmeza y solemnidad de 
»cia resultan ¿ la fulura tranqui- »este acto, entregado ya tan sin 
•lidad de mis reinos, y los perjui- » reserva, como siempre he acre- 
»cios é incertidumbres que con «ditado al bien presente y futuro 
•ella se les remueven, en cuanto »de mis reinos y vasallos, y á 
»la providencia humana puede » evitarles peligros, inquietudes y 

• discurrir y pautelar. estañes- » zozobras en los tiempos de ade- 
•pue^ítos é indicados con tanta «Jante; y hallando uno y otro apo- 
•claridad y solidez en la consulta »yado en tan considerables y es- 
•de Estado, que no dejan duda á «limados dictámenes como los de 
»la resolución. Con todo, quise »uno y otro tribunal, he creido 

• remitirla al Consejo Real de Cas- «no poder dar á mis remos y va- 
•tilla de cuyo instituto y profunda «salios mayor píueba de mi amor, 
•doctrina es propio el conocimien- «y del deseo de su deseada per- 
nio de las leyes y de las razones «pólua tranquilidad, que el de 
•que persuaden, obligan y juslifi- «conformarme con esta nrovulen- 
•cana aclarar, enmendar, mejorar «cia,que mediante la bendición 

• V revocar las hechas y á formar- « de Dios la asegura , teniendo que 
•fas de nuevo; pleno el Consejo, «deberme en esto que la prefiera 

• premediUdo el negocio con la «á la natural ternura y carino, con 
•mas intensa y considerada aten- »que si me detuviere á consultar . 
•cien, oido el fiscal, cuyo parecer «en las hembras de mi propia des- 
sha sido el mismo que el del Con- «cendencia y posteridad, pudiera 
sseio de Estado, esforzando las «dificulUrsela. Y para que esta 

» instancias de su oficio, con varios « resolución ten?a el entero y so- 

«discursos, sin discrep'incia de rlemne cumplimiento, que es ne- 

•ninRun voto, y su uniforme «cesario. os mando que luego que 

•dictamen, reconociendo el Con- »la recibáis juntos en nuestro ca- 

«sejo Real de Castilla la sohdez, y »bildo y ayuntamiento según lo 



336 HISTORIA DB ESPAÑA . 

suceder en ia corona, dando la preferencia á los des- 
cendientes varones de varones, en línea recia ó tras- 
versal, por orden riguroso de agnación y de primoge- 



lieueisdeuso y costumbre, deis La carta dice asi: 
»y otorguéis poder bastante ó los 

«procuradores y diputadas que «Señor mío: En consecoencia 
» tenéis nombrados y se hallan en «de la carta convocatoria de S. M. 
nías presentes Cortes, legítimo y »de 6 de este mes, en que se une 
«decisivo, y con aquella libertad )»espresar haber resuelto celebrar 
»y ampliación que es indispensa- Dcóries y señalado para este 
Mole, y vos le tenéis sin modera- »efecto el día 6 de octuore próxi- 
Dcion ni limitación alguna, para Dmo que viene, ha acordado Bla- 
i»el valor del acto que se ha de ))drid se participe á V. tocar el 
«celebrar, ejecutándolo sin deten- »turno á esa parroquia de San 
ucioo alguna, el cual remitiréis «Salvador, do cuyos parroquiaoos 
«con la mayor brevedad á ios re- «ha de nombrar ó sortear odo. 
sferidos procuradores de Cortes »que sea caballero, hijodalgo, 
»para el nn espresado; con aper- «persona hábil é idónea, en quien 
«cibimiento que os hago, que si «concurran las cualidades ycir- 
«asi no lo hiciéredes, mandaré «cunstancias que para ser pro- 
«concluir y ordenar todo lo que «curador de Cortes se requiereo; 
«conviniere y debiere hacer, i de »á cuyo fin se servirá V. enviar 
«como esta mi carta os fuere no- «certificación de los caballeros 
«tincada, mando á cualquiera es- «parroquianos de ella, esprcsaodo 
«cribano público, que para ello «eltiempoquehalo sony r^idec, 
«fuere llamado , dé testimonio «qué oficios y ocupaciones tieoen, 
«signado y firmado en manera «si son naturales ó vecinos, cuáa- 
«que haga fé. De Madrid á 9 de «tas comisiones continuadas hasta 
«Diciembre de 174í.^to bl ret. «este dia han tenido. T para qoe 
« — ^Por mandado del rey nuestro »á V. conste y pueda informar á 
«señor, don Francisco de Quin- «los pretendientes de lascualída- 
«coces.« «des que en ellos han de coocur- 

«rir remito el papel adiunto, pre- 
La carta original dirigida á la «viniendo á V. remita aicha certí- 
villa de Madrid se conserva en el «ficaciou con la mayor brevedad 
Archivo Municipal de la misma. «que sea posible por lo adelaatado 
También se conserva en el «ael tiempo para ponerlo en noti- 
mismo Archivo el original de la «cia de Maand*. lo que participo 
siguiente carta á la villa de Ma- «á V. á quien suplico me emplee 
drid, referente á la primera con- «en cuanto sea de su servicio, que 
vocatoría á Cortes de aquel año, «ejecutaré con pronta voluntad, T 
que es interesante, porque en ella «deseo que Nuestro Señor guarde 
se ve la forma con que en aquel «á V. los muchos años que puede. 
tiempo se nombraba en cada ciu- «Madrid y setiembre 49 de 4712. 
dad uno de los dos procuradores »i»B. L. M. de V. su mayor ser- 
que no era sacado doi cuerpo mu- «vidor, don José Martinez.—Señor 
DÍcipal. «don Felipe do los Tueros. V 



PARTB III. LIBBO VI. 337 

niiara, y no admitiendo las hembras sino en el caso de 
estinguirse y acabarse totalmente las líneas varoniles 
en todos sus grados* exigiendo, sU que los príncipes 
sncesores hubiesen de ser nacidos y criados en Espa- 
ña. «Sin embargo, decia, de la ley de la Partida, y 
»de otras cualesquier leyes y estatutos, costumbres 
>y estilos, y capitulaciones, ú otras cualesqaier dis* 
«posiciones de los reyes mis predecesores que hubiere 
»en contrario, las cuales' derogo y anulo en todo lo 
)»que fueren contrarias á esta ley, dejando en su fuer- 
>za y vigor para lo demás, que asi es mi voluntad ^*\» 
Estas leyes habían sido ya en parte quebrantadas an- 
tes por el modo y forma con que en el documento de 
renuncia llamaba á suceder la casa real de Saboya, 



(i) Hó aquí el testo literal de gondo varoQ legítimo, y sos des- 
la parte dispositiva de esta famo- cendieotes varones de varones le- 
sa pragmática: gitimos.... etc. Y sieado acabadas 

uilegramente todas lus lineas mas- 
«Blando qao de aqui adelante calinas del principe, infante y de- 
la sucesión de estos remos y todos mas hijos y descendientes míos 
sus agregados, y que á ellos se legítimos, varones de varones, y 
agregaren, vaya y se regule en la sin haber por consiguiente varón 
forma siguiente: Que por 6o de agnado legitimo descendiente mío, 
mis días suceda en esta corona el en quien pueda recaer la corona 
príncipe de Asturias Luis, mi muy según los llamamientos anteceden- 
amado hijo; y por su muerte su tes, suceda en dichos mis reinos 
bíjo mayor varón legitimo, y sus la bija ó hijas del último reinante 
hijos y descendientes varones de varón agnado mío, en quien fene- 
varones legilimos, y por línea rec- ciere la varonía y por cu^a muerr 
ta legitima, nacidos todos en cons- te sucediere la vacante, nacida en 
tante legitimo matrimonio, por el constante legítimo matrimonio, la 
orden de primogenitura y derecho una después de la otra, prefirien- 
do representación, conforme á la do la mayor á la menor, y respec- 
ley de Toro; y á falta del hijo ma- tivamente sus hijos.... etc. Dada 
yor del principe y de todos sus un Madrid á 40 de mayo de 4743.» 
descendientes varones de varo- 
nos, que han de suceder en la ór- Hállase en la Novísima Reco- 
den espresada, suceda el hijo se- pilacioo, lib. 111» tít. I. ley V. 

Tomo xtiii 22 



338 niSToau db BSPAftA. 

pero no las barrenaba tan directa y absolutamente 
como con esta pragmática ^^K En las mismas Górtest 
que concluyeron en 10 de junio inmediato (4713), se 
leyeron las renuncias solemnes que á su vez hicieron 
d duque de Berry y el de Orleans, por sí y por todos 
sus descendientes en todas las líneas, de los derechos 
que pudieran tener á la corona de España. 

Volvamos ya á las negociaciones para la paz, y al 
congreso de Utrecht. 

Hechas las recíprocas renuncias, que eran la con- 
dición precisa para realizarse el tratado de paz entre 
Inglaterra y Francia, formalizóse aquél, casi en los 
mismos términos que se habia estipulado en los pre- 
liminares, como veremos luego, habiendo precedido 
una suspensión de armas de cuatro meses por ambas 
partes (agosto, 4712), de cuyo beneficio disfrutaron 
algunos ilustres prisioneros de ambas naciones que 
con tal motivo recobraron su libertad, entre ellos por 
parte de España el marqués de Villena« preso en Gae- 
ta desde la pérdida del reino de Ñapóles, por parte 
de Inglaterra el general Stanhope, prisionero en la 
batalla de Brihuega. 



(4) En el proceso raanuscrtto de S. M. con la ley reglando la so- 
de estas Cortes, qoe tenemos á la cesión de esta monarqnia.— Ley 
TÍsta, no está la inserción déla reglando la snoeaion de España.— 
ley, como se hizo literal de los Comisarios que ejoooten: repre- 
documentos de las dos renuncias; sentacion en razón del contenido 
ni consta tampoco la anrobacion de esta ley.» Tampoco constan los 
ó conformidad de las Cortes. Solo términos en que se hizo e^ re- 
so lee lo siguiente en el Acuerdo presentación* 
de 45 de mayo de 1743. «Orden 



PABTB lllé LIBRO Vf* 339 

Continnaban las conferencias de Utrecht, con har- 
tas dificultades todavía para un arreglo, especia Imeúte 
por parte de Alemania, la mas contraria á I& paz; que 
las otras potencias ya iban bajando de punto en sus 
pretensiones en vista del acomodamiento de Francia é 
Inglaterra y de los desastres de los Paises Bajos. Por- 
tugal convino en una tregua de cuatro meses con Espa- 
ña. Se acordó, á pesar de la repugnancia de los impe* 
ríales» la evacuación del principado de Cataluña y de 
las islas de Mallorca é Ibiza (44 de marzo, 1713), de- 
biendo una armada inglesa trasladar á Italia desde 
Barcelona á la archiduquesa, ó sea ya emperatriz de 
Austria ^*\ Esta fué la última sesión que celebró el 
congreso en las casas de la ciudad, que era el lugar 
señalado para las conferencias; lo demás se trató ya en 
las moradas de los ministros. Instaban y apretaban los 
plenipotenciarios ingleses para que se concluyera el 
tratado y se pusiera término al congreso. Diferíanlo 
los alemanea hasta obtener respuesta de su soberano. 
Por último, sin esperar su asistencia, estipularon los 
de Francia cinco tratados separados con las domas 
potencias (1 4 de abril, 171 3); uno con Inglaterra, otro 
con Holanda, otro con Portugal, otro con Rusia, y el 
quinto con Saboya ^^K A estos siguieron otros para la 

(4) Tratado de la evacuacipa cia 4 Inglaterra. Contenía veinte 

de Cataluña, Malloii» ó Ibi^; en y nueve articules. Eran los prin- 

Belando, Historia Civil. Parte I. cipales: el reconocimiento de la 

cap. 4 04 .-^Historia del Coogreso reina Ana y de sos descendientes 

y Paz de Utrecht. de la linea protestante: las re- 

0t) TraiadodepaxmlreFran- nuncias de Felipe V. y de los 



340 HISTOEU DB BSPAftA. 

seguridad y beneficio del comercio. Y' finalmentet 
habiendo llegado los plenipotenciarios de España» da- 

que de Osuna y marqués de Monteleon, se firmaroo 

firiacipes fraoceses para impedir ge á íavor de la corona de Frao- 
a reunión de ambas coronas por cía, etc. 
derecho hereditario: la libertad de Tratado mUre Francia y Ho' 
comercio entre las dos naciones: landa. Treinta y nueve artículos, 
la demolición de Dunkerque: la Los imporlanteseran: que Francia 
restitución de las islas de San restituiría y baria restituir á los 
Cristóbal y demás contenidas en Estados Generales y á favor de la 
los preliminares: ol libre comercio casa de Austria lo que el fraucés ó 
en el Canadá: el cumplimiento de los otros principes ocupaban eo lá 
lo pactado en Westfalia sobre re- Flandes española que poseía Gár- 
ligion: que los tratados que se fir* los II., y que se formara una bar- 
roáran aquel dia quedaran garan- rera á los Países, reservándose en 
tidos por la reina de la Gran Bre- el ducado de Lnxembarg ó de 
taña: que se declarara compren- Límbnr^ una población que ren- 
didos en este asiento el rey do tara vemte mil ducados, y que se 
Suecia, el duque de Toscana, el de erigiría en Principado para la 
Parma, y la república de Geno- princesa de los Ursinos: que los 
va, etc. Países españoles cedidos por el rey 

Tratado entre Francia y Por- don Felipe al elector de Baviera 
tugal. Tenía diez y nueve artfco- los cediese éste en el mejor mo- 
los: entre ellos, que continuara el do á los Estados Genéralos á favor 
comercio de ambas naciones como de la casa de Austria: que el elec- 
antes de la .guerra: ftoce recipro- tor conservase los ducados de Na- 
co de beneficios de ios navios en mur, Luxemburg, Charleroy coa 
unos y otros puertos: anulación sus dependencias, hasta que le 
del tratado de Lisboa de 4 de fuesen restituidos sus Estados: 
marzo de 1700: ^ue el rey don que el rey Cristianísimo cedería 
Juan quedara dueño de ambas ri- flenin, Tournay, Fumes y obras 
beras del río de la? Amazonas: que ciudades que se señalaban: que los 
á los dominios de Portugal en Estados generales restituirían al 
América no pasaran misioneros francés Lille j otras plazas de que 
franceses, etc. se haría mérito, con sus rentas y 

Tratado entre Francia y Pru'^ subsidios, y sus pertrechos de 
sia. Trece artículos; entre ellos la guerra: que en los Países Bajos 
retirada de todas las tropas pru- católicos se mantendrían los ma- 
sianas de los Países Bajos: libre mos usos y costumbres que antes, 
navegación entre ambos reinos: iglesias, comunidades^ tribunales, 
renovación del tratado de West- y todo lo perteneciente al libre 
falia: cesión por parte del rey ejercicio dfe su religión: caoge 
Católico al de Prusia de la GUel- mutuo de prisioneros, etc. etc. 
dres española , y del país de Tratado entre Francia y So- 
Kíenskanbec: reconocimiento del hoya. Diez y nuevo artículos. Res- 
rey de Prusia como príncipe de Ütucion al duque Víctor Amadeo 
Neufchatel: renuncia por parte del de todos sus Estados de Saboya y 
prusiaoo del principado de Oran- Niza sin reserva alguna: cesioo 



^ABTB 111. LlIiftO VI. 341 

Otros tratados, el uno entre España é Inglaterra, ha- 
Oleado aquella á ésta la concesión del Miento ó trato 
de negros en la América española, el otro de cesión de 
la Sicilia por parte de Felípa.y. al duque de Saboya, 
y el tratado de paz y amistad entre estos dos prín- 
cipes. í*>. 

Tal fué el resultado de las negociaciones y confe - 
rencias del congreso deUtrecht para la paz general. 
aTuvo Inglaterra, dice en sus Memorias el ministro 
de Francia Torcy, la gloria de contribuir á dar á Eu- 
ropa una paz dichosa y duradera, ventajosa á Fran- 
cia, puesto que le hizo recobrar las principales plazas 



por parte del Cristianísimo de to- eH) de marzo de 4713.— lastru- 

do lo que está de las vertientes de mentó de cesión del reino de Síci- 

los Alpes á la parte del Piamoote, lia al duque de Saboya: fecha 40 

y del duque al rey de Francia del de junio de 4743.-*>Tratado de 

valle de Barceloueta. de modo que paz entre la España y el duque de 

la mayor altura de los Alpes sir- Saboya. Quince articules. Se rati- 

viera en adelante de división ficaba en él el llamamiento de la 

eotre Francia y Saboya: cesioo del casa de Saboya ¿ suceder en el 

reino de Sicilia por parte del rey trono de Espaoa, ost'mguida la 

de España al duqne de Sabova: descendencia do Felipe V.: la ce- 

sttcesion de la casa de Saboya a la sion del reino de Sicilia, con la 

corona de España en los términos ciáusuia de reversión á España en 

de la renuncia del rev Católico: caso de faltar varones descendíen- 

ratificacion del tratado ae 4703 con tes de la casa de Saboya: el tratado 

el emperador, y de los de Muns- de 4703 entre el duque y el em- 

ter. Pirineos, Nimega y Ryswick parador Leopoldo, el de Turin de 

en lo perteneciente al duque, etc. 4696, y los de Munster, de los Pi- 

—Colección de Tratados de Paz. — rineos, de Nimega y de Ryswick, 

Rymer, F»dera. — Balando, Parte etc. Ademas se acordaron otros 

tercera de su Historia Civil. dos artículos separados, que fue- 




pañía de Inglaterra de la introduc- virtud de ellos prestaba homenage 

cion de los esclavos negros en la ¿ la corona de España. No tomó el 

América española . Constaba de titulo de rey de Sicilia hasta el t3i 

cuarenta y aos artículos: se firmó de setiembre de 4713. 



342 HismuA DE espaSa. 

que había perdido durante la guerra» y conservar las 
que el rey habia ofrecido tres años antes; gloriosa» por 
cuanto conservó á un príncipe de la real fiamilia en el 
trono de España; necesaria, por la pérdida lastimosa 
que afligió al reino cuatro años después de esta negó* 
ciacion» y dos después de la paz» con la muerte del 
mayor de cuantos reyes han ceñido jamás una coro- 
na El derecho de los descendientes de San Luis 

quedó reconocido por las potencias y naciones que 
antes habian conspirado á fin de obligar á Felipe á ba- 
jar del trono en que Dios le colocó.» 

Solo el emperador quedó fuera de los tratados, 
por mas que se le instó á que entrase en ellos, por su 
tenaz insistencia en no renunciar á sus pretensiones 
sobre España, las Indias y Sicilia^ ni conformarse coa 
las condiciones que se le imponían al darle los Países 
Bajos. Obstinóse, pues, en continuar la guerra, com- 
prometiendo en ella á ios príncipes del imperio. Y co- 
mo se hubiese obligado ya á evacuar la Cataluña, ce* 
lebró nn tratado de neutralidad con Italia, á fin de 
concentrar todas sus fuerzas en el Rhin, donde espe- 
raba poder triunfar de Francia, aun sin el auxilio de 
los aliados* Pero equivocóse el austríaco en el cálculo 
de sus recursos. 

Tomó el mando del ejército francés del Rhin el 
mariscal de Villars, harto conocido por sus triunfos en 
Alemania y en los Países Bajos. Este denodado guerrea- 
re comenzó la campaña apoderándose de Spira (juoiOf 



PAan iiu LIMO VI. 343 

4 71 3), atacando y rindiendo á Landaa (30 de agosto), 
donde hizo prisionero de guerra al príncipe dé Wit- 
teDyi)erg que la defendía con ocho mil hombres, y 
poniéndose sobre FrU>urg, del otro lado del Rhin. 
Ascendía el ejército de Villa rs á cien mil hombres* 
£1 príncipe Eugenio, noticioso de lo que pasaba, 
desde Malberg donde tenia su campo, hizo algún 
movimiento en ademan de socorrer . á Friburg, pero 
«olo sirvió para qoe Yíllars apretara el ataque de 
la plaza hasta apoderarse de la ciudad (setiem- 
bre, 4743), á cuyos habitanties pidió un millón de 
florines si querían evitar el saqueo. Retirada la guar- 
nición al castillo, sito sobre una incontrastable roca, 
resistió por algún tiempo, hasta que consultados el 
príncipe Engrio y la corte de Yiena, se recibió la or- 
den del emperador consintiendo en que se rindiera, 
como se efectuó el 17 de noviembre (1743). 

Estos reveses convencieron al príncipe Eugenio, 
y aun al misodo emperador, de la necesidad de hacer 
la paz con Francia que tanto había repugnado. El 
príncipe pasó á tratar de ella directa y personalmente 
con YUlars: juntáronse estos dos insignes capitanes en 
el hermoso palacio de Rastadt,^ perteneciente al prín- 
cipe de Badén, y yendo derechos á su objeto y dejan- 
do á un lado argumentos impertinentes, entendiéronse 
y se concertaron fácilmente, adelantando mas en un 
día y en una conferecía que los plenipotenciaros de 
Utrechl en un año y en muchas sesiones. Cada gene- 



344 HfSTOElA DE ESPAÜA. 

ral dio parte á sa soberano de lo que babiao tratado y 
convenido; pero la Diela del imperio, reanida en Aug»- 
burg, á la cual fué el negocio consultado, procedía 
con la lentitud propia de los cuerpos deliberantes nu- 
morosos. Menester fué que instaran fuertemente . los 
dos genei%iles para que se resolviera pronto un negó* 
do que tanto interesaba al sosiego y bienestar de am- 
bos pueblos. Aun asi era ya eqirado el año siguien- 
te (1 71 4) cuando obtuvieron la respuesta de sus res- 
pectivas cortes. Volviéronse entonces á juntar el 28 
de febrero, y el 1 .^ de marzo firmaron ya los preli- 
minares, que fueron muy breves, y sustancialmente 
se reduelan, á que quedaran por la casa de Austria 
los Paises Bajos, el reino de Gerdeña, y lo que ocu- 
paba en los Estados de Italia; á que no se bablára 
mas del Principado que se pretendia para la princesa 
de los Ursinos; á que los electores de Colonia y Ba vie- 
ra fuesen restablecidos en sus Estados; á que la Fran- 
cia restituyera Friburg, el Viejo Brissach y el fuerte 
de Kekl, y á que sobre la barrera entre el Imperio y 
la Francia se observara el tratado de Ryswick. 

Sobre estos preKminares se acordó celebrar con- 
ferencias en Badén, ciudad del Cantón de Zurich- 
Abrióse el congreso (1 de junio, 1 71 6) con asisten- 
cia de dos plenipotenciarios por cada una de las dos 
grandes potencias, concurriendo ademas los de los 
príncipes del Cuerpo Germánico, de España, de Roma, 
de Lorena, v otros, hasta el número de treinta minis- 



PAETB lu. uno VI. 345 

tros. Volvieron las pretensiones y memoriales de cada 
uno; mas para cortar complicaciones y entorpecimien^ 
tos resolvieron pasar al Congreso el príncipe Eugenio 
y el mariscal de Yiilars» decididos ambos á no admitir 
razones ni argumentos de ningún ministro, y á dar la 
última mano á lo convenido en Rastadt. Llegó el pri- 
mero el 6» y el segundo el 6 de setiembre; y el 7 que- 
dó ya firmado por los seis ministros de ambas poten- 
cias el tratado de paz entre la Francia y el Impe- 
rio ^*K Resultado que llenó de júbilo á todas la nacio- 
nes y se publicó con universal alegría. Con el correo 
mismo que trajo el tratado á Madrid envió Felipe Y. el 
Toisón de oro al mariscal de Yillars en agradecimiento 
de tan importante servicio. 

Réstanos dar cuenta de lo que habla acontecido en 
Cataluña en tanto que estos célebres tratados se nego- 
ciaban y concluian. 

Dejamos al terminar el año 1714 en cuarteles de 
invierno las tropas del Principado. Preparábanse en la 
primavera del siguiente á abrir de nuevo la campaña 
los dos generales enemigos, y ya habian comenzado las 
primeras operaciones, cuando sobrevino la impensada 
muerte del generalísimo de nuestro ejército Luis de 

(4) Constaba el tratado de costumbres y leyes se babia de 
treinta y ocbo artículos. Los de observar en cada uno de los pal- 
mas importancia eran los com- ses comprendidos en el tratado.— 
prendidos en los preliminares. En Colección de Tratados de Paz.— 
uno se prescribía que babia de Belando hace un extracto de todos 
cumplirse todo en el término do los artículos en el capitulo última 
treinta días. Contenían otros lo de la Parte Tercera de su Histo» 
que en materia de religión, usos, ría. 



3 46 usTOmu db bspaHa. 

BorboD, duque de Veodóoie (1 1 de junio, 4712), en 
la villa de Vinaroz» del reino de Valencia, en la raya 
de Cataluña ^*): acontecimiento muy sentido en Espa- 
ña, y cuyo vacío había de hacerse sentir en la guer- 
ra, y así fué. Reemplazóle en el mando de las tropas 
de Cataluña el príncipe de TíUy, y se dio el gobierno 
de Aragón al marqués de Valdecañas* Pasó el príncipe 
á visitar todas las plazas y fronteras, y halló que en- 
tre -el Segre y el Cinca habia cincuenta batallones y 
sesenta y dos escuadrones. Pero recibióse aviso de la 
corte (agosto, 1 74 2) para que el ejército estuviese solo 
. á la defensiva, atendidas las negociaciones para la paz 
que se estaba tratando en Utrecht. Valióse acaso de 
esta actitud Staremberg para molestar las tropas del 
rey Católico, y emprendió algunas operaciones con re- 
fuerzos que recibió de Italia, bien que sin notable re« 
sultado. En esta situación llegó á Cataluña la orden 
para que las tropas inglesas evacuaran el Principado, 
con arreglo al armisticio acordado entre Francia é In- 
glaterra. La retirada de estas tropas fué un golpe 
mortal para los catalanes, y para el mismo Starem- 
berg, que se apresuró á reforzar con alemanes la guar- 

(4) «La causa de su apoplejía, taba, dice en el lomo XI. de sus 
dice el inarquós de Sao Felipe, Memorias manuscritas, cap. 480: 
atribuyeroD muchos á una inmo- «comia poco, pues rara vez toma- 
derada cena , cebándose en un ba á mediodia mas que un caldo, 
^ran pescado.s> — «Ocasionó su sen- poro por la ^ noche cenaba desmo- 
lida muerte» dice Helando, un bre- suradamente.» — Su«« restos fue- 
ve accidento aue le sobrevino de ron depositados en el panteón del 
cierta calidad de pescado que alli Escorial, al lado do los principes 
comiÓD— No lo extrañamos, por- españoles que no reinaron, 
que Macanaz que le conocía y Ira- 



PAETB in» LIBEO VI. 347 

nicioD de Tarragona. Comenzóse á notar ya mas tibie- 
za en el amor de los catalanes á la emperatriz de Aus- 
tria, que aun estaba entre ellos. Una tentativa de los 
enemigos para sorprender la plaza de Rosas quedó 
también frustrada, y Staremberg se retiró hacia Tar-- 
ragona y Barcelona para ver de repararse de los re- 
veses de la fortuna: pero no podo impedir que el prin* 
cipe de Tilly hiciera prisionero un regimiento entero 
de caballería palatina (6 de octubre, 1 7 1 2) en las cer« 
canias de Gervera. 

No hubo el resto de aquel año otro acontecimiento 
militar notable por aquel lado. Pero tiempo hacia que 
preocupaba á los enemigos el pensamiento y el deseo 
de apoderarse de la importantísima plaza de Gerona, 
y con este intento en aquella misma primavera pasó 
el Ter con bastantes tropas, ^cargado de bloquearla 
el barón de Vetzél. Habíala abastecido y guarneci- 
do con tiempo el gobernador marqués de Brancas, 
teniente general del ejército franco-español, y hallá- 
base apercibido y vigilante. Desde el mes de mayo 
comenzaron los encuentros entre unas y otras tropas, 
y los ataqties á las inmediatas fortificaciones, que al- 
ternativamente se perdian y recobraban, y continua- 
ron asi con éxito vario hasta el mes de octubre, en 
que los enemigos estrecharon ya la plaza, falta de 
víveres con tan largo bloqueo^ reducidos á la mayor 
estremidad los moradores, declarada en la ciudad una 
mortífera epidemia, y viéndose obligada la guarnición 



348 BISTOUA. DB BSPikftAé 

á hacer salidas arriesgadas, siquiera pereciese mu- 
cha gente, para ver de introducir algunos manteni- 
mientos. Fueron éstos tan escasos que liego al mayor 
estremo la penuria, no obstante haber salido de la 
población multitud de religiosos y religiosas, ancianos, 
miigeres y niños ^^K En tal situación llegó el conde 
de Staremberg á la vista de la plaza, y animados con 
su presencia los raemigos, embistiéronla por diferen- 
tes partes la noche del 15 de diciembre (1712), lle- 
gando á poner las escalas á la muralla; pero . fueron 
rechazados por los valerosos defensores de Gerona 
después de una hora de sangrienta lucha. 

Recibióse á este tiempo en la ciudad la nueva feliz 
de que el duque de Berwick con el ejército del Delfi- 
nado se hallaba en Perpiñan y venia á Cataluña. Alen- 
táronse con esto los sitiados, pero también fué motivo 
para que Staremberg apresurara y menudeara los 
ataques; y por último se preparaba -para un asalto 
general, persuadido de que con él se apoderaría de la 
plaza, cuando se tuvo noticia de que Berwick se ha- 
llaba ya en el Ampurdan; y en efecto, el 31 de diciem- 
bre se adelantaron sus tropas hasta Figueras, y pro- 
siguieron su marcha cruzando el Ter y acampando 



(i) «Llegó á tal término la ca- mulo ó de pollmo, si por grande 

restia, dice uo escritor cootem- amistad se cooseguia, costaba diez 

poránsoy que el vioo costaba seis- reales, ud gato veinte y cinco, un 

cientos reales la arroba , la del ratón seis, una gallina sesenta» y 

aceite ochocientos sin encon- los perros no se libraban de las 

trarse lena para hacer unas sopas; manos del soldado.» Belando, P. I. 

la libra de carne do caballo, de cap. 400. 



PASTB in. LlBEOs VI , 349 

eo las cercpDÍas de Torrella. Con esto levantó su 
campo el general alemán (2 de enero» 4 74 3), retirAa^* 
dose á Barcelona. De esta manera quedó libre Gerona 
de un sHio de nueve meses: Berwick entró en la ciu- 
dad el 8 de enero, y dejando en ella una guarnición 
de diez mil hombres volvióse á descansar al Ampur- 
dan. Premió él rey don Felipe con el Toisón de oro el 
valor y la constancia del marqués de Brancas en esta 
larga y penosa defensa ^^K 

A poco tiempo de esto, y á consecuencia de las 
negociaciones de Ulrecht, se firmó el tratado entre 
Inglaterra y Francia (44 de marzo), 4743, en que se 
estipuló que las tropas alemanas evacuaran la Catalu- 
ña, y que la emperatriz que estaba en Barcelona fuera 
conducida á Italia en la armada inglesa mandada por 
el almirante Jennings. En su virtud, y estando pron- 
tos los navios ingleses, .despidióse la emperatriz de los 
catalanes, asegurándoles que jamás olvidaría su afec- 
to, ni dejaría de asistirles en todo lo que las circuns- 
tancias permitiesen, y que alli quedaba el conde de 
Staremberg que seguiría prestándoles sus servicios 
como ántesk Mas no por eso dejaron los catalanes de 
ver su partida con tanto disgusto como pesadumbre, 
conociendo demasiado el desamparo en que iban á 
quedar. A consecuencia del tratado nombró Felipe vi- 
rey de Cataluña al duque de Pópoli, designando tam- 

(1) San Felipe, Gomeolarioft, mo I. cap. 99 á 404. 
iom. II.— Belando» Hisi. Civil, to- 



350 H19ro|IA IKB nPAftA. 

bien los gobernadores de las plazas qoe habían de ir 
evacuando los enemigos. El 4 5 de mayo (1 74 3) re- 
gresó á Barcelona el almirante Jennings con la arma- 
da en que babia trasportado la emperatriz á Genova, 
y quiso permanecer alli para intervenir en la manera 
de la evacuación. Juntáronse en Hóspitalet para ar- 
reglar el modo de ejecutarla, por parte del general 
español el marqués de Cevagrimaldí, por la del ale^ 
man el conde de Eeningseg, y por la del inglés los 
caballeros Huwanton y Wescombe. Todo el afán de los 
catadnos era que se espresára en el convenio la coa- 
dicion de que se les mantendrían sus privilegios y li- 
bertades. Repetidas veces, á instancia suya, intentó 
Staremberg recabar esta condición de los representan- 
tes español é inglés, sin poder alcanzar de ellos mas 
respuesta sino que no les correspondía otra cosa que 
ejecutar el artículo primero del tratado, reservándo- 
se lo demás á la conclusión de la paz general. Así* 
puest acordóse» sin concesión alguna, y se firmó por 
todos el 22 de junio, el convenio en que se arreglaba 
la manera y tiempo en que babian de evacoar las tro- 
pas estrangeras el Principado ^^K 



(4) Articulo 4.^ de la Conven* nir alguna dificultad lobre la en- 

cioD. — La cesación de las armas trega de Barcelona, aunque no se 

empezará el día 4.^ de julio de es- supone, se entregará Tarragona, 

te presente ano, asi por mar como y se retendrá á Barcelona — 

por tierra.— Art. 2.^— Quince días Art. 3>^Despues de haberse eva- 

después, á saber, el 45 de junio, cuado una de dichas plazas, sea 

se entregará á Barcelona, y reten- Barcelona ó Tarragona, se ejccu- 

drá á Tarragona la potencia que tara lo mismo con las demás, se- 

evacua y en caso de ínter? e- gun espresa el Tratado. — Art. 4.^ 



rABTB 111. LIBAO VI. 351 

Pero los catalanes, ¿ pesar de verse abandonados 
de todo el mundo» no se mostraban dispuestos á ce- 
der de so rebelión. Visto lo cual por S(aremberg, y 
previendo los funestos resoltados de ella, renoncíó so 
cargo de virey y capitán general de Cataluña, y re- 
solvió partir tamUen él mismo. En efecto, los catala- 
nes, tenaces como siempre en sos rebeliones, determi- 
naron no sujetarse á la obediencia del rey Católico, ni 
entregar á Barcelona, sino mantener viva la guerra. 
Y procediendo á formar en nombre de la Diputación 
so gobierno militar y político, nombraron generalísimo 
á don Antonio Villaroel; general de las tropas al con- 
de de la Puebla; comandante de los volontarios á don 
Rafael Nebot; director de la artillería á Juan Bautista 
Basset y Ramos, repartiendo así los domas cargos y 
empleos entre aquellos que mas se habían señalado 
desde el principio en la revolución, y con mas firme- 
za la habían sostenido. Y juntando fondos, y preví- 
^ niendo almacenes, y circulando despachos por el Prin- 
cipado, y contando con los voluntarios, y con los ale- 
manes que se les adherían, y con la esperanza de en- 
centrar todavía apoyo en el Imperio, declararon atre- 
vidamente al son de timbales y clarines la guerra á 
las dos coronas de España y Francia. 

Cuando se embarcó Staremberg, lo cual hubo de 

—Se evacuarán asimismo las islas á otros pormenores de ejecu- 

dé Mallorca é Ibiza etc. Los de- cúm. 

mas articolos hasta diez se referian; 



36S aiSTORlA DE BSPAfiA. 

ejecutar mañosamente y como de oculto temieado los 
efectos de la iadignacion ,de los catalanes, no llevó 
consigo todas las tropas como se prevenia en el trata-- 
do. Quedaban aun alemanes en Barcelona, Monjnich, 
Cardona y otros puntos, sin los que desertaban de 
sus filas, acaso con su consentimiento: Poco faltó para 
que el intrépido Nebot con un cuerpo de voluntarios 
se apoderara de Tarragona en el momento de eva- 
cuarla las tropas imperiales, y antes que la ocuparan 
las dd rey Católico, y hubiéralo logrado á no haber- 
se dado tanta prisa los ciudadanos á cerrarle las puer- 
tas, lo cual fué agradecido por el rey como ua rasgo 
brillante de fidelidad. El duque de Pópoli se adelantó 
con las tropas hasta los campos de Barcelona, dejando 
bloqueada la ciudad por tierra, al mismo tiempo que 
lo hacian por mar seis galeras y tres navios españoles. 
Publicóse á nombre del rey un perdón general y olvi- 
do de todo lo pasado para todos los que volvieran á 
su obediencia y se presentaran al duque de Pópoli pa- 
ra prestarle homenage. Hiciéronlo los de la ciudad y 
llano de Yich, y de la misma capital lo habrían efec- 
tuado muchos á no impedírselo los rebeldes. Cosióle 
caro á Manresa el haberse refugiado á ella gran nú- 
mero de éstos, pues mandó el general arrasar sus mu- 
ros, quemar las casas de los que seguían á Nebot, y 
confiscarles los bienes. 

El 29 de julio (i Ti 3) despachó el duque un men- 
sagero á la Diputación de Barcelona con carta en que 



PARTB lU* UBEO YK 383 ' 

decia: qoe sí la ciadad no le abría las puertas, some- 
iiéodose á la obediencia de sa rey y acogiéndose al 
perdón que generosamente le ofrecia, se vería obliga- 
do á tratarla con todo el rigor de la guerra, é inde- 
fectiblemente sería saqueada y arruinada. La respues- 
ta de la Diputación fué: que la ciudad estaba determi- 
nada á todo; que no la intimidaban amenazas; que el 
duque de Pópoli podía tomar la' resolución que quisie- 
i*a# y que si atacaba la plaza, ella sabría defenderse. 
Ni bajó de punto la firmeza de los barceloneses por 
que vieran embarcarse en las naves del almirante 
Jennings los seis batallones alemanes que aun habían 
quedado en Hostalricb (19 de agosto). Quedábanse re- 
zagados muchos austríacos , supónese que. no sin 
anuencia de sus gefes, que no disimulaban su afición 
á los catalanes. El intrépido y terrible Nebot corría 
la tierra con sus miqueletes, y aunque contra él se 
destacó con un campo volante al no menos denodado 
y activo guerrillero don Feliciano de Bracamente, que 
le destruyó en algunos encuentros, Nebot se rehacía 
en las montañas de Puigcerdá, tomando caballos ¿ los 
eclesiástíoos , caballeros y labradores, y recogiendo 
desertores y foragidos, con que volvía á reunir un 
cuerpo tan irregular cQmo temible. Tan osados los vo- 
luntarios de fuera como los que estaban denlro de 
Barcelona, hervian las guerrillas en todo el Principa- 
do, y en villas, lugares y caminos no había sino es* 
tragos y desórdenes. Obligó esto al duque de Pópoli 
Tomo xviu. 23 



354 HISTOEU DB BSPAfiA. 

á emplear un eslremado rigor» mandando incendiar 
las poblaciones en que los voluntarios se abrigaban, y 
condenando á muerte al paisano á quien se encontrara 
un arma cortante , aunque fuese un cuchillo. Todo 
era desolación y ruina , y habian vuelto en aquel 
desgraciado pais los tiempos calamitosos de Feli- 
pe IV t*). 

Los de Barcelona, á pesar del bloqueo terrestre y 
marítimo, recibían de Mallorca y de Cerdeña socorros 
considerables de hombres y de vituallas (octubre y 
noviembre» 1743), y haciendo salidas impetuosas ata- 
caban nuestros cuarteles y lograban introducir en 1^ 
ciudad vacadas enteras y rebaños de carneros que les 
llevaban los de las món lanas. Nuestras tropas derro- 
taban en Solsona y Cardona cuerpos de voluntarios, 
pero estos parecía que resucitaban multiplicados, y á 
veces torneaban represalias sangrientas. El rey don Fe- 
lipe, conociendo la necesidad de vencer de una vez 
aquella tenaz rebelión, mandó que todas las tropas de 
Flandes y de Sicilia vinieran á Cataluña, y que se pu-* 
siera sitio formal á Barcelona. Mas como estuviese ya 
la estación adelantada, se determinó dejar el sitio pa« 



(4) «Eo el teatro del mando, faé, qae si lo sucedido se hubiera 

dice un escritor de aquel tiempo, de escribir por menudo, apenas 

creo quo no se babrá visto tan fa- habria tiempo para decirlo todo, 

tal calamidad como la que en el porque en la tierra eran multipli- 

circunscrito campo de Cataluña se cados los estragos, y en lostnares 

esperimenUiba en este tiempo, terribles los naufragios, y en Jas 

porque con el fuego y el hierro arenas eyideakes los peligros.* Fr. 

l>or todas partes se descubrian Nicolás de Jesús Helando, Historia 

manantiales de sangre. De modo Civil, P. I. cap* 408. 



PARTB 111* LIBEO VI. 355 

ra la primavera, formando enlre tanto un cordón de 
tropas que estrechara la plaza, sin otro abrigo que las 
tiendas. Y como el duque de Pópoli diera orden á los 
soldados de no hacer fuego, mofábanse los de la ciu- 
dad diciendo que no tenian pólvora, y desde los mu- 
ros los insultaban y escarnecían. 

En este intermedio se habia hecho y firmado el 
tratado particular de paz entre el rey don Felipe de 
España y la reina AnaStuard de Inglaterra (43 de ju- 
lio, 1713), fundado sobre las bases de los demás tra- 
tados de Utrecht ^^K Pero habia en éste un artículo 
que afectaba directamente á Cataluña y á-los cátala* 
nes. La sustancia de este artículo era: oPor cuanto la 
»reina de la Gran Bretaña insta para que á los natu- 
» rales del Principado de Cataluña se les conceda el 
•perdón, y la posesión y goce de sus privilegios y ha^ 
»ciendas, no solo lo concede Su Magestad Católica, 
Bsino también que puedan gozar en adelante aquellos 
»privilegio0 que gozan los habitadores de las dos Cas- 
•tillas.» Parecía, pues, por los términos de este artí- 
culo, que se concedia á los catalanes como una mer-* 
ced y un &vor el gobierno y la Constitución de Casti^ 

(1) A saber: las renuncias mú- de veíate y cioco articulos, y se 

tuas de loe prlocipos de Fraocia y hizo uao separado sobre cesiou de 

España: recoDocimiealo de la reí- la ciudad y castillo de Liniburg á 

na Aoa y sucesión de la casa de la princesa do los Ursioos, con ar- 

Hannover: libre comercio y nave- reglo á la convención de 27 de 

gacioo: concesión del asiento de marzo entre el barón de Kenxiog- 

negrosá Inglaterra: cesión de Gi- ton y el marqués de Bedmar, re- 

brattar y Menorca ú los ingleses: presentantes de Inglaterra y Es<- 

del reino de Sicilia al duque de paña, pero que no tuvo ejecucioQt 

Saboya, ele Constaba el tratado como adelante veremos. 



356 UISTOIIA DE ESPAÑA. 

lia, cuando lo qae en realidad envolvía la cláusula era 
la. abolición de sus fueros y privilegios, que era la idea 
de Felipe V., y contra lo que ellos enérgica mente pro- 
testaban. Y ciertamente no era esto lo que habian 
orrecido los plenipotenciarios de Inglaterra en Utrecbt 
y el embajador Lexínglon en Madrid, sino intervenir 
y mediar por que les fueran mantenidos sus fueros y 
libertades. Y aun en el mismo tratado llamado de la 
Evacuación habia un artículo, el 9.^, que decia: cRes. 
x>pecto de que los plenipotenciarios de la potencia que 
»hace la evacuación insisten en obtener los privilegios 
»de los catalanes, y habitadores de las islas de Mallor- 
>ca é Ibiza, que por parte de la Francia se ha dejado 
»para la conclusión de la paz, ofrece Su Magostad 
» Británica interponer sus oficios para lo que conduzca 
)»á este fin.» Esta irregular conducta de la reina de 
Inglaterra, en cuyo auxilio y apoyo tanto habian con- 
fiado, tenia indignados á los catalanes, que no menos 
a|)egados á sus fueros que ios aragoneses, peleaban 
hasta morir por conservarlos, con aquella decisión y 
aquella tenacidad que habian acreditado en todos 
tiempos; asi como la resolución de Felipe era so- 
meter todos sus estados á unas mismas leyes , y 
hacer en Cataluña lo mismo que habia hecho en 
Aragón. 

Ardía la guerra eu el Principado con todos los ex- 
cesos, toda la crueldad, todos los estragos y todos los 
horrores de una lucha desesperada. Las tropas reales 



PABTB III. LIBRO VI. 357 

oprimian los pueblos con exacciones insoportables pa- 
ra mantenerse; los paisanos armados tomaban cuanto 
hallaban á mano en campos y en poblaciones.. Unos y 
otros talaban é incendiaban; en los reencuentros se 
combatian con furia, y los prisioneros que mutuamen- 
te se hacian eran Teroz é inhumanamente ahorcados ó 
degollados. Todo era desdicha y desolación. En la 
Plana y en las montañas de Vich, en las partes de 
Manresa y Gervera, en Puigcerdá y en Solsona» orillas 
del mar y en las riberas del Segre, gruesas partidas 
de voluntarios daban harto que hacer á los generales 
del rey, y pusieron en grande aprieto á los dos mas 
diestros capitanes en este género de guerra, Vallejo y 
Bracamente. £1 duque de Pópoli iba estrex^hando la 
plaza de Barcelona, pero tenian los rebeldes porción 
de pequeñas y ligeras naves 'con que introducian so- 
corros y víveres de Italia y de Mallorca, y fué me- 
nester armar una escuadra de cincuenta velas que 
cruzara el Mediterráneo, compuesta de navios espa- 
ñoles, franceses é ingleses, y con los cuales se forma 
un cordón delante de Barcelona. El 4 de marzo (171 4) 
enviaron los de la ciudad á decir al duque que darían 
tres millones de libras por los gastos del sitio, y de- 
jarían las armas, con tal que se les conservaran sus 
privilegios. La proposición fué rechazada, y cuatro 
días después se dio principio al bombardeo de la ciu- 
dad, hasta que llegó un correo de Madrid con la or- 
den de suspender el fuego, á causa de la negociación 



358 HISTORIA DB BSPAVA. 

que 86 estaba trataado en Rastadt para las paces en- 
tre el emperador y el rey de Francia, 

En peor situación que antes puso á Catalana aquel 
tratado. Hízose creer á los catalanes que por él que- 
daba el emperador con título de rey y con la calidad 
de conde de Barcelona. Celebróse la nueva en la ciu- 
dad con salvas de artillería (23 de abril, 4744), y á 
nombre de la Diputación salió Sebastian Dalmau, un 
mercader que había levantado á su costa el regimien- 
to llamado de la Fé^ á decir á los generales franceses 
que en virtud del Tratado debian cesar desde luego 
las hostilidades entre las tropas catalanas y francesas^ 
Trabajo costó persuadir á los catalanes de que en 
aquella convención no se había hecho mención algu- 
na de ellos, y asi lo mas que les ofrecian á nombre del 
rey Católico, si dejaban las armas, era un perdón ge- 
neral, dándoles de plazo para rendirse hasta el S de 
mayo. Y como ellos rechazaran el perdón diciendo 
que no le necesitaban, el 9 de mayo comenzó otra 
vez el bombardeo, y se construyeron baterías, y se 
atacó el convento de Capuchinos, y se abrieron en é' 
trincheras, y se tomó por asalto, y fueron pasados á 
cuchillo todos sus defensores, y en las coúaarcas ve- 
cinas se hacía una guerra de estrago y de estera- 
minio. 

No se apretó por entonces mas la plaza, porque 
asi lo ordenó el rey don Felipe: el motivo de esta dis- 
posición era que Luis XIV., el mismo que en unión 



PARTE 111. LIBRO TI. 359 

con la reioa de Inglaterra habia ofrecido interceder 
por los catalanes, só pretesto de que estos 3e habian 
excedido determinó enviar al monarca español su nie- 
to veinte mil hombres mandados por el duque de Ber- 
wick para ayudarle á someter á Barcelona, y Felipe 
quiso que se suspendiera el ataque de la ciudad basta 
la llegada de estas fuerzas. En efecto, el 7 de julio 
llegó el c|e Berwick con su ejército al campo de Bar-- 
eelona: eLde Pópoli entregó el mando al mariscal 
francés, según orden que tenia, y se vino á Madrid 
coo el ministro de hacienda Orri, que alli se hallaba, 
á dar cuenta de todo al rey y á proveer lo que fuese 
necesario. La primera operación del de Berwick fué 
deshacer una flotilla que venia de Mallorca con socor- 
ros para los barceloneses. Procedió después á atacar 
la ciudad (12 de julio) por la parte de Levante con 
gran sorpresa de los sitiados; y con esto, y con haber 
visto ahorcar en el campo á los que de resultas de 
una vigorosa salida quedaron prisioneros, la Diputa- 
ción envió un emisario con cartas al comandante de 
los navios, el cual las devolvió sin querpr abrirlas. Lo 
inismo ejecutó el de Berwick con otra que le pasó Vi- 
llaroel, dando por toda respuesta, que con rebeldes 
que rehusaban acogerse á la clemencia de su rey, no 
se debia tener comunicación. Y perdida toda espe- 
ranza de sumisión y de acomodamiento, comenzaron 
el 24 á batir la muralla con horrible estruendo trein* 
ta cañones, y abriéronse brechas, y diéronse san- 



360 



UI9T0E1A DB I6FAKA. 



grientos asaltos, y hacíanse salidas que costabao coio^ 
bates mortíferos^ y se continuaron por todo aquel mes 
y el siguiente todas las operaciones y todos bs terri- 
bles accidentes de un sitio tan rudo y obstinado como 
era pertinaz y temeraria ia defensa. 

El 4 de setiembre hizo intimar el de Berwick la 
rendición á k» sitiados, diciéndoles que de no hacerlo 
sufrirían los últimos rigores de la guerra, y sería ar- 
rumada la ciudad, y pasados á cuchillo hombres, mu- 
geres y niños. Dos dias dilataron los barceloneses la 
respuesta, al cabo de los cuales dijeron que los tre5 
brazos habian determinado no admitir ni escuchar 
composición alguna, y que estaban todos resueltos á 
morir con las armas en la mano antes que rendirse: y 
dirigiéndose el enviado de la ciudad al caballero Das* 
feldt que estaba en la brecha, le dijo: Retírese Vuece- 
lencia. En vista de tan áspera y resuelta contestación, 
decidió el mariscal de Berwick acabar de una vez dan- 
do el asako general (II de setiembre, 1 714). Hé aquí 
cómo describe un autor contemporáneo aquel terrible 
acontecimiento: 

«Cincuenta compañías de granaderos empesaron 
la tremenda obra; por tres partes s^iúan cuarenta 
batallones, y seiscientos dragones desmontados; los 
franceses asaltaron el bastión de Levante que estaba 
en frente, los españoles por los lados de Santa Clara 
y Puerta Nueva: la defensa fué obstinada y feroz. Te* 
BÍan armadas las brechas de artillería, cai'gadas de 



PAKTB 111. LIBRO TU 36f 

bala menuda que hizo gran estrago Todos á ua 

tiempo montaroD la brecha, españoles y franceses; el 
valor con que lo ejecutaron no cabe en la ponderad- 
clon. Mas padecieron los franceses, porque atacaron 
lo mas difícil: plantaron el estandarte-del rey Felipe 
sus tropas en el baluarte de Santa Clara y Puerta 
llueva; ya estaban los franceses dentro de la ciudad: 
pero entonces empezaba la guerra, porque habían he- 
cho tantas retiradas los sitiados, que cada palmo de 
tierra costaba muchas vidas. La mayor diBcultad era 
desencadenar las vigas y llenar I03 fosos, porque no 
tenian prontos los materiales, y de las troneras de las 
casas se impedia el trabajo. Todo se vencía á fuerza 
de sacrificada gente, que con el ardor de la pelea ya 
no daba cuartel, ni le pedían los catalanes, sufriendo 
intrépidamente la muerte. Fueron éstos rechazados 
hasta la plaza mayor; creían los sitiadores haber ven- 
cido, y empezaron á saquear desordenados. Aprove- 
cháronse de esta ocasión los rebeldes, y los acometíe* 
ron con tal fuerza, que los hicieron retirar hasta la 
brecha. Los hubieran echado de ella si losoQciales no 
hubieran resistido. Empezóse otra vez el combate mas 

sangriento, porque estaban unos y otros rabiosos 

Cargados los catalanes de esforzada muchedumbre de 
tropas, iban perdiendo terreno: los españoles cogieron 
la artillería que tenían plantada en las esquinas de 
las calles, y la dirigieron contra ellos. Esto los des- 
alentó mucho, y ver que el duque de Berwick, que á 



362 UISTOEIA DB BSPAÍÍA. 

todo estaba presente, mandó poner en la gran brecha 
artillería. ... Ocupado el baluarte de San Pedro por 
los españoles, convirtieron las piezas contra los re- 
beldes; otros los acababan divididos en partidas. Yi- 
llaroel y el cabo de los conselleres d^ la ciudad jun- 
taron los suyos, y acometieron á los franceses que se 
iban adelantando ordenados: ambos quedaron grave- 
mente heridos. Pero en todas las partes de la ciudad 
se mantuvo la guerra doce continuas horas, porque 
el pueblo peleaba. No se ha visto en este siglo seme- 
jaute sitio, mas obstinado y cruel. Las mugeres se re- 
tiraron á los conventos. Vencida la plebe, la tenían 
los vencedores arrinconada; no se defendían ya, ni 
pedian cuartel; morian á manos del furor de los fran- 
ceses. Prohibió este furor Berwick, porque algunos 
hombres principales que se hablan retirado á la casa 
del magistrado de la ciudad pusieron bandera blanca. 
El duque mandó suspender las armas, manteniendo 
su lugar las tropas, y admitió el coloquio. 

«En este tiempo salió una voz (se ignora de 
quién), que decía en tono imperioso: ^Mata y que- 
ma.» Soltó el ímpetu de su ira ef ejército, y manaron 
las calles sangre, basta que con indignación la atajó 
el duque. Anocheció en esto, y se cubrió la ciudad 
de mayor horror.. •• La noche fué de las mas horribles 
que se pueden ponderar, ni es fácil describir tan di- 
ferentes modos con que se ejercitaba el furor y la ra- 
bia.... Amaneció, y aunque 1a per6dia de los rebel- 



PARTE 111. LIBIO VI. 363 

des irritaba la compasión, nunca la luvo' mayor hom- 
bre alguno» ni mas paciencia Berwick. Dio seis horas 
mas de tiempo; fenecidas, mandó quemar, prohibien- 
do el saqueo: la llama avisó en su último peligro á los 
rebeldes. 

«Pusieron otra vez bandera blanca: mandóse sus* 
pender el incendio; vinieron los diputados de la 
ciudad á entregársela al rey sin pacto alguno: el du- 
que ofreció solo las vidas si le entregaban á Monjuich 
y á Cardona: ejecutóse luego* Dio orden el magis- 
trado de rendir las dos fortalezas: á ocupar la de Car- 
dona fué el conde de Monlemar; y asi en una misma 
hora se rindieron Barcelona, Cardona y Monjuich. 
Hasta aqni no habia ofrecido mas que las vidas Ber- 
wick; ahora ofreció las haciéujdas si luego disponian 
se entregase Mallorca; esto no estaba en las manos de 
ios de Barcelona ('^» 

Apoderadas las tropas de la ciudad, fueron presos 
los principales cabezas de la rebelión, y llevados los 
unos al castillo de Alicante, los otros al de Segovia, 
al de Pamplona otros, y otros á otras prisiones ^^K Se 
nombró gobernador de Barcelona al marqués de Le- 
do; se obligó á todos los ciudadanos á entregar las 
armas; se mandó bajo graves penas que los fugados 

(4) Sao Felipe, Comeotarios, gobierno de España, dos yol. 4.° 

tom.n.— Belanoo da iambieo cu- manoscritos, tom. I. 

riosos pormenores sobre este cé- (2) Entre ellos los generales 

lebre sitio y memorable ataqae. Villaroel y Armengol, ei marqués 

Historia civil, Part. II. c. 2 al 6. del Peral, y un hermano del coro- 

*-* Macaoaz , Memorias para el nol Nebot. 



364 DISTORU DB BSPAÍÍA; 

se restituyeran á sos casas con el seguro del perdón, 
y se publicó un bando (2 de octubre), imponiendo 
pena de muerte á los catalanes que injuriasen á los 
castellanos, y á los castellanos que trataran mal á los 
catalanes. De alli á poco tiempo el duque de Berwick 
partió para venir á la corte (28 de octubre, 1714), 
donde fué recibido con general aplauso. 

Asi terminó en Cataluña después de trece años 
de sangrienta lucha la famosa guerra de sucesión, 
una de las mas pertinaces y terribles que se registran 
en los anales de los pueblos. Costóles la pérdida de 
sus fueros, estableciéndose desde entonces en el Prin- 
cipado un gobierno en lo civil y, económico acomoda- 
do en su mayor parte á las leyes de Castilla, lo cual 
dio margen á nuevos sucesos de que daremos cuenta 
después. La resistencia de Barcelona fué comparada á 
la de Sagunto y Numancia por los mismos escritores 
de aquel tiempo mas declarados contra la rebelión* 
La suerte de Cataluña causó compasión, bien que 
compasión ya estéril, al rey y al pueblo inglés; y el 
emperador, por cuya causa habia sufrido aquel pais 
tantas calamidades, se lamentaba de las desgracias 
de sus pobres catalanes^ como él los llamaba, y cuyo 
ilimitado amor á su persona reconocía. Quejábase 
amargamente, en carta que escribía al general Stan- 
hope, de la imposibilidad en que se hallaba de socor- 
rerlos, y de que quererlos amparar seria consumar 
su ruina. 



CAPITULO X. 



LA PRINCESA DE LOS URSINOS. 



AliBBBOIVl. 



^•1714* 1718. 



Muerte de la reioa de Inglaterra.— Advenimieato de Jorge 1.— Muer- 
te de la reina de España.— Sentimiento público.— Aflicción del rey. 
—Confianza y protección qae sigue dispensando á la princesa de 
los Ursinos.— Mudanzas en el gobierno por influjo de la princesa.— 
Entorpece la coDclu&ion de los tratados , y por qué.— Tratado de 
paz entre España y Holanda. — ^Disidencias con Roma : Macanaz.— • 
Resuelve Felipe pasar á segundas nupcias. — ^Parie que en ello tu- 
vieron la de los Ursinos y Alberoni. — ^Venida de la nueva reina 
Isabel Farnesio.— Brusca y violenta despedida de la princesa de 
los Ursinos.— C!ómo pasó el resto de su vida. — ^Nuevas influencias 
eu la corte.— El cardenal Giúdice.— Variación en el gobierno.— Tra- 
tado de paz entre España y Portugal. — ^Muerte de Luís XIV.— Ad- 
venimiento de Luis XV.— Regensia del duque de Orleans. — Con- 
ducta de Felipe V. con motivo de este suceso. — Carácter de Isabel 
Farnesio de Parma. — ^Historia y retrato de su confidente Albero- 
ni. — Su autoridad y manejo en los negocios públicos. — ^Aspira á la 
púrpura de cardenal. — Su artificiosa conducta coa el pontífice para 
alcanzarlo. — Obtiene el capelo. — ^Entretiene mañosamente á todas 
las potencias.— Envía una espedicion contra Cerdeña , y se apode- 
ran los españoles de aquella isla. — Hace nuevos armamentos en 
España. — ^Rescniimíento del pontifice contra Alberoni, y sus con- 
secuencias.— Recelos y temores de las grandes potencias por los 



366 HISTORIA DB ESPAÑA. 

preparativos de E<«paña.— H¡DÍstro8 de iDglaterra y Francia en Ma- 
drid.^Astuta política del cardenal.— Alianza entre Inglaterra, Fran- 
cia y el Imperio. — Armada inglesa contra España.— Firme resola- 
ciop de Alberoni. — Sorprende y asombra á toda Europa haciendo 
salir dol puerto de Barcelona una poderosa escuadra española con 
grande ejército* 



Habíase señalado el año 4 744 por algunas defaa- 
cienes de personas reales» que no podían menos de in- 
fluir en las relaciones y negocios á la sazón pendientes 
entre los estados de Europa. Tales fueron, en España 
la de la reina María Luisa de Saboya (1 4 de febrero); 
en Francia la del duque de Berry, nieto de Luis XIV. 
y hermano del rey Felipe de España (4 de mayo); y 
en Inglaterra la de la reina Ana (20 de jnlío), que lle- 
vó al trono de la Gran Bretaña, con arreglo á los 
tratados de Utrecht, á Jorge L, de la casa de Hanno- 
ver, quedando asi de todo punto desvanecidas las 
esperanzas del rey Jacobo^ en otro tiempo con tanto 
interés y empeño protegido por Luis XIY., y subien- 
do al poder en aquel reino el partido whig, que era 
el que con mas. calor se habia pronunciado por aque- 
lla dinastía. 

Pero lo que causó honda pena y verdadera amar- 
gura al rey y á la nación española, y fué causa de 
las novedades que iremos viendo, fué la muerte de 
la reina, cuya salud y débil constitución habian esta- 
do minando tiempo hacía los viages, los trabajos y los 
desabrimientos. El pueblo que la amaba y respetaba 



PASTB 111. LIBRO VI. 367 

por sus virtudes, la lloró sinceramente. El rey, que 
la había amado siempre con delirio, y que perdía con 
ella, no solo una esposa fiel, cariñosa y tierna, sino 
al mas h^bil de sus consejeros, se mostró inconsola* 
ble, y no teniendo valor para vivir bajo el mismo 
lecho en que habia morado con tan dulce compañera, 
se pasó á habitar las casas del duque de Medinapeli 
en la calle del Prado ^*K No acabó con Ta muerte de 
la reina |a influencia de la princesa de los Ursinos; 
antes bien fué la única persona que en aquellos mo* 
mentos de aflicción quiso el rey tener cerca de sí; y 
como el palacio de Medinaceli fuese bastante estrecho 
para acomodar en él la servidumbre, diósele á la 
princesa habitación en el contig uo convento de capu- 
chinos, trasladando interinamente los religiosos á otro 
convento, y abriendo en el edificio una puerta y ga- 
lería de comunicación con la viv ienda del monarca 
para que pudiera la princesa pasar á ella mas fácil- 
mente y sin publicidad. Conservaba también en pala* 
ció el carácter de aya del príncipe y de los infantes. 

(4) Todos los escritores de necesidad, porque todo salía de 

aquel tiempo eosalzan á coro la los pobres pueblos , que habían 

bondad, la amabilidad, el talento dado hasta las camisas para los 

2 las Tirtudes de esta ióven y ma- gastos de la guerra, y que saliendo 

igrada reina. «De las heroicas todo de ellos pensasen solo en su 

acciones de esta gran reina, dice alivio, y no en cargarlos con con- 

uno de ellos, se puede hacer un tribuciones etc.» Y por este 

voluminoso libro El amor que orden elogian todos sus muchas y 

moetró á los vasallos no tiene pon* buenas prendas. — Oración fúnebre 

deracion; de suerte que á los mi- en las exequias que le hizo el con* 

nistros en quienes confiaba mas el vento de la Encarnación, por fray 

rey soliu decir, que jamás le pro- Agustín Castejoo, en 29 de mayo 

pusieran que diera un dinero sin de 4744. 



368 HISTORIA DB ESPAÑA. 

De esta proporción y comodidad sapo aprove* 
charse la de los Ursinos con su acostumbrada habili- 
dad y talento para ejercer un influjo poderoso en el 
ánimo de su soberano. Desde luego le hizo retirar los 
poderes de que tres dias antes había investido al car* 
denal Giúdice , qué acababa de ser elevado al cargo 
de inquisidor general, y confiar el despacho de los 
negocios á Orri» el hombre de mayor confianza de 
la princesa. Por inspiración de los dos accedió el rey 
á hacer mudanzas en el sistema y en el personal de 
la administración del Estado. Embarazábales la gran- 
de autoridad del presidente de Castilla don Francisco 
Ronquillo, y su gobierno se dividió entre cinco pre- 
sidentes, uno para cada sala del Consejo, y se pusie- 
ron todos bajo una planta semejante á la que tenia n 
los parlamentos y consejos en Francia ^^K 



(4) El iufatigable y fecundo cía y Crimioal. Inserta después 
Macauaz dejó escritas muchas y otra relación nominal de los al- 
rouy curiosas é -interesantes noti- caldea de casa y corte; otra de las 
cías acerca de la nueva planta que secretarias y sus oficíales, con los 
dio Orri á los consejos y tribuna- sueldos de cada uno: da noticia de 
les, en un tomo en folio manuscií- las materias en que entendía cada 
to de mas de seiscientas páginas, Conseio y cada sala, horas de ca- 
cen el titulo de: ^Miscelánea de da tríDunal, etc. asi como de los 
materias politioas, gobemalivas, dictámenes que él dio á las coo- 
juridicas y contenciosas de la mO" sultas del rey acerca de su orga- 
narquia de España: contiene las nizacion, y de las diferencias eo- 
reformas que ejecutó, y otras que tre su sistema y el de Orri, que 
intentó monsieur Orri en todos prevaleció, con otros muchos por- 
los Consejos; y de todo el gobierno menores, en que á nosotros no 
de la mpnarqola en todos mate- nos es posible entrar. — Pertenece 
fias.» — ^En la pág. 87 pone el ca- este importante volumen á los des- 
tálogo nominal de los consejeros cendientesde Macanaz, éqneea 
de Castilla, y su división en las otra nota nos hemos referido.— 
cinco salas, de Consejo pleno, de Gaceta de Madrid do 44 de no- 
Gobierno, de Justicia, do Provtn- viembre de 4743. 



PAKTH III* umo TI. 369 

Acaso DO fué estraña á la separación de Ronquillo 
la oposición que había hecho á la nueva ley dé suce- 
sión. Quitóse la Secretaría de Estado y Justicia al 
marqués de Mejorada, y se dio á don Manuel Yadíllo. 
Dejóse solamente á Grí maído los negocios de Guerra 
é Indias. Llevaban los de Hacienda entre Orri y Ber- 
gueick, bien que el primero era el alma y el arbitro 
de todo, sentido de lo cual el segundo no tardó en 
hacer su dimisión y regresar á Flandes, de donde ha- 
bía venido. Gozaba de mucho favor con los nuevos 
gobernantes don Melchor de Macanaz* juez de con* 
fiscaciones que había sido en Aragón y Valencia, el 
que había establecido los nuevos tribunales en aque- 
llos reinos^ y a} cual hicieron fiscal del Consejo de 
Castilla. Y todos estos obraban de acuerdo con el 
padre Robinet, confesor del rey. 

En esta ocasión planteó Orri muchas de las refor- 
mas en el plan de administración interior que en su 
primer ministerio no había podido hacer sino dejar 
iniciadas. Dividió las provincias , sujetó las rentas de 
aduanas y contribuciones á un sistema ordenado y 
sencillo, corrigió en gran parte las vejaciones y los 
abusos de la turba de asentistas, y tomó otras me- 
didas de hacienda, que si no tan dignas de ala- 
banza como suponen sus parciales, tampoco merecen 
los exagerados vituperios de sus enemigos; y de to* 
dos modos su sistema rentístico fué el principio de 
una nueva era para la hacienda de España , que ha- 
Tomo xvui. 24 - 



370 



HI9T0BIA DB BSPAKA. 



bia estado casi siempre en el mayor desorden <*^ 
La in fluencia y valimiento de Ja princesa de los 
Ursinos estovo siendo causa de dilaciones y entorpeci- 
mientos para ios tratados particulares de paz entre Es- 
paña y las potencias aliadas* pues hasta entonces solo 
se habia celebrado el de España^ con Inglaterra. Et 
motivo era un asunto puramente personal. Francia é 
Inglaterra habian accedido en los tratados de Utrecht 
á que se reservase á la princesa en los Paises Bajos el 
ducado de Limburgo con título de soberanía, y ofre« 
cido su intervención para obtener el consentimiento 
de Holanda y del Imperio. Pero los holandeses y el 
emperador se negaban á la cesión de un señorío tan 
importante á favor de una persona tan adicta á Francia 
y España. En vista de esta oposición, que no carecía 
de fundamento, fuese entibiando el ardor con que al 
principio lo habia tomado Inglaterra, y el monarca 
francés tampoco quiso sacrificar á un negocio de inte- 
rés secundario y de pura complacencia el restableci- 
miento de la paz general. Ofendida la princesa de la 
falta de cumplimiento por parte de aquellas dos po- 
tencias de un compromiso solemnemente consignado, 



(4) Don Melchor do Macaoaz 
nunca estuvo conforme con las 
medidas rentisticas deOrri, y aun- 
que era consultado en todo por el 
rey, y el mismo Orri le pedia pa- 
recer con frecuencia, no conve- 
nían en el modo de ver las cosas, 
y Macanaz se queja en muchos lu- 
gares de sus obras y de sus apun- 



tes do la confusión que dice haber 
introducido el ministro francés, asi 
en la hacienda como en la justi- 
cia. — ^Miscelánea de materias po- 
líticas, guber nativa f, etc. MS.— 
Memorias para la Historia del Go- 
bierno de España, dos tomos tam- 
bién manuscritos, passim. 



n 



PARTB lU. UlttO VJ. 371 

y de uo proceder que desvanecía su sueño de oro, 
ponia cuantos obstáculos estaban en su mano é la con- 
clusión de la paz con Holanda» obstáculos fuertes en 
razón á que los reyes de España en su amor á la de 
los Ursinos miraban como hecho á ellos mismos el des- 
aire qne se hacía á la princesa. Pero incomodó á su 
vez esta oposición á Luis XIV., en términos que ame- 
nazó con no enviar las tropas y bagóles que se le pe- 
dian para sujetar á los catalanes basta tanto que se fir- 
mara la paz con Holanda • 

Por último á consecuencia de altercados que esta- 
llaron entre la princesa y el embajador francés mar- 
qoés de Brancas, y de las quejas que éste dio contra 
aquella señora á su soberano, anunció Luis XIV. su 
resolución de no enviar tropas á Cataluña y de firmar 
una paz separada con Holanda y el Imperio, deyando 
á España que se defendiera sola contr'a sus enemigos, 
porque no habia de exponer su reino á nuevas des- 
gracias por complacer y agradar ala princesa. Esta 
firmeza del anciano monarca francés hizo bajar de to- 
no á la de los Ursinos; disculpóse por medio de la 
Maintenon con el ofendido soberano, y procuró aca- 
llar su resentimiento; restablecióse la buena armo- 
nía ^itre ambas cortes; Felipe envió plenos pode- 
res á sus plenipotenciarios de Utrecht para que con- 
cluyesen la paz con Holanda, y el tratado especial 
de paz entre Felipe V. y los Estados Generales, des- 
pués de tan dilatada suspensión* se concluyó el S6 de 



\ 



372 HISTMU DB ESPAÑA. 

jaDÍo(l714), basado sobre las condiciones ya antes 
Bsüpoladas entre Inglaterra, Francia y la RepúUíca 
holandesa ^^K Vencida esla dificultad, envió Luis XIY. 
al duque de Berwick con el ejército francés á Catalu- 
ña, que aceleró la sumisión de Barcelona y de todo el 
Principado, según en el capítulo anterior dejamos re* 
ferido. 

Serias y muy graves desavenencias agitaban á 
este tiempo los gobiernos y las cortes de España, de 
Roma y de París, con motivo de un célebre documento 
que para responder á una consulta del rey babia pre- 
sentado el nuevo fiscal del consejo de Castilla don 
Melchor Macanaz sobre negocios eclesiásticos, inmu- 
nidades del clero, regalías de la corona, y abusos de 
la curia y sus remedios. Mas como quiera que los 
ruidosos sucesos á que dio ocasión el pedimento fiscal, 
y las funestas discordias que produjo entre el pontífi- 
ce, los reyes Católico y Cristianísimo, el consejo de 
Castilla, el tribunal del Santo Oficio; el inquisidor 
general y los muchos personages que en ellas inter- 
vinieron, tuvieron su origen de anteriores disidencias 
entre la Santa Sede y el monarca español, que ocupa- 
ron una buena parte del reinado de Felipe Y., nos re- 
servamos tratar separadamente este asunto para no 

(4 ) Felipe V. le Grmó eo el Par- derechos mutuos de comercio pa- 

do á S7 de julio, y lo3 diputados ra los subditos de ambos países, 

holaudesei le suscribieron el 6 de No se hizo meucion del seoorío do 

a^o&U) en la Haya. — Constaba de Limburgo para la princesa de los 

cuarenta artículos. Mucha parle de Ursinos. — Colección de Tratados 

ellos se reCerian á la fijación do de Paz.— Balando, P. IV. cap. 6.» 



PARTB IIK LIBRO VI. 373 

interrumpir con este importante episodio la historia de 
los sucesos políticos que tenemos comenzada. 

Aunque el rey dba Felipe habia sentido con ver* 
dadero y profundo dolor la pérdida de su buena espo« 
sa. María Luisa, su edad, que era entonces de treinta 
años, su naturaleza, su afición á la vida conyugal, la 
conveniencia del estado, y su conciencia misma, toda 
le hizo pensar en contraer nuevo matrimonio. Al tra- 
tarse de la elección de princesa proponíale Lnis XIV.. 
una de Portugal ó de Baviera, ó bien una hija del prín^ 
cipe de Conde. Pero no era ninguna de las propuestas 
por el monarca francés la destinada en esta ocasión á 
ser reina de España. 

El abad Alberoni, de quien tendremos que hablar 
largamente en adelante, y que se hallaba á la sazón 
en Madrid encargado de los negocios del duque de 
Parma, departiendo con la princesa de los Ursinos so- 
bre las familias de Europa en que pudiera buscar es- 
posa Felipe^ le indicó con la habilidad de un astuto 
italiano las buenas prendas de la princesa Isabel de 
Farnesio, hija del último duque difunto de Parma. 
Comprendió al momento la de los Ursinos las ventajas 
deiin enlace que podría dar al rey derechos sobre los 
ducados de Parma y Toscana, y recobrar un dia Es- 
paña su ascendiente en Italia; y calculando también 
que siendo ella la que lo propusiera afirmaría su po- 
der con el rey y tendria propicia á la nueva reina, de- 
cidióse en secreto por la indirecta proposición de Air 



374 HOTOiu DB kpaSa. 

beroQÍ, é ioclícóselo después con destreza á Felipe, qoe 
por su parle acogió gastoso el pensamiento, porque 
no babia en Parma ningún príncipe de quien pu- 
diera esperarse sucesión. El consentimiento de aque* 
lia corte y la dispensa del papa tenia seguridad 
la princesa de obtenerlos por la mediación de Albero^ 
ni, y asi fué. La dificultad estaba en conseguir Ja 
aprobación de Luis XIV., y aun esto fué lo que ma- 
nejó la princesa por medio de su sobrino el conde de 
Chaláis á quien al efecto envió á París, con tan buena 
maña, que aunque sorprendido y nada gustoso el mo" 
narca francés, al saber lo adelantado que estaba ya 
el negocio, y al ver la urgencia con que se le pedia 
el consentí miento, respondió aunque de mal talante: 
cEstá bien; que se case, ya que se empeña ello ^^Kb 
Luego que el conde de Chaláis volvió á Madrid por- 



(4) San Fel¡(>e, Gomentarioe, con qae el rey la distinguió, no 
tom. 11.— San Simón, Memorias, creemos tuviera mas fundamento 
tom. V. — Duelos, Memorias secre- que las aserciones sospechosas de 
tas, tom. I. — ^Vida de Alberooi, La Álberoni, y algún dicho que se ha 
Haya, 47^. atribuido al mismo monarca. Uno 
No ha faltado quien diga que de los historiadores quo han in* 
la de los Ursino?, consoló al rey en dicado esta especie, añade luego: 
su aflicción con mas interés que el «Poro este proyecto, si existió, lia 
de la compasión, el de la amistad debido forzosamente quedar cu- 
y el del agradecimiento, y que el biertocon un velo impenetrable.... 
cariño que le mostraba el monar- Y eotregando estas observaciones 
ea infundió ó alimentó en ella la al juicio de las personas que gas- 
aspiración, ó por lo menos la idea tan de penetrar los secretos de la 
de la posibilidad de sentarse en el vida privada, es pdr lo menos fue- 
trono. Esta especie, nacida acaso ra de toda duda que la princesa 
de los atractivos personales que tenia interés, como era natural, en 
aun conservaba la princesa, á pe- contribuir á la elección de nna so- 
sér de su edad ya avanzada , de berana que le fuese tan propicia 
sa gracia, de su vivpza y de su ta- como la última*» 
lento, y de la especial confianza 



PABTB 111. LIBRO Yh ^ 375 

tador del coosentimíento de Luis XIV. , hizo Felipe quo 
pasara el cardenal Aquaviva, que se hallaba en Roma » 
á pedir en toda forma la mano de la princesa á los 
duques deParma. Y como estos no pusiesen diñcul- 
lad, procedióse á toda prisa á hacer los preparativos 
necesarios para realizar cuanto antes las bodas. A es*^ 
te tiempo llegó á tener la de los Ursinos noticias del 
carácter de la futura reina que le desagradaron mu* 
cbOy y por las cuales calculaba ver frustrados sus 
planes dé dominación. Quiso entonces entorpecer 
aquel enlace» pero era tarde yá, y ,b que hizo fué 
declarar su intención. El casamiento se celebró por 
poderes en Parma (16 de setiembre de 1714), y la 
princesa se esforzó para disimular su pesar. La nueva 
reina emprendió su viage para España con lucido 
cortejo, que despidió al llegar á la frontera, trayendo 
solo consigo á la marquesa de Piombiuo. En San Juan 
de Pié de Puerto, donde se detuvo dos dias (puesta 
mitad de su viage le hizo por tierra, pasando por 
Francia), habló con su tia la reina viuda de Carlos IL 
de España; y en Pamplona halló á Alberoní, que fué 
creado conde en remuneración de sos servicios. Una 
y otra entrevista fueron funestas para la princesa de 
los Ursinos, porque uno y otro personage trabajaron 
por prevenir contra ella á la nueva soberana, y pron- 
to se vierou sus efectos. 

El rey habia salido á esperarla en Guadalajara coa 
los príncipes y con una brillante comitiva. La prince* 



376 ^ HISTOIUDB BSPAfÍA. 

sa de los Ursinos se adelantó á recibirla en Jadraque. 
La reina la acogió con fingida afabilidad: después de 
las felicitaciones de etiqueta, hnbo de tener la de los 
Ursinos la mala tentación de hacer alguna reflexión á 
la reina sobre lo avanzado de la hora en dia tan frío 
(era el 24 de diciembre, 4714), y la impaciencia con 
que la aguardaba su esposo, y alguna observación so- 
bre la forma de su prendido. Tomólo Isabel por atre- 
vimiento y desacato, y encolerizada llamó en alta voz 
al gefe de la guardia, y le dijo: «Sacad de aqui á esta 
loca que se atreve á insultarme.» Y dióle orden para 
que inmediatamente la pusiera en un coche, y la tras- 
portara fuera del reino, sin que bastaran á templar su 
ira las prudentes reflexiones que le hizo el gefe de la 
guardia Amézaga. Y sin dar tiempo á la princesa pa- 
ra mudarse un trage ni tomarle, concediéndole solo 
para su compañía una doncella y dos oficiales de 
guardias, en un dia horriblemente frió, y con el suelo 
cubierto de nieve, emprendió su marcha aquella se- 
ñora, sin pronunciar una palabra, llena su imagina- 
cien y combatida su alma de encontrados afectos, lu- 
chando y alternando entre el asombro, la ira, la con- 
formidad y la desesperación, y pareciendole imposi- 
ble que el rey, tan pronto como se enterara de tao 
violento y rudo tratamiento, dejara de proveer á la 
reparación de semejante ultraje. Pero seguia haciendo 
jornadas, y no veia llegar ningún correo. Sin cama, 
sin provisiones, sin ropa con que abrigarse contra la 



PARTB in. LIBRO VI. 377 

crudeza de la estación, aquella muger altiva y poco 
bá tan poderosa, llena de goces y comodidades y cir- 
cundada de aduladores, sufrió todas las privaciones 
del viage, rebosando de ira, pero sin emitir una sola 
queja, con grande admiración de los dos oficiales, que 
acostumbrados á tratarla con tanta consideración y 
respeto como á la reina misma, iban poseídos de 
asombro. 

A los tres dias la alcanzaron sus dos sobrinos el 
conde de Chaláis y el príncipe de Lenti, con una car- 
ta del rey, harto fría y desdeñosa, en que le daba per- 
miso para detenerse donde gustase, ofreciéndole que 
se le pagarían con exactitud sus pensiones. Por los 
mbmos mensageros supo que el rey la noche de su 
salida la habla pasado jugando á los naipes, que de 
cuando en cuando preguntaba sí habia llegado algún 
correo despachado por la princesa, pero que después 
no se había vuelto á oir hablar de la princesa de los 
Ursinos. Esta relación le hizo perder ya toda espe- 
ranza, pero ni una lágrima asomó á sus ojos, ni una 
queja salió de sus labios, ^i dio señal alguna de fla- 
queza. Al fin llegó á San Juan de Luz, donde quedó 
en libertad. Allí pidió permiso para ver á la reina viu- 
da de España Mariana de Neuburg, pero no le fué 
concedidJ. Al cabo de algún tiempo se le dio permiso 
para que fuese á Paris, donde se aposentó en casa de 
su hermano el duque de Noirmoulier ^^^ La súbita y 

(4) La suerte de la princesa no fué muy afortuoada en lo sucesi- 






378 UtSTOBlA DB ESPAÑA. 

eslrana caída de este célebre persooage, alma de la 
política española en los trece primeros años del reina- 
do de Felipe, y objeto, al parecer, del mas entrañable 



▼o. Cuando Felipe V. se reconcilió día al ver sas tentativas para oco-' 
con el duque de Orleans^ como ve- par un puesto en su tálamo y su 
romos por la historia, parece que trono, y estaba cansado de la tu- 
culpó á la de los Ursmos de sus tela en que vivía hacia tiempo. Por 
pasados desacuerdos , lo cual le último la joven soberana no podia 
costó ser desterrada de la corte de olvidar que la princesa de los ür- 
Versalies, que ¿ esto equivalía la sinos haDÍa querido romper su en- 
prohibicion de presentarse ante lace, y es muy natural que desea- 
las personas de la familia de Or- ra verse libre de la tutela de una 
loans. Sin embargo, no salió de muger Cuya destreza conecta, y 
Francia hasta después de la muer- cuya vigilaucia temía.» El mismo 
te de Luis XIV. Pasó entouces á autor cree que no se debió sacaí- 
Holanda, de cuyo gobierno fué mal da A influio é intriga de Alberoni, 
recibida. Anduvo después errante y habla de una carta del rey eo 
por algunas cortes de Europa, y virtud de la cual obró la reina de 
por último halló un asilo en Roma, aquella manera. Willíam Coxe, Ks* 
donde el pretendiente Jacobo paña bajo el reinado de la casa de 
Stuard la buscó para tomar de ella Borbon, cap. 2%. 
h*cciones de política, y estovo ha- «Ninguna acción en este siglo» 
cíendo los honores de la casa del dice otro escritor de aquel tiempo, 
príncipe hasta sus úUimos momen- causó mayor admiración. Cómo 
tos. Esta ilustre proscrita murió esto lo llevase el rey, es oscuro; 
el 5 de diciembre de 4723 á la hay quien diga que estaba en ello 
edad «lemas do ochenta añüs. — La- de acuerdo: no conviene entrar 
cretelle, Biografía de la princesa eo esta cuestión, por no manosear 
de los Ursinos. — Duelos , Hemoíres mucho las sacras cortinas qiie 
secretes sur le régoes de Louis XIV. ocultan á la Magestad: dejaré* 
ct de Louis XY. mos misterioso este hecho y en 
«na habido empeño, dice un pié la duda, si fué con noticia del 
moderno historiador, en conocer rey, y si la reina traía hecha la 
las intrigas que produjeron su des- ira y tomó el pretesto, ó si fué mo- 
gracia, y en explicar el motivo vida de las palabras de laprince- 

singular de su caída. La opinión sa Nuestro dictamen es aue se 

mas proba bl o parece sor que se formó el rayo eo San Juan ae Pié 
mostró ofendido Luis XIV. al ver de Puerto »— San Felipe, Co- 
les obstáculos que ella creó para mentarlos, tom. U.— Consérvase 
ia terminación de la paz y de su un opúsculo manuscrito, titulado: 
negociación para el enlace de Fe- ^Conduela de la princesa de ¡os 
Upe. El orgullo de la marquesa de Ursinos en el gobierno del rey 
IViaintenou se resintió.al ver la os- Cristianisimo en presencia de 
tentación é ingratitud de una mu- Mad, Maintetion: traducido del 
gor que durante su elevación ol- francés: Archivo de la Real Aca- 
vidaba lo que le debió eu otros 4cmia de la Historia, 
liempos. El mismo Felipe se ofcn- 



PABTB III. LIBRO VI. 379 

amor de ambos soberanos, es olro de los mas elocuen- 
tes ejemplos que nos ha ido suministrando la historia 
del término y fin que suele tener el favor de los monar- 
cas para con sus mas allegados é íntimos servidores. 

Felipe é Isabel ratificaron su matrimonio en Gua- 
dalajara, y el 27 de diciembre (171 4) hicieron su en- 
trada en Madrid , pasando á habitar el palacio del 
Buen Retiro, y recibiéndolos la población con las de- 
mostraciones y fiestas que en tales solemnidades se 
acostumbra* 

La venida de la reina produjo grandes novedades 
en el gobierno del Estado. Vivado espíritu, de com- 
prensión fácil, aficionada á intervenir en la política, y 
hábil para hacerse amar del rey, pronto tomó sobre 
Felipe el mismo ascendiente que habia tenido su pri- 
mera esposa. Circundaron al monarca otras influen-. 
cías, las igas contrari as á las que recientemente le ha- 
bian rodeado. El italiano Alberoni era la persona de 
mas confianza de la nueva reina, y por su consejo é 
influjo volvió á ejercer el cargo de inquisidor general 
el cardenal Gíúdice, y ademas se le dio luego el mi- 
nisterio de Estado y de Negocios estrangeros. Este 
prelado comenzó vengándose de un modo terrible de 
la princesa de los Ursinos y de todos los amigos de la 
antigua camarera, haciendo al rey expedir un decre^- 
lo, en que mandaba á todos los consejos y tribunales 
le expusieren todos los males y perjuicios causados á 
la Religión y al Estado por el último gobierno (1 de 



380 ^ HISTORIA BB BSPARa. 

febrero, 1 71 5), lo cual iba dirigido contra determÍDa- 
dos personages que S3 habiau mostrado desafectos á 
la iDquisicion. El ministro Orri fué obligado á salir de 
España, dándole el breve plazo de cuatro horas para 
dejar la corte, quedando anuladas todas sus reformas 
administrativas. Macanaz tuvo también que retirarse á 
Francia, y se estableció en Pau. Al marqués de Grí- 
maído, que habia conservado siempre el afecto del 
rey, le fueron devueltos los empleos que antes habia 
desempeñado. Don Luis Curiel, enemigo pronunciado 
de Macanaz, volvió á la corte, reintegrado á su plaza 
y honores. Se suprimieron las presidencias última^» 
mente creadas en el Consejo de Castilla, restablecién- 
dose Id antigua planta de este tribunal superior. El 
Padre Robinet, confesor del rey, amigo de los minis- 
tros caldos, pidió igualmente licencia para retirarse á 
Francia, y para reemplazarle se hizo venir de Roma al 
Padre Guillermo Daubenton, jesuíta, maestro que ha* 
bia sido de Felipe en su infancia. Quedóse de ministro 
extraordinario de Francia el duque de Saint Agnant, 
que habia venido á cumplimentar al rey por su nuev<^ 
matrimonio. 

Todo en fin sufrió una gran mudanza, y muchos 
españoles se alegraron de la caida de una administra- 
ción que miraban como estrangera, sin considerar que 
estrangeros eran también los que constituían el alma 
del nuevo gobierno ^^K 

(4) tCopia de cuatro decretos reales , expedidos por S. M. al 



PARTB 111. LIBRO VI. 381 

GoD fortuna marcharon al principio las cosas para 
los naevos gobernantes. Llevóse á feliz término en 
Utrecht el tratado particular do paz entre España y 
Portugal (6 de febrero, 1715), que Felipe V. ratificó 
en Madrid el 2 de marzo, y don Juan Y. de Portugal 
en Lisboa el 9 del mismo mes, y se publicó el 24 de 
abril con alegría y satisfacción de ambos pueblos, an- 
siosos ya de ver restablecida su amistad y buena cor- 
respondencia. Cedíase por él al rey Católico el territo^ 
rio y colonia del Sacramento en el rio de la Plata, 
obligándose aquél á dar un equivalente á satisfacción 
de S. M. Fidelísima* Restituíans e también las plazas 
de Alburquerque y la Puebla en Extremadura, y se 
estipulaba el pago.de lo que se debia des Je 1696 á la 
Compañía portuguesa por el Asiento de negros. Que- 
daba restablecido el comercio entre los subditos 
de ambas magestades , como estaba antes de la 
guerra ^^\ 

Yerificóse también á poco de esto, con auxilio de 
la Francia, la sumisión de las islas de Mallorca é Ibi- 
za, capitulando el marqués de Rubí que mantenia la 
rebelión (i 5 de junio, 1715), á condición de salir la 

Cousejo de Caslil'a. El uno en ra- seis fojas en folio, 

zon del nuevo reglamento del y (4) El tratado se componía de 

sus ministros. Otro en que se veinte y cinco artículos. La Ingla- 

manda no haya conseio1osaias.de térra salia garante de su cumpli- 

fiesta de corte. Otro del nuevo re- miento. Firmóle en Utrecht como 

glamentode la sala de Alcaldes de plenipotenciario del rey de Espa- 

córte y sus ministros. Y otro res- na el duque de Osuna. — Colección 

tituyendo ¿ Madrid su corregidor de Tratados de Paz.— Belando, 

y tenientes la jurisdicción ordioa- Parte lY. c. 40. 
ria civil y criminal. 9 Impreso en 



d82 UISTOBU DB ESPAÑA. 

guarnicioa libre, y de respetarse las vidas y hacien- 
das de los nalurales. Con lo cual quedó eoterameale 
restablecida la paz en toda la península y sos islas 
adyacentes* Los tratados de Utrecht habian puesto 
también á Felipe Y. en paz con todas las potencias de 
la grande alianza, á escepcion del Imperio, bien que 
tampoco se puede decir que estuviese en guerra coa 
el emperador, porque no se movian las armas. Mi- 
rábanse, sí, con desconfianza mutua, en especial por 
lo que tocaba á Italia; pues ni Felipe olvidaba sus de^ 
rechos á Ñapóles y Milán, ni Carlos podía sufrir que 
el duque de Saboya fuese rey de Sicilia. Los sicilia- 
nos por su parte estaban disgustados de su nuevo rey; 
sometiéronse siempre de mala gana á su dominio, y 
no dejaban de suspirar por el de España: todo lo cual 
mantenía receloso y hostil al emperador, y aumentaba 
su inquietud el matrimonio de Felipe con Isabel de 
Farnesio, por el temor no infundado de que reclama- 
ra un dia derechos á los ducados de Parma y de Tos* 
cana. 

En tal estado un acón tecimíento, que no por estar 
previsto dejó de hacer gran sensación en toda Euro* 
pa, por la influencia que había de ejercer en todas 
las naciones , vino á variar muy particularmente la 
situación de España, á saber, la muerte del anciano 
Luis XIV. (1.^ de setiembre, 1715); «príncipe, dice 
con entusiasmo un escritor español de su tiempo, el 
roas glorioso que han conocido los siglos ; ni su me* 



PAftTB 111. LIBEO VI. 383 

moría y su fama es inferior á la de los pasados hé- 
roes, dí nació príncipe alguno con lantas circnnslan* 
ciasy calidades para serlo; la religión, las letras y las 
arnaas florecían en el mas alto grado en su tiempo; 
ninguno de sus antecesores coronó de mayores lau- 
reles el sepulcro, ni elevó á mayor honra ni respeto 
la nación; y después de haber trabajado tanto para 
prosperar su reino, ie dejó en riesgo de perderse, 

m 

porqué dejó por heredero á un niño de cinco años, 
SQ biznieto, último hijo del duque deBorgoña, á quien 
se aclamó rey con nombre de Luis XY ^*).» Alzóse in- 
medialamente con la regencia el duque de Orleans, 
como primer príncipe de la sangre; obtuvo al instan- 
te la confirmación del parlamento, y destruyendo to^ 
das las trabas que se habia querido poner á su auto- 
ridad, comenzó á ejercerla mas como rey absoluto 
que como regente. 

Tentaciones tuvo Fe iipe Y. de rcélamar para sí la 
regencia por derecho de primogenilura, á pesar de 
su renuncia á la corona de Francia, recordando los 
ejemplos de Enrique Y. de Inglaterra, y deBalduino, 
conde de Flandes, y aun consultó con sus consejeros 
íntimos sobre este negocio. Pero contúvose, y des- 
pués de bien meditado abandonó una idea que tanto 
le halagaba, ya por lo bien sentada que v>eia la au- 
toridad del duque de Orleans, ya por el convencí- 

(f) El Marqués de San Felipe,Comoatario8, tom. If« 



384 HlSTOftlA DB BSPAÜA. 

roieoto de que los príncipes de la pasada liga no ha- 
bían de consentir que una misma mano rigiese ambos 
reinos, viendo en la regencia una especie de revoca- 
ción no muy indirecta de su renuncia á la corona de 
Francia. Pero Alberoni, queriendo vender este servi- 
cio al de Orleans, publicó la intención de Felipe, 
que ya el embajador Saint Agnant habia penetrado, 
y fué el principio de la enemistad del regente contra 
Alberoni, que trajo á España los males que veremos 
luego. 

De contado tuvo este personage una influencia 
poco honrosa en el convenio mercantil que por este 
tiempo se hizo entre España é Inglaterra. No estabaa 
satisfechos los ingleses de los tratados de paz y co- 
mercio estipulados en Utrecht, mientras no se hicie- 
sen las aclaraciones que alli quedaron pendientes, y 
conveniales ademas comprometer á Felipe en un con- 
cierto que envolviera una especie de reconocimiento 
de su nuevo rey Jorge I. Valiéronse al efecto de Albe- 
roni, que fácil al sórdido interés con que le brinda- 
ron ^^\ influyó en que se celebrase, bajo el nombre 

(I) «Valiéronse, dtco Fr. Nico- y caboza se metió ea el empeño; 

Jas de Jesús Belando, de Julio Al- y como forastero en el reiuo de 

befooi, dándole cien mil libras es- España, no sabiendo intrínseca- 

terlioas para que lo facilitara, v mente lo que los ingleses pediao, 

obtuviera el consentimiento del les franqueó su deseo; y si tal tcz 

rey Católico. Líberalmente Albe- llegó á saberlo, mas fuerza tovo el 

roni trocóla confianza por el inte- dinero qu4 le dieron que no la 

res, de suerte que no cerró los equidad y la justicia, en aquello 

oidos A la propuesta, no apartó que alargaba de la corona.» Uist. 

los ojos del diuero, ni retiró la ma- Civil, P. IV. cap. 43. 
no por no recibirlo; y asi de pies 



FARTB 111. LIBBO VU S8B 

do articBlos esplicñtivM, un nuevo trat^^do de comer- 
cio declaratorio de los de Utrecht (1 4 de diciembre, 
4715), escesivameote venUjosoá los de aquella na- 
ción; pues si bien por la cláusula primera se sujetaba 
á los ingleses á pagar en los puertos de los dominios 
^spaioles los derechos de entrada y salida como en 
tiempo de Garlos 11., por la tercera se les permitia 
proveerse de sal, libre de todo pago, en las islas de 
las Tortugas, de que no habia año que no sacaran 
cargados treinta navios, ademas del gran contraban- 
fio que por este tratado se les facilitaba hacer en 
Buenos Aires ^*K 

Como desde este tiempo la reina y Alberoni fueron 
los quo, apoderados del corazón y de la voluntad de 
Felipe, manejaron todos los negocios de la monarquía, 
necesitamos decir algunas palabras del carácter de 
cada uno de estos dos personages. 

Isabel Farnesio, criada en una habitación del pa- 
lacio de Parma bajo la inspección de una madre dura 
y austera, no era sin embargo una m uger de un ca- 
rácter sencillo, sin talento y sin ambición, como Albe- 
roni se la habia pintado á la princesa de los Ursinos; 
al contrario, era viva, intrépida, astuta, versada en 
idiomas, aficionada á la historia, á la política y á las 
bellas artes; imperiosa, altiva, y ambiciosa de man- 



• (4) «Con lo cual los ingleses, por una vez dieron á Alberoni.» 
dice Belando, sacaban mas de tres- Ubi sup. 
cientos por ciento de aquello que 

Tono xvui. 25 



386 HfSTOUA BB ESPAÑA. 

do, había aprendido á saber domioarse, de tal modo 
que podría cilársela como modelo de disimulo y de 
circunspección. Firme y constante en sus propósitos, 
DO había obstáculos ni contrariedades que la hicieran 
cejar hasta realizar sus designios. Flexible por cálcu- 
lo á los gustos y caprichos de la persona á quien le 
convenia complacer, lo era con Felipe hasta un punto 
prodigioso, no contradiciéndole nunca para dominarle 
mejor, acompañándole siempre á la caza, su distrac-* 
cionfevoríta, no separándose nunca de su lado, sin 
mostrarse jamás cansada de su compañía , con ser 
Felipe de un carácter melancólico y poco espansivo, 
y haciéndose esclava de la persona para ser reina 
mas absoluta. Por estos medios consiguió Isabel Far-- 
nesio de Parma reemplazar muy pronto en el poder á 
María Luisa de Saboya, y dominar á Felipe V. hasta 
la última hora de su reinado. Su mas íntimo conGden^ 
te y consejero era Alberoni. 

Julio Alberoni, hijo de un jardinero de Fiorenzuola, 
en el ducado de Parma, nació el 30 de marzo de 4664. 
Su educación primera correspondió á la humilde con^ 
dicion de su cuna. En los primeros años ayudaba á su 
padre en las foenas de su oficio. A los doce entró á 
ejercer las funciones de monaguillo ó sacristán en una 
de las parroquias de Plaseñcia. Un clérigo, viendo su 
despejo y disposición, le enseñó á leer; después estu- 
dió en un colegio de religiosos regulares de San Pablo 
llamados Barbaritas adonde ya descubrió suestraordi* 



PAETK III, Limo TI 387 

naría capacidad, y en poco tiempo adquirió grandes 
coQocifDÍenbis en las letras sagradas y pro&nas. Su 
talento, sus modales, su viveza y flexibilidad le fueron 
grangeando protectores. 

Elevado á la silla arzobispal de Plasencia el conde 
de Barní, que fué uno de ellos, le nombró su mayor- 
domo, para cuyo cargo Alberoni no servia. Entonces 
el prelado le ordenó de sacerdote, dándole un bene- 
ficio en la catedral, y mas adelante le agració con una 
canongía. Habiendo acompafiado al sobrino de su pro- 
tector, conde de Barni, á Roma, aprendió allí, entra 
otras cosas, el francés, á que debió en gran parte su 
fortuna. Entró ya en relaciones con personas distin- 
guidas, especialmente con el conde Alejandro Ronco- 
vteri, encargado por el duque de Parma para confe- 
renciar con el de Vendóme, generalísimo entonces de 
las tropas francesas en Italia. La circunstancia de sa-p 
ber Alberoni francés, la cual influyó mucho en que 
Roneovieri le llevara consigo y le presentaría á Ven- 
dóme, unido á su amena conversación, á su carácter 
insinuante, y á su humor festivo, le proporcionó irse 
ganando las simpatías, el afecto y la confianza del 
príncipe francés, y aun de todos sus oficiales. Ven* 
dome le llamaba ya mí querido abate: en vista de lo 
cual, Roneovieri, á quien no gustaban los modales tos* 
eos del general, aconsejó al duque de Parma su sobe^ 
rano que trasmitiese á Alberoni el cargo de agente que 
él tenia: hizolo así el duque, y además dio á Alberoni 



38S HISTOftlA DB BSPAÜAr. 

una canongia en Parma con una decente pensioDr 
Cobróle Veudóme tanto cariño, que cuando salió 
de Italia se empeñó en llevarse consigo á su querido 
abate, y le presentó ya como un hombre de genio á 
Luis XI Vm qne le recibió con mucha amabilidad y 
consideración. Destinado Vendóme á Flandes, fué tam- 
bién allí Alberoni, y era su compañero y su secretario 
íntimo. Terminada aquella campaña, el monarca fran- 
cés, que vio ya en el clérigo italiano un hombre de su- 
perior capacidad y de gran consejo, le dispensó todo 
su favor y le agració con una pensión de mil seiscientas 
libras tornesas. Nombrado Vendóme generalísimo de 
las tropas de España , no quiso venirse sin su querido 
abate , cuyo talento y habilidad le eran necesarios 
para entenderse con la princesa de los Ursinos; y en 
verdad no podia haber elegido para ello un agente 
mas apropósito; así fué que no tardó en captara con 
su destreza y sus modales conciliadores el afecto de 
aquella princesa, conñdente íntima de los reyes, y 
alma entonces de la política española. Hízose también 
amigo de Macanaz, y á todos los puso en relaciones es- 
trechas de amistad con su protectora, sin olvidarse al 
mismo . tiempo de sus intereses personales, pues por 
• medio de Vendóme consiguió que el rey don Felipe le 
asignara una pensión de cuatro mil pesos sobre las 
rentas del arzobispado de Toledo ^^K 

(4) A propósito, dice Macanaz al pedir el duque esta pensión á 
en sus Memorias manuscritas, que Felipe le dijo que ponía sus pro- 



PABTB 111 • LIBRO VU 389 

Tuvo Atberoni el dolor de ver morir en sus bra- 
zos á Yendduie; y la falta de su protector, que se c^e- 
yó diera al traste con todos sus ambiciosos proyectos, 
vino á ser causa de su mas rápida elevación y fortuna. 
Porque habiéndose presentado en Versalles á dar cuen- 
ta á Luis XIV. del estado de España y de los planes y 
medidas que convenia adoptar, volvió á Madrid muy 
recomendado por el rey Cristianísimo. Supo gran- 
jearse la confianza del rey , de la reina, y de la 
princesa de los Ursinos; y cou su favor y sus manejos 
logró ser nombrado agente del duque de Parma en la 
corte española. Este cargo ejercía á la muerte de la 
reina María Luisa de Saboya, y ese mismo le dio oca- 
sión para insinuar á la de los Ursinos la conveniencia 
del enlace del rey con Isabel Farnesio de Parma. La 
gran parte que tuvo en la realización de este matri- 
monio, y la circunstancia de ser compatricio de la 
princesa y agente del duque de Parma, le abrieron la 
puerta al favor de la nueva reina, con cuya llegada 
empezó el verdadero poder de Alberoni. Porqu£>la 
caida de la princesa de los Ursinos le libertó de una 
rival temible, y el aislamiento en que la nueva esposa 
de Felipe se encontró en Madrid, despedida toda su 
servidumbre italiana, convirtió naturalmente á Albe- 

roni en el consejero áulico de Isabel. ^*K 

^ » 

pi06 méritos á la consideración gracia, y con «fecto se la acor Jó 

de S. M.jpues DO leniéodolos Ai- por este estraño medio. Momo- 

beroni, quería él darle los suyos, rias, cap, 180. 

i fíu de que le concediese esta (4) Posgialí, Uemorias históri- 



390 msTOftUk DE ispaKa. 

Tavo ya una gran parte en el cambio de gobiemo 
y en las medidas de qae atrás hemos hecho mención, 
aunque sin otro carácter todavía que el de consejero 
privado de la reina » y el de ministro de Parma, que 
era lo que le daba cierto título para asistir á los conse- 
jos de gabinete. Pero no podia satisfacer ol oscuro 
papel de consejero íntimo á un hombre de las aspira^ 
cienes, del fecundo talento, de la vasta comprensión» 

cas de Plasencia.— /Juan Ilosset, >lado como conTÍime é an baen 
Vida de Alberoni— Testamento «polilioo, rara yez dice lo qae 
político de Alberooi, atribuido á «piensa, y casi nuuca hace lo que 
Mambert de Gous«)t — San Felipe, »oiee.... Italiano, y por consi- 
Gomenlarios, — Macanaz^ Memo- »guiente sensible al cracl placpr 
rías. ^ >do la Teoganza, do sabe lo qoe es 
El principal b'ógrafo de este «perdonar cuando se leba ofendí- 
personage, después de elogiar so »uo, y si la ficción le obliga á di- 
talento, su habilidad, y otras »ferir la venganza, ea para tomar- 
prendas intelectuales en que to- > la con mas seguridad y de un 
dos están acordes, describe asi su » modo mas fuerte. .. . etc.»»Prdlo- 
carácter v conducta: «Mantiene el go á la yida de Alberooí. 
» puesto a que la fortuna ie ha Macanaz, amigo un tíeai|>o, y 
«elevado con Ja gravedad de un después enemigo de Alberoni,le 
»grande de España, pero sazona- retrata con las siguientes compen- 
»da con aquella astucia tan natu- diosas palabras: «Este abad es vi- 
tral á los italianüs, aue templa vo, de buen ingenio, ardidoso, 
»todo lo que la fiereza de un gran- adulador, envidioso, avaro, fur? o, 
«detiene do insoportable yofensí- y en fin, un italiano, que todo es 
> vo. En las funciones de su minis- menos lo que parece.» 
» torio sostiene todas las preroga- El escritor de su vida baoe el 
»tivas con una altivez que no le siguiente curioso retrato de su fi- 
» atrae el efecto de los grande:», sico: »E.s de pequeña estatura, 
Apero qoe no nace tanto de él co- >mas grueso que delgado; no tie- 
»mo de su dignidad. Laborioso »ne nada de bello en su fisonomía, 
» hasta el exceso.... se leba vis- «porque su rostro es demasiado 
vto muchas vece? trabajar diez y » ancho, y su cabeza muy grande, 
«ocho horas seguidas.... y de esta »Poro los ojos, ventanas del alma, 
»grande aplicación y de su natu- » descubren á la primer mirada to- 
>ral inclinación procede ese aleja- »da.la grandeza y elevaoion de la 
amiento de tr*ia diversión, de )»su][a, por su brillo, al cual acom- 
» cualquier género que sea. Tan »pana no sé qué dulzura mezcla - 
» afable oon los pequeños como or • »da de magostad, y sabe dar é su 
«gulloso con los grandes, siempre > voz cierta insinuante inflexión, 
»está seguro de ganar su afecto «que hace su conversación síem- 
«cuando le sea necesario. Díaimu- »pre agradable y seductora.! 



PAftTB 111. ¿limo Yl« 391 

de las elevadas concepcíoDes y de la grande ambicioa 
de Alberoni. Y conociendo el corazón, los deseos y 
las pasiones de ambos soberanos, la situación de la 
monarquía y sus vastos recursos, la energía del ca- 
rácter español sabiendo excitarla, las buenas disposi- 
ciones del rey á adoptar los planes y reformas que 
pudieran remediar los males del reino, y á levantar 
la nación á la altura de que en los últimos tiempos ha- 
bla descendido; comprendiendo en fin los elementos 
de que aun podia disponer, se propuso elevarse á sí 
mismo á la grandeza de un Richelieu, y volver á la na- 
ción española el engrandecimiento que babia tenido 
en tiempo de Felipe II. cSi consiente V. M., le decía 
al rey, en conservar su reino en paz por cinco años, 
tomo á mi cargo hacer, de España la mas poderosa 
monarquía de Europa.» 

Abrióle el caooúno para sus miras el nacimiento de 
un nuevo infante de España, que la reina Isabel dio á 
luz (20 de enerOt 4716), y á quien se puso por nom- 
bre Carlos, siendo padrinos, Alberoni á nombre del 
duque de Parma, y la condesa de Altamira, camarera 
de la reina, á nombre de la viuda de Carlos II. que se 
hallaba en Bayona. 

El nacimiento de este infante, con los derechos 
eventuales de su madre á los ducados de Parma y de 
Toscana, dio nuevos celos al emperador^ que trabajó 
cuanto pudo, aunque sin éxito, por vencer la repug* 
uancia del príncipe Antonio de Parma al matrimonio, 



ád2 HISTORIA DB BSPá^A. 

para evitar que en niagun castf pudiera ía reina Isa- 
bel heredar a(|ael estado; asi como avivó las anticipa- 
das miras de la reina respecto á la futura colocación 
de su hijo, para cuyos planes parecióle que ningún mi* 
nistro sería mas á propósito que Alberoni, y fué la 
causa de darle cada vez mas autoridad é intervención 
en tos negocios. No se limitaban á esto los proyectos 
de Atberoni, sino que se extendiai^ á restablecer el 
dominio del rey Católico en los Estados de Italia, ó 
usurpados por el emperador, ó cedidos por los trata- 
dos de Utrecht. Favorecíale para esto la opresión en 
que el Austria tenia á Ñápeles y Milán» y el descon- 
tento de los naturales. Veíase por otra parle el em- 
perador obligado á detener los progresos del turco, 
que tomaba á los venecianos la Morea y amenazaba 
su mismo imperio; pero no se atrevía á sacar sus tro- 
pas de Italia para emplearlas en la guerra contra Tur- 
quía, por temor de que entretanto se arrojaran los 
españoles sobre Italia, y le arrebataran aqueHos sus 
antiguos dominios: ni se atrevió tampoco á ofrecer á 
los venecianos el socorro que le pedían, mientras ellos 
DO hiciesen una liga ofensiva y defensiva con el Im- 
perio para defender los Estados de Italia en caso dé 
ser atacados. Por último á instancias del emperador 
reclamó el Santo P^dre el auxilio de las potencias 
cristianas para que concurriesen á libertar la isla de 
Corfú, sitiada y apretada por los ejércitos y las naves 
del Sultán (julio, 1716). Alberoai, á quien convenía 



I 



^AETB III. LlBttO VI. 393 

tener congraciado al ponlíGce, con el designio que 
luego veremos, hizo que la corte de España enviara 
en ayuda de Yenecia sus galeras mandadas por don 
Baltasar de Guevara, con mas seis navios de guerra 
al mando del marqués Esteban Mari. Levantó el sitio 
la armada turca (agosto, 1716), salvóse Corfú, y el 
papa quedó muy agradecido á Aiberoni. 

Estorbábale ya á éste la autoridad que en la cor- 
te de Roma y en la de España tenia el cardenal Giúdi* 
ce, inquisidor general y ayo del príncipe heredero. La 
empresa de derribar este personage, recien repuesto 
en la gracia del rey y que á la sazón negociaba con 
el pontífice, hubiera parecido ardua, ya que no impo- 
sible, á un hombre de menos resolución, y de menos 
habilidad y recursos que Alberoni. Pero el astuto aba- 
te logró persuadir á la reina de que el cardenal en- 
cargado de la educación del príncipe le estaba imbu- 
yendo sentimientos de desafección á la esposa de su 
padre, y ann de poco amor al mismo rey. Bastó esto 
para que le fuera quitado á Giúdíce el cargo de ayo, 
só pretesto de ser una ocupación que le embarazaba 
para cumplir con las obligaciones de inquisidor gene * 
ral, y se nombró ayo del príncipe al duque de Pópoli. 
Sentido de esta medida el cardenal, hizo renuncia del 
empleo de inquisidor, que le fué admitida por el rey 
y por el pontífice, y fué nombrado en su lugar don 
José Molinos, decano de la Rota, que había tenido á 
su cargo en Roma los negocios de España desde la sa- 



394 HISTORIA DB BSPAÍÍA. 

lida del duque de Uceda. Retiróse Giúdice de España, 
y dejó á Alberoni dueño del poder que él no había sa* 
bklo conservar. 

Fallaba á Alberoni revestirse de la púrpura car- 
denalicia, objeto preferente de su ambición» y esto 
fué lo que se propuso, siguiendo su sistema de hala- 
gar al pontífice. Ofrecíanle buena ocasión para ello las 
negociaciones pendientes, y de las cuales se hizo él 
cargo, para arreglar las antiguas. controversias entre 
España y Roma, que tenian cerrado el comercio entre 
ambas cortes, asi como los tribunales de la dataría y 
nunciatura, y para reanudar las interrumpidas reía* 
clones y ajustar un concordato. Admirables fueroa 
las sutiles maniobras y la fina sagacidad con que supo 
conducir Alberoni este negocio, y de que daremos 
cuenta en ptro lugar al tratar de esta cuestión ruido- 
sa. Mas como quiera que el pontífice difiriese la inves- 
tidura del capelo, y Alberoni por su parte suspendiera 
el arreglo de las disidencias con Roma hasta que aquél 
viniese , este negocio fué causa de que ocurrieran 
entretanto nuevas y mas graves complicaciones. 

El emperador, victorioso del turco, se creyó bas- 
tante fuerte para romper el tratado de neutralidad de 
Italia, y metió sus tropas en territorio de Genova, 
exigiendo contribuciones á su discreción y albedrío. ^ 
El marqués de San Felipe, ministro de España en Gé- 
nova, insinuó al gobierno de la república que su rey 
le socorrería con las armas, si quería resistir á las del 



PABTB 111. LIBRO VI. 305 

emperador y sacudir sa servidumbre. Ai mismo tiem« 
po vigilaba el emperador de qd modo ofensivo á los 
duques de Parma y de Toscana; trataba con el de Sa* 
boya para que le cediese la Sicilia» dándole un equi- 
valente en dinero y algún territorio en Milán; y mien- 
tras de este modo iba tejiendo lazos á la Italia , cele* 
braba con Inglaterra un tratado de alianza orensiva y 
defensiva» con una cláusula que contenia la garantía 
de las adquisiciones que cada una de las dos potencias 
pudiera hacer en lo sucesivo. Recibieron con asombro 
y con indignación Felipe V. y Alberoni la noticia de 
este tratado, cuando precisamente los halagaba la es^ 
peranza de contar con Inglaterra para llevar á efecto 
sus planes sobre Italia. Felipe lo miró como una afren- 
ta y un engaño» y reconvino duramente á Alberoni 
por su ligereza y su confianza en el tratado último que 
habia hecho con Inglaterra. Pero nunca estuvo Albe- 
roni ni mas disimulado ni mas sagaz que en la con- 
ducta que después de esta transacción diplomática 
observó con los ingleses, fingiéndose su amigo, y des* 
portando alternativamente sus esperanzas y sus temo- 
res^ suspendiendo la ejecución del último tratado de 
comercio hasta neutralizar los efectos del que ellos 
habían hecho con el emperador. Pocas veces se ha 
visto emplear un disimulo mas profundo y una destre* 
za mejor combinada, al estremo que el mismo minis- 
tro inglés se mostró vivamente interesado en que se 
diese la púrpura romana á Alberoni» mirándolo como 



396 HISTORIA DB ESPAÑA. 

el térmiao de todas las dificultades, y como el princi- 
pio del restablecimiento de las buenas relaciones en- 
tre España é Inglaterra ^^K 

Por otra parte los armamentos del turco y los mo- 
vimientos de sus escuadras inspiraran nuevos y muy 
graves temores al pontífice^ que recelaba volviese á 
emprender el sitio de Corfú y temblaba por la suerte 
de Italia; por laque, á instancias de S. S. se preve- 
nían y armaban fuerzas en España, al parecer, para 
enviarlas contra el turco y en socorro de los venecia- 
nos. Pero ni los socorros eran enviados á Venecia, ni 
eran invadidos los Estados de Italia que poseía ó que 
oprimía el emperador, que eran los dos objetos á que 
podían atribuirse los armamentos españoles, ni enten- 
día nadie los fines políticos de Alberoni, que era quien 
lo manejaba todo, y con quien todos los embajadores 
se entendían, sin tener carácter de ministro, ni otro 
título que la confianza y la influencia que el rey y la 
reina le dispensaban; lo cual le servia maravillosa- 
mente para desentenderse y descartarse con los em- 
bajadores de todo aquello que no le convenia conce- 
der, escudándose con las dificultades y la oposición 
que fingia hallar en los ministros. 

Nadie esplicaba la conducta de este confidente de 

{\) Este es uno de los asaotos correspondencia diplomálica, bas- 
que trata estensamente William ta qué punto fué diestro Alberoni 
Goxe, en los capítulos 24 y 25 de para entretener á los ingleses y 
la «España bajo el reinado de la desvirtuar los efectos de su con- 
cisa de Borbon.8 Aili puede verso venío con el Austria. 
en 8U8 pormenores, sacados de la 



PARTB III. LIBRO VI. 397 

los reyes de España. En vanó Francia, Inglaterra y 
Holanda unidas ofrecian á Felipe V. su mediación pa« 
ra un arreglo entre España y el Imperio» sobre la ba- 
se de la reversión de Parma y Toscána á los hijos de 
la reina Isabel: la proposición era rechazada por Fe- 
lipe y Alberóni. Seguian los preparativos militares en 
España con la mayor actividad, y sin embargo no 
iban los socorros á Roma y Venecia contra el turco, y 
por otra parte se mostraba Alberoni decididamente 
opuesto á invadir la Italia y á hacer la guerra al Aus- 
tria, contra los deseos del mismo rey don Felipe. 
Nadie pues podia calcular para qué eran tantos apres* 
tos de guerra . 

Sucedió en esto que al venir á España nuestro 
ministro en Roma don José Molinos, nombrado in- 
quisidor general, á su paso por el Milanesado fué 
preso por el gobernador austriaco, encerrado en la 
cindadela de Milán, y enviados sus papeles á Yiena, 
no obstante llevar pasaporte del pontífice y seguro 
verbal del embajador de Austria (mayo, 1717). Co- 
municó el marqués de San Felipe al rey este atentado 
representándole como una nueva y escandalosa in- 
fracción de la neutralidad de Italia, que exigía una 
declaración de guerra al emperador. Inflamó en efec- 
to el ánimo del rey la noticia de semejante ultrage, y 
resentido como estaba ya con el de Austria no pensó 
sino en vengar tamaña injuria. Mas como encontrase 
siempre á Alberoni tenazmente opuesto á la guerra de 



398 insTOftu d« bspaAa. 

Italia, pidió dictamen al duqae de Pópoii, el coal, 
penetrando el deseo y la voluntad del rey* como buen 
cortesano espresó por escrito su opinión favorable á la 
gnerra. Gontradíjola y la impugnó enérgicamente Al- 
beroni, esponiendo que no tenia España fuerzas para 
apoderarse de Ñápeles ni Milán , ni estaba en el caso 
de descontentar á Francia y á las potencias marítimas 
que habian ofrecido su ' mediación» y que por otra 
parte el rey no podía fallar á la palabra dada al pon- 
tífice de socorrer á los venecianos ^^^ Esto último de- 
cíalo Alberoni para que llegara á oidos del papa por 
medio del negociador de la púrpura Aldrovandi, y te- 
ner así entretenido y esperanzado al pontífice. Por lo 
demáSf si el sagaz abate resistia ó nó á los proyectos 
de la guerra de Italia tanto como aparentaba esterior- 
mente y por escrito, ó si él mismo la premeditaba y 
preparaba, y concitaba á ella secretamente al rey, 
punto es de que algunos dudan todavía á vista de 
ciertos datos contradictorios que sobre ello han queda- 
do, bien que los que tenemos por mas auténticos nos 

(4) «¿Qaé dirían losbolande* Sarniento tan horroroso , señor 

ses si vieran semejante agresión daque, el de poner á sabiendas á 

(deoia el astuto abate al duaue de dos soberanos jóvenea y cando* 

Pópoli). precisamente coando pa* rosos en tan terrible oonflicto! 

recen dispuestos á unirse á Bspa- Seamos francos; seria dür ocasioa 

ña y reconciliar al rey con el em- á toda Europa para que dijera que 

peradorT ¿Que diría Francia, que varios loeo9 üahano$ por amor á 

ofrece decidir á las potencias ma- su pais han incitado al rey á con- 

ritímas ¿ asegurar al príncipe sumar la total desolación v mina 

Carlos los Estados de Pama, Pía- de España.»— Carta de Alberoni 

sencia y ToscanaT ¿Qué diría tam- at duque de Pópoli, en la vida de 

bien Inglaterra , que conoce y Alberoni escrita en italiano, 
apoya este arreglo? ¡T qué pen« 



PABTB 111. LIBRO V!. 399 

inducenii creer no haber sido él el iosligador de la 
guerra, y que al contrario trabajó con afán por evitar 
el rompimiento ^^K 

Al ñn vino el capelo y se arreglaron las antiguas 
controversias entre España y Roma por medio de una 
convención, redocida á muy pocos artículos, pero en 
que quedaban sacrificadas Ids regalías de la corona 
de España, concediéndose al pontífice lo que queria, 
(funio, 1717), y abriéndose de nuevo el comercio en- 
tre ambas cortes, corriendo todo como antes. 

Tan pronto como Alberoni se vio investido de la 
codiciada púrpura, comenzó á obrar con toda libertad 
y desembarazo, y con una actividad prodigiosa apre- 
suró los preparativos de guerra, enviando á Barcelona 
al intendente general de Marina don José Patino, amigo 
y confidente suyo, para que tuviese prontas las naves 
y las tropas que en aquel puntóse reunian. Nadie 
sabía el objeto de la espedicion que parecía prepararse, 
ni Alberoni le revelaba á nadie, y si algo dejaba tras-^ 
lucir era que se dirigía contra el turco, cuya especie 
no era ya creída. Con mucha política y con muy bue- 
nas palabras procuraba desvanecer los recelos y sos- 
pechas de ingleses y franceses, lisonjeando á unos y 
á otros; y cuando toda Europa se hallaba inquieta, 
Inglaterra temiendo una invasión del pretendiente de 

(4) Correspondencia del mí- la Haya.^San Felipe, Comento- 

nistro inglés Doddington.—Hísto- ríos, tom. 11.— Beiando, Hist. Gi* 

ría del cardenal Alberoni en ita- tíI, Part. IV. 
liano.— Vida de Alberoni , ed. de 



400 mSTORlA DB ESPAfCA. 

aquel reino» Austria temblando por Ñapóles, el duque 
de Saboya por Sicilia, Genova por sus mismas cosías, 
el Santo Padre soñando en un golpe decisivo contra los 
infieles, y España misma disgustada y zozobrosa, 
vióse partir de Barcelona la armada, compuesta de doce 
buques de guerra y ciento de trasporte^ al mando del 
marqués Esteban Mari, y de nueve mil hombres man- 
dados por el marqués de Lede. 

Solo entonces declaró Aiberoní que aquellas fuer- 
zas iban destinadas contra el emperador, mas sin re- 
velar el punto á que las dirigía. Ya se habia dado la 
armada á la vela cuando publicó el marqués de Gri- 
maído un manifiesto para todos los ministros de las 
cortes estrangeras, espresando las provocaciones y 
agravios recibidos del emperador que hablan movido 
al rey Católica á continuar la guerra contra él. El em- 
perador se quejó fuertemente al papa, y pretendía que 
quitara el capelo á Alberoni y derogara las bulas de 
concesión del subsidio al rey de España. El papa se 
indignó contra Alberoni, de quien decia que le había 
engañado y burlado á la faz de Europa, mas no iia- 
llaba manera de deshacer lo hecho, ni le quedó otro 
recurso que escribir muy resentido al rey don Felipe, 
en un breve que se publicó por todas las naciones, 
pero que al menos por entonces no llegó oficialmente 
á manos del rey Católico, acaso por industria de AU 
beroni ^*K 

(I) Poseemos copia de esta carta (y Macaoaz la inserta también á 



PARTE Ul. LIBRO VI. , 404 

La espedicion se enderezó contra €erde5a ^^\ que 
gobernaba á nombre del emperador el marqués de 
Rubí, el mismo que babia tenido á Mallorca por el 
austríaco. Los vientos impidieron que la escuadra lle- 
gase á tiempo de poder rendir á CagliaK sin resisten- 
cia: túvole el gobernador para prevenirse y reforzar 
la guarnición, y tardóse algo mas de lo que se creía 
en craquistarla. Entretanto el marqués de San FelipCt 
escribiendo cartas por todo el reino, iba trayendo á la 
obediencia del rey todo el pais abierto, inclusas las 
ciudades, á escepcion de las plazas fuertes y cerra- 
das. Eran éstas principalmente Cagliari, Caslél Ara- 
la p. 599 de sus Misceláneas ma- nsameote la causa del nombra crís- 
Duscritas), dirigida por Glemoo- »tiano) aguardaba con i ropaciencia 
te XI á Felipe V., fecna 8 de agosto »U unioo de los referidos navios, 
de 4747: la cual empezaba asi: >por hallarse muy fatigada de los 
«Muy querido hijo en J. C. salud y «sangrientos últimos combates da- 
)>bendicion apostólica. No dudando » dos en el Archipié.ago: V. M. 
>de ningún modo de la seguridad «mediante lo espresado , puede 
>aue (mas de una vez) nos tenia njuzgar el dolor que nos han cau- 
»dada V. M. de que los navioB da «sa do ios voces esparcidas después, 
«guerra, que con tanta instancia > de que los navios de V. M. no ha- 
«leniamos pedidos á V« M. y los sbían tomado la derrota que nos 
» hizo equipar, estaban destinados »ha señalado, sino otra directa- 
»para socorrer poderosamente la «mente contraria á sus promesas. 
»armada cristiana contra los tur- «De suerte que la religión cris- 
»Ges, persuadidos ¿ esto por con- >tiana no puede esperar socorra 
«tribuir ala gloría de V. M. dimos »a1gtioo sino al contrario tener 
> al punto parte de ell^ en consisto-» » consecuencias muy peligrosas. . . . 
» rio ¿ los hermanoscardenales de la «etc.» 

» Santa iglesia Romana, como tam- (1) Alberoni solo habia dado 
Dbien de lo que después se nos conocimiento anticipado de ella al 
«participó de parte de V. M. de marqués de San Felipe, que como 
» que estos navios se habían puesto natural de aquella isla podia ayu- 
na lávela para ir á levantar y so9- darle mucho en su recuperaciun, 
«tener la causa común, como nos y le envió para su gobierno copia 
» lo tenia V. M. prometido, cuanto de la instrucción que llevaba el 
»lo deseábamos con ardor por el marqués de Lede. — San Fel:pe, 
«aviso do que la demás armada Comentarios, tom. U* 
• (auaquo habia defendido vigoro- 

Tomo xviii. 26 



402 HISTORIA DE BSVilAl. 

gonese y Aigheri. Pero todas se fueron rindiendo, no 
sin trabajo ni fatiga del ejército español, que ademas 
de las operaciones de los sitios sufrió las penalidades 
de largas marchas, expuesto á los maléficos influjos 
del aire insalubre de aquella isla en medio de los ca- 
ores del otoño. Sin embargo, á principios de noviemr 
: re (1717) so hallaba ya sometida toda la isla; el mar- 
ines de Lede, después de dejar tres mil hombres de 
¿guarnición y por gobernador á don José Armendariz, 
chó la vuelta con el resto del ejército á Barcelona, y 
el marqués de San Felipe se restituyó también á su 
ministerio en Genova. Celebróse en Madrid con gran 
júbilo la recuperación de un estado q^ue habia sido de 
España tanto tiempo, y este principio se tuvo por feliz 
presagio de las hostilidades emprendidas contra el 
emperador ^^K 

Asi, aunque el cardenal no hubiera sido el autor 
de esta espedicion, ni la conquista de Gerdena fuese 
por sí sola de grandes consecuencias, despertó por 
una parle al emperador, que no dejó de reclamar el 
apoyo de las tres potencias aliadas, por otra alentó á 
Alberoni á seguir el próspero vieq,to de la fortuna 
preparándose para mayores empresas. Estos prepara- 
tivos los hizo con una actividad que asombró á todo el 
mundo, y en tan grande escala, que nadie concebía 

(4) Belando, Historia Civil, P. maDuscrítas para la Historia del 

lU. cap. 35 á 39.— San Felipe, Go- sobierno de EspaSa.— Gacetas de 

meniarios, tom. II.— -Maoanaz, ea Madrid de 4717. 
>arioii lugares de sus Memorias 



PARTB 111. UBRO Yl. 403 

cómo de una nacioo poco antes exhausta y agotada, y 
tan trabajada recientemente de guerras interiores y 
exteriores, podían salir recursos taii gigantescos. Por- 
que de todo se hacía provisión en abundancia; armas, 
moniciones, artillería» tropas, vestuarios, naves, ví- 
veres, caballoSf todo se levantaba, acopiaba y orga- 
nizaba con tal presteza, que á propios y estraños cau- 
saba maravilla* Hasta los miqueletes de las montañas 
de Cataluña y Aragón, pocos años antes tan enemigos 
del rey don Felipe» supo atraer con su política Albe- 
roni, y formar con ellos cuerpos disciplinados: hasta 
de los contrabandistas de Sierra Morena hizo y orga- 
nizó dos regimientos. Ni en los tiempos de Fernando 
el Católico, de Carlos V. y de Felipe 11. se aprestó 
una expedición tan bien abastecida de todo lo necesa- 
rio y en tan breve tiempo, siendo lo mas admirable 
que para tan inmensos gastos no impusiera al reino 
nuevas contribuciones; y es que, como dice un autor 
contemporáneo, nada apasionado del cardenal, quiso 
Alberont hacer ver al mundo á dónde llegaban Jas 
fuerzas y recursos de la monarquía española cuando 
era bien adminiibrado su erarlo ^^\ 

Y es que también, ademas del impulso que supo 
dar á todos los resortes de la máquina del Estado, y 
de las severas reformas económicas que hizo en todos 
los ramos y en todos los establecimientos públicos, 

(I) El marques de San Felipe, Gomeatarios, tom. IL 



404 HISTORIA DB ESPAÑA. 

sin cscepluar la real casa, despertóse de tal modo el 
patriolismo de los españoles, que todo el mundo acu- 
día presuroso á socorrer al gobierno con donativos vo- 
luntarios; y tampoco dejó de percibir las contribucio- 
nes eclesiásticas, no obstante haber revocado el papa 
las bulas en que había otorgado el subsidio. Porque 
el papa, vivamente resentido del proceder del rey y 
de Alberoni, é instigado y, apretado por los alemanes, 
se condujo de modo que volvió á romperse la recien 
restablecida armonía entre España y la Santa Sede, á 
prohibirse otra vez el comercio entre ambas cortes y 
á cerrarse la nunciatura ^^K 

Recelosas Francia é Inglaterra del grande arma- 
mento que se hacia en España, trabajaron á fin de 
evitar la guerra, y al efecto enviaron á Madrid, la 
una al coronel Stanhope, la otra al marqués de Nan- 
eré, con proposiciones para un arreglo con el empe- 
rador, que consistia en reconocer los derechos de la 
reina á los ducados de Parma y Toscana, consintiendo 
el rey en cambio en la cesión de Sicilia. Mas contra 
la esperanza general la proposición de los dos minis- 
tros fué recibida por Alberoni con altivo desprecio. 
Lo de Parma y Toscana era en concepto del cardenal 
poca cosa para satisfacer á su soberano; echábales en 
cara que al firmar la paz no habian cuidado de esta- 

(1) BelanJid, Historia Civil, »P. acaecidos entre las cortes de Es- 

IV. cap. 20 y 21. — San Felipe, Co- pana y R ¡ma, MS. — Diremos mas 

mentario3 , tom. 111. — Macanaz, adelante cómo fué este nuevo rom- 

RelacioD histórica de los sucesos pimiento con la Santa Sede. 



PAETB ni. LIBRO VI. 405 

Uecer el eqoiiibria europeo, y negábase á consentir 
en ningún género de transacción, mientras al empe- 
rador se le conservara tanto poder, y no se le impóst- 
bililára de turbar la neutralidad de Italia. Y solo á 
fuerza de instancias y empeños pareció consentir Ai- 
beroni en los preliminares propuestos por los minis- 
tros inglés y francés, y en enviar un plenipotenciario 
español á Inglaterra ^^K 

Mas como el gobierno de la Gran Bretaña se con- 
venciese de que las palabras de Alberoni no tenían 
otro objeto que ganar tiempo y entretener á ios alia- 
dos, dejó de contemporizar y resolvió obligar á Feli- 
pe á dar su consentimiento, decidido en otro caso á 
tratar con el emperador para emprender la guerra de 
España. El ministro francés se conducía con otra polí- 
tica. Al tiempo que Nancré trataba con mucha consi* 
deracion á Alberoni, Saint Aignan fomentaba el parti- 
do de los descontentos, obrando uno v otro con arre- 
glo á instrucciones del regente. Pero Alberoni, á cuya 
perspicaz penetración no se ocultaba esta doblez del 
regente de Francia, le corraspondia excitando contra 
él las sospechas de la grandeza española y los celos 
del embajador británico . 

Al 6n la Inglaterra, fingiéndose cansada de tantas 
dilaciones, y so pretesto de que la ocupación de Ger- 
deña era una violación de la neutralidad de Italia que 

(4) Cartas de Slanhope y Doddiastoa al lord Staobope. 



406 HI8T0BIA DB BAFASa* 

ella estaba encargada de garantir, y de que la cesión 
de Sicilia había sido uno de los principales artículos 
de los tratados de Utrecht, se decidió abiertamente á 
equipar una escuadra que cruzase el Mediterráneo y 
protegiera las costas de Italia, suponiendo que tan 
considerable armamento impondría á la corte española 
y detendría sus planes. Esta medida produjo una nota 
acre y virulenta de nuestro embajador Monteleon, 
inquietó vivamente á Felipe» y exasperó á Alberoni, 
el cual escribía, entre otras cosas no menos fuertes: 
«Cada dia anuncian los diarios que vuestro ministerio 
no es ya inglés, sino alemán; que se ha vendido baja* 
mente á la corte de Yiena; que por medio de intrigas, 
tan comunes en ese país, se trata de armar nn lazo á 
esta nación.» Y amenazaba con que su soberano no 
cumpliría el tratado de comercio hecho últimamente 
tan en ventaja de Inglaterra hasta conocer el verda* 
dero objeto de aquellos preparativos y ver el desen- 
lace de aquel drama (abril, 1718). 

Tocó entonces otro resorte Alberoni: con el fin de 
indisponer al emperador con el rey de Sicilia, Víctor 
Amadeo, y poner á éste en el caso de entregar por s( 
mismo aquel reino á España, ofrecióle cederle los de- 
rechos del monarca al Milanesado, y para que pudie- 
ra apoderarse de él, España le daría quince mil hom- 
bres y un millón de reales de á ocho para los gastos 
de la guerra, atacando entretanto el reino de Ñápeles 
para distraer las fuerzas del imperio. Y de intento 



PARXB 111. LIMO VI, 407 

dejó AlberoQÍ traspirar estas proposicíooes para hacer 
al saboyana sospechoso al emperador y á los gobier- 
Bos de Francia é Inglaterra. Pero Viclor Amadeo, que 
penetró las intenciones del cardenal, porque no le faU 
taba perspicacia, que esquivaba meterse en una em- 
presa de muy difícil éxito» dado que las palabras de 
Alberoni le fuesen cumplidas, porque sabía ademas la 
alianza que se estaba tratando entre Inglaterra, Fran- 
cia y el Imperio» contestó al ministro español propo*- 
niéndote condiciones inaceptables, y que revelaron al 
cardenal la desconfianza que en él tenia y su pasa dis- 
posición á entrar en su plan, al cual por lo. mismo re- 
nunció también Alberoni W. 

Mas no renunció á buscar en todas partes enemi«- 
gos y suscitar embarazos á las potencias aliadas. Ofre- 
ció auxilios de dinero al rey de Suecia, si hacía una 
guerra que distrajera las armas de la casa de Austria: 
trató al mismo fin con el agente del rey do Polonia en 
Venecia: siguió correspondencia con Rugottki, sobera-*- 
Bo desterrado de Transilvania: fomentó en Francia las 
facciones de los descontentos con el duque de Orleans: 
atizaba las discordias intestinas de Inglaterra, y avi- 
vaba los celos comerciales de los holandeses, á quie- 
nes procuraba seducir con la esperanza de que conse- 
guirían los mismos privilegios que se habiau concedí- 



(4) Carta de don Miguel Fer- Belando, P. IV. cap S4.— San Fe- 
naudez Duran al marques de Vi- Upe, Comentarios, tom H. 
HanMyor, eoobaiador en Turin: en 



408 niSTomiA de esvaSa* 

do á la Gran Bretaña. Y no obstante el poco efecto de. 
alganas de estas gestiones, y lo infructuoso de otras; 
y á pesar de los artículos convenidos entre ias poten- 
cias de la triple alianza contrarios á los proyectos del 
monarca español y de su ministro; y sin embargo de 
los preparativos de la armada inglesa» y de tener el 
emperador en Alemania ochenta mil hombres, á la sa- 
zón desocupados y dispuestos á caer sobre Italia, AU 
beroni, con un valor que parecia incomprensible, no 
quiso desistir de su empeño, y fiando su grande em- 
presa, parte á la habilidad y parte á la fortuna, man- 
dó salir de Barcelona la armada que dispuesta tenia 
(18 de junio, 1718), compuesta de veinte y dos navios 
de línea, tres mercantes armados en guerra, cuatro 
galeras, dos balandras, un galeote^ y trescientos cua^ 
renta barcos de trasporte: iban en ella treinta mil hom- 
bres, al mando del marqués de Lede, de ellos cuatro 
regimientos de dragones, y ocho batallones c^e guar- 
dias españolas y walonas, «gente esforzada, que cada 
soldado podia ser un oficial,:» dice un escritorde aquel 
tiempo. aNunca se ha visto, añade el mismo, armada 
mas bien abastecida; no faltaba la menudencia mas 
despreciable, y ya escarmentados de lo que en Cerde- 
ña habia sucedido, traian ciento cincuenta y cinco mil 
faginas, y quinientos mil piquetes para trincheras; se 
pusieron víveres para todo este armamento para cua- 
tro meses. » 

«Las grandes potencias de Europa, dice un bisto- 



PARTB III. LIBBO VI 



409 



ríador estrangero , vieron cod asombro que España, 
como el león 9 emblema de sus armas, despertaba tras 
de un siglo de letargo, desplegando un vigor y una 
firmeza digna de los mas brillantes tiempos de la mo- 
narquía, haciendo temer que se renovase una guerra 
á que apenas acababa de poner término el tratado de 
Utrechtí*).» 

En otro capítulo daremos cuenta del resultado de 
esta célebre expedición. 



(1) WiUiam Goxe, España bajo cap. 28. 
el reinado de la casa de Borbon, 



CAPITULO XI. 



ESPEDIGION NAVAL A SIOUA. 



■•A OOA»Alin.B AIiIAÜBA. 



caída de alberoni. 



• 1718 4 1720. 



Progresos de la espedicíoo. — ^Fáciles conquistas de los españoles eo 
Sicilia.— «Aparécese la escuadra inglesa.— Acomete y derrota la es- 
pañola. — Alianza entre Francia, Austria é Inglaterra. — Proposicíoo 
que hacea á España. — ^Recházala bruscamente Alberoni. — Quejas j 
reconyenciones de España á Inglaterra por el suceso de las escua- 
dras. — ^Represalias.—- Declaran la guerra los ingleses. — ^Intrigas de 
Alberoni contra Inglaterra.— Conjuración contra el regente de Fran* 
cia. — Cómo se descubrió.^-Medidas del regente. — Prisiones. — Ma- 
nifiesto de Felipe V. — Francia declara también la guerra á Espa- 
ña. — Campaña de Sicilia. — Combate de Helazzo. — Los imperiales. 
— ^El duque de Saboya.— Cuádruple alianza. — ^España sola contra 
las cuatro potencias. — ^Desastre de la armada destinada por Albero- 
ni contra Escocia. — Pasa uú ejército francés el Pirineo. — Sale Fe- 
lipe V. á campaña. — Apodéranse los Tranceses de Fuenterrabfa y 
San Sebastian.— Prostradas. esperanzas de Felipe.— VueWe apesa- 
dumbrado á 'Madrid.— Invasión de franceses por Cataluña.— Toman 
á Urgel. — Sitio de Rosas. — Contratiempos de los españoles en Si- 
cilia. — Admirable valor de nuestras tropas. — Armada inglesa en 
Galicia.— Los bolandeses se adbieren á la cuádruple alianza.- 



PAETB III. LIBEO VI. 4l f 

cae Albercmt de la gracia del rey.— Esfuerzos que hace por soste- 
nerse. — GoDJúraDse todas las potencias para derribarle. — Póneolo 
como coodicioD para la paz. — Decreto de Felipe expulsando á AI- 
bepooi do EepaSa.— Salida del cardenal.— Ocúpaose aua papeles.— 
Breve resena de la vida de Alberoni deade tu salida de España. 



Todo lo perteneciente á la espedicion queenet 
anterior capítolo^dejamos dada ala vela, ha bia cor- 
rido á cargo de don José Patino, intendente general 
de mar y tierra, hombre de la mayor confianza de Al- 
beroni, y á quien éste había conferido plena autori- 
dad, asi para los aprestos y organización de la arma- 
da, como para sus operaciones, tanto que los gefes de 
la espedicion llevaban instrucciones de obedecerle en 
coantas órdenes les diera en nombre del rey. Hablase* 
les también prevenido que los pliegos que llevaban no 
los abriesen sino en días y lugares determinados: con 
todo este misterio se conducía aquella empresa. 

Abrióse el primer pliego en Cerdeña, en la bahfa 
de Cagliari (Gallér), donde se les unió el teniente ge- 
neral Armendariz con las tropas que allí tenía, y jun- 
to todo el armamento siguió su rumbo á Sicilia, hasta 
dar fondo en el cabo de Sálenlo (1.^ de julio, 1718)^ 
donde desembarcaron las tropas. Abrióse allí el otro 
pliego, y se declaró al marqués de Lede capitán gene- 
ral de aquel ejército y virey de Sicilia. A los dos días 
marchó la expedición sobre Palermo: el conde Maffei 
que la gobernaba se retiró á Siracusa, dejando gnar« 
nicion en el castillo. Gran parle de la nobleza siciliana 



41 SI HISTORIA DE ESPAÑA. 

acudió á presentarse al marqués de Lede, y los dipo- 
tados de la ciudad salieron á ofrecerla al rey Católico, 
pidiendo solo que les fueran conservados sos privile- 
gios. Los españoles entraron en la ciudad, y batido el 
castillo, se rindió á los pocos dias á discreción (43 de 
julio, 1718). Destacáronse fuerzas sobre varias plazas 
y ciudades de la isla. Tomóse Gastellamare: al blo- 
quear á Trápani vinieron las milicias del pais á unirse 
con los españoles, matando ellas mismas á los piamon- 
teses: la ciudad de Catana hizo prisionera la guarni- 
ción piamontesa y aclamó al rey don Felipe: en He* 
sina el pueblo mismo la hizo retirar á ia cindadela: 
Términi y su castillo se rindieron á disorecion (4 de 
agosto); y Siracusa, desamparada por Maffei, fué ocu- 
pada por don José Vallejo y el marqués de Villa-Ale- 
gre. Las galeras sicilianas se refugiaron á Malta» don- 
de acudió don Baltasar de Guevara á pedirlas al Gran 
Maestre, el cual se negó á entregarlas diciendo que 
aquél era un territorio neutral, y él no era juez de las 
diferencias de los principes. 

Con esta rapidez y con tan felices auspicios mar- 
chaba la conquista de Sicilia, cuando se presentó en 
aquellas costas la escuadra inglesa, mandada por el 
almirante Jorge Byng, y compuesta de veinte navios 
de guerra, el que menos de cincuenta cañones. Y co- 
mo estaba ya acordada por las potencias la trasmisión 
de Sicilia al emperador, el almirante inglés protegió 
el paso de tres mil alemanes á reforzar la cíudadela 



r 
I 



FABTB III. UBRO Vl« 443 

de Mesioa. Con esto los españoles se relira roa hacia el 
Mediodía. Propúsoles Byng una suspensión de armas, 
y como no fuese aceptada, se hizo á la vela, y encon- 
tráronse ambas escuadras (1 1 de agosto) en las aguas 
de Siracusa. Aun no se presentaban los ingleses abier- 
tamente como enemigos, porque habiéndose quejado 
cI marqués de Lede á un oficial enviado del almirante 
de qoe hubiese escoltado tropas alemanas, respondió 
que aquél no era acto de hostilidad^ sino de protección 
á quien se amparaba del pabellón británico. Acaso 
cierta credulidad de los españoles en este dicho fué 
causa de que el gefe de nuestra escuadra don Anto- 
nio Castañeta esperara á la capa á la de los ingleses, 
superior en fuerzas, y en la pericia y práctica de sus 
marinos; y aunque lo mas acertado babria sido que se 
retirara á sus puertos hecho el desembarco, sin duda 
no se atrevió á hacerlo, por no estarle mandado, ni i)or 
Alberoni, ni por Patino. Ello es que mezcladas ya am- 
bas escuadras, vio Castañeta que no era tiempo ya de 
evitar el combate, y comenzó éste fallando la brisa á 
los españoles y favoreciendo el viento á los ingleses, 
y en ocasión que el marqués de Mari con algunos bu- 
ques se hallaba separado del cuerpo principal de nues- 
tra armada. Y asi fué que desordenados y separados 
nuestros navios, fueron casi todos embestidos aislada* 
mente por fuerzas superiores, y unos tras otros se 
vieron obligados á rendirse, aunque no sin pelear con 
admirable denuedo. Toda la escuadra española, á es- 



4 H HlflTOftlA DB BSPAAa . 

cepcioD de cuatro navios y seis fragatas que lograroo 
escapar,' fué destruida ó apresada; cayendo prisiooe- 
ro el general en gefe despa^ de mo rtalmeote herido» 
La misma suerte tuvo la flota del marqués de Mari, 
arrojada á la ribera de Aosta (11 y 1 2 de agos- 
to, 1718). 

«Esta es la derrota de la armada española (dice 
desapasionadamente un escritor de nuestra nacioii 
después de describir la pelea), voluntariameoie pade- 
cida en el golfo de Aroich, canal de Malta, donde su- 
frió un combale sin línea ni disposición militar^ ata^ 
cando los ingleses á las nave s españolas á su arbttrb, 
porque estaban divididas. No fué batalla, sino un des- 
arreglado combate^ que redunda en mayor desdoro 
de la conducta de los españoles, aunque mosiraroo 
imponderable valor, mas que ios ingleses, que nunca 
quisieron abordar por mas que lo procuraron los es- 
pañoles. El comandante inglés dio libertad á los oficia, 
les prisioneros, y envió uno de los suyos al marqués 
de Lede, escusando aquella acción como cosa acci^ 
dental, y no movida de ellos, sino d e los españoles 
que tiraron el primer cañonazo: cierto es que la es- 
cuadra de Mari disparó los primeros, cuando vio que 
se le echaron encima para abordarle (^^» 



(4) Bl marqués de San Felipe, pe.— Estado poUtico, toI. XVL— 
Comentarios, tom. 1!. A. 4748. — Macanaz, Memorias para la Histo* 
Betendo, Historia Civil, P* Iil« na del gobierno de España, to- 
can. 39 á 44. — Correspondencia mo I. pág. 432 á 135. — ^Botta, Ista- 
del almirante Byng con Stunho- ría d* Italia. 



PARTB ni. L1B|10 VI. 41 S 

En tanto que esto pasaba en Sicilia , se habían co* 
monteado á Madrid las condiciones del tratado entre 
Austria, Francia é Inglaterra. Eran las principales la 
cesión de Sicilia ai emperador, la reversión de Parma 
y Toscana al príncipe Carlos, hijo de Felipe Y. y de 
Isabel de Farnesio, la adjud icacion de la Gerdena á 
Yictor Amadeo como compensación de la pérdida de 
Sicilia, consintiendo el emperador en dejar el título 
que seguía dándose de rey de España, y señalando el 
plazo de tres meses para que Felipe y Yictor Amadeo 
se adhiriesen al tratado. Contestó Alberoni con des- 
pecho, que S, M. estaba decidido á luchar sin tregua, 
hasta arriesgarse á ser expulsado de España, antes 
que consentir en tan degradantes proposiciones; y 
prorumpió en acres invectivas contra las potencias 
aliadas, y especialmente contra el duque de Orleans, 
de quien dijo que iba á dar al mundo el espectáculo 
escandaloso de armar la Francia contra el rey de Es-^ 
paña su pariente, aliáodose para ello con los que ha«- 
bian sido siempre mortales enemigos de la Francia 
misma. 

Esto mismo dijo al coronel Stanbope; y aun aña- 
den algunos que hizo mucho más, y fué, que ense- 
ñándole el ministro inglés la lista de ios buques que 
componian la escuadra británica para que la compa- 
rase con los de la española, y presentándola con 
cierta presuntuosa arrogancia, encolerizóse Alberoni, 
y lomando el papel le rasgó y pisó á presencia del en- 



416 HISTOEIA DB ESPAÑA. 

viado« Y la carta qae el almirante Byag despachó 
desde la altura de AUcaote, participaQdo que S. M. 
británica le enviaba á mantener la neutralidad de Ita- 
lia, con orden de rechazar á lodo el que atacara las po- 
sesiones del emperador por aquella parte, la devolvió 
el cardenal al mioístro inglés con una nota marginal» 
en que decia secamente: <(S. M. Católica me manda 
deciros.que el caballero Byng puede ejecutar las ór- 
denes que ha recibido del rey su amo. Del Escorial, 
á 15 de julio.-— Alberoní.» 

Poco menos duro estuvo el cardenal con ef conda 
de Stanhope, que vino luego á Madrid á proponer á 
Felipe la adhesión al tratado que llamaba de la caá* 
druple alianza, suponiendo, equivocadamente ó de 
malicia, la conformidad de la república holandesa, que 
rebuia unirse á \^s otras tres potencias por sus razones 
particulares, esforzadas por las gestiones del ministro 
español. El cardenal, picado de la conducta de [ngla- 
terra; alentado con los progresos que iban haciendo 
nuestras armas en §LCÍlia, y mas animado con la re- 
mesa de doce millones de pesos que acababan de 
traer los galeones de Indias, insistió en llevar adelan- 
te la guerra, y rompiendo las conferencias con Stan- 
hope, le dio su última resolución formulada en ocho 
capítulos, reducidos en sustancia á decir: que solo po- 
dia el monarca español admitir las proposiciones de 
paz^ quedando por España Sicilia y Cerdeña, satisfa- 
ciendo el emperador al duque de Saboya con un equi- 



PAKTB III. UBRO VI. 44 7 

valente/ TecoQodendo que ios Estados deParma y 
Toscaná no eran feudos del imperio, y retirándose á 
sus puertos la armada inglesa* Esto dio lugar á nuevas 
contestaciones y recriminaciones mutuas, que hicieron 
perder toda esperanza de reconciliación. Por otra par- 
te Alberoni se esforzaba por presentar á Victor Ama- 
deo la ocupación de Sicilia, no como acto de agresión, 
sino como una precaución tomada para evitar que le 
fuese arrebatada á su legítimo dueño por las mismas 
potencias que le habían garantizado su posesión en el 
tratado de Utrecht, asegurando que solo la tendria en 
depositó hasta que pudiera volvérsela sin riesgo. Este 
ardid no alucioó ya al saboyano, que considerándose 
burlado por las fingidas protestas de amistad de Al- 
beroni prorompia en amargas quejas. contra él, y se 
dirígia á Francia é Inglaterra haciéndolas responsa- 
bles del cumplimiento del tratado de Utrecht. De esta 
manera se culpaban y acusaban unos á otros de do- 
blez y de perfidia, en cartas, notas y manifiestos que 
se cruzaban; siendo lo peor que á nuestro juicio todos 
«e increpaban con justicia y con razón, pues los suce- 
sos y los datos que tenemos á la vista nos inducen á 
creer que ninguna de las potencias obraba de buena fé 
y con sinceridad. 

Subieron de punto las quejas y reconvenciones 
del gobierno español al de la Gran Bretaña desde el 
momento que se supo el ataque de la escuadra ingle- 
sa á la española y la derrota de ésta en las aguas de 
Tomo xviu.- 27 



418 HISTQUA DB ESFAÑA. 

Siracusa. El marqués de MoQteleon, Qoeslro emba- 
jador en Londres, dirigió al secretario de Estado de 
aquella nación un papel lleno de severísimos cargos, 
calificando duramente la conducta del almirante Byng 
que habia obrado como enemigo cuando llevaba el 
carácter de medianero, acusando de ingrata con Es- 
paña la nación inglesa, y manifestando no poder se- 
guir ejerciendo su cargo de embajador hasta recibir 
instrucciones.de su corte. Difiriósele tres semanas la 
respuesta, en tanto que llegaba la relación oficial del 
almirante; la contestación no fué satisfactoria, y en su 
virtud escribió Alberoni al embajador en nombre y 
por mandato del rey, dicíendole entre otras cosas: 
«La mayor parle de la Europa está con impaciencia 
»por saber cómo el ministro británico podrá justifi- 
Dcarse con el mundo después de una violencia tan 

j> precipitada S. M. no puede jamás persuadirse 

ique una violencia tan injusta y tan generalmente 
^desaprobada haya sido fomentada por la nación bri- 
»tán¡ca, habiendo sido siempre amiga de sus aliados, 
» agradecida á la España y á los beneficios que ha re- 

Dcibido de S. M. G Todos estos motivos, y aquel 

»que S. M. tiene (con gran disgusto) de ver cómo se 
» corresponde á sus gracias, la reflexión de su honor 
^agraviado con una impensada ofensa y hostilidad, y 
»la consideración de que después de este último sú- 
rcese la representación del carácter y ministerio de 
)^V. E. será superfino en esa corte, en donde V. E. 



PAETB III. uno VI. 41 9 

)»86r¿ lAal respetado, han obligado al rey Católico á 
^ordenarme diga á Y. E. que al recibo de esta se 
«parta luego de Inglaterra t habiéndolo asi resuelto. 
«Dios guarde, etc **^)» 

Monteleon en virtud de esta orden pasó á la Haya, 
donde en unión con el marqués de Berrettí Landi hi- 
zo ver á los Estados Generales, mostrándoles copias 
de las cartas, las razones de la conducta del rey Cató- 
iico. Felipe mandó salir de los dominios de España los 
cónsules ingleses, y tomar represalia de todos los efec* 
tos de aquella nación, haciendo armar corsarios; y co« 
mo lo mismo ejecutasen el rey de Inglaterra, el em- 
perador y el de Sicilia, llenáronse los mares de pira- 
tas, con gran daño del comercio de todos los países. 
Con este motivo escribió Alberoni de orden del rey 
otra carta á Monteleon, que comenzaba: c Aunque la 
» mala fé del ministerio británico se haya dado bastan-^ 
«temente á conocer por la injusta é improvisada hosti- 
«lidad qué el caballero Byng ha cometido contra la es- 
«cuadra deS. M., no obstante como Mé Craigs, se- 
«cretario de Estado, por la carta que escribió á Y. É., 
«parece querer persuadir al público lo contrario, es 
«indispensable el repetir á Y. E. que este suceso era 
«ya premeditado, y que el almirante Byng ha disímu- 
«lado su intención para mejor abusar de la confianza 



(4) DMpacbo de M de Miiem- MooteleoD.— Beltbdo , Parte IV. 
bre, 47 IS.-— Respuesta del minis- cap. M y Y7. 
tro inglés Craigs al marqués de 



420 HISTORIA ÜB BSPAftA. 

Dde nuestros generales eo Sicilia, bajo la palabra que 
>se les habia dado de que no se cometería hostilidad 
»Blguna.> Y en uno de los párrafos decían «No se 
aniega aquí que puede ser haya sido arrestado el con- 
Msui inglés, ó mandado hacer alguna otra represalia; 
>pero ciertamente estas cosas no habrán precedido al 
Dcombate naval. Y del modo que el ministerro de 
«Londres habla, no solamente quiere disponer de los 
i»reinos y provincias agenas, pero pretende también 
«que se sufra y disimule la osadía de sus insultos y la 

«violencia de su proceder ^*^« 

Del lenguage empleado de palabra y por escrito 
entre los ministros de ambas naciones no se podía es- 
perar ya otra cosa que un rompimiento abierto entre 
Inglaterra y España, y asi fué« El rey Jorge L, des- 
pués de conseguir que las dos cámaras aprobaran su 
conducta en el negocio del almirante Byng, y que le 
ofrecieran los recursos necesarios, procedió á la de* 
claracion solemne de guerra, en un Manifiesto que 
publicó (27 de diciembre, 4718), culpando, como era 
natural, al rey de España de la infracción de la neu- 
tralidad de Italia que las potencias se habían compro- 
metido á mantener, de haber Hevado la guerra á Si- 
cilia, desoído todas las proposiciones de paz que se 
le habían hecho, de haber ultrajado á sus ministros, 

(1) Despacho de 10 de octubre, y es tan dado ¿ enriquecer con 

4748.*-Esestra2oqae el historia* ella su historia, no haya hecho 

dor Wiliíam Coxe ^ que conoció uso de estos documentos, 
tanta correspondencia diplomática 



rAATB m. LIBAO VK 421 

y alentado los proyectos del pretendiente al trono de 
Inglaterra ^^^ 

Tan cierta era esto último» como que Alberoni ha^ 
bia enviado agentes á las cortes de Suecia y Rusia 
para ver de reconciliar á los dos soberanos Carlos XII. 
y el czar Pedro I.» que ambos tenian resentimientos 
con Inglaterra y querían restablecer en el trono de 
aquella nación á Jacobo lU^ ofreciendo para ello la 
ayuda de España. Y tan adelante fué esta negocia- 
ción», que ademas de baber casado una hija del czar 



(f) «ntUiodODOS empeñados cera ídíodcíoo de no servirnos de 

con diversoe tratados (comenzaba su presencia on aquel mar sino 

el Manifiesto) á mantener la neu- para sostener la negociación de 

tralidad de Italia, y á defender á paz, á fin^ de reconciliar las partea 

nuestro buen hermano el empera- que estaban en guerra, y prevenir 

dor de Alemania en la'posesion de con aquel medio las calamidades 

los reinos, provincias y derechos que deberían seguirse • 

qjiegozaba en Europa, y deseando Continúa* esponiendo, en el 
ardentísinamente establecer la sentido que te convenía, los de- 
pa% y la tranquilidad de la cris- mas pasos dados con el rey don 
tiandad sobre los fundamentos Felipe brindándole con la paz, la 
mas justos y duraderos que nos negativa de éste, las secas y des- 
fuesen posibles, hemos á esle fin abridas respuestas dadas i sus 
eomunieado de cuando en cuando- embajadores, la confiscación do 
noeatroe pensamientos y nuestras los navios ingleses decretada por 
intenciones pacificas al rey de Bs- el monarca español, atribuyendo- 
paña por medio de sus ministros, le la violación de los tratados de 
y teniamoe concebida la esperanza ütrecbt y de Badén, etc., y con- 
que babiap de tener su aproba- cluye: cPor estos motivos, ponien- 
cioo« »do nuestra mayor confianza ea 
vT como el dicho rey de Espa- »la ayuda de Dios Todopoderoso, 
ña tenia invadida con hostilidad y >que conoce las intenciones bue- 
de una manera injusta la isla y »nas y pacificas que siempre he- 
reino de Sicilia, le hemos hecho »mos tenido, hemos juzgado a pro^ 
proponer amigables representa- «pósito declararle la guerra al di- 
cienes sobre este punto; mas ha- >cho rey de España, y efectiva- 
llándoBOs obligados ¿ mantener y )>monte la declaramos con lasprc- 

esforzar nuestras instancias con sscntos eCc. — Dada on nuestra 

un armamento naval, enviamos en acorte de San James á los 27 do 

el verano pasado nuestra flota al » diciembre do 1748, en el año 

Vediter raneo, con una llana y sin* «quinto de nuestro reinado.» 



422 HisTomiA DB bsfaSa. 

con un hijo del pretendiente de Inglaterra » llegó á 
convenirse que entre ambas potencias aprestarían uoa 
armada de ciento cincuenta navios de linea con treinta 
mil hombres mandados por el mismo Carlos XII. de 
Suecia, la cual desembarcaría en Escocia, donde iría 
también la primera espedicion que aprontaría la Espa- 
ña: y que para divertir las fuerzas del emperador, 
entraría el czarPedro en Alemania con ciento cincuen- 
ta ogil hombres, y España en su espedicion llevaría al 
rey Jacobo á Inglaterra, no saliendo de alli hasta de- 
jarle sentado en el trono. Que después las fuerzas de 
los aliados pasarían á las costas de Bretaña en Francia 
para apoyar al rey Católico en su proyecto de derri- 
bar al duque de Orleans, y dar el gobierno de aquel 
reino á una persona que afianzara la corona en la ca- 
beza de Luis XV., desvaneciendo los temores que 
todos teuian de perderle. Pero Alberoni, que tan re- 
servado era en sus planes, tuvo la flaqueza de reve- 
lar la clave de estos al barón de Waclet, y éste lo 
descubrió todo á los enemigos de España ^^K 

Si de este modo intrigaba Alberoni contra Ingla- 
terra, no se meneaba menos para derribar de la re- 
gencia de Francia al duque de Orleans; para lo cual 
no dejaba de brindarle el estado interior de aquel 
reino, y el gran número de descontentos del gobierno 
del regente que en él habia, entre ellos personas de 

(4) Belando, Híst. Civil, P. IV. cap. 34. 



r 



FABTB 111. LIBRO VI. 423' 

tanto v^er y tan elevada esfera como el mariscal de 
Villars, el de Uxelles, el duque y la duqoesa del MaU 
ne, contándose también no escaso partido en favor de 
la regencia del monarca español* El mismo conde de 
San Simón, tan amigo del de Orleans, asegura que 
llegó á decirle: «Si el rey de España entrase desar- 
mado en Francia, y confiándose nada mas que á la 
nación, y pidiese la regencia para si, confieso que á 
pesar del sincero afecto que os profeso me apartaría 
de vos con lágrimas en los ojos, y le recono5eria 
por legítimo regente. Y si yo que tanto os amo des- 
de que existo pienso así, ¿qué podéis esperar de los 
demás (*)?>» 

Sea de esta aserción lo que quiera, el de Orleans 
con su desarreglada conducta habia ido perdiendo 
todo el favor y todo el respeto que en los principios 
de su gobierno le habian grangeado su buen talento 
y sus maneras agradables, y culpábanle ya hasta de 
los males y desórdenes que^no consistían en él . La 
duquesa del Maine entabló correspondencia con la 
reina de España por medio de nuestro embajador en 
París Cellamare. Seguíala también el famoso jesuíta 
Toornemine con el padre Daubenton, confesor de 
Felipe, que era de su misma orden. Se halagó á los 
oficiales franceses ofreciéndoles ascensos para que se 
alistaran en las filas españolas, especialmente en Bre- 

(4) San SimoD, Memorias, yol. Vil. 



424 HlfiTOtlA DB BSPAKa. 

taña 9 donde había muchos descontentos. T tanto cre- 
ció la conspiración, que se meditaba ya apoderarse de 
la persona del regente» y convocar los Estados gene- 
rales para sancionar el nuevo gobierno, siendo el car- 
denal de Polignac uno de los que mas en esto traba- 
jaban. 

Pero las imprudencias de Gellamare fueron causa 
de que se recelara y de que llegara á denunciarse al 
regente una tan bien urdida conspiración (*^ Fió la 
conducción á España de unos pliegos importantes al 
joven don Vicente Poriocarrero, sobrino del cardenal, 
creyendo que llamária menos la atención que un cor- 
reo ordinario. Mas sucedió que el día que habia de 
partir el joven, en unión con su amigo Monteleon, hijo 
del embajador, uno de los secretarios de Gellamare 
tenia cita en la casa de una célebre muger de París, 
llamada la Tillen, famosa zurcidora de voluntades, y 
muy conocida del ministro Dubois: y como llegase tar* 
de y se disculpase con haber estado despachando los 
pliegos que debían traer los dos jóvenes, apresuróse 
la Tillen á dar cuenta de ello á Dubois, el cual desta- 
có inmediatamente emisarios que se apoderaran de 
los viajeros. Fueron estos sorprendidos en Poitiers, 
cogidos y sellados los papeles, y conducidos á París (8 

(4) Atribuyese á este ministro la sospecha. Parece qae en sos 

falta de circunspección y de tacto expediciones nocturnas se serria 

en la elección de personas para la del oarroage del marqués de Pom- 

ejecocion de los proyectos, y cier- padour, haciendo de cochero el 

to aire misterioso aue roas excita- conde de Laval. 
ba que desvanecía la curiosidad y 



PAETBJII. LIBRO VU 42 S 

de diciembre, 4748); se los sometió á uq consejo, y se 
pablic6 an relato de la conspiración en carta circu- 
lar á todos los ministros estrangeros ^*K Portocar*- 
rero fué arrestado , y mandado después salir del 
reino. 

Habia, en efecto, mediado larga correspondencia 
secreta entre los reyes y ministros de España y Fran- 
cia. Felipe escribió algunas cartas á Luis XV», su so- 
brino (setiembre, 1748), advirtiéndole la poca consi- 
deración del regente en ligarse con los enemigos de la 
corona de España. Habíase dirigido á los parlamen- 
tos, excitándolos á que convocaran los Estados gene- 
rales como único remedio para impedir los males de la 
política del regente». Envió además un mensage á los 
tres Estados de Francia, quejándose amargamente del 
ilimitado poder del duque de Orleans, y de la injusti- 
cia de la cuádruple alianza: y los Estados le contes- 
taron con un escrito que comenzaba: «Señor. — ^Todos 
» los Ordenes del reino de Francia vienen á ponerse á 
>los pies de y. M. para implorar su socorro en el es* 
»lado á que los reduce el presente gobierno. Y. M. no 
»ignora sus desdichas, pero no las conoce en toda su 
»estension. El respeto que profesan á la autoridad 
>real«.... no les permite idear otro medio para salir 
>de ellas, sino por el de los socorros que de derecho 
^esperan de la bondad de Y. M.^ — Y entre otros par- 

(4) Sao SimoD, Memorias, to^ ríos, tom. II. — Memorias do Staal 
mo VU.— San Felipe, GomenlAr ó Auécdoias de la regencia. 



426 ' HISTORIA DB BSPAÜA. 

rafos se leían los siguientes: «¿Qué podéis, Señor, (e-* 
Dmer ni del pueblo ni de la nobleza, cuando V. H. 
» venga á poner en seguridad sus fortunas? El ejército 
)ide V. M. ya todo está pronto en Francia, y Y. M* 
» puede estar seguro de llegar á ser tan poderoso como 
»Luis XIV. V. M* tendrá el consuelo de ver que le 
> aceptan con unánimes aclamaciones por administrá- 
is dor y por regente ó de ver restablecer con bon* 

Dra el testamento del difunto rey, augusto abuelo 
»de V. M- Por este medio verá V. M.. renovarle aque*» 
Dlla unión tan necesaria á las dos coronas, etc. <^>.» 

Descubierta que fué la conspiración, el duque de 
Orleans, ademas de despedir ai embajador Cellamare, 
hizo prender al duque y duquesa del Maine, al de Vi« 
lleroy, ayo del rey Luis XIV., al cardenal de Polignac, 
y á otros varios personages que en ella hablan estado* 
Felipe V. hizo á su vez salir de España al embajador 
francés Saint Aguan. Todos eran síntomas y anuncios 
de próximo rompimiento, y sobre los preparativos de 
guerra que se observaban en Francia, hizo Felipe una 
declaración ó manifiesto (25 de diciembre, 1718), que 
parecia mas bien un ilamamiento-á los oficiales y sol- 
dados franceses, puesto que ofrecía, cuando se pre- 
sentaran en sus fronteras, recibirlos con loe brazos 
abiertos como buenos amigos y aliados. aDaré (decía) 
x>á los oficíales empleos proporcionados á su gradúa- 

SO Bl Padre Helando conoció serta Íntegros en la Parle IV. de 
os estos documentos, y los ín* sa Historia CiTil,cap. 29 á 32. 



PAETI 1I1« LIB&O TK 427 

Bcion; incorporaré los soldados con mis tropas, y me 
]» alegraré de emplear (si fuese necesario) mis rentas en 
3» su favor, á fin de que todos juntos, españoles y fr.an- 
»ceses, peleen unidos contra los enemigos comunes de 
» las dos naciones ^^Ki> Estos papeles no podian detener 
ya el carso natural de las cosas. El consejo de regen- 
cía de Francia condenó el manifiesto del rey de Espa- 
ña por sedicioso; y por fin el 9 de enero de 1 71 9, se 
declaró solemnemente la guerra á España, con una 
larga exposición de los motivos del rompimiento , de 
las causas que hablan producido la cuádruple alianza, 
y de los cargos que, no á la persona del rey, sino al 
gobierno español se hacían: porque en estos papeles 
tratábanse ambos monarcas con toda consideración y 
respeto; las acusaciones duras se lanzaban, de la una 
parte contra el duque regente, de la otra contra el 
cardenal Albet'oni. A esta declaración de guerra con- 
testó todavía Felipe con una extensa* explicación de 
los motivos que habia tenido para oponerse al tratado 
de alianza entre el rey de Inglaterra y el duque de 
Orleans (20 de febrero, 1719), que era una reseña 
histórica de todo lo acontecido desde la guerra de su-» 
cesión,, y un resumen de todas las quejas antes en va- 
rias ocasiones y en varías formas emitidas. Mas ya no 
era tiempo de ejercitar la pluma, sino de embrazar las 
armas. 



(4) Dado eo ol Pardo, á 25 de pltulo 32. 
diciembre.— Bdando, P. IV. ca- 



/ 



128 BISTOAIA DE BSPASa. 

Antes de entrar en los movimientos y operaciones 
de esta guerra» necesitamos decir lo que habian hecho 
las tropas españolas que dejamos en Sicilia. 

Las circunstancias habian variado mucho, y no 
podian los españoles proseguir la conquista con la ra- 
pidez y facilidad con que la habian comenzado; por- 
que sobre la pérdida de nuestra escuadra» y el estor- 
bo que les hacia la escuadra inglesa» llegaban y des- 
embarcaban continuamente refuerzos de. tropas alema- 
nas protegidos por los ingleses^ sin que á los nuestros 
les pudiera ir mas socorro que el que podia llevarles 
tal cual nave ligera que lograba arribar entre mil pe- 
ligros. A pesar de todo» el ejército español sostuvo la 
lucha con una firmeza admirable. La ciudadela de 
Mesina sufrió terribles ataques durante todo el mes 
de setiembre (1718); hubo combates sangrientos entre 
españoles» piamonteses» ingleses y austríacos, en me- 
dio de los cuales los españoles iban siempre avanzaif- 
do y tomando fuertes» hasta que al fin rindieron la 
ciudadela (30 de setiembre), bajo la condición de sa- 
lir libre la guarnición» que se componía de tres mil 
quinientos hombres. 

Dueño ya de Mesina el marqués de Lede» partió 
con varios regimientos á Melazzo» donde habia llega- 
do un cuerpo de ocho mil alemanes al mando del ge- 
neral Carrafa^ En la lengua de tierra que hace el pro- 
montorio de Melazzo hubo una recia y formal batalla 
(15 de octubre» 1718) entre austríacos y españoles, 



FARTB III. LIBBO VI* 429 

en qae» después de muchos choques saugrieutos, mu- 
rieron de los nuestros mas de mil soldados, de los ale* 
inanes mas de tres mil, lo cual dio gran crédito á las 
armas españolas en Sicilia, y fué grandemente cele- 
brado en Madrid. Mas como después se reforzasen los 
imperiales hasta el número de diez y seis mil peones 
y dos mil ginetes , y aquella guerra nos estuviese 
consumiendo inmensas sumas, sin medio de reponer 
las bajas que alli teníamos, ordenó Alberoni al de Leda 
que cuidara mucho de conservar aquellas tropas, y no 
exponerlas sino en caso preciso á una acción general . 
Asi que, tanto por aquella parte como por la de Trá- 
pani y Siracusa, se redujo nuestro ejército al sistema 
de bloqueo y cipcunvalacion de estas dos plazas, y á 
permanecer encerrados en las otras (|^ 

Influyó también en esta determinación que Yictor 
Amadeo, visto el cambio ocurrido en la política de Eu- 
ropa, se adhirió por fin á la cuádruple alianza, con- 
viniendo en ceder al emperador el reino de Sicilia, y 
conformándose con recibir como equivalente el de 
Cerdena, del cual fué reconocido en Yiena como rey 
(5 de noviembre, 1718). Con cuyo motivo dio orden 
á los gobernadores de las plazfis ocupadas todavía por 
sus tropas para que recibiesen guarniciones austria- 

(4) Befando, Historia Civil, lante de Melazzo: impresa en seis 

P. n. cap. 44 á 50. — San Felipe, fojas, con un catálogo nominal de 

Comentarios, tom. ' II.— Relación los muertos, heridos y prisione- 

de los progresos de las armas es* ros. 
panelas en el reino de Sicilia de* 



430 H18T0RU DE B^aSa. 

cas; y el emperador, libre é&tonces de la guerra de 
Turquía, pudo enviar á Sicilia cuantos refuerzos le 
eran menester. 

En tal estado sobrevino la declaración de guerra 
de la Francia, y España se encontró teniendo que lu- 
char sola contra tres naciones tan poderosas como In* 
glalerra, Francia y el Imperio, ademas del duque de 
Saboya, y sin esperanza de divertir por el Norte al 
enemigo, á causa de haber fallecido el rey Carlos XII. 
dé Suecia, con cuya cooperación contra el austríaco y 
el inglés habia contado. A pesar de esto no desfalleció 
el ánimo altivo y emprendedor de Alberoni. El duque 
regente de Francia habia nombrado general en gefe 
del ejército que debía invadir la España al duque de 
Berwick, por haberse negado á tomar el mando el ma* 
riscal de Yillars á quien se le ofreció antes. Aceptóle 
Berwick, aunque de mala gana y obligado á elío, ya 
por haber hecho antes la guerra en EspaSa en defen- 
sa del rey don Felipe contra ingleses y austríacos, ya 
por el carácter de Grande de España que tenia como 
duque de Liria, ya por tener á su hijo primogénito 
.casado con hermana del duque de Veraguas. El plan 
del regente era atacar á Fuenterrabía, lo cual le abría 
el camino de Vizcaya, sobre cuyos puertos tenia él 
designios ulteriores; y no quiso que le ayudaran á es- 
to los ingleses, dejándoles que atacaran á España por 
otro lado. 

Discurrió Alberoni que la mejor manera de conté- 



PARTB III. LIBIO VI. 43( 

ner á los ingleses sería llevarles la guerra á su pro* 
pía casa. Vínole bien para ello la invitación que de 
Ronoa se le hizo para que trajese á España al rey Ja- 
cobo. Vino en efecto el proscripto príncipe inglés, 
mientras de Milán participaban á las cortes de Lon- 
dres, de Viena y de París que tenían alli preso al 
pretendiente, el cual se bailaba ya en Madrid reci- 
biendo las mayores demostraciones de afecto y amis- 
tad de Felipe V. y su gobierno: que el preso en Milán 
era uno que de industria había sido enviado alli con 
ciertas engañosas apariencias y cierto disfraz que le 
hacia sospechoso de ser el deslronado Stuardo (febrero 
4719). Llamó Jacobo é hizo venir de Francia al du- 
que de Ormond que se hallaba refugiado en aquel rei« 
no, y cuya desaparición alarmó á los aliados, princi- 
palmente al rey Jorge de Inglaterra, que pregonó y 
puso á talla la cabeza del duque, ofreciendo diez mil 
libras esterlinas al que le entregara vivo ó muerto. 
No se contentó Alberoni con dar celos á la Gran Bre- 
taña. Su plan era enviar una espedicion naval á Es-^ 
cocia, donde Jacobo tenia muchos partidarios. Al 
efecto dispuso que una flota que él habia preparado 
en Cádiz pasase á la Coruña (10 de marzo, 1749), á 
unirse con las demás naves que en los puertos de Ga- 
Hcia tenia dispuestas, y allá partió también el duque 
de Ormond desde Bilbao. 

Esta flota habia de ir mandada por el entendido y 
práctico don Baltasar de Guevara; destinábanse á esta 



Í32 BiSTMU 0K ISPAÍrA. 

empresa ciaco oul soldados, muchos de ellos irlande- 
ses y escoceses del partido jacobita, que llevaban ar- 
mamento para treinta mil hombres. Con razón resistía 
Guevara la salida, por los riesgos que podia correr la 
flota en aquella estación y en aquellos mares: obede- 
ció sin embargo, pero la fatalidad justificó pronto la 
previsión y los temores del ilustre marino. Una bor- 
rasca que se levantó eu el Cabo de Fmisterre, y que 
duró diez días, deshizo la flota en términos, qae divi- 
didas las naves, cuatro entraron en Lisboa, ocho vol- 
vieron á Cádiz, las demás á Vigo y á otros puertos de 
Galicia, fracasaron algunos navios, y de los barcos de 
trasporte pocos pudieron servir. Solo una parte de la 
escuadra, con mil hombres, los mas da ellos católi- 
cos irlandeses, y tres mil fusiles para armar paisanos, ' 
llegó á desembarcar en Escocia (abril, 1 71 9); escasí- 
sima fuerza para encender alii la guerra civil, y menos 
para sostenerse contra un monarca poderoso y pre- 
venido. Asi fué que solo se les agregaron dos mil pai- 
sanos, con los cuales se apoderaron de un castillo, 
aguardando los demás para levantarse la llegada de 
mayores fuerzas. Pero éstas no podian llegar; y mar- 
chando luego tropas inglesas á sofocar aquella rebe- 
lión, protegido ademas el rey Jorge por los aliados, 
y hasta por los holandeses, que también se movie- 
ron en esta ocasión^ pronto dieron cuenta, asi de 
los expedicionarios , como de los paisanos rebeldes; 
y $i bien muchos lograron salvarse con los cabos 



PABTB lU* LmO TI. 433 

principales» otros quedaron prisioneros, y fueron lle- 
vados en triunfo á Londres. Tal fué el desgraciado 
éxito de esta malhadada expedición, dispuesta por 
Alberoni á costa de ios caudales de España ^*K 

Todavía con las naves que se salvaron en Galicia 
salió el duque de Ormond de los puertos de Vigo y 
Pontevedra con intento de sublevar la Bretaña fran- 
cesa, donde se contaban machos descontentos del go- 
bierno del duque de Orleans, y no había faltado quien 
se ofreciera á ser gefe de la sedición. Has ó no hubo 
valor para rebelarse, ó faltaron cabos que la alentaran, 
y como la mayor parte de la nobleza se mantuviera 
fiel al regente, quedó también frustrado el objeto y 
desvanecidas las esperanzas que se habían fundado en 
esta espedicion ^'^ • 

Contribuyó á este resaltado la circanstancia de 
que don Blas de Loyá, encargado de salir de los puer- 
tos de Santander y Laredo con dos navios cargados 
de armas y patentes para los bretones que habían de 
sublevarse, correspondió á la fama de cobarde que ya 
para con sus tropas tenia, y no se atrevió á moverse, 
disculpando su miedo con el mal temporal. De este mo- 
do se le iban frustrando al cardenal Alberoni todos sus 



(1) Sao Felipe, ComenUríos, tar el sepalcro del Saoto Apóstol. 

toDi. II.— Belando, P. IV. cap. 34. Despaes de rei^reaar de afii, de- 

— Martes, Cootinaacion de la His- terminó salir de Espaoa, y embar- 

toria de Inglaterra, de Jobo Lio- cándese en los Alfa<]ues tomó tier • 

gardyCap. 34. ra en Liorna, voWiéudose desde 

{%) El desgraciado Jacobo UI. alli á Roma, de donde habia sa- 

pasó á Santiago de Galicia á visi- lido. 

Tuno xviii. S8 



434 nSTOElA DI ISPAfU* 

intentos, sin que bastaran, es verdad, estas desgracias 
á enfriarle ni á entibiar sq ardor. 

AbrieroQ los franceses la campana, pasando el 
marqués de Tillj con veinte mil hombres el Bídasoa 
por cerca de Vera (21 de abril, 4719): tomaron lue- 
go el castillo de Bebovia, la ermita de San Marcial, 
Castelfolit y el fuerte de Santa Isabel, y apoderáronse 
del puerto de Pasages, quemando los navios y alma- 
cenes de aquel rico astillero. A los pocos dias, y cuan- 
do llegó el duque de Berwick, ya se hallaban sobre la 
plaza de Fuenterrabía. Con esta noticia determinó el 
rey don Felipe salir personalmente á campaña para 
ponerse á la cabeza de sus tropas, como tenia de cos- 
tumbre, no sin hacer antes una solemne declaración 
(27 de abril), de que hizo circular profusión de copias, 
y en que después de protestar de su entrañable afecto 
al rey de Francia su sabrino, y de que su objeto era 
solo libertar aquel jreino de la opresión en que le te- 
nia el regente, manifestaba la esperanza que tenia, 
ó aparentaba tener de que se le habian de unir las 
tropas francesas ^^K El duque de Orleans respondió á 
este documento con otro, á nombre del rey, en que 
á su vez afirmaba que sus tropas no venian á hacer la 
guerra al rey de España, sino á librar esta nación del 
yugo de un ministro estrangero, á quien debia ímpu- 

(4 ) «Espero (decía) qae las tro- mo espirito eto.»— Deciaracioo 

pas francesas todas, á mi ejemplo, del Católico monarca doa Peli- 

se unirá Q á las mías, y que las pe V. 
unas y las otras, animadas del mis- 



FAETB 111. LlIAO VI. |35 

tarso la resistencia de sa soberano, las conspiracioaes 
contra la Francia, y ios escritos injuriosos á la mages* 
tad del Cristianísimo. 

Mientras éstos papeles se cruzaban, Felipe salió de 
Aranjuez, con la reina, el príncipe de Asturias y el 
cardenal, y todos pasaron á Navarra, donde se formó 
con dificultad un ejército de quince mil hombres, cu- 
yo mando se dio al príncipe Pío. Escasas fuerzas eran 
estas para librar á FuenterraUa, donde habia llegado 
otro cuerpo de tropas francesas del Rosellon. Intentá- 
balo no obstante Felipe, pero opusiéronse á ello Al- 
l)eroni y el príncipe Pío como empresa arriesgada y 
dificil, y muy especialmente el cardenal, que no que- 
ría le fuera atribuido el mal éxito de ella ^^^ Empeñó* 
se, sin embargo, el rey en seguir avanzando, confia- 
do en que su presencia producirla deserción en los 
franceses; mas cuando estaba ya á dos millas de Fuen* 
terrabía, supo que la plaza se habia rendido (18 de 
junio* 4719) después de una regular defensa. 

Un cuerpo de franceses; que se embarcó en tres 
fragatas inglesas, atacó y tomó á Santona, y quem(^ 
unos navios españoles y los materiales de otros que 
estaban en construcción, fil mariscal de Berwick, ren- 
dida Fuenterrabía, mandó combatir la plaza de San 

(4) «Ami*semeachaca, le do- extravagantes do pueden ac»nbar 

cía, coauto de malo ocarre, y el de otro modo» y qae nada bueno 

revés que resultaría de una ten- se puede esperar siguiendo los 

tativa de esta naturaleza justifi- consoios de un lunático.»^ Vida 

caria todavía mas lo qae se dice de Alberoni. 
Yolgarmente, que mis proyectos 



4C6 HISTOUA DB BSTAÍA. 

Sebastian « qae también se entibó con menos resis- 
tencia de la qoe habian esperado los franceses (agos- 
to, 1719): con lo coal terminó la campana por aque- 
lla parte. Las Provincias Vascongadas acordaron pres- 
tar obediencia al gobierno francés, á condición de qoe 
se les conservaran sus libertades y fueros; proposición 
que no pareció bien al de Berwick, el cual respondió 
que aquella guerra no se había emprendido con miras 
de engrandecimiento, sino solo para obligar al mo- 
narca español á hacer la paz ^^K 

Cosa extraña paroció que después de estos triun- 
fos en Guipúzcoa se moviera Berwick con su ejército 
hacia el Rosellon, con propósito de hacer otra entrada 
en España por Cataluña, acaso porque este país le re- 
cordaba sus victorias de cuando estuvo al servicio del 
rey Católico. Felipe se retiró disgustado á la corte (se- 
tiembre, 4719), y mandó que el ejército siguiera des- 
de Pamplona el movimiento del enemigo. Hízose, en 
efecto, la invasión por aquella otra parte del Pirineo; 
apoderáronse los franceses de Urgél (octubre), y pu- 
sieron sitio á Rosas, pero una furiosa borrasca destro- 
zó veinte y nueve naves de las que habian de servir 
para este sitio (27 de noviembre, 1719); con lo que, 
después de haber estado diez dias á la vista de la pla- 
za, se retiró otra vez el ejército francés al Kosellon, 
en tan miserable estado, por efecto de la intemperie y 

(f) Belando, P. IV. c. 35 y 36. mo U.— 'Memorias de Berwick.. 
— San Felipe » Comentarioe , to- 



PAftTfi riK LIBRO yu 437 

m 

de las eafermedades, que toda lo iba dejando por los 
camÍDOs, como si volviera de ona larga y peaosa jor* 
Dada ^^\ pero confiando el de Berwick en que ya Al- 
beroni quedaría desengañado de la vanidad de sus 
grandes proyectos. 

Habia también marchado entretanto con poca pros* 
perídad para los españoles la guerra de Sicilia. Con la 
orden que se dio al marqués de Lede de' que procurara 
no comprometer las tropas que tenia en aquél reino, 
y con noticia de que otro cuerpo de doce mil alema- 
nes estaba para llegar en refuerzo de la guarnición de 
Melazzo, tuvo por prudente abandonar aquellas trin- 
cheras (2S de mayo, 1 71 9), y retirarse silenciosamen- 
te; pero atacado por dos partes, se vio precisado á ha« 
cer una larga marcha hasta Frañcavilla. Al fin en los 
campos de esta ciudad tuvo que sostener una reñida 
batalla campal, la segunda que se daba en Sicilia, con 
el grueso del ejército alemán, mandado por cuatro de 
sos mejores generales, el conde de Merci, el de Walis, 



(4) «Se miraba toda la tropa cito se tío en un estremo tan las- 

lan destraida, dice el P. Belanao, limoso, que si la caballeria espa- 

3ue con la deserción, eofermeda- ñola le sigue, Berwick y toda su 

es, falta de yi veres y forrages, gente hubieran quedado prisío- 

Do babia batallón ni escuadrón ñeros.» 

qae no le faltara mas de la .mitad Belando escribió esta parte do 

ae la gente. Muchos de los sóida- su historia con los datos que te 

dos hubieron de llevar los caba* suministraron las cartis y notas 

Uos de la rienda, porque ya no les originales do Macanaz, que á la 

quedaba sino la piel y los huesos; sazón se hallaba en la frontera de 

y algunos oficiales llegaron á Mon* Francia, y seguia correspondeocia 

talvan á pió^ confesando que ape* con el rey, de la cual hemos teni- 

ñas se hj liaba quien llevase las do copia en nuestras manos, 
banderas. De manera que el ejér- 



438 HISTOUÁ DB BSPAltA. 

• 

el baroD de ZumíuDgen y d de Sckendoifr(JíO de janio, 
1 71 9). El oombate doró todo el día, cod alternativas y 
vicisitudes varias; peleóse de ambos lados bravamente» 
mas todavía por parte de los españoles, que al fin eran 
inferiores en número, y obligaron á los imperiales á 
abandonar el campo ; la pérdida fué también mayor de 
parte de éstos^ que no bajaría de cinco mil hombres, 
herido el conde de Merci, y muertos el general Ród 
y el principe de Holstein: murió de los nuestros el te- 
niente general Caracholi y algunos brigadieres, y salió 
herido, entre otros oficiales de distinción, el teniente 
general caballero Lede, hermano del marqués genera- 
lísimo: mas aunque fué menor nuestra pérdida, la ba- 
talla de Fráncavilla no dejó de ser, como con muchas 
otras acontece, celebrada como triunfo por unos y 
otros combatientes, y pintada como favorable á una y 
otra nación en las respectivas gacetas y papeles ale- 
manes y españoles ^^K 

A todos admiraba el valor con que los españoles 
sostenian aquella guerra á tal distancia y sin medios 
de recibir socorros ni de reemplazar las bajas que 
sufrían; pues si bienios naturales del pais, siempre 
desafectos á los austríacos, y mas irritados con ellos 
desde que vieron la tiranía con que trataban á los ha- 




loria de Alen^ania.— Ojeada sobre Montemar, en el campo de Frao- 
Io8 deatinoa de los Estados italia- cavüla. Tomo de Vanos, pág. 94. 



r 



PAftTB III. LIBUO TI* 439 

Dítadores de la villa de Liparí de que se apoderaroo, 
los hostilizaban rudamente y asesinaban cuantos sol- 
dados alemanes podian ^% en cambio el emperador 
embocaba en Sicilia, bajo la protección de la armada 
inglesa, cuantas fuerzas le eran menester para oprimir 
el ya poco numeroso ejército español, menguado ade*- 
mas con los destacamentos y guarniciones de las pía- 
zas que tenían que conservar. Dejando ya los alema- 
nes tas cercanías de Francavilla, pasaron á poner si- 
tio á Mesina, llegando el 20 de julio (1719) á la vis- 
ta de la plaza después de una penosa marcha por es- 
trechos y escabrosos caminos. No se descuidó el mar- 
qués de Lede en acudir á su socorro, ni estuvo floja 
la guarnición en la defensa. Pero faltos de municio- 
nes y víveres los que ocupaban los fuertes avanza- 
dos, (uéronse los alemanes apoderando de ellos, 
aunque no sin sangrientos combates, hasta rendir la 
ciudad, que se entregó al conde de Merci (8 de agos- 
to), bajo el ofrecimiento, que cumplió, de conceder á 
ios ciudadanos cuanto querían. 

Continuó la guarnición de la ciudadela, que man- 
daba el bizarro don Lucas Spínola , resistiéndose he- 
roicamente; y entre el fuego de las baterías, y el es* 
trnendo y el humo de las minas que reventaban, pa^ 
recia, valiéndonos de la frase de un escritor de aque- 



(4) Fué esto de tal Gonformi- ticos y la gente del campo mas 
dad, dice ud historiador de aquel íaesperta meneaban las armas 
tiempo,qae les hombres mas rus • con tanta destreza como el arado. 



410 amoBiA BB ws^áik^ 

Ib época, que habían formado tos de Mesma otro 
Hoogibelo, pues de dia y de noche imitaba á aquel 
encendido Ethna que no may lejos tenían. Meses en- 
teros duró aquella re^stencia obstinada: intentó el 
marqués de Lede atacar á los sitiadores, pero hubo de 
saspenderlo con noticia de que estaba para desem 
barcar, como lo hizo (20 de octubre» 4710), otro re- 
fuerzo de cerca de diez mil austríacos. Con esto dis- 
puso el conde de Herci dar un asako general, -que él 
dirigió personalmente, y aunque fué rechazado coa 
no poco destrozo de sus tropas, comprendió Spínola 
que no era ya posible llevar mas adelante la defensa, 
y resolvió la rendición (28 de octubre), con condicio- 
nes tan honrosas como era la de salir la guarnición 
libremente con sus armas y equipages» banderas des- 
plegadas y tambor batiente, y de ser embarcada para 
reunirse con el cuerpo del ejército español. AI dia si- 
guiente quedaron los alemanes dueños absolutos de 
Mesina y de su cindadela. 

Después de descansar unos dias pasaron á Trá« 
pañi con objeto de hacer levantar el bloqueo que le 
tenían puesto los españoles. Acampados estaban toda- 
vía fuera de la plaza cuando llegó d magistrado de 
Marsala á ofrecerles la obediencia en nombre de esta 
ciudad (30 de novieiúbre, 1710); primera población 
de Sicilia que voluntariamente se sometió á los aus- 
tríacos. A poco tiempo ejecutó lo mismo la ciudad de 
Mazara. Al compás del enemigo se movió también el 



PAETBin. LIBM TI. 441 

marqués de liede coa el ejército español^ y puso so 
campo en Castelvetrano, Siaca y otros lugares, donde 
se defendió el resto del invierno; y aunque no dejaron 
de menudear los combates parciales, pasóse sin nota- 
ble acontecimiento lo que quedaba de aquel año y 
basta apuntar la primavera del siguiente, en que el 
general español propuso mas de una vez suspensión 
de armas, si bien quedaba siempre sin efecto por al« 
gunas condiciones inadmisibles que exigían los ale- 
manes ^^K 

De todos lados veniati nuevas de sucesos desfavo- 
rabies. En tanto qne por allá se perdía Mesina, en 
Inglaterra se habia estado preparando secretamente 
una espedicion, á la cual se daba el nombre de espe- 
dicion secreta, por el sigilo que se guardaba sobre su 
objeto y destino, aunque se suponia ser contra Espa- 
ña. En efecto, á poco tiempo se vio aparecer sobre la 
bahía de Vigo una escuadra de ocho navios de línea, 
con algunos brulotes y bombardas, unos cuarenta bar- 
cos de trasporte, y cuatro mil hombres de desembarco 
(10 de octubre, 1719). La ciudad les fué entregada á 
los ingleses sin resistencia; la cindadela á los pocos dias 
de ataque (21 de octubre): los ingleses quemaron alli 
los almacenes y pertrechos de las naves detinadas á la 
espedicion de Escocia, y que aquella borrasca de que 
hablamos obligó á volver á los puertos de Galicia. 

(4) Belaado, Pai t. II. c. 49 al tomo II. 
^.— San Felipe , Gomeutarioa, 



442 HISTOAIA DB BSPiÜA. 

Alarmóse coa esto y se puso en gran cuidado la cor- 
te, pero por fortuna no era el ánimo de los espedicio- 
narios ínleroarse; contentáronse con saquear los luga* 
res abiertos de la marina, y se volvieron á embarcar* 
dando á conocer que babian llevado solamente el 
propósito de vengar la intentona de los españoles en 
Escocia. 

Para que no faltara contrariedad que no esperi- 
mentase España en este tiempo, la república de Ho- 
landa que se habla estado manteniendo neutral, re- 
husando adherirse á la alianza de las tres grandes 
potencias, merced á las eficaces gestiones de nuestro 
embajador el marqués de Beretti Landi, y al estimu- 
lo de las ventajas comerciales con España y sus colo- 
nias que su conducta le valia, dejóse al fin vencer por 
las instancias y halagos con que acertaron á contentar- 
la y reducirla las cortes de aquellas naciones; y co- 
mo viese por otra parle los descalabros, contratiem- 
pos y adversidades que España estaba esperimentan- 
do, abandonó su neutralidad, y suscribió al tratado 
de alianza de las otras potencias, que solo entonces 
llegó á poderse llamar con propiedad de la Cuádrth- 
pie Alianza; quedando de este modo España, en las 
circunstancias mas críticas, completamente aislada y 
sola contra cuatro poderosas naciones de Europa ^^K 



(4) Contentó el gobierno inglés tado de la Barrera, estipulado en 
á la Holanda haciendo ({ue el em- 4745 entre el Imperio y las Pro* 
perador diera cumplimiento al tra- vincias-Uoidas. 



PARTB III. una Yi. 443 

Tantos malos sucesos habían hecho ya pensar muy 
seriamente al monarca español en los compromisos 
tan graves y en los apuros tan terribles en que le ha- 
bia puesto la política de Alberoni, y ya hacía algunas 
semanas que notaba el cardenal cierta mudanza en el 
rostro de Felipe y ciertas señales que le significaban 
el desagrado en que habia caído. La reina , en quien 
buscaba apoyo,se mostraba también cansada de soste- 
ner á quien habia colocado al rey en situaciones y en^ 
peños de que no podía salir airoso. Como medio para 
sostenerse, manifestaba al rey la parte que le conve- 
nia de los despachos que se recibían de los ministros 
en las cortes estrangeras, para lo cual les previno que 
se los enviaran á él directamente, y no á los secreta^ 
ríos del despacho universal, como en todo Estado y 
en todo gobierno se practica; y era cosa bien anómala 
y estrana que los ministros y embajadores hubieran 
de entenderse oficialmente con quien no tenía carácter 
de primer ministro, ni otra representación legal que 
la que le daba la privanza del monarca y su tácito 
consentimiento. Y como sospechase que el P. Dau- 
benton, confesor del rey, era uno de los que le infor- 
maban del mal estado de la monarquía y de la nece- 
sidad de ponerle remedio, discurrió traer á España 
otro jesuíta, muy conocido de la reina, el P. Castro, 
que se hallaba en^ Italia hacía muchos años, é intro- 
ducirle en la gracia de Felipe y derribar de este modo 
y sacar de España á Daubenton. 



444 BISTOAIA DB BSPAIÍA. • 

Pero todos estos esfuerzos eran ya tardíos. Felipe 
deseaba la paz, y las potencias aliadas habían signifi- 
cado por medio de sus representantes, y de otros 
agentes que en las negociaciones intervinieron ^'^ que 
no podría hacerse la paz tan deseada de todos, sin la 
condición de que fuera antes alejado de los consejos 
del rey, y aun echado de España Alberoni, á cnyo in- 
flujo ó manejos atribulan el haberse encendido de 
nuevo la guerra, y cuyo talento y travesura temian 
todavía. Y como ya estaba bastaote predispuesto el 
ánimo de Felipe, resolvió deshacerse del cardenal, de 
la manera como suelen dar e^tos golpes los reyes. La 
mañana del 5 de diciembre (1719) salió para el Pardo 
en compañía de la reina, habiendo dejado por la no- 
che firmado un decreto, que encargó al secretario del 
despacho don Miguel Fernandez Duran, marqués de 

(4) Era uno de estos el mar* proposicioo es de los soberanos de 
qués Aníbal ScoUi, que babía sido Ausiria, Francia ó Inglaterra, 
enviado é Madrid con este objeto Algunos escritoVes de Meoao- 
poi" el duque de Parma, el cual lo rías secretas añaden que esta con- 
bizo instigado y ganado por el ferencia la logró Scottí por media* 
lord Peteroorougb. El Scottí pasó cion de una azafata de la reina 
& París, s6 pretesto de seguir de llamada Laura Pisca ttori, que ha- 
alli á Bruselas para conferenciar bía sido su nodriza > y aun bauti- 
con nuestro embajador en Holán- zada en la misma parroquia de Al- 
da. Pero detenido en aquella ciu- beroni, la cual era enemiga del 
dad con achaaue de los pasapor- cardenal, y solía leer á la reina 
tes, el duque ae Orloans, á quien las coplas satíricas y mordaces 
los soberanos aliados habían en- que se escribían ya contra el pri» 
comendado la ejecución del plan vado.— San Felipe, Comentarios, 
contra Alberoni, acordó con Scottí tom. II. — Belando , Historia Gi- 
lo que habia de informar á los re- vil, Part. IV. c. d'I.—CorrespoD- 
yes de España para llevar adelan- dencia de Stanhope con Dubois: 
te la negociación. El marqués vol- Papeles de Hardwick. — San Si- 
vió á Madrid, y habló privada y mon, Memorias.— Duelos, Memo- 
secretamente con los reyes, infor- rías secretas de I09 reinados de 
mandóles de los deseos y de las Luis XIV. y Luis XV. 



PAftTB III. LIBRO VI. 445 

Tolosa, notificara á Alberoni, escrito de su puño y le- 
tra» que decia: 

cDecreto. — Estando continuamente inclinado á 
^procurar á mis subditos los beneficios de una paz ge- 
>neral, trabajando hasta este punto para llegar á ios 
^tratados honrosos y convenientes que puedan ser 
» duraderos; y queriendo con esta mira quitar todos 
>los obstáculos que puedan ocasionar la menor tar- 
>danza á una obra de la cual depende tanto el bien 
D público, como asimismo por otras justas razones, he 
>juzgado apropósito el alejar al cardenal Alberoni de 
»los negocios de que tenia el manejo, y al mismo 
)i tiempo darle, como lo hago, mi real orden para que 
3»se retire de Madrid en el término de ocho dias, y 
yt del reino en el de tres semanas, con prohibición de 
:»que no se emplee mas en cosa alguna del gobierno, 
vni de comparecer en la corte, ni en otro lugar donde 
9 yo, la reina, ó cualquier príncipe de mi real casa se 
)»pudiese hallar.» 

Golpe fué éste que hirió como un rayo al purpu- 
rado personage. Pidió que se le permitiera ver una 
vez al rey ó á la reina, y le fué negado. Concediósele 
solamente escribir una carta, que no produjo efecto 
alguno. Ordenósele hacer entrega de todos los pape- 
les que tenia, pero la hi:^ solo de los mas inútiles é 
insustanciales, reservando los que podian convenirle 
para sus ulteriores fines, y los que encerraban secre- 
tos de Estado. En cumplimiento pues del real decreto 



446 UISTOUA DE BSPAJIA. 

salió Alberont de Madrid (12 de diciembre» 1719) coq 
decorosa escolla de soldados, dírigiéadose á Genova 
por Aragón, Catalana y Francia. En Lérida le alcanzó 
un oficial, que de orden del rey le pidió las llaves de 
sus cofres para buscar unos papeles que no se encoa* 
traban; él las entregó, é hizo pedazos delante del ofi* 
cial una letra de cambio de veinte y cinco mil doblo- 
nes que llevaba consigo. Hecho el escrutinio de los 
papeles, no se hallaron los mas esenciales que ae ani- 
daban buscando. Los catalanes no olvidaban que du- 
rante su ministerio había sido sometida Barcelona, y 
antes de llegar á Gerona fué acometido por una par- 
tida de miqueletes, que le mataron un criado y dos 
soldados; salvóse él, merced á la buena escolta que 
llevaba, y á un disfraz con que pudo entrar en Gero- 
na á pié. Entró en Francia, y cruzó el Languedoc y la 
Provenza con pasaporte del duque regente, y seem-^ 
barco en Anübes para Genova ^*K 

La caida de Alberoni es otro de los innumerables 
ejemplos del término que suelen tener las privanzas 
con los príncipes. De ella se regocijaron unos, cele- 
brando como uno de los dias mas felice aquel en que 
le vieron salir de España: lamentáronla otros muchos, 
pregonando que con él hablan perdido el monarca y 
la monarquía uno de los mejores ministros que se ha- 
blan conocido. «Y no se le pnede negar la gloría, di- 

(4) Historia del cardenal Albe« —San Felipe, Comeotarios, tom. 
Toni.— 'Duelos, Memorias secretas. II.— Belanoo, P. IV. cap. 37. 



PABTE III. LIBRO VI. 4Í7 

€6 UQ escritor, que en verdad no era apasionado su- 
yo, de que los tres enemigos irreconciliables de Espa- 
ña, el emperador, el duque de Orleans y la Inglater- 
ra se conjuraron para sacar de España á este hombre.» 
Diversos y muy encontrados juicios se ban formado 
sobre este célebre personage; nosotros emitiremos 
también el nuestro cuando juzguemos á los hombres 
importantes de este reinado. Por ahora anticiparemos 
solamente que un contemporáneo suyo, ^ de los que 
le trataron con mas severidad, no pudo menos de decir 
de él estas palabras: 

«Arrancada de las manos del pontífice la apetecí- 
7>da púrpura, ^Itó las riendas á sus ideas^ encamina- 
>das todas á adquirirse gloría; bien es verdad qw no 
lugano poca en su tiempo la nación española, ni poco 
» crédito las armas del rey ^^Kt» Y otro de sus mayores 
adversarios y que no le ha tratado con indulgencia, 
escribió, también: 

«La España caminaba á su ruina, porque, aunque 
»la tiranizó Alberoni, al ñn la puso en parage de dar 
>la ley á la Europa (^>.» 



(4) El Marqués de San Feli- (2) Macanas, Memorias para la 
>e , Comentarios , iom. II. pág. historia del gobierno de fispana, 
00. MS. tom. 1. pég. 460. 



Siguiendo el sistema que nos ejercido grande influjo en el go- 
hemos propuesto respecto á los bierno y en los destinos de Espa- 
personages estrangeros que han ña, y después han salido del reibo 



448 uiSTdaiA i>b b'spaíía. 

para no volver mas á él, daremos yes pontificios t^-enemico ínpla- 

una breve noticia de su azarosa cable de Roma:— y por aitimo« qiM 

vida desde que salió desterrado habia abusado iofcuamente db la 

de nuestra poninsula. firma del rey de España. 

Embarcado, como dijimos, en El senado de la república , que 
el pequeña puerto de Aotibes en antes de ver los capitales habia 
nna fragata que le envió la repú- determinado que Alberoni penna> 
blica de Genova , tomó tierra en neciese arrestado en su casa de 
un pueblo de aquella señoría lia- Sestri, vistos después los cargos, 
mado Sestri ¿ Levante. Alli se en- v no considerándolos bastióte pro- 
contró ya con una carta del du- Lados para violar la hospitalidad 
que de Parma prohibiéndole la eo- y el derecho de geotes , puso en 
trada en sus estados, y con otra libertad al cardenal , bien que no 
del cardenal Paulucci , secretario permitiéndole permanecer en sos 
de Estado del papa Giemeote XI., estados, y escribiendo al pontífice 
<iue no le permitía dudar del eno- «na respetuosa carta, en qae es- 
jo que contra él abrigaba el. pon- plicaba los motivos de esta reao- 
tifice , con CUYO motivo suspendió Cucioo. El maroués de San Felipe, 
su via^e» queaóse en Sestri» y re- embajador de España en Genova, 
celoso de todos puso en seguridad y autor de los Comentarios qoe 
sus papeles y todo lo de mas pro- tantas veces hemos citado en noes- 
cio que tenia. Los reyes de Espa- tra Historia» trabajó cuanto pado, 
Sa le culpaban de todos los de- aunque ioútilmeote, para que no 
sastres de la guerra, y con uo en* se le restituyese la libertad, y Gé- 
cono que contrastaba con el es- nova con esta generosa conoucta 
tremado cariño de antes , reco- se indispuso con Roma , con Bspa- 
meñdaron á los ministros de las la, y con las potencias alia^^as. 
potencias aliadas escitáran al pon- Alberoni , durante su perma- 
tffice á que le despojara de la púr- nencia en Sestri , escribió varias 
pora y le hiciera encerrar para cartas en justificación de los car- 
siempre en una fortaleza. El papa gos que se le bacian ; en ellas ne- 
por medio del cardenal Imperiali gaba haber sido el autor de la 
pidió á la república de Genova su guerra, y probábalo con sa carta 
arresto , diciendo que su prisión escrita al duque do Pópoli, de que 
importaba mochísimo á la Iglesia, hemos hecho mérito en la histo- 
á la Santa Sede, al Saco Colegio, ria, j apelaba al testimonio del 
á la religión católica, y á toda la nuncio Aldobrandi y del misaK) 
república cristiana , á cuyo efecto rey don Felipe , qoe decía haber 

Íiresentaba contra él diez capitu- sido oí motor de la guerra, con- 
os de acusación , á saber :-;--gue tra el dictamen, y aun con mani- 
habia engañado al papa, obligan- fiesta desaprobación del cardenal. 
doJe con malas artes a darle el ca- Por este orden iba contestando á 
pelo: — que habia atacado la auto- los demás capítulos. A estas car- 
ridad de la Santa Sede de un mo- tas , que el secretario^ Paulucci 
do inaudito:— que habia apartado presentó á S. S., respondió el pon- 
ía corte de España de la ooedíen- tifice, copiando párrafos de otras 
cia á la Santa Sede:-^ue habia del rey Felipe y de su confesor 
turbado el reposo público de Euro- Daubenton, enviadas indudable- 
pa:-— que era el autor de una guer- mente por éstos, de que resulta* 
ra impla:— que habia sido fautor ba que la expulsión del nuncio de 
del turco: — usurpador de bienes España y la salida de los espa&o- 
«cle8iástico8:*«violador de los bre- les de Roma babiao sido manda- 



MBTB 111. LIBRO VI. 449 

das sin orden ni noticia del rey; de la verdad, por el odio qne á su 
y con respecto á la guerra, babia persona tenia.» Súpose después 
una de Alberoni al marqués Be- que se habla refugiado en Luga* 
retti Landi, en que después de es- no, ciudad de Suiza , que algunos 
citarle á que concluyera cuanto confunden con Lugnano, pequeña 
antes las negociaciones para que aldea de Italia, donde permaneció 
empezara la guerra sin dilación, en tanto que sus perseguidores 
decía estas notables palabras: «por hacian diligencias para apoderarse 
aue ella nos ha de satisfacer de de su persona. 
108 agravios recibidos de la corte La muerte del papa Glemen- 
de Boma, que procede repitién^ te XI (1*721) produjo un cambia 
dolos cada dia con la mayor des- completamente favorable en la vi- 
envoltura f etc.» No parecía fácil da del ilustre proscrito. El colegio 
que pudiera Alberoni desenvol- de cardenales, en que siempre na* 
verse y sincerarse de estos y otros bia tenido amigos y protectores, 
semejantes cargos; respondió no le convocó al conclave que había 
obstante, que todas las pruebas de celebrarse para la elección de 
que S. S. aducía como incontesta- pontl6ce. Entonces deió Alberoni 
oles no hacían mella en su ánimo, su retiro; mas como supiese ó sos- 
tranquilo con su conciencia , aun- pechase que las cortes de Parma 
que no pareciese asi á los ojos de y de Kspana le buscaban todavía 
las gentes , y que estaba oscri- para prenderle , hizo el viage por 
hiendo para confundir á sus ene« caminos estravíados y llegó á la 
migos , y hacer ver al mundo que capital del orbe católico, donde el 
las cosas que mas ciertas parecen pueblo se agolpó, ávido do curio- 
son las mas fal?as. Escribió en aidad por conocer á tan célebre 
efecto otras Cartas á Paulucci, persoOage. en términos que la 
sus Alegaciones t y su Apología^ mucheduo;^Dre le embarazaba el 
que publicó mas adelante. tránsito por todis las calles que 

Pero estos escritos le atrajeron tenia que atravesar. Tomó Albe-» 
mas ruda persecución. La corte de roni parte en el cónclave, y el 
Madrid ordenó al inquisidor gene- nuevo papa , Inocencio XIIL, le 
ral <|ue le formase proceso por co- permitió vivir retirado en Roma, 
misión del pontifico. El duque de Pero por halagar á las cortes de 
Parma, en unión con España, exi- Francia y España nombró una co- 
gía que fuese degradado. Albero- misión de cardenales para que 
ni, no contemplándose seguro, viesen y fallasen su cansa, coa 
abandonó la mansión de Sestri, cuyo motivo escribió otro papel 
embarcóse para Spezia , y desde titulado : Carta de un hidalgo ro- 
alii se ocultó á loa ojos del mun- mano á un etmigo suyo , que al- 
do , sin que pudiera nadie saber canzó mucha boga , y al que por 
su paradero. De esta fuga pídie- lo mismo el partido español se vio 
ron satisfacción el Santo Padre y precisado á replicar. Ck)ndenado 
el rey de España á los genoveses, por la comisión á tres años de re- 
no obstante que, como declara el tiro en un convento^ el papa con- 
mismo embajador de Genova, San mutó los tres en uno« Habiendo 
Felipe , cacarea de los crímenes muerto su encarnizado persegui- 

3ue se le imputaban no nos consta dor el duque de Orleans , Inocen- 
el fundamento que la acusación cío XIÍI. le absolvió de todo , y le 
tenia , ó ai todo era calumnias;» y confirió con toda ceremonia el ca- 
mas adelante: tcuyas culpas abul- pelo. Benedicto XIII. que sucedió 
taba el vulgo de los españolee mas a aquel papa, y i cuya elevacicn 

Tomo xtiii. 29 



450 HISTORIA DB'ESPAÑA. 

había contribaido Alberoni, le con- como aquella república , y que se 

sagró obispo de Málaga, y le dio miró como una especie de parodia 

Ja pepsioD de que gozan ios car- que tuvo la flaqueza de hacer en 

deoales, y el cardeoal PoUgoac» sus últimos anos de los grandes 

enemigo del difunto duque regen- planes con que admiró á Kuropa 

te de Francia , consiguió que su cuando eobernaba la España. 

gobierno le señalara otra píension Este nombre estraordinario acá- 
e diez y siete mil libras tornesas. bó sus dias en Roma ()6 de junio, 
Ni faltó mocho para que por 4759), á los ochenta y ocho años 
empeño de Polignac y del maris- de edad, con la reputación de uo 
cal Tessó se le viera npmbrado ministro mas intrigante que políti- 
embajador do España en Roma, ó co, con fama de ser tan ambicioso 
indemnizado con los honorarios de como Richelieu, tan astuto como 
catorce mil escudos de la pensión Mazarino, pero mas imprevisor y 
que habia tenido sobre la mitra de menos profundo que ef uno y él 
Málaga, si no lo hubiera estorba- otro. Después de su muerte se pu- 
do la ioterpo»icioQ de Inglaterra, blicó el Testamento voliticQ de Al- 
que se mostró celosa de la consi- beronif de quien nadie sin embar- 
aeración que iba recobrando su go le cree autor, y se ha atribuido 
antiguo enemigo. Pero de tal mo« con mas verosimilitud á Mauberto 
do se había iao reponiendo en la de Gouvert.— Vida de Alberoni, 
opinión de los españoles, que cuan» por Rousset.— Historia de Albero- 
do el príncipe Garlos tomó pose- ni, impresa en la Haya. — Memo- 
sion de los ducados de Parma y rias de San Simón. — ídem de Po- 
Plasencia, no tuvo reparo en per- lígDac— -G. Moore, Disertación so- 
mitir ¿ Alboronl que residiese en bre Alberoni. — San Felipe, Comen- 
su ciudad natal, donde fundó y tarios.— Car tas. Alegaciones y Ano- 
dotó un seminario. Mas adelante logia de Alberoni. — Disertación 
el papa Reuedicto XIV, le nombró histórica , que sirve do esplicacion 
vicelegado suyo en la Romanía, á algunos logares oscuros, etc.— 
Alli dió una prueba de que la edad Macanaz , Memorias para la Histo- 
no habia acabado de estinguir su ría. — ^Id. Agravios que me hicie- 
inclinación á la intriga, intentando ron, y procedimientos de que usa- 
poner balo la dependencia de la ron mis enemigos para peraegair- 
Santa Seoe la pequeña república me, etc. — Memorias de Bran- 
de San Marino; proyecto diminuto deburg* 



CAPITULO XII. 

EL CONGRESO DE CAMBRAY. 
De 1720 A 1724. 

Da Felipe sa adhesión al tratado de ta cuádraple alianza.— ArÜcolos 
coQoernientes á España y al Imperio.-— BvacuacioD de Sicilia y de 
Cerdena por las tropas espanolas.—Pasa el ejército español á Afri- 
ca.o- Combates y triunfos contra los moros. — ^Esqaiva la corto de 
Viena el cumplimiento del tratado do la cuádruple alianza.— Union 
de España con Inglaterra y Francia.— Reclamación y tratos sobre la 
restitución de Gibraltar á la corona de Castilla.— Enlaces recípro- 
cos entre principes y princesas de España y Francia.— El congreso 
de Cambray.— Plenipotenciarios,— Dificultados por parte del empe- 
rador .<— Cuestión de la sucesión española á los duoados de Parma y 
Toscana.— Vida retirada y estado melancólico de Felipe V.— Intri- 
gas del duque de Orleans en la corte de Madrid.— Muerte súbita 
del padre Daubenton , confesor del rey don Felipe.— Muerte repen- 
tina del duque de Orleans. — El duque de Borbon , primer ministro 
de Luis XY.^lnstrucciones apremiantes á los plenipotenciarios fran- 
ceses un Cambray. — ^Despacha el emperador. las Cartas eventuales 
sobre los ducados de Parma y Toscana. — No satisfacen al rey don 
Felipe.— Transacción de las potonoias.- Ruidosa y. sorprendente ab- 
dicación de Felipe V. en su hijo Luis.— Causas ¿ que se atribuyó, y 
juicios que acerca de esta resolución se formaron.— Retiranse Felipe 
y la reina al palacio de la Granja.— ^Proclamación de Luis I. 

Parecia qae coa la salida de AlberoDÍ de España 
quedaba removido el único» ó por lo menos el prin- 



452 HISTORIA DB BSPAÍÍA. 

cipal obstáculo para la realización de la paz. Pero to- 
davía anduvo reacio el rey don Felipe para venir al 
acomodamiento que le proponian; 4o bastante para 
que pudiera decir con alguna razón el desterrado 
cardenal qne no era él ni el autor ni el solo sostene- 
dor de la guerra, ^no que en ella se hallaba empeña- 
do y acalorado el rey. £n la primera contestación de 
Felipe á los Estados generales de las Provincias Udí« 
das (4 de enero, 4720), en que le invitaban á adhe- 
rirse á la cuádruple alianza, no se mostró mas conci- 
liador ni menos exigente que el ministro caido: pues- 
to que prelendia, entre otras cosas, quedarse con 
Cerdeña, no ceder la Sicilia al emperador sino con el 
derecho de reversión á España, como la tenia el du- 
que de Saboya, y que le fueran restituidas Gibraltar 
y Menorca, sobre lo cual habian mediado ya tantos 
tratos y promesas, de los ingleses. Era evidente que 
no habian de admitir las potencias tales condiciones; 
y no fué poco que enviaran á Madrid ministros espe* 
ciales para ver de reducir y convencer á Felipe antes 
que espirara el plazo de tres'^meses que para su reso- 
lución le habian dado. Y fué menester ademas de es- 
to que se emplearan para acabar de vencerle las 
persuasiones y las instancias del confesor Daubenton, 
del marqués Scolti y de la reina misma. ' 

Al fin, dio Felipe su accesión al tratado de la cuá- 
druple alianza en un documento solemne (26 de ene- 
ro, 1720), en el cual todavía manifestaba que sacrifi- 



PABTB ni. LIBEO TI 453 

csiba á la paz de Europa sus propios intereses, y la 
posesión y derechos que cedía en ella ^^K Envió este 
instrumento á su embajador en Holanda el marqués 
deBeretti Landi, con la plenipotencia para que le fir- 
mase con los ministros de los aliados, como asi se ve- 
rificó (17 de febrero, 1720). Los artículos concernien-» 
tes á las cortes de Yiena y de Madrid, en que con- 
sistían todas las dificultades, eran ocho,,á saber: — la 
renuncia del rey Católico al reino de Cerdena:^-ra- 
tificacion de la renuncia por parte de Felipe á la co- 
rona de Francia, y por parte del emperador á sus 
pretensiones á la monarquía de España y de las In- 
dias: — que el emperador Garlos reconocerla á Felipe 
de Borbon y á sus sucesores por reyes legítimos de 
España: — que Felipe renunciaría por sí y por sus des- 
cendientes á toda pretensión sobre los Países Bajos, 
y estados que el emperador poseía en Italia, incluso 
el reino de Sicilia:— que fallando el sucesor varón 
de los ducados de Parma y Toscana, entrarían á su- 
ceder los hijos de la reina de España:— que el dere- 
cho de reversión del reino de Sicilia, que Felipe se 
reservó en el tratado de 1713 respeeto al duque de 
Saboya, se transferiría al reino de Cerdeña: — que 
Carlos y Felipe se comprometían á mantener lo con- 

(i) «Deseando ahora contri- ta de mis prooios intereses, y do 

buir por mi parte (eran sas pala- la posesión y derechos que be de 

bras) á los deseos de las referidas ceder en ella, he resuelto aceptar 

Magestades los serenísimos reyes el referido tratado, etc.»— Tomo 

de Francia é Inglaterra, y dar a la de Varios de la Real Academia de 

Europa el benencio de la paz^á coa- la Historia» Est. 4 3, gr. X 



451 HISTORIA DB BSPASa. 

venido en este tratado:'— que todo se campliria dentro 
de dos meses, y qae ambos designarían lagar y suge» 
tos para establecer definitivamente la paz. En sa vir- 
tud, hizo Felipe la correspondiente solemne renuncia 
en et Escorial á 22 de junio de aquel mismo año. 

Mientras se hacian estos arreglos diplomáticos, 
ias armas no habian estado ociosas. En medio de las 
nieves y los hielos y de todas las injurias de un invier* 
no crudo, y en tanto que el príncipe Pío perseguía y 
sujetaba á mas de dos mil catalanes que se rebelaron 
á la entrada de los franceses en el Pri acipado, el mar* 
qoés de Castel-Rodrigo, encargado de lanzar á los 
franceses de Urgel, de la Conca de Tremp y de otros 
puntos que ocupaban en Cataluña mandados por el 
marqués de Bonás, emprendiendo sus operaciones con 
una actividad y un arrojo admirables, los fué atacan- 
do, venciendo y arrojando sucesivamente de Urgel, 
de Castellciutat^ de la Conca de Tremp y de todos los 
lugares que habian ocupado, hasta internarlos en Fran* 
cía, y quedar nuestras tropas dominando, no solo la 
Cerdaña española sino también la francesa, y allí per- 
manecieron hasta que se arreglaron las diferencias 
entre los monarcas ^^'. 

La adhesión de Felipe al tratado de la cuádruple 
alianza produjo también, como era de suponer, la ce- 
sación de hostilidades en Sicilia. El marqués de Lede 

(i) Helando, Hístoriu cítíI, P. IV. cap. 97 y 38u 



PARTE III. LIBRO VI. 455 

recibió poder de sa soberano para acordar la evacúa-* 
cion de ambos reinos, Sicilia y Cerdeña. En su virtud 
púsose de acuerdo con los generales inglés y alemán, 
Byng y Merci, y entre los tres estipularon el tratado 
y la forma de la evacuación de Sicilia (6 de mayo, 
1720); concluido el cual, hicieron otro semejante pa- 
ra el de Cerdeña (8 de mayo). Este último fué á los 
pocos meses (agosto) entregado por los españoles al 
príncipe Octavíano de Médicis, que sin dilación hizo 
lo mismo en manos del conde de Saint Remy, comi- 
sario general del duque de Saboya, á quien los Siar- 
dos reconocieron por soberano ^^K 

Evacuadas la Sicilia y la Cerdeña por las tropas 
españolas, y no queriendo el genio animoso de Felipe 
dejar de tentar alguna otra empresa, alarmáronse otra 
vez las potencias limítrofes» Francia, Portugal, y aun 
Inglaterra, al observar los armamentos navales que se 
hacían en Cádiz, Málaga y otros puntos de la costa de 
Andalucía, impulsados por el activo é inteligente don 
José Patino, y al ver concurrir á aquellos puertos 
fuerzas respetables de infantería, caballería y artille- 
ría, cuyo mando se confió al mismo marqués de Lede, 
gefe de la espedicion á Sicilia. Mostráronse otra vez 
recelosas las potencias, y no cesaban de inquirir so- 
bre el deslino y objeto de estos nuevos aprestos mili* 



(4) Belando, P. II. c. 53 y úUi- segando de veinte y cuatro. El 
IDO.— Bl primer tratado constaba marqués de San Felipe espresa el 
de Tointe y ocho artículos» y el contenido de cada uno. 



456 HISTORU DB BSPAÜA* 

tares de España, y no se tranquiliza ron, ni se vieron 
Ubres de inquietud y zozobra basta que declaró Feli- 
pe que aquel armamento se dirigía á vengar los insul- 
tos de los moros de África, enemigos de España y de 
la religión católica, que desde el tiempo de Carlos IL, 
ayudados y protegidos por ingenieros y artilleros eu- 
ropeos que las naciones rivales de España les babían 
suministrado, tenian constantemente asediada la plaza 
de Ceuta, y molestada con frecaentes y casi continuos 
ataques. 

Partió, en efecto, esta espedicion de Cádiz (últi- 
mos de octubre, 1720), mandadas las velas por don 
Carlos Grillo, las tropas, que ascendian á diez y seis 
mil hombres, por el marqüás de Lede, y el 14 de no- 
viembre habían acabado ya de desembarcar, hallán- 
dose al dia siguiente en disposición de atacar las obras 
de los moros en combinación con los de la plaza. El 1 5, 
dada la señal del combate, fueron acometidas y forza- 
das las trincheras de los infieles por cuatro columnas 
de á seis batallones cada una; pero retirados aquellog 
hasta el campo, en que tenian sobre veinte mil hom- 
bres, entre ellos dos mil negros de la guardia del rey 
de Marruecos, famosos por su bravura y por su resis- 
tencia en la pelea, fué menester á los nuestros soste- 
ner contra los africanos una formal batalla, que duró' 
cuatro horas, al cabo de las cuales fueron obligados los 
negros á huir en derrota, los unos á Tetuan, los otros 
á Tánger. De los cuatro estandartes que en esta acción 



PA&TB 111. LIDEO Yl. 457 

se les cogieroD» tres preseotó en persona el rey don 
Felipe á la virgen de Atocha» y uno envió al pontífice 
conunaniny reverente y espresiva carta, como tri- 
buto propio de un rey católico al gefe de la Iglesia. 
Fortificáronse los españoles en aquel campo; y asi, 
aunque mas adelante, en dos distintas ocasiones (9 
y 21 de diciembre, 4720) volvieron los moros refor- 
zados con gran chusma de gente, que se supone no 
bajaba en un dia de treinta y seis mil hombres, y que 
en el otro llegarían á sesenta mil, en ambas ocasiones 
fueron escarmentados sin que lograran forzar el cam- 
pamento cristiano. Estos triunfos llenaron de júbilo al 
rey y á la nación española, pero excitaron los celos del 
gobierno de la Gran Bretaña, que sospechaba pudie- 
ran traer algún peligro á su plaza de Gibraitar: y co- 
mo no conviniese entonces á Felipe atraerse ni el eno- 
jo ni el desvío del monarca inglés, dio orden al de 
Lede para que se retirara de África , dejando bien for- 
tificada y guarnecida á Ceuta ^^K 

Por lo que hace al tratado de la cuádrupe alianza, 
que parece debería terminar la reconciliación imper- 
fectamente comenzada en el de Utrecht, Felipe había 
cumplido, de bueno ó de mal grado, con las cláusulas 
á que en él se comprometió: Sicilia y Cerdeña fueron 
evacuadas y entregadas, y diéronse poderes al conde 
de Santisléban y al marqués Beretti Landi para que 

(4) San Felipe, Comentarios, P. IV. cap. 42 ¿ 45. 
iom. 11.— Belanclo, Uistoria Civil, 



IS8 HlSTOftlA DB BSPAJÍA. 

represenláran á España en Cambray , ponto que se 
designó para celebrar el nuevo Congreso, üo así el 
emperador, que apenas tomó posesión de Sicilia trató 
de susatar embarazos y diñcoltades en lo relativo á la 
trasmisión de Parma y Toscana á los hijos de Isabel de 
FamesiOy prevaliéndose del disgusto con que el gran 
duque de Toscana veía que su estado hubiera de pa- 
sar á un príncipe español. Asi, ni enviaba sus pleni- 
potenciarios á Cambray» ni menos despachaba las le- 
tras eventuales para la sucesión de aquellos ducado 
á favor de los hijos de la reina de España. Francia, 
Inglaterra , Saboya y Portugal enviaron los suyos. 
Comprendióse bien la inteucion de la corte de Viena 
en procurar dilatorias á las decisiones del Congreso, 
ganando tiempo para entenderse entretanto con el go- 
bierno de Florencia á fin de impedir la reversión de 
los ducados. En vista de esta conducta el regente de 
Francia dilataba también la entrega de Fuenterrabía 
y San Sebastian. El rey de Inglaterra, que veía los 
perjuicios que irrogaba al comercio de su reino la es- 
tudiada dilación del gobierno austríaco, y compren- 
diendo las ventajas que un tratado especial con Espa- 
ña podría traerle, envió á Madrid con este objeto al 
conde de Stanhope. 

El regente de Francia, calculando también sacar 
partido de una alianza entre España, Francia é Ingla- 
terra, y so prelesto de estrechar de este modo al em- 
perador al cumplimiento de los tratados, hizo propo« 



PA8TB III. LIBIO VI» 459 

ner, por medio del P. DaubentoD, confesor del rey Fe- 
lipe, y comanicándolo ea secreto al marqués de Gri* 
maído, el matrimonio de sus dos hijas, Luisa y Felipa, 
con el prindpe de Asturias la una y con el infante don 
Cárbs la otra, y ademas el enlace del rey de Francia 
Luis XV. con la infanta de España María Ana Victoria, 
aunque faltaban á ésta todavía algunos meses para 
cumplir cuatro años; proyecto que no pareció mal al 
rey Católico como medio seguro para afianzar la unión 
entre las dos coronas. 

Las favorables disposiciones de una y otra parte 
hicieron que no tardara en llevarse á feliz término el 
tratado especial de paz entre España é Inglaterra (13 
de junio, 1721), renovando los tratados anteriores, y 
estipulando además la restitución mutua de lo que se 
habian quitado y confiscado con motivo de la guerra 
de 1718; condición en que salieron aventajados los 
ingleses, en razón á que los españoles devolvieron 
ajustándose al inventario que hicieron al tiempo de to- 
mar aquellos bienes, y los ingleses no solo no habian 
hecho inventario, sino que quemaron los almacenes y 
dejaron pudrir los navios que el almirante Byng tomó 
á los españoles ^^K 

En el mismo dia se concluyó y firmó en Madrid 
otro tratado de alianza entre España, Francia é íngia* 



(i) Belaodo, Historia Civil, P. que todo babia de tener cumpb- 
IV. c, 45. — ^El tratado contenia miento en el término de seis 
seis articulos: el último prescribía meses. 



460 HiflTomíA DB bspaSa* 

térra, por el caal se obligaban las tres potencias á ir 
de concierto contra el que contraviniese á los tratados 
de Utrecbt, de Badén y de Londres, ó al que había 
de hacerse en Cambray^ siendo su principal objeto 
acabar con las desavenencias entre las cortes de Vie- 
na y de Madrid, y afianzar la quietad general ^*K Pe- 
ro quedó sin arreglar en este tratado un punto esen-- 
cialísimot el de la restitución de Gibraltar á la corona 
de España por el rey de Inglaterra: punto tanto mas 
interesante, cuanto que, ademas del empeño que en 
ello tenia Felipe Y., ya en las negociaciones que en 
4 71 8 mediaron entre ambos reinos, habia Jorge L de 
Inglaterra autorizado al regente de Francia á ofrecer á 
Felipe la restitución de Gibraltar* con tal que aceptase 
las condiciones del convenio. Posteriormente, después 
de la guerra que sobrevino, y como aliciente para ve- 
nir á una nueva paz, ofreció lo mismo el conde de 
Stanhope. Felipe reclamábala recompensa prometida, 
y el duque de Orleans sostenia con calor ante la corte 
de Inglaterra la necesidad de su cumplimiento. Stan- 
hope sostuvo también la obligación de cumplir lo ofre- 
cido; pero sus nuevos colegas en el ministerio de la 
Gran Bretaña expusieron, que habiendo el parlamento 
incorporado á la nación aquella plaza, no podia el rey 
disponer de ella sin su consentimiento, y que no era 
posible proponérselo sin ofrecer al menos por ella un 

Í4) CoDslaba de siete artículos, de seis semanas. 
. labia de ratiGcarse en el plazo 



PABTB Ul. UBIO VI* 461 

equivalente. Produjo en efecto en el parlamento britá- 
nico una indignación general el solo rumor de que el 
rey habia conlraido un compromiso serio paira ceder á' 
Gibraltar. 

Con este motivo tuvo el gabinete inglés que sus- 
pender la proposición, al menos hasta ver si Felipe 
consentía en dar la Florida ó la parte española de 
Santo Domingo en equivalencia de Gibraltar; mas co- 
mo Felipe insistiese en que la cesión hubiese dé ser 
absoluta como lo habia sido la promesa, el monarca 
inglés le escribió una carta asegurándole que estaba 
pronto á complacerle, ofreciendo aprovechar la pri- 
mera ocasión para terminar este asunto de acuerdo 
con el parlamento. Dio Felipe fé á esta palabra, y 
procedió á firmar la paz. Perd Gibraltar no era de«* 
vuelta, lo cual dio margen á una larga y viva corres- 
pondencia entre ambas cortes. El monarca español se 
mantenía inflexible en exigir la restitución, mucho 
mas después de haber anunciado públicamente á los 
españoles que contaba con la entrega de aquella plaza. 
Mas ni su insistencia alcanzaba á lograr del rey Jorge 
el cumplimiento de lo que tantas veces habia ofrecidOy 
ni Stanhope con sus eficaces gestiones conseguía que 
Felipe cediera un punto ni aflojara en la tenacidad 
con que sostenía su primera resolución, y ni al rey ni 
al pueblo español habia medio de persuadirle á dar 
en equivalente lo que la Inglaterra proponía. En estas 
disputas Gibraltar no era restituida. «Es tanta la fé de 



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460 BlSTOfttA DB BSFAÍÍ^ 

térra, por el caal se obligaban Iag> t 

de coDcierto contra el que contjr | ^ 

de ütrecht, de Badén y de 'í 1 

de hacerse en Cambray, - 1 1 | ^ 

acabar con las desavene^ i ^ Í 

M y de Madrid, y afia^ I i 

ro quedó sin arregla^ / ^ - ^^ 

cialisimo, el de la r* > í -^ ajuste foé 

de España por el : ^ oebastian y Fuea- 

interesante, cur. ae agosto» 4721). Ha* 

ello tenia Felí ' ^ los enlaces entre el mar- 

4 71 8 medía* ^^l de Maule vir, mas cuando ya es- 
Inglaterra ^^osy vino á Madrid como embajador 
Felipe la «o de Luis XV. á cumplimentar en sa nom- 
las cor ^ Dueva reina el duque de San Simón ^^^ y de 
de Ip . ^ enviado á París en el mismo concepto y con 
nir ^¡fíffí de felicitar á la que iba á ser princesa de As- 

5 ^ el duque de Osuna* Hecho todo esto, coDcloydse 
^ tratado matrimonial entre el primogénito de Feli- 
pe V* Luis, príncipe de Asturias, y Luisa Isabel» prin- 
cesa de Montpensier, hija del regente de Francia du- 
que de Orleans, y el del rey Cristianísimo Luis XY. 
con la infanta María Ana, hija de Felipe V. y de Isa^ 
bel de Farnesio (25 de noviembre, 4721). Con estos 



(4) Belaodo, Historia Civil, P. Sohaobr Papeles de Hardwick.— 

IV. c 46. — San Felipe, Comenta- Memorias de Sir Roberto Walpo- 

rios» tom. n.— GarU do Jorge L á íe, c. 34. 

Felipe V.— Papeles do Walpole.— m El autor de las Memoritf 

Cartea de Staohope áSir Locas qae liemos citado tantas Teces. 



^4RTB 111. LIBRO VI. 463 

> ístad aquella aatipatía que ha- 

^ífc '^.a español y el regente de 

^^^ ' disidencias entre ambas 

^* ^&^ ^ ^emonias que ha- 

^é^^^ ^ ^proca de las 

^^ ^ .cj Asturias partie- 

^ ^03, y detuviéronse en 

^ á las inmediaciones de Ler- 
^ recibir á la princesa de Asturias; 
^rla Ana 9 despidiéndose tiernamente de 
^» prosiguió acompañada del marqués de 
. <Lx\yz hasta la raya de ambos reinos, donde ha- 
>ta de hacerse la ceremonia de la entrega, en la isla 
de los Faisanes, ya célebre en la crónica de los matri- 
monios entre los reyes y princesas de Francia y Espa- 
ña. Llegado que hubieron ambas comitivas, verificóse 
el trueque convenido (9 de enero, 1 722), de que se 
levantó acta formal, y separáronse ambas princesas, 
internándose la una en el reino de Francia, la otra en 
el de España. Recibida en la Yentosilla la que venia á 
ser esposa del príncipe español, solemnizóse en Lerma 
el matrimonio, dando la bendición nupcial el cardenal 
Borja, patriarca de las Indias (20 de enero), y con- 
cluida esta solemnidad volvió toda la corte á Madrid, 
donde se celebró su entrada (26 de enero, 4722) con 
las fiestas y regocijos que en tales casos se acostumbran. 
Tratóse luego del otro matrimonio que antes indi* 



464 HISTOAIA DB ESPAÜA. 

camos del infante don Carlos, hijo prim(>génito de Isa- 
bel de Farnesio^ con Felipa Isabel, cuarta hija del du« 
que de Orleans* La corta edad de los contrayentes, 
pues solo contaba entonces el principe siete anos, y 
ocho la princesa, hizo que solo pudiera estipularse 
de futuro; y aunque la princesa vino después á Espa- 
ña, no tuvo efecto el casamiento por circunstancias 
que ocurrieron después, y que veremos mas adelan- 
te ^*K Pero bastaron los primeros enlaces para que el 
mundo, atendidos los pocos años de la que iba á ser 
reina de Francia, atribuyera al regente pensamientos 
y esperanzas de heredar aquella corona. A los espa- 
ñoles tampoco les satisfacía el matrimonio del prínci- 
pe de Asturias, ya por ser demasiado joven y delica- 
do de complexión, motivo por el cual le tuvo el rey 
algún tiempo separado de su muger, ya porque la 
madre de la princesa, Francisca María de Borbon, era 
hija ilegítima de Luis XIV. , y aunque legitimada 
en 4681, continuaba mirándose en España con cierta 
prevención su origen bastardo. De seguro no se hu- 
bieran realizado estas bodas, que se hicieron ademas 
sin consulta de las Cortes ni aun del Consejo de Esta- 
do, á no ser por el gran ascendiente que habia cobra- 
do sobre el rey su confesor el jesuíta Daubenton, que 
fué con quien se entendió para todo en este negocio el 
duque de Orleans. 
• 

(4) BeluDJo, P. IV. cap. 47.— —Gacetas de Madrid de dictembro 
Sao Felipe, Comeatarios, lom* H* de 1734; y enero de 4722. 



PAlírK. 111. UBEO VI. Í65 

Estás nuevas alianzas y enlaces dieron inucho que 
pensar al emperador, y con temor de una nueva g uer- 
ra envió al fin sus plenipotenciarios al congreso de 
€ambray (enero, 1722), y se prevenia para ella ha- 
ciendo armamentos y reforzando las plazas en Ñápe- 
les y Sicilia. Uno de los asuntos qtie ofrecían mas difi- 
cultades en el congreso era la declaración del derecho 
de los infantes de España á la sucesión de ios duca- 
dos de Parma, Plasencia y Toscana, que el emperador 
esquivaba hacer, faltando al tratado de la cuádruple 
alianza, por lo mucho que temía de que volvieran i 
poner el pie ei^ Italia los españoles. Y asi tenia siem- 
pre aquellos Estados llenos de emisarios y de intrigan- 
tes, ya para mantener viva la mala disposición del gran 
duque de Toscana hacia la sucesión española, ya para 
provocar, si podían, uoa rebelión del pueblo contra 
ella, ya para escitarle á protestar en el congreso con- 
tra el artículo quinto de la cuádruple alianza en lo 
relativo á la sucesión de Toscana como perjudicial al 
Estado. También el papa hizo presentar una protesta 
en el congreso contra todo lo que se hiciese en per- 
juicio del derecho que la Santa Sede tenia de dar ia 
investidura de aquellos ducados, como feudo de la 
Iglesia (1 5 de setiembre, 1 722). Con estas y otras 
disputas nada se determinaba en aquella asamblea 
^bre un punto en que estaba fija la general especta- 
cion, y malgastábase el tiempo en celebridades, con- 
vites y fiestas inútiles. Dilatábalo el emperador de 

Tomo %vm. 30 



466 HISTOMA DE ESPá&JL* 

propósito; las cortes de Inglaterra y de Francia no le 
hostigaban, y el rey de España andaba mas flojo de 
lo que en tales circanstancias le convenia. 

Bien que no estaba á este tiempo Felipe para apli- 
carse á los negocios. Melancólico su espíritu y flaca 
su cabeza, retirado por lo común en el palacio llauia- 
do la Granja que hizo construir junto á Balsain» dan* 
do ocasión á que fuera de España se dijese que no es- 
taba cabal su juicio; casi estinguido el Consejo de Es- 
tado, del cual hacia ya muchos anos que no se servia; 
acompañado solamente de la reina, pues hasta sus 
hijos solían quedarse en Madrid cuando él iba á Bal- 
€ain^ á 4ranjuez ó al Escorial, haciendo cundir con 
tanto amor á la soledad y al retiro la opinión del des- 
concierto de su cabeza; todo el peso de los negocios 
cargaba sobre el padre Daubenton y el secretario Gri- 
maldo, que no bastaban para regir nna monarquía 
tan vasta y para dar vado á tantos y tan graves asun- 
tos pendientes, teniendo el mismo Grimaldo que lla- 
mar á veces á otros secretarios en su ayuda. Y la 
reina, cuya actividad y energía hubiera podido en 
muchas cosas sacar de aquella especie de adormeci- 
miento al rey, no se atrevia á mezclarse mucho en 
asuntos de gobierno por temor al odio que manifesta- 
ba el pueblo al gobierno italiano. 

No ignoraba todo esto el duque de Orleans, y con 
deseo de ejercer mayor y mas directa influencia en 
España instigaba mañosamente al rey por medio de 



piLRn III. LiBfto VI. 467 

su enviado Mr. de Ghavigny á que descargase el peso 
del gobierno en el príncipe de Asturias, casado con 
la hija del regente, en cuyo caso el cardenal Dubois, 
ministro favorito del de Orleans, se convidaba y ofre* 
ota á venir de embajador á España. No tenia Felipe 
gran repugnancia á desp renderse del gobierno, y 
mas cuando veía que los Consejos se quejaban, aun- 
que respetuosamente, de la dilación y enlorpecimien- 
toque sufría el despacho de los negocios, Pero resis- 
tíalo la reina, la cual, para frustrarlos designios del 
de Orleans hizo que se volviera á París Chavigny, y 
que quedara Moulerier, menos adherido á las miras 
del regente. Aunque á este tiempo llegó á su mayor 
edad Luis XV. (1 6 de febrero, 1723), y en su virtud 
filé consagrado y tomó en apariencia las riendas del 
gobierno, en real idad continuó rigiendo el reino el 
duque de Orleans, y aun logró poner al cardenal Du- 
bois de primer ministro del rey Luis. 

A fin de a<^reditarse el cardenal ministro con al- 
gún hecho que tuvieran que agradecerle la Francia y 
la España, tomó con calor y dio impulso en el Con- 
greso de Cambray á la pesada negociación sobre las 
letras eventuales de la sucesión española á los duca* 
dos de Parma y Toscana. Enviólas al fin el empera- 
dor á favor del infante don Carlos, pero tan diminu- 
tasy que ni se estendia claramente la sucesión á los 
demás hijos de Isabel de Farnesio, ni dispensaba al 
príncipe de la obligación de ir á Viena á recibir la 



468 DlSTOItlÁ DB BSP Alí A • 

investidura al tiempo de heredar. Con esto no conten- 
tó el emperador á nadie. El marqués de Corsini pro* 
testó á nombre del gran duque de Toscana: el rey de 
España envió las cartas al presidente de Castilla 
marqués de Mirabel para que las consultase con los 
Consejos, y reprobadas por éstos, declaró el rey qae 
no las admitía en aquella forma y que retiraría sus 
plenipotenciarios de Cambray. Las cortes de Londres 
y de París^ que vetan infringido el capítulo quinto del 
tratado de la cuádruple alianza, hicieron fuertes ins- 
tancias al emperador para que las reformase, pero 
Carlos respondió que estaba resuelto á do quitar ni 
añadir cláusula alguna sin el asentimiento de la dieta 
de Ratisbona, con lo cual tiraba á ganar tiempo, y 
entretanto fortificaba las plazas de Italia, y aparenta- 
ba hacer armamentos por mar y tierra, para hacer 
creer á las potencias que no le intimidaban sus ame- 
nazas. 

Ni la muerte súbita de Daubenton ^*\ confesor del 
> 

(4) Cuenta el P. Fr. Nicolás de » ira mano, sino que wnis d ven^ 

Jesús Helando la causa que pro- sder á Dios por venderme d mi? 

dujo la muerte de Daubtnton de ^Retiraos, y no volváis mas á mi 

la siguiente manera. Dice que el ^presencia,* Que el rey volvió la 

confesor había escrito al duque de espalda, y el padre DaubentoD ca- 

Orleans comuoicándple el pensa- yó en tierra sin sentido, y asi lo 

miento del rey, que él solo sabia, retiraron y llevarop al Noviciado 

de renunciar la corona en su hijo: de los padres jesuítas de Madrid, 

que esta carta se la envió original donde tenia so habitación, y allí 

el regente de Francia á Felipe, y murió de este accidente.^Historia 

que éste, indignado de ver desea- Civil, P. IV. c. 60. 

bierto lo que creía un secreto, lia- Macanaz encabeza el segundo 

mó un dia al confesor, y le dijo: tomo de sus Memorias para la 

•¿No estáis contento de haber ven- Historia del golHemo de España 

*dido lo que ha pasado por vues» (manuscritas) de le siguiente no- 



PA&TE lll« LIBBO VI* 469 

rey Felipe (7 de agosto, t723)» dí la del cardenal 
Dubois, ministro de Luis XV., vanaron la política del 
de Orleans. Interesado en la pronta conclusión- de los- 

table manera: tCoutiene (dice) el «sirvieroo á asegurar aqael usar- 
mal gobierno del P. Daubentoo, j>pador en la corona; y de que él 
jesuíta francés, confesor del rey, «estuvo seguro, ni él ni el de Or- 

aue todo lo mandó por dirección » leaos cumplieron cosa alguna de 
e un enemigo tal como el duque »lo ofrecido en ellos, ni en el de 
de Orleans, y con la ambición de »la cuátriple aliauza; y abrieron 
lograr el capelo, sin el cual mu- »el Congreso de Gambray pera en- 
río.» Este escritor no perdona oca- ntretener al rey con engaño: y hi<- 
sion do atribuir al de Oileans y á »zo los matrimonios de las dos hi- 
Daubenton el designio de perder »jas de Orleans, que el segundo no 
á España, y á cada paso les acba- »8e consumó por no tener edad el 
' ca, ya el proyecto de venderla á los «infante: y en fin, él fué el ene- 
ingleses, ya otros planes semejan- »migo de ios aue la difunta reina 
tes. Acaso la parte que tuvo el » babia estimadlo; él fué la roano 
confesor jesuíta en la prolongación i»deque el duque do Orleans so 
de la causa que se formó á aquel «sirvió para arruinar la España, 
insigne magistrado, influyó en la «entretenerla confusión en el go- 
excesiva prevención con que mi- >»bieroo , tener al rey esclavo y 
raba todo lo relativo á aquellos «desautorizado, y porque la corte 
dos ptrsonages. «romana le diese el capelo la aca- 
llé aquí cómo se esplica en ía «bó de hacer dueña de las rentas 
página 2^8 del tomo II. de sus Me- •y beneficios de las iglesias de Bs-> 
morías: «paña; puso gran cuidado en em- 
«Entonces cargó el P. Dauben- «plear a loa traidores, ó hombres 
«ton con el gobierno (dice después átales que no supiesen roas que 
«de coiitar la caída ae Alberoní), «obedecer lo que el rey les orde- 
«y hizo aceptar al rey la diabólica «nase. Para el gobierno espiritual 
«cuátriple alianza, ó el tratado de »y temporal del reino tuvo por sns 
»Lóndres; que atropelladamente «consultores otros tres jesuítas, 
)»se evacuasen los remos de Sici- »que fueron los padres Bcrmudez, 
»lia y Gerdeña, y se enviasen al «Ramos y Marimon; para lo de Ro- 
«emperador las renuncias destos «roa llamó al P. Niel, jesuíta fran- 
j»reino8, del de Ñápeles, y de los »cés, que estaba en Roma y co- 
)>Estados áe Milán y Flandes, coa »nocia aquella corte; para la Guer- 
>tal torpeza, ceguedad ó malicia, ftra, Hacienda, Marina y Comercio 
»que ni siquiera quiso esperar que «tomó á d on José Patino^ que ha- 
»se le entregase la plaza de u¡- j»bia sido muchos años jesuíta, y 
• braltar, ni las investiduras even- »al marq ués de Castelar su ber- 
uluales de Toscana y Parma; y asi »roano, que el rey no podía ver, 
«el de Orleans logró burlarse de aporque conocía sus maldades: él 
utodo; y porque no podía asegurar »puso un arzobispo de Toledo y 
j»en Inglaterra á Jorge I. sin el aun mqu isidor general que Júdica 
«apoyo de la España, hizo' otros «había elevado, porque solo eran 
«dos tratados el año 1721 con la «capaces á obedecerle, y á entre- 
»Franc¡a y la Inglaterra» los que »toner al rey con artificio. Y á ea-' 



470 UISTOEIA PB BSFAfiA. 

negocios pendienles en Cambray, trabajó coa el mar- 
qués de Grimaldo» y lo mismo hizo el ministro del rey 
Jorge de Inglaterra, para que Felipe se tranqoilizára 
respecto á la restitución de Gibraltar con las ofertas 
y seguridades que sobre ello le daba el monarca in« 
glés, á fin de que no quedara otro negocio que arre- 
glar en el Congreso para allanar la paz que el de las 
investiduras de Italia. Hubo temores de que se reno- 
vara la guerra con motivo del fallecimiento del gran 
duque de Toscana Cosme III (31 de octubre, 4723), y 
á ella parecia prepararse los austriácos; pero hubo 
gran prudencia por parte de los florentinos y de los 
españoles, y como quiera que con él no se extinguía 
aun la línea de los sucesores directos al ducado, las 
cosas continuaron en la misma indecisión, aunque des- 
contentos todos con el nuevo duque Juan Gastón, por 
su carácter despegado y austero, y su vida desarre- 
glada é insociable ^^^ 

i» te teuor elegía los demás suge- ello le íovtUba también el duque 

>tos, de que ya habrá dado cueola de Parma: pero avisado por el P. 

»al Señor» á quien pido le perdo- Ascanio, ministro del rey Católico 

vne el mal que á mf me hizo.» en la corle de Toscana, para que 

(1) En la relación de los suce- nu fuese , porquo asi conTenia, 

805 de estos años seguimos con suspendió laida, puesto quese 

f preferencia al marqués de San Fe- trataba de no hacer nada que pu- 
lpe, que se muestra bien infor- diera dar ocasión ó alterar el es- 
mado, y tenia motivos para ello, tado de las cosas. — Comentarios, 
de la marcha de todas estas ne- Años 31, !22 y S3. 
gociaciouesentreEspaña V lasde- Nótase en lo que toca á este 
roas potencias*, asi como de lo que periodo un gran vacío en William 
sucedía y se trataba en el Con- Coxe. Algo mas se halla en la Uís- 
greso de Cambray : y aun é la toria de la casa de Austria, en las 
muerte del gran duque do Tosca- de Francia, y en las Hemoriai se- 
na, él, que se hallaba de ministro cretas de los reinados de Luis XIY. 
do España en Genova, tenia ór- y Luis XV. 
den para pasar ¿ Florencia, y á 



PABIS 111. LIBBO VI. 471 

Otro inesperado suceso hizo temer también gran 
perturbación en los negocios pendientes, á saber: la 
muerte repentina del duque de Orle¿ns (2 de diciem- 
bre, 4723), en breves instantes acaecida, á presencia 
solo de un familiar suyo, que al verle caer de la silla 
en que estaba sentado fué por un vaso de agua, y 
cuando volvió le halló ya difunto ^*K Tan repentina- 
mente acabó la vida y la ambición del que en la 
corta edad y endeble naturaleza del rey Luis XY. ha- 
bía fundado sus esperanzas y sus planes de su cederle 
60 el trono ^K £1 rey Luis mandó que se le recogie- 
sen todos sus papeles, y por consejo de su maestro el 
abad Fleury, después cardenal, quedó encargado del 
gobierno como primer ministro Luis Enrique, duque 
de Borbon« 

El nuevo gobierno de Francia, deseoso de poner 
ya término al asunto de la investidura de los príncipes 
españoles pendiente en el congreso de Cambray, dio 

(4) Suponen otros que le espe- «Greian los saperficiales , dice 

raba ODA señora de calidad eu sa el roarqaés de San Felipe, que 

coarto cuando volvió del Consejo, coa esta muerte habla perdido el 

Lqoe comenzando esta señora á rey Católico mucho, faltando quien 

Diar, el duque cayó en el suelo; promoviese sus intereses; pero los 

que la señora gritó llamando la fa- mas entendidos creían que habia 

milia, la cual , hallándole sin sen- perdido el emperador un i^mígo, á 

tido, acudió en busca de médicos, quien contemplaba con secreto 

que intentaron san^rarle^ pero era tratado de que le ayudase en su 

ya tarde. El P. Belando indica casa á la sucesión de Francia pa- 

naber ocasionado en parte este ra excluir la casa de España.» 

suceso una carta que recibió del (2j Hay quien afirma que esta- 

padre Niel, jesuíta francés, confe- ba ya prevenido do corona y de 

sor de la prmcesa de Asturias, y vestiduras reales para cuaDdo le 

compañero de Daubenton, avisen- proclamara n rey, y que no era es- 

dole la muerte de éste , y lo que to una cosa tan oculta que no se 

babia ocurrido con el rey. trasluciese en Paris» 



472 HISTOBU DB ESPAÑA. 

instrucciones á sus plenipotenciartos para qoe signifi- 
caran á los del imperio que de no entregar luego las 
letras eventuales se despedirían de la asamblea y se 
volverían á París. Participáronlo los alemanes á su 
soberano, el cual en vista de tan apremiante insinua- 
ción despachó con el mismo correo las tan esquivadas 
letras (9 de diciembre» 1723). Pero notóse en ellas, 
que si bien se reconocía el derecho de suceder á los 
ducados de Parma, Plasencia y Toscana el príncipe 
Carlos y sus legítimos descendientes, y á falta de éstos 
los demás hijos de la reina de España, insinuábase 
todavía en sus cláusulas que habian de quedar sujetos 
al imperio, y traslucíase en sus términos un espíritu 
' poco conforme al artículo quinto del tratado de la cuá- 
druple alianza ^^K Y viendo las potencias que podría 
un dia suscitarse una nueva guerra, quisieron reme- 
diarlo buscando un término medio con que contentar 
ambas partes, dando al emperador la superioridad, y 
á los hijos de la reina de España la sucesión á los du- 
cados; especie de transacción que hicieron sobre los 
derechos de Isabel de Farnesio y sus hijos á fin de 
evitar nuevos disturbios, y como ansiosos de cortar 
tan largo pleito. 

Aun no estaba terminado este famoso litigio, cuan- 
do sorprendió al mundo una noyedad por nadie espe- 
rada, ni aun imaginada, aunque el autor de ella la 

(i) BelaDda ios^rtá el teito latino de las cartas» 



PABTB III. LimiO VI. 473 

hubiera tenido pensada algunos años hacia, á saber, 
la formal y solemne abdicación que Felipe Y. de Es- 
paña hizo de todos sus reinos y señoríos en su hijo 
primogénito Luis Fernando (10 de enero, 1724), para 
vivir en el retiro y en la soledad y apartamiento del 
mundo. Asi io espresaba en el decreto de renuncia.— 
«Habiendo considerado (decia) de cuatro años á esta 
uparte con alguna particular reflexión y madurez las 
^miserias de esta vida, por las enfermedades, guerras 
»y turbulencias que Dios ha sido servido enviarme en 
]»los veinte y tres años de mi reinado, y considerando 
>tambien que mi hijo primogénito don Luis, príncipe 
>jurado de España, se halla también en edad suficien- 
»te, ya casado, y con capacidad, juicio y prendas su- 
vficientes para regir y gobernar con asiento y justicia 
»esta monarquía; he deliberado apartarme absoluta- 
emente del gobierno y manejo de ella, renunciándola 
)»con todos sus Estados, reinos y señoríos en el referido 
» príncipe don Luis, mi hijo primogénito, y retirarme 
»con la reina, en quien he hallado un pronto ánimo y 
> voluntad á acompañarme gustosa á este palacio y re- 
stiro de San Ildefonso, para servir á Dios; y desemba- 
trazado de estos cuidados, pensar en la muerte y so- 
)» licitar mi salud. Lo participo al Consejo, para que en 
i>su vista avise en donde convenga, y llegue á noti^ 
»cia de todos. En San Ildefonso, á 10 de enero 
>de 1724.1) 

En el mismo dia se estendió el instrumento ó es- 



474 HISTOEIA DB BSPAÜA* 

critura de cesión de la corona en sa hijo don Lais* lla- 
mando por su orden al infante don Fernando so her- 
mano, y á los demás hermanos del segundo matrimo«> 
nio existentes ó que pudieran nacer, reservando sola- 
mente para sí y para la reina el sitio y palacio de San 
Ildefonso que acababa de construir en Baisain, y para 
su mantenimiento seiscientos mil ducados» y lo que 
necesitase para concluir los deliciosos jardines que co- 
menzados tenía, quedándose para su aastencia con el 
marqués de Grimaldo» y con el francés Yaloox como 
único mayordomo y caballerizo, y destinando ai ser- 
vicio de la reina dos damas^ cuatro camaristas y dos 
señoras de honor. Para el - caso de menor edad del 
que le sucediese nombró una junta 6 consejo de re- 
gencia, compuesto del presidente de Castilla, de los 
de Hacienda, Guerra, Ordenes é Indias, del arzobispo 
de Toledo, del inquisidor general, y del consejero de 
Estado mas antiguo. Firmado este documento, pasó el 
n)arqués de Grimaldo al Escorial (1 4 de enero), donde 
se hallaba el príncipe de Asturias, y leida ante toda la 
corte la escritura de cesión, y aceptada por el prínci* 
pe, se publicó al dia siguiente (1 5 de enero, 4 724) 
con toda solemnidad ^^K 

Habia llevado también el de Grimaldo una carta 

(4) Aquel mismo (Ha re hizo r i os persona ges; con justicia á ai- 
merced del ToisoD de Oro al mar- guaos, bíd justicia y por pu ro fa?or 
qués de Grimaldo, al de Valoux, a otros. — San Felipe, Comenta- 
ai marqués Aníbal Soótti, al de ríos, tom. II. — Macanas, üfemorias 
Santistebao, al de Santa Cruz, al para el gobierno de Bspaña, MS.,. 
duque de Medinacoli, y á otros va- iom. 11. p. ZQl, 



PARTB lll* LtBEO VI. 475 

escrita del propio puño de Felipe á su hijo, á imitación 
de las que Carlos Y. y Luis XI. de Francia escribieron 
en análogos casos á sus hijos Felipe U» y Carlos YIIL, 
dándole consejos cristianos, pero tan piadosa y místi- 
ca, que, como dice un escritor de aquellos dias, «el 
mas penitente anacoreta no la podria escribir mas es- 
presiva y ajustada á los preceptos evangélicos; tanto 
que los crítÍ42os desearon se entretegiesen en ella docu- 
mentos políticos entre los morales ^^^d 

No falló quien propusiera la convocación de Cortes 
para dar con su consentimiento la debida legalidad y 
validez al acto de la renuncia, y era en efecto lo que 
correspondia para resolución tan grave conforme á las 
antiguas leyes de Castilla. Pero temió acaso Felipe que 
una asamblea tan numerosa pudiera negarle su asen- 
timiento, ó que una vez reunida quisiera recobrar el 
poder que en otro tiempo habia tenido. En su defec- 
to se espidieron circulares para obtener Id aprobación 
de las ciudades de voto en cortes, y se tomó por con- 
sentimiento la aquiescencia de los grandes y prelados 

(4) San Felipe , Gomeotarios. «poes por nin^ua medio podréis 

— Ea efecto, de ello son una prue- wcooseguír mejor lo que para vos 

ba los párrafos siguientes de la i>y para ellos necesitareis. Sed 

carta: tE vitad en cuanto fuese po- «siempre, como lo debéis ser, 

»8iblo las oft^naas de Dios eo vues- «obediente á la Santa Sede, y al 

«tros reinos, y emplead todo vuos- >papa como vicario de Jesucristo. 

»tro poder en quesea servido, » Amparad y manienod siempre el 

•honrado V respetado en todo lo «tribunal de la Inquisición, que 

»que estuviese sujeto ¿ vuestro «puede llamarse el baluarte de la 

>aomÍD¡o. Tened siempre gran de- »ré, y al cual se debe su conserva- 

•vocion é la Santísima Virgen, y scion en toda pureza en los esta- 

yponéos bajo de su protección, > dos de España otc.« 

«como también vuestros reinos, 



i 76 HISTOBIA DB B8PiÍfA« 

que en la corte residían. La nación lo loleró, como 
habla tolerado antes el testamento de Carlos 11. y la 
variación de dinastía sin contar con el reino unido en 
tórtes. Mas no dejaba de ser estraño en Felipe, que 
aun habia creido necesaria su intervención para el re* 
conocimiento y jura de sus hijos y para alterar la ley 
de sucesión á la corona* 

Fué tal la sorpresa y el asombro que causó en to- 
das partes una abdicación tan inesperada, de parte de 
un monarca de treinta y nueve años, con el consen- 
timiento de una reina que solo contaba treinta y ono, 
que se resignaba á dejar los goces del trono por el si- 
lencio del retiro» que la estrañeza misma de un aconte- 
cimiento tan estraordinario dio ocasión á que se for- 
maran mil cálculos y conjeturas sobre los móviles y 
los fines de una resolución que á muchos parecía io- 
comprensible* Supúsose pues que lo hacia con la mi- 
ra de habilitarse para heredar el trono de Francia 
después de la muerte de Luís XV. , que se calculaba 
no tardaría en suceder atendida su débil salud; que 
este pensamiento se le avivó con la muerte del duque 
de Orleans, único rival peligroso con que tropezaba 
para ceñir aquella corona, y que contaba para ello 
con la cooperación del duque de Borbon, enemigo de 
la casa de Orleans. Fundábanse para este juicio en la 
predilección que siempre habia mostrado Felipe hacia 
su país natal t y en que no era verosímil que una reina 
de la ambición de Isabel de Farnesio se resignara á 



FAETB 111. LIBRO VI. 477 

descender del solio para ocultarse en las soledades de 
una montaña sino con la esperanza de subir á otro, 
saliendo de un pais en que no era amada. Hubo tam-* 
bien quien atribuyera á Felipe remordimientos sobre 
la legalidad y justicia del testamento de Carlos II., y 
no ha faltado quien le supusiera convencido de que su 
renuncia á la corona de Francia adolecía de un vicio 
radical de nulidad. 

En cambio discurren otros» en nuestro entender 
con menos apasionamiento y mejor sentido, que no 
era probable que un hombre de maduro juicio dejara 
lo que con seguridad poseia por la incierta esperanza 
de suceder á un niño de catorce años, con la declara- 
da oposición de tantas potencias que le harian la 
guerra inmediatamente, y después de tan esplicitas, 
repetidas y solemnes renuncias como habia hecho. 
Que dentro de la misma Francia habia de hallar fuer- 
te contradicción, especialmente por parte de los prín- 
cipes de la sangre. Que un rey á quien censuraban 
por su aversión á los negocios públicos no era proba- 
ble aspirara á emplear toda la aplicación y todos los 
esfuerzos que exigia el gobierno de una nueva monar- 
quía. Y loquea juicio de éstos hubo de cierto fué, 
que las contrariedades, disgustos y trabajos que le 
ocasionaron tantas y tan continuadas guerras, y las 
graves enfermedades que años atrás habia padecido, 
engendraron en Felipe un fondo de melancolía, que le 
hacia mirar con tedio el falso brillo del poder y de las 



478 HISTORIA DB ESPAÜA. 

grandezas miindáDas, y desear la quietud y el des- 
canso; y que cierta mezcla de superstición y de des* 
engaño, de indolencia y de egoísmo, le indujo á bus- 
car en el reposo de la soledad y en los consuelos de 
la religión la tranquilidad que apetecia y que no 
pódia encontrar en las agitadas regiones del po- 
der; lo cual está 9e acuerdo con los sentimientos y 
las razones que él mismo expuso en la carta á sa 
hijo^*)- 

Si, como dicen los primeros, hubiera abrigado la 
idea de que el testamento de Carlos II. que le elevó al 
trono de España era injusto é ilegal, mal medio esco* 
gia para descargar su conciencia dejando este mismo 
trono á su hijo, que habia de ocuparle en virtud del 
propio testamento. Y si la renuncia á la corona de 
Francia adolecía de un vicio esencial de nulidad, y en 
ello fundaba sus aspiraciones á reclamar su antiguo 
derecho, mas elementos tendría para vencer la oposi* 
cion de las demás potencias estando en posesión de 

(4) iHabiéadose serviiio la Ma- «que me llama para que lo sírvaj 

«gestad Divina^ le decía, por su iii« > me ha dado en toda mi vida tan- 

>nDÍUi misericordia, hijo mío muy v tas señalen de ana visible pro- 

» amado, de hacerme cooooer de »teccion, ood que me ha librado, 

«algunos días acá la Dada del muD- sasi de las eotormedadea coa qve 

» do y la vauidad de sus grandezas, )*ha sido servido de visitarme, co- 

»y darme al mismo tiempo ao de» >mo de las ocarreociasdificultesas 

»seo ardiente de los bienes éter- »de mi reinado, en el cual me ha 

Buos, que deben sin oomparacioQ > protegido, y oonsarvado la coro* 

«alguna ser preferidos á todos los vna contra tantas potencias unidas 

«de la. tierra, los cvales no dos los «que me la pretendían arrancar, 

)>dió Su Magostad sino para este «smo saorificándole y poniendo á 

«único fin, me ha parecido que no «sus pies esta misma corona 

«pedia corresponder mejor á los «etcétera.» 
r favores de un padre tan bueno 



PAITB III. LIBRO YU 479 

un troDo, que aislado del mundo y escondido entre 
rocas í*^ 

Sin perjuicio, pues, de juzgar á su tiempo su con- 
duela ulterior, en la parle que con esta resolución pu- 
diera estar en mas ó menos desacuerdo, parécenos 
que es escusado buscar los motivos de esta determi- 
nación en otra parte que en la profunda melancolía» 
en cierta debilidad de cerebro, y no poca flojedad y 
desapego al trabajo que le habían producido sus en- 
fermedades, unido esto al cansancio consiguiente á las 
incesantes contrariedades y fatigas de veinte y tres 
años de reinado, de todo lo cual pudo muy bien, aten- 
dido el corazón y la naturaleza humana, arrepentirse 
y recobrarse después ^^\ 



f4) Entre los escritos aae se FrsDcia. Has ao advierte este ilus- 
pabíicaroD sobre la Dulidaa de la trado escritor, que al afirmar esto 
reoQDcia de Felipe V. ¿ la corooa se deecaida eo decir él mismo: 
de Francia, merece notarse ei tra- cLa causa principal era sin dispu- 
tado que escribió en latió elDr. don ta aquella mezcla singular de su- 
Juan Bautista Palermo, tituhdo: persticion y egoísmo, de indolen- 
Tratactwt de guccesione Regni ciay ambición, que formaba el oa- 
GaUi(Badtenoremlegi8Salieüe,D« rácler de Felipe.» Y mas abajo: 
nuUütíe rmundationia Srmi Rs- «En la quietua que siguió á la oai- 
gi8 Philippi V.— Está di?idido en da de aauel mmistro (Alberoai) se 
siete capítulos: los seis primeros desarrolló la enfermedad bipocon- 
forman la historia de la ley Sálica, dríaca del monarca, llevando con- 
y el sexto contiene en once par- sigo la idea afieja de la abdi- 
rafos todas las ratones en que el cacion.» — €oxe , Bapafia^ bsjo el 
autor funda la nulidad de la renun- reinado de la casa de Borbon, 
cia de Felipe V.-^Es un maouscrí- cap. 33. 
to en folio de M3 páginas, y se Aduce después, como compro- 
halla en laBiblioteca Nacional, se-- bante de su juicio, que Felipe 
Salado S. 19* manteáis desde San Ihlefbnso re- 
1%) El historiador inglés Wi- laciones con el dnqud de Borbon y 
Iliam Goxe es uno de los que su^ con el partido español de Francia , 
ponen en la abdicación de Felipe v que .tuvo ya preparado sn víage 
el interesado designio de habili- a aquel reino so protesto do res- 
tarse para heredar el trono de tablecer su salud > pero con el 



480 BISTOEIA »B B8f a11a« 

Aceptada la abdicación por el príncipe de Astu- 
rias, por mas que muchos consejeros y letrados duda- 
ran de la validez de la renuncia, como hecha sin acuer- 
do del reino, nadie se opuso á ella; y contentos al pa- 
recer grandeza y pueblo con tener un rey español á 

▼erdadero fia do alentar ¿ sos par- T el marqués de Saa Felipe, 
tidarios. Cita para esto del vtige replicando á los que atribulan la 
las Memorias de San Simón , el renuncia al propósito de habilitar- 
amigo de las anécdotas ciiriosas: se para suceder á la corona de 
nosotros no hallamos noticia de él Francia, dice: cNi conocían bien 
en niogun documento ni historia- el genio del rey los que esto dis- 
dor español. V en cuanto á man* currian, porque ni su delicada es- 
tener relaciones con el dui^ue de crupulosa conciencia era capaz de 
Rorbon y el partido español do faltar á lo prometido, ni su arar- 
Francia, aeremos después lo que sion á los negocios, ni la falla de 
sobre ello hubo de cierto, y la sus fuerzas para grande aplicación 
conducta de los dos reyes de Es- le podían estimular á los inmensos 
paña, padre é hijo, on este traoajos de regir una para él nue- 
asunto. va monarquia de franceses, divi- 
Macanaz esplica del modo sí- dida precisamente en facciooes en 
guíente los motivos de la abdica- caso ae faltar el actual dominante; 
cion : <kG1 rey se mantenía en el pues aunque loa parlamentos y los 
empeño de renunciar la corona, mas ancianos padres de la patria 
lo que procedía de su gran cooo- estuviesen por la ley Sálica qne 
cimiento, pues vela el daño y no favorecía al rey Felipe, los prlnci* 
tenia arbitrio para el remedio; re- pes de la sangre y sus adheridos 
conocía que el confesor, y por él estarían por elinmediato al trono 
el de Orleans, y la reina por ellos, entre ellos, que era el doque de 

f>or el duque de Parma y los ita- Orleans, mozo y soltero, por lo 
íanos, le engañaban; vela que és- cual los que le seguían miraban 
tos tenían todo el gobierno de la mas vecina la posibilidad del solio 
monarquia en manos de sus cria- que si le ocupase el rey Felipe, 
turas; echaba menos que no se le qoe ¿ mas del principe de Asta- 
diese cuenta mas que de algunas rías tenia otros tres yarones, sin 
oosas, y que aun en ellas se le los que podían tener dos indivi- 
eponian siempre que se apartaba dúos conocidamente fecundos. Es- 
de lo que ellos querían; sobraba- tas razones, que convoncian ¿ los 
le conocimiento, y faltábale reso- mas reflexivos, avivaron el inge- 
Ittcíon, y de aquí venia el ser su nio para diacurrir otras que ba- 
escrúpulo mayor cada día , y el biesen dado impulso ¿ tan grande 

deseo de dejar la corona; y de que hecho pero los hombres pios y 

hablaba dosto le tenían por loco; de dócil corazón lo atribuían á só- 

y asi vive (guineo años en un con- lida virtud y temor de errar en el 

tinuo martirio.» Memorias para el gobierno.» -"-Comentarios, tom. II- 

gobieruode Bspaña, MS« tom. II. p. 399. 
pág. 276 V. 



PARTB IlU LIBEO VU 481 

qoíeD amaban, por sus buenas prendas y por su afi- 
ción y apego á los usos y costumbres del pais, salu- 
daron con aclamaciones de jubilo su advenimiento al 
trono; y babiéudoae dispuesto la proclamación solem- 
ne para el 9 de febrero (1 724); verificóse ésta en Ma- 
drid con lodo el ceremonial^ y toda la pompa y apara- 
to que se habia usado en la de Garlos U.» llevando el 
pendón real el conde de Altamíra, el cual, á la voz 
del rey de armas mas antiguo: <í\Silenciol ¡Oidl tre- 
moló el estandarte de Castilla, diciendo: iCastillay 
Canilla , Cctstilla por el rey nuestro Señor don Luis 
Primeroh A que contestó la regocijada muchedum- 
bre con estusiastas y multiplicados vivas. 

Quedó, pues, Luis L de Borbon instalado en el 
trono de Castilla, que la Providencia en sus altos jui- 
cios quiso que ocupara por un plazo imperceptible en 
el inmenso espacio de los tiempos. 



Tomo xviii. 31 






GAPITIILO Xfll. 



DISIDENCIAS ENTRE ESPAÑA Y ROMA 



•e Í709 * nao. 



Causa y príocipio de las desavenencias.— Reconoce el pontífice al ar- 
chiduque Carlos de Ansiria como rey do España.*— Protesla do los 
embajadores españoles. — Estraoamiento del nuncio. — Se cierra él 
tribunal de la nunciatura. — Se prohibe todo comercio con Boma. — 
Circular á las iglesias y prelados.— -Relación impresa de orden del 
rey.— Oposición de algunos obispos.— ^Son reconvenidos y amones- 
tados. — ^Breve del papa condenando las medidas del rey.— Enérgica 
y vigorosa respuesta del rey don Felipe á Su Santidad.— Instr no- I 

cienes al auditor de España en Roma.—Guestion de las dispensas ' 



matrimoniales.— Dictamen del Consejo de Castilla.- Firmexa del 
rey en este asunto.— Procedimientos en Roma contra los agentes de 
España.— Indignación y decreto terrible del rey.- Fuerte consulta 
del Consejo de Estado sobre los agravios recibidos de Roma. — Des- 
apruébase un ajuste hecho por el auditor Moline8.-»Invoca el poo- 
tiñce la mediación de Luis XIV. de Francia. — Conferencias en París 
para el arreglo do las discordias entre España y Roma.— 'Amena- 
zante actitud de la corte romana.— Consulta del rey al Consejo de 
Castilla.— Célebre respuesta del fiscal don Melchor de Hacanaz.— 
Condena el inquisidor general cardenal Giúdice dosde París el pe- 
dimento fiscal.— Manda el rey que se recoja el edicto del inquisidor, 
y llama al cardenal á Madrid. — ^Falla el Consejo de Castilla contra 
«1 inquisidor , y se le prohibe la entrada en España.— Naevo giro 
que toma este asunto por influencia de Alberoni. — ^Vuelve Giúdice 
á Madrid, y retirase Macanaz á Francia.— Proyectos y maniobras 
ds Alberoni.— Edicto del inquisidor cootaa Macanaz , y conducta da 



PARTE III. LIBRO VI. 483 

éste.— Alberooi se deshace del cardeniM Giúdice, y le obliga á salir 
de EspaSa.— Negocia Alberoai el ajuste eco Roma á trueque de al- 
canzar el capelo.— Concordia entre España y la Santa Sede. — Qué- 
jase el papa de haber sido engañado por Alberoni , y le niega la^ 
bulas del arzobispado de Sevilla.— ^Nuevo rompimiento entre las 
cortes de España y Roma.— Revoca el poatlfice las gracias apostóli- 
cas. — Conducta de los obispos españoles en el asunto de la suspen- 
sión de la bula de la Cruzada. — Tómplanse los resentimientos. — ^De- 
. vuelve Roma las gracias.— Se admite al nuncio, y se restablece el 
tribunal de la nunciatura en Madrid. 

La necesidad de dar cierta conveniente ilación á 
los sucesos que caracterizaron mas la marcha y la fi- 
sonomía política de esta primera mitad del reinado de 
Felipe y. , no interrampiéndola con la narración de 
otros, qué aunque no menos importantes ni de menos 
trascendencia, eran de muy diferente índole, y exigían 
á su vez ser presentados á nuestros lectores con aque- 
lla trabazón y enlace que requiere y constituye la cla- 
ridad histórica , nos movió á hacer solamente ligeras 
indicaciones de ellos en sus respectivos lugares, anun- 
ciando, como el lector podrá recordar, que los trata- 
ríamos separadamente, según que por su naturaleza lo 
merecían. Ocasión es esta de cumplir lo que entonces 
prometimos, ya que hemos terminado la primera de 
las dos partes ó períodos en que este largo reinado 
naturalmente se divide. 

Referímonos al presente á una de las cuestiones 
mas graves y mas ruidosas, y que con mas interés y 
por mas largo tiempo ocuparon al primer monarca esr- 
pañol de la casa de Borbon y á sus ministros y conse^ 



484 HISTORIA DB BflPAffA. 

jeros, á saber, las lamentables desavenencias y dis- 
cordias que sobrevinieron entre el rey de España y el 
Sumo Pontífice, entre el gobierno español y la corte 

romana. 

Nacieron estas funestas disensiones del hecho de 

haber reconocido el papa Clemente XI. como rey 

de España al archiduque Carlos de Austria (1709), 

obligado á ello por los alemanes, después de haber 

sido aquel pontífice uno de los que concurrieron y 

cooperaron á que la corona de Castilla recayera en 

Felipe de Borbon, y de haberle reconocido y tratado 

como rey legítimo de España por espacio de muchos 

años ^^K Apresuráronse á protestar contra este aclo 

los ministros de Francia y España en Roma, y á co« 

municarlo á sus respectivos soberanos, con testimonio 

quede ello exigieron ^^K En su virtud formó el rey 

(1) Recuérdese lo que sobre es- »y en la de la Sania Sede Apostó- 
lo dijimos ya, aunque suciota» dIíca» é Iglesia 'Católica Romana 
mente, en ef capitulo 7.® de este «en todo lo que sea dentro de los 
libro. > limites de la santa fé y rel^ion 

(2) La protesta que presentó el acristiana.... Y asi nuevamente 
embajador español duque de Uce- «protesta y declara en el mejor 
da por medio del auditor don José »modo que puede y debe, y por el 
Motines concluia*. «derechp divino, natural, y el de 

((Declarando en nombre del » las gentes es permitido á an rey 

«rey su señor, que para la defon-r «legitimo ofendido injustamente; y 

«sa de su corona y monarquía j. y «en nombre del rey sá señor, dá 

«manifestar la nulidad, injusticia, «comisión y pleno poder á don Jo- 

» perjuicios y agravios de los dichos » sé Motines i>ara oae baga la pre- 

» actos, se valdrá de todos los me- «sentacíon y notincacion de estos 

»dios lícitos, aunque no por esto «actos proteatatorios, estipulando 

«deia de protestar delante de Dios «auténtico instrumento por públi- 

«y de todo el mundo, que siempre >co notario, y pide testimonio de 

«continuará con sus reinos y va- «ello, á fin de que en todos tíem- 

» salios en la obediencia de vues- »pofl conste haoer protestado la 

«tra santidad y sus legitimes su- «nulidad é injusticia de todos los 

«C/esores en la silla de San Pedro, «referidos actos en la forma es- 



PAETS lil. LIBRO VI. l85 

uua junta de consejeros, teólogos y letrados para que 
le aconsejase lo que en tal caso debería hacer ^^K La 
junta opinó que la injusticia y ofensas hechas al rey 
por el papa no podian ser mayores, y que era llegado 
el c^so de la justa defensa y de manifestar el resenti- 
miento, haciendo salir de España al nuncio de Su San- 
tidad, cerrando la nunciatura, prohibiendo todo co- 
mercio con Roma, y dando un manifiesto á los prela- 
dos, iglesias, religiones y universidades para que su- 
piesen lo que á tales medidas habia dado lugar ^^K 

En su consecuencia, de aeuerdo con la misma jun- 
ta, ordenó se hiciese saber al nuncio con cuánto dolop 
se veia obligado á hacerle salir de sus reinos y domi- 
nios, y cuan sensible era á oin reverente hijo de la 
Iglesia semejante determinación á que le forzaba la 
conducta de Su Santidad; que se le diese copia de la 
protesta hecha por el duque de Uceda; que se le con- 
dujera hasta internarle en Francia en coches de las 
reales caballerizas, como se hizo en tiempo de Fe- 
Kpell. con el que se mandó salir de estos reinos; que 

ipresada, y queden también pre- tell, del de Castilla; don Alonso 

•servados los incontrastables de- Pérez Araciel , del de Indias; el 

»rechos y la notoria justicia que Padre Robiuet, jesuita, su confe- 

«asiste al rey su señor.^El duque sor; Fr. Francisco Blanco y Fray 

ide Uceda, conde de Montalvao.» Alonso Pimentol, dominicos; Fray 

(4) Compusieron la junta, don Vicente Ramírez, de la Compañía 

Francisco Ronquillo, presidente de Jesús; y secretario de ella io 

de Castilla, el conde de Frigiliana, fué don Lorenzo Vivanco. 

el duque de Medinacetí, el de Ve- (2) Consulta de la Junta en 

raguas y el marqués de Bedmar, 25 de febrero de 4709. Está rubri- 

consejeros de E^ado; don Garcia cada por los trece individuos qud 

Pérez Araciel , don Pascual de la componiau 
Villacampa y don Francisco Por- 



19? HISTORIA DB ESPAÑA* 

se le permitiera llevar consigo doce ó quince gaardiás 
de corps con uñ oficial para mayor s^uridad, y que 
le asistiera un mayordomo de la real casa, muy ad- 
vertido para que evitara que en los pueblos del trán- 
sito pudiera verter de palabra ó por escrito especies 
de naturaleza de producir conmoción en los ánimos. 
Diósele para dejar la c^rte el breve plazo de cuarenta 
y ocho horas, y verificóse la salida del nuncio (7 de 
abril, 4709), segan el rey lohabia ordenado ^^K 

Cerróse el tribunal de la nunciatura, se mandó 
archivar todos sus papeies, y se dio orden para que 
salieran también de España el auditor, abreviador, 
iG^cai, y demás ministros estrangeros de aquel tribu*' 
nal, no vasallos de Espaia. Se prohibió todo comercio 
y comunicación con Roma, excepto en aquello que 

(4) El papel que se entregó al »Su Santidad, lis espresíones que 
Bancio al tiempo de notificarle es- » repetidamente ha hecho de coo- 
laba escrito en un leoguage estro- »siderarla (sin otro nombro), báoía 
madamente fuerte^ y á tas veces tía conciencia y hacia la razón.— 
duro. «El ajuste ¿ que se ha ron- » Estos actos, ejecutados con liber- 
»dido Su Santidad con los tudes* «tad y premeditación, ^^e un prin- 
geos (decia), trasladado de la mis- »cípe á otro, son ofeosa tan gran- 
»ma boca do Su Santidad á los oi- »de, que el disimularlo fuera lo 
»dos de los embajadores y minis- » mismo que renunciar á la obliga- 
»tros de las dos coronas, siendo ocion que los impuso Dios con la 
vtan indecente á Su Santidad y á »corona de atender al decoro y 
»la Santa Sede, al rey como ren- » preeminencias de ella, propol- 
»dido y reverente hijo de la Igle- «saodo la injuria, y solicitando la 
)»sia y tan zeloso de su gloria le Bsatisfaccion que sin hacerse reo 
» ha üido y és de sumo dolor.— Por »con él, é indíj^no para con el 
«los artículos convenidos en él á x>mundo, no pudiera omitirse. — Si 
«favor del archiduque es injurioso, ose consideran actos invotonta- 
»ofens¡vo, é intolerable á la per- »rios... etc. etc.» — MS. de la Real 
»sona y dignidad del rey, y á toda Academia de la Historia, Papeles 
»su monarquía.— La nulidad é in- de Jesuítas.-— Macaoaz, Relación 
ajusticia que incluyen es tan noto- Histórica de los sucesos acaecidos 
» ría, que 10 sobra para calificarla entre las cortes de Roma y España: 
«por tal el conocimiento mismo á% cap. 5. HS« 



PABTB lli. uno VI. i87 

perteneciera á la jarisdiocion purameale espiritual y 
eclesiástica, y sobre todo quedó rigoroáamente prohi- 
bida cualquier extracción de dinero para la corte ro« 
mana ^*\ con órdeo á los comandantes, gobernadores 
y cab«s de las fronteras que vigilasen para que no se 
introdujera en el reino persona alguna» bula» breve» 
carta ú otro instrumento de Roma» sin que se reco- 
giese y remitiese á S. M. 

Se pasó una circular á todos los prelados» cabil- 
dos» iglesias y comunidades de toda España» mandán- 
doles que hiciesen rogativas públicas por la libertad 
del pontífice» al cual se suponia subyugado» (^rimido 
y violentado por los austríacos. Acompañaba á esta 
circular una Relación que ^ rey hizo imprimir (ju- 
AÍo» 1709) de la causa» principio y progresos de las 
desavenencias con el papa» y una noticia de las me- 
didas que con este motivo se habia visto precisado á 
tomar ^^; previniéndoles» que atendida la imposibili- 
dad en qoe ya se hallaban de recurrir á. la corte ro- 

(1) «Manda el rey nuestro Se- «aunque soa sobre dependencias 

>Dor, decía el edicto, que desde «eclesiásticas, persona alguna» de 

•luego se prohiba á todos los va- » cualquier caliaad ó condición que 

»eallo8 y residentes en sus reinos y vsea, remita dinero ¿ Roma en es- 

tseñorios el comercio con la corte »pecie ó en letras, aunque sea por 

«romana en todo lo temporal, ya »maoo de españoles» so las penas 

• sea entre parientes y mercantes, len que incurren los eslrangcros 

»ó cualesquiera otras personas que » extractores de oro y plata enes- 

> oomprebendan comunicaciones fa- » tos rei nos, etc.» 

•miliares; con declaración que no (% Macanaz inserta una copia 

•queda prohibido el comercio y literal de esta Relación» al final 

^comunieacion con la referida cor- del tomo X. de sus Memorias ma- 

»te en todo lo perteneciente á la nuscritas, y otra en el cap. 7 de su 

•jurisdicción espiritual y eclesiás- Relación Histórica de los Suca- 

«tica. Y que coanin^n pretesto, sos, etc. 



188 HISTORIA BB BSPAl^A. 

mana, gobernasen en adelante sus iglesias según pres- 
eriben los sagrados cánones para ios casos de guerra, 
peste y otros en que no se puede recurrir á la Santa 
Sede; de todo lo cual se dio también conocimiento á 
todos los Consejos y tribunales. En todas partes se 
obedecieron y ejecutaron las órdenes del rey, y solo 
se opusieron á ellas cuatro prelados, á saber, el ar- 
zobispo de Toledo cardenal Portocarrero, el obispo de 
Murcia don Luis Belluga, el arzobispo de Sevilla don 
Fr. Manuel Arias, y el de Granada don Martin de 
Ascargorta, éste notoriamente desafecto al rey, y mal 
satisfechos los otros de que no les hubiera dejado el 
gobierno de España, como deseaban, y alguno de ellos 
'se hallaba solicitando dejloma el capelo (^\ 

El cardenal Portocarrero, antiguo gobernador de 
España, hombre sin duda de buena intención y de sa- 
nos propósitos, pero no de muchas letras, ni de lar* 
gos alcances, fué inducido á reunir en su casa una 
junta de diez teólogos, á fin de que examinaran si el 
papel impreso de orden del rey y la prohibición de 
todo comercio con Roma eran ajustados á razón y jus- 
ticia, y si estaba obligado á obedecer. De ellos los seis 
fueron de sentir que no solamente era todo justo, sino 

(f ) Ed este caso se hallaba el de Murcia se hallaba resentido del 
arzobispo de Sevilla. El de Grana- re^ porque no le había hecho in- 
da era tan conocido por desafecto quisidor general^ y publicó y cir- 
al rey, que como propusiera siem- culo un papel sedicioso, por el 
pre á los sugetes de su misma opi- cual mereció ser severaneiUe re- 
Dion para las prebendas y benefí- prendido por el presidente del 
ciosdesu diócesis, nunca habian Consejo de Castilla» 
sido aprobadas sus propuestas.. El 



PARTE III. LIBRO TI. 489 

qae si el rey se hallara con fuerzas suficientes no de- 
bería contentarse con lo hecho, sino entrar con armas 
en los Estados de la Iglesia hasta poner guarnición en 
Roma y en el castillo de Santángelo; «pues la injuria 
hecha á su persona y monarquía en el reconocimiento 
hecho por el papa á favor del archiduque no pedia 
menor satisfacción.» Los otros cuatro opinaron que 
aunque los sucesos de la Relación fuesen ciertos^ se 
debian ocultar en vez de publicarlo?, porque con ello 
padecia la reputación del papa: que no debió haberse 
despedido al nuncio ni prohibirse el comercio con Ro- 
ma, porque esto era declararse el rey enemigo de la 
Iglesia, y dar lugar á que hubiese un cisma en Espa- 
ña; todo lo cual se debería representar al rey con la 
mayor ciarídad. Adhirióse Portocarrero á este último 
dictamen, y en este sentido hizo á S. M. una estensa 
representación, que puso en manos del secretario del 
despacho universal. El monarca la pasó en consulta á 
la junta anterior que ya entendia en las controversias 
con Roma; esta junta reprobó unánimemente la con- 
ducta de Portocarrero, é informó al rey que los cua- 
tro teólogos por cuyo dictamen se habia guiado el car- 
denal eran, sobre desafectos á su persona, los mas 
ignorantes y menos autorizados, á diferencia de los 
seis primeros, que eran hombres instruidos, y buenos 
vasallos (julio, 1709). 

Opinó ademas la junta que deberían recogerse á 
mano real todos los ejemplares de la representación. 



490 HiSTOaiA DB rspaSa. 

incluso el borrador de ella, y que llamado el oardeoal 
á la presencia del rey se le reconviniese por so con^ 
ducta, y se le apercibiese para que no volviera á te- 
ner juntas ni escribir papeles de aquel géaero, no 
pasando á demostraciones mas severas por respeto y 
consideración á los servicios que en otro tiempo había 
hecho al Estado; todo lo cual se cumplió por parte del 
rey, como lo proponiala junta, y el cardenal oyó su- 
miso la reprensión y obedeció al apercibimiento. No 
asi el obispo Belluga, que publicó y dirigió á todas 
las iglesias y prelados un papel subversivo, por el cual 
mereció ser duramente reconvenido y severamente 
amonestado; y aun después seguia correspondencia 
con el espulsado nuncio, que se hallaba en Avignoo, 
y desde allí continuaba haciendo oficios de nuncio é 
inquietando las conciencias de los españoles. 

Alentado el pontífice con el apoyo que estos cua- 
tro prelados le prestaban, expidió un breve, que en- 
vió á todos los prelados seculares y regulares, y á 
todas las iglesias de España, condenando el escrito 
impreso de orden del .rey, exhortándolos á que se 
opusieran á las resoluciones del gobierno sobre la ma- 
teria, y á negarle toda clase de recursos. Y al tiempo 
que otorgaba las bulas á cuantos eran presentados por 
el archiduque para los obispados y prebendas, las ne- 
gaba á cuantos le eran presentados por el rey don Fe- 
lipe. Ademas de esto entregó por su mano al auditor 
don José Motines en Roma una carta ó breve dirigido 



PARTB III. LIBBO VU 491 

al rey, en qae quejándose de haber vulnerado la ju- 
risdicción eclesiástica y menospreciado la autoridad 
pontificia» le exhortaba á que para remediar ua es- 
cándalo, «jamás oido, decia, en los pasados siglos en 
la religiosísima nación española,)» revocase lasdíspo- 
«cienes dadas y volviese á llamar al nuncio, en cuyo 
caso le tendería sus paternales y amorosos brazos, y 
aprobaría incontinenti las presentaciones hechas para 
las iglesias vacantes (22 de febrero, 4 71 0). A cada 
párrafo de este breve puso el doctor Molinos una no- 
ta impugnando los cargos que en cada uno se bacian 
al rey, tales como las siguientes, ti. — En las partes 
>de España no está vulnerada la jurisdicción eclesiás- 
»tíca, ni despreciada la potestad pontificia por los ac* 
»tos ejecutados por el rey, ni de su orden; porque 
»lo obrado es en materias meramente temporales, y 
»s¡n perjuicio de la jurisdicción eclesiástica, ni de la 
»Sede Apostólica en las cosas espirituales. — 2. — El 
»dolor y sentimiento deben ser contra aquellos que 
»ofenden á la Iglesia ó á la Santa Sede, y á la digni- 
»dad pontificia, usurpando los bienes y feudos de la 
«Iglesia, y deteniéndolos con escándalo y desprecio, 
«cargando con tributos á los vasallos de la Iglesia 
»(aludia en todo esto á los alemanes); y sin embargo 
«contra estos no hay dolor ni sentimiento , sino gozo 
>y amor, y deseo de todas felicidades con bendición 
«apostólica, como parece del breve dirigido por el mes 
«de octubre del año pasado al archiduque de Austria 



492 HISTORIA DE ESPAÑA. 

»con título de rey católico de las Españas, después 
>d6 hecho el reconocimiento á su favor, de cuyo bre- 
j>ve se remite la inclusa copia. — 3. — ^No hay escán- 
>dalo en España por causa de lo obrado por el rey, 
» porque todo lo que ha hecho es lícito* como ejecuta- 
»do en defensa de su real corona y dignidad.. •• etc.» 
Hallábase el rey don Felipe en campana en las 
partes de Cataluña, entre Ibars y Barbenys, comba- 
tiendo á los catalanes sublevados, cuando recibió el 
breve y los papeles de Roma, y afectáronle tanto, y 
dióles tanta importancia, que alli mismo, en medio de 
las operaciones de la guerra, quiso contestar á todo, 
y lo hizo con la entereza y energía, y en lengaage tan 
vehemente como vamos á ver. Primeramente escribió 
una larga respuesta á Su Santidad; después la redujo á 
mas breves términos; pero envió una y otra al auditor 
Molines (18 de junio, 4710), ambas rubricadas de su 
mano y refrendadas por su primer ministro , encar- 
gándole pusiera desde luego la una en manos del poiv- 
tífice; y autorizándole para que del contenido de la 
otra hiciera el uso que su prudencia le aconsejara, 
hasta entregársela íntegra , si fuese necesario. Es tan 
notable este documento, que no podría darse bastan- 
te idea de él, ni formarse el juicio conveniente de la 
gravedad de esta cuestión sin conocerle en todas sus 
partes. 

tHuy Santísimo Padre (decia). — ^Recibo el Breve de Yira. 
Santidad de 23 de febrero, con aqael profundo y religioso respeto 



PABTB 111. LIBRO VI. 493 

qae corresponde á la filial observancia qae profeso á la Santa Sedo 
y á la sagrada persona de Y. Boalitad, siendo igual á aquella la 
admiración con que observo en su contenido el silencio con que V. S. 
se da por desentendido de mis injurias, cargando toda la conside- 
ración en sus asertas ofensas para constituirse acreedor y pedirme 
satisfacciones como á reo, debiéndomelas dar á mi V. B. como 
agraviado. 

»Si yo, no obstante los incontestables derechos con que Y. Sd. 
ocupa el trono de San Pedro, y con que ha sido recibido de la uni- 
versal Iglesia, y adorado por mi como su legitimo pastor, reconocie- 
se después por verdadero papa, al mismo tiempo que á Y. B.> á 
quien intentase usurparle su excelsa dignidad, y arrancarle de sus 
sagradas sienes la tiara, sin mas autos que la autoridad de este 
hecho me declararían V. S. y el mundo por enemigo capital de su 
Santísima persona y de la Iglesia que Dios le encomendó, por fau* 
tor de un cisma, y por autor de los perjuicios, de los escándalos 
y minas de la cristiandad. Y siendo esta y no otra ta conducta 
que Y. B. ha tenido y observa con mi real persona; y con la mo* 
narquia de España á que me llamaron la Divina Misericordia, los 
derechos de mi sangre, las leye^ de la sucesión, los votos do la no. 
bleza y de los pueblos, y el testamento del rey mi tio, arreglado 
al oráculo de la Santa Sede y á los dictámenes de sus reales Con- 
sejos y ministros, en coya consecuencia fui reconocido por Y. S. 
y recibido en todos mis reinos como legitimo monarca, prestándo- 
me todos los homenages y juramentos de fidelidad (que son los es- 
trechos lazos con que las leyes del cielo y de la tierra hacen el 
nodo indisoluble), dejo á la perspicacísima comprensión de Y. B. 
el que se aplique á si el juicio y la sentencia que en aquel caso 
darían contra mi Y. S. mismo y el general consentimiento de las 
gentes. 

»En cuya josta ponderación solo haré presente á Y. B. lo au- 
torizados que quedan de esta vez el perjurio, la infidelidad y re- 



494 HISTORIA HB BSPAfiA. 

beldia; paes sobre el fomento cf«e les presta y It apralMeien que 
les infaade el dooto rocooocímieato pootificio, experineoten hoy 
las bendioiones y gracias aposlólioas que laa fraocameote dispon- 
sa V. S. á los que so las haa solicitado con sos crímenes^ al liem— 
po que se les niega y son maltratados los que se las desmereceii 
solo por observantes de la fé jurada á sn monarca; siendo tan cir- 
cunstanciada la pública injuria que Y. B. ha hecho, no solo á m¡ 
corona y monarquia, sino también á (odoe los legitimes soberanos, 
cuya causa se vulnera en la mía como penetrada con ella, ni mi 
conciencia ni mi honor me permitieran la bajeza de un feo, delin- 
cuente y torpe disimulo, por ser en mi tan estrecha la obligación 
de sostener los derechos de mi cetro como en Y. B. la de mante- 
ner la sacrosanta tiara. 

•Pero al mismo paso, haciéndome cargo de mi filial devoción 
y de mi reverendísima obiervancia con esa Santa Sede, incapicas 
una y otra de disminuirse 6 alterarse, si bien pudo alargar mis 
soluciones dentro de lo licito á lo que solo por el motive de la 
yor gloria de Dios y ediflcaeion de su casa extendieron las suyas 
en oíros reinos los monarcas que por su heroico celo y piedad so 
hicieron paso á los altares, y á lo que en España practicaron en 
causas de menos agravio mis gloriosos predecesores y abuelos Fer- 
nando el Católico, Carlos Y. y Felipe II., quise usar de la bondad 
de ceñir mis providencias á la esfera de ana para defensiva, en los 
precisos términos que prescriben por indispensables el derecho de 
las gentes, el consentimiento del género humano -y las costumbres 
de todas las naciones. 

» Y siendo cierto que mis órdenes, sobre justificadas por las le- 
yes natural y divina, sin contradicción alguna en las canónicas, 
fueron arregladas á los preceptos de la mayor moderación de- 
bo confesar á Y. B. la suma estrañeza con que en el Breve de Y. B. 
las veo desacreditadas con la nota de «nuevo ejemplo jamis visto 
ni oído en estos reinos, » convirtiendo asi en censura el elogio debi- 



FABTB III. LIBRO VI. 495 

do á la templania de mi inimo; pues cotejadas mis providencias 
coB las de mis ídcIíIos predecesores en casos de menos ofensión.... 
me he contenido, queriendo antes dar nnevos ejemplos de cristia- 
na y berüca tolerancia qne los correspondientes al tamaño de la 
olensa, en medio de persoadirlos altamente las sentidas inflamadas 
voces de mi soberanía violada, de mi razón ofendida, y de mi jos- 

tieia atropellada 

»Cnando de mi moderación y tolerancia, sin ejemplar qoizás 
en otro soberano en caso de ignal ofensa, padiera prometerme que 
en vista de una y otra se dispondría el pontificio ánimo de Y. B. á 
darme la delffda satisfacción que prescriben las leyes de la justi- 
cia, y de que no vive esenta la mas preeminente dignidad, experi- 
mento nuevo agravio en la severisima prohibición con que V. B. 
proscribe las cartas y Relación que de mi real orden se dirigieron 
á los prelados de mb reinos para cerciorarlos de la injuria hecha i 

mi perama y monarquía Si la potestad de las llaves concedida 

por Cristo á San Pedro se estendiese en Y. S. como sucesor suyo 
al arbitrio de quitar y poner reyes, al de alterar los derechos de 
las monarqoias, al de atrepellar á los soberanos, al de cerrarles las 
bocas para que no articulen ni una voz de queja en sus insultos, y 
al de atarles las manos para que no hagan demostración de su jus- 
ticia cuando la vulneración de ella procediese de Y. B., sería sin 
doda la esclavitud de los principes cristianos mas dura que la que 
oprimió á los vasallos de los antiguos monarcas persas. Pero siendo 
la espresada conducta tan repugnante á las máximas de Cristo, tan 
opuesta al espirita de la Iglesia, y tan contraria á todos los dere^ 
choe, natural, de las gentes, divino, civil y canónico, dejo al juicio 
de Europa la ponderación de las leyes violadas en mi injuria, al 
de los reyes la reflexión que este atentado enseña á su escarmien- 
to, y al de Y. B. el que seriamente medite si este violento proce- 
der con un monarca servirá de cebo para reducir á los principes 
protestantes á las saludables redes de San Pedro, ó de material 



496 HISTORIA DE ESPAÑA. 

con que el Norte apoye sa obslinaeton, y maquíoe sas inveclivas y 

sos sátiras , 

»EI acto solo de do admitir la presentación (de k» obispos) 
ejecutada con legitima acción, cuando se bace en persona digna, 
es censurado por las leyes y por el universal consentimiento de los 

sabios y en este becho se ve que Y. B. ba relegado de si para 

conmigo, DO solo la virtud do la equidad tan propia de aapadre 
y tan merecida de mi filial respeto y observancia, sino también la 
de la justicia, que debe Y. S. mantener y administrar como vicario 
y lugarteniente del justo juez Cristo á los hombres mas ínfimos del 
mundo, cuanto mas á quien goza de la soberana preeminencia de 

monarca Y el negar hoy los pastores á las iglesias vacantes es 

un acto, en que ademas del agravio que Y. B. me hace á mi como 
á patrón, le recibe Cristo en su institución violada, y en su volun- 
tad contravenida; lo padecen los fieles, abandonados, destruidos, 
y privados de los padres, de los maestros, y de los pastores que 
por precepto del mismo Señor debe Y. B. sustituirles; y la obliga- 
ción de Y. S. queda no poco oscurecida, porque una vez reserva- 
da á la Santa Sede la provisión de las sedes episcopales, ésta no 
lo es voluntaria á Y. B., ni dependiente de su arbitrio, por ser 
aquella tan indispensable como los derechos natural y divino que 

la inducen 

sReconociendo Y. S. los deplorables é inevitables males que 
por la falta de los pastores se padecen y esporimentan cada dia en 
las diócesis vacantes, asi en lo que respecta á la disciplina como en 
lo que mira á las conciencias, se esfuerza Y. B. en persuadirme que 
deberán imputarse á mis edictos, siendo Y. S. el único autor á 
quien será preciso atribuirlos; porque aquellos^ sobre justificados, 
ni tienen conexión con la negativa de las bulas, ni necesitaron de 
Y. B., ni le dieron derecho para la repulsa, ni Y. B. aun cuando 
mis órdenes fuesen criminales podria adquirirle, ni tenerle -en vir- 
tud de ellas para viodicarseen la sujeta materia tan en perjuicio 



PAATB 111. LIBBO Vlt 497 

de las almas, y coDlravíniendo á la ley del Evangelio. Y yo, para 
descargo de la obligación que me incorobe por rey y por patrón, 
paso á decir á Y. B. con igaal sinceridad y reverencia, que ea 
cumplimiento de la mía proseguiré, como hasta aqui^ haciendo las 
presentaciones que me tocan s^gun fueren vacando las iglesias, y 
ejecutado este acto, que es el de mi pertenencia, si Y. B. no las 
proveyese de prelados (que me será de sumo dolor por lo que 
me debo compadecer de las ruinas espirituales de los rebafios del 
Señor), reconociendo que he satisfecho á mi oGcio, y que Y« B. 
olvida el de vicario, á quien por tros veces le encargó San Pedro 
el cuidado y pasto de sus ovejas y corderos, se las encomendaré 
al principe de los pastores Cristo, ¿ quien Y. B. dará la cuenta de 
su vilicaciou, quedando á la mia la disposición de los frutos de las 
vacantes, en que ni Y. S. puede dudar el que por ningún derecho 
esjttstlGcable el de percibir el esquilmo de las ovejas en quien no 
solo no las apacienta, sino que las abandona, y espresa y positiva- 
mente se resiste á conceder los pastores que las guien y alimen- 
ten; ni yo dejo de tener presente, asi las providencias de los cá- 
nones, como las que mi circunspectísimo abuelo y predecesor Fe- 
lipe II. practicó en la provocación de Paulo lY. 

kComo Y. B. se duele tan altamente de la salida del nuncio, 
exagerando que fué tratado en ella como enemigo de la patria, no 
me he querido dispensar de decir á Y. S. que la espulsion de los 
embajadores de los principes, de quienes han recibido alguna 
ofensa intolerable los Estados, es tan conforme al derecho de las 
gentes como practicada de todas las naciones, sin que en esta re- 
gla general sean privilegiados ó exentos los legados ó nuncios 
apostólicos. Y si bien para la comprobación de esta verdad sumi- 
nistran oportunos y frecuentes ejemplares los reinos eslrangeros, sin 
reducir á ellos ni lo ejecutado por don Fernando el Católico con 
cllegado Centurión, está bien presente en esta corte, para que 
pueda ignorarse en esa, el que dio Felipe II. cuando por el solo 
Tumo xviii. 32 



498 lusTeaiA de esfaña. 

motivo do hallarse mal salUfecho del nancio le mandó salir de 
EspaSa, con circonslancías de mas celeridad y meaos deeoro qae 
las qae de orden mia,.y sin ejemplar en la decencia, en el aga- 
sajo y en la autoridad se observaron con el de Y. B. 

»Pero aan cuando el ministro de V. S. habióse sido tratado 
como enemigo p&blico, dentro de los términos que permite la sal- 
vedad del derecho de las gentes, no debiera Y. B. quejarse de 
mi, sino de si; pues con la capital ofensa hecha á mi corona y 
monarquía me puso Y. 3. en la precisión de mirar á su nancio co- 
mo i embajador de un príncipe agresor de los reales derechos de 
mi Estado.... 

»Es asi que con la salida del nuncio y de los demás ministros 
cesó su tribunal; mas cuando de la clausura de éste resoltasen al- 
gunos inconvenientes.... se deberán imputar, no á mí, sino i 
Y. B. que me ha puesto en la necesidad de usar de mi derecho... 
Y aunqoe es verdad que no pocos reinos y repúblicas cristianas 
se han conservado y conservan sin tribunal de la nonciatora, y 
que EspaSa se mantuvo sin él desde Recaredo hasta f a pérdida, y 
en su restauración desde don Pelayo hasta Garlos Y., como tam- 
bién es notorio que los procedimientos de su juzgado desde sa 
creación en estos reinos le han hecho mas digno de suprimido que 
de continuarlo.... no obstante, para que Y. S. eeperimente cuánto 
distingo» en medio de mis agravios, entre la persona de Y. B. de 
quien proceden, y su tiara impecable y sacrosanta, y lo que vene- 
ro su pontificia potestad, me allanaré al restablecimiento del tri- 
bunal apostólico, con la circunstancia de qué Y. S. haya de de- 
legar las facultades acostumbradas á uno de los prelados españoles 
que fuese de mi real satisfacción, y p le proponga, y lo mismo de 
todos los demás subalternos que dependan y formen este tribunal, 
y unos y otros administren la justicia y la gracia á las partes tan 
graciosamente como Cristo mandó á sus ministros la dispensasen 
cuando les concedió la facultad de ejercitar una y otra. 



PABTB 111. uno VI. 499 

»E$Ui íaé la práctica de los mas Dorecíontes siglos de la Igle« 
sia.... esla fuó asimismo la qae hi£0 mi referido bisaboelo al papa 
Urbano coo el molivo do los gravísimos dafios qae de la manoteB- 
cion de an tribuaal lan aulorizado y .compnesio de ministros es* 
trangeros debian recelarse en el Estado; y este es hoy el medio 
único para precaver aqoellos.... Sí Y. B., siendo como es propo- 
sición tan jusliGcada, y lo que es mas, canonizada en los hechos 
de San Gregorio el Grande, la aceptase, se ocurriría por esta via 
á loe males qae V. S. considera en la saspensíon de este triboaal; 
y si por el contrario la repeliese V. B., quedará descargada mi 
conciencia, y á caenta de la de ¥• S. el responder de los daños 
temporales» y de los espirituales perjuicios que produjere la clau- 
sura de aquel, pues serán efectos de la espontánea conducta de 
V. B., y totalmente involuntarios en la mía. 

»T en fin, concluyo espresando á V. B. dos cosas con inge- 
nuidad cristiana, y real y santa libertad. La una, que coando 
las dulcísimas palabras de Y. B. me persuaden su cordial ternura, 
fiu caridad apostólica, y su paternal amor, me lo disuaden las 
obras que experimento tan contrarias; de suerte que puedo decir 
con verdad oportuna, que las voces son de Jacob y las manos de 
Esaú: y como la regla que nos dá el Evangelio para discernir el 
fondo de los corazones es la de calificarlos como los árboles por 
sus frutos, no se debe estra&ar que experimentándolos tan acerbos 
en las operaciones de Y. S., no le franqaée á sus amorosas insi- 
nuaciones toda la buena fé de mis oídos. 

»Y la otra, que emanando de Y. B. toda la raíz de los que ^e 
exageran escándalos, la cual consiste en la fatal injuria hecha á los 
reales derechos de mi persona, de mi corona y estados.... es^ solo 
en la mano de Y. S. el removerlos con la satisfacción á que Y. B. 
es el mas obligado de todos los mortales, respecto de que> cuanto 
üu excelsa dignidad le hace superior á los demás, son tanto mas 
circunstanciadas sus. ofensas. Yo espero de la joslificacion de 



500 HlflTOEIA DB BSPAfiA« 

y . B. y de las^ltas obligaciones de su empleo, qoe siendo tan dq 
oicio de baen pastor el íátigarse por la obeja perdida , creerá Y. B. 
muy propio del suyo el buscar y satisfacer á la agraviada. T por 
lo qoe á mi toca> le aseguro á V. S. no solo mi inalterable respeto 
y filial veneración á sn Santa Sede, sino también mis sinceros y 
.constantes deseos de complacer á V. B. en cnanto no se opusiere 
ó perjudicare i los derechos de mis reinos, ni á mi conciencia y 
real decoro. 

tDios nuestro SeSor guarde etc., á 18 de junio de VIH C^).* 

Ademas de esta carta envió el rey al Dr. Molínes 
» ciertas iastruccioaes para que contestara al papel que 
el pontífice le habla entregado por propia mano, en 
las cuales usaba de espresiones y frases sumamente 
fuertes. Pero el papa continuó reconociendo al archi- 
duque, admitiendo embajador suyo, y enviando nun- 
cio á Barcelona; el rey don Felipe siguió prohibiendo 
el comercio con la corte romana, y presentando obis- 
pos para las iglesias, aunque el papa no expidiese las 
bulas. 

Vino á complicar estas disidencias la cuestión de 
las dispensas matrimoniales. Eran muchas las que se 
habian pedido á Roma y se hallaban pendientes; mu- 
chas también las concedidas ya por Su Santidad, pero 
que no podían venir, porque' se les negaba el pase á 



(4) Despacho del rey para don de Roma.«-*Macanaz inserta tam- 

José Molínes. Está refreqdado por bien copia de esta carta en el ca* 

el marqués de Mejorada y déla pitulo 402 de sus Memorias ma- 

Breña.— Relación de lo ocarrido nuscritas. 
en las desayenencias con la cóite 



MITB llU LtBBO VI. 501 

eaosa de la iaterdiccion del comercio coü la Sania 
Sede. Los perjuicios que experimeDtabaa las familias 
eran graves, grandes los escándalos» frecuentes los 
incestos, paralizados los matrimonios aun después de 
saberse estar otorgada la dispensa, comprometida la 
honra y la suerte de muchas mugeres, inquietas y alar- 
madas las conciencias. Dio esto ocasión al presidente 
y fiscal del Consejo de Castilla, don Francisco Ron- 
quillo y don Luis Curiel, que con algunos otros conse- 
jeros habían cedido ya mucho de su primera tirantez 
en la cuestión con Roma, á elevar al rey una consulta 
(2 de junio, 1711), exponiéndole la conveniencia de 
pern>itir el paso á las dispensas matrimoniales des- 
pachadas, ya por ser las mas de ellas concedidas á 
gente pobre, y por lo mismo poco el dinero que en 
este concepto salía de España, y ya fundados en haber 
quedado libre el comercio con Roma en k> tocante á 
la jurisdicción suprema eclesiástica y esfíiritual, á que 
suponían pertenecer el negocio de las dispensas. El 
rey, conociendo la tendencia de esta consulta, mandó 
que se guardase sin responder á ella por entonces. 
Después, con motivo de preguntar el gobernador ecle- 
siástico de Plasencia (16 de octubre, 1711), qué ha- 
bía de hacer con mas de ciento cincuenta dispensas 
matrimoniales detenidas en aquella diócesis, de que 
se seguían escándalos y pecados, la junta de las pen* 
dencias con Roma opinó en su mayoría que debería 
darse el pase á las dispensas, siendo de notar que los 



502 HISTORIA DB B8PAÑA. 

teólogos qae habia en la junta faerdn los que ópínaroD 
de un modo contrarío (22 de noviembre). 

En vista de todo, mandó S. M. al marqués de Me«- 
jorada, su primer ministro, que oyendo á teólogos, 
canonistas y políticos de toda instrucción y confianza, 
le comunicase sus dictámenes para tomar resolución. 
Consultó el de Mejorada con doctores teólogos de pri- 
mera reputación de las universidades de Általa, Sala- 
manca y Yalladolid, cuyo dictamen fué, que ni debía 
ni podía S. M. conceder el pase á las dispensas matri- 
moniales, sino en el caso que el papa las mandara ex- 
pedir libremente y sin interés alguno, y que debia 
cerrarse la puerta á la libertad que 'daban tales dis- 
pensas, observándose rigurosamente sobre ellas lo dis- 
puesto por el Santo Concilio de Trente, pues la facili- 
dad, decian, con que se conceden estas dispensación» 
nes es la que hace que los parientes en sus relaciones 
no se contengan en los términos de la honestidad, y 
rompan las vallas del pundonor, dando rienda á la 
pasión sin el horror que debería inspirar este pecado 
(diciembre, 1714). El rey, que deseaba encontrar 
apoyo á sus resoluciones, manifestó al Consejo y á la 
junta su desagrado por sus anteriores dictámenes, 
mandó al marqués de Mejorada que guardara sus con- 
sultas sin respuesta, adhirióse á la última, ratificó la 
interdicción del comercio con Roma, y siguió negando 
el pase á las dispensas ^^K 

(1) Relación histórica de las desaveneocias cou la corte de Ro- 



FABTB III. LIBRO VI. 503 

Mieutras esto pasaba dentro del reino, en Roma 
3e acordaba aprehender á los llamados espedicioneros 
regios de Espapa, se impedía al auditor Motines el 
ejercicio de todos sus empleos» se le prohibia la entra- 
da eo el palacio pontificio, y aun se le suspendieron 
las Ucencias de celebrar. Enterado de esto el rey, lo 
pasó todo en consulta al Consejo de Estado (1 3 de oc- 
tubre, 4741)^ con un decreto terrible^ en que se véia 
la indignación de que estaba poseído (*^; y á propues- 
ta del mismo Consejo se pasó también á la junta que 
entendía en las discordias con Roma. Todos informa* 
ron contra el proceder de la corte romana, pero el 
Consejo de Estado añadió, que si las armas del rey se 
Jiallasen en Italia, era llegado el caso de pedir con 
ellas satisfacción de tantos agravios como habia reci- 
bido; mas üo siendo asi, se tomaran por acá las provi- 
dencias mas rigurosas que se pudiere. Y en efecto, 
se apretó fuertemente en lo de la prohibición del co- 
mercio y del envío de dinero á Roma, y se mandó 
salir de aquella corte todos los españoles, que eran 
muchos, y que no volvieran á ella. Y se formó otra 
junta reservada, la cual llegó á proponer al rey recur- 



ma, P. I. c. 48; donde se hallan mas imprudente v ciega pasión 

copiados de sos originales los pa- que jamas se debió esperar, en el 

peles y documentos que mediaron acto practicado con el auditor don 

en este negocio. José Molinos, suspendiéndole de 

(4) «Continuando la corte ro- decir misa etc.» Y convocaba 

mana (decia) sus violencias é in- Consejo pleno para que le cónsul- 

jttstoe procedimientos, ofensivos á tara luego lo que le pareciese so •> 

mi persona V real autoridad, los brotan grave materia, 
ba acreditado últimamente con la 



50 i HISTORIA DE ESPAÑA. 

SOS tan estremos como era el de que, si el ponlífice se 
obstinaba en no espedir las bulas á los presentados 
para las mitras vacantes, se eligieran, aprobaran y 
consagraran los obispos en España, como en lo anti- 
guo se hacia; que todos los beneficios de la iglesia es- 
pañola se declarasen de patronato real; que todos los 
pleitos se terminasen aqui; y aconsejaba ademas otras 
medidas mucho mas violentas, que nos abstenemos 
de especificar, y que mostraban el grado de irritación 
en que esta cuestión lamentable habia puesto los áni- 
mos de aquellos mismos que por su estado y condieion 
deberían ser mas templados. 

Guando de esto se trataba, llegó un espreso de Ro- 
ma enviado por el auditor Molines, portador de un 
ajuste ó convenio que aquél habia celebrado con el 
auditor del papa monseñor Gorradini, con que todos 
quedaron acá sorprendidos. En efecto, con motivo de 
haber indicado el papa que estaba resuelto á fulminar 
censuras contra todos los ministros españoles, incluso 
el presidente de Gastilla, por haber tomado el rey los 
frutos de las iglesias vacantes y negado el cumpli- 
miento á los despachos de la Dataría, y que el único 
medio de evitarlo era tratar un ajuste que podría ha- 
cerse en secreto, aquel magistrado hasta entonces tan 
entero, ó por temor ó por otra causa condescendió á 
hacer el ajuste, que se llegó á formalizar, y se redujo 
á once artículos. Era el 1 /, que Su Santidad condo- 
naría al rey los frutos y rentas de los espolies y va- 



PAETB 111. LÍBRO ti. 505 

cantes que halna percibido» con tal que se obligase 
por escritura á restituirlos á la Santa Sede, la cual 
se los dejaría dando cien ducados por ló pasado. Con- 
veníase en otros artículos en que volvcria á ser reci-- 
bido decorosamente el nuncio en España , que se abri- 
ría el tribunal de la nunciatura, y todo correría como 
antes, haciendo el papa una declaración reservada de 
que el reconocimiento hecho á favor del archiduque 
habia sido violento» y que en él jamás habia querido 
perjudicar al rey, ni al reino, ni á las leyes de su- 
cesión de España, que todas eran favorables á Felipe 
de Borbon. Y en otros se estipulaba que volvería á. 
abrirse el comercio con Roma, que se daria el pase á 
todas las bulas despachadas, y que en cambio Su 
Santidad concedería al rey el diezmo de lodo el esta- 
do eclesiástico por tres años, juntamente con las gra- 
cias de cruzada, millones, subsidio y escusado en la 
forma acostubrada ^*K 

Este convenio, que acá fué recibido con estrañez a 
y con enojo, y en el cual puso la junta notas á cada 
artículo, impugnándole con razones, contradiciéudole 
y desechándole, le fué devuelto á Molines, acompaña- 
do con dos cartas escritas por el marqués de Mejorada 
á nombre del rey (19 de enero, 1712), ostensiva la 
uua y reservada la otra. En ambas, después de ma- 



(t) Macanaz da Doticia del coa- la obra destinada á la relación de 
tenido de cada articulo, en el ca- estos sucesos, 
pitulo 487 de sus Memorias, y en 



506 HISTOEU DB BSr^ftA. 

nifestarlela graode estrañeza y disgusto cod que el 
rey le babia visto entrometerse motu propio y propa- 
sarse á hacer semejantes tratados en la deplorable 
situación en que se hallaba, y de reconvenirle por el 
atrevimiento de haberle propuesto tales ajustes, le 
decia: «Sería cosa infeliz por cierto» y notable ejem- 
»plo de bajeza para la posteridad, que quien en el 
alance está favorecido de la razón y la ha manejado 
»con templanza, en el ajuste se hubiese de infamar 
» calificándose de agresor y desmesurado, y esto por 
^artificios de los ofensores, y por desmayos de los ne- 
Dgociantes.x> Y concluia ordenándole, que sin dejar de 
acreditar su deseo de ver terminadas tales disidencias 
se abstuviese de concluir nada sin dar cuenta al rey 
de cuanto ocurriese, por si lo hallase conveniente ó 
tolerable ^^K Afectó mucho á Molines el contenido de 
estas cartas: el papa se dio por ofendido, pero reco- 
nociendo el ánimo firme en que el rey estaba, entre 
otros medios que discurría para venir á un ajuste, fué 
uno el de valerse del cardenal Giúdice , que habia 
sido nombrado inquisidor .general en España por 
muerte del arzobispo de Zaragoza Ibañez de la Riva. 

(4) Bd una y en otra, asi en la le dará, que sobre estos asuntos b 
ostensible como en la reservada, constituya criminal, ni en ta pre- 
se usaba del lenguaje vigoroso, cisión lastimosa de temer los rayos 
resuelto y firme que hemos nota- eclesiásticos fulminados en josti- 
do en toda esta correspondencia, cia, y arrojados sin ella sabe bien 
•El rey, decia en la reservada, que como armas de fuego se arríes- 
está bien asegurado en su con« ga á padecer sus estragos qaiea 
ciencia, que no ha dado paso, y los maneja sin la prudencia do- 
espera en la divina gracia que no bida.» 



PARTB III* LIBRO YI. 507 

Observábase qae el nuevo iaqaisidor, como iodivi- 
dao de la junta magua que entendía en las diferen- 
cias con Roma, se oponia siempre á todo io que fuera 
favorable al rey, y que rehusaba fundar sus dictáme- 
nes, como* hacían todos, so protesto de que no se acos- 
tumbraba en las congregaciones que en Roma se te- 
nían* Informado de esto el rey, le separó de la junta 
como á persona sospechosa, mandándole entregar to~ 
dos los papeles, y participándolo á la corte romana. 
Viendo el pontífice cómo se frustraban todos sus arbi^ 
trios, y que por otra parte en los tratados de Utrecbt 
se reconocía á Felipe de Borbon comd rey de Espa- 
ña (1713), conoció la necesidad de emplear otros me- 
dios para arreglar tan antigua discordia, y apeló á la 
intervención del rey Cristianísimo, á cuyo efecto en- 
vió á París á monseñor Aldrobandi* No se negó 
Luis XIV. á todo lo que pudiera conducir á restable- 
cer la concordia; comunicóselo á su nieto, y Felipe 
tampoco tuvo reparo en nombrar sujeto que conferen- 
ciara con Aldrobandi, mereciendo esta confianza don 
José Rodrigo Villalpando, que fué luego marqués de 
la Compuesta. Intervenía en las conferencias y tratos 
entre los dos enviados de Roma y España el primer 
ministro de Francia marqués de Torcy. 

Controvertiéronse y se acordaron sucesivamente 
muchos puntos entre aquellos plenipotenciarios, de los 
cuales cada uno iba dando cuenta á su respectiva cor- 
te. Entre las muchas cuestiones y materias que deba- 



508 HISTORIA DB ESPAÜA. 

líeron y en que convinieron los ministros de las dos 
coronas se cuentan, la jurisdicción que había de ejer- 
cer el nuncio, y la que habia de quedar al rey, á los 
obispos y á los tribunales reales de España en sus 
causas, pleitos y dispensas; si se habia de prohibir la 
adquisición de bienes á las iglesias y comunidades, ó 
si estos bienes solamente habian de quedar sujetos al 
pago de las cargas, gabelas y contribuciones reales; 
cómo y por quién habian de ser juzgados los eclesiás- 
ticos delincuentes; que solo en ciertos casos gravísi- 
mos y estrechos, y cuando la potestad real no alean* 
zara á reprimi^ ios delitos, pudiera la Iglesia usar de 
las censuras; cómo habian de concurrir los eclesiásti- 
cos á los gastos de las guerras; cómo se habia de dis- 
tribuir en lo sucesivo el producto de los espolies y va- 
cantes; el arreglo del grave asunto de las coadjuto- 
rías, y el mas grave todavía de las dispensas matri- 
moniales, cuyo abuso se empeñaba el rey don Felipe 
en corregir, y quería que solo se dieran inter magnos 
principes et ob publicam catisanif como dispone el 
Concilio de Trente ^^K 

Objeto fueron estos y otros puntos, por espacio de 
cerca de dos años, de largos debates entre los nego- 
ciadores, de acuerdos entre ellos, de consultas á sus 
respectivas cortes, de respuestas del pontífice y del 



(4) Paode verse esta materia tiooes escribió Macaaaz» y en la 
mas estensamente tratada eo la Historia Ci?il, de Belaodo, P. IV. 
obra que sobre esta9ruidosa3 cues- c. i.* 



PARTB til. LIBRO VI. 509 

rey de España, de estensos escritos y contestaciones 
de una parte y otra; siendo de notar que aunque los 
acuerdos de los dos ministros eran en su mayor parte 
favorables á ios derechos del monarca español, todavía 
Felipe no se daba por satisfecho, y ponía siempre re- 
paros, y pretendía sacar mas ventajas. Mas todo que- 
dó igualmente indeciso, á causa de otras mas graves 
complicaciones y de otros mas célebres acontecimien- 
tos que esta misma famosa cuestión habia entretanto 
producido dentro de la misma España. 

Noticioso el rey de que el papa, ó por sí, ó por 
instigación de los alemanes, amenazaba de valerse 
contra España de los medios fuertes que en otro tiem- 
po hablan empleado contra Alemania Gregorio VIL y 
contra Francia Bonifacio VIH. é Inocencio XI., quiso 
prevenirse á la defensa- de las regalías de su corona, ' 
ordenando al Consejo de Castilla ( 1 2 de diciem- 
bre, 1713) que respondiera á los puntos que ya en 8 
de julio de 1 71 2 le habia remitido en consulta sobre 
remedio á los abusos de la nunciatura, de la dataría, 
y otros por parte de la corte romana. El Consejo lo 
pasó con todos los' antecedentes al Bscal general, que 
lo era á la sazón don Melchor de Macanaz. Este céle- 
bre magistrado presentó á los cuatro dias al Consejo 
(19 de diciembre, 1713) la famosa respuesta ó pedi- 
mento fiscal de los cincuenta y cinco párrafos^ asi lla- 
mado porque en ellos respondió á todos los puntos que 
se sometieron á su examen sobre abusos de la data- 



540 RiBTORU dbisfaKa. 

ría, provisiones de beneficios, pensiones, coadjutorías» 
dispensas matrímoniaies, espolies y vacantes, nancia- 
tura, derechos de los tribunales eclesiásticos, jaicios 
posesorios y otros asuntos que abrazaba la con- 
sulta í*>. 

Lograron los consejeros adictos á la corte ro mana 
que se difiriese la resolución sobre tan importante es- 
crito, alegando que necesitaban copias para que pu- 
diera cada uno meditar su dictamen y su voto. Hízose 
así , y cuando se creía que le estaban examinando, 
avisó desde Roma don José Molinos (22 de febre- 
ro, 471 4) que por alli corria ya este papel, cuyo con- 
tenido alarmó tanto á la corte romana, que desde lue- 
go se celebraron varias congregaciones para ver la 
manera mas disimulada de recogerle: y por último se 
adoptó el camino de enviar un breve al cardenal Giú« 
dice, para que como inquisidor general le condenara 
y prohibiera, juntamente con otras obras, para que no 
pareciera que era este solo el propósito del breve ^K 

(4) Empezaba esto célebre do- tentado han sido ÍDútíIe8.0 

comento: «El fiscal general dice. Después en 2 de enero de 4714 

que por decreto de V. A. de 4^ presentó una adición de treinta y 

ae\ corriente, fué servido acordar cinco proposiciones relativa á di- 

viest) los puntos que S. M. remitió ferentes mformes reservados que 

al Consejo en 8 de julio del ano se habian pedido. 

Í>asado, tocante á los excesos de De uno y otro circularon co* 
a dataria, y demás dafios que piasen Francia yon España.— Si- 
esta monarquía experimenta por blioteea de la Real Academia de la 
los abusos introducidos en ella por Historia, G. 97 y G. 439. — Impri- 
ios ministros de la corte romana, miéronae ambos docomentos en 
á fín de que en vista de ellos V. A. Madrid en 4841. 
informo á S. M . los remedios que (8) Con las obras de Goillermo 
se podráu aplicar , respecto de y Juan Barclayo, y el libro de Mr. 
que cuantos hasta aqui se han in- Talón. 



PARTE QI. LIBIO VI. 611 

Pero el mismo inquisidor, á pesar del apoyo y protec- 
ción qae le aseguraban las cortes de Roma y Yiena» 
no se atrevió á prohibirle en España, y no lo hizo sino 
al cabo de algún tiempo en París (30 de julio, 1 71 4), 
donde fué con una comisión del rey don Felipe, de 
que en otro lugar hicimos mérito. Enviado el edicto á 
Madrid, y firmado por cuatro inquisidores, se mandó 
publicar en las iglesias al tiempo de la misa mayor 
(15 de agosto, 1714), esparciendo la voz de que el 
papel del fiscal Macanaz contenia treinta y dos pro- 
posiciones condenadas, ademas dé otras diez ofensivas 
de la piedad de los españoles. 

Sorprendió á lodos esta novedad, incluso el réy^ 
que se hallaba en el Pardo; mas para obrar con la de- 
bida prudencia consultó lo que deberla hacer con 
cuatro doctores teólogos, tres de ellos consuUores del 
Santo Oficio (^^ los cuales unánimemente le respon- 
dieron que estaba S. M. obligado en conciencia y jus- 
ticia á mandar suspender la publicación del edicto 
donde no se hubiese hecho, y que los inquisidores die- 
sen cuenta de los motivos que habian tenido para 
proceder así, sin la venia ni aun conocimiento de S. M., 
y que debia obligar al cardenal á revocarle, y á dar 
las satisfacciones correspondientes; aunque la mas se- 
gura, decian, seria la de privarle del empleo y extra- 
ñarle del reino. Habiéndose conformado S. M. en todo 

(4) Fueron el P. Robinet, sa tas, y lo9 maestros Atieoza y Pi- 
confesor, y el Dr> Ramírez, jesui- mentél, dominioos. 



512 msToau db españa. 

con este (líclámeD, mandó suspender la publicación 
del edicto, y despachó un. correo á París ordenando 
á Giúdice que se presentase inmediatamente en Ma- 
drid, y avisando de todo á Luis XIV. ; y ademas 
expidió un decreto en términos sumamente enérgicos 
y fuertes (24 de agosto), para que el Consejo de 
Castilla, en el acto, y sin escusa, y sin levantar mano, 
le dijese su sentir sobre la materia ^^K 



(4 ) Al Sapremo Conseio de neral mas qae el Gooseio las exa« 
Castilla. — Real Decreto. — En el mine y me informe, no nabiéiidolo 
día 45 del corriente se publicó en hasta ahora hecho, se iré ya man- 
algunas de las principales parro- dado recoger por el citado edicto, 
quias de esta villa un edicto, fir- y sin que el Consejo de In(|uifii- 
mado del cardenal Giúdice, su fe- cion lo haya examinado, si bien 
cha eo Marli en 30 de julio próxi- /ha pasado á firmarle sin darme 
mo pasado, con el cual manda re- noticia de ello, como ni tampoco 
coger un libro de Mr . Talón , y el cardenal me la ha dado, siendo 
otros que defienden las regalías asi que ni unos ni otros ignoran 
de la corona de Francia, y un ma- mi aerecho; y que aun los breves 
nuscrito del fiscal general con del papa, en que con iguales cié u- 
cincueota y cinco párrafos, en el sulasa las del edicto mandó reco- 
cual respondiendo á todos los pun- ger las obras de don Francisco 
tos que yo mandé examinar a ese Salgado, don Juan de Solórzano y 
Consejo Juntó los hechos do lad y otros autores que han escrito de 
cortes , las leyes fundamentales mis regalías, ni se publica, ni usa 
del reino, los hechos de los seño- de ellos, ni de otros algunos que 
res reyes mis antecesores, y todo dirocta ó indirectamente ofenden 
k> que mira á poner remedio á los mis regalías, y el bien público de 
abusos que contra las leyes di- mis vasallos, porque lodo esto es 
chas, actas de las cortes y bien reservado á mi potestad real. T 
universal de mis reinos y vasallos porque si á esto se diese lugar, no 
han introducido la Dataria y los habría ministro que defendiese la 
tribunales de la corte romana, con causa pública de mis reinos y va- 
otros abusos y desórdenes que se salios, ni el interés de mi autori- 
experimenlan, e«peüialmente des- dad y regalías, ni tribunal alguno 
de el principio de la guerra, y p¡- aue do ellas tratase, y sobre ha- 
den particular atención; y me ha liarse tan despreciadas como se 
causado notable estrañeza que se ven, vendrían a perderse del todo, 
haya vulgarizado un papel que y á quedar estos reinos feuda ta- 
cón tanto cuidado se entregó solo ríos, y á la discreción de la Data- 
á los ministros de ese Consejo, y ría y de los demás tribunales de 
quo siendo sobre las materias di- Roma y sus dependientes, contra 
chas, sin pedir en él el fiscal ge- lo prevenido y dispuesto en las le- 



PARTE Itl. UBRO VI. SI 3 

Al segundo dia de esto poso ya el secretario Vi- 
vaneo en manos del ministro Yadillo, y éste en las del 
rey todos los votos del Ck)nsejo. Los mas convenían 
en que el papel condenado por el edicto no podía ser 
sacado del presentado en el Consejo, porque no con* 
cordaban en las fechas , pero que de todos modos el 
cardenal había cometido un atentado no visto ni oído, 
en haber condenado los libros y papeles que tocan á 
las regalías de la corona, y mas sin haberlo consulta- 
do con S. M. ni esperado su resolución. Siete de ellos 
afíadían que debería privarse al cardenal del empleo 
de inquisidor general y estrañarle de los reinos; y 
solo hubo cuatro votos Favorables al inquisidor. Mas 
como el rey notara que si bien el voto general del 



yes fuDdamontales de estos mis en caso que algún ministro deje 
reinos. T siendo propio de la obli- de asistir por enfermedad conoci- 
gacion del Gonseio reparar este da, no estando incapaz de poder 
daño, contener á (os que por me- votar, se le ha de pasar noticia del 
dios tan violentos atropellan el to- decreto, y que dé su voto, de mo- 
do, y remediar un escándalo tan do que ninguno se cscuse, pues la 
grande y no visto como el que ha materia pide toda la atención, y 
ocasionado esta novedad , echo por tal no ha de salir ni levantar- 
menos que ni hasta ahora haya se el Conserje sin dejarla vista, vo- 
dado providencia, ni aun puesto tada y cerrados los votos; y que 
en mi noticia cosa alguna de ello, desde la misma tabla al punto veu- 
Y porque no conviene dejar con- ga á este sitio el secretario en ge- 
sentido un ejemplar de^tan malas fe con todos ellos, sin que por ser 
consecuencias, ordeno al Gonseio dia festivo deje de hacerse, como 

f)leno, que luego y sin la menor di- lo ordeno. Tendráse entendido 

ación se junte, y sin salir de la asi para su cumplimiento. En el 

sala vea, examine y resuelva lo Pardo á 24 de agosto de 4744.» 

que en este caso se debe ejecutar. Ademas habia una nota que 

y que visto y examinado, cada uno decia : «Y manda S. M. que esto 

dé su voló sm salir de la tabla del se ejecute domingo 26 del mismo 

Consejo; y cerrados todos y cada mes, citando para la hora regular 

uno separadamente, los pase lúe- del Conseje , que es la de las siete 

§0 á mis manos con el del aboga- de la mañana.» 
o general y sustitutos fiscales. T 

Tomo xviii. 33 



514 H18T0U4 DB BSTAÍA* 

Consejo condenaba el atentado y defendía sa red pre- 
rogativa, guardaba silencio sobre el verdadero escrito 
del fiscal, mandó por otro decreto que luego y sin di- 
lación dieran todos su dictamen sebre cada uno de 
sus puntos. Nadie pudo escusarse de ello: pero como 
los puntos eran tantos, y tantos también y tan largos 
los dictámenes sobre cada materia de las que abraza- 
ba el pedimento ^cal, formaban un proceso volumi- 
noso, que era menester ordenar y estractar, cuya co- 
misión y encargo se dio al sustituto fiscal don Geróni- 
mo Muñoz. 

En tanto que esto sacedla, el cardenal Gíúdice, 
cumpliendo con el mandato del rey, salia de París, 
sin despedirse de Luis XIY. que no quiso verle, por 
que era tal su enojo que temia que su presencia le ir- 
ritara en términos de faltar á las consideraciones de- 
bidas á un minbtro del rey su nieto. Guando llegó á 
Bayona, se encontró con orden espresa de Felipe 
prohibiéndole la entrada en España, » no revocaba 
antes el edicto. El cardenal escribió sumisamente al 
rey suplicándole le concediera la gracia de venir ¿ 
ponerse á sus pies y darle sastifaccion, y para m^r 
alcanzarla le enviaba la dimisión de su empleo de in- 
quiádor general. Él rey sin embargo le mandó que 
se fuera á su arzobispado de Monreal en Sicilia (7 de 
diciembre, 1744), y nombró inquisidor generala don 
Felipe Gil de Tabeada. 

Pero comenzaba ya á sentirse en la corle de Espa- 



PAATB III. LIBEO VI. SI S 

fia y en el ánimo del rey la nueva inflaencia de Julio 
Alberoni y de la reina Isabel Farnesio, y á uno y á 
otra apeló Giúdice, y fueron causa de dar muy dife- 
rente giro á este negocio. Alberoni, á quien interesa- 
ba ponerse bien con Roma para sus ulteriores proyec* 
tos, logró por intervención de la nueva reina, aunque 
con bastante repugnancia del rey, sacar el real permi- 
so para que Giúdíce volviera á Madrid, lo cual se le 
comunicó por posta que espresamente le fué despacha- 
do (febrero, 4715). Conociendo Macanaz la mudanza 
de los aires de palacio, y que todo esto iba contra él , 
[Hdió al rey licencia para retirarse á Francia so pro- 
testo de necesitar de las aguas de Bag^ieres para su 
salud, y la obtuvo. Marchó Macanaz, y vino Giúdice á 
Madrid, habiéndose encontrado en el cantino, pero 
sm hablarse ni saludarse. Una vez restituido el carde* 
nal Giúdice ¿ Madrid, y ausente Macanaz, contra el 
cual y contra el padre Rc^inet, confesor del rey, su 
amigo, difiüuidian sus enemigos la voz de que intenta- 
ban introducir la heregía en España, consiguió Albe- 
roni la reposición de Giúdice en el cargo de inquisidor 
general (4 8 de marzo, 4715). 

Dueño Alberoni del &vor de los reyes (porque 
con tener el de la reina, tenia también el del rey, que 
esta era una de las debilíiladeB de Felipe)» fiijo su 
pensamiento en halagar á la corte romana con el pro* 
pósito de impetrar el capelo, empleó todo el inflijo 
que habia ido ganando en el gobierno y en la regía 



516 HISTORIA DB BSPAÍCA. 

cámara para persuadir al rey de la coQveaieacia de 
arreglar hs antiguas discordias con la Santa Sede, 
y á este fin se valió de todo género de astucias y ar- 
tificios. Hizo venir de París á monseñor Aldrobandi y 
á don José Rodrigo Yillalpando (agosto, 1745) para 
concluir aquí las diferencias qne^ estaban encargados 
de componer. Quien mas contrariaba á Alberoni y ¿ 
Gíúdice en sus planes y en sus intrigas era don Mel- 
chor de Macanaz, que desde la ciudad de Pau en 
Francia, caido y emigrado, pero conservando el 
aprecio del rey, con las cartas que escribía á Aldro- 
yandi y al marqués de Grimaldo, caritas que veia el 
mismo Felipe, y en que él mismo enmendaba alguna 
cláusula, daba no poco que hacer á los dos persona- 
ges italianos. Fuerza les era á éstos ver de acabar 
con tan terrible enemigo, y para ello el cardenal in- 
quisidor apeló al arbitrio de llamar por edicto público 
á-Macanaz (29 de junio, 1746), para que dentro de 
noventa dias se presentara en el Consejo de In- 
quisición á estar á derecho en la causa de here- 
gla, apostasía y fuga de que se le acusó, y dióse 
auto de confiscación de sus bienes, y se pretendió 
cortarle toda correspondencia y comunicación con 
la corte. Macanaz escribió, con permiso del rey, 
pidiendo que se le tuviera por escusado y oyera 
por procurador; apeló de su causa al rey, y pu« 
80 en manos del papa su profesión de fé, de que 
Su Santidad quedó satisfecho: pero Alberoni hizo 



PAETB Ilf • LIBRO ¥!• &4>7 

de modo que ia causa no saliera del .tribunal ^^^ 
Conociendo no obstante Alberoni el poco afecto 
del rey á Gíúdice» y conviniéndole quedar dueño ab- 
soluto en el campo de las influencias palaciegas, co«- 
menzó por retraerse de su amistad y trato, y prosi*- 
guió por indisponerle con los reyes, culpándole de to- 
do y representándole como un maquíavelista, y lo con* 
siguió de modo que siendo á la sazón el cardenal ayo 
del príncipe se le relevó de tan honroso cargo (1 5 de 
julio, 171 6), por sospechas de que le imbuia máximas 
y doctrinas perniciosas, y poco después (25 de julio) 
se le previno que no entrara en palacio, y de tal mo« 
do cayó de la real gracia, que se vio obligado á salir 
del reino, y se volvió á Roma, donde puso el sello á 
las fundadas sospechas que de su infidelidad se te- 
nían, declarándose abiertamente del partido austríaco^ 
con lo cual hizo buenos los informes de Alberoni, 



[t) Este fué el principio do las volúneaes enteros; pero- no nos 

persecuciones y padecimientos del corresponde á nosotros hacerla, 

célebre y sabio lurisconsulto Ma- ni es propio de una historia. Al- 

canaz, el mas infatigable defen- gunns han escrito su Yida, aunque 

sor de las resalías de la corona, j sucintamente: es personago que 

el que abrió la senda á las doctn- merecia ser mas conocido: sus be- 

ñas y á los hombres llamados des- chos están derramados por las 

Ettés regalistaitt que tanta cele-.' muchas obras que su fecunda plu- 

ridad alcanzaron en España, en ma nos dejó escritas, y de las cua- 

la segunda mitad del sielo XVHl. les la mayor parte permanecen 

y principios del siglo XI a. Fecun- inéditas, y sus persecuciones cons- 

da en vicisitud *s y en acontecí- tan principalmente en la titulada: 

mientes importantes la larga vida «Agravios que me hicieron, y pro- 

de este ilustre persona ge, que tan^ cedimientos de que usaron mis 

taparte tuvo en la política de los enemigos para perseguirme y ar- 

tres primeros reinados de la casa ruinarme:» dos volúmenes raa- 

de Borbon, su biografía suminis- nuscritos. 
traria argumento y materia para 



619 HISTORIA DB B8FAÑA. 

y debió justificar la razón de ios procedimientos de 
Macanaz ^^K . 

Solo ya Alberoai en la privanza de los reyes, fué 
cuando emprendió con su fina sagacidad aquella serie 
de sutiles maniobras que hablan de conducir al logro 
de su principal propósito» y de que hicimos indicación 
en el capítulo X, A los reyes les ponderaba la conve- 
niencia de ganar y tener propicia la corte de Roma 
para recobrar los Estados de Italia, á lo cual, decia, 
habría de cooperar gustoso el Santo Padre, teniéndole 
contento, á trueque de verse libre de la opresión de 
los austríacos. Confiaba en atraer al ponUfíce ofi*e* 
ctóndole que se arreglarían á su gusto las diferencias 
con la corte de España, sin que el rey Católico pidiera 
salisfoccion por lo pasado, y sin hacer cuenta de las 
representaciones dé las iglesias y de las cortes es- 
pañolas (^. 

A monseñor Aldrobandi, que se hallaba «n Ma- 
drid sin poder desplegar el carácter de nuncio, le pro- 
metió que, concluido este negocio, se le reconocería 
como tal, y aun se le investiría de mas amplias facuU 
tades que los nuncios anteriores. Dos condiciones po- 
nía Alberoni como necesarias para el buen éxito de 



(4) Botoaoes íoé caainia se bian dado al rey el célebre Memo- 

nombró inquisidor geaeral en iii* rial de don Juan Chumacero en 

foar del cardenal Giudice al auditor tiempo de Felipe IV., y pedídole 

don José MolioeSy y sucedió todo que se hiciera el ajuste con Roma 

Jo demás que dejamos referido en en los términos que en aquel fa- 

el capítulo 40. mofio doottmeato se proponía. 

(2) Las cortes del año 43 ba- 



FAiTB iit. tino VI. 51 9 

esta negociación; la una era el secreto, y que no hu* 
biera de escribirse nada, sino tratarlo todo á viva voz 
con el pontífice, para lo cual convendría que Aldro- 
bandi fuese á Roma; la otra, que este negociador hu- 
biera de traer el capelo para Alberoni; y en ambas 
convinieron sin dificultad ambos monarcas, y el mis* 
mo Aldrobandi» 

Con estas instrucciones partió Aldrobandi de Ma- 
drid, y lleg(^á Roma con no poca sorpresa y estrañe- 
9sa de aqnetla corte; pero aunque enojó al pontífice la 
manera inusitada de aquella negociación^ hubo de di« 
simular en obsequio á las ventajas que presumió ha- 
bría de sacar de ella. Tuvo, pues, Aldrobandi varias 
eonferencias con Su Santidad ; mas si bien el pontífi- 
ce mostró disposición á aceptar las proposiciones de 
España, y agració al enviado con la mitra arzobispal 
de Neocesaréa, fué despachado éste para Madrid (26 
de enero, 4717), sin traer todavía el capelo para Al- 
beroni» E9ta noticia hirió al privado del rey tan viva- 
mente, que en el momento despachó dos correos, uno 
á Aldrobandi, previniéndole que no entrara en los do- 
minios españoles, en tanto que no trajera la púrpura, 
en cuya virtud tuvo aquél que detenerse en Perpiuan; 
otro al cardenal Aquaviva, ministro de España en Ro- 
ma, encargándole dijese á Su Santidad que Aldroban- 
di no entrarla en España, por no traer las cosas des- 
pachadas en los términos que llevaba entendidos cuan- 
do salió de Madríd* Los oficios é instancias de Aqua^ 



520 HISTOEIA DE BSPAÍÍA. 

viva coa el poDtíGce produjeron la respuesta de que 
todo se haría como Aldrobandi lo habia propuesto, y 
que á la vuelta del correo portador del convenio ó 
concordato de la Santa Sede con España quedaría AU 
beroni complacido. A pesar de esta respuesta» todavía 
no se permitió á Aldrobandi la entrada en Madrid, 
hasta obtener la conñrmacion de lo que Su Santidad 
ofrecia. 

Continuó Alberoni desplegando los recursos de su 
sagaz polílica, hasta que al fin se hizo la convención ó 
ajuste entre las cortes de España y Roma, reducido á 
trés artículos, que comprendían en sustancia los pun- 
tos siguientes: 1 •'' Que se despacharían al rey don Fe- 
lipe en la forma de costumbre los breves de Cruzada, 
Subsidio, Excusado y Millones, con las demás gra- 
cias: 2.^ que se le otorgarla el diezmo de todas las 
rentas eclesiásticas de España é Indias: 3."^ que se res- 
tablecerían los tribunales de la dataría y nunciatura, 
y volvería á abrirse el comercio entre España y Roma , 
corriendo todo como antes ^^K 

A consecuencia de este tratado, y cumpliendo Cíe* 
mente XI. lo prometido^ en consistorio de 42 de ju- 
nio (1717) proclamó cardenal de la iglesia romana á 



(4) tEsto fué el ajuste, dice el crifício do los derechos y de las 

historiador Belando, éste el con- regalías de la corona ; y éste el 

Yonio que costó taata fatiga; éste abreviado centro en donde se unie- 

el tratado c[ue se concluyó con ron las líneas de sus máximas qofi 

tantas ventajas á la corte de Ro- le negociaron el capelo.i— Histo- 

roa... éste fué el compendio de las riu civil» P. IV. cap. 45. 
tramoyas de Alberoni; éste el sa- 






PARTB 111. LIBRO VI. 5S1 

Julio Alberoni. Eq posta marchó Áldrobandi á buscar 
el tao apetecido y codiciado capelo, y como esto le 
habilitaba para entrar eu la corte, entrególe en el 
Real sitio del Pardo (8 de agosto, 1717), donde á la 
sazón los reyes se hallaban. AI dia siguiente se abrió 
la nunciatura, que habia estado cerrada mas de ocho 
años hacía ^^K 

El trabajo que costó á Alberoni purpurar, lo es- 
presó él mismo algún tiempo mas adelante con estas 
notables palabras: tiiQuánta fatioa^ quánto pensieri^ 
é quánto azardo non mi costó ^^^ I » 

Abierta la nunciatura , y restablecido el comercio 
entre las dos cortes, parecia haber cesado las antiguas 
disidencias entre España y Roma. Mas no tardó en 
desatar otra vez el interés las relaciones que el interés 
habia flojamente anudado. Guando el papa vio que los 
socorros de España, tan repetidamente ofrecidos por 
Alberoni para emplearlos contra la armada turca, en 
cuya inteligencia le elevó á la dignidad cardenalicia, 
se habian empleado en la conquista de Cerdeña, con- 
sideróse burlado por el nuevo cardenal, quejóse amar- 
gamente al rey de España, en los términos que en 

(i) Como supiese Alberoni qae vo pasaron algunos sinsabores en- 

enel Consistorio el cardenal Giúdi- tre los dos cardenales. Giúdice se 

ce se habia opuesto á su procla- vengó poniendo en su casa las ar- 

macion, y producídose desatenta- mas de Austria, y pasándose al 

damente y do un modo injurioso partido imjperial. 

contra él, logró que el rey man- (2) Vida de Alberoni , en ita- 

dase abatir las armas españolas de liano. , 
la casa de Giúdice, con cuyo rnoti* • 



otro lagar hemo» visto, é instigado ademas por los 
alemanes» y meditando cómo vengar tal engaño y 
ofensa, deparóseie medio de hacerlo con no expedir á 
Alberoni las bulas para el arzobispado de Sevilla que 
el rey don Felipe le confirió, no obstante haberle ex- 
pedido antes las del obispado de Málaga, para el qae 
primeramente había sido presentado. 

Ofendió esta conducta del pontífice al monarca es- 
panol, que considerando lastimados los derechos y re- 
galías de la corona, ordenó al ministro de España cer- 
ca de la Santa Sede hiciese la correspondiente protes- 
ta, y diese á entender á Su Santidad que de no expe- 
dir las bulas consideraria rotas de nuevo las relaciones 
entre ambas cortes, y procedería á cerrar otra vez la 
nunciatura (febrero, 1718). Y en efecto, así sucedió. 
Las bulas no se expidieron, la nunciatura se cerró, 
prohibióse otra vez el comercio entre ambos Estados, 
el cardenal Aquaviva por orden del rey mandó salir 
de Roma todos los españoles, cuya cifra elevan algu- 
nos á cuatro mil, y el nuncio Aldrobandi salió también 
de España ^^K 

A su vez el pontífice, siempre hostigado de los 
austríacos, retiró al rey Católico las gracias ante- 
riormente concedidas en los dominios de España é In- 
dias, entre ellas las del escusado y subsidio, y su* 



(4) BelandOy Historia Civil, P. lacioo histórica de los sucesos acae- 
IV. cap. 20 y 21 . — Sao Felipe, Go* cidos entro las cortes de España y 
mentarles, tom. II.— Macanaz, Re- Roma, US.— Vida de Alberoni. ^ 



PA&TB 111. LIBEO Vi. 523 

púsose haber relirado (ambiea las del iadulto y cru- 
zada. 

AuDque la revocación de la Bula de la Santa Cru- 
zada no se hizo con las competentes formalidades, ni 
se supo que se hubiera comunicado de otro modo que 
por una simple carta del secretario de Estado de Ro- 
ma al arzobispo de Toledo (27 de diciembre» 4718), 
fué sin embargo lo bastante para turbar é inquietar 
las conciencias de muchas personas timoratas. Pero el 
mismo arzobispo de Toledo don Francisco Valero y 
Losa procuró tranquilizarlas y disipar sus escrúpulos, 
mandando publicar en todas las iglesias de Madrid y 
de su arzobispado un edicto (26 de febrero, 4749), en 
que osando de sus facultades apostólicas daba licencia 
para comer lacticinios, y declaraba que sus feligreses 
podrían ser absneltos de todos los casos reservados, 
de que él podia absolver. El ejemplo del primado fué 
seguido por otros obispos, entre ellos el de Orihuela, 
religioso franciscano, y varón de muchas letras, que 
sostuvo serias y vigorosas polémicas con el de Murcia 
y Cartagena su vecino, aquel don Luis Belluga que 
desde el principio de las cuestiones con Roma se ha- 
bía mostrado tan adverso al rey, y que continuando 
en aquel mismo espíritu instaba ahora al de Orihuela 
á que no dejara correr en su obispado la bula de la 
Cruzada, diciendo que el papa la habia suspendido. 
Las cootestaciones entre estos dos prelados se hicieron 
ruidosas y célebres, el uno defendiendo con ardor las 



I 

B24 HISTORIA DB BSFAflA. 

regalías de la carona y los derechos episcopales ^^\ el 
otro abogando furiosamente por las reservas ponti- 
ficias ^^K 

Por estas alternativas y vicisitudes iba pasando la 
famosa discordia entre las cortes de Roma y España, 
que tuvo principio en 1 709, y por consecuencia con- 
taba ya once años de duración. Pero las cosas se fue- 
ron serenando, templándose los resentimientos, y disi- 
pándose las nubes de las disidencias entre ambas cor- 
tes, dañosas á la una y nada provechosas á la otra. 
Luego que cayó Alberoni, y cuando ya estaba faera 
de España, el papa despachó un breve (20 de setiem- 
bre, 1720), devolviendo todas las gracias antes con- 
cedidas al'rey Felipe V. y á sus vasallos. Admitióse 
entonces como nuncio á monseñor Aldrobandino, obis- 
po de Rodas, el cual, habiendo pasado al Escorial y 
tenido una audiencia con los reyes, volvió á abrir 
en Madrid el tribunal de la nunciatura (noviem- 
bre, 1720), con que se puso por entonces término 

(4) Decíale entre otras co^as el con ¡deas quiméricas, por ¡otero- 
de Orihuela, que cuidara del reba- ses persouales y humanas pasio- 
ño propio, y no se introdujera á nes, tan opuestas at Evangelio; y 
darle reglas para gobernar el su- otras espresiones no menos fuer- 
yo, puestas gracias cada obispo tes v duras que estas. — El P. Bo- 
las aprueba tácita ó espresamente lando en la P. lY. do su Historia 
en SQ obispado: que sabía lo que á Civil, cap. 31, da noticias m«s 
favor del rey dicen las bulas de circunstanciadas de los escritos 
Alejandro II., Gregorio Vil. y Ur- que mediaron entre uno y otro 
baño II.: que la autoridad del pa- prelado. 

pa no era ni podia ser para per- (%) Este fué de nuevo recoave- 

turbar las conciencias de los fieles, nido por el rey, pero al fin alcanzó 

y que DO sucedería mientras los de Roma el capelo que hacia 

obispos hiciesen su deber; que su tiempo andaba solicitando, 
ilustrisima no debia inquietarlos 



PAETB III» UBEO VI. 525 

á las díscordiaSt turbaciones y disgustos de tantos 
años ^^K 



(4) Al decir del autor de la de España que no miraba mas que 

obra titulada: Agravios que me á los derechos de su corona y á 

lucieron, etc., luego que cayó Al- la conveniencia de sus reinos: cu- 

beroni se descubrió la infidelidad yo proceder desleal y iálso dice 

con que había procedido en los resultar mas ó menos probado por 

asuntos de Roma, engañando si- los papeles que le fueron ocupados 




candólas á Roma, sin orden ni ministros de la corte romana. Para 

conocimient-ode aquél, y obligan- sincerarse de estos cargos escribió 

do al papa á tomar providencias después Alberoni desde Sestri 

2ue le repugnaban, é indisponién- aquellas cartas á los cardenales 

olosé irritándolos entre si do es- Paulucci y Astali y al mismo pon- 

ta manera, mientras en todas es- tifice, do que en otro lugar nici* 

tas negociaciones, acuerdos y rom- mos mérito, y que se dieron á la 

pimientos hacia creer al papa que estampa. Menester es convenir en 

no seproponia otra cosa que elm- que si eran fundados los cargos, 

teres de la Santa Sede, y al rey la defensa fué ingeniosa y hábil. 



V 



INDKE DEL TOlO XVIIl. 



PARTE TERCERA 



BDAD HODBBIVA. 



DOMINAaON DE LA CASA DE B0R60N. 



LIBRO VI. 



REINADO DE FELIPE V. 



CAPITULO I. 
FELIPE V. m ESPAÑA. 



I.& mmaiA uuma urasA •■ «abata. 
1701.-4702. 



Aclamaciones: re£^jofl pAblico8*-4km8«io 4e gobier- 
DO: Portocarroro; Arias; HarcottrU-^istoma de re- 
formas. — ^infloeoola franeesa.— ^Disgusto contra los 
ministros.— Reoonooiffiiente y jora del rey en las 
Cortes de Madrid.-— Oposición al retlablecímienlo 
de las antiguas €6rte8 de Castalia para tratar las 



PAGINAS. 



528 HISTORIA DB ÉSPaSa. 

PAGINAS. 



cosas de gobierno. — Conciértase el matrimonio de 
Felipe con Maria Luisa de Saboya. — Jornada del rey 
á Catalana á recibir á la reina.— Nombra á Porto- 
carrero gobernador del reino en su ausencia. — ^Re- 
cibimiento do Felipe en Zaragoza.— ídem en Bar- 
celona. — Llegada de la reina con la princesa do los 
Ursinos. — Cortes de Cataluña.— Determina el rey 
pasar á Ñapóles.— Regencia de la reina.— Celebra 
cortes á los aragoneses.— Viene á Madrid. — Admi- 
rable talento, prudencia y discreción de la joven 
reina. — ^Reforma de costumbres. — Admiración de 
Luis XIV. — Estado en que halló Marta Luisa la corte 
de España.— Disposición de los ánimos Desde 5 á 99. 



CAPITULO 11. 



PRINCIPIO DE LA GUERRA DE SUCESIÓN 



TELIPC V. BM ITALIA. 



De 1701 A 1703. 



Reconocen algunas potencias á Felipe V. como rey de 
España.— Esfuerzos de Luis XIV. para justificarse 
ante las naciones de Europa. — ^Ni^gase el Imperio á 
reconocer á Felipe. — Conducta de Inglaterra y de 
Holanda. — Invasión francesa en los Países Bajos. — 
Conspiración en Ñapóles , movida por el empera • 
dor.— Jornada de Felipe V. á Nápoies. — Espíritu y 
comportamiento de los napolitanos con el rey. — Pasa 
Felipe ¿ Milán. — Pénese al frente del ejercito. — 
Guerra en el Milanesado. — ^Derrota Felipe el ejército 
austríaco orillas del Pó.— Uniforma las aivisas de las 
tropas francesas y españolas.— Arrojo y denuedo 
del rey en los combates. -~E1 principe Eugenio : el 
duque de Saboya: Vendóme: Crequi. — ^Elogios que 
hace Luis XIV. de su nieto. — Ketlrase Felipe á Mi- 
lán con ánimo de regresar á España. — Causas de 
esta resolución .-«Conducta indiscreta del monarca 
francés.— Inglaterra y Holanda juntamente con el 
Imperio declaran la guerra á Francia y España.— 
Guerra en Alemania y en los Paisos Bajos. — Espe- 
dicion naval de ingleses y holandeses contra Cáaiz. 
—Miserable situación, de Andalucía.— .Apuros de;Ja 



INDICB. 529 

pXoniAs. 



corte.— ResolacioD heroica de la reioa.— Frústrase • 

el objeto de la espedicion anglo-bolandesa. — Lasti- 
mosa catástrofe de la flota española de Indias eo el 
£aerto de Vigo. — Prudencia y serenidad de la reina 
[aria Luisa. — ^Defección del almirante de Castilla. 
— Regresa Felipe V. ¿ España. — ^Decreto notable es- 
pedido desde Figueras.— Aclamaciones y festejos 
con que os recibido en Madrid De 30 á 66. 

CAPITULO III. 
LUCHA DE INFLUENCIAS EN LA CORTE. 

ACTIVIDAD DEL RET. 

1703. 

Conducta del rey á su regreso á España .•—Rivalidad 
entre la princesa de los Ursinos y el embajador 
francés.— Intrigas del cardenal. — Contestaciones en- 
tre Luis XIV. y los reyes de España sobre este 
punto.^ Triunfo de la princesa sobre sus rivales.— 
Separación del cardonal embajador.— Retirada de 
Portocarr ero.— Nuevas intrigas en las dos cortes.— 
El abate Estrées.— Aplicación del rey á los negocios 
de Estado.— Reorganiza el ejército. — ^Espontaneidad 
de las provincias en levantar tropas y aprontar re- 
cursos. — Actividad de Felipe. — Anuncios de guerra. 
—Ligase el rey do Portugal con los enemigos de Es- 
paña. — ^Viene el archiduque de Austria ¿ Lisboa.— 
Declaración de guerra por ambas partes. — Estado 
de la guerra general en Alemania, en Italia y eo los 
Paises Bajos De 57 á 76. 

CAPITULO IV. 

filJERmA BE PORTVfiAI*. 

NOVEDADES EN EL GOBIERNO DE MADRID. 

1704 4 1706. 



Ilusiones del archiduque y de los aliados. — Mal estado 
de aquel reino.— Grandes preparativos militares en 
España.— Sale á campaña el rey don Felipe.— El 

Tomo xvni. 34 



S30 HISTORIA DB BSPAÑA. 

PiOOfAS. 



duque de Berwick. — ^Triunfos de los espaooles.— - 
Apodóranso de varias plazas portuguesas. — Retirar- 
se á cuarteles de refresco.— Regresa el rey A Ma^ 
drid.— riestasy regocijos púbVicos. — ^Empresa naval 
de los aliados.— Dirígese la artnada at)gtt)*holau^- 
sa á Gibraltar.— Piérdese esta importát&te plaza .<»« 
Funesta teutativa parft recobrarla.— ^ítró desastro- 
so. — Levántase después de haber i^elrdido úti ejér- 
cito.— Recobrau algunas plazas ios portugueses. — 
lutrigas de las cortes de Madrid v de Versatles. — Se- 
paración de la princesa dé ios Ursinas. — Profundo 
dolor de la reina. — Nuevo embajador francos. — Ca- 
rácter y conducta de Grammótit.— CáAbio de go- 
bierno. — Habilidad de la princesa de los ursinos 
para caplarse de nuevo el afecto de Luis XIV.— >Va 
á Versalles. — Obsequios qáe fe VHbQiáñ eá aquella 
curte. — Vuelve á Madrid, y es recibida con honores 
do reina. — El embajador Ametot.^^l ministro Orri. 
— Campaña de Portugal.^^tentaXiva de los portu- 
gueses sobre Badajoz. — ^Nueva política del ganinete 
de Madrid. — f![ Consejo -de gobierno.^— Lá grand^^- 
za. — Conspiraciones. — ^Notable próposrotOD \rol em- 
bajador francés. — Es desechada.— -Disguste dé los 
reyes. — ^Mudanzas en el gfobiertfo.— Situacioía do los 
ánimos De 77 á 406. 



CAPITULO V. 



VALENCIA: CATALUÑA: ARAGÓN: CASTtLtA. 



cfrvIsMiBA oinii. 



De 1708* 1707. 



Formidable armada de los aliados en la costa de Bs- 

f)aña.— Comienza la insurrección en el reino do Va- 
encía.— Embije la anmdá étitoitga. la plato ob 
Barcelona.- El archiduque Carlos. : el principa de 
Darmstadt: el conde de Peierboroagb.— Critica po- 
sición del virey Velasco. — Espíritu de los catala- 
nes. — ataque a Monjuich. — ^Muerte de Darmstadt. 
— Toman los enemigos ^l castrllo.^Boiikbfrdeb Hb 
Barcelona.— Bstragos.— Capitulación .^KdrriMb tu- 
multo en la ciudad.— Proclámase en Bardeloaa i 



INDtCB. 531 

pXoinas. ' 

Carlos III. dd Áasiria.— -Declárase toda Gatalufia por 
el archiduque, á^Mcepcioo de Rosas.— Decídese el 
Aragón por el a astriaco^— Terrible dia de loe Ino- 
centes en Zaragoza.— Guerra on Valencia.— Ocupan 
los insurrectos la oapitaL-<-Sale Felipe V. de Ma<- 
drid con intento de recobrar á Barcelona.— Combi- 
nación de los ejércitos castellano y francés con la 
armada francesa. — ^Llega la armada enemiga y se 
retira aquella.— 8itio uesgraciado*— lletiraae el re^ 
don Felipe. — Jornada desastrosa.— Vuelve el rey a 
Madrid. — ^Bl ejército aliado de Portugal so apodera 
de Alcántara.-^Marcba sobre Madrid.— Sálense de 
la corte el rey y la reina.— Ocupa ei ejército ene- 
migo la capital. — Proclámase rey de España al ar- 
chiduque Garlos. — ^Desastres en Valencia. — ^Entere- 
za de ánimo de Felipe V.— Beanima á los suyos y 
los vigoriza.— Parte de Barcelona el archiduque y 
vieneliácia Madrid. — ^Sacrificios y esfuerzos de las 
Castillas en defensa de su rey.— Cómo se recuperó 
Madrid. — Se revoca y anula la proclamación del 
austriaco.— Entusiasmo y decisión del pueblo por 
Felipe. — ^Movimientos de lee ejércitos.— Retirada de 
todos los enemigos á Valencia. — ^Pérdidas que su- 
fren.— Cambio de situación.- Estado del reino de 
Murcia.— Hechos gloriosos de algunas poblaciones. 
— Salamanca.— Ardimiento con que se hizo la guer- 
ra por una y i>tra parte.-^uarteles de invierno.*— 
Regreso del rey y de la reina á Madrid De 407 á 473. 



CAPITULO VI. 

ABOLICIÓN W LOS FUffitOS DE VALENCIA T ARAGÓN. 

i 707. 



Reveses é infortunioe de Felipe en la guerra este- 
rior.— 'Derrota del mariscal Vulerov en fiamilUera. — 
Apodérase MaTlboro«|[h de todo el Brabante.- Piér- 
dese la FlandoB española.— Españoles y franoe^ps 
son arrojados del Piamonte.- Proclámase á Carlos 
de Austria en Milán y en Ñápeles.— Guerra de Es- 
paña—Vuelve ol archiduque á Barcel0na.*-Gélebre 



532 UISTORIA DE ESPAÑA. 



PAGINAS. 



batalla do Almansa.— Triunfo memorable del dnom 

de Berwick. — ^CoDsecuencias de esta victoria.— Or- 

leaos y Berwick someten á Valencia y Zaragoza.— 

Rendición de Játiva. — Sitio y conquista de Lérida. 

—El duque de Orleans en Madrid.— Bautizo del 

príncipe de Asturias. — ^Nueva forma de gobierno en 

Aragón y Valencia. — Abolición de los fueros. — Cfaan- 

ci I lorias. — Gonfísoaoiones.— Terrible castigo de la 

ciudad de Játiva. — ^Bs reducida á cenizas. — BdíRca- 

so sobre sus ruinas la nueva ciudad de San Felipe. De 474 á t05. 

CAPITULO VII. 



NEGOCIACIONES DE LUIS XIV. 
GUERRA GENERAL: CAMPAÍÍAS CELEBRES. 



1708 a 1710. 



Toma de Alcoy.— Pérdida de Oran.— Pensamiento po- 
lítico atribuido al duque de Orleans. — Sitio, ataque 
y conquista de Tor tosa.— Bodas del archiduque Gár^ 
los.— Fiestas de Barcelona.— Campaña de Valencia. 
— Recóbranse para el rey Denia y Alicante. — Quejas 
de los catalanes contra su rey. — Respuesta de Gar- 
los* — Piérdense Gerdeña y Menorca.— Gonflicto y 
aprieto en que los alemanes ponen al Sumo Pontífi- 
ce. — Invaden sus Estados.— Aprópianse los feudos 
de la Iglesia.— Espanto en Roma.— Obligan al Pon- 
tífice a reconocer á Garlos de Austria como rey de 
España.— Gampaña de 4708 en los Países Bajos.— 
Apodéraase los aliados de Lille.— Retirase el duque 
de Borgoña á Francia.— Gausas de esta ostraña con- 
ducta .—Planes del duque. — Situación lamentable 
de la Francia. — Apuros y conflictos de Luis XIV. — 
Negociaciones para la paz.— Gondiciones que exi- 
gen los aliado^, humillantes para Francia v Espa* 
na.— Firmeza, dignidad y españolismo de Felipe V. 
•-.Gonferencias de la Haya. — Artificios infructuosos 
de Luis XlV.^Exíjeso á Felipe quo abdique la co- 
rona de España. — ^Noble resolución de Felipe y de 
los españoles.- Juran las cortes españolas al prín- 
cipe Luis como heredero del trono.— Entereza de 
Felipe V. con el Papa.— Gausas de su resentimien- 
to.'-'Despide al nuncio y suprime ol tribunal de la 



INDIGR. S33 

PAGINAS 



nunciatura.'— Qaejas de tos magnates españoles con- 
tra la Francia y los franceses: disidencias de la cor- 
te.?— Decisión del pueblo español por Felipe V. ^Dis- 
curso notable de! rey. — Hábil y mañosa conducta 
de la princesa de ios Ursinos.— -separación del em- 
bajador francés.— Ministerio español. — ^Altivas ó ig- 
nominiosas proposiciones de los aliados para la paj. , 
— Rómpense las negociaciones. — Francia y España 
ponen en pié cinco grandes eiércitos. — ^Ponen otros 
tantos y mas numerosos los aliados.— Célebres cam- 
pañas de 4709.— Rn Flandes. — ^En Italia.— En Ale- 
mania.— En España.— Resultado de unas y otras.— - 
Situación de la corte y del gobierno de Madrid. . . De 20G ¿ 256. 



CAPITULO vm. 



EL ARCfflDUQUE EN MADRID. 



BATAI1I.A PE VI1.I«ATIC10»A. 



SALIDA DEL ARCHIDUQUE DE ESPAÑA. 



Be 1710 4 1712. 



Decisión y esfuerzos de los castellanos.— Resuelve el 
rey salir nuevamente á campaña. — ^Reürada del 
conde de Aguilar.— Prisión del duque de Medinace- 
li.— Derrotas de nuestro ejército.— Funesto mando 
del marones de yilladariao. — ^Reemplázale el mar- 

auésdebay. — ^Terrible derrota del ejército caste- 
ano en Zaragoza.<*Vuelve el rey á Madrid. — Tras- 
ládase á Valladolid con toda la corte.— Entrada del 
archiduque de Austria en Madrid.— Desdeñoso re- 
cibimiento que encuentra.— Su dominación y go- 
bierno.— Saqueos, profanaciones y sacrilegios que 
cometen sus tropas.— Indignación de los madrile- 
ños.— Gomo asesmabao los soldados ingleses y ale- 
manes.— ^Hazañas de los guerrilleros Vallejo y Braca- 
monte.-^Carta de los grandes de España á Luis XIV. 
—El duque de Vendóme ceneralisimo de las tropas 
españolas. — ^Rasgo patriótico del conde de Aguilar. 
—Traslación de la reina y los consejos á Vitoria.— 
Viage del rey á Estremadura.— Admirable formación 



S34 BISTOKIA DB ISPAÜA. 

?ieiNAS. 



de un nuoYO ejército caflellano.—- Impide ti de los 
aliados iocorporarse con et poriagoéi .-^AbandoDa 
el archiduque desesperadameato a Madrid.*— Retí-» 
rada de su ejérciio.^-^ñirada da Felipe V. en Ma- 
drid. — ^Eutusiasmo popolar.-^Vá en pot del fagitivo 
ejército eDemigo.-*4]llorioBa aeeioa ae Br ibvega.** 
Cae prisionero el general inglés Stanhope. — Memo- 
rable triunfo de las armas de Castilla en Villa? icio^ 
sa.— Retiranse loa confederados á Gataloña.-^Trioii* 
fos y progresos del marqués de Valdecaüaa.^^eli- 
pe Y. en Zaragoza. -^La fiesta de los DeaagraTÍoa. 
—Pierden los aKados la plata' de Gerona.-*«Apurada 
situación del general Staremberg.— Muerte del em- 
perador de Alemania. — ^Es llamado el archiduque 
Garlos. — aparte de Barcelona. — Paralización en la 
guerra. — Gobierno que estableoe Felipe Y. para el 
reino de Aragón.— Intrigas en la corte.— Gravísima 
enfermedad de la reina.—- Es llevada á Corella. — Se 
restablece, y viene la corte á Aranjuez y Madrid. — 
Situación respectiva de las potencias confederadas 
relativamente á la cuestión española. — Inteligencias 
de la reina Ana de Inglaterra con Luis XIV. para la 
paz. — Condtciooea preliminares.— Dffioaltaoes por 
parte de España.— Véncelas la princesa de los Ur- 
sinos. — Acuórdanse las conferencias de Uirecht.— 
El archiduque Garlos de Austria ea proclamado y 
coronado emperador de Alemania De 257 á 316. 

CAPITULO IX. 



LA PAZ DE UTRECHT. 

•«■■•■•n »■ oavalvíIa. 

Me 1712 * 1715. 



Plenipotenciarios que concurrieron á Utreebi.^Gon- 
ferencias.— Proposición de Francia.— Pretensiones 
de cada potencia.— Manejos de Luis XIV.— Situa- 
ción de Felipe V.— Opta por la corona de España, 
renunciando sus derechos ¿ la de Francia.— Tregua 
entre íncleses y franceses^-^Sepáraae Inglaterra de 
la confederación.— Campaña en Fiandes. — Triunfos 
de los franceseot-^Renúncias reciprocas de los prín- 
cipes franceses é la corona de España, do Felipe V. 



PiiciINAS. 

á la de Francia,— Aprobación y ratificación do las , 
cortes españolas. — Altera Felipe V« la téy de suce- 
sión al trono en ^pana. — Copio fué recibida esta 
novedad. — TratadQ de I4 eyaciiapion de Cataluña 
hecho en Utrecbt. — Tratados de paz: de Francia 
con Inglaterra; tm Holanda; con Portugal; con 
Prusia; con Saboyaf-^Tratado pntre j^spana é In- 
glaterra. — Concesión i)el asiento i trata do negros. 
— Niégase el eipperador á hacer la paz con Fran- 
cia.— ^^uerra en Alemania: triunfos del francés.-— 
Tratado de Rastadt ó de Badén: paz entre Francia 
y el Imperio. — La guerra de Cataluña. -fuerte 
aei duoue de Yendópie. — Movimientos de Starem- 
berg.— Evacúan las tropas inglesas el Principado. 
—Sale de Barcelona la emperatriz do Austria. — Blo- 
queo y sitio de Gerona. — Estipúlase la salida de las 
tropas imperiales de Cataluña. — ^Piden inútilmenle 
los catalanes que se les conserven sus fueros.— Re- 
suelven continuar ellos solos la guerra. — Marcha 
de Staremberg, — ^El duqi^e de PopoU se aproxima 
con el ejército á Barcelona. — ^Escuadra en el Medi- 
terráneo. — ^Bloqueo de la plaza. — ^Insistencia y obs- 
tinación de los barceloneses. — Guerra en todo el 
Principado.-- Incendios, talas, muertes y calamida- 
des de todo género.— Tratado particular de paz en- 
tre España é Inglaterra,— Articulo relativo á Cataíu- 
Sa. — Justas qupjas de los catalanes. — Intimación á 
Barcelona.— 'Altiva respuesta de la diputación — 
Bombardeo. — ^Llegada de Berwick con un ejército 
francés. — Sitio y ataques de la plaza .—Resistencia 
heroica. — Asalto general. — Horrible y mortífera lu- 
cha. — Sumisión de Barcelona.— Gobierno de la ciu- 
dad.— Concluye la guerra de sucesión en España. . De 347 ¿ 364. 

CAPITULO X. 
LA PMNCESA DE LOS URSINOS. 

ALBBROIWI. 

47U*1718. 



Muerte de la reina de Inglaterra. — Advenimiento de 
Jorge I.-^Muerte de la reina de España. — Senti- 
miento público. — Aflicción del rev.-^oofiaoza y 
protección que sigue dispensando á la princesa do 



536 HISTORIA DB BSPAJÑA. 

?Í6I!fA5. 



los UrsÍDOs.—MuddDzas en el gobierno por inflajo 
de la princesa. — Entorpece la conclusión de los tra- 
tados, y por qué. — Tratado de paz entre España y 
Holanda. — ^Disidencias con Roma: Macanaz.— Re* 
suelve Felipe pasar á abundas nupcias. — ^Parte qae 
en ello tuvieron la de los Ursinos y Alberoni. — ^ve^ 
nida de la nueva reina Isabel Farnesio.^Brusca.y 
violenta despedida de la princesa de los Ursinos. 
—Cómo pasó el resto de su vida. ^-Nuevas influen- 
cias eu la corte. — El cardenal Gíúdice. — ^Variación 
en el gobierno. — Tratado de paz entre España y 
Portugal. — ^Muerte do Luis XIV.— Advenimiento de 
Luis xV.^Regencia del duque de Orleans. — Con- 
ducta de Felipe V. con motivo de este suceso. — Ga* 
rácter de Isabel Farnesío de Parma. — Historia y 
retrato de su confidente Alberoni. — Su autoridad y 
manejo en los negocios públicos.— Aspira á la púr- 
pura de cardenal.— Su artificiosa conducta con el 
pontífice para alcanzarlo.— Obtiene el capelo.^En- 
tretiene mañosamente á todas las potencias. — ^En- 
vía una espedicion contra Gerdeña , y se apoderan 
los españoles de aquella isla. — ^Hace nuevos arma- 
mentos en España. — ^Resentimiento del pontífice 
contra Alberoni, y sus consecuencias.*— Recelos y 
temores de las grandes poteocias por los prepara- 
tivos de España. — Ministros de Inglaterra y Francia 
en Madrid. — Astuta política del cardenal. — Alianza 
entre Inglaterra , Francia y el Imperio. — Armada 
inglesa contra España.— Firme resolución de Albe- 
roni.— Sorprende y asombra á toda Europa hacien- 
do salir del puerto de Barcelona una poderosa es- 
cuadra española con grande ejército De 365 á 409. 

CAPITULO XI. 



ESPEDICION NAVAL A SIQUA. 

LA CUÁDRUPLE ALIA2WKA. 

caída de alberoni. 

1718 a 1720. 



Progresos de la espedicion. -^Fáciles conquistas de tos 
españoles en Sicilia. — ^Apurócese la escuadra ingle- 
sa.— Acomete y derrota la española.— Alianza entre 



INDICA. S37 

PAOlWAg. 

Francia, Austria é Inglaterra.— Proposición qae ha- 
cen á España.— Recházala brascamente Alberoni. — 
Qaejas y reconvenciones de España á Inglaterra 
por el suceso de las escuadras.— Represalias.— De- 
claran la guerra los ingleses.— Intrigas de Alberoni 
contra Inglaterra.— Conjuración contra el resente 
de Francia.— <:ómo se descubrió.— Medidas del re- 
gento.— Prisiones.— Manifiesto de Felipe V.— Fran- 
cia declara también la guerra á España. — Campaña 
de Sicilia.— Combate de Melazzo. — Los imperia- 
les.— El duque de Saboyl.— Cuádruple alianza. — 
España sola contra las cuatro potencias.— Desastre 
de la armada destinada por Alberoni contra Esco- 
cia. — Pasa un ejército francés el Pirineo.-*-Sale Fe- 
lipe V.' á campaña. — Apodéranse los franceses de 
Fuenterrabia y San Sebastian.— Frustradas espe- 
ranzas de Felipe. — ^Vuelve apesadumbrado á Ma- 
drid.— Invasión de franceses por Cataluña.— Toman 
á Urgel.— Sitio de Rosas.— Contratiempos de los 
españoles en Sicilia.— Admirable valor de nuestras 
tropas.— Armada inglesa en Galicia. — Los holande- 
ses se adhieren á la cuádruple alianza.— Decae Al- 
beroni de la gracia del rey.— Esfuerzos que hace 
por sostenerse.— Conjúranse todas las potencias 
para dorribar le.— Pénenlo como condición para la 
)az.— Decreto de Felipe expulsando á Alberoni do 
Sspaña.— Salida del cardeáai.— Ocúpanse sus pape- 
es.— Breve redeña de la vida de Alberoni desde su 
salida de España De 440 á 450. 



CAPITULO XIL 



EL CONGRESO DE CAMBRAY. 



0E FBI.IPE V. 

0e 1720 * 1724. 



Da Felipe su adhesión al tratado de la cuádruple alian- 
za.— Artículos concernientes á España ^ al Impe- 
rio. — Evacuación de Sicilia y de Cerdena por las 
tropas españolas.— Pada el ejército español á Áfri- 
ca.— Comoates y triunfos contra los moros.— Esqui- 
va la corto de Viena el cumplimiento del tratado do 
la cuádruple alianza,— Unión de España con Ingla- 



538 álSTOEIA W ESPAÑA. 

FAOIKAS. 



ierra y Francia.— Reclamación y tratos sobre lo res- 
titución de Gibraltar á la cqrona de Castilla*— En- 
laces recíprocos entre principes y princesas de Es- ~ 
paña' y Francia.— El congreso (Je Cambray,— ^Pleni- 

Sotenclarios.— Dificultades por parte del emp.era- 
or.— Cuestión de la sucesión española á los ducados 
de Parmay Toscana. — Vida retirada v estado m^ 
lancólíco de Felipe V.— Intrigas del auque de Or- 
leans en la corte de Madrid.— Muerte súbita del 
padre Daubenton» confesor del rey don Felipe. — 
Muerte repentina del duque de Orleans. — ^El duque 
de Borbon , primer ministro de Luis XV. — Instruc- 
ciones apremiantes á los plenipotenciarios franceses 
kiü Cambray.— Despaoba el emperador las Cartas 
eventuales sobre los ducados de Parma y Tosca- 
na. — ^No satisfacen al rey don Felipe.— Transacción 
de las potcncias.P^Ruidosa y sorprendente abdica- 
ción de Felipe Y. en su bijo Luis,— Causas á que se 
atribuyó, y juicios que acerca de esta resolución se 
formaron.— Betiranse Felipe y la reina al palacio de 
la Granja.— Proclamación de Luis I De 451 á 481 

CAPITULO XIII. 



DISIDENCIAS ENTHE ESPAÑA Y ROMA. 



•• 



1709 * 172.0. 



Causa y principio de las desavenencias. — Reconoce el 
pontmce al archiduque Carlos de Austria como rey 
de España. — ^Protesta de los embajadores españo- 
les. — Estrañamiento del nuncio. — Se cierra el tri- 
bunal de la nunciatura. — Se prohibe todo comercio 
con Roma.— Circular á las iglesias y prelados.— Re- 
lación impresa de orden del reY.--Oposicion de al- 
gunos obispos. — Son reconvenidos y amonestados.— 
Breve del papa condenando las medidas del rey. 
•^Enérgica y vigorosa respuesta del rey don Felige 
á Su Santidad.— ^Instrnccioues al auditor de España 
en Roma.— Cuestión dp las dispensas matrimonia- 
les. — Dictamen del Consejo de Castilla. — Firmeza 
del rey en este asunto.— Procedimientos en Roma 
contra los agentes de España. — Indignación y de- 
creto terrible del rey.— Fuerte consulta del Consejo 
de Estado sobre ios agravios recibidos de Roma. — 
Desapruébase un ajosto hecbo por el auditor Molí- 



ÍNDICE. &39 

nes.— Invoca el pontífice la mediación de Luis XIV. 
do Francia. — Gonferoncias en Paris para el arreglo 
de las discordias entre España y Roma. — Amena- 
zante actitud de la corte romana.— Consulta del rey 
al Consejo de Castilla. — Célebre respuesta del fiscal ' 
don Melchor de Macanaz.— Condena el inauisidor 
general cardenal Giúdice desde París el pedimento 
nscal.— Manda el rey que se recoja el edicto del in- 
quisidor, y llama al cardenal á Madrid. — ^Falla el 
Consejo de Castilla contra el inquisidor, y se le 
prohibe la entrada en España.— Nuevo giro que to- 
ma este asunto por influencia de Alberoni.— Vuelve 
Grúdiceá Madrio^ y retírase Macanazá Francia.— 
Proyectos y maDiobras de Albereni.— Edicto del in- 
quisidor contra Macaoaz , y conducta de éste. — Al- 
beroni se deshace del cardenal Giüdice, y le obliga 
á salir de España.— Negocia Alberoni el ajuste con 
Roma ¿ trueque de alcanzar el capelo.— Concordia 
entre España y la Santa Sedo. — Quéjase el papa de 
haber sido engañado por Alberoni , y le niega las 
bulas del arzobispado de Sevilla. — ^Nuevo rompi- 
miento oDtre las cortes de España y Roma. — ^Revoca 
el pontífice las gracias apostólicas. — Conducta de 
los obispos españoles en el asunto de la suspensión 
de la bula de la Cruzada. — Témplanse los resenti- 
mientos. — ^Devuelve Qoma las sracias.-^Se admite 
al nuncio, y se restablece el tribunal de la nuncia- 
tura en Madrid De 482 ¿ 525. 



SEÑORES SÜSGRITORES A ESTA OBRA. 



PROVINCIAS. 

{CorUinuaeion) (4). 

Sr. D. Isidro Rodríguez, Baltanas. 

Sr. Cura párroco de Barcena del Rio. 

Sr. D. José Benitez, Carcabuey. 

Sr. D. José Haría Camacho, id. 

Sr. Cora párroco de Congoeto 

Sr. D. Francisco HaSoz Reinóse, Dona Mencía. 

Sr. D. Juan Spvilla, Haro, por cuatro ejemplares. 

Sr. D. Francisco Otavio, id. 

Sr. D. Miguel Pinedo, id. 

Sr. D. Luis Martínez, id. 

Sr. D. ioan Llavi y Sorra , Palafurgell. 

Sr. D. Antonio Piaje, id. 

Sr. D. Jaime Bassa, id. 

Sr. D. Anacleto del Muro, Falencia. 

Sr. D. Lino Ramos, id. 

(4; Véase el Catálogo, al fin de los tomos XV. y XVII. 



Sr. D. José López Rodríguez, Palma del Rio, por dos ejemplares. 
S. D. Juan Gasp y Pascual, Palma de Mallorca, por tres ejem- 
plares. 
Sr. D. Juan Esladas, id. 

Sr. D. Fraucisco de P. Torreas, td., por siete ejemplares. 
Sr. D. Joaquín Bosch y Espinos « id. 
Sr. D. Antonio María Bskeri* id 
Sr. D. Ramón Costa, id. 
Sr. D. Juan Bautista Socias, idr 
Sr. D. José Luis Pinamo, id. 
Sr. D. Antonio López, id. 
Sr. D. Mateo Ferragut, id. 
Sr. D. Jaime Isern, id. 
Sr. D. Cayetano Socias, id. 
Sr. D. Estanislao L. Pifiano, id. 
Sr. D. Regino Beseansa, Pamplona , por cinco ejemplam. 
Sr. D. Joan Bautista Echáis, id. 
Sr. D. Antonio Corroca, id. 
Sr. D. Pablo llarregui, id. 
Sr. D. Anastasio Melero , id. 
Excma. Diputación de id. 
Sr. D. Tiburcio Irigoyen, id. 
Sr. D. Javier Goldaraz, id. 
Sr. D. Francisco Morales, id. 
Sr. D. Mariano Arévalo, id. 
Sr. D. Antonio Caballero, id. 



Sr. D. Teodoro Ochoa, Pamplona. 

Sr. D. Edleban Osear iz* id. 

Ayontamiento de Peñaranda de Bracamonte. 

Sr. D. Ramón Beltran, Penalva. 

Sr. D. Isidro Pis, Plasenda. 

Sr. D. Francisco Silva Fernandez , id. 

Sr. D. Manuel Gómez Mendoza, id. 

Sr. D. Fermin López, Ponferrada. 

Sr. D. Dionisio Alonso, id. 

Sr. D. Isidro Rueda, id. 

Sr. D. Esteban Rodríguez, id. 

Sr. D. Benito Pérez de Tapia, id. 

Sr. D. Manuel Buelta García, id. 

Sr. D. Gerónimo Caracuel, Priego. 

Sr. D. Gregorio Alcalá Zamora, id. 

Sr. D. Francisco de P. Calvo, id. 

Sr. D. losé Haría de Zafra, id. 

Sr. D. José Melero, id. 

Sr. D. Joaquin JoséMicou, Puerto de Santa Marta. 

Sr. D. Antonio Arron Ayala , id. 

Sr. D. Bernardo Paz Martinez, id. 

Sr. D. Juan Aldaz, id. 

Sr. D. José de lleredia, id. 

*Sr. D. Juan Escobar, id. 

Sr. D. Pedro Ruiz, id. 

St. D. Antonio Fajardo, «d. 



Sra. D.* Isabel Caevelo, Puerto ie Santa María. 

Sr. D. Eugenio Alberlid, id. 

Sra. D.* Rosa Lobé, id. 

Sr. D. Jaan Yenthaisen, id. 

Sr. D. Bfariano Gastelle, id. 

Ayuntamiento de id. 

Sr. D. Teodomiro IbaSez, id. 

Sr. D. José Juan Reig, QuarteU. 

Ayuntamiento de Rentíría. 

Sr. D . José Amavat, Reu$, por veinte y seis ejemplares. 
Sr. D. Alejandro Garcia , id. 
Sr. D. Francisco Castilla, id. 

Sr. D. Ramón Vidal, id. 

Sr. D. Tomás de Pons* id. 

Sr. D. Juan Bautista Yidali id. 

Sr. D. José Miró, id. 

Sr. D. Urbano Hascarron Sanz, Riaza « por dos templares. 

Sr. D. Sebastian Diaz Salcedo, Rio$eco. 

Sr. D . Segundo Moreno Torres, Rimdeo. 

Sr. D. Rafael Gutiérrez, Ronda^ por tres ejemplares. 

Sr. D. Anastasio Helero, Sallen. 

Ayuntamiento de San Criitóbal. 

(Se continuará^